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Monseñor Saiz: “Fijemos la mirada en Cristo crucificado, Aquel que vino a darnos la vida eterna”

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Monseñor Saiz: “Fijemos la mirada en Cristo crucificado, Aquel que vino a darnos la vida eterna”

Viernes Santo en la Catedral de Sevilla. El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha presidido esta tarde la celebración de la Pasión del Señor, en la que se contempla la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y se adora su Cruz.

La ceremonia ha sido concelebrada por el nuncio apostólico en Marruecos, mons. Alfred Xuereb; el arzobispo emérito de Monreale (Sicilia), mons. Michele Pennisi; el deán del Cabildo catedralicio, Francisco José Ortiz, y una representación tanto del clero como del Seminario metropolitano. Asimismo, por parte de las autoridades civiles han participado el Subdelegado del Gobierno en Sevilla, Francisco Toscano Rodero; la embajadora de Estados Unidos en España y Andorra, Julissa Reinoso, y el comendador en Andalucía de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lorenzo de Jerusalén, Rafael Álvarez y Álvarez, así como representantes municipales.

“Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”

El segundo día del Sagrado triduo Pascual es una celebración sin Eucaristía. En un primer lugar, tiene lugar una Liturgia de la Palabra, en la que se proclama y medita la Pasión según el evangelista San Juan. A continuación, la atención se ha centrado en pedirle al Señor que su salvación se extienda por todos los hombres, por lo que la oración de los fieles se ha realizado de una manera más extensa y solemne. Posteriormente, se ha llevado a cabo la entronización y adoración de la Cruz, momento cumbre de estos oficios. Finalmente, ha tenido lugar la Sagrada Comunión, con el Santísimo Sacramento reservado ayer jueves en el Monumento de la Capilla Real.

“Está cumplido”

En su homilía, monseñor Saiz ha subrayado que “si el misterio de la Eucaristía que contemplábamos ayer nos sobrepasa, también nos supera este misterio del amor de Dios que se expresa en el dolor y la muerte de Jesús en cruz”. “Contemplamos en la Pasión y muerte de Jesús este amor hasta el extremo”.

Asimismo, el arzobispo de Sevilla se ha detenido en las últimas palabras del Señor en la Cruz: “Está cumplido“. “Todo ha llegado a su término, a su cumplimiento- ha explicado monseñor Saiz Meneses-. Se ha llevado a cabo la prueba suprema de su amor, un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que nuestras fragilidades y pecados”.

“La plenitud de su obra de salvación nos incorpora a todos- ha añadido el arzobispo- porque tiene un valor infinito por el hecho que Jesús no es simplemente una persona excepcional, un hombre extraordinario. Es el Hijo de Dios hecho hombre, y su muerte redentora tiene un valor infinito”.

Monseñor Saiz Meneses ha instado a los presentes a fijar la mirada en Cristo crucificado: “Al levantar los ojos hacia el Crucificado, adoramos a Aquel que vino para quitar el pecado del mundo y darnos la vida eterna”. “El instrumento de suplicio que mostró aquel Viernes Santo el juicio de Dios sobre el mundo, se ha transformado en fuente de vida, de perdón, de misericordia, en signo de reconciliación y de paz”.

El arzobispo ha finalizado recordando a María Santísima, quien se mantuvo firme al pie de la Cruz: “Madre querida, enséñanos a mantenernos firmes en nuestra peregrinación de fe, enséñanos a creer, a esperar y a amar contigo; llévanos de la mano en el camino que nos lleva a tu Hijo Jesús, que vive y reina por los siglos de los siglos”.

Mañana, Sábado Santo, la Vigilia Pascual comenzará a las once de la noche con el rito del fuego en la Puerta del Príncipe de la Catedral de Sevilla.

GALERÍA de la celebración (Fotos de Miguel Ángel Osuna)

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Monseñor Gómez Sierra destaca el amor sacrificado en la celebración del Viernes Santo en la Catedral de Huelva

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Monseñor Gómez Sierra destaca el amor sacrificado en la celebración del Viernes Santo en la Catedral de Huelva

La Santa Iglesia Catedral de Huelva ha sido testigo hoy, 29 de marzo, de una conmovedora celebración de la Pasión del Señor, presidida por monseñor Santiago Gómez Sierra, obispo de la diócesis. En este Viernes Santo, la comunidad cristiana se ha reunido para reflexionar sobre el significado del sacrificio de Jesús y su amor supremo por la humanidad.

