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Carta Pastoral Cuaresma 2024: «Subamos a Jerusalén»

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«Ahora es el tiempo de la gracia,
ahora es el día de la salvación». (2Co 6,2)

Queridos fieles diocesanos:

Iniciamos el camino de la Santa Cuaresma y, con ella, nuestra subida anual a Jerusalén con Jesús. Un camino de cuarenta días que nos lleva a una meta segura: la Pascua de la Resurrección del Señor, a la victoria de Cristo sobre el pecado y de la Vida sobre la muerte. En este tiempo santo, se abre ante nosotros el gran mensaje que nace de lo más profundo del Misterio Pascual: el amor desmedido de Dios, capaz de entregarnos a su propio Hijo para que, muriendo en la cruz, nos muestre hasta donde llega su amor hacia todos y hacia cada uno de nosotros.

Subir a Jerusalén con Jesús, es siempre camino de humildad, de servicio y misericordia, de entrega y sacrificio. Hay que subir al monte, hay que levantar la vista, hay que despejar los ojos y el corazón para poder comprender el sentido de la vida plena. «Él nos guía hacia lo que es grande, puro; nos guía hacia el aire saludable de las alturas: hacia la vida según la verdad. Nos lleva hacia el amor, nos lleva hacia Dios» (Benedicto XVI, Domingo de Ramos 2010)

Camino comunitario

Pero no sólo se trata de un camino cronológico hacia el misterio central de nuestra fe, también es un camino comunitario, donde toda la Iglesia, parroquias, Comunidades religiosas, Cofradías y Hermandades, iniciamos numerosas actividades, tanto celebrativas como de piedad popular, que nos ayudarán a preparar la celebración de la Semana Santa.

El papa Francisco en Evangelii gaudium se refiere a la piedad popular como un «lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar en la nueva evangelización». Sin duda, la piedad popular con sus ritos, vivencias y tradiciones, posee un potencial evangelizador que da noticia de Dios al corazón de tantos y tantos de nuestros contemporáneos. Es precisamente por esto que el papa Francisco la califica como un lugar teológico, puesto que en ella se da una presencia de Dios que, al encontrarse con la vida de los hombres, alimenta o despierta su fe, en un momento tan particular de la historia como es el que estamos viviendo. En una sociedad cada vez más secularizada, muchos solo podrán conocer a Jesucristo a través de las imágenes que recorren estos días nuestras calles. Poseemos la riqueza de un sentimiento: el de sabernos parte del propio misterio de la salvación y poder expresarlo a través de las manifestaciones públicas de fe.

En este tiempo en el que la Iglesia de Jaén quiere subrayar el Primer Anuncio como clave para la nueva Evangelización, son las imágenes y los desfiles procesionales, la manera más iconográfica de poder anunciar que Jesucristo entregó su vida por amor al ser humano. Porque la Semana Santa es el resumen de la Buena Noticia, el anuncio de que la esperanza nace por Aquel al que estos días veremos sufrir en la cruz y, con victoria, doblarle el pulso a la muerte. Nuestras Cofradías y su riqueza imaginera, pero sobre todo humana, son las garantes de la tradición y a la vez, poderosas herramientas para el Primer Anuncio, medio eficaz de evangelización.

A muchas personas la Cuaresma les puede parecer una palabra sin sentido, sin ninguna actualidad. O bien, un tiempo triste y de angustia. Nada más lejos de la verdad, es una preparación exigente que nos lleva a la Pascua del Señor; para que, renovando y avivando nuestra fe en la luz del Resucitado, acogiendo la gracia derramada en su entrega redentora y renacidos a la nueva vida, seamos testigos fuertes y valientes del Amor de Dios. Es el momento de fortalecer nuestra fe, para poder anunciarla y poder vivirla con coherencia en nuestra vida. No basta una fe sostenida con simple rutina y conformismo. Son tiempos estos para despertar como creyentes, abrazarnos fuertemente al Señor y ponernos en pie para servir y evangelizar.

Pero, no hay verdadera evangelización si el hombre no se encuentra con Cristo, si Cristo no toca el corazón y lo cambia, lo transforma, lo envuelve con su amor, solo así esta experiencia se manifestará en la existencia cotidiana. La evangelización no puede ser un barniz, sino que tiene que impregnar hasta lo más profundo de nuestro ser.  

