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oda vida es una vocación, y cada persona recibe desde el nacimiento un conjunto de virtudes y cualidades que debe hacer fructificar. Para quien está discerniendo su vocación, la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es una experiencia intensa e iluminadora de búsqueda, de hacerse preguntas y encontrar respuestas, de llamada y seguimiento, de luz para descubrir la propia vocación y generosidad para la respuesta. Por eso, antes del inicio de esta JMJ de Lisboa convoqué a la familia diocesana a una cadena de oración por las vocaciones, que ha tenido una repuesta muy positiva, sobre todo en las comunidades de vida contemplativa. El fruto no es automático, pero lo iremos viendo en los próximos años. Tarea nuestra es seguir dinamizando la pastoral juvenil ordinaria y la pastoral vocacional.
Tal y como está planteada la vida de las personas en nuestra sociedad, parece casi imposible que pueda brotar y madurar una vocación al sacerdocio o a la vida consagrada; por eso, desde hace años, acostumbro a afirmar que hoy día cada vocación sacerdotal es como un pequeño milagro, y lo mismo cada vocación a la vida consagrada; por eso es tan necesario un ambiente, un clima de fe, de amor a Dios, de disponibilidad y entrega, de docilidad a la voluntad de Dios y apertura a su llamada.
Los momentos esenciales de la pastoral vocacional se encuentran en la oración y en la celebración de la liturgia. La oración, la meditación de la Palabra de Dios y la celebración de los sacramentos constituyen el espacio ideal para que cada uno pueda descubrir la verdad de su ser y la voluntad de Dios en su vida; del mismo modo, el servicio desinteresado a los demás a través del voluntariado, motivado evangélicamente y alimentado desde la oración, ofrece enormes posibilidades para que el joven descubra el servicio de la caridad y se abra a un compromiso de especial consagración. A la vez, toda la Iglesia diocesana ha de rezar por las vocaciones; esa es la primera y fundamental actividad de la pastoral vocacional.
Los educadores y especialmente los sacerdotes, no deben temer el hecho de proponer la vocación al sacerdocio a aquellos jóvenes en los que aprecien los dones y las cualidades necesarios para ello. La figura del sacerdote es un elemento transversal de la pastoral vocacional. El interés por la vocación en los jóvenes depende, en gran medida, del testimonio de sacerdotes felices de su condición, que viven su ministerio con alegría. La mejor catequesis vocacional que un sacerdote puede hacer es mostrar su propia vocación con la vida y con la palabra.
También es necesario cuidar el ámbito familiar, con el fin de recuperarlo como el primer lugar de educación en la fe. El trabajo por las familias y con las familias favorece el nacimiento y la consolidación de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Desde el ámbito de la pastoral familiar es preciso potenciar una cultura de la vida, que ayude a que los matrimonios acojan generosamente el don de la vida y valoren la vocación sacerdotal de un hijo como el mayor regalo de Dios. Es necesario, además, en el ámbito de la pastoral juvenil y vocacional, recuperar la gran tradición del acompañamiento espiritual, que ha dado siempre tantos y tan preciosos frutos en la vida de la Iglesia.
Como resumen final, destacaría tres elementos clave de la pastoral juvenil: el primero, confiar en los jóvenes y plantearles un ideal de altura, de perfección; en segundo lugar, conocer y acompañar a los jóvenes, guiarlos, responder a sus inquietudes, dialogar con ellos; por último, propiciar el encuentro con Cristo, la Persona que llenará de plenitud sus vidas. A partir de ahí serán capaces de comprometerse a través del camino que Dios les indique, ya sea el sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio. Pidamos que sean generosos a la llamada del Señor, como lo fue María Santísima.
Comienza el curso de la mano de la Virgen. En muchos pueblos de nuestra diócesis y
del orbe católico es fiesta grande el 8 de septiembre, por el nacimiento de la Virgen
María. En muchos lugares, además, son las fiestas principales de la Virgen, que llenan
de alegría nuestras vidas. En Córdoba es la Virgen de la Fuensanta, patrona de la
ciudad. Ella da nombre a un barrio, el que está en el entorno de su santuario, pero es
fiesta en toda la ciudad que la tiene como patrona.