Durante la homilía, monseñor Gómez Sierra ha enfatizado la importancia de contemplar la Cruz y ser testigos de Cristo Crucificado, invitando a los fieles a orientar su mirada y corazón hacia el Crucificado como hiciera María “su madre” así como las “piadosas mujeres“.

Hoy, el amor sacrificado, hecho servicio desinteresado, y éste es el único verdadero, cuenta poco; aunque sabemos muy bien que la felicidad o la infelicidad no dependen tanto de saber más, tener más o disfrutar más, sino de amar o no amar, de ser amado o no ser amado”, expresó el obispo.

La ceremonia ha continuado con la oración universal, un momento solemne en el que se ha pedido por la Iglesia, la unidad de sus miembros, la conversión y evangelización de los no cristianos, los gobernantes de las naciones y todos los que sufren. Este acto ha resaltado la universalidad del sacrificio de Jesús y su relevancia para todos los ámbitos de la vida.

Uno de los momentos más destacados ha sido la adoración de la Cruz, llevada a cabo por miembros de la Hermandad de los Judíos de la parroquia de Ntra. Sra. de La Merced. La sagrada imagen del Cristo de Jerusalén y Buen Viaje ha sido portada en hombros al canto del diácono, invitando a los presentes a venerar el símbolo del triunfo de Jesús.

Los fieles han mostrado su devoción acercándose al presbiterio para adorar la Cruz. El altar, despojado de ornamentos en señal de luto por la muerte de Cristo, se ha preparado sencillamente con un mantel blanco para la comunión, trasladando el Santísimo desde el monumento donde se había reservado tras el oficio del Jueves Santo.

Homilía íntegra de Monseñor Santiago Gómez Sierra en la celebración del Viernes Santo en la Pasión del Señor

La celebración de esta tarde nos invita a poner toda nuestra atención en la Cruz del Señor. Hemos escuchado el relato de la Pasión y después haremos la adoración de la Santa Cruz. La liturgia del Viernes Santo nos lleva “al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron” (Jn 19 17 s.).

¿Quién nos encontramos al pie de la Cruz? Responde el Evangelio “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María, la Magdalena” (Jn 19, 25). La presencia de María, su madre, no necesita muchas explicaciones. Era “su madre” y esto lo dice todo; las madres no abandonan a su hijo, aunque sea despreciado por todos, incluso condenado a muerte.
También las otras, que llamamos “las piadosas mujeres”, son mucho más que “piadosas mujeres”: son además mujeres valientes. Desafiaron el peligro que implicaba mostrarse en aquella hora abiertamente a favor de un condenado a muerte. A ellas se les puede aplicar las palabras que Jesús había dicho: “¡Bienaventurado el que no se escandalice de mí!” (Lc 7, 23). Estas mujeres son las únicas que en la hora de la Pasión no se escandalizaron de Él.

Esta conducta que muestran las mujeres sobresale de un modo extraordinario cuando se la compara con la ignominiosa historia de miedo, huida, y negación que protagonizaron los Apóstoles. Ellas fueron las últimas en abandonar a Jesús muerto, e incluso después de la muerte acudían a llevar aromas a su sepulcro (cf. Mc 16, 1).

¿Cuál es el motivo de este hecho? ¿Por qué las mujeres resistieron al escándalo de la cruz? ¿Por qué permanecieron cerca de Jesús cuando todo parecía acabado e incluso sus discípulos más íntimos lo habían abandonado?

La respuesta la dio anticipadamente Jesús cuando, saliendo al paso del escándalo de Simón, el fariseo que le había invitado a su casa, dijo acerca de la mujer pecadora que le estaba lavando y besando los pies: “porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco” (Lc 7, 47). Sí, esta es la razón para resistir al pie de la cruz: porque han amado mucho. Las mujeres habían seguido a Jesús por él mismo, por gratitud del bien recibido de él, no por la esperanza de hacer carrera siguiéndolo a él.
Ellas no preguntaron a Jesús como Pedro: “Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?” (Mt 19, 27). Ellas tampoco han pedido como los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan: “Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda” (Mc 10, 37). Por el contrario, las mujeres, cuando Jesús “iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce… (ellas) les servían con sus bienes” (Lc 8, 1-3). Las mujeres lo seguían “para servirle”. Además de María, su Madre, eran las únicas que habían asimilado el espíritu del Evangelio, entendieron antes que los Apóstoles que todo se encerraba en Amar y Servir.

