El obispo ha consagrado el Santo Crisma y bendecido los óleos de catecúmenos y enfermos.
La Diócesis de Cartagena celebra cada Martes Santo la Misa Crismal, la magna celebración diocesana en la que el obispo consagra el Santo Crisma y bendice los óleos de catecúmenos y enfermos, y en la que el presbiterio diocesano renueva sus promesas sacerdotales. Este año, por las obras de restauración de la fachada principal de la Catedral, la procesión de entrada no se ha realizado desde el Palacio Episcopal, como es tradición, sino desde la sacristía del templo catedralicio.
Mons. Lorca ha iniciado la homilía recordando a los sacerdotes fallecidos desde el pasado año y dando gracias a Dios por la ordenación de los nuevos presbíteros. Sus palabras han estado dirigidas principalmente al presbiterio diocesano: «Toda la ceremonia nos está hablando de la presencia de Dios en medio de nosotros y en nuestra vida, a la vez que pone en el centro de nuestra atención la figura del sacerdote».
El obispo ha pedido a los presentes en la celebración, y a quienes la seguían a través de TRECE TV y Popular Televisión, que rezaran por las vocaciones al sacerdocio: «Rezad mucho para que los jóvenes puedan oír la voz de Dios, porque el Señor sigue llamando a muchos a seguir los pasos de Jesús y esto es apasionante».
Mons. Lorca ha manifestado que el sacerdote ha de estar íntimamente configurado con Cristo para ser «un dispensador de la Palabra de Dios y de sus sacramentos». Además, ha exhortado a los sacerdotes a luchar contra el egoísmo y la soberbia: «Son males que aparecen en el interior y te destruyen por dentro. El egoísmo y la soberbia te llevan a pensar que tú eres Dios y borran de tu memoria algo importante, que todo es un don y un regalo de Dios».
Asimismo, ha recordado que estamos celebrando el Año Jubilar de Caravaca de la Cruz, invitando a los sacerdotes a agarrarse «muy fuerte a la Cruz de Cristo». A ellos ha agradecido su «generosa entrega al Señor todos los días»: «Sois mi familia y nunca os habéis apartado a la hora de aceptar las responsabilidades pastorales; os doy las gracias porque soy consciente de que muchos vais sobrecargados y no os habéis echado atrás»,
Al finalizar la homilía, los presbíteros han renovado junto al obispo sus promesas sacerdotales. Durante la plegaria eucarística, Mons. Lorca ha bendecido el óleo con el que se ungirá a los enfermos, y al finalizar la oración de después de la comunión ha bendecido el óleo de los catecúmenos y ha consagrado el Santo Crisma, derramando aromas sobre el aceite. Con este Crisma serán ungidos los bautizados, confirmados y los ordenados para el ministerio sacerdotal; también se consagrarán con él los altares y las iglesias.
El Obispo ha presidido la Misa Crismal en la Santa Iglesia Catedral en la que lo sacerdotes han renovado sus promesas sacerdotales
Monseñor Demetrio Fernández ha presidido la solemne Misa Crismal en la Santa Iglesia Catedral la mañana de este Martes Santo, 26 de marzo, en la que los sacerdotes diocesanos han renovado sus promesas sacerdotales. El Obispo durante la celebración ha consagrado el santo crisma y ha bendecido los santos óleos que serán administrados durante el año en los principales sacramentos: Bautismo, Confirmación y Unción de Enfermos.
Ha comenzado su homilía destacando que hoy se cumple la escritura tomada del profeta Isaías: el Mesías, el Ungido, lo será porque viene sobre Él el Espíritu Santo, “la persona amor que envuelve a Jesucristo y a su humanidad en el amor del Padre y del Hijo”. La unción llegó Jesucristo a plenitud en el bautismo del Jordán. La unción va unida a la misión, es el fundamento de la misión, que es “anunciar la buena nueva a los pobres” ha asegurado el prelado. Por el bautismo hemos sido rescatados e incorporados a la Iglesia y hemos sido ungidos. Hoy celebramos el “protagonismo del Espíritu Santo”, que es el alma de la Iglesia, que viene continuamente sobre Jesucristo y de su costado sale abundante este espíritu a toda la iglesia, ha continuado.
