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📖 Reseña literaria: ‘José y María. Nuestra historia de amor’ de Andrea Mardegan

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📖 Reseña literaria: ‘José y María. Nuestra historia de amor’ de Andrea Mardegan

Andrea Mardegan se asoma con esta novela a la privacidad de la relación entre María y José para descubrir las pruebas que hubieron de afrontar en su vida y la ternura con la que, con toda seguridad, trataron de superarlas. A través de estas páginas, José y María se ceden recíprocamente la palabra para contar de primera mano las expectativas, esperanzas, miedos, alegrías, pruebas y el amor que marcaron sus vidas junto a Jesús. Siguiendo los Evangelios de la infancia, y con total fidelidad a los datos bíblicos, el autor da paso a la introspección espiritual y psicológica de los personajes, que se hacen totalmente cercanos a nosotros. Al leer esta novela que imagina lo que el Evangelio no relata, la familia de hoy puede reflejarse en la normalidad, en las dificultades cotidianas y también en la belleza de la familia de Nazaret.

Fuente: Editorial San Pablo

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¡Viene el Señor, alegraos!

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Comenzamos este domingo un nuevo Año litúrgico, comenzamos con el domingo
primero de adviento. El cristiano vive lanzado al futuro, pero no lanzado al vacío de un
futuro desconocido, sino en la espera gozosa de la venida del Señor. El futuro para el
cristiano es una Persona, que ha anunciado su venida y no fallará en su promesa:
“Vengo pronto. Maranatha (ven, Señor)!” (Ap 22,20).
El primer sentido del adviento es prepararnos para esa venida última y definitiva del
Señor. Vendrá glorioso para llevarnos consigo y hacernos partícipes de su gloria para
siempre. Él vendrá al final de la historia para juzgar a vivos y muertos, y su reino no
tendrá fin. Pero en el caso de cada uno, él viene a por nosotros cuando acaba nuestra
etapa en la tierra, cuando nos llega la muerte. El tiempo de adviento nos prepara para
ese encuentro personal con Cristo, de cada uno, cuando él nos lleve consigo y glorifique
nuestras almas, hasta la venida final en que esa gloria sea comunicada también a
nuestros cuerpos, que resucitarán en el último día.
La comunidad cristiana, desde el comienzo hace dos mil años hasta el final de la
historia, ha vivido, vive y vivirá en esa continua invocación: Ven, Señor Jesús
(Maranatha), porque vive volcada hacia la unión plena con su Esposo y Señor
Jesucristo. El tiempo de adviento aviva en nosotros el deseo de salir al encuentro de
Cristo, que viene. Y deseamos salir a su encuentro, acompañados por las buenas obras.
Se trata de un encuentro esponsal, alimentado a lo largo de la vida personal de cada uno
en la comunidad eclesial, y que en la Eucaristía tiene su anticipo, su alimento y su
estímulo. Deseamos encontrarnos con Jesucristo cara a cara, sentir su abrazo eterno que
nos llenará de gozo y nos purificará definitivamente de nuestras impurezas, y pasar de la
esperanza a la plena posesión. Este es el primer sentido del adviento.
Y además, el adviento nos prepara de manera inmediata a las fiestas de Navidad, en las
que celebramos año tras año el nacimiento en la carne del Hijo de Dios hecho hombre
de las entrañas virginales de María, madre y virgen. El adviento es un tiempo de alegría
y de gozo, que estimula la espera y el ansia del encuentro. La Navidad es la llegada de
ese Hijo esperado, que por los sacramentos viene hasta nosotros realmente.
Las calles están inundadas de luz, porque el que viene es Luz de Luz, resplandor de la
gloria del Padre, es la lámpara que ilumina la ciudad santa. Con él ya no habrá más
noche, todo será más resplandeciente que la luz del mediodía. Los villancicos son
expresión popular de esa alegría contagiosa, que brota del misterio de la Navidad, del
Niño, de la Madre, de los pastores que se acercan, de los Magos que llegan trayendo
regalos.
Ahora bien, no debemos dejarnos aturdir ni deslumbrar por todo lo exterior. En una
sociedad de consumo como la nuestra, mucho de todo eso es agitado para estimular el
gasto, incluso el derroche. Hemos de aplicar nuestro sano juicio para mantener la
templanza, puesto que sólo en el silencio interior podremos captar y saborear los
misterios que celebramos. Sólo en el desprendimiento podremos salir al encuentro de
todos los que sufren por cualquier motivo, y para los cuales también es Navidad. Más
aún, el Hijo de Dios en su primera venida ha venido en pobreza y desnudez, en
humildad y desprecio. No podremos conectar con él si nos instalamos en la

