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ESPEJO ANDALUCÍA, 17 de noviembre de 2023

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Las delegaciones de Medios de Comunicación de las diócesis andaluzas emiten cada semana un espacio regional en la cadena COPE: El Espejo Andalucía. Malagueños en la JMJ entre las noticias del último Espejo Andalucía de la temporada.

Desde el viernes 28 de febrero de 2020, Día de Andalucía, el programa El Espejo que se emite los viernes en la Cadena COPE a las 13.33 horas, comienza con una sección regional protagonizada por las 10 diócesis de la Comunidad Autónoma: Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Guadix, Huelva, Jaen, Jerez, Málaga y Sevilla.

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La Fundación Bancaria Unicaja renueva su apoyo al Obispado de Málaga

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El presidente de la Fundación Bancaria Unicaja, José M. Domínguez, y el obispo de Málaga, Jesús Catalá, han firmado un nuevo acuerdo para la restauración de varios bienes patrimoniales.

En el acto también han estado presentes el director general de la Fundación Bancaria Unicaja, Sergio Corral; el vicario general de la Diócesis de Málaga, Antonio Jesús Coronado, y el asesor jurídico del Obispado de Málaga, Javier Arcas. A través de este nuevo acuerdo, la fundación continúa respaldando las actuaciones relacionadas con la restauración y la conservación del patrimonio histórico-artístico de la Diócesis.

Como recoge la nota de prensa hecha pública por la institución, «el nuevo acuerdo entre la Fundación Bancaria Unicaja y el Obispado de Málaga contempla la restauración de tres espacios culturales de gran interés en la provincia: la iglesia de Nuestra Señora de la Amargura de Málaga, la ermita de Nuestra Señora de las Nieves de Torrox y la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios de Ardales.

Las actuaciones se centran en la rehabilitación del templo de la capital malagueña, la restauración de la cubierta y la armadura del templo de Torrox, y la restauración de la fachada de la iglesia de Ardales.

Sergio Corral, Mons. Catalá, José M. Domínguez, Antonio Coronado y Javier Arcas
Sergio Corral, Mons. Catalá, José M. Domínguez, Antonio Coronado y Javier Arcas

La iglesia de Nuestra Señora de la Amargura de Málaga es un templo edificado en 1953 por el obispo Emilio Benavent Escuín.

El edificio actual que alberga la ermita de Nuestra Señora de las Nieves de Torrox fue construido a finales del siglo XVII sobre la ermita originaria. El templo, restaurado y destinado actualmente para uso cultural, continúa sirviendo para el culto en su ermita, que destaca por el interesante artesonado mudéjar de su interior.

La iglesia de Nuestra Señora de los Remedios de Ardales fue construida a finales del siglo XV sobre una mezquita. A comienzos del siglo XVIII fue rehabilitada, conservando en el interior elementos mudéjares de la primera construcción y el artesonado de tracería. El templo destaca por su portada barroca y un bello frontón curvo partido, cuyos brazos flaquean una hornacina, obra del arquitecto sevillano Diego Antonio Díaz».

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La «Revuelta de las Mujeres en la Iglesia» se reúne con el Obispo de Málaga

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El Sr. Obispo de Málaga recibió el 10 de noviembre, en Casa Diocesana Málaga al grupo «Revuelta de las Mujeres en la Iglesia». Una organización nacida en 2019 en Barcelona y que cuenta con presencia en Málaga desde marzo de este año.

La Revuelta de las Mujeres en la Iglesia tiene entre sus fines «dar visibilidad a las mujeres en la Iglesia» y hacer «una llamada a la participación y a la igual corresponsabilidad en los discernimientos y en la toma de decisiones»; pero, sobro todo, –señalan– «es un anhelo de vivir en conciencia y en coherencia con la dignidad común que nos da el bautismo. Es un deseo de servir».

