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La parroquia de Santo Domingo de Guzmán recibe al Sr. Obispo en Visita Pastoral

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La parroquia de Santo Domingo de Guzmán, en Benalmádena, recibió a D. Jesús Catalá dentro de la Visita Pastoral que viene realizando al arciprestazgo de Fuengirola-Torremolinos, desde el pasado mes de noviembre. 

«La visita de nuestro Obispo fue de lo más agradable», explica el párroco, José Morales, «puntualidad suiza para la llegada, que es muy importante», añade. 

Un grupo de feligreses, entre ellos los miembros del Consejo Pastoral Parroquial, esperaba en la parroquia la llegada del Sr. Obispo con quien oraron frente al Sagrario.

 

Tras unas palabras de bienvenida del párroco, se marcharon a casa de una vecina donde lo esperaban cinco enfermos de la parroquia con los que «D. Jesús dialogó, interesándose por sus vidas y trabajos desde su juventud. A todos y cada uno les fue dedicando su tiempo y espacio y concluyó dándoles su bendición y la comunión», explica el párroco. 

De regreso en el templo parroquial, que se había llenado de fieles, dio comienzo la Asamblea Parroquial, en la que dialogaron «sobre los temas candentes de actualidad».

 

La jornada de Visita llegó a su culmen con la celebración de la Eucaristía y el posterior ágape preparado por los grupos de la parroquia. «El Sr. Obispo nos animó a que no nos preocupemos de ser pocos o muchos cristianos pues,  al igual que una pizca de sal da buen gusto a un plato, esa es nuestra misión; también nos invitó a que no los obliguemos, sino a que les hagamos la propuesta y dejemos que sean ellos quien encuentren el camino; y también nos sugirió que invitemos a la Eucaristía a aquellos amigos y familiares que no van, buscando siempre la ocasión oportuna», concluye el párroco. 

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Un concurso llena de tronos y pasos el CEIP Ramón García de Estepona

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La Semana Santa es motivo de muchas actividades dentro de los centros educativos. El área de Religión Católica del CEIP Ramón García, en Estepona, ha organizado el I Concurso de Tronos y Pasos por ciclo. La iniciativa ha sido dirigida por el profesor de Religión Juan Montiel y ha supuesto una buena oportunidad para que el alumnado y las familias hayan compartido una tarea creativa que, después, ha sido expuesta para el disfrute de toda la comunidad educativa.

En ella ha participado alumnado desde el ciclo de infantil hasta el tercer ciclo, con niños y niñas de hasta 12 años de edad.

En este concurso se encuentran reflejados los tronos procesionales de las imágenes con mayor veneración en la diócesis, como El Cautivo, el Sepulcro, el Amor y un largo etcétera. El profesor afirma que «las obras presentadas son de un gran nivel» y destaca «la participación de alumnos y alumnas ha sido bastante numerosa, llegando a superar las expectativas».

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Comentario en texto al Evangelio, de Sor Cristina Tobaruela OP

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Sor Cristina Tobaruela O. P., del Monasterio de las Dueñas (Salamanca), ayuda a profundizar en el Evangelio de hoy, (Juan 8, 31-42).

En el evangelio de hoy sigue la reflexión sobre el capítulo 8 de Juan, donde el evangelista nos relata la enseñanza de Jesús a los judíos que habían creído en Él, invitándolos a permanecer fieles a su palabra. Solo la permanencia en la palabra de Jesús lleva al verdadero discipulado. El creyente ha de dejarse conducir por su palabra, que es palabra de Dios, y que comunica la verdad, porque da a conocer las cosas como son a los ojos de Dios.  Para ser libres de verdad hay que ser fiel a su Palabra, porque Él es la verdad. La verdad libera y la mentira esclaviza.

¿Qué quiere decir ser hijo de Abrahán? Jesús insiste haciendo una distinción entre hijo y esclavo. Jesús es el hijo y vive en la casa del Padre. El esclavo no vive en la casa del Padre. Vivir fuera de la casa, fuera de Dios quiere decir vivir en el pecado. Si aceptaran la palabra de Jesús podrían llegar a ser hijos y alcanzar la libertad. No serían esclavos. Jesús les niega el derecho a decir que son hijos de Abrahán, porque sus obras afirman lo contrario.