extroversión, en el consumo y en el bullicio. No podremos sentir las necesidades de
nuestros hermanos más necesitados, si sólo buscamos satisfacer nuestros sentidos.
La Navidad es una fuerte llamada a la solidaridad, porque el Hijo de Dios por su
encarnación se ha unido solidariamente con cada hombre, cargando con sus penalidades
y dándoles su salvación. Qué admirable intercambio.
El tiempo de adviento nos abre un panorama esperanzador. Entremos en este tiempo
santo con deseo y esperanza de recibir abundantemente para repartir a raudales. Viene el
Señor y trae para todos la gracia generosa de su salvación.

Recibid mi afecto y mi bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.

Palabra de Vida de la 1º semana de diciembre de 2023

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“Te busco Señor para encontrarte, te encuentro para seguir buscándote”. Estas palabras de san Agustín expresan de forma maravillosa el dinamismo de la vida cristiana y la riqueza del encuentro con el Señor. “Crecer” en cristiano significa buscar; buscar implica desear; y desear es posible para quien descubre que ha sido encontrado. Jesús, que me conoce y me ama, pone en mí –aunque yo no siempre lo reconozca- el deseo de salir a su encuentro. Lo hace cuando mi entendimiento busca la verdad, cuando mi voluntad anhela el bien, cuando mis afectos reclaman la ternura de la belleza, cuando mi libertad aspira a la comunión. Comenzar un Año litúrgico es estrenar una nueva oportunidad de seguir buscando a quien ya he encontrado. Con el primer Domingo de Adviento se inaugura un nuevo ciclo de celebraciones que me permitirán acompañar a Cristo en los misterios de su vida, para que yo pueda caer en la cuenta de que, en realidad, es Cristo mismo quien se ha hecho mi compañero en el camino de la vida. Quien encuentra al Señor descubre con asombro que Él le encontró primero.

En este primer Domingo del nuevo año litúrgico la Iglesia pone en nuestros labios una sorprendente petición: “aviva en tus fieles el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene, acompañados por las buenas obras”. Sabemos que la oración de la Iglesia, realizada en nombre de Jesucristo, es eficaz. El Señor nos mueve a pedir aquello que nos quiere conceder, a fin de que nuestro corazón se disponga a recibir el don. En las lecturas de este primer domingo de Adviento tenemos la orientación que nos lleva a recibir un aumento del deseo confiado, es decir, un aumento de la esperanza. Escuchando aprendemos y aprendiendo nos preparamos. Cristo viene -nos recuerda la Liturgia- y el encuentro con Él no puede ser improvisado. El tiempo de Adviento es ocasión propicia para preparar el encuentro con Cristo y aprender a estar con Él.

Jesucristo nos recuerda en el pasaje evangélico del primer Domingo de Adviento que su venida acontecerá cuando menos lo esperemos. Sus palabras son invitación a la vigilancia. La esperanza nos hace vigilantes: porque sabemos que Cristo nos espera, preparamos ahora el encuentro definitivo con Él reconociendo su presencia velada y saliendo a su encuentro para permanecer en Él. Cristo viene. Salgamos a su encuentro. El mismo que nos espera, aumenta en nosotros el deseo de encontrarnos con Él.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

«No tengáis miedo», Carta pastoral de Monseñor Saiz Meneses a los jóvenes

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Comenzamos un nuevo año litúrgico con el primer domingo de Adviento. Tiempo de esperanza en un mundo complejo y lleno de tensiones a causa de acontecimientos diarios en el presente y por la incertidumbre ante el futuro. Los cristianos, que formamos parte de este mundo, participamos también de la tensión, de la inquietud y de las ansiedades ante el futuro del hombre y del mundo; pero, por encima de todo, el cristiano es el hombre de la esperanza. Adviento significa venida, la venida del Señor. Venir es hacerse presente. Se hizo presente en la tierra con la Encarnación, naciendo de la Virgen, viviendo entre los hombres como uno de tantos; se hace presente ahora por medio de la gracia; se nos hará presente en visión después de nuestra muerte cristiana.

