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Mons. Teodoro León: “Soy consciente de que recibo el ministerio episcopal en unos tiempos que no son fáciles para la Iglesia”

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Mons. Teodoro León: “Soy consciente de que recibo el ministerio episcopal en unos tiempos que no son fáciles para la Iglesia”

Texto íntegro del discurso de acción de gracias de monseñor Teodoro León, al término de la ceremonia de ordenación episcopal celebrada en la Catedral de Sevilla:

 

El Señor Jesús, nuestro Salvador y Redentor, me ha elegido para ser sucesor de los Apóstoles. Mi respuesta, ante este nuevo ministerio, está llena de confianza y esperanza porque, como en el día de mi ordenación sacerdotal, a Jesús le basta mi pobre amor, y, conociendo todas mis miserias, me dice de nuevo, como le dijo a San Mateo: “Sígueme”.

Soy consciente de que recibo el ministerio episcopal en unos tiempos que no son fáciles para la Iglesia. Se extiende el horizonte de la superficialidad y de la indiferencia religiosa en la vida de muchas personas, crece la increencia y el secularismo, es frecuente la ridiculización de la Iglesia y hasta la persecución de los cristianos, que en muchos países entregan su vida por su fe.

El Señor llama al Obispo personalmente, no para trabajar solo, sino para que forme parte del Colegio Episcopal, que sucede a los Doce. Y entre nosotros hay uno que nos preside, guía y confirma: el Santo Padre, Francisco, que ocupa el lugar del Apóstol Pedro. Señor Nuncio Apostólico de Su Santidad, haga llegar al Papa mi afecto filial y mi gratitud más sincera por la confianza que me ha manifestado llamándome a este ministerio; y mi propósito de trabajar, bajo la guía de nuestro Arzobispo, con fidelidad a su magisterio.

Gracias a Ud. Sr. Arzobispo, querido D. José Ángel, por todo el cariño e interés que ha puesto para que sea su obispo auxiliar. Lo recibo como continuación de la confianza con la que me ha distinguido desde que tomó posesión de la Archidiócesis de Sevilla, incluso en la renovación de mi cargo como vicario general, y, sin duda, como prenda del afecto fraterno y la ayuda que me ofrecerá en el camino del servicio episcopal que hoy inicio.

Me dirijo con afecto a los señores Obispos, que hoy nos honran con su presencia en esta celebración y expresan nuestra comunión afectiva y efectiva en el Colegio Episcopal. Saludo también a los señores Obispos del Sur de España. Gracias por vuestra acogida fraterna, que me habéis dispensado desde el primer momento que fui nombrado secretario general de la Asamblea de los Obispos del Sur de España.

Cuando valoro mi entrega a Cristo, mi pensamiento se dirige a mi familia; a mis profesores de Cáceres, Sevilla y Roma; a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, que dirige en Roma el Pontificio Colegio Español de San José, donde residí durante cinco años; al Instituto Religioso de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, mi segunda familia; al Instituto Religioso Esclavos de María y de los Pobres, donde recibí el cimiento de la formación cristiana y cuyo fundador está en proceso de canonización; al Cardenal Amigo Vallejo, a Mons. Juan José Asenjo Pelegrina y Mons. Santiago Gómez Sierra.

Asimismo, cómo no recordar el servicio pastoral que he prestado en las parroquias de Guadalema de los Quintero, El Torbiscal, El Palmar de Troya, Trajano, Trobal, Pinzón, San Isidoro, de la ciudad de Sevilla; en la Iglesia Colegial del Divino Salvador, en la Asociación de Fieles de la Virgen de los Reyes y San Fernando, en la Adoración Nocturna masculina y femenina, en la curia diocesana y en toda la Archidiócesis. Agradezco de corazón las representaciones de los lugares citados, que Dios os lo pague.

Y a vosotros, hermanos canónigos del Excelentísimo Cabildo Catedral, a los cantores, a la coral, que dirige don Herminio, a los sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, contemplativas, especialmente las dominicas, jerónimas, carmelitas, agustinas, clarisas y cistercienses, que durante muchos años me habéis encomendado al Señor y seguiréis haciéndolo; a los seminaristas, a la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la Orden de San Clemente y San Fernando, a la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla; movimientos y asociaciones, hermandades y cofradías, familias cristianas, fieles todos, solo puedo deciros esto: aquí estoy para serviros con el ministerio episcopal recibido, bajo la guía de nuestro Arzobispo.