Así, la presencia de estas mujeres junto al Crucificado contiene una enseñanza vital para nosotros en este Viernes Santo. La podemos expresar como lo hace san Pablo: “Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles…Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; y si tuviera fe como para mover montañas…Y si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; y si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, (no sería nada) de nada me serviría” (1 Cor 13, 1-3).

La gran crisis de fe en nuestro mundo consiste en que sabemos mucho y amamos poco. Por desgracia, nuestro extraordinario progreso de los conocimientos científico y técnicos no van acompañados del desarrollo de nuestra capacidad de amor. Hoy, el amor sacrificado, hecho servicio desinteresado, y éste es el único verdadero, cuenta poco; aunque sabemos muy bien que la felicidad o la infelicidad no dependen tanto de saber más, tener más o disfrutar más, sino de amar o no amar, de ser amado o no ser amado. El motivo es muy sencillo: hemos sido creados a imagen de Dios y Dios es amor.

Mientras Jesús pendía de la cruz, las miradas de las “piadosas mujeres” fueron las únicas que se posaron con amor y compasión en él. Debemos admirarlas y, también, imitarlas. San León Magno dice que “la pasión de Cristo se prolonga hasta el final de los siglos” (Sermón 70, 5: PL 54, 383) y Pascal ha escribió que “Cristo estará en agonía hasta el fin del mundo” (Pensamientos, n. 553 Br). La Pasión se prolonga en los miembros del cuerpo de Cristo. Imitemos a las “piadosas mujeres”, permaneciendo al lado de los ancianos, de los enfermos, de los pobres, de los que sufren, de los encarcelados, de los rechazados de cualquier tipo. Cristo nos repite hoy: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40).

A la primera de las “piadosas mujeres” y su incomparable modelo, la Madre de Jesús, pidámosle que interceda por nosotros.

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VÍDEO | Monseñor Saiz ante el Viernes Santo: “Adoremos la cruz”

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VÍDEO | Monseñor Saiz ante el Viernes Santo: “Adoremos la cruz”

Al igual que hiciera ayer, Jueves Santo, monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla, ha compartido hoy un nuevo vídeo en sus redes sociales en el que reflexiona sobre lo que hoy, Viernes Santo, vivimos los cristianos.

Hoy, dice, “ponemos el acento en la Pasión y en la Muerte del Señor y nos centramos en su sacrificio redentor por toda la humanidad”. Esta entrega entrega voluntaria del Señor “por amor a la humanidad es un memorial de la misericordia divina y la redención”, explica el arzobispo hispalense.

Por este motivo, añade “hoy adoraremos la Cruz, con solemnidad, con devoción y respeto. La cruz, símbolo del sacrificio de Jesús, nos es presentada para que podamos venerarla y meditar sobre su significado. Que sea un momento de humildad y gratitud”.

Puede ver el vídeo completo a continuación:

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Decreto de dispensa de ayuno y abstinencia en el Viernes Santo a los fieles que participen devotamente en las procesiones de Semana Santa

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Prot 01/14/24

Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a
los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin
techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos (Is 58, 6-7)

En uso de mi jurisdicción ordinaria y de las facultades de las que
dispongo, por el presente Decreto,

DISPENSO
a los fieles de la Diócesis de Asidonia-Jerez que devotamente participen
en las Procesiones de Semana Santa, del ayuno y abstinencia prescritos para
el Viernes Santo de esta Semana Santa de 2024.

Para poder disfrutar de dicha dispensa los fieles guardarán la debida
austeridad y moderación, y deberán realizar una obra de caridad en favor de
los más pobres y necesitados.

Para que así conste, lo firmo y sello en Jerez de la Frontera, a 28 de marzo
de 2024.

+José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

Luis Salado de la Riva, pbro.

Secretario General-Canciller

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Los cristianos de Tierra Santa nos necesitan

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Los cristianos de Tierra Santa nos necesitan

El Viernes Santo la Iglesia Universal se une para rememorar la Pasión de Jesús. Este mismo día es tradición celebrar la Colecta por los Santos Lugares, con la que se recuerda especialmente a los cristianos de la tierra de Jesús. Al respecto, Gabriel Sánchez, delegado diocesano de Ecumenismo, Relaciones Interconfesionales y Relaciones Católicas Orientales, anima a que “seamos generosos, porque esta colecta implica la ayuda a los hermanos cristianos de Tierra Santa, más aún en este tiempo de guerra, en la que las peregrinaciones han decaído de manera tan importante”. En el siguiente artículo, Gabriel Sánchez da a conocer el origen e historia de esta solicitud de ayuda.