El rito tradicional de la imposición de la ceniza con el que iniciamos el recorrido cuaresmal, va iluminado por las palabras: «Conviértete y cree en el Evangelio». Nos recuerda el mensaje inicial de Jesús cuando comenzó su predicación. Llamada a la sinceridad radical, a liberarnos de todo lo que es lastre y hojarasca, apariencia e hipocresía, egoísmo, soberbia y desamor.

También, la liturgia propone decir: «Polvo eres y en polvo te convertirás». Estas palabras nos recuerdan nuestra fragilidad, nuestra mortalidad y, al mismo tiempo, la oportunidad de la gracia divina. Mientras estamos en este mundo pensamos que somos los dueños y señores de todo, pero bien sabemos que la vida es pasajera, ninguno va a arraigar en este mundo. Este tiempo nos pide a hacer una pausa, examinar nuestras prioridades y redirigir nuestros corazones hacia Dios. Así pues, imponernos la ceniza, no es un signo anticuado o caduco, sino que es un signo de comienzo de vida y renovación.

Junto con la ceniza, también las prácticas del ayuno, la abstinencia, la oración y la limosna, son los signos tradicionales de la Cuaresma. El peligro es que, a base de repetirlos, ya no nos digan nada o que nos conformemos con un cumplimiento literal. Ya los profetas insistían en el espíritu de estos actos. «Rasgad los corazones, no las vestiduras», dice Joel. Mirad en profundidad, llegad al corazón, ahí es donde hay que dar la batalla. No sería tan importante el estómago, sino el corazón; no el cuerpo, sino el alma; no la letra, sino el espíritu.

Las privaciones cuaresmales nos han de servir para preguntarnos: ¿de qué necesitaría yo privarme, desprenderme, liberarme? ¿Qué ayunos y abstinencias, más allá de los alimentos materiales, debería yo emprender en mi vida, para ser verdaderamente hijo del Padre?

El desprendimiento de cosas que nos gustan, a lo que apuntan el ayuno y la abstinencia, nos llama a reflexionar sobre tantas personas del mundo que están privadas de cosas necesarias, y lo están porque no tienen más remedio: son privaciones impuestas por las estructuras injustas de nuestro mundo. Y de este modo, el ayuno y la abstinencia nos impulsa a desprendernos voluntariamente de otros bienes, a compartirlos solidariamente, a luchar responsablemente para que en el mundo nadie tenga que pasar por ayunos impuestos cruelmente por las circunstancias trágicas en las que viven.

Camino interior

Pero la Cuaresma es sobre todo uncamino interior, un camino espiritual, unos Ejercicios Espirituales. Durante estos días hemos de prepararnos interiormente, para vivir con fuerza la gracia y los dones de la Pascua. Un camino íntimo, donde es más importante lo que Dios quiere hacer con nosotros, que lo que nosotros podamos hacer por Él.

Estos cuarenta días previos a la Pascua, recordamos el tiempo que estuvo Jesús en el desierto. Llamamos desierto a un lugar duro y seco. Llamamos desierto a un tiempo de crisis y tentación. Pero también es un lugar en el que florecen el silencio y la palabra, lugar de escucha y compromiso, de reflexión, de encuentro y oración. Y es un tiempo de crecimiento y decisiones maduras, un tiempo de gracia y amor. «Por eso, la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón» (Os 2, 16). Tiempo y lugar de seducción y enamoramiento, de hablar al corazón. Fue en el desierto donde Dios y su pueblo iniciaron una alianza, una historia de amor y salvación.

Vayamos con Cristo al desierto, dejemos que nos hable al corazón y renovemos nuestra vida. Necesitamos algo más que un simple retoque, o una lista de buenas intenciones. Necesitamos una nueva programación. Se necesitan ojos nuevos, para mirarlo todo de manera diferente y descubrir la huella de Dios. Mente nueva, para cambiar criterios e ideales. Corazón nuevo, el núcleo más íntimo del ser, más limpio, más grande, más fuerte, más misericordioso. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros para dar lugar a la novedad de la vida Pascual de Cristo.