Saludo también con respeto a las autoridades civiles, militares, judiciales y universitarias de la Comunidad Autónoma de Andalucía, de la provincia y de la ciudad de Sevilla que tan amablemente habéis querido acompañarnos.

Seguid pidiendo conmigo al Señor para que por intercesión de los santos hispalenses, Santa Ángela de la Cruz, Santa María de la Purísima, el Venerable padre José Torres Padilla y la asistencia materna de la Santísima Virgen María, invocada en Sevilla con el dulce nombre de la Virgen de los Reyes, sepa servir a esta Iglesia diocesana y a la Iglesia universal. Amén.

 

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Mons. Saiz: “El Obispo se ha de distinguir por la búsqueda continua de la voluntad de Dios, siguiendo el ejemplo de Cristo”

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Mons. Saiz: “El Obispo se ha de distinguir por la búsqueda continua de la voluntad de Dios, siguiendo el ejemplo de Cristo”

Homilía del arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, en la misa de ordenación episcopal de los dos nuevos obispos auxiliares de Sevilla:

  1. Nos hemos reunido en torno al altar del Señor en esta Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla, por un motivo solemne y gozoso: la ordenación episcopal de Mons. Teodoro León Muñoz y de Mons. Ramón Valdivia Jiménez, llamados a ser Sucesores de los Apóstoles. Quiero expresar mi saludo agradecido a todos los hermanos y hermanas presentes en esta celebración. En primer lugar, al Sr. Nuncio de Su Santidad en España, con el ruego de que haga llegar al Santo Padre Francisco mi agradecimiento por la confianza depositada, y el testimonio de mi cordial comunión y adhesión a su persona y a su magisterio. Saludo a los Arzobispos y Obispos presentes, signo visible de la comunión y colegialidad episcopal.
  2. Un saludo fraternal a los miembros del Colegio de Consultores y del Cabildo metropolitano, a los vicarios episcopales, a los delegados episcopales y diocesanos, a todos los hermanos sacerdotes del clero secular y regular, y a los diáconos; también a los seminaristas, a los miembros de Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, al Ordo Virginum y a las comunidades de vida contemplativa. Saludo a todos los fieles laicos, a las familias, a los jóvenes, presente y futuro de la Iglesia y de la sociedad; a los miembros de instituciones caritativas y sociales, de movimientos, asociaciones y diferentes realidades eclesiales; a los miembros de las hermandades y cofradías. Saludo a los aquí presentes y a los que participáis en la celebración a través de los medios de comunicación, en particular a los ancianos y a los enfermos.
  3. Un saludo respetuoso y cordial a las Excelentísimas autoridades civiles, militares, judiciales y académicas de la Comunidad Autónoma de Andalucía, de la provincia y de la ciudad de Sevilla.

Un saludo especial a don Teodoro y a don Ramón, y a vuestras familias, especialmente a vuestras madres, y la memoria agradecida de vuestros padres.