Quien presume de ser hijo de Abrahán debe hacer sus obras y ver a Dios en las cosas cotidianas. Los judíos ven los milagros de Jesús y su estilo de vida, pero no les interesa el cambio. Los  que le escuchaban estaban tan aferrados a sus seguridades exteriores, orgullosos de ser hijos de Abrahán, que no reconocían la necesidad de un cambio de vida.

Sor Cristina Tobaruela O. P.
Monasterio de las Dueñas (Salamanca)

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Fallece a los 68 años el diácono permanente Antonio García González

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Ha partido a la Casa del Padre el diácono permanente, Antonio García González, a los 68 años. Antonio fue ordenado en el año 2005, estaba casado y era padre de dos hijos. Era cooperador salesiano y pertenecía al Centro de la Santísima Trinidad de Sevilla. “Don Bosco y María Auxiliadora imprimieron carácter en su talante espiritual”.

Entró en el diaconado de la mano del que fuera su párroco en el Espíritu Santo, de Mairena del Aljarafe, Antonio Godoy. Ejerció también el diaconado en Castilleja de la Cuesta y desde el 2015 hasta la actualidad en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Bellavista y en el Tanatorio de Tomares.

Antonio era también tutor para la formación de aspirantes y candidatos al diaconado permanente.

Sus familiares y amigos lo describen como un “hombre muy bueno y trabajador”.

Las exequias se celebrarán mañana miércoles 20 de marzo, a las nueve y media de la mañana en la Parroquia Espíritu Santo de Mairena del Aljarafe.

 

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El Seminario celebró su Jornada de Puertas Abiertas

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El Seminario Metropolitano de Sevilla volvió a abrir sus puertas el pasado viernes 15 de marzo, para vivir una de las actividades más esperadas del curso para los seminaristas y la familia diocesana de la Iglesia de Sevilla.

A las cinco de la tarde fue la apertura de puertas. Un cuarto de hora más tarde comenzaron los distintos talleres: un tour por las instalaciones, testimonios vocacionales y exposición de los santos patronos del Seminario. Además, hubo una yincana para los niños, un scape room y el juego del cluedo.

La Jornada de Puertas Abiertas terminó con la tradicional vigilia de oración por las vocaciones en la que se expuso el Santísimo. Acompañó musicalmente Hakuna Group Music. Al concluir la vigilia de oración se entregaron las capillas de la Virgen del Buen Aire, a aquellas familias que se comprometieran a rezar durante un mes por las vocaciones.

Dossier de prensa:  Campaña para el Día del Seminario 2024  

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José Luis Graus Pina da claves sobre el momento en que vivimos y lo que engancha en el voluntariado

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Ayer comenzó  la décimo quinta edición de la Semana de la Pobreza y Exclusión organizada por Cáritas Diocesana de Asidonia-Jerez. José Luis Graus Pina, técnico de desarrollo organizativo y responsable de Voluntariado en Cáritas Española, ha reflexionado en su ponencia sobre que debemos aprovechar del tiempo de policrisis que vivimos. 

Ayer comenzó este ciclo de conferencias que este año se enmarca con el lema “NUEVAS ESTRATEGIAS DEL VOLUNTARIADO” y que se centra en reflexionar sobre los retos a los que se enfrenta Cáritas para atraer al voluntariado.

Mons. José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, y Eugenio Sánchez Salas, Director de Cáritas Diocesana, han presentado a José Luis Graus Pina, técnico de desarrollo organizativo y responsable de Voluntariado en Cáritas Española, que ha sido el responsable de abrir esta décimo quinta edición. Comenzó su intervención “La nueva hora del voluntariado” diciendo que “estamos viviendo un momento de encrucijada, de cambios y de novedades inesperadas. Esto genera un clima de incertidumbre y de desconcierto, en unos casos de desconfianza, en otros de oportunidad”. “En este momento es fundamental la revolución reflexiva y abordar las actitudes necesarias que nos posibilitan vivir en este momento”, dijo.