Desde este grupo han explicado el contenido del encuentro con Mons. Catalá: «Tratamos varios temas como el sacerdocio, el diaconado, los consejos pastorales o la participación paritaria, sin entrar aún en profundidad, pues se trataba de un primer encuentro. Don Jesús nos trasladó su reflexión sobre el cambio social y su visión sobre cómo la Iglesia está dando pasos. Nos animó a seguir trabajando desde la base, desde nuestras parroquias y movimientos. Acabamos la reunión con su bendición y una foto del grupo. Salimos animadas, con muchas ganas de transitar este camino sabiendo como cristianas que debe ser una labor conjunta, ya que se trata de renovar la vida de la Iglesia, respondiendo a los signos y retos de nuestro tiempo». 

La Revuelta de las Mujeres en Málaga está compuesta por «mujeres de distintas parroquias, movimientos y ámbitos diocesanos, insertas en la sociedad, con distintas profesiones y maneras de actuar en la vida, pero con un objetivo común». Desde su arranque, en marzo de 2023, han organizado ya varias actividades:

  • El 12 de mayo se presentaron por carta al Sr. Obispo y le enviaron una “Propuesta de buenas prácticas para superar la discriminación de las mujeres en las Iglesias locales”, que en 14 propuestas concretas, expresan su deseo de «sugerir en las comunidades y parroquias formas alternativas de hacer y vivir como verdadera comunidad de iguales en la educación de la fe, la celebración y la acción social al servicio de las personas empobrecidas y del cuidado de la Casa Común«.
  • El 13 de mayo se presentó el libro “La Revuelta de mujeres en la Iglesia. Alzamos la voz” (Editorial La Imprenta, 2022) por Mercedes López Herrera, coautora del mismo.
  • El 24 de mayo concedieron una entrevista en prensa local para dar a conocer su nacimiento. 
  • El 22 de julio celebraron una liturgia convocada por la memoria de María Magdalena. 
  • El 20 de octubre tuvieron un encuentro «para rezar, conocernos e ir dando forma a nuestra revuelta. Se han creado cuatro comisiones: espiritualidad, difusión, formación y organización, con el objetivo de repartir tareas y poder seguir nuestro camino».    

Para contactar con este grupo, que cuenta con una lista de difusión a través de Whatsapp, se puede escribir un correo electrónico a: axlarevueltaenmalaga@gmail.com

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Comentario: La mejor inversión

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El profesor de los Centros Teológicos Pedro Leiva Béjar ayuda a profundizar en la lectura del evangelio de este domingo, XXXIII del Tiempo Ordinario, 19 de noviembre.

El evangelio de hoy es la conocida parábola de los talentos. El talento era una moneda en tiempos de Jesús. En esta ingeniosa narración, a cada siervo se le confía un dinero. Jesús quiere enseñar que esos dones son para invertirlos y producir frutos. Y rechaza la actitud del que por miedo los guarda y no los invierte. Tomada en sí misma, esta parábola podría encajar en el argumentario de un profesor de economía financiera: invertir es el modo de producir más riqueza. Pero la Iglesia nos enseña a no tomar los textos sólo en sí mismos sino en el conjunto de la Escritura.

Y si lo miramos así, enseguida nos daremos cuenta de que lo que Jesús está promoviendo no es el lucro sino la responsabilidad con nuestros dones y la sagacidad para producir frutos con ellos. Por eso, permanece la pregunta de qué buscamos con la inversión de nuestros talentos. Y, en el marco del Evangelio, veremos que la riqueza que poseemos tiene un destino universal: tuve hambre y me disteis de comer (justo el evangelio del domingo que viene). La Jornada Mundial de los Pobres, que hoy coincide con este evangelio, nos recuerda en qué dirección hemos de invertir nuestros dones. Está claro que ha de ser en la dirección de la solidaridad, del cuidado de la persona y del cuidado de la creación. Lo que también nos hará más ricos a cada uno, pero en humanidad, a ejemplo del Hijo de Dios hecho hombre, despojado de sí mismo y entregado por todos.

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El mueble bar

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Tengo la sensación de que, a veces, los pobres son para parte de la Iglesia Católica como las figuritas del mueble-bar de los setenta: decoran y, como nos descuidemos, ni se tocan en años. Allí caben todos quedando absorbidos por el mobiliario.