La Colecta para la Tierra Santa, conocida también como “Collecta pro Locis Sanctis”, nace de la voluntad de los Papas por mantener fuerte el vínculo entre los cristianos del mundo y los Santos Lugares. La colecta es la fuente principal de ingresos para el sostenimiento de la vida que se desarrolla alrededor de los Santos Lugares. Así, la Custodia de los franciscanos, por medio de esta colecta, es capaz de mantener y llevar a cabo la importante misión a la que está llamada: custodiar los Lugares Santos, las piedras vivas de la memoria, y mantener la presencia cristiana, las piedras vivas de Tierra Santa, a través de las distintas obras de solidaridad.

Durante siglos, los Papas no solo han renovado a los franciscanos su confianza, confirmándolos en el encargo de legítimos custodios de los Santos Lugares que les había sido confiado por la Santa Sede en 1342, sino que también los han apoyado en todos los aspectos de su vida, tanto a nivel religioso, como económico, social y político.

En este sentido, destaca la Exhortación Apostólica Nobis in animo (Las necesidades de la Iglesia en Tierra Santa), del papa Pablo VI, quien dio un impulso decisivo en favor de Tierra Santa. El Santo Padre insiste en la necesidad de una mayor colaboración del mundo cristiano, ya que, especialmente a partir de la mitad del siglo XIX, han aumentado las “actividades sociales, caritativas, culturales y benéficas” en Tierra Santa y los cristianos locales no tienen medios. Pablo VI, después de señalar que en la antigüedad “los Hermanos Menores se dirigieron directamente a los grandes y a los humildes para recoger limosnas y los religiosos destinados a esta obra tuvieron el título oficial de procuradores o de comisarios de Tierra Santa”, recuerda que en los tiempos modernos las necesidades han aumentado.

En este contexto, el Obispo de Roma dispone que en todas las iglesias se haga una colecta el Viernes Santo o en otro día, que debe servir “para el mantenimiento no solo de los Santos Lugares, sino ante todo para las obras pastorales, asistenciales, educativas y sociales que la Iglesia sostiene en Tierra Santa en beneficio de sus hermanos cristianos y de las poblaciones locales”.

En los últimos decenios ha sido la Congregación para la Iglesias Orientales quien se ha interesado, en nombre de la Santa Sede, en poner de manifiesto las necesidades de Tierra Santa, asegurando que “la Custodia de Tierra Santa y la jerarquía local, en el respeto de sus competencias, puedan continuar sus obras, consolidarlas y desarrollarlas aún más”.

En esta línea, en estos últimos años el 80 % de la colecta que reciben los franciscanos ha sido destinada a las obras pastorales y sociales, y solo el 20 % a los santuarios. Hay que recordar también que la Custodia recibe solamente el 65 % de la colecta, mientras que el 35 % restante está destinado a otras instituciones que trabajan en Tierra Santa. Asimismo, las actividades del Patriarcado Latino están sostenidas por los Caballeros del Santo Sepulcro y por otras instituciones.

 

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Oficios del Viernes Santo, silencio y adoración de la cruz

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Oficios del Viernes Santo, silencio y adoración de la cruz

Luis Rueda, delegado diocesano y prefecto de Liturgia de la Catedral de Sevilla, explica en este vídeo los detalles de la celebración de los oficios del Viernes Santo.

Es una celebración sin Eucaristía -liturgia de la Palabra sobre la muerte del Señor- y caracterizada por la adoración de la cruz.

La Catedral de Sevilla acogerá esta celebración, hoy viernes a las cinco de la tarde, presidida por el arzobispo, monseñor Saiz Meneses.

 

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Oficios del Viernes Santo, adoración de la cruz

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Oficios del Viernes Santo, adoración de la cruz

Luis Rueda, delegado diocesano y prefecto de Liturgia de la Catedral de Sevilla, explica los detalles de la celebración de los oficios del Viernes Santo.

La Catedral de Sevilla acogerá esta celebración, hoy jueves a las cinco de la tarde, presididas por el arzobispo, monseñor Saiz Meneses.