La unción que Jesucristo ha recibido y que ha derramado en la Iglesia le ha convertido en ofrenda y ha ofrecido su cuerpo en la cruz, al mismo tiempo se ha convertido en fuente de esa unción para todo su pueblo santo, ha resaltado el pastor de la Diócesis. Aquí está la diferencia entre el sacerdocio común, que todos recibimos por el bautismo, y el sacerdocio ministerial que algunos reciben por el sacramento del orden, ha explicado.
Monseñor Demetrio Fernández ha aclarado que el santo crisma es el “vehículo del espíritu santo” que después se empleará en los sacramentos y en esta Misa Crismal celebramos la unción de toda la Iglesia y el don del corazón de Cristo a su Iglesia en el sacerdocio ministerial. Los presbíteros han renovado sus promesas sacerdotales y el Obispo les ha recordado que “no hemos sido llamados simplemente para ejercer una función, hemos sido llamados para ser ungidos y por tanto nuestra vocación principal es la configuración con Jesucristo”. Renovar las promesas sacerdotales es decirle a Jesucristo “gracias Jesús por haberme llamado a esta vocación, haberme ungido con tu espíritu santo”. Somos configurados con Jesucristo para vivir como Él y ser presencia viva de Cristo ante el mundo.
Es día de “humildad”, ha enfatizado, porque Él nos abraza y renueva su confianza en cada uno de nosotros. Año tras año uno debe darse cuenta de que la tarea es inmensa, pero que más grande es la confianza y la gracia que ha sido derramada en nuestros corazones. La Misa Crismal debe ser un momento de “renovación profunda”, hay que revisar nuestra vida cada año, ha aconsejado el Obispo. “Estoy convencido de que donde hay un sacerdote bueno, más todavía si es santo, cambia el ambiente donde está. Un sacerdote santo transforma el mundo en el que vive”, ha manifestado.
El prelado ha dado gracias a Dios porque en la diócesis de Córdoba brotan las vocaciones sacerdotales y religiosas y ha resaltado que es importante, independientemente del número de sacerdotes al servicio de la Diócesis, “ser sacerdotes santos, porque sin sacerdotes no hay Iglesia”.
Para monseñor Demetrio Fernández ordenar sacerdotes es lo mejor que le puede pasar en su vida de Obispo. Pero que en la Diócesis haya vocaciones es fruto de la tarea llevada a cabo por los sacerdotes, no obstante, “no podemos dar por cumplida nuestra obligación”. Hay que vencer los miedos y ayudar a los adolescentes a discernir su vocación, ha pedido.
Aunque la liturgia contempla la celebración de la Misa Crismal el Jueves Santo, en nuestra diócesis, al igual que sucede en muchas otras, esta celebración se traslada de día para facilitar la asistencia de todos los sacerdotes. Así lo ha explicado el Obispo al inicio de su homilía: “La Misa Crismal que estamos celebrando anticipa el Jueves Santo, día en el que el Señor instituyó el sacerdocio, encomendando a los Doce la tarea de celebrar, con el pan y el vino, el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre hasta su vuelta gloriosa. Así esta Eucaristía celebra el sacerdocio ministerial. El obispo –junto con los presbíteros- renovamos las promesas sacerdotales y agradecemos al Señor el ministerio al que nos ha llamado, que nos pone al servicio del pueblo santo de Dios”.
En esta línea, y ante los presbíteros allí presentes, ha resaltado que “Jesucristo es quien nos ha hecho el don de sí mismo, diciendo “Esto es mi Cuerpo. Esta es mi Sangre”. El misterio del sacerdocio de la Iglesia radica en el hecho de que Jesucristo quiere perpetuar su entrega por medio de nosotros, de tal manera que en virtud de la ordenación recibida podemos hablar con su “yo”: in persona Christi“.
Mons. Santiago Gómez ha señalado también que “este misterio lo recordamos de modo particular en esta Misa Crismal. Volvamos esta mañana al momento en el cual recibimos la imposición de las manos por parte del obispo, pues fue el mismo Señor quien nos impuso las manos y nos hizo partícipes de su sacerdocio”. Y ha continuado diciendo: “recordemos que nuestras manos fueron ungidas con el óleo, que es el signo de la fuerza del Espíritu Santo” y que “en el Antiguo Testamento la unción es signo de asumir un servicio”. El Pastor de la diócesis ha hecho referencia a que “en el evangelio de hoy Jesús se presenta como el Ungido de Dios, el Cristo, que actúa como enviado del Padre y en la unidad del Espíritu Santo, y que, de esta manera, dona al mundo la vida eterna”. Así, ha subrayado también que “por el sacramento del orden que recibimos el Señor nos hace sus amigos”, y ha indicado más adelante que “paravivir de verdad la amistad con Jesucristo necesitamos afrontar con realismo la Ascesis y la Penitencia, entendida como el esfuerzo humano que responde a la gracia de Dios”.