  1. La Palabra de Dios que hemos escuchado nos hace presente el misterio de la vocación, de la llamada de Dios, que interpela y compromete al ser humano en su totalidad. Dios llama y confía una misión, y aunque la persona responda desde la conciencia de su pequeñez e incapacidad, el Señor confirma su vocación y encarga la misión de ir sin miedo allá donde sea enviado y de anunciar el mensaje que le sea confiado. Profetas y Apóstoles, a lo largo de la historia, han vivido entregados en cuerpo y alma a la misión encomendada, y han sido un signo constante de contradicción, y en medio de no pocas vicisitudes, su mensaje de esperanza ha sido iluminador para las personas y las situaciones.
  2. La historia de toda vocación sacerdotal es la historia de un diálogo inefable entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios que llama y la libertad de quien le responde. Este modelo de llamada y respuesta, de iniciativa de Dios y de libertad responsable del ser humano, aparece siempre en las escenas vocacionales a lo largo de la Sagrada Escritura y de la historia de la Iglesia. Ahora bien, la iniciativa de la llamada pertenece siempre a Dios, tal como queda reflejado en las palabras de Jesús a los apóstoles: «No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Jn 15, 16).
  3. Toda vocación cristiana tiene lugar en la Iglesia y a través de ella, porque Dios ha querido santificar y salvar a los hombres convocándolos y uniéndolos como pueblo elegido, que es la Iglesia. Toda vocación cristiana, en sus variadas formas, es un don destinado a la edificación de la Iglesia. Esto se realiza de una manera específica en la vocación sacerdotal, que es una llamada, a través del sacramento de la Orden, a ponerse al servicio del Pueblo de Dios con una peculiar pertenencia y configuración con Jesucristo.
  4. Timoteo fue el primer obispo de Éfeso. Fue un íntimo colaborador de san Pablo, que le alienta a permanecer firme en la doctrina recibida, como hemos escuchado en la segunda lectura. Le recomienda reavivar el don de Dios que está en él por la imposición de sus manos, el carisma episcopal que Timoteo ha recibido. En virtud de este carisma, está llamado a vivir con confianza y sabiduría, en medio de las dificultades presentes, en la labor de anuncio del Evangelio. San Pablo le invita a vivir poniendo el acento en la acción eficaz y gratuita de Dios, revelada ahora con Cristo y condensada en el anuncio evangélico. Como él, también nosotros sabemos de quien nos hemos fiado.
  5. Queridos Ramón y Teodoro: habéis sido llamados al Episcopado. En virtud de la consagración episcopal recibiréis la plenitud del sacramento del Orden y seréis configurados ontológicamente con Jesucristo como Pastores en su Iglesia y constituidos miembros del Colegio Episcopal. Os convertiréis en sacramento de Cristo mismo presente en su pueblo, anunciando la Palabra, administrando los sacramentos de la fe y guiando a su Iglesia. Vuestro ministerio episcopal queda articulado según esa triple función de enseñar, santificar y regir, como participación de la misión de Cristo.
  6. Vuestra misión principal será por un lado anunciar el Evangelio a todo el mundo, cumpliendo el mandato del Señor, llevar a los pobres su anuncio gozoso, para que todos los hombres reciban la salvación por medio de la fe, para que reciban la verdadera libertad y esperanza que permiten vivir al ser humano como hijo de Dios. Enseñar la Palabra de Dios, e invitar a todos a la conversión y a la santidad. Con una predicación que anuncia la Palabra de Dios no sólo de forma general, sino aplicando la verdad perenne del Evangelio a las circunstancias concretas de la vida de las personas.
  7. Esta misión comporta también ayudar a curar la herida interior del ser humano, su lejanía de Dios, por medio de los sacramentos, que son las fuentes de la misericordia de Dios. Como dispensadores de los misterios de Dios, ayudaréis a la santificación de las personas y al crecimiento de la Iglesia. Finalmente, se os confía plenamente el oficio pastoral, es decir, el cuidado habitual y cotidiano de las ovejas, actualizando la autoridad y el servicio de Jesucristo guiando y sirviendo a la comunidad eclesial. Se trata de reflejar la paternidad de Dios con vuestra vida y ministerio, reflejar la bondad, la mansedumbre y la humildad de Cristo y su solicitud por cada persona. De manera especial deberéis entregaros a los más pobres y pequeños, reuniendo y conduciendo a la comunidad como una familia