Todos estamos invitados a hacer nuestro personal proyecto de Adviento, que ha de ser sobre todo un propósito de acogida del Señor que viene y de reavivar nuestra confianza en Él. La confianza que nace de la seguridad de la persona que se siente amada. La palabra de Isaías, que escuchamos en este domingo, se concreta en una plegaria confiada: “Tú eres nuestro Padre; nosotros somos la arcilla y Tú el alfarero”. El Adviento es también un tiempo propicio para revisar nuestros deseos y confianzas, nuestras esperanzas y nuestros compromisos en nuestra vida personal y en la de nuestras comunidades cristianas. El Adviento nos invita a estar vigilantes y a revisar si somos suficientemente generosos y activos en la edificación del Reino de Dios.

La reciente Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa nos ha situado frente a la realidad de los jóvenes, de su presente y de su futuro. Es preciso que los sepamos escuchar, tanto sus deseos y aspiraciones como sus críticas y lamentos, que estemos atentos, sobre todo, a sus necesidades. La finalidad de la Pastoral con Jóvenes es propiciar en ellos un encuentro con Cristo que transforme su vida, que les cambie el corazón, porque ese encuentro con Cristo los llevará a una experiencia de Iglesia, de pertenencia a una gran familia, y también a vivir su compromiso cristiano en medio del mundo. Debemos confiar en los jóvenes, ayudarles a sentirse miembros de la Iglesia, protagonistas de la misión evangelizadora, artífices de la renovación de la sociedad.

Por eso, al comenzar un nuevo año litúrgico, quiero ofrecer esta carta pastoral a los jóvenes, que, a primera vista, tienen una percepción de la Iglesia con sentimientos encontrados. Unos la ven como algo propio de personas mayores; otros la ven como una fuente de prohibiciones, alejada de sus problemas y de la forma de pensar mayoritaria en la sociedad; pero también hay jóvenes que descubren una Iglesia que está a su lado, que da sentido a sus vidas y que realiza un esfuerzo generoso y desinteresado por los más pobres y excluidos de la sociedad; por eso muchos jóvenes se implican en las actividades que la Iglesia organiza.

Si en algo ha insistido el papa Francisco a los jóvenes ha sido en que no tengan miedo, continuando un camino iniciado por San Juan Pablo II en el comienzo de su pontificado, que siguió también el papa Benedicto en múltiples ocasiones; por eso finalizó la homilía de la Santa Misa del envío de la JMJ de Lisboa con estas palabras: «A ustedes, jóvenes, que quieren cambiar el mundo, y está bien que quieran cambiar el mundo y que quieran luchar por la justicia y la paz; a ustedes, jóvenes, que le ponen ganas y creatividad a la vida, pero que les parece que no es suficiente; a ustedes, jóvenes, que la Iglesia y el mundo necesitan como la tierra, necesita la lluvia; a ustedes, jóvenes, que son el presente y el futuro; sí, precisamente a ustedes, jóvenes, Jesús hoy les dice: “No tengan miedo”. “No tengan miedo”».

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Escuchar la Palabra. I Domingo de Adviento

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Comentario bíblico al Evangelio del 3 de diciembre de 2023.

Inauguramos este tiempo de Adviento que es el tiempo de la esperanza, el tiempo de la vigilancia, el tiempo del deseo del encuentro. A lo largo de él, somos invitados a vivir una espera comprometida con la realidad con los ojos puestos en el cielo que se rasga para regalarnos al Salvador.

La liturgia de la Palabra de este primer domingo presenta un breve itinerario para adentrarnos en este tiempo tan especial. Tres expresiones nos conducen desde el deseo de que Dios venga al compromiso en este tiempo de espera: vuélvete, muéstranos, velad.