El Obispo ha indicado que “el hombre de hoy tiene muy poca estima del valor de la cruz, de la ascesis y de la penitencia. La vida cómoda y materialista que vivimos, también nosotros, nos hace despreciar con facilidad estos valores que son fundamentales para alcanzar la santidad, incluso para poder vivir de manera razonable y sensata. La cruz, que implica ascesis y penitencia, son exigidas de modo terminante por el Señor: el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí (Mt 10, 38)”. En este punto ha recordado el testimonio de los amigos de Dios, de los santos.
El Obispo también ha aludido a la advertencia de D. Alfonso Crespo, en la formación permanente del pasado mes de noviembre, cuando hablaba del “desmayo de los presbiterios en nuestros días” y “denunciaba el debilitamiento del radicalismo evangélico”. En este sentido, Mons. Gómez Sierra ha recordado que decía: vivimos tan confabulados con los poderes de este mundo que ya los consejos evangélicos: la pobreza, la castidad y la obediencia no son signo, no reclaman la atención. No somos bienaventurados porque no somos pobres; no protegemos la castidad porque vivimos osadamente a la intemperie; se negocia la obediencia porque no se vive la humildad y entonces la autoridad se recrea de autoritarismo y la desobediencia de amor propio.
Por ello, el Obispo ha llamado a los sacerdotes a reaccionar “con determinación a esta mentalidad que no es propia de los amigos de Dios” y a “recuperar el radicalismo evangélico”.
D. Santiago Gómez ha concluido su homilía de la Misa Crismal resaltando que “el núcleo del sacerdocio es ser amigos de Jesucristo. Sólo así podemos hablar verdaderamente in persona Christi, aunque nuestra lejanía interior de Cristo no puede poner en peligro la validez del Sacramento. Ser amigos de Jesús significa comunión de sentimientos, pensamientos, voluntad y obras, no es algo meramente intelectual. Ser amigo de Jesús, ser sacerdote significa aprender a vivir, a sufrir y a obrar con Él y por Él”.
Tal y como explica la Delegación Diocesana para la Liturgia, el Martes Santo en la Misa Crismal concelebra el Obispo y su presbiterio. Es una de las celebraciones en las que se pone de relieve la plenitud sacerdotal del Obispo, que es tenido como gran sacerdote de su grey y como signo y garante de la unión de sus presbíteros con él. Los sacerdotes renuevan ante el Obispo las promesas que hicieron el día de su ordenación, se lleva a cabo la bendición de los óleos y se consagra el crisma. El óleo es aceite de oliva. En cambio, el crisma es una mezcla de aceite de oliva y perfume. La consagración es competencia exclusiva del Obispo. Dentro del rito de consagración destaca el momento en el que el Obispo sopla en el interior del recipiente que contiene el Crisma (crismera) como signo de la efusión del Espíritu Santo.
El santo crisma y los óleos serán llevados a todas las parroquias donde, de un modo solemne y expreso, son presentados, como expresión de unidad, en la Misa Vespertina del Jueves Santo en la que se conmemora la Cena del Señor.
Con Jesús y sus apóstoles, que saliendo del Cenáculo y cruzando el torrente Cedrón entraron en el Huerto de Getsemaní, es una forma de unirse a la Iglesia Madre de Jerusalén, que se reúne a esa misma hora en la basílica de Getsemaní para conmemorar los acontecimientos con los que comienza la gloriosa Pasión del Señor Jesús: Oración en el Huerto y Prendimiento.
Mensaje de Semana Santa de este año 2024 del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, con el título “Tened los sentimientos de Cristo” (Flp 2,5).
Amigos miembros de hermandades y cofradías y todos aquellos que en los días de la Semana Santa os acercáis a contemplar y vivir más de cerca los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, permitidme que desde esta tribuna os haga llegar algunas reflexiones para esta semana tan importante.