Es decir, la Iglesia los acoge, pero personalmente no los conocemos. Preferimos dar limosna a escucharlos; por ejemplo. Francisco, con motivo de la Jornada de este domingo, ha pedido que después de Misa los invitemos a comer. Detrás de esa propuesta está la necesidad de unir Eucaristía y caridad, también de conocer sus preocupaciones y carencias; y su manera de situarse, que hay muchos que abusan de los demás en nombre de la necesidad. Más allá de cómo cada uno se sitúa, tenemos que recordar a tiempo y destiempo que si la Iglesia, es decir, si los cristianos no atendemos a los pobres, obviamos el mandato de Cristo.

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«La parroquia es un «corazón» que bombea vida en nuestro pueblo»

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La parroquia de Santa Teresa de Jesús de La Cala de Mijas acogió al Sr. Obispo, en Visita Pastoral, el jueves 16 de noviembre. Una parroquia que se presentó ante D. Jesús como «un «corazón» que bombea vida en nuestro pueblo».

A las 16.30 horas llegaba el Sr. Obispo a la parroquia y rezaba junto a los feligreses que le esperaban. En la recepción, el párroco, Juan Baena, pronunciaba estas palabras:

Querido D. Jesús:

Le damos una calurosa bienvenida a nuestra parroquia, Santa Teresa de Jesús, en La Cala de Mijas. Un rinconcito cada vez menos pequeño de su querida diócesis de Málaga. Es una alegría tenerle esta tarde entre nosotros. Con cariño hemos preparado esta visita pastoral para que se sienta como en casa y pueda conocer de cerca la vida de esta comunidad que aquí vive y celebra su fe. Son muchos fieles los que a lo largo de una semana pasan por este templo. Para formarse en los grupos de catequesis, para ayudar a los hermanos en Cáritas, para orar en silencio, para celebrar la Eucaristía… De diferentes maneras, la parroquia es un “corazón” que bombea vida en nuestro pueblo. 

Al preparar esta visita, tenemos aún cercano el recuerdo del 50 aniversario de nuestra parroquia, el 15 de octubre de 2021, cuando contamos con su presencia en la Eucaristía de Santa Teresa de Jesús. El recuerdo de aquel aniversario nos ayuda a ser conscientes de la historia de salvación que el Señor va escribiendo con nosotros, Pueblo de Dios que peregrina en La Cala de Mijas. Tenemos que agradecer todo el bien que el Señor ha hecho en la vida de este pueblo a través de personas concretas que han pertenecido a esta comunidad parroquial. Sacerdotes y laicos que han entregado su tiempo al Señor en esta porción de su Reino. 

Y toda esa vida es posible gracias a la atención y cuidado del Sr. Obispo a cada de una de las realidades particulares que componen nuestra Iglesia de Málaga. Agradecemos de corazón su trabajo pastoral y su desvelo. Seguiremos rezando por usted y encomendamos ahora al Señor los frutos de esta Visita Pastoral. 

Bienvenido y gracias, D. Jesús. 

 

Tras visitar las instalaciones, el párroco lo acompañó a los hogares de varios enfermos para llevarles su bendición. De regreso al templo, administró el sacramento de la confesión a quienes se acercaron a recibirlo y después dio comienzo la asamblea parroquial. La jornada de Visita concluyó con la celebración de la Eucaristía y un ágape fraterno en el patio de la parroquia.

 

D. Jesús Catalá, en las distintas intervenciones de la jornada (la recepción, la asamblea parroquial y la homilía de la Eucaristía) «destacó, sobre todo, una idea muy importante: la de ser parroquia en salida, en clave misionera y de testimonio, sin tener miedo a ser pocos; una parroquia que pone el acento en ser sal, levadura y luz que dan sabor, hacen crecer el Reino de Dios en la sociedad y orientan en el camino de la vida. También hizo hincapié en que la parroquia es como el fuego que caldea el hogar o como ese pulmón o corazón del pueblo que bombea vida», afirma el párroco Juan Baena.

 

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Pepita Ledesma: «La fe le da sentido a mi vida»

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo.