VUÉLVETE

La primera lectura tomada del libro de Isaías es un clamor. El pueblo de Israel en el exilio ora a Dios. Experimenta la lejanía de Dios en medio del sinsentido y el dolor, lejanía de la tierra que Dios había regalado, lejanía de los parientes que quedaron atrás, lejanía del Templo: lugar donde Dios habitaba en medio de su pueblo. El exilio aleja de Dios, pero, paradójicamente, la lejanía despierta la memoria. Dios ha actuado siempre en favor de su pueblo. Brota la esperanza. Es el pariente que salva, Padre y Redentor. No nos abandones, rasga los cielos y desciende. Vuélvete es la primera suplica de este domingo y expresa el deseo de que Dios se vuelva a nosotros, nos devuelva la mirada. Vuélvete es la petición que nace del deseo de reencontrarnos con el Padre y el Redentor regresando a la tierra que él regala.

MUÉSTRANOS

El salmo 79 está lleno de peticiones a Dios: escucha, manifiéstate, mira, visita, … Todas ellas quedan resumidas en el estribillo: Muéstranos tu favor y sálvanos. Pedir a Dios que nos muestre su favor es pedirle que vuelva, desear experimentar su salvación. Pedimos a Dios que nos mire porque su mirar nos permite reencontranos con su salvación: Miranos para que te miremos.

VELAD

El texto del evangelio que leemos nos recuerda a la parábola de los talentos (Mt 25, 14- 30; Lc 19,11-27). A diferencia del resto de sinópticos, el evangelista Marcos pone el acento en el cómo se vive la espera del señor que llega y no en la productividad de las tareas encomendadas (talentos). Saber esperar es velar y estar alerta.

La vela es una actitud dinámica, un estado de alerta permanente que no hemos de confundir con la ansiedad o con la preocupación, sino que es comparable, como indica el texto, a la actitud de un portero que, cumpliendo sus tareas, vive su presente y, al mismo tiempo, espera a que llegue su señor. Velar es vivir despiertos, atentos a la realidad que contemplamos con los ojos abiertos; velar es generar dinámicas que nos permiten estar disponibles para acoger al Señor que viene. Por el contrario, dormir es la imagen que indica un estado de parálisis. El sueño evoca la idea del límite. Dormimos porque lo necesitamos. Dormir nos evade, nos incapacita para percibir la realidad. Cuando dormimos estamos ajenos a todo y a todos.

Al celebrar este primer domingo de adviento dejémonos interpelar por esta invitación a permanecer en vela como el portero, en espera gozosa y comprometida con la realidad del día a día. Que durante esta semana resuenen en nosotros las palabras del Apóstol Pablo “… y Dios es fiel” (1Cor 1,9).

Ignacio Rojas Gálvez, osst.

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El sacerdote Gil Sáez investido doctor por la Universidad de Murcia

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El pasado lunes, en el acto que tuvo lugar en el salón de actos de la Facultad de Empresa de la Universidad de Murcia (UM), en el campus de Espinardo, tuvo lugar el acto de investidura de los nuevos doctores. José Luján, rector de la UM, felicitó durante su discurso a los investigadores que durante el curso pasado habían alcanzado el grado de doctor, resaltando que las ramas de Ciencias de la Salud y Ciencias Sociales y Jurídicas fueron las que contaron con el mayor número de doctorados.

Entre los doctores de esta última se encontraba el sacerdote Gil Sáez. La respuesta del Derecho Canónico ante los abusos sexuales a menores cometidos por clérigos en España. Propuestas de cooperación procesal entre el ordenamiento estatal y el ordenamiento canónico. Este es el título de la tesis doctoral de Gil José Sáez Martínez, vicario Judicial y delegado de Protección del menor y de los adultos vulnerables de la Diócesis de Cartagena, que defendió el pasado 24 de enero en la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia.

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Lecturas del I Domingo de Adviento (Ciclo B)

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Lecturas del I Domingo de Adviento (Ciclo B)

Lecturas del domingo, 3 de diciembre

Primera lectura

Isaías 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7

¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre desde siempre es «nuestro Libertador». ¿Por qué nos extravías, Señor, de tus caminos, y endureces
nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad. ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses! En tu presencia se estremecerían las montañas. «Descendiste, y las montañas se estremecieron». Jamás se oyó ni se escuchó, ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por quien espera en él. Sales al encuentro de quien practica con alegría la justicia y, andando en tus caminos, se acuerda de ti. He aquí que tu estabas airado y nosotros hemos pecado. Pero en los caminos de antiguo seremos salvados. Todos éramos impuros, nuestra justicia era un vestido manchado; todos nos marchitábamos como hojas, nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo para adherirse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas al poder de nuestra culpa.
Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero: todos somos obra de tu mano.