Os invito a que, en este tiempo de gracia que es la Cuaresma, creemos espacios y momentos para tratar de escuchar su voz, para contemplarle en su amor presente en nuestra vida; tiempos de silencio, de lectura y escucha de la Palabra, de reflexión de la propia vida. Cuando uno lo encuentra y acoge su Palabra, su voluntad, su voz, la propia vida adquiere nuevas perspectivas, se abre a nuevas posibilidades y compromisos. Su luz, la experiencia de Él nos cambia el corazón.

En este camino cuaresmal celebramos las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar del viernes 8 al sábado 9 de marzo, recordando las palabras de Pablo: «Llevemos una vida nueva» (Rm 6,4). En la adoración eucarística encontramos también el sosiego propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás. Con este motivo, presidiré una Celebración Penitencial en la S.I. Catedral, el 8 de marzo a las 21 horas, con la que se iniciará las 24 horas para el Señor. Animo a todos cofrades de la ciudad, religiosos y sacerdotes, agentes de pastoral parroquial y demás laicos, a uniros a esta hermosa iniciativa. De igual modo, ruego que en las Parroquias y en las Comunidades religiosas de la Diócesis se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales en el contexto de esta celebración.

La Cuaresma es tiempo de reconciliación con Dios y con los hermanos. Busquemos, de corazón, esa alegría suprema de estar en paz con Dios, ese gozo interior de sentirlo cerca de nosotros y de vivir de acuerdo con Él en la verdad profunda de nuestra vida; en la familia; en el trabajo; en las relaciones con los demás; en el uso de nuestros bienes; en la distribución de nuestro tiempo y en el desarrollo diario de nuestra vida.

Sigue el consejo del Papa Francisco: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (Christus vivit, 123).

Con mi afecto y mi bendición,

+Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

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Clausura del Año Jubilar del Nazareno de Cañete de las Torres

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El Vicario General fue el encargado de la clausura el pasado sábado, 10 de febrero en la ermita de Jesús


Cañete de las Torres ha celebrado este último año un Año Jubilar en torno a la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Ntra. Sra. de la Soledad con motivo del 400 aniversario fundacional. Jesús Daniel Alonso, Vicario General de la Diócesis, fue el encargado de la clausura del mismo el pasado sábado, 10 de febrero, en la ermita de Jesús. La Hermandad ha reconocido que este año ha sido “un tiempo de gracia y manifestación de la misericordia de Dios”.

Terminada la eucaristía que daba por finalizado el Año Jubilar, el Vicario General bendijo e inauguró un azulejo conmemorativo de Ntra. Sra. de la Soledad, que la Hermandad ha colocado en la puerta de la ermita. Hermanos y devotos de la Hermandad de Jesús Nazareno han sido los encargados de sufragar los gastos de dicho azulejo.

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, presidió la eucaristía de apertura del Año Jubilar el 12 de febrero de 2023, aquel día del año pasado quedaba abierta la Puerta Santa de la ermita. Por delante tenía la Hermandad y el pueblo un año de celebraciones en torno a la figura de Ntro. Padre Jesús a quien tanta fe le profesan los vecinos de la localidad.



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Equipos de Nuestra Señora celebra las promesas matrimoniales

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Un nutrido grupo de matrimonios celebró la renovación de sus promesas en una ceremonia en el Santuario de María Auxiliadora

El sábado, 3 de febrero, los Equipo de Nuestra Señora celebraron la renovación de las promesas matrimoniales de un importante número de matrimonios. En un acto sencillo en el Santuario de María Auxiliadora los matrimonios renovaron sus promesas matrimoniales y posteriormente disfrutaron de un rato de convivencia fraterna.

Equipos de Nuestra Señora es un movimiento para matrimonios para descubrir y vivir la riqueza del sacramento del matrimonio a través del diálogo, la oración y la formación. En los años sesenta el sacerdote jesuita Miguel Ruiz Ayuca reunió a un grupo de matrimonios en Córdoba y puso en marcha el movimiento en la Diócesis. Los primero años el movimiento fue implantándose pero no sería hasta los años noventa cuando se convirtiera en una sólida realidad diocesana.