 

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Evangelio del Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor en Lengua de Signos Española

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Evangelio del Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor en Lengua de Signos Española

Evangelio del Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor en Lengua de Signos Española (Juan 20, 1-9).

Signado por el director del Departamento de Pastoral del Sordo de la Archidiócesis de Sevilla, el sacerdote Gumersindo Melo.

Produce la Archidiócesis de Sevilla.

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Homilía en el Viernes Santo

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29 de marzo de 2024. Catedral de Sevilla

  1. Queridos hermanos y hermanas presentes en esta celebración: Arzobispos, Deán y Cabildo catedral, dignísimas autoridades, presbíteros y diáconos, miembros de la vida consagrada y del laicado; queridos todos en el Señor.
  2. Hoy contemplamos la pasión y muerte de Jesús en la cruz. Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, tal como proclama el texto del profeta Isaías que hemos escuchado: “fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron” (Is 53, 5). Su muerte en cruz es un misterio de amor. El Hijo se entrega hasta la muerte por amor al Padre, -“se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz” (Flp 2,8)- y por la redención de todos, y el Padre entrega al Hijo por amor a los hombres. Contemplamos en la pasión y muerte de Jesús este amor hasta el extremo.
  3. Fijémonos en la última palabra de Jesús del relato de la pasión que hemos escuchado: “Está cumplido” (Jn 19, 30). ¿Qué significa esta expresión? Significa que todo ha llegado a su término, a su total cumplimiento. La misión que el Padre le confió ha sido llevada a término: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1); “siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna (Heb 5, 8-9). Se ha llevado a cabo la prueba suprema de su amor, un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que nuestras fragilidades y pecados. No se trata de la muerte de alguien que ha caído en manos de sus enemigos; al contrario, “este extremo cumplimiento del amor, se cumple ahora, en el momento de la muerte. Él ha ido realmente hasta el final, hasta el límite y más allá del límite. Él ha realizado la totalidad del amor, se ha dado a sí mismo” (Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret, p. 260). Se han cumplido plenamente las Escrituras.
  4. “Está cumplido”. En esta palabra de Jesús podemos percibir también como una especie de sensación de victoria, porque ha llevado a cabo el encargo recibido del Padre. Con el amor del Padre ha podido recorrer el camino desde Getsemaní, momento en el que pidió: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú” (Mt 26,39), hasta dar la vida en la cruz. Ha cumplido la misión que el Padre le había confiado, que en la hora culminante ha consumado. Jesús ha vivido su misión en la tierra en el dinamismo del amor del Padre y en la culminación de la historia de la salvación. Si el misterio de la Eucaristía que contemplábamos ayer nos sobrepasa absolutamente, del mismo modo nos supera este misterio del amor de Dios que se expresa en el dolor y la muerte de Jesús en cruz.
  5. La culminación de la obra realizada por Jesús no es solo la victoria de una persona extraordinaria que resistió todas las pruebas y torturas sin flaquear ni desdecirse de lo que había enseñado. La plenitud de su obra de salvación nos incluye a todos, nos incorpora a todos, porque tiene un valor infinito por el hecho que Jesús no es simplemente una persona excepcional, un hombre extraordinario; es el Hijo de Dios hecho hombre, y su muerte redentora tiene un valor infinito. En la muerte de Jesús admiramos su firmeza inquebrantable, y sobre todo que su costado traspasado por la lanza del soldado se ha convertido en fuente de salvación, de vida y esperanza.
  6. En este Viernes Santo, vamos a adorar la cruz una vez más. Hagámoslo con todo el amor, con todo el fervor, con todo el agradecimiento de que seamos capaces. El Hijo de Dios se hizo vulnerable, tomando la condición de siervo, y, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de Cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el “Nombre sobre todo nombre” (cf. Flp 2,2 8-9). Por su cruz hemos sido salvados. El instrumento de suplicio que mostró aquel Viernes Santo el juicio de Dios sobre el mundo, se ha transformado en fuente de vida, de perdón, de misericordia, en signo de reconciliación y de paz. Fijemos la mirada en Cristo crucificado. Al levantar los ojos hacia el Crucificado, adoramos a Aquel que vino para quitar el pecado del mundo y darnos la vida eterna.
  7. “Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”. La Iglesia nos invita a adorar la cruz gloriosa y a llevarla con firmeza, sin miedo, sin complejos, para que el mundo vea hasta dónde ha llegado el amor del Crucificado por nosotros, por todos los hombres. Nos invita a dar gracias a Dios porque de un árbol que portaba la muerte, ha surgido de nuevo la vida. “Venid a adorarlo”, porque en medio de nosotros se encuentra Aquel que nos ha amado hasta dar su vida por nuestra salvación, derramando hasta la última gota de su sangre. Acerquémonos con confianza y entreguémosle nuestro corazón.
  8. María santísima se mantuvo firme al pie de la cruz; participó en el misterio desconcertante de la humillación de Jesús, de su despojamiento total; participó en la muerte del Hijo que tanto quería, en su muerte redentora. Ella es maestra de fidelidad y fortaleza; ella nos enseña y nos acompaña tanto en los gozos como en las pruebas de la vida. Madre querida, enséñanos a mantenernos firmes en nuestra peregrinación de fe, enséñanos a creer, a esperar y a amar como tu; llévanos de la mano en el camino que nos conduce a tu Hijo Jesús, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