Es frecuente en estos días la imagen de los niños que acuden al colegio, algunos por
primera vez, otros ya veteranos, de la mano de su madre. Me evoca esa imagen la
preocupación maternal de María por cada uno de nosotros al comienzo de esta nueva
etapa de nuestra vida, al comienzo del nuevo curso pastoral. De la mano de María
iniciamos esta nueva etapa, sabiendo que ella estará presente todos los días y nos
cuidará, como una madre cuida de su hijo pequeño.
Y de pronto, un nuevo diácono, Álvaro Fernández-Martos Yáñez. En la fiesta de la
Virgen de la Fuensanta, recibimos de su mano este gran regalo de la ordenación de un
nuevo diácono. En Córdoba, los diáconos suelen ser ordenados por la fiesta de la
Inmaculada. En este caso, se ha adelantado tres meses. Y estamos contentos por ello y
hacemos fiesta especial.
El paso del diaconado es un paso definitivo en el camino hacia el sacerdocio. Es ya el
primer grado del sacramento del Orden, que configura al ordenado con Cristo Siervo. Es
decir, lo hace ministro de Cristo en esa dimensión esencial de la vida cristiana y
eclesial, que es el servicio.
Jesús lo enseña claramente en el Evangelio, cuando habla del estilo de mandar por parte
de los jefes de este mundo y lo contrapone a la actitud del servidor en la comunidad
cristiana. “No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea
vuestro servidor; y el que quiera ser el primero, que sea esclavo de todos. Porque el Hijo
del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por
muchos” (Mc 10,43-45).
Esto vale para todos, pero el diácono hace presente sacramentalmente a Cristo en medio
de la comunidad con esta actitud de Cristo, que llenó de asombro a los apóstoles,
cuando Jesús en la última Cena se puso a lavarles los pies. Quedaron desconcertados.
Jesús no llega a nuestras vidas por el camino de la prepotencia o del poderío, sino por el
camino de la humildad y del servicio. El diácono es prolongación personal de Cristo en
esta actitud fundamental cristiana y es consagrado por el sacramento del Orden para
servir a Cristo, para servir a la comunidad cristiana, para servir especialmente a los
pobres. En la jerarquía eclesiástica se entra por el camino de la humildad y del servicio,
no hay otra puerta.
En el diaconado, el que es llamado hace públicamente sus compromisos ante Dios y
ante la Iglesia. Asume gozosamente el compromiso de vivir el celibato durante toda su
vida, como signo de esponsalidad con Cristo y como signo de otra fecundidad, la que
viene de lo alto y reparte vida eterna a todo el que se acerca al Señor. El corazón del
nuevo diácono queda consagrado a Dios para siempre y al servicio de la comunidad. Es
un paso, por tanto, muy serio y muy importante. Asume también el compromiso de vivir
en la obediencia, al estilo de Cristo. Y el compromiso de prolongar la oración de Cristo
en la comunidad cristiana por medio de la Liturgia de las Horas, en favor de toda la
humanidad. Ya podrá celebrar varios sacramentos y, sobre todo servir a la mesa del
altar, repartir la sagrada comunión y servir a los pobres, que son signo de Cristo.
Pedimos a la Virgen de la Fuensanta que tome consigo a Álvaro y no lo suelte nunca de
su mano, porque ella es la mejor garantía de fidelidad a Dios y a los compromisos
adquiridos. Y rezamos por tantos jóvenes que se están planteando su vocación, para que
si Dios los llama al sacerdocio, respondan generosamente, porque los necesitamos.
