Mensaje de Mons. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de las Angustias. En sus palabras, un recuerdo especial por quienes más han padecido los terremotos, que nos han mostrado nuestra debilidad, con una invitación a la reconciliación, fraternidad, ayuda mutua y a superar las corazas de nuestra vida.
Queridos fieles de la Diócesis de Granada, devotos de la Santísima Virgen de las Angustias, un cordial saludo.
El mes de septiembre es para todos nosotros el mes de la Virgen. Un mes especialmente querido por los granadinos, que culmina cada año con la procesión de nuestra Patrona por las calles de la ciudad. Pero este año estamos viviendo de una manera distinta.
Hace un mes, en la madrugada de la Solemnidad de la Asunción del día de la Santísima Virgen, la tierra tembló bajo nuestros pies. Y siguió temblando durante los días siguientes. Muchas familias de la capital y de nuestros pueblos tuvieron que abandonar sus casas, algunas todavía esperan poder regresar a ellas. También sufrieron nuestros templos y entre ellos la Basílica de Nuestra Señora de las Angustias, especialmente su cúpula.
Por eso, este año la tradicional Ofrenda floral tendrá por escenario la fachada de la Catedral, la casa común, la casa de todo el pueblo de Dios de Granada. Será una celebración distinta, marcada también por estas circunstancias excepcionales. Después de que el pasado 30 de agosto acompañáramos a nuestra Patrona desde su Basílica hasta la parroquia del Sagrario, donde está con verdadera devoción de hijos.
Que mi primer acuerdo sea precisamente para quienes siguen viviendo lejos de sus hogares, esperando volver a ellos. Y quiero expresar también mi gratitud a todos los que durante aquellos días estuvieron al servicio de los demás, los servicios de emergencia, las fuerzas de seguridad, los voluntarios, los servicios médicos, los técnicos y trabajadores, y también tantos sacerdotes y comunidades cristianas que abrieron sus puertas y estuvieron cerca de quienes más lo necesitaban.
La Virgen de las Angustias, que permaneció junto a la cruz de su Hijo, conoce el sufrimiento y sabe permanecer junto a quien atraviesa momentos de incertidumbre, de dificultad.
A ella confiamos hoy nuestras angustias, especialmente a todas las personas afectadas. Todavía tenemos hoy reciente además el regalo del Viaje apostólico del Papa León XIV a España. Y quisiera que algunas de sus palabras, que nos dejó durante aquellos días, iluminaran este mes tan nuestro, dedicado a la Santísima Virgen de las Angustias, Reina y Madre de Granada, como le decimos en su Himno.
Durante su Viaje, el Santo Padre recordó la profunda huella que la fe cristiana ha dejado en la historia y en la cultura de nuestro pueblo, y para ello un ejemplo como es Granada. Y nos invitó también a superar los enfrentamientos, las divisiones, la polarización, buscando siempre la verdad y el encuentro y la reconciliación. Pero, quisiera detenerme especialmente en unas palabras que pronunció ante la Virgen de Montserrat el pasado 10 de junio. Allí, León XIV volvió a recordarnos la sencilla invitación de María en las bodas de Caná: “Haced lo que él os diga”, les dijo a aquellos criados. En realidad, ahí está contenido todo el programa de vida cristiana. Hacer lo que nos diga Cristo. María no se coloca en el centro, María nos lleva siempre a Jesús. Nos invita a escucharlo, a confiar en sus palabras y a dejarnos transformar por él.
¿Y qué nos dice Jesús a los cristianos? También esto es muy claro. “Esto os mando: que os améis unos a otros”. El Papa nos invitaba entonces a dejarnos reconciliar por el Evangelio y abandonar esas corazas con las que tantas veces nos protegemos, protegemos nuestras heridas y nuestros miedos.
Corazas que aparecen en nuestras palabras, en nuestros juicios, en nuestra manera de tratar a los demás, también en nuestras familias, en nuestras comunidades, en las redes sociales o en la vida pública, en la vida social, lo vemos en el mundo político, lo vemos ante los problemas como los de Ceuta. Y creo que estas palabras adquieren un significado especial en la Granada de este mes de septiembre. Un terremoto nos recuerda que, de repente, hasta qué punto somos frágiles. En unos segundos desaparecen muchas de nuestras seguridades y descubrimos cuánto necesitamos a quienes tenemos al lado. Durante estos días, lo hemos visto, vecinos que ayudaban a vecinos, personas que acogían a otras personas, comunidades que abrían sus puertas. Sería una pena que, pasado el miedo, volviéramos a colocarnos las corazas.
Quizá esta experiencia pueda ayudarnos también a mirar de otra manera a quienes tenemos cerca, a hablarnos con más respeto. Así lo decía el Papa, a escucharnos antes de juzgar, a reconciliarnos, a preocuparnos por quienes sufren, a recuperar esa fraternidad, que tantas veces damos por supuesto, hasta que llega una desgracia, una dificultad, que nos recuerda que necesitamos los unos a los otros, que necesitamos de Dios. Eso es también “hacer lo que él os diga” del Evangelio. Y eso es lo que quisiera pedir en este mes a la Virgen de las Angustias, que nuestra devoción a María, tan arraigada en Granada, no sea solamente una hermosa tradición recibida de nuestros mayores, que sea una fe viva, que nos acerque más a Jesucristo y nos haga más hermanos, que nuestra piedad popular tan querida siga siendo una fuente de caridad, de reconciliación, de esperanza para nuestro pueblo.
Se lo pido de manera especial por los enfermos, por quienes están solos, por quienes atraviesan dificultad, por quienes necesitan más protección y consuelo. Y en estos días, de manera muy particular, por cuantos todavía no han podido regresar a sus hogares.
Termino haciendo esa oración que tantas generaciones de granadinos ha dirigido a su Patrona: “En la vida y en la muerte, protégenos con Tu manto y nos consiga Tu llanto, el amparo del Señor”.
Que la Virgen Santísima, la Virgen de las Angustias, cuide de Granada, de nuestros pueblos y de todas nuestras familias.
Con todo mi afecto, os doy mi bendición y os deseo una maravillosa, una grande fiesta de la Virgen de las Angustias.
+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada
15 de septiembre de 2026, Granada
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