Graus Pina continuó su exposición asegurando que “es importante tomar conciencia de aquellas cuestiones que generan estancamiento y que nos impiden avanzar y, por otro lado, tomar conciencia y promover todo aquello que nos encanta y que genera vida y dinamismo”. Del mismo modo, dijo que “otra aproximación viene de la relación que existe entre lo que ya se nos ha quedado viejo y nos invita a pensar y lo nuevo que se va acercando”.

Finalmente, dio claves sobre cuestiones que deben ser pensadas y que nos van a ayudar mucho para saber qué engancha en el voluntariado, como son el trabajo desde el vínculo permanente y no solo desde la tarea, crear comunidad desde la ausencia de comunidad, tomar conciencia de la mucha gente que hace mucho bien y asumir que lo complejo ha llegado para quedarse.

Hoy, martes 19 de marzo, contaremos con Clara Sánchez Canas, técnica de desarrollo organizativo y responsable de Voluntariado Joven en Cáritas Española, que nos hablará sobre “Cáritas, lugar de llamada para los jóvenes”. 

La entrada José Luis Graus Pina da claves sobre el momento en que vivimos y lo que engancha en el voluntariado se publicó primero en Diocesis de Jerez.

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«Padre, envíanos pastores», Carta Pastoral en el Día del Seminario

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«Padre, envíanos pastores»

Día del Seminario 2024

 

Queridos hermanos, sacerdotes, consagrados y fieles laicos,

Con el lema “Padre, envíanos pastores”, el próximo domingo 17 de marzo, cercana la solemnidad de San José, custodio de las vocaciones sacerdotales, la Iglesia nos invita a dar gracias por nuestro Seminario de San Torcuato y a celebrar el don de la Vocación al Ministerio Ordenado. El lema es una súplica confiada que se enraíza en la exhortación del Señor: “orad al dueño de la mies, que envíe obreros a su mies” (Lc 10,2). Es la solicitud del Buen Pastor que ama y atiende las necesidades de sus ovejas para que «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). Tras la experiencia Pascual, el Señor confía a sus discípulos continuar con la misión que le ha confiado el Padre, anunciar el Evangelio a los hombres de todos los tiempos.

Son muchos los que le han respondido a lo largo de la historia. La vocación sacerdotal no es algo del pasado. El Padre sigue enviando pastores para que nos cuiden según su Corazón. En nuestros días, muchos siguen comprometiendo sus vidas con el “sí” que se forja en la entrega de la propia existencia, en la fidelidad, en la generosidad de corazón a su constante invitación: «Sígueme» (Jn 21, 22), en el servicio de la construcción de su Reino en el mundo, en la entrega a los hombres, cuidando especialmente a los más necesitados,

  1. Juan Pablo II decía que «a pesar de los vastos procesos de secularización que se dan en el mundo, se detecta una exigencia generalizada de espiritualidad, que en gran parte se manifiesta precisamente en una renovada necesidad de oración» (NMI 33). En esta «necesidad de oración» se inserta nuestra petición común al Señor para que «envíe obreros a su mies«. Nuestro primer deber es implorar con insistencia, confianza y humildad; pedir y dar gracias al «Dueño de la mies» por los que ya siguen más de cerca a Cristo en la vida sacerdotal y por los que Él, en su misericordia, no cesa de llamar para estas importantes tareas eclesiales, por nuestros seminaristas.

Conscientes del poder de la oración, os invito a todos a unirnos en una ferviente súplica para que no falten vocaciones al sacerdocio. Esta es la Iglesia sinodal que vive la comunión en la oración, una Iglesia en salida que, con corazón misionero, piensa en la necesidad que tiene nuestro mundo de presbíteros santos. Nos concierne a todos los bautizados fomentar, acompañar y sostener las vocaciones que tenemos y las que puedan surgir. Invitemos a los jóvenes, a los adolescentes y a los niños a participar en las actividades diocesanas preparadas por nuestro Seminario diocesano de San Torcuato y el equipo de pastoral juvenil y vocacional. Recemos para que las familias cristianas acojan con alegría el regalo de una vocación. Muchas de ellas se convierten en pequeños «cenáculos» de oración, ayudando a los jóvenes a responder con valentía y generosidad a la llamada de Jesucristo.