Recibid mi afecto y mi bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba
La participación en la Santa Misa es el momento más importante de la celebración cristiana del Domingo. Congregados por el Señor, los discípulos de Cristo comienzan la nueva semana actualizando el triunfo de la Resurrección, acontecimiento fundamental de nuestra fe que da sentido a todo lo que hacemos y padecemos. La celebración de la eucaristía dominical no sólo es alimento personal de la vida de fe, sino también cauce privilegiado para vivir la relación con el Señor con la conciencia de ser miembros de la Iglesia. Quien celebra bien el domingo se descubre amando, cada vez más y de forma espontánea, a la Iglesia, y crece en deseo de colaborar en su misión evangelizadora. Cuando, por el contrario, se celebra mal el Domingo o se vive la participación en la Misa como un acto individual y aislado, se deforma la pertenencia eclesial y las exigencias del evangelio se acaban acomodando a los propios gustos. Entonces, la fe se acaba considerando una carga y se rehúye la relación con los demás miembros de la Iglesia.
Cuando nos estamos preparando para el comienzo de nuevo curso pastoral, el Señor sale a nuestro paso y nos regala su palabra, que se proclama viva en la Liturgia, llamándonos a proteger la alegría de pertenecer a la Iglesia.
Custodiar la comunión en la Iglesia no consiste primariamente en un ejercicio que permite que nos llevemos bien los que formamos parte de ella. Es mucho más: es dejarse amar con el amor de la Trinidad y dejar que este amor esté en el centro de nuestra vida. En la Iglesia, la suerte de uno es la de todos. El mal de uno afecta a todos y exige reaccionar ante ese mal con responsabilidad. Quien corrige a quien yerra, le salva y se salva a sí mismo. En el evangelio de este domingo, Jesucristo nos enseña a cuidar la comunión en el seno de la Iglesia, proponiéndonos tres tareas inaplazables: la corrección fraterna, el perdón y la oración en común. Tareas fundamentales para caminar juntos como hijos de la Iglesia y comenzar un nuevo curso esperanzados.
Las celebraciones marianas que abren y centran el mes de septiembre nos vuelven a recordar la necesidad de mirar siempre a María Santísima. De Ella aprendemos también el arte de proteger la alegría de la Iglesia, es decir, de cuidar cada día más a Jesucristo en nuestra propia vida para llevarlo a los demás. Él es nuestra alegría.
La alcaldesa palmeña, Matilde Esteo, en nombre de la corporación le hizo entrega de un naranjo de plata y compartió su preocupación por el sector cítrico
La alcaldesa de Palma del Río, Matilde Esteo, y miembros de la Corporación Municipal han recibido en el Ayuntamiento al Cardenal y Arzobispo Emérito de Madrid, monseñor Carlos Osoro, un hecho que la regidora calificó de “histórico”, ya que es la primera vez en la historia reciente de la ciudad que un cardenal visita esta institución. La visita institucional de monseñor Osoro coincide con la estancia del cardenal en Palma del Río con motivo de la festividad de la patrona, la virgen de Belén Coronada.
Durante la visita institucional del también vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Esteo le agradeció la atención y cariño mostrado a Palma del Río al participar en los actos previos al día grande de la patrona y le obsequió con un naranjo de plata, árbol simbólico de Palma del Río, ya que representa el cultivo principal de la ciudad y es motivo de preocupación por el difícil momento que atraviesa el sector de los cítricos a causa de la sequía.
El cardenal Osoro agradeció la acogida de la Corporación Municipal porque “es expresión de lo más importante, la búsqueda del bien común, crear fraternidad y vivir el presente y el futuro como hermanos”. “La Iglesia, desde su nacimiento, ha buscado construir la convivencia entre los hombres, que busquen la paz y la fraternidad, que la hagan día a día y tengan una especial ayuda para los que más la necesitan”, añadió Osoro.
Tras la visita institucional al Ayuntamiento de Palma del Río, la corporación acompañó al cardenal Osoro a la función principal con motivo de la festividad de la Virgen de Belén, eucaristía que presidió y concelebró con Francisco Gámez. Durante la homilía, Osoro indicó que “estamos en tiempos de opinión, hay muchas opiniones, muchas direcciones que parece que quieren implantarse en la vida de los hombres pero hay una novedad única que es la que marca la dirección correcta y esa es la de construir la fraternidad entre los hombres y la de estar siempre al lado de quienes más lo necesitan y menos poseen”.