  8. Con la consagración episcopal recibiréis una especial efusión del Espíritu Santo que os configura a Cristo, Cabeza y Pastor. Él es la fuente única y permanente de la espiritualidad del Obispo, que está llamado a santificarse y santificar sobre todo en el ejercicio de su ministerio, imitando la caridad del Buen Pastor. La espiritualidad del Obispo es una espiritualidad eclesial, porque todo en su vida se orienta a la edificación de la Santa Iglesia; una espiritualidad de comunión; una espiritualidad de confianza en Dios y de un realismo espiritual que lleva a vivir la llamada a la santidad en medio de dificultades externas e internas, de debilidades propias y ajenas, en definitiva, siguiendo las huellas de Jesucristo Buen Pastor.
  9. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos (…) Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Este texto muestra la comunión de destino entre los discípulos y el Maestro y también la humildad y la actitud de servicio que ha de caracterizar en la Iglesia a quienes ejercen mayor responsabilidad, siguiendo el ejemplo del Señor. La autoridad queda transformada en servicio. Cuando el Señor afirma que no ha venido a ser servido, sino a servir, señala un planteamiento permanente de la propia existencia y una entrega continua a los demás de modo desinteresado y humilde. Sólo es posible llevarlo a término desde la confianza absoluta en Dios, viviendo en unión profunda con Cristo, permaneciendo en Él, manso y humilde de corazón, pobre y obediente hasta la muerte en cruz. Servir y dar la vida: este es el resumen de la existencia y de la misión de Jesucristo, este es el único sentido de la vida de quien ha sido llamado al episcopado.
  10. Un servicio y un amor vividos permaneciendo en la amistad con él, en la intimidad que os renueva en este momento trascendental para vosotros. Entonces vuestra vida dará fruto, un fruto que permanece desde la identificación con Jesucristo y siguiendo el ejemplo de María Santísima. Ella se presenta como la esclava del Señor cuando responde con total disponibilidad al anuncio del ángel. La obediencia y la docilidad de María están en plena sintonía con lo que será una constante en la vida de Jesús: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra» (Jn 4, 34).
  11. El Obispo se ha de distinguir por la búsqueda continua de la voluntad de Dios, siguiendo el ejemplo de Cristo. Obediencia a la Palabra de Dios y a la autoridad de la Iglesia. Fidelidad a la misión que se le ha confiado. Con libertad de espíritu, con parresía, sin dejarse condicionar por las modas pasajeras o por lo políticamente correcto, anunciando el Evangelio con todas sus consecuencias; sin buscar el poder, ni el prestigio o la estima para sí mismo. La prudencia ha de adornar especialmente su vida y ministerio. La prudencia evangélica, la sabiduría práctica que propicia la realización de la voluntad de Dios. Desde la humildad y la conciencia de la propia debilidad. Armonizando la fortaleza y la mansedumbre, la autoridad del gobierno con la humildad de corazón
  12. Servir dando la vida, este es el único modo de hacer fructificar el don recibido y la misión encomendada. El Señor nos ha confiado unos bienes salvíficos que no nos pertenecen, que son de la Iglesia. Y nosotros hemos de dar cuentas sobre los bienes recibidos. Es preciso hacerlos fructificar siguiendo el ejemplo de Cristo que da la vida en la cruz, que se inmola por la salvación del mundo. Esta cruz y este sacrificio son el signo que distingue de forma radical y transparente al Buen Pastor de quien sólo es mercenario. La caridad pastoral vivida hasta las últimas consecuencias, será el principio que englobe y confiera unidad a vuestra existencia.
  13. Queridos Teodoro y Ramón: seréis Obispos Auxiliares en la Archidiócesis de Sevilla. El Señor os ha elegido y os envía para que deis un fruto abundante y duradero, llevando a cabo vuestra misión desde la confianza en el Señor, presente en la Iglesia todos los días hasta al fin del mundo (cf. Mt 28, 20). Su presencia nos da la fuerza para entregarnos con nuevo ardor y creatividad. El Espíritu Santo, protagonista de la misión, nos guía y acompaña. Os encomendamos a la intercesión de los santos obispos Geroncio, Leandro, Isidoro, y Manuel González, y al beato Marcelo Spínola; a las santas mártires Justa y Rufina, y a la beata Victoria Díez; os encomendamos a san Fernando, a los venerables Miguel Mañara y José Torres, y a las santas Ángela de la Cruz y María de la Purísima. María Santísima, Nuestra Señora de los Reyes, os guiará siempre en la misión. Así sea.