Con más de cincuenta años de historia han sido pocas las variaciones que ha sufrido esta comunidad respecto a su forma original. El carisma de Equipos de Nuestra Señora supone para los matrimonios una manera de profundizar en el sacramento, basándose en una experiencia compartida y guiada por un sacerdote. A lo largo del tiempo, consiliario y matrimonios entre sí acaban compartiendo las preocupaciones cotidianas y también las alegrías, se va generando un vínculo que hace que cada equipo funcione como un único cuerpo que disfruta de eventos y acontecimientos familiares.




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Un centenar de jiennenses se reúne, en torno a la Virgen de Lourdes, para celebrar la Jornada Mundial del Enfermo y la Jornada de Manos Unidas

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El pasado domingo, 11 de febrero, se celebraba la festividad de Ntra. Sra. de Lourdes, Jornada Mundial del Enfermo y, también, Jornada Nacional de Manos Unidas, en concreto la 65ª Campaña contra el Hambre.  

La celebración, que tuvo lugar en la S.I. Catedral de Jaén, comenzaba con la procesión claustral con la Virgen de Lourdes, acompañada por voluntarios de la Hospitalidad y numerosos fieles, con sus velas encendidas, mientras se pedía por los enfermos y los más empobrecidos y vulnerables del planeta.

La Santa Misa estuvo presidida por el Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, que estuvo acompañado por el Obispo de la Diócesis de Kenge (República Democrática del Congo), Don Jean-Pierre Kwambamba Masi, que se encuentra en Jaén, visitando a sus sacerdotes diocesanos que residen actualmente en el Santo Reino. También, concelebraron los secretarios particulares de ambos Obispos; el Delegado de la Pastoral de la Salud, D. Joaquín Rafael Robles; y algunos capellanes de hospitales, como D. Manuel Morales y D. Juan Manuel Perales.

Los voluntarios de Manos Unidas y de la Pastoral de la Salud fueron los encargados de las lecturas y de la oración de los fieles. El Evangelio fue proclamado por D. Joaquín Rafael. La capilla musical corrió a cargo del coro dirigido por el canónigo emérito, D. Alfonso Medina.

Asimismo, la colecta de todas las parroquias de la Diócesis estuvo destinada a Manos Unidas, en el día en que daba comienzo la campaña que se prolongará durante todo el año. Un año en el que esta ONG de la Iglesia se ha comprometido, en nuestra Diócesis, con cuatro proyectos de desarrollo en Marruecos, Líbano, Honduras y Haití.

Homilía
El Prelado, durante su homilía recordó que celebrábamos la Campaña contra el Hambre, el día de Manos Unidas, con el lema «El efecto humano», subrayando que somos la única especie capaz de cambiar el planeta. “A través de esta jornada se nos quiere sensibilizar ante una realiza pandémica, enraizada en nuestro mundo, que es hambre, la falta de necesidades básicas para la subsistencia humana, que excluyen, a nuestros hermanos los hombres, del privilegio de su dignidad de ser personas, y que se ha visto agravada por los conflictos bélicos que estamos viviendo”.

En este sentido, Don Sebastián, explicó que el objetivo primordial de esta campaña es “concienciar a la sociedad de cómo la crisis medioambiental está afectando a millones de personas, sobre todo del Sur global, perjudicando sus derechos más básicos como el derecho a la alimentación, al agua potable, a la salud, a una vida digna, a un entorno saludable, generando una gran injusticia climática; y quiere alzar la voz por el cuidado del planeta porque es el camino para luchar por la dignidad de las personas y reclamar una implicación de la política global en la lucha contra el cambio climático que, para ser justa, debe centrarse en los más vulnerables”.

Además, quiso pedir a los jiennenses su generosidad, “cada uno desde la realidad en la que se encuentre y que ayudemos con nuestra colaboración económica a estos fines: terminar con la lepra del hambre en el mundo”.