El Obispo de Córdoba preside la eucaristía en la solemnidad de la patrona de Córdoba, Nuestra Señora de la Fuensanta cuya parroquia cumple 50 de servicio al barrio
La solemnidad de la patrona de Córdoba ha congregado a centenares de fieles y devotos de Córdoba a una celebración presidida por el Obispo y concelebrada por miembros del Cabildo Catedral de Córdoba, patronos del Santuario, que ha contado con la presencia del alcalde de Córdoba, José María Bellido, el presidente de la Diputación, Salvador Fuentes, la presidenta de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, Olga Caballero y otras autoridades civiles.
En su homilía, el obispo de Córdoba ha destacado la sencillez de la Virgen María, que en la advocación de Nuestra Señora de la Fuensanta es expresión de la vida cristiana, “pequeña y sencilla como es su imagen, que resulta accesible, aunque vestida de gala y adornada con trono de reina que la ensalza”. Es esta sencillez la que debemos copiar en nuestras vidas, dijo el Obispo, porque «esta cualidad de María atrae a Dios y por eso se la ha hecho llena de gracia, sin pecado y colmándola de todas las gracias y virtudes».
En el Evangelio de San Mateo se ha relatado la Genealogía de Jesús, con el que viene a decirnos a todos los cristianos de todos los tiempos, “Jesús es de nuestro barro y no se avergüenza de sus antepasados ni tiene asco de juntarse con los pecadores; es muy consolador saber que Jesucristo ha venido a buscar a los pecadores”. Por eso, “la Iglesia no excluye a nadie, por muy pecador que sea”, ha continuado monseñor Demetrio Fernández, porque “la Iglesia abre sus entrañas maternales a todos”, recordando las palabras del Papa Francisco durante la JMJ de Lisboa de 2023.
Al término de su alocución, el obispo de Córdoba recomendó acudir a la Madre de Dios especialmente en el día de la Fuensanta para que la relación con la Virgen sea “verdadera, sincera y profunda” y podamos obtener un baño de “perdón y misericordia” porque ella es santa y “lo que vemos en María es lo que Jesucristo quiere hacer en nosotros, por tanto, que seamos pecadores no le echa atrás, pero viene para darnos su gracia·
La historia de Córdoba está unida a Ntra. Sra. de la Fuensanta, patrona de la ciudad desde que en 1994 San Juan Pablo II, en el Decreto de su Coronación Canónica, le otorgó el título, sin demérito de los patrones de toda la diócesis cordobesa, San Acisclo y Santa Victoria.
Este libro recoge dos de los escritos marianos más relevantes de san Luis María Grignion de Montfort: “El secreto de María” y el “Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen María”, obras que se consideran piezas clave en la comprensión y evolución de la espiritualidad mariana.
Luis María Grignion de Montfort debe su fama como adalid de la devoción a la Virgen a estos escritos, y a la fórmula que el mismo acuñó y popularizó: “Por María, en María, con María y para María” para propagar la consagración a la Santísima Virgen.
Reseña literaria de la Hna. Pilar González, de la Librería Welba (El Espejo de COPE Huelva, 08/08/23)
En la parroquia de la Concepción, el obispo de la Diócesis de Huelva, Mons. Gómez Sierra, ha empezado su homilía celebrando con alegría el Nacimiento de la bienaventurada Virgen María. “Es la exhortación que nos hace la liturgia en este día de fiesta. Esta celebración gozosa del nacimiento de la Virgen María reúne hoy a la Iglesia en todo el mundo, y se encarna en Huelva en la sagrada imagen de la Virgen Chiquita o en el bendito fresco del Santuario, y los vivas de amor y devoción brotan de nuestros corazones, aclamándola como Virgen de la Cinta, Patrona de Huelva, Reina del Conquero y Protectora de los Marineros.”
Del mismo modo, por el “cumpleaños de María, la Madre de Dios”, el obispo ha afirmado la expresión de “nuestro homenaje a la que es bendita entre todas las mujeres e imploramos su protección.”