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“No apartes tu rostro del pobre”

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VII Jornada Mundial de los Pobres, 2023

Hace ya siete años, el Papa Francisco ha instituido la Jornada Mundial de los Pobres, a
celebrar en el tercer domingo de noviembre, cuando el año litúrgico está para concluir.
Con esta Jornada se pretende reflexionar acerca de esta realidad central del Evangelio,
la actitud de Cristo, que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, y
la urgencia de salir al encuentro de nuestros hermanos los pobres con una actitud de
corazón pobre.
«Vivimos un momento histórico que no favorece la atención hacia los más pobres. La
llamada al bienestar sube cada vez más de volumen, mientras las voces del que vive en
la pobreza se silencian…Los pobres se vuelven imágenes que pueden conmover por
algunos instantes, pero cuando se encuentran en carne y hueso por la calle, entonces
intervienen el fastidio y la marginación. La prisa, cotidiana compañera de la vida,
impide detenerse, socorrer y hacerse cargo de los demás. La parábola del buen
samaritano (cf. Lc 10,25-37) no es un relato del pasado, interpela el presente de cada
uno de nosotros. Delegar en otros es fácil; ofrecer dinero para que otros hagan caridad
es un gesto generoso; la vocación de todo cristiano es implicarse en primera persona»
(FRANCISCO, Mensaje para la VII Jornada Mundial de los pobres 2023, n.4).
Así lo enseña Tobit a su hijo Tobías, cuando le enseña la sabiduría de la vida (véase
Libro de Tobías). El hijo Tobías se abre a una vida nueva, en la que tiene que construir
su futuro, encontrar trabajo, elegir esposa, librarse de distintos peligros. Y para todo eso
recibe de su padre una consigna: “No apartes tu rostro del pobre”. El padre Tobit le
había dado ejemplo, socorriendo a los pobres, enterrando a los muertos, haciendo el
bien a su alrededor. Es la mejor manera de transmitir un estilo de vida, con el propio
ejemplo.
Para la Jornada de este año, este es el lema, tomado de Tobit. Nos recuerda el Papa que
la continua llamada al bienestar y al consumo sube cada vez más el volumen. Ahora que
se acercan las Navidades, todo el mundo piensa cuánto va a gastar para pasar bien las
fiestas. Apenas se piensa en tantas personas que, precisamente llegadas estas fiestas, nos
gritan sin palabras cómo es nuestra vida.
Las imágenes de los pobres nos conmueven, pero tenemos tanta prisa que no nos da
tiempo a detenernos para escuchar sus necesidades. Delegar en otros es fácil, dar una
limosna es un buen gesto, pero ante la realidad de los pobres, un cristiano tiene que
implicarse en primera persona, tiene que tocar la carne de la pobreza en directo.
Se trata en esta Jornada de poner a los pobres en el centro de la vida de la Iglesia, e
interrogarnos cada uno qué lugar ocupan los pobres en nuestra vida. Hasta qué punto
somos sensibles a sus necesidades, hasta qué punto nos dejamos interpelar por sus
carencias, invitándonos a nosotros al despojamiento de tantas cosas superfluas.
Sólo un corazón pobre puede acercarse a los pobres. En este sentido, los pobres nos
evangelizan, nos interpelan, nos invitan a cambiar de vida. Ellos nos resultan molestos,
pero nos hacen un gran favor, desinstalándonos de nuestras comodidades, al estilo de
Cristo.

Os invito a que en todas las parroquias y comunidades cristianas la Jornada Mundial de
los Pobres nos lleve a una reflexión profunda sobre cuál es nuestro trato con los pobres,
en todos los tipos de pobreza, material y espiritual. Y hasta qué punto el trato con ellos
nos va haciendo parecidos a Jesucristo, el buen samaritano.
Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Mensaje del Papa Francisco con motivo de la VII Jornada Mundial de los Pobres

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VII JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
19 de noviembre de 2023

«No apartes tu rostro del pobre» (Tb 4,7)

 

1. La Jornada Mundial de los Pobres, signo fecundo de la misericordia del Padre, llega por séptima vez para apoyar el camino de nuestras comunidades. Es una cita que la Iglesia va arraigando poco a poco en su pastoral, para descubrir cada vez más el contenido central del Evangelio. Cada día nos comprometemos a acoger a los pobres, pero esto no basta. Un río de pobreza atraviesa nuestras ciudades y se hace cada vez más grande hasta desbordarse; ese río parece arrastrarnos, tanto que el grito de nuestros hermanos y hermanas que piden ayuda, apoyo y solidaridad se hace cada vez más fuerte. Por eso, el domingo anterior a la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, nos reunimos en torno a su Mesa para recibir de Él, una vez más, el don y el compromiso de vivir la pobreza y de servir a los pobres.