Es indudable la contribución de las cofradías y hermandades de nuestra archidiócesis de Granada, así como de la Real Federación, que las agrupa en nuestra capital, a poner en valor la Semana Santa y su contenido religioso, así como procurar su realce. De todo ello soy testigo a lo largo de este año y medio que llevo entre vosotros. Por eso, quiero mostraros como Arzobispo mi gratitud y reconocimiento, y hacerlo extensivo a todos los que participan en los actos de culto, procesiones y demás manifestaciones de la religiosidad popular que se llevan a cabo. Pero a la vez, permitidme recordar que la esencia de estos días solo se puede descubrir plenamente desde la fe, es decir, únicamente podremos valorar adecuadamente lo que celebramos en la Semana Grande si caemos en la cuenta de que Jesús es el Hijo de Dios y de que dio la vida por salvar a la humanidad.
Nadie pone en duda el cada vez más reconocido valor cultural y artístico de nuestra Semana Santa granadina, que, a medida que lo voy conociendo, su belleza me cautiva y admira más; y hemos de seguir cuidándolo como parte de nuestro patrimonio y, sobre todo, como aspecto propio de nuestra Tradición cristiana, inseparable de nuestras señas de identidad granadina. Pongo Tradición con mayúscula deliberadamente, porque no me refiero a una tradición menor, sino que nuestra Semana Santa forma parte de la Tradición de la Iglesia: el mensaje que queremos trasmitir con nuestros pasos y nuestras procesiones lo hemos recibido de nuestros padres y abuelos, y ellos de los suyos, y así hasta llegar a la primitiva Iglesia cristiana, que fue testigo ocular de estos hechos que nos narran los Evangelios y que, presente en nuestra tierra desde los inicios de la Iglesia por la predicación de san Cecilio, ahora mostramos en nuestras calles con los bellos pasos procesionales.
No caigamos en la tentación de ver la Semana Santa como algo del pasado, o simplemente costumbrista o estético y no digamos como un “paquete turístico” que vender como un atractivo más. La Tradición que hemos recibido y que vivimos de manera especial en las celebraciones litúrgicas del Triduo Pascual, nos recuerda que Jesús resucitó, que está vivo, y que quiere seguir pisando nuestras calles a través de cada uno de nosotros. Por eso invito, especialmente a los cofrades, a que no solo salgáis estos días con vuestros pasos procesionales a representar unas escenas del pasado, sino que deis vida a ese Misterio imitando las actitudes de Cristo y haciendo así que siga vivo en medio de nosotros.
Os animo también a recibir el Sacramento de la Penitencia como signo de verdadera conversión y a participar, de manera consciente y activa, en la bella liturgia de las celebraciones de la Semana Santa en el interior de nuestros magníficos templos, acercándoos bien dispuestos a recibir en la Sagrada Comunión al mismo Cristo, pues “el amor y el cuidado de las manifestaciones de piedad tradicionalmente estimadas por el pueblo debe llevar necesariamente a valorar las acciones litúrgicas, sostenidas ciertamente por los actos de piedad popular” (Directorio sobre Piedad popular y Liturgia, 138).
Nuestros mayores nos han legado la Tradición más bella jamás contada en la historia de la humanidad: que un hombre inocente dio la vida por la humanidad. La historia de amor más grande del mundo. La del Hijo de Dios hecho hombre que se entregó por nosotros en la Cruz y resucitó victorioso de la muerte. ¡Salid a la calle a seguir anunciando el mensaje de amor que Cristo nos legó! Pero, no como una historia del pasado, sino para contar que ese mismo Jesús, acompañado de su Madre Santísima, sigue ofreciendo su mano al hombre y la mujer de hoy para que descubran el verdadero amor, ese amor gratuito y entregado del que la pasión de Cristo da testimonio, y que nosotros hemos de testimoniar con coherencia para con los enfermos y los más pobres y necesitados de nuestro tiempo que prolongan con su sufrimiento la pasión de Cristo.
San Pablo nos invita a ello y resume mejor que nadie cuáles han de ser nuestros sentimientos en la Semana Santa y en general en nuestra vida de cristianos cuando nos señala: “Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó sobre todo… y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Flp 2, 1-11).
Vivamos, por tanto, estos días hondamente y no nos quedemos en el exterior del misterio cristiano o solo en lo emocional, sino que revivamos los sentimientos que Cristo experimentó a lo largo de su pasión, muerte y resurrección, para que podamos llegar a experimentar que El sigue muriendo por mí y por ti, y así podamos afirmar, no por lo que dicen otros, sino por nosotros mismos, que Jesús ha resucitado y nos invita a la esperanza que trasciende la muerte y da sentido a la vida.
