El Obispo preside la Función Principal de la Hermandad de Ntra. Sra de la Cinta en el día de la Natividad de la Virgen y de la Patrona de Huelva

El Obispo preside la Función Principal de la Hermandad de Ntra. Sra de la Cinta en el día de la Natividad de la Virgen y de la Patrona de Huelva

En la parroquia de la Concepción, el obispo de la Diócesis de Huelva, Mons. Gómez Sierra, ha empezado su homilía celebrando con alegría el Nacimiento de la bienaventurada Virgen María. “Es la exhortación que nos hace la liturgia en este día de fiesta. Esta celebración gozosa del nacimiento de la Virgen María reúne hoy a la Iglesia en todo el mundo, y se encarna en Huelva en la sagrada imagen de la Virgen Chiquita o en el bendito fresco del Santuario, y los vivas de amor y devoción brotan de nuestros corazones, aclamándola como Virgen de la Cinta, Patrona de Huelva, Reina del Conquero y Protectora de los Marineros.”

Del mismo modo, por el “cumpleaños de María, la Madre de Dios”, el obispo ha afirmado la expresión de “nuestro homenaje a la que es bendita entre todas las mujeres e imploramos su protección.”

“Contemplemos a la Virgen chiquita -continuaba- ¿Qué vemos? Una verdadera madre, sosteniendo en su brazo a su hijo pequeño, el divino Niño de las Sandalias. Cuida maternalmente de su Hijo –lo tiene en brazos porque un niño pequeño no puede mantenerse en pie por sí mismo- y, al mismo tiempo, mirándonos a nosotros, cuida como madre a sus otros hijos que están en el mundo y nos atrae a Él, a Jesús, fruto bendito de su vientre, ofreciéndonos la Cinta, como vínculo de unión con Dios y con los hermanos.”

Con motivo de esta celebración, Mons. Santiago Gómez Sierra ha querido aprovechar la oportunidad para reflexionar sobre la maternidad. “La naturaleza mantiene tan unidos a la madre y al hijo que durante el embarazo comparten la misma comida, sangre y oxígeno. Después del parto, la naturaleza sitúa al hijo ante el pecho de la madre para alimentarse. Pero por más unidos biológicamente que mantenga la naturaleza a la madre y al hijo, la maternidad es mucho más. La madre es un misterio único para su hijo, porque cada hijo tiene una relación personal y singular con su madre. La palabra “madre” tiene un significado mínimo común para todos, hace referencia a una relación biológica única con una mujer, pero para cada uno de nosotros decir “madre” despierta unas experiencias únicas e irrepetibles en su corazón, porque cada hijo tiene una relación con su madre absolutamente singular; que ni siquiera es capaz de verbalizar del todo, y ni alcanzamos a tener una conciencia exhaustiva de todo lo que esa relación, madre-hijo, supone en nuestro ser personal”, señalaba.

Por ello, se cuestionaba la forma de Dios. “¿cómo es Dios? ¿cuál es su nombre? para comprender esta maternidad singular de María. Dios nos ha revelado su nombre. Jesucristo, resucitado, manda a sus discípulos a bautizar en el nombre de Dios, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el nombre de la Santísima Trinidad. Éste es el nombre de Dios, que revela quién es desde toda la eternidad: es Padre, Hijo y Espíritu Santo. San Juan Pablo II lo expresó así: Dios en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia, que es el amor (S. Juan Pablo II, Homilía 28 enero 1979, en CELAM, Puebla). Sólo la Trinidad posee los atributos esenciales de una familia en su perfección –paternidad, filiación, amor-; los hogares de los hombres tienen estos atributos imperfectamente”, ha indicado.

Al igual que una obra de arte siempre revela “un rastro de su autor”, afirmaba, “también las obras de Dios revelan quién es en sí mismo; e inversamente conocer a Dios, como Él se ha revelado, nos ayuda a comprender sus obras”.

“Pues bien, la obra más grande de Dios es Jesucristo. En Cristo nos ha revelado su intimidad personal y su proyecto de salvación. Toda la historia ha consistido en preparar al mundo para el momento en que la Palabra se hizo carne, cuando Dios se hizo criatura humana en el seno de una joven virgen de Nazaret, como hemos escuchado en el Evangelio según S. Mateo: La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo (Mt 1,18).