«No apartes tu rostro del pobre» (Tb 4,7). Esta Palabra nos ayuda a captar la esencia de nuestro testimonio. Detenernos en el Libro de Tobías, un texto poco conocido del Antiguo Testamento, fascinante y rico en sabiduría, nos permitirá adentrarnos mejor en lo que el autor sagrado desea transmitir. Ante nosotros se despliega una escena de la vida familiar: un padre, Tobit, despide a su hijo Tobías, que está a punto de emprender un largo viaje. El anciano teme no volver a ver a su hijo y por ello le deja su “testamento espiritual”. Tobit había sido deportado a Nínive y se había quedado ciego, por lo que era doblemente pobre, pero siempre había tenido una certeza, expresada en el nombre que lleva: “El Señor ha sido mi bien”. Este hombre, que siempre confió en el Señor, como buen padre no desea tanto dejarle a su hijo algún bien material, cuanto el testimonio del camino a seguir en la vida, por eso le dice: «Acuérdate del Señor todos los días de tu vida, hijo mío, y no peques deliberadamente ni quebrantes sus mandamientos. Realiza obras de justicia todos los días de tu vida y no sigas los caminos de la injusticia» (4,5).

2. Como se puede apreciar inmediatamente, lo que el anciano Tobit pide a su hijo que recuerde no se limita a un simple acto de memoria o a una oración dirigida a Dios. Se refiere a gestos concretos que consisten en hacer buenas obras y vivir con justicia. La exhortación se hace aún más específica: a todos los que practican la justicia, «da limosna de tus bienes y no lo hagas de mala gana» (4,7).

Las palabras de este sabio anciano no dejan de sorprendernos. En efecto, no olvidemos que Tobit había perdido la vista precisamente después de realizar un acto de misericordia. Como él mismo cuenta, su vida desde joven estuvo dedicada a hacer obras de caridad: «Hice muchas limosnas a mis hermanos y a mis compatriotas deportados conmigo a Nínive, en el país de los Asirios. […] Daba mi pan a los hambrientos, vestía a los que estaban desnudos y enterraba a mis compatriotas, cuando veía que sus cadáveres eran arrojados por encima de las murallas de Nínive» (1,3.17).

Por su testimonio de caridad, el rey lo había privado de todos sus bienes, dejándolo completamente pobre. Pero el Señor aún lo necesitaba; habiendo recuperado su puesto como administrador, no tuvo miedo de continuar con su estilo de vida. Escuchemos su relato, que también nos habla hoy a nosotros: «En nuestra fiesta de Pentecostés, que es la santa fiesta de las siete Semanas, me prepararon una buena comida y yo me dispuse a comer. Cuando me encontré con la mesa llena de manjares, le dije a mi hijo Tobías: “Hijo mío, ve a buscar entre nuestros hermanos deportados en Nínive a algún pobre que se acuerde de todo corazón del Señor, y tráelo para que comparta mi comida. Yo esperaré hasta que tú vuelvas”» (2,1-2). Sería muy significativo si, en la Jornada de los Pobres, esta preocupación de Tobit fuera también la nuestra. Invitar a compartir el almuerzo dominical, después de haber compartido la Mesa eucarística. La Eucaristía celebrada sería realmente criterio de comunión. Por otra parte, si en torno al altar somos conscientes de que todos somos hermanos y hermanas, ¡cuánto más visible sería esta fraternidad compartiendo la comida festiva con quien carece de lo necesario!