+ José María Gil Tamayo Arzobispo de Granada
Marzo de 2024
Como es costumbre, el obispo diocesano está pasando los primeros días de la Semana Santa en Ceuta. Mons. Rafael Zornoza llegó a la ciudad autónoma el pasado viernes donde presidió el Vía Crucis del Consejo de Hermandades y Cofradías. El acto piadoso estuvo presidido por la imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte de la Hermandad de Los Remedios, iniciando así a las celebraciones de la Semana de Pasión ceutí. Asimismo, el prelado presidió el Domingo de Ramos, en la Catedral de Ceuta, la Bendición de Palmas y Olivos y la Santa Misa de la entrada triunfal del Señor en Jerusalén, en presencia de cientos de fieles.
La visita a Ceuta finalizó ayer, Lunes Santo, con la celebración de la Misa Crismal y bendición de los óleos en la Santa Iglesia Catedral, donde el clero ceutí renovó sus promesas sacerdotales.
Mañana, Miércoles Santo, el obispo diocesano estará en Cádiz, donde también presidirá la Misa Crismal, en la Catedral. El Jueves, Viernes y Sábado Santo, Mons. Rafael Zornoza hará lo propio en la Misa de la Cena del Señor, la celebración de la Pasión y Muerte del Señor y la Solemne Vigilia Pascual, respectivamente. El Domingo de Pascua, el Señor Obispo presidirá en la Catedral de Cádiz, a las 11 de la mañana, la Misa de Resurrección del Señor.
El próximo Viernes Santo todos los cristianos del mundo estamos llamados a colaborar con nuestros hermanos en Tierra Santa a través de la colecta pontificia por los Santos Lugares. El objetivo de esta es recoger las aportaciones de los fieles y ayudar a los cristianos de Tierra Santa y a las Iglesias de Oriente.
De hecho, las peregrinaciones y la recaudación de esta colecta en plena Semana Santa son las dos principales fuentes de ingresos y mantenimiento de los cristianos de la Tierra del Señor, que se encuentran en especial estado de necesidad debido a la guerra.
Los Padres Franciscanos son los encargados por mandato pontificio de la custodia de los Santos Lugares. No se trata únicamente de mantener viva la presencia de cristianos en el lugar donde precisamente nació el cristianismo, sino que los fondos de esta colecta universal se destinan a la salvaguarda de los restos arqueológicos, a conservar los santuarios y templos y a la labor pastoral, social y asistencial que los Franciscanos desarrollan. Y, en palabras del arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, se dedica “a lo más esencial: mantener vivas las huellas del paso de Dios por este mundo, ‘vivificar’ cada piedra, cada rincón y cada iglesia levantada en su nombre, pues se trata de hacer que estos lugares hablen al corazón de todos los peregrinos que la visitan”.
Por su parte, los franciscanos han realizado un llamamiento a la solidaridad, ya que “la falta de peregrinos, las actividades económicas cerradas, y la dificultad de viajar para ir a trabajar, dificultan la vida cotidiana y la posibilidad de tener una vida digna”.
Concretamente, fr.Francesco Patton, custodio de Tierra Santa, ha enviado un mensaje en el que lamenta que “después de haber vivido más de dos años de incertidumbre a causa del COVID y de habernos hecho la ilusión de que la normalidad había vuelto, el 7 de octubre nos sorprendió de repente el estallido de una nueva guerra en Tierra Santa, que, además de causar miles de muertos, bloqueó una vez más la visita de los peregrinos, obligó a nuestros jóvenes a faltar a la escuela durante largos períodos y dejó sin trabajo a muchos de nuestros cristianos en Tierra Santa, especialmente en Belén y Palestina, pero también en la Ciudad Vieja de Jerusalén y en Israel”.
En esta situación “sentimos la necesidad de la cercanía y la solidaridad de los cristianos de todo el mundo”, asegura. En primer lugar, a través de la oración, “porque estamos convencidos de que solo la acción de la gracia de Dios puede cambiar los corazones y orientarlos hacia el diálogo, la reconciliación y la paz”. Después, “una solidaridad y una cercanía a través de la peregrinación”. Por último, “también a través de la ayuda económica”.