Posteriormente, Monseñor Chico Martínez, dirigiéndose a la Hospitalidad de Lourdes y sus voluntarios les dijo: “sois un instrumento eclesial, a través del cual Dios busca al enfermo, al que sufre, al que está solo y lo alcanza allí donde el rechazo de la comunión le ha encerrado en el aislamiento y en la división, y le llama a reunirse en torno a la mesa de la fraternidad, sanando las heridas de la soledad y del aislamiento”. Para añadir: “Gracias por vuestra entrega, por vuestro servicio, por vuestra alegría que da vida, por vuestro testimonio que es esperanza, en un mundo ensombrecido por el dolor. Os animo a seguir creciendo en todos los puntos cardinales de nuestra Iglesia Jienense. ¡Cuánto bien estáis haciendo!”

Finalmente, el Obispo terminaba pidiendo a María, Madre de misericordia y salud de los enfermos, Nuestra Señora de Lourdes, que “acompañe y sostenga nuestra fe y nuestra esperanza, especialmente, de cada persona enferma y que sufre en el camino de curación de las heridas del cuerpo y del espíritu”.

La celebración culminaba con una foto de familia, tanto con los miembros de la Delegación diocesana de Manos Unidas, como con los de la Pastoral de la Salud.

Galería fotográfica: «Jornada del Enfermo y Jornada de Manos Unidas»

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Más de cuarenta ‘Entidades con corazón’ colaboran con Cáritas Sevilla

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Más de cuarenta ‘Entidades con corazón’ colaboran con Cáritas Sevilla

Cáritas Diocesana de Sevilla y Fundación Epyme han firmado un convenio de colaboración con el fin de ofrecer a la institución católica el acceso a programas educativos, de inserción laboral y proyectos de bien social relacionados con el sector de las instalaciones y la energía.

De esta forma, la Fundación Epyme se suma a la cartera de Entidades con Corazón que colaboran con Cáritas Diocesana en distintos ámbitos, siendo ya más de cuarenta las empresas y organizaciones que forman parte de este proyecto con el que Cáritas quiere “fomentar la responsabilidad social y empresarial, procurando el compromiso por el bien común y la justicia social, y priorizando la promoción y la inserción de las personas en situación de exclusión social”.

El acuerdo firmado entre Cáritas y la Fundación Epyme contempla, además, el asesoramiento técnico en instalaciones para Cáritas Diocesana, programas de Cáritas y parroquias, así como la gestión ante sus asociados de la realización de determinados trabajos de instalación, bien a coste cero o a precio de coste.

Fundación Epyme es una entidad sin ánimo de lucro cuyo objetivo es la consecución de fines de interés general, primordialmente educativos, culturales, científicos, laborales y de desarrollo tecnológico.

Cómo ser una entidad con corazón

Desde Cáritas Diocesana de Sevilla agradecen el apoyo y la ayuda de las numerosas entidades que, de una forma u otra, muestran sensibilidad hacia su trabajo y hacia la realidad social de Sevilla.

En este sentido, animan a otras entidades y empresas a colaborar bien con aportaciones económicas o en especie, con la prestación gratuita de servicios o el apoyo material a las personas y familias acompañadas por Cáritas. Otra opción para colaborar es la contratación de personas “que han cubierto su itinerario de capacitación laboral” acompañados por la institución católica o la admisión de prácticas en empresas del alumnado de los cursos impartidos en el Centro diocesana de Empleo.

Finalmente, Cáritas Sevilla enumera otras formas para ser una Entidad con corazón: la colaboración con iniciativas de formación y sensibilización, la contratación de productos o servicios de las empresas de inserción, el patrocinio de acciones y eventos, el apoyo a las distintas actividades o programas de Cáritas y la realización de acciones solidarias.

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La comunidad diaconal permanente de Jaén participa en unos Ejercicios en el marco cuaresmal

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“Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a los sumos sacerdotes para entregárselo. Al oírlo, se alegraron y le prometieron darle dinero. Él andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.” (Jn.14, 10-11).

Con este texto del Evangelio de Juan, D. Juan Manuel Ortiz Palomo, Vicario para la Acción Caritativa y Social, Rector del Seminario Diocesano de Málaga y responsable del Diaconado Permanente de esta ciudad, introdujo a los diáconos, aspirantes, y a sus esposas, en los momentos más importantes del “Triduo Pascual, como centro de nuestra fe, en el Retiro Espiritual que la familia diaconal celebra anualmente en la Casa de Espiritual San Juan de Ávila de la Yedra.