Salmo

Sal 79

R./ Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

– Pastor de Israel, escucha; tú que te sientas sobre querubines, resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos.
– Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña. Cuida la cepa que tu diestra plantó, y al hijo del hombre que tú has fortalecido.
– Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Segunda lectura

1 Corintios 1, 3-9

Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo

Hermanos: A vosotros gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de
nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá fi rmes hasta el fi nal, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Evangelio

Marcos 13, 33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».

Comentario bíblico de Miguel Ángel Garzón

Las lecturas de este inicio de Adviento aluden a la venida final del Señor. Isaías presenta parte de una conmovedora confesión de Israel a la vuelta del destierro (63,7-64,11). Después de rememorar el amor de Dios en tiempos pasados, el pueblo le suplica que vuelva a actuar en medio de la calamidad presente. Le recuerdan que Él es su padre, los ha modelado como hace el alfarero con la arcilla, y es su redentor. Confiesan su pecado y le suplican que rasgue el cielo y baje. Esta misma petición proclama el Salmo: “mira desde el cielo…, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve… despierta tu poder y ven a salvarnos”.

Esta llegada del Salvador aconteció con la venida-adviento de Jesucristo, y será consumada con su venida-adviento al final de los tiempos, en la parusía del Hijo del Hombre (13,25; cf. Dn 7,13), revestido del poder y la gloria de la resurrección. En el evangelio, perteneciente al llamado discurso escatológico, Jesús afirma que no se conoce este “momento”, por eso exhorta, por tres veces, a la vigilancia. Pone la comparación del hombre que sale de viaje y deja a los criados al cuidado de su casa, encargando al portero que vigile. Mirar al futuro implica mantenerse activos en el presente, en la tarea que el amo ha asignado a cada uno.

Pablo, saludando a los corintios, también les recuerda que esperan la manifestación del Señor Jesús y que será Dios quien los mantenga firmes hasta el final con los dones que les ha dado. Así, no habrá motivo de acusación en el día de su venida. Dios nos ha llamado a participar en la vida de su Hijo y será fiel. De este modo, hace una fuerte invitación a no desaprovechar el tiempo presente, viviendo desde el amor (1Co 13), hasta su consumación final.

Orar con la Palabra

  1. Recordando las manifestaciones del amor de Dios a lo largo de tu vida, ¿qué suplica levantarías al Señor en este momento?
  2. ¿Vives tu fe teniendo en cuenta el encuentro final con el Señor? ¿Cómo repercute esto en tu vivir diario?
  3. ¿Qué tarea te ha asignado el Señor? ¿La llevas a cabo con responsabilidad?

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Chocolatada benéfica en la Parroquia Jesús de Nazaret

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Chocolatada benéfica en la Parroquia Jesús de Nazaret

La Parroquia de Jesús de Nazaret y Ntra. Sra. De Consolación de Sevilla celebra el próximo 15 de diciembre, a las cinco de la tarde, una chocolatada para toda la feligresía.

Se trata de una iniciativa que tendrá lugar bajo el lema ‘Navidad en Nazaret’, cuya recaudación irá destinada al soporte y mantenimiento de la parroquia. Por ello, la merienda incluirá churros y dulces caseros que se ofrecerán a precios populares.

Además, habrá actuaciones musicales del Coro Maravillas y el Coro Flamenco de la Asociación de Mujeres Los Remedios. Asimismo, está previsto un taller de baile en el que puedan participar todos los asistentes.

Finalmente, fuentes parroquiales han informado que también se ha previsto una rifa solidaria a favor de Cáritas Parroquial.

 

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Cantillana en acción de gracias por la beatificación del padre Arias

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Cantillana en acción de gracias por la beatificación del padre Arias

La localidad de Cantillana está de celebración tras la beatificación del padre Arias el pasado 18 de noviembre en la Catedral. En palabras del párroco de la localidad, Manuel Martínez, “el padre Arias ha sido un ejemplo de fe para el pueblo y nos tiene que unir a todos en una misma dirección: seguir los pasos de Cristo”.