 

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Retransmisión de la ordenación episcopal por TRECE y youtube

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Retransmisión de la ordenación episcopal por TRECE y youtube

La catedral de Sevilla ya acoge a los participantes en la ceremonia de ordenación episcopal de D. Teodoro León y D. Ramón Valdivia como obispos auxiliares de la Archidiócesis de Sevilla.

Puede seguir la misa en directo desde el templo metropolitano, a través de televisión por TRECE (retransmisión conducida por Joaquín de la Peña y Javier Llorente) o vía internet, por el canal de la catedral en youtube.

También puede seguirse en directo a través de Radio María.

DOSSIER informativo.

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Domingo 28 de mayo, Día de Pentecostés, de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

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Domingo 28 de mayo, Día de Pentecostés, de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

La Iglesia celebra el día de Pentecostés, este año el 28 de mayo, el Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar. «Juntos anunciamos lo que vivimos» es el lema que la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida propone para la Jornada de este año. En la catedral de Guadix, se podrá celebrar todo esto, junto a la delegación de Apostolado Seglar y los movimientos e instituciones que se sumen.

 

¿Cuál es el mensaje de los obispos?

La Jornada de este año, explican los obispos de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida, “nos invita a todos los bautizados, especialmente a los laicos, a tomar conciencia de la importancia del anuncio explícito de Jesucristo, con palabras y con obras”.

Esta Comisión, anuncian, quiere llevar a cabo un ejercicio de discernimiento sobre el Itinerario del Primer Anuncio pues las conclusiones del proceso sinodal evidencian que es una prioridad pastoral para la Iglesia en España. Además, se recoge como una preferencia en las orientaciones pastorales de la CEE (2021-2025), Fieles al envío misionero.

También “nos urge” a situar el primer anuncio como núcleo y eje de la labor pastoral como Iglesia responder al “cambio de época”: “La sociedad actual, marcada por la secularización y el pluralismo, se coloca cada día más de espaldas a Dios y la mayoría de las personas viven como si Dios no existiera. Si hace unos años la fe fue arrinconada al ámbito privado de la persona, ahora ha sido en muchos casos expulsada incluso de ese espacio. Podemos afirmar que estamos asistiendo a una situación de esquizofrenia creyente, porque se ha establecido una contraposición entre la vida de fe y la vida cotidiana”.

El primer anuncio, matizan, encuentra su fundamento en el mandato expreso de Jesús, “que nos invita a la evangelización: «Id al mundo entero y anunciad el evangelio a toda la creación» (Mc 16,15)”. Y en contexto actual, caracterizado en muchos casos por el desconocimiento y la indiferencia hacia la persona de Jesús, estamos llamados a hacernos presentes, a nivel personal y comunitario, en los espacios públicos para anunciar el kerigma con lenguajes adecuados al interlocutor y especialmente con nuestro testimonio”.

 

Una tarea de todo el pueblo de Dios

Los obispos recuerdan que la misión de anunciar a Jesucristo corresponde a todo el pueblo de Dios y que “la tenemos que realizar juntos, en comunión, en clave de sinodalidad”. El proceso sinodal “está insistiendo en que la comunión y la participación tienen como meta la misión, el anuncio del evangelio. Además, el camino sinodal nos está invitando a sentirnos corresponsables en la misión evangelizadora, superando el clericalismo que nos afecta tanto a los clérigos como a los laicos”.

Los obispos valoran las iniciativas de primer anuncio que ya existen en nuestra Iglesia en España, pero confiesan que “nuestro anhelo es que todos, por el sacramento del bautismo, tomemos conciencia de nuestra vocación de ser anunciadores de Jesucristo, que proclamemos con nuestras palabras y obras el kerigma, el núcleo del evangelio: Jesucristo te ama, ha dado la vida por ti y ha resucitado”.

Por eso, ofrecen unas pautas. Como punto de partida para abordar cualquier cambio pastoral señalan la importancia de la oración, de los sacramentos y de “renovar nuestro encuentro con el Señor” pues “no podemos ser creíbles en el exterior si no cuidamos el interior”.

También es fundamental, explican, comunicar con lenguajes adecuados a aquellos con los que se dialoga. Y hoy “este anuncio debe insertarse en la nueva cultura digital en la que nos movemos”. En este sentido plantean el desafío de convertirse en una presencia evangelizadora en el continente digital.

Otra palabra clave es el testimonio pues nuestro mundo necesita “no tanto maestros como testigos”. Es fundamental “anunciar a Cristo con nuestro modo de vivir” para “tocar el corazón y la mente de los que nos escuchan porque predicamos con nuestra vida”. “Nos duele”, confiesan, que en la síntesis del Sínodo en España “se vea a la Iglesia como una institución reaccionaria y poco propositiva, alejada de la realidad de hoy”.

Como Iglesia “tenemos que situarnos en diálogo con el mundo, ofreciendo la buena noticia del evangelio a tantas personas que están sufriendo, que se sienten marginadas por la sociedad por cualquier motivo”. Estamos llamados a anunciar “al que es la vida, Jesucristo, en medio de las situaciones de muerte, de tristeza o de falta de esperanza que hay a nuestro alrededor”.  

Esta Jornada, que coincide con las elecciones municipales y autonómicas, “nos interpela también a un testimonio cristiano en el mundo de la política, que, en palabras del papa Francisco, «es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común» (EG 205).