Es fundamental la labor de cada parroquia y comunidad cristiana en favor de las vocaciones como fuente de alegría y esperanza para nuestro Presbiterio, orando en la Eucaristía por esta necesidad. El Sacramento del altar tiene un valor decisivo para el nacimiento de las vocaciones y para su perseverancia, porque en el sacrificio redentor de Cristo aquellos que han sido bendecidos con el don de la vocación sacerdotal, encuentran la fuerza para dedicarse totalmente al anuncio del Evangelio. Conviene que se una la adoración del santísimo Sacramento, prologando así, en cierto modo, el misterio de la santa misa. Contemplar a Cristo, presente real y sustancialmente bajo las especies del pan y el vino, puede suscitar en el corazón de quienes están llamados al sacerdocio o a una misión particular en la Iglesia, el mismo entusiasmo que, en el monte de la Transfiguración, impulsó a Pedro a exclamar: «Señor, que bien se está aquí» (Mt 17, 4; cf. Mc 9, 5; Lc 9, 33). Se trata de un modo privilegiado de contemplar el rostro de Cristo.

Animo a mis hermanos sacerdotes a cuidar esta tarea prioritaria de nuestro ministerio, insertando el matiz vocacional en todas nuestras tareas pastorales. Su testimonio de vida y su entrega fiel, es un gozoso ejemplo y estímulo para el resurgir de nuevos discípulos del Señor, que quieran vivir exclusivamente para Cristo en su Iglesia, siendo sacerdotes. A través del sacerdocio, hemos sido llamados a reavivar el carisma de Dios por la imposición de las manos (cf. 2 Tim 1, 6), y gustar con renovado fervor el gozo de haberse entregado totalmente al Señor.

A nosotros nos corresponde colaborar, con todos los medios posibles, para que -en aquellos que Él ha elegido- la llamada de Dios no quede frustrada y podamos contar con muchos, buenos y santos sacerdotes, que puedan ayudar al Pueblo de Dios a ejercitar con fidelidad y plenitud su vida cristiana, constituyendo así una Iglesia viva y misionera. Agradezco la generosidad, oración y mimo de los sacerdotes, consagrados y muchos laicos por el Seminario, así como la generosidad económica- que os pido sea muy generosa en la colecta del Día del Seminario-, pues nos permite ofrecer los medios adecuados para una formación integral de nuestros Seminaristas. Gracias al Rector, formadores, confesores y bienhechores de nuestro Seminario por su trabajo y constante entrega por el bien de nuestra Diócesis.

Padre, envíanos pastores”. Que el semillero, que el Pastor bueno cultiva en nuestra Diócesis, siga dando buenos frutos según el corazón de Cristo.Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

Homilía en el Miércoles de Ceniza

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MIÉRCOLES DE CENIZA

(Catedral-Málaga, 14 febrero 2024)

Lecturas: Jl 2, 12-18; Sal 50, 3-6.12-14.17; 2 Co 5, 20 − 6, 2; Mt 6, 1-6.16-18.

La Cuaresma, tiempo de libertad

1.- Saludo a mi hermano Francisco, arzobispo emérito de Pamplona, que ha venido a quedarse con nosotros al dejar el gobierno de su Diócesis. ¡Bienvenido, D. Francisco!

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua, que es la fiesta central de la fe cristiana. Cuaresma es tiempo para una escucha y meditación más frecuente de la Palabra de Dios. Es tiempo para renovar nuestro bautismo y el compromiso adquirido; es tiempo de conversión y de reconciliación con Dios y con los hermanos; es tiempo de recurrir más frecuente a la oración, al ayuno y a la limosna, como hemos escuchado en el evangelio (cf. Mt 6, 1-6.16-18).