Entre los deberes de los frailes franciscanos que custodian los Santos Lugares se encuentran habitarlos y hacer de ellos lugares de oración, ser acogedores con los fieles locales y con los peregrinos, y también poner en marcha obras educativas como escuelas, obras sociales como casas para ancianos y para familias jóvenes, clínicas y dispensarios, obras de promoción humana a través de la creación de puestos de trabajo.
“La Colecta del Viernes Santo sirve para sufragar parte de estos gastos, gracias a la generosidad de los fieles de todo el mundo”, asevera fr. Francesco Patton.
Por ello, un año más “los frailes de la Custodia de Tierra Santa nos hacemos mendigos y os hacemos un llamamiento para que el Viernes Santo sea un día de solidaridad universal, un día en el que los cristianos de todo el mundo se ocupen concretamente de la Iglesia Madre de Jerusalén, tan necesitada en estos momentos. Por favor, ensanchad vuestros corazones y ayudadnos según vuestras posibilidades, para que también nosotros podamos seguir cuidando de esta Tierra Santa y de sus hijos”, concluye.
La Casa de Espiritualidad San Juan de Ávila de La Yedra acoge el encuentro con el título «Hacia una mirada fraterna».
«Hacia una mirada fraterna». Bajo este lema, agentes de Cáritas Diocesana de Jaén participaron este Lunes Santo en una jornada de reflexión y oración en vísperas de la celebración del Día del Amor Fraterno, que la Iglesia celebra el Jueves Santo. La Casa de Espiritualidad San Juan de Ávila de La Yedra acogió el encuentro, al que se sumaron cerca de cuarenta personas, todas ellas agentes de Cáritas. El director de Cáritas Diocesana de Jaén, Rafael Ramos, dio la bienvenida y agradeció a los asistentes, en su mayoría trabajadores de Cáritas, su participación en esta jornada. Subrayó la oportunidad que supone contar con estos espacios de encuentro. Hizo hincapié en la labor que desarrolla este organismo de la Iglesia frente al dolor de los hermanos que sufren cerca y lejos de nosotros. En este sentido, recordó la presencia de Cáritas en once emergencias internacionales -como la guerra de Ucrania o el conflicto en Tierra Santa- a través de la que cobra fuerza su apuesta por una dimensión universal de la caridad.
El vicario de Caridad y delegado de Cáritas Diocesana de Jaén, Juan Raya, enmarcó la jornada de reflexión y oración en vísperas del Día del Amor Fraterno. Recordó que las dos fiestas más importantes de Cáritas a lo largo del año -el Día de Caridad, en la fiesta del Corpus Christi, y el Día del Amor Fraterno, el Jueves Santo- están vinculadas a la eucaristía. Destacó que en la jornada se pretendía reflexionar sobre cómo debe ser la mirada de los agentes de Cáritas, en conexión con el lema de este año: «Tú tienes mucho que ver. Somos oportunidad. Somos esperanza». Puso el acento el doble sentido del lema, que resalta la importancia de estar atentos a la realidad y también el implicarse con ella desde el compromiso personal y comunitario para poder ser oportunidad y esperanza para las personas acompañadas por Cáritas.
La primera de las dinámicas de trabajo giró en torno a la proyección del cortometraje de animación «Cuerdas», dirigido por Pedro Solís y ganador de un Goya en 2014. Tras la proyección, los agentes de Cáritas reflexionaron sobre las actitudes de los distintos personajes y sobre cómo es la mirada de cada uno de ellos para, posteriormente, cuestionarse sobre en qué medida ven reflejadas esos modos de mirar en su día a día y en su trabajo en Cáritas. Seguidamente, la segunda actividad consistió en una dinámica de fotopalabra, con la que reflexionaron a través de las imágenes sobre las realidades de exclusión a las que dirige su acción caritativa y social este organismo de la Iglesia de Jaén. También compartieron cómo es su mirada ante estas realidades.
La última sesión de trabajo de la mañana giró en torno a la parábola del Buen Samaritano. Divididos en grupos, analizaron las actitudes de los principales personajes de este relato evangélico y se cuestionaron sobre la manera actuar de los ladrones y asaltantes, el sacerdote, el levita, el samaritano y el posadero. A la luz de este análisis, compartieron cuáles consideran que deben ser sus actitudes como agentes de Cáritas ante los hermanos que se encuentran en situación de necesidad. Al término, participaron en una oración de adoración al Santísimo, ante el que oraron juntos. También compartieron un gesto para tener muy presentes los compromisos personales renovados como fruto de esta jornada de trabajo y convivencia. La jornada concluyó con un almuerzo compartido.