Tobías hizo como le había dicho su padre, pero regresó con la noticia de que habían asesinado a un pobre y lo habían abandonado en medio de la plaza. Sin vacilar, el anciano Tobit se levantó de la mesa y fue a enterrar a aquel hombre. Al volver a su casa, cansado, se durmió en el patio; sobre los ojos le cayó estiércol de unos pájaros y se quedó ciego (cf. 2,1-10). Ironía de la suerte: haces un gesto de caridad y te sucede una desgracia. El hecho nos lleva a pensar así; pero la fe nos enseña a ir más en profundidad. La ceguera de Tobit será su fuerza para reconocer aún mejor las numerosas formas de pobreza que le rodeaban. Y el Señor se encargará a su tiempo de restituir al anciano padre la vista y la alegría de volver a ver a su hijo Tobías. Cuando llegó ese día, Tobit «lo abrazó llorando y le dijo: “¡Te veo, hijo mío, luz de mis ojos!”. Y añadió: “¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea su gran Nombre! ¡Benditos sean todos sus santos ángeles! ¡Que su gran Nombre esté sobre nosotros! Benditos sean los ángeles por todos los siglos! Porque él me había herido, pero […] ahora veo a mi hijo Tobías”» (11,13-15).

3. Podemos preguntarnos: ¿de dónde le vienen a Tobit la valentía y la fuerza interior que le permiten servir a Dios en medio de un pueblo pagano y de amar al prójimo hasta el punto de poner en peligro su propia vida? Estamos frente a un ejemplo extraordinario: Tobit era un esposo fiel y un padre atento; fue deportado lejos de su tierra y sufría injustamente; fue perseguido por el rey y por sus vecinos. A pesar de tener un alma tan buena, fue puesto a prueba. Como a menudo nos enseña la Sagrada Escritura, Dios no les evita las pruebas a los que hacen el bien. ¿Cómo es posible? No lo hace para humillarnos, sino para afianzar nuestra fe en Él.

Tobit, en el momento de la prueba, descubre su propia pobreza, que lo hace capaz de reconocer a los pobres. Es fiel a la Ley de Dios y observa los mandamientos, pero esto no le es suficiente. La atención efectiva hacia los pobres le era posible porque había experimentado la pobreza en su propia carne. Por lo tanto, las palabras que dirige a su hijo Tobías son su auténtica herencia: «No apartes tu rostro de ningún pobre» (4,7). En definitiva, cuando estamos ante un pobre no podemos volver la mirada hacia otra parte, porque eso nos impedirá encontrarnos con el rostro del Señor Jesús. Y fijémonos bien en esa expresión «de ningún pobre». Cada uno de ellos es nuestro prójimo. No importa el color de la piel, la condición social, la procedencia. Si soy pobre, puedo reconocer quién es el hermano que realmente me necesita. Estamos llamados a encontrar a cada pobre y a cada tipo de pobreza, sacudiendo de nosotros la indiferencia y la banalidad con las que escudamos un bienestar ilusorio.

4. Vivimos un momento histórico que no favorece la atención hacia los más pobres. La llamada al bienestar sube cada vez más de volumen, mientras las voces del que vive en la pobreza se silencian. Se tiende a descuidar todo aquello que no forma parte de los modelos de vida destinados sobre todo a las generaciones más jóvenes, que son las más frágiles frente al cambio cultural en curso. Lo que es desagradable y provoca sufrimiento se pone entre paréntesis, mientras que las cualidades físicas se exaltan, como si fueran la principal meta a alcanzar. La realidad virtual se apodera de la vida real y los dos mundos se confunden cada vez más fácilmente. Los pobres se vuelven imágenes que pueden conmover por algunos instantes, pero cuando se encuentran en carne y hueso por la calle, entonces intervienen el fastidio y la marginación. La prisa, cotidiana compañera de la vida, impide detenerse, socorrer y hacerse cargo de los demás. La parábola del buen samaritano (cf. Lc 10,25-37) no es un relato del pasado, interpela el presente de cada uno de nosotros. Delegar en otros es fácil; ofrecer dinero para que otros hagan caridad es un gesto generoso; la vocación de todo cristiano es implicarse en primera persona.   