La Cuaresma tiene un sentido mistérico, que debemos redescubrir y profundizar, y que está relacionado con los sacramentos de la iniciación cristiana. Podríamos decir que se trata del misterio del «éxodo», presente a lo largo de todo el itinerario cuaresmal; es decir, de la salida de la esclavitud a la libertad, de la salida de uno mismo hacia Dios, que nos espera con los brazos abiertos, como Padre bueno.

La Cuaresma nos lleva a la contemplación del misterio pascual del Señor: su Pasión, Muerte y Resurrección. La Iglesia nos concede cincuenta días para prepararnos a esta magna celebración pascual; para meditar el amor que Dios nos tiene, manifestado en Cristo Jesús (cf. Rm 9, 39).

2.- El comienzo de la cuarentena penitencial se caracteriza por el austero rito de la imposición de la ceniza, propia de la liturgia de este día: Miércoles de Ceniza.

Se usaba ya en los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia. El gesto de la ceniza significa reconocer la propia fragilidad moral, la mortalidad y el pecado, que necesita ser redimido por la misericordia de Dios.

No se trata de un gesto puramente exterior. La Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente de cada bautizado, que está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Este gesto abre a la conversión y a la renovación pascual.

3.- La Cuaresma tiene un sentido y un contenido gozoso; no es triste el tiempo cuaresmal, porque invita a crecer en libertad, abandonando las cadenas que nos atan, siguiendo con alegría a Jesucristo. Con Él salimos de la mediocridad de nuestra vida hacia la novedad creativa, recuperando y profundizando nuestro bautismo, abriendo nuestros brazos a Dios, que nos transforma. Permitamos al Señor que haga esa transformación en nosotros; y que podamos celebrar la Pascua siendo mejores, más humanos y más divinizados a la vez.

Es tiempo de acortar nuestra lejanía de Dios, rompiendo las ataduras, sutiles o grandes, que nos retienen y nos impiden mirar con libertad a lo alto, reconociendo que Dios nos ama y nos perdona. Por eso la Cuaresma no puede ser triste.

Con ello tomamos conciencia de la misericordia infinita de Dios, que nos regala la libertad y nos brinda su amor paterno.

4.- El papa Francisco nos ha ofrecido en su Mensaje para la Cuaresma de este año el tema de la libertad y nos ha dicho: “La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser -como anuncia el profeta Oseas- el lugar del primer amor (cf. Os 2, 16-1 7). Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida”. Podemos disfrutar del amor de Dios y de la libertad que nos concede.

La Cuaresma es el tiempo fuerte en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Por ello, la Cuaresma es tiempo de libertad. ¡Vivamos con la libertad de los hijos de Dios (cf. Rm 8, 21)! ¡Salgamos de nuestras esclavitudes!

Jesús mismo, como recordamos en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser probado en su libertad. Como dice el papa Francisco: “El desierto es el espacio en el que nuestra libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido” (Mensaje para la Cuaresma de 2024).

5.- En tiempo cuaresmal hemos de recurrir más frecuentemente a las «armas de la penitencia cristiana», que son: la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6, 1-6.16-18).

Jesús exhorta a sus discípulos a vivir con rectitud ante la mirada del Padre celestial, sin presumir ante los hombres: «Cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti» (Mt 6, 2); «cuando oréis, no seáis como los hipócritas» (Mt 6, 5); «Cuando ayunéis, no pongáis cara triste» (Mt6, 16).

Esto hay que hacerlo en el interior de cada uno, privadamente; que no se entere nadie, más que el Señor y él nos recompensará (cf. Mt 6, 4.6.17-18).

Se trata «de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial» (Mt 6, 1). Más bien hay que vivir el amorde nuestro Padre-Dios, que nos ama y tiene misericordia de nosotros.

Pidamos al Señor que nos conceda un corazón limpio y convertido a su amor, para gozar de la libertad de los hijos de Dios.

Y que la Santísima Virgen nos acompañe en esta Cuaresma, para hacer un buen camino hacia la Pascua de resurrección. Amén.