D. Juan Manuel fue desgranando los sagrados textos hasta lograr que todos los participantes nos sintiéramos realmente sentados a la Mesa de Jesús, acompañando a sus discípulos cuando se disponían a celebrar su Última Cena, “Sintámonos todos invitados a compartir esta mesa, que es la mesa del Señor y de su Iglesia”.

Tras la experiencia profunda del “Lavatorio de los pies”, nos detalló, a la luz de Cristo, el carisma que emana del Ministerio Diaconal, “Ponernos a los pies de los hermanos como Jesús hizo es el mejor ejemplo de servicio que tiene todo el Evangelio”.

Al anochecer con el crucificado casi en penumbra y todos sentados alrededor de la Cruz, contemplando el Misterio amoroso y salvador de la muerte de Jesús, iniciamos nuestra oración. Fue a través de una preciosa reflexión sobre la Pasión de Cristo como D. Juan Manuel nos llevó a vislumbrar la forma en la que los Diáconos realizan su servicio en la Iglesia, “En el servicio de la Palabra, del Altar y de la Caridad, las tres Mesas”.

Han sido unos días preciosos para reunirse en oración junto al Señor, estrechar lazos de fraternidad y comunión como hermanos. Un tiempo de agradecimiento a Dios por los frutos recibidos, donde nuestra vida se llena de amor y esperanza para poder llevar a cabo en nuestro mundo la misión propia de cada uno de nosotros, el “Servicio”, servicio generoso, para siempre, a los hermanos, en la Iglesia de Jesucristo.

Manuel Rico Teba
Aspirante al Diaconado Permanente

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La HOAC imparte el curso “Historia del trabajo y del movimiento obrero”

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Tuvo lugar el pasado fin de semana en la parroquia Ntra. Sra. de Linares y lo impartió Francisco Porcar, de la HOAC de Segorbe-Castellón

La Hermandad Obrera de Acción Católica de Córdoba organizó el fin de semana pasado el curso “Historia del trabajo y del movimiento obrero” en la parroquia Ntra. Sra. de Linares. Francisco Porcar, miembro de la HOAC de la diócesis de Segorbe-Castellón, fue el encargado de impartir la formación, a la que acudieron medio centenar de militantes de las diócesis de Córdoba y Jaén.

Desde la HOAC de Córdoba han reconocido que el curso “nos ha ayudado a conocer, comprender y valorar la tradición de lucha obrera, las distintas realidades y planteamientos que han existido en el movimiento obrero y, conociendo esa realidad con espíritu crítico, poder amarla mejor y encarnar en ella una existencia cristiana”.

El objetivo de esta formación era “comprender mejor los desafíos que nos encontramos quienes formamos parte de la HOAC y de la Pastoral del Trabajo, para humanizar esa realidad del mundo obrero”. Así como descubrir mejor “la llamada de Dios en la realidad del mundo obrero y del trabajo más precario y sufriente, la importancia, el valor y el sentido que tiene hoy, y de cara al futuro, la evangelización del mundo del trabajo, que es nuestra vocación”.

Francisco Porcar propuso posibles acciones o aspectos a desarrollar en la Campaña que la HOAC pretende implementar en este bienio 2023-25 y que se denomina: “Cuidar el Trabajo, cuidar la Vida.”



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Mensaje de Cuaresma 2024, de Mons. José María Gil Tamayo

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“Vivamos, amigos, la Cuaresma con más oración, escucha y meditación de la Palabra de Dios. Con más participación en la Misa dominical, con más sobriedad de vida, con más caridad para con los demás, con reconciliación incluida”, señala el arzobispo de Granada en su Mensaje.

Mensaje de Cuaresma 2024

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MENSAJE DE CUARESMA 2024 

MONS. JOSÉ MARÍA GIL TAMAYO
ARZOBISPO DE GRANADA

Un cordial saludo.

Con el Miércoles de Ceniza comienza para los cristianos la Cuaresma. Tiempo que, según señaló el Concilio Vaticano II, prepara a los fieles entregados más intensamente a oír la Palabra de Dios y a la oración, para que celebren el Misterio Pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia.