5. Agradecemos al Señor porque son muchos los hombres y mujeres que viven entregados a los pobres y a los excluidos y que comparten con ellos; personas de todas las edades y condiciones sociales que practican la acogida y se comprometen junto a aquellos que se encuentran en situaciones de marginación y sufrimiento. No son súper-hombres, sino “vecinos de casa” que encontramos cada día y que en el silencio se hacen pobres y con los pobres. No se limitan a dar algo; escuchan, dialogan, intentan comprender la situación y sus causas, para dar consejos adecuados y referencias justas. Están atentos a las necesidades materiales y también espirituales, a la promoción integral de la persona. El Reino de Dios se hace presente y visible en este servicio generoso y gratuito; es realmente como la semilla caída en la tierra buena de estas personas que da fruto (cf. Lc 8,4-15). La gratitud hacia tantos voluntarios pide hacerse oración para que su testimonio pueda ser fecundo.

6. En el 60 aniversario de la Encíclica Pacem in terris, es urgente retomar las palabras del santo Papa Juan XXIII cuando escribía: «Observamos que [el hombre] tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee también el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por último, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento» (n. 11).

Cuánto trabajo tenemos todavía por delante para que estas palabras se hagan realidad, también por medio de un serio y eficaz compromiso político y legislativo. Que pueda desarrollarse la solidaridad y la subsidiariedad de tantos ciudadanos que creen en el valor del compromiso voluntario de entrega a los pobres, no obstante los límites y en ocasiones las deficiencias de la política en ver y servir al bien común. Se trata ciertamente de estimular y hacer presión para que las instituciones públicas cumplan bien su deber; pero no sirve permanecer pasivos en espera de recibir todo “desde lo alto”; quienes viven en condiciones de pobreza también han de ser implicados y acompañados en un proceso de cambio y de responsabilidad.

7. Lamentablemente, debemos constatar una vez más nuevas formas de pobreza que se suman a las que se han descrito anteriormente. Pienso de modo particular en las poblaciones que viven en zonas de guerra, especialmente en los niños privados de un presente sereno y de un futuro digno. Nadie podrá acostumbrarse jamás a esta situación; mantengamos vivo cada intento para que la paz se afirme como don del Señor Resucitado y fruto del compromiso por la justicia y el diálogo.

Tampoco puedo olvidar las especulaciones que, en diversos sectores, llevan a un dramático aumento de los costes que vuelven a muchísimas familias aún más indigentes. Los salarios se acaban rápidamente, obligando a privaciones que atentan contra la dignidad de las personas. Si en una familia se debe elegir entre la comida para subsistir y las medicinas para recuperar la salud, entonces debe hacerse escuchar la voz del que reclama el derecho de ambos bienes, en nombre de la dignidad de la persona humana.

¿Cómo no llamar la atención, además, sobre el desorden ético que marca el mundo del trabajo? El trato deshumano que se reserva a tantos trabajadores y trabajadoras; la retribución que no corresponde al trabajo realizado; el flagelo de la precariedad; las excesivas víctimas de accidentes, provocadas a menudo por una mentalidad que prefiere el beneficio inmediato en detrimento de la seguridad. Vuelven a la mente las palabras de san Juan Pablo II: «El primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo. […] El hombre está destinado y llamado al trabajo; pero, ante todo, el trabajo está “en función del hombre” y no el hombre “en función del trabajo”» (Carta enc. Laborem exercens, 6).

8. Esta enumeración, ya de por sí dramática, describe sólo parcialmente las situaciones de pobreza que forman parte de nuestra cotidianidad. No puedo pasar por alto, en particular, un modo de sufrimiento que cada día es más evidente y que afecta al mundo juvenil. Cuántas vidas frustradas e incluso suicidios de jóvenes, engañados por una cultura que los lleva a sentirse “incompletos” y “fracasados”. Ayudémosles a reaccionar ante estas instigaciones nefastas, para que cada uno pueda encontrar el camino a seguir para adquirir una identidad fuerte y generosa.

Es fácil, hablando de los pobres, caer en la retórica. También es una tentación insidiosa la de quedarse en las estadísticas y en los números. Los pobres son personas, tienen rostros, historias, corazones y almas. Son hermanos y hermanas con sus cualidades y defectos, como todos, y es importante entrar en una relación personal con cada uno de ellos.