Homilía en el Encuentro de Formadores de Seminario del Sur de España

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ENCUENTRO DE FORMADORES DE SEMINARIO DEL SUR DE ESPAÑA

(Seminario-Málaga, 28 enero 2024)

Lecturas: Dt 18, 15-20; Sal 94, 1-9; 1 Co 7, 32-35; Mc 1, 21-28.

(Domingo Ordinario IV- B)

1.- Ser profeta

Las lecturas de este domingo ofrecen varios temas, entre los cuales escogemos tres, que considero vinculados de manera especial a vuestra tarea como formadores de seminario y que también sirven para los seminaristas: ser profeta, escuchar la voz del Señor y enseñar con autoridad.

El libro del Deuteronomio dice: «El Señor, tu Dios, te suscitará de entre los tuyos, de entre tus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharéis» (Dt 18, 15).

Dios escoge a alguien de entre sus hermanos para enviarlo a una misión. A nosotros nos ha escogido para ser profetas. A ese elegido hay que escuchar, como si fuera al mismo Dios. El pueblo pidió al Señor: «No quiero volver a escuchar la voz del Señor mi Dios, ni quiero ver más ese gran fuego, para no morir» (Dt 18, 16).

El profeta es un mediador, para que el pueblo no escuche en directo la voz del Señor: «Pondré mis palabras en su boca, y les dirá todo lo que yo le mande» (Dt 18, 18). Pero ¿qué palabras decimos? Una cosa son las palabras que dicta el Señor para proferirlas o profetizarlas; y otra cosa son las palabras que podamos poner de cosecha propia, que no son las que quiere el Señor.

«Profeta» es aquel que habla en nombre de Dios. Naturalmente, quien contempla la vida desde Dios tiene una visión especial; es decir, se sitúa en una atalaya privilegiada; y por eso es capaz también de anunciar el futuro. Cuando las cosas se ven desde Dios, se perciben desde una perspectiva diferente a la mirada miope del ser humano. ¡Cómo nos situamos nosotros para proferir las palabras que Dios nos manda decir?

La providencia tiene su propio plan y su estilo, como dice el profeta Isaías: «Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos» (Is 55, 8). Dios inspira y anima; y los hombres deben interpretar los «signos de los tiempos» como lenguaje de Dios; y a través de los avatares de la historia interpretar la verdad que viene revelada desde lo alto. Y puede haber una diferencia entre lo que Dios revela y habla y lo que dice su profeta.

El carisma profético no ha desaparecido de la Iglesia, porque nadie ha coartado la acción del Espíritu Santo. Por tanto, hoy sigue habiendo profetismo, aunque de modo diverso a los profetas del Antiguo Testamento y respecto al único Profeta, Jesús. Ahora bien, ¿todos son profetas, o lo son todos por igual? ¿Todos dicen lo que Dios quiere que digan? Es necesario hacer un riguroso discernimiento de espíritus para ver quiénes vienen de Dios. El primer criterio dado por el mismo Jesús es el de los frutos producidos: «Por sus frutos los conoceréis» (Mt 7, 16).

Los formadores de seminario tenéis una doble tarea: En primer lugar, ser profetas, que Dios ha elegido para realizar una misión eclesial a través de vuestro ministerio. Y, en segundo lugar, discernir los espíritus para saber a quiénes elige el Señor para el ministerio sacerdotal. Dios os exigirá cómo habéis realizado vuestra misión profética y de discernimiento; porque los criterios han de ser desde Dios y no desde simples visiones humanas.

2.- Escuchar la voz del Señor

La segunda actitud consiste en escuchar la voz del Señor, como dice el Salmo: «El Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses» (Sal 94, 3); como solemos rezar en el Salmo matutino: «Ojalá escuchéis hoy su voz» (Sal 94, 7).