“Contemplemos a la Virgen chiquita -continuaba- ¿Qué vemos? Una verdadera madre, sosteniendo en su brazo a su hijo pequeño, el divino Niño de las Sandalias. Cuida maternalmente de su Hijo –lo tiene en brazos porque un niño pequeño no puede mantenerse en pie por sí mismo- y, al mismo tiempo, mirándonos a nosotros, cuida como madre a sus otros hijos que están en el mundo y nos atrae a Él, a Jesús, fruto bendito de su vientre, ofreciéndonos la Cinta, como vínculo de unión con Dios y con los hermanos.”
Con motivo de esta celebración, Mons. Santiago Gómez Sierra ha querido aprovechar la oportunidad para reflexionar sobre la maternidad. “La naturaleza mantiene tan unidos a la madre y al hijo que durante el embarazo comparten la misma comida, sangre y oxígeno. Después del parto, la naturaleza sitúa al hijo ante el pecho de la madre para alimentarse. Pero por más unidos biológicamente que mantenga la naturaleza a la madre y al hijo, la maternidad es mucho más. La madre es un misterio único para su hijo, porque cada hijo tiene una relación personal y singular con su madre. La palabra “madre” tiene un significado mínimo común para todos, hace referencia a una relación biológica única con una mujer, pero para cada uno de nosotros decir “madre” despierta unas experiencias únicas e irrepetibles en su corazón, porque cada hijo tiene una relación con su madre absolutamente singular; que ni siquiera es capaz de verbalizar del todo, y ni alcanzamos a tener una conciencia exhaustiva de todo lo que esa relación, madre-hijo, supone en nuestro ser personal”, señalaba.
Por ello, se cuestionaba la forma de Dios. “¿cómo es Dios? ¿cuál es su nombre? para comprender esta maternidad singular de María. Dios nos ha revelado su nombre. Jesucristo, resucitado, manda a sus discípulos a bautizar en el nombre de Dios, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el nombre de la Santísima Trinidad. Éste es el nombre de Dios, que revela quién es desde toda la eternidad: es Padre, Hijo y Espíritu Santo. San Juan Pablo II lo expresó así: Dios en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia, que es el amor (S. Juan Pablo II, Homilía 28 enero 1979, en CELAM, Puebla). Sólo la Trinidad posee los atributos esenciales de una familia en su perfección –paternidad, filiación, amor-; los hogares de los hombres tienen estos atributos imperfectamente”, ha indicado.
Al igual que una obra de arte siempre revela “un rastro de su autor”, afirmaba, “también las obras de Dios revelan quién es en sí mismo; e inversamente conocer a Dios, como Él se ha revelado, nos ayuda a comprender sus obras”.
“Pues bien, la obra más grande de Dios es Jesucristo. En Cristo nos ha revelado su intimidad personal y su proyecto de salvación. Toda la historia ha consistido en preparar al mundo para el momento en que la Palabra se hizo carne, cuando Dios se hizo criatura humana en el seno de una joven virgen de Nazaret, como hemos escuchado en el Evangelio según S. Mateo: La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo (Mt 1,18).
Esta maternidad de la Santísima Virgen María es la que cambia todo en nuestras vidas y en la historia humana. Dios se hizo hombre en Jesucristo, e incorporándonos a Él por la fe y el bautismo, recibido en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu de Amor, llegamos a ser hijos adoptivos en el Hijo, entramos en la familia que es Dios mismo”, incidía.
El eje de la maternidad centraba el mensaje en la homilía ofrecida a los fieles, representantes civiles, políticos y militares que se dieron cita este 8 de septiembre en la parroquia de la Purísima Concepción de la capital donde ha continuado resaltando que la Iglesia “mira a Dios como Padre, a Jesús como hermano, al Espíritu de Amor, al cielo como su casa. ¿Qué falta? Toda familia necesita una madre. Sólo el Hijo eterno de Dios, Cristo, podía escoger a la que sería la suya, y la escogió: el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María (Lc 1, 26). Ahora, Cristo todo lo que tiene lo comparte con nosotros: su vida nos la entrega; su casa –el cielo- es nuestra casa que nos espera; su Padre es nuestro Padre; sus hermanos son nuestros hermanos; y, también, su Madre es nuestra Madre, nos la ha entregado desde la cruz”.