Los obispos terminan su mensaje agradeciendo el trabajo de las delegaciones de apostolado seglar; de los movimientos y asociaciones; de la Acción Católica; del Consejo Asesor de Laicos y “el testimonio anónimo de tantos laicos de nuestras parroquias que cada día anuncian a Jesucristo en sus ambientes, con palabras y obras”.

Conferenciaepiscopal.es

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COPE ALMERÍA: ¿La clase de religión esta en crisis? Te lo contamos en el ESPEJO DE ALMERÍA

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El Espíritu es el mejor don del Resucitado

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Solemnidad de Pentecostés. A. 23

Dios habla todas las lenguas. El efecto que produce la venida del Espíritu Santo sobre
los discípulos, según el libro de los Hechos de los Apóstoles, deja perplejos a los
oyentes: todos, sea cual sea su lengua, pueden oír la proclamación de «las maravillas de
Dios». El Espíritu hace posible que el Evangelio sea comunicado a todo el mundo y que
cada uno lo reciba en su lengua, desde su realidad. El Evangelio se encarna, toma carne
humana concreta y lo reciben todos los hombres y mujeres, dondequiera que vivan, sea
cual sea su lengua y su cultura, así se ha hecho posible la proclamación de las
maravillas de Dios gracias al Espíritu.
Debemos ayudar a entender cómo el Espíritu es el mejor don del Resucitado, fruto
granado de su Pascua. El Espíritu que en el inicio del mundo llenó de vida, aleteando
sobre ellas, las aguas primordiales; el que actuó en el seno de la Virgen María e hizo
que su Hijo fuera el Mesías e Hijo de Dios; el que resucitó a Cristo de entre los muertos;
el que llenó de vida y cambió radicalmente a la primera comunidad apostólica en
Pentecostés (de cobarde y encerrada, a misionera y valiente). Es el mismo que hoy
quiere llevar a plenitud en cada uno de nosotros y en toda la Iglesia, incluso en toda la
humanidad y el cosmos, la obra salvadora de Cristo, la Pascua como proceso de
renovación y vida: haciéndonos madurar en la verdad, en el amor, en la energía de la
vida cristiana.
El Espíritu hace posible que las diferentes lenguas y culturas puedan dialogar. A la luz
de nuestra fe en Cristo muerto y resucitado que, con el Padre, nos envía su Espíritu, no
nos podemos quedar cerrados en nosotros mismos, Dios mismo nos ha puesto en
camino para dar a conocer su rostro de misericordia, de perdón y para vivir la
comunión. Se nos llama a no quedarnos cerrados, somos una familia, se nos llama a
anunciar la grandeza de Dios y su cercanía.
Es el Espíritu el que nos hace miembros de un solo cuerpo. Crea la comunión entre los
que son distintos. El mismo apóstol san Pablo nos dice cómo el Espíritu es incluso
creador de diversidad: «Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu». Los
bautizados formamos un solo cuerpo: «Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos
miembros… así es también Cristo». Esta es la fe que confesamos. Pero nos podemos
preguntar si nuestras actitudes y prácticas responden a ello. Es evidente que en la Iglesia
hay comunión, pero también lo es que no hay la que Jesús pedía al Padre: «Que todos
sean uno», por eso debemos revisar nuestra entrega al proyecto de Nuestro Señor. En
Pentecostés se nos llama a abrirnos más a la acción del Espíritu, en sinodalidad, para la
misión y en corresponsabilidad. En esta solemnidad tenemos que revisar, bajo su luz,
nuestras actitudes en medio de la comunidad concreta, dónde y cómo vivimos la fe.
La fiesta de este domingo nos hace caer en la cuenta de que el Espíritu nos es dado a
«todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres». La unción del Espíritu nos hace ser
como Él, nos hace partícipes de su misión. Se nos envía para anunciar el Evangelio a los

pobres y necesitados, a dejarmos llevar por el Espíritu que nos envía. Ojalá que este
Pentecostés sea un nuevo envío. Que el Espíritu que hoy nos ha reunido en esta
celebración nos alimente con su Palabra y la Eucaristía, de manera que nos fortalezca
para ser sus testigos en medio de los hijos de Dios dispersos.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

La Solemnidad de Pentecostés nos habla de las maravillas divinas que el Señor realiza en el corazón humano