En los últimos domingos hemos visto constantes referencias a la llamada del Señor. En el Bautismo de Jesús: «Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado» (Is 42, 6). En el segundo domingo: «El Señor llamó a Samuel» (1 Sam 3, 3) y a los primeros discípulos: «Maestro, ¿dónde vives? Venid y lo veréis» (Jn 1, 38-39). En el domingo tercero, Jesús se dirige a los hijos de Zebedeo: «Venid conmigo» (Mc 1, 17).

Y en este cuarto domingo ordinario el salmista nos sitúa ante la intervención de Dios en nuestras vidas: «Ojalá escuchéis hoy su voz» (Sal 94, 7). Es importante el tiempo; se dice “hoy”, porque Dios quiere que le escuchemos todos los días y en todo momento; nuestra respuesta al Señor debe ser cada día, permanente, constante.

La escucha se hace para conocer la voluntad de Dios, quien nos invita a prestar atención: «Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; inclina el oído a las palabras de mi boca» (Sal 77, 1); el Señor nos enseña y nos amaestra: «Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos» (Is 50, 4); Jesús nos invita a ser sus discípulos.

La voz, escuchada por el oído, debe pasar al corazón: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, (…) cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras» (Sal 94, 8-9).

Aquí tenéis también los formadores de seminario una doble tarea: la escucha personal como creyentes, que debéis responder cada día a la voz de Dios; y, en segundo lugar, la misión como sacerdotes de afinar el oído para discernir si hay llamada de Dios o si se trata de un capricho del candidato. No es fácil esa tarea; porque algún candidato puede presentar una fachada, que no responda a su interior.

El arzobispo que me ordenó de presbítero y me encargó trabajar en tarea vocacional, nos decía al equipo de formadores del seminario y lo he transmitido a los formadores colaboradores míos: “Tenéis que llegar a conocer hasta la primera papilla que tomó el candidato”. Con eso ya me entendéis lo que quiero decir; no es necesario explicar más.

Los seminaristas no debéis engañar, porque os engañáis a vosotros y a Dios; esto es importante en el discernimiento de espíritus y en el discernimiento vocacional. De lo contrario, hay después “sorpresas” desagradables; y hay que decir que en todas las diócesis las hay.

3.- Enseñar con autoridad.

Y, en tercer lugar, nos fijamos en la escena del evangelio, en la que Jesús entra la sinagoga de Cafarnaún a enseñar (cf. Mc 1, 21): «Estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas» (Mc 1, 22).

Al ver la curación de un hombre que tenía un espíritu inmundo (cf. Mc 1, 23), los presentes se preguntaban estupefactos. «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad» (Mc 1, 27). Estaban ya cansados de los fariseos leguleyos y de los saduceos.

Jesús habla y enseña con autoridad, fundamentalmente por dos razones: porque lo hace con verdad, con sinceridad, sencillez y cercanía. Y además de enseñar, cura y salva; su actuar va en favor de sus interlocutores. La palabra de Dios es reveladora que enseña, pero es también dinámica, que cura y transforma. San Pedro dirá en un discurso: «Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hch 10, 38).

Queridos formadores de seminario, os corresponde “enseñar con autoridad”. En primer lugar, siendo veraces y transparentes, porque no cabe la mentira, ni la doblez, ni la ambigüedad en un educador; y si cabe, no debería caber. Y, en segundo lugar, enseñáis con autoridad curando y sanando heridas. Nuestros seminaristas provienen de su mundo y de su generación, que no es la nuestra; ayer comentábamos los formadores que existe diferencia generacional ya con diez años. A veces llegan rotos por dentro, o con heridas afectivas, psicológicas, incluso morales. Vuestra tarea es preciosa; pero muy delicada.

Hoy celebramos la fiesta litúrgica de santo Tomás de Aquino, patrono de nuestro Seminario, junto con San Sebastián. Le pedimos que interceda por nosotros para que seamos buenos teólogos y escrutadores de la Palabra de Dios.

Pidamos a Dios que nos haga profetas veraces, que escuchan la voz del Señor y que enseñan con autoridad.

Que la Virgen María, la Madre de Jesús y madre nuestra, nos acompañe y nos ayude en la misión que el Señor nos ha confiado. Amén.

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