Tal es, amigos, la finalidad de este tiempo sagrado, que los católicos iniciamos el miércoles, llamado como sabemos, “de ceniza”, por exteriorizarse en él la condición frágil y pecadora del hombre mediante el sencillo y elocuente signo de imponer ceniza en las cabezas de los fieles.

El texto evangélico de San Mateo, que se lee ese día en la Santa Misa, insiste sobre todo en la coherencia de vida al comenzar la Cuaresma. Haciendo una llamada a dejar toda hipocresía en nuestro culto a Dios, aquello de cristianos y no practicante. Y esa hipocresía puede ser mostrarnos como practicantes sólo de cara a la galería, y olvidándonos de aquello de que no sepa nuestra izquierda lo que hace la derecha a la hora de dar limosna, por ejemplo.

También nos aconseja el Evangelio no poner cara trágica cada vez que hacemos un sacrificio a Dios y a los demás, como si fuéramos víctimas protagonistas de los programas televisivos de sucesos. No es para tanto. Y tampoco hay que hacer saber que vamos de sufridores por la vida, ya que el que más y el que menos también pasa lo suyo, aunque -y hace bien- no se note. Y también por solidaridad, por ver el sufrimiento de los demás y fijarnos más en ellos.

La Cuaresma viene a ser como una puesta a punto anual de la vida cristiana. Una especie de ITV del Espíritu, en la que, mediante la conversión, la vuelta a Dios, se nos invita a quitar todo lo que impide ser buenos cristianos. Como son nuestras imperfecciones y debilidades, nuestros egoísmos y miserias. Y a situarnos de nuevo en el empeño de ser buenos hijos de Dios. De ser santos.

Qué oportuno sería para esto acudir al Sacramento de la Penitencia en este tiempo, a la confesión donde Dios nos perdona nuestros pecados y nos da Su gracia para ser mejores. No en vano, la fórmula evangélica “conviértete y cree en el Evangelio” es la otra optativa para la imposición de la ceniza.

No se trata de algo tétrico y negativo, como pudiera ser una lista de cosas que no debemos hacer, sino de algo tan positivo como la propuesta a practicar el bien, de imitar a Cristo con todos los beneficios y efectos colaterales para los demás. Que si los llevamos a cabo o al menos lo intentamos, se deriva. Cuando somos buenos, santos, nuestro ambiente familiar, profesional y social mejora con ello. No sólo nosotros.

El punto de partida de esta puesta a punto espiritual que es la Cuaresma no es otro que un sencillo gesto, que, a pesar de los siglos que lleva practicándose este día, no deja de ser sorprendente y muy elocuente, como les decía.

Se trata de la imposición de la ceniza en nuestras cabezas, mientras se nos recita la frase
bíblica “acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”. Toda una llamada al realismo. Que se nos quiten los humos de la soberbia, el verdadero mal que nos estropea todo. Y a poner verdaderos y sólidos fundamentos en nuestra vida, que no son otros que el amor a Dios y el amor a los demás. Es lo más rentable y la más sólida inversión para la eternidad, créanme.

No esperemos, para caer en la cuenta de esa verdad, el duro trance de contemplar en un bello envase lo que queda de un familiar o amigo difunto después de ser incinerado. Lo más grande y valioso de nosotros es incombustible. Y está en la memoria de Dios y de los demás. Es el bien que hacemos, la caridad que hemos vivido con Dios y los demás.

Vivamos, amigos, la Cuaresma con más oración, escucha y meditación de la Palabra de Dios. Con más participación en la Misa dominical, con más sobriedad de vida, con más caridad para con los demás, con reconciliación incluida. Queriendo a todos, desde los más necesitados, al cariño con la gente cercana, rompiendo así el clima de polarización que vivimos.

Procuren, en definitiva, poner a punto en este tiempo su vida cristiana. Avanzar en el conocimiento del Misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud, como dice la oración del primer domingo de Cuaresma. Es la mejor preparación para la Semana Santa. Créanme.

Con mi bendición, les deseo una provechosa Cuaresma y verán qué bien vivimos entonces la Semana Santa.

Un saludo.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

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