Así, durante el pasado fin de semana se celebraron cinco misas con este motivo: dos el sábado (en la ermita de la Soledad y en el templo parroquial) y tres el domingo (en la ermita de San Bartolomé, en la ermita de la Divina Pastoral y en la parroquia).

También la Hermandad de la Divina Pastora celebró el pasado miércoles 29 de noviembre una misa de acción de gracias por la reciente beatificación del padre Arias; y la Hermandad de la Asunción hizo lo propio un día más tarde.

Biografía del beato Francisco de Asís Arias

Francisco de Asís Arias Rivas nació en Cantillana en 1875 y, tras estudiar la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla, fue ordenado sacerdote el 1 de junio de 1901. Ejerciendo su ministerio sacerdotal como párroco y arcipreste de zona, en Lora del Río, encontró allí la muerte el 1 de agosto de 1936, víctima de la persecución religiosa que tuvo lugar en la España de entonces.

Por el hecho de ser sacerdote, predicar el Evangelio y defender los derechos de la Iglesia, fue detenido, vejado y maltratado hasta el martirio, dando en todo momento testimonio de su fe en Dios y perdonando a sus enemigos.

Su ejemplo de coherencia cristiana y su fidelidad a Cristo y a su Iglesia, hasta el extremo de derramar su sangre, ha sido reconocido oficialmente por la Santa Sede en la solemne ceremonia de beatificación que tuvo lugar el pasado día 18 de noviembre en la Catedral de Sevilla.

 

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Domingo I de Adviento – Ciclo B

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Domingo I de Adviento – Ciclo B

El evangelio de este domingo nos invita a vivir en una actitud de vigilancia y de espera activa de la venida del Señor. No se trata de una espera pasiva o de un miedo paralizante, sino de una esperanza confiada y de una fidelidad creativa. Jesús nos advierte que no sabemos el día ni la hora en que él volverá, y que por eso debemos estar siempre preparados, haciendo lo que él nos ha encomendado.

El ejemplo que pone Jesús es el de un hombre que se va de viaje y deja su casa al cuidado de sus siervos, a cada uno con su tarea y al portero con la orden de velar. El señor puede volver en cualquier momento, y espera encontrar a sus siervos cumpliendo con su deber y al portero atento a su llegada. Si se duermen o se descuidan, corren el riesgo de perder la gracia de su presencia y de su recompensa.

La casa que el señor nos ha confiado es nuestra vida, nuestra familia, nuestra comunidad, nuestro mundo. Cada uno tenemos una misión que realizar, un servicio que prestar, un don que compartir. No podemos caer en la rutina, en la pereza, en la indiferencia, en el egoísmo. Debemos estar siempre despiertos, atentos, responsables, generosos. Debemos velar con el corazón, con la fe, con la caridad, con las buenas obras.

Velar significa también estar abiertos a la novedad de Dios, a sus sorpresas, a sus signos. Dios viene a nosotros de muchas maneras, a veces inesperadas o desconcertantes. Viene en su Palabra, en los sacramentos, en la oración, en la Iglesia, en los pobres, en los acontecimientos, en la naturaleza, en la historia. Debemos saber reconocerlo, acogerlo, seguirlo, amarlo. Debemos estar siempre dispuestos a cambiar, a crecer, a convertirnos.

El tiempo de Adviento es una oportunidad para renovar nuestra vigilancia cristiana, para avivar nuestra esperanza, para intensificar nuestro amor. Es un tiempo para preparar el camino al Señor que viene, para hacerle un lugar en nuestro corazón, en nuestra casa, en nuestro mundo. Es un tiempo para pedirle que nos ayude a estar siempre alertas, a no dejarnos llevar por la distracción o la superficialidad, a vivir de modo pleno y consciente, con una preocupación dirigida en primer lugar a los demás.

Que el Señor nos conceda la gracia de vivir este Adviento con alegría y con fidelidad, y que nos encuentre vigilantes cuando venga a visitarnos. Que podamos decirle con el salmista: “Señor, tú eres mi Dios, yo te busco, mi alma tiene sed de ti, mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. ¡Qué admirable es tu misericordia, oh Dios! Por eso los hijos de Adán se acogen a la sombra de tus alas. Mi alma está unida a ti, tu diestra me sostiene” (Sal 63,2.4.9). Amén.

Delegación Diocesana de Medios de Comunicación Sociales

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