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El Señor realiza en el corazón de sus fieles las mismas maravillas que obró en los comienzos de la predicación evangélica. La liturgia de la Solemnidad de Pentecostés nos habla de las maravillas divinas que el Señor realiza en el corazón humano. Jesús resucitado cumple la promesa hecha a los discípulos antes de su muerte: pide al Padre que envíe otro Defensor, el Espíritu Santo. En la tarde del día de la resurrección, Jesucristo derrama el don del Espíritu sobre los apóstoles, anticipando la efusión del día de Pentecostés. La efusión espiritual e invisible se realiza con un gesto material y sensible: Jesús sopla sobre los discípulos. Si con un soplo el hombre moldeado del barro recibió la vida de Dios, con un nuevo soplo el hombre recibe ahora al Señor y Dador de vida. El evangelio del domingo de Pentecostés nos permite reconocer algunas de las maravillas que el Espíritu Santo obra en el corazón de los fieles.

Maravilla es el encuentro renovado con Jesucristo. La promesa de no dejarnos solos, Jesús la cumple primeramente con el don del Espíritu Santo. Maravilla es el don de la paz. El Espíritu pone paz en el corazón y convierte en constructor de paz a quien le es dócil. La paz del Espíritu es tranquilidad del orden, sosiego en el progreso, concordia en las relaciones, serenidad en el ánimo. Quien protege la paz, camina en el Espíritu. Maravilla es la alegría colmada. El don del Espíritu Santo nos trae la alegría plena, esa que se alcanza como regalo del Señor, quien derrama su gozo en nosotros para que el nuestro llegue a plenitud. Maravilla es la pertenencia a la misión salvadora del Redentor. El Espíritu Santo convierte al discípulo en apóstol, haciendo de él un testigo del Señor. Maravilla es el perdón de los pecados. El amor de Dios derramado con el Espíritu Santo es mayor que los errores y pecados del ser humano. El corazón perdonado atestigua las maravillas que el Espíritu Santo obra en él.

En la solemnidad de Pentecostés todos nos hacemos rocieros para honrar a la Blanca Paloma, imitar su docilidad al Espíritu Santo, recibir de Ella al Salvador del mundo, sabernos peregrinos en el camino de la vida, experimentar el consuelo del perdón de Dios, renovar nuestro compromiso misionero y mantener vivo el abrazo maternal de la Virgen María. Para vivir Pentecostés hay que hacerse rociero, es decir, hay que ser del todo y siempre de María Santísima.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

Toman posesión los dos nuevos canónigos de la Santa Iglesia Catedral

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David Aguilera Malagón y Carlos Jesús Gallardo Panadero fueron nombrados canónigos por el Obispo el pasado 18 de mayo

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, nombró canónigos de la Santa Iglesia Catedral a David Aguilera Malagón y Carlos Jesús Gallardo Panadero el pasado 18 de mayo. La toma de posesión de los nuevos canónigos ha tenido lugar en el templo principal de la Diócesis la mañana del viernes 26 de mayo.

Durante el acto han asumido sus nuevas dignidades los canónigos Jesús Poyato Varo, como canónigo Magistral, y Antonio Llamas Vela, como canónigo Lectoral. Ambos recibieron los nombramientos también el pasado 18 de mayo. El primero sustituye en el cargo a Antonio Prieto Lucena, obispo electo de Alcalá de Henares, y el segundo a Alfredo Montes, que pasa a la condición de canónigo emérito.

Carlos Jesús Gallardo Panadero comenzó su alocución durante el rito de toma de posesión dando gracias al Obispo por la confianza depositada en él y en sus hermanos sacerdotes al nombrarlos canónigos de la Santa Iglesia Catedral, tanto aquellos que reciben una dignidad dentro del Cabildo como los que son incorporados al mismo. El Rector del Seminario Conciliar “San Pelagio” ha dado las gracias a monseñor Demetrio Fernández también por “sus atenciones por la promoción y el cuidado de la tarea evangelizadora que realiza el templo principal de la Diócesis”. Ha continuado manifestando su leal colaboración con su ministerio pastoral. “Es para nosotros un honor pertenecer a este colegio sacerdotal que tiene la misión de cuidar el culto litúrgico de la Catedral, custodiar su patrimonio artístico y todas las tareas recogidas en sus estatutos” ha añadido. Carlos Jesús ha continuado dirigiéndose a sus hermanos capitulares, a los que se ponen a disposición para “tratar de aportar nuestro esfuerzo en los oficios que se nos encomienden”, humildemente ha reconocido que tienen mucho que aprender al recibir el testigo de una rica tradición eclesiástica. Ha terminado su alocución pidiendo oraciones para la nueva tarea que la Iglesia les encomienda.