Tras esto, Mons. Santiago Gómez Sierra puso especial énfasis en la devoción que Huelva le profesa a la patrona y que queda latente y patente cada vez que llega esta festividad. “Una familia resulta incompleta sin una madre amorosa. Los apóstoles lo sabían y esa fue la razón por la que estuvieron juntos con María en Jerusalén el día de Pentecostés, para recibir el don del Espíritu Santo. Los cristianos a lo largo de todos los siglos lo sabían, por eso representaron de mil maneras su imagen, le dieron multitud de nombres y le dedicaron iglesias. También, los que han ido por delante de nosotros, cristianos de Huelva, lo sabían y por eso pintaron la Virgen de la Cinta y le dedicaron un Santuario en lo alto del Conquero, y para que pasee por las calles donde se desenvuelve nuestra vida cotidiana, idearon esta sagrada imagen de la Virgen chiquita.
Hoy, celebrando con alegría el cumpleaños de la Bienaventurada Virgen María, avivemos nuestro amor y devoción a la Virgen de la Cinta. Ella es la Madre de Dios, y Cristo nos la ha dado como Madre nuestra. Y desde la experiencia de sabernos familia de Dios, renovemos nuestro compromiso por asumir como cristianos y ciudadanos la vocación de la Iglesia, que está llamada a ser signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano (L G, 1).”
Para culminar, el obispo de Huelva quiso realizar una petición de esfuerzo para fortalecer lazos históricos. “Esforcémonos para que en España y en Huelva, superando todo individualismo insolidario y practicando la virtud política de la solidaridad, se mantengan y fortalezcan los lazos históricos, familiares, religiosos, culturales y políticos, que han marcado lo mejor de la historia de nuestra ciudad y de nuestra patria.
También cuando sufrimos, a veces, de una forma muy cercana, la fragilidad del amor y la convivencia en nuestras propias familias, consciente de que el bien de la sociedad y de la Iglesia está profundamente vinculado al bien de la familia, trabajemos sin descanso por nuestras familias, por cuidar el amor entre los esposos y la educación cristiana de los hijos.”
“Sabemos, -terminaba-, como rezamos en el salmo, que: si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles (Sal 127 ,1). Pidamos entonces la intercesión de la Virgen María en la fiesta de su nacimiento. Nadie es capaz de poner reconciliación, paz y amor entre los hermanos como lo hace el corazón de una madre. Cristo nos ha dado una Madre, acudamos a la Virgen de la Cinta: Llenos de fe te pedimos/ Que salves a nuestro pueblo/ Y lo mires con piedad/ con amor benigno y tierno/…a ti acudimos ¡Oh, Madre!/ porque sin Ti no hay remedio.
Virgen de la Cinta, ruega por nosotros.”
Asímismo, este jueves 7 de septiembre, presidió la procesión solemne de la Virgen de la Cinta por las céntricas calles de la capital onubense.
La Conferencia Episcopal Española, a través de laComisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado, ha organizado un curso dedicado a la catequesis evangelizadora. Este dará comienzo el próximo 18 de octubre y se prolongará durante todos los miércoles hasta el 24 de febrero del 2024, de 17.30 a 18.30 horas. La primera ponencia será ofrecida por el Director del bienio de evangelización y catequesis de la Universidad San Dámaso, Juan Carlos Carvajal.
La siguiente sesión el 25 de octubre corre a cargo del Director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado , Francisco-Julián Romero, y de María Eugenia Gómez, Cruzada de Santa María y profesora de la universidad Complutense, quienes presentarán el catecismo «Buscad al Señor».