UN AMOR CRUCIFICADO, por Seve Lázaro SJ

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Que desconcertante resulta encontrar en nuestro tiempo de “caos del amor”, uno que nunca se desmiente, sino que, por lo que siente hacia nosotros, está dispuesto a ir hasta el final. Tenemos tan introyectado en nuestro inconsciente cultural el esquema de culpa y castigo que no podemos imaginar que haya alguien tan humano o tan divino que se acerque a nosotros de forma distinta a ese juego tan antiguo y tan actual del “ojo por ojo y diente por diente”. Quién no recuerda de pequeño cuando nos castigaban mandándonos a la cama sin cenar por algo malo que hubiéramos hecho. Y lo considerábamos normal. Estamos tan acostumbrados a esta visión de las cosas que vemos del todo razonable que se multe, que se sancione, que se juzgue, que se prive de libertad e incluso, que se utilice la represión y la violencia que sean necesarias para corregirnos y salvaguardar así el modo y orden de nuestro vivir.

Y, sin embargo, esta es la paradoja del viernes santo: aquel al que se nos invita a mirar en este día, el crucificado, de su boca no sale ninguna palabra de reproche hacia nosotros por nada que hayamos hecho. Él está dispuesto a soportarlo todo, a dejarse atravesar por todas nuestras violencias, hasta disolverlas todas en ese amor que no se desdice, en ese amor crucificado.

Qué bien lo expresa San Pablo, verdaderamente, en Jesús <<Dios está a favor nuestro>>. Y lo está de tal manera que llega incluso a batirse en duelo con todas las dificultades, angustias, persecuciones, espadas, que quieran hacernos daño, incluso con la muerte (Rm 8,31-38).

Pero aún más gráfica me parece todavía la imagen del salmo 103,11 cuando afirma:  “como se levanta el cielo sobre la tierra, así se levanta su bondad sobre sus fieles”. Siempre que lo rezo me viene la imagen de este día: una bondad infinita, la de Dios en la persona de Jesús en cruz, levantándose para siempre sobre nosotros, a modo de toldo o de velo, para cubrirnos y protegernos de toda clase de maldad y de violencia con que la vida o cualquiera pudiera agredirnos.

Quizás el aprendizaje del viernes santo consiste en algo tan sencillo como no olvidar ninguno de los días de nuestra vida salir de casa con ese paraguas o protector. En un lugar como Almería, llevar a diario, en el bolso o mochila, un paraguas para la lluvia sería de locos, me diréis. Pero si de lo que hablamos es del grado de crispación que llueve sobre nuestra convivencia, entonces, tendremos que reconocer, que esta lluvia tóxica también es frecuente en nuestra provincia, ciudad, pueblos, barrios, familias, y hasta en nuestras comunidades y hermandades cristianas.

Pues bien, la cruz no es otra cosa que ese paraguas en el cual puedo encontrar protección y cobijo no solo de todas las violencias e injusticias que cada día pueden sobrevenirme, sino también de aquellas que yo puedo arrojar sobre otros. Unas y otras siempre amortiguarán y podrán sufrir un proceso de transformación en el paraguas o velo bajo el que la cruz nos cubre.

Quizás con esta imagen entendemos mejor porque nuestra fe cristiana sostiene para todo el que quiera entender, que solo en la cruz, solo en aprender a vivir como ese amor crucificado, se encuentra el signo de victoria, sobre todas nuestras violencias, que al final acabará reinando.

¡Feliz viernes santo!

Seve Lázaro, SJ

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