Esta maternidad de la Santísima Virgen María es la que cambia todo en nuestras vidas y en la historia humana. Dios se hizo hombre en Jesucristo, e incorporándonos a Él por la fe y el bautismo, recibido en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu de Amor, llegamos a ser hijos adoptivos en el Hijo, entramos en la familia que es Dios mismo”, incidía.

El eje de la maternidad centraba el mensaje en la homilía ofrecida a los fieles, representantes civiles, políticos y militares que se dieron cita este 8 de septiembre en la parroquia de la Purísima Concepción de la capital donde ha continuado resaltando que la Iglesia “mira a Dios como Padre, a Jesús como hermano, al Espíritu de Amor, al cielo como su casa. ¿Qué falta? Toda familia necesita una madre. Sólo el Hijo eterno de Dios, Cristo, podía escoger a la que sería la suya, y la escogió: el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María (Lc 1, 26). Ahora, Cristo todo lo que tiene lo comparte con nosotros: su vida nos la entrega; su casa –el cielo- es nuestra casa que nos espera; su Padre es nuestro Padre; sus hermanos son nuestros hermanos; y, también, su Madre es nuestra Madre, nos la ha entregado desde la cruz”.

Tras esto, Mons. Santiago Gómez Sierra puso especial énfasis en la devoción que Huelva le profesa a la patrona y que queda latente y patente cada vez que llega esta festividad. “Una familia resulta incompleta sin una madre amorosa. Los apóstoles lo sabían y esa fue la razón por la que estuvieron juntos con María en Jerusalén el día de Pentecostés, para recibir el don del Espíritu Santo. Los cristianos a lo largo de todos los siglos lo sabían, por eso representaron de mil maneras su imagen, le dieron multitud de nombres y le dedicaron iglesias. También, los que han ido por delante de nosotros, cristianos de Huelva, lo sabían y por eso pintaron la Virgen de la Cinta y le dedicaron un Santuario en lo alto del Conquero, y para que pasee por las calles donde se desenvuelve nuestra vida cotidiana, idearon esta sagrada imagen de la Virgen chiquita.

Hoy, celebrando con alegría el cumpleaños de la Bienaventurada Virgen María, avivemos nuestro amor y devoción a la Virgen de la Cinta. Ella es la Madre de Dios, y Cristo nos la ha dado como Madre nuestra. Y desde la experiencia de sabernos familia de Dios, renovemos nuestro compromiso por asumir como cristianos y ciudadanos la vocación de la Iglesia, que está llamada a ser signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano (L G, 1).”

Para culminar, el obispo de Huelva quiso realizar una petición de esfuerzo para fortalecer lazos históricos. “Esforcémonos para que en España y en Huelva, superando todo individualismo insolidario y practicando la virtud política de la solidaridad, se mantengan y fortalezcan los lazos históricos, familiares, religiosos, culturales y políticos, que han marcado lo mejor de la historia de nuestra ciudad y de nuestra patria.

También cuando sufrimos, a veces, de una forma muy cercana, la fragilidad del amor y la convivencia en nuestras propias familias, consciente de que el bien de la sociedad y de la Iglesia está profundamente vinculado al bien de la familia, trabajemos sin descanso por nuestras familias, por cuidar el amor entre los esposos y la educación cristiana de los hijos.”

“Sabemos, -terminaba-, como rezamos en el salmo, que: si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles (Sal 127 ,1). Pidamos entonces la intercesión de la Virgen María en la fiesta de su nacimiento. Nadie es capaz de poner reconciliación, paz y amor entre los hermanos como lo hace el corazón de una madre. Cristo nos ha dado una Madre, acudamos a la Virgen de la Cinta: Llenos de fe te pedimos/ Que salves a nuestro pueblo/ Y lo mires con piedad/ con amor benigno y tierno/…a ti acudimos ¡Oh, Madre!/ porque sin Ti no hay remedio.

Virgen de la Cinta, ruega por nosotros.”

Asímismo, este jueves 7 de septiembre, presidió la procesión solemne de la Virgen de la Cinta por las céntricas calles de la capital onubense.

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