Destacan también las sesiones del 31 de enero y del 21 de febrero. El 31 de enero Mons. José Rico Pavés, Presidente de la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado y Obispo de Asidonia-Jerez, presentará el tema «Catequesis y liturgia» y el 21 de febrero, Mons. Amadeo Rodríguez Magro, miembro de la citada Comisión y Obispo emérito de Jaén, disertará sobre «El ministerio del catequista».
Delegados de catequesis en las Diócesis tratarán los temas en las sesiones de este nuevo curso online para una mayor formación de los catequistas . La familia y la catequesis, la importancia de la comunidad cristiana o cómo acompañar en el proceso catequético son algunos de los aspectos en los que profundizarán en cada una de ellas. Todas las ponencias terminarán con un testimonio.
El Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha estado presente en la celebración de Nuestra Señora de los Milagros, patrona de El Puerto de Santa María, y Nuestra Señora de Regla, patrona de Chipiona.
La Iglesia celebra hoy la festividad de la Natividad de la Santísima Virgen María, momento perfecto para que pongamos nuestra mirada en la madre de todos los hombres y así a través de ella lleguemos hasta su hijo Jesucristo. Muchas localidades diocesanas pondrán en el día de hoy sus ojos en María, entre las más destacadas se encuentra El Puerto de Santa María y Chipiona, ya que han contado con la presencia de Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. El prelado, ha comenzado la mañana presidiendo la celebración de Nuestra Señora de los Milagros , la cual tiene lugar en la Basílica Menor que recibe el mismo nombre de la advocación mariana. Tras esta, se ha trasladado hasta el Santuario de Nuestra Señora de Regla para presidir la celebración dedicada a la patrona de Chipiona.
En la homilía, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha recordado la importancia de saber que la Palabra que escuchamos en la liturgia esta viva cuando se proclama, y si tenemos el corazón atento podremos acoger lo que el Señor quiere decirnos. De esta forma, nos llega con fuerza lo que San José escuchó, no temas acoger a María. Asimismo, ha mencionado que la celebración dedicada a nuestra madre es una oportunidad preciosa para que nos preguntemos si hemos crecido en amor a la Virgen María.
Por otro lado, ha destacado la labor intercesora de María, ya que si queremos llegar a Cristo, debemos saber que la Virgen es estrella, que incluso en momentos difíciles, ilumina nuestro caminar para llegar hasta Él y nunca perdernos en la vida. Asimismo, mencionando la carta escrita por los Obispos del sur con motivo del 30 aniversario de la visita de San Juan Pablo II a la ciudad de Sevilla y Huelva, ha recordado unas palabras del Papa que nos hace ver que María es estrella que alumbra, para así orientarnos a la hora de evangelizar.
En otro orden de ideas, mencionando las distintas lecturas que la liturgia nos trae, ha subrayado de la Primera Lectura, que el Señor se ayuda de lo más humilde y pequeño para así hacerlo grande, además de ser el único capaz de entrar en nuestro corazón y llenarlo de paz. Una paz, que estando en nuestro interior, es cuando seremos capaces de llevarla al mundo.
Por último, mencionando el Evangelio que la liturgia nos trae en el día de hoy, ha destacado dos ideas fundamentales:
1 – La genealogía que escuchamos en el Evangelio es el signo de la fidelidad del Señor, que nos debe hacer ver que esta fidelidad es confiar en Cristo, porque todo lo que tenga preparado para nosotros, si nos dejamos tocar por Él, llevará acabo su misión en nosotros .
2 – «No tengáis miedo de acoger a la Virgen María, hacerlo con total confianza y veremos nuestra vida transformada». Con estas palabras, Monseñor José Rico Pavés ha recordado que debemos acercarnos María, y así regalarle nuestra vida con expresiones no solo externas sino también desde nuestro corazón, ya que aunque caigamos, la misericordia de su hijo siempre nos acoge transformando nuestra vida.
Cabe destacar, que esta solemnidad se vive de manera especial en nuestra Diócesis, ya que son numerosas localidades como Ubrique o Grazalema, además de las anteriores mencionadas que celebran a su patrona. Siendo así un día de fiesta en el que nos ponemos bajo la protección de nuestra madre.