Con los Scouts Católicos de Granada desde el Martes hasta el Viernes Santo.
Luz de la Paz de Belén en el Paseo de los Tristes. Foto archivo: MCS Granada.
Nos encontramos de lleno en la semana más importante para los cristianos, la Semana de Pasión, donde celebramos la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Él, nos hizo hijos de Dios, nos trató como hermanos y nos dio a conocer al Espíritu Santo.
En su peregrinar entre nosotros, y en su pasión, nos describió unos momentos, que humildemente reproducimos en las distintas advocaciones, que representamos en los pasos que procesionamos por nuestras calles de Granada, y por ende en todos los lugares cristianos. Describimos su sufrimiento, como acto de amor hacia los hombres, nos fijamos en su muerte y resurrección, cuando entrega su vida para abrirnos las puertas del cielo.
Siempre, y en toda su vida, está acompañado por su madre, nuestra Madre, la que nos conforta y siempre está a nuestro lado, a su lado, esa madre que transmite amor y paz, y que nosotros como hijos amorosos, la procesionamos junto a su hijo.
Pero para poder llegar a ese momento cumbre, fue necesario que naciera entre los hombres, convirtiéndose en ese momento en Luz para el mundo.
El poder prender una llama en la Basílica de la Natividad en Belén, traerla hasta nosotros, gracias a nuestros hermanos Scouts, nos simboliza esa Luz que es Cristo.
El sentimiento que nos embriaga al contemplar esas imágenes junto con la llama prendida, transporta nuestra alma a un mundo de Paz, Amor, Esperanza, Misericordia y Caridad. Cuna de nuestra esencia, energía vital, y pasión desmedida por Jesús y su Santa Madre María.
Con esos deseos, la Asociación Diocesana de Scouts Católicos de Granada os trasmitimos esta luz, para que la conservéis y la hagáis visible.
“La Luz que brilló con el nacimiento del Hijo de Dios y que llega a nosotros por la Gracia del Espíritu, nos acompañe dando todo el calor del Amor de Dios, ilumine nuestro sendero, llene de Paz nuestros corazones y siempre nos muestre el camino de la Verdad”.
Que brille la luz de la Paz de Belén por las calles de Granada, portada por esta Hermandad y que es todo un lujo verla desfilar el martes Santo.
Muchas gracias por acoger la Luz y transmitirla.
Martes 26 de marzo, a la Real Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y Ntra. Sra. de la Esperanza, la entrega se realizará a las 16:30 h., puntualidad máxima, en la parroquia de San Gil y Santa Ana.
Miércoles 27 de marzo, a la Cofradía del Stmo. Cristo del Consuelo y María Stma. del Sacromonte, “Los Gitanos”, la entrega se realizará a las 16 h, en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús.
Jueves 28 de marzo, a la Hermandad de Penitencia de Ntro. Padre Jesús del Amor y la Entrega y María Stma. de la Concepción, a las 10 h. en el convento de la Concepción.
Viernes 29 de marzo, a la Muy Antigua y Real Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad Coronada y Descendimiento del Señor (por confirmar).
Asociación Diocesana de Scouts Católicos de Granada
Tendrá una tirada de 80.000 ejemplares, que podrán adquirirse hasta el 31 de diciembre de 2029, al precio de 5,50 euros.
La Catedral de Granada festeja su V centenario que conducirán al Año Jubilar en 2028. Durante este tiempo, se llevarán a cabo distintas actividades e iniciativas para la conmemoración de la construcción del templo catedralicio, cuya primera piedra fue colocada en el año 1523.
Una de estas iniciativas conmemorativas es el sello que la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre-real Casa de la Moneda estampará de la Catedral de Granada. El sello con el templo granadino forma parte de tres series de sellos de correo con el título “Efemérides 2024”. Se distribuirá en estos días con una tirada de 80.000 ejemplares, que, al precio de 5,50 euros, podrán adquirirse hasta el 31 de diciembre de 2029. No obstante, pasada esa fecha a efectos de franqueo conservarán su valor, excepto que se dicte lo contrario.
La distribución de este sello comenzará en los próximos días, una vez acaba de celebrarse la festividad de la Encarnación del Señor, el 25 de marzo, nombre que lleva la Santa y Apostólica Iglesia Catedral Metropolitana de la Encarnación de Granada.