El Libro de Tobías nos enseña cómo actuar de forma concreta con y por los pobres. Es una cuestión de justicia que nos compromete a todos a buscarnos y encontrarnos recíprocamente, para favorecer la armonía necesaria, de modo que una comunidad pueda identificarse como tal. Por tanto, el interés por los pobres no se agota en limosnas apresuradas; exige restablecer las justas relaciones interpersonales que han sido afectadas por la pobreza. De ese modo, “no apartar el rostro del pobre” conduce a obtener los beneficios de la misericordia, de la caridad que da sentido y valor a toda la vida cristiana.

9. Nuestra atención hacia los pobres siempre está marcada por el realismo evangélico. Lo que se comparte debe responder a las necesidades concretas de los demás, no se trata de liberarse de lo superfluo. También en esto es necesario el discernimiento, bajo la guía del Espíritu Santo, para reconocer las verdaderas exigencias de los hermanos y no nuestras propias aspiraciones. Lo que de seguro necesitan con mayor urgencia es nuestra humanidad, nuestro corazón abierto al amor. No lo olvidemos: «Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 198). La fe nos enseña que cada uno de los pobres es hijo de Dios y que en él o en ella está presente Cristo: «Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40).

10. Este año se conmemora el 150 aniversario del nacimiento de santa Teresa del Niño Jesús. En una página de su Historia de un alma escribió: «Sí, ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar. Pero, sobre todo, comprendí que la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón: Nadie, dijo Jesús, enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Yo pienso que esa lámpara representa a la caridad, que debe alumbrar y alegrar, no sólo a los que me son más queridos, sino a todos los que están en la casa, sin exceptuar a nadie» (Ms C, 12r°: Obras completas, Burgos 2006, 287-288).

En esta casa que es el mundo, todos tienen derecho a ser iluminados por la caridad, nadie puede ser privado de ella. Que la perseverancia del amor de santa Teresita pueda inspirar nuestros corazones en esta Jornada Mundial, que nos ayude a “no apartar el rostro del pobre” y a mantener nuestra mirada siempre fija en la faz humana y divina de nuestro Señor Jesucristo.

Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2023, Memoria de san Antonio de Padua, patrono de los pobres.

 

Francisco

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Segunda sesión de conferencias en el Obispado de Asidonia-Jerez organizadas por ACdP de Jerez

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El lunes 20 de noviembre, el Catedrático en Filosofía Moral y Política, Agustín Domingo Moratalla, analizará en una conferencia los nuevos avances de la sociedad hiperconectada y expondrá posibles claves éticas para afrontar con coherencia y sentido común el futuro al que nos enfrentamos.

El próximo lunes 20 de noviembre, a las 20:00, el Auditorio San Juan Pablo II del Obispado de Asidonia- Jerez recibe la visita del profesor Agustín Domingo Moratalla, Catedrático en Filosofía Moral y Política de la Universidad de Valencia, dentro de una nueva conferencia organizada por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) de Jerez.

La ponencia, titulada ‘El Reto de las Redes Sociales y la Inteligencia Artificial. Me desconecto luego existo’, busca poner sobre la mesa el futuro inmediato que tiene la sociedad antes los avances tecnológicos y la explosión, en todos los sentidos, de las redes sociales. El profesor Domingo Moratalla, que dirige un Máster en Ética y Democracia y es autor de numerosas publicaciones sobre la materia, se cuestiona si “debemos preguntarnos si somos conscientes de este enredo o hemos caído en él sin darnos cuenta. ¿Podemos salir de las redes? ¿Podemos desen-red-arnos?”.

La ponencia del profesor Domingo Moratalla se enmarca en el ciclo de conferencias que organiza el Centro de Jerez de la ACdP dentro de sus actividades de difusión de la doctrina social de la Iglesia y divulgación sobre temas de actualidad e interés social. Con este encuentro se propone reflexionar sobre el papel de las redes y la inteligencia artificial, analizar su impacto, especialmente en ámbito educativo, y proponer iniciativas de responsabilidad. “Ante dos actitudes extremas, Apocalípticos frente a Integrados, aclara Domingo Moratalla, “propondré una vía intermedia fundada en la ética de la responsabilidad”.

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