El obispo de Córdoba ha comenzado su alocución felicitando a los dos nuevos canónigos y a los dos que promocionan dentro del colegio capitular. El pastor de la Diócesis le ha recordado que “nuestro seguimiento de Cristo se apoya en Él, en su amor, en su misericordia y Él es fiel y nos hace fieles”. La oración de unos por otros vaya en esta dirección, Señor “mantenles fieles a su vocación, a su sacerdocio, a su servicio a la Iglesia y a este templo porque de la fidelidad de ellos dependerá la fidelidad de otros muchos en la Iglesia” ha continuado.

A los canónigos se ha dirigido diciéndoles que “sois puestos delante del pueblo de Dios como ejemplo para que el pueblo de Dios aprenda a servir a Jesucristo” y añadió su agradecimiento por la dedicación a la Santa Iglesia Catedral, además de otros muchos oficios que tendréis que compaginar. No os olvides que este templo, recordó, porque “merece dedicación y esfuerzo porque es la Iglesia, la esposa de Cristo”. Les indicó que mirarán con esperanza recodando la gloriosa historia de este Cabildo a lo largo de los siglos y “estad a la altura de lo que este Cabildo pide de vosotros, que se centra en tres puntos: el culto, la cultura y la caridad” ha puntualizado monseñor Demetrio Fernández.

Los nuevos canónigos han recibido el anuncio público de su canonjía en la sillería del coro. El rito de toma de posesión ha terminado con el canto de la Salve Regina.










 

Institución y Canónica Colación

Monseñor Demetrio Fernández dio la institución y canónica colación de la canonjía a los canónigos el pasado martes 23 de mayo en el Palacio Episcopal. En el acto los cuatro canónigos profesaron su fe y recibieron el título colativo del Obispo en presencia del Canciller Secretario General, Joaquín Alberto Nieva, Jesús Daniel Alonso, nombrado recientemente Vicario General de la Diócesis, Jesús María Moriana, Vicario de la Campiña, Juan Luis Carnerero, que sustituirá a Jesús Daniel Alonso como Vicario de la ciudad, y José Ángel Moraño, que ha sido Vicario del Valle del Guadalquivir dos cuatrienios consecutivos.




















La entrada Toman posesión los dos nuevos canónigos de la Santa Iglesia Catedral apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Quince jóvenes reciben el Sacramento de la Confirmación en la parroquia de Ntra. Sra. De la Encarnación  de Arjonilla

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En la tarde del 24 de mayo, durante la celebración de la Santa Misa concelebrada por el titular de la  Vicaría Episcopal Territorial de Alcalá, Martos-Torredonjimeno y Arjona, D. Ildefonso Rueda Jándula y el párroco,  D. Ángel Sigüenza Fuentes, les fue conferido el Sacramento de la Confirmación, a quince jóvenes de nuestra parroquia.

En la homilía, D. Alfonso recordó sus tiempos de juventud como miembro de esta parroquia y la diferencia de su Confirmación con las actuales, resaltó cómo él acudió solo y con un jersey “feísimo”, según sus propias palabras, mientras ahora se cuida más la ceremonia.

Recordó lo esencial del Sacramento, la madurez cristiana con la entrada del Espíritu Santo en nuestras vidas, –cuando se recibe tal vez no sintamos algo especial, pero, con el paso del tiempo, veremos el efecto que produce en nuestras vidas y cómo actúa– insistió.

Explicó por qué se les ungía con óleo en la frente, recalcando que es el mismo óleo que recibieron en su bautismo.

La ceremonia fue seguida por familiares y numerosos fieles de nuestra parroquia, al finalizar, cada uno de los confirmandos recibió sobre su cuello, una pequeña cruz de madera con la que la parroquia quiere significar la condición de nuevos soldados de Cristo.

El vicario agradeció al párroco, catequista y padres el haber elegido desde el  Bautismo la fe en Jesucristo y los animó a seguir dando pruebas de su amor a Jesús a lo largo de sus vidas.

Finalizada la ceremonia se hicieron todos juntos una foto como recuerdo de este importante día en su vida de cristianos.

Aurelio Ortega Barrera
Parroquia de la Encarnación  de Arjonilla

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