Por primera vez un Papa visitará tierra canaria y, aunque Robert Prevost ya ha estado en Tenerife, es la primera vez que lo hace como sucesor del apóstol Pedro. Esto es lo que más llena de alegría a toda la diócesis nivariense, que el próximo 12 de junio recibirá al Santo Padre y celebrará junto a él la Eucaristía.
León XIV concluye su visita a España con una celebración que tendrá lugar en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, justo al mediodía. Para esta experiencia de iglesia son muchos los que están trabajando desde el anonimato. Junto al obispo, Eloy Santiago, sacerdotes, religiosas y, sobre todo laicos, han estado detrás de la preparación de la visita del Santo Padre a la diócesis.
Los elementos del altar, la música, las imágenes religiosas nos hablarán de la idiosincrasia de un pueblo que vive la fe con entusiasmo. Pero son los miles de fieles que estarán presentes este día quienes manifestarán el testimonio cristiano que se evidencia cada día en esta diócesis cuatro veces insular.
Junto al voluntariado, tendrán una labor importante en esta celebración un número más reducido de mujeres y hombres cuyo servicio será distribuir la comunión entre los presentes. Así, para Ana Delia Febles , quien ha colaborado en la coordinación de estos cerca de 300 ministros extraordinarios de la Comunión, ha sido un momento de apelar a la «generosidad de todas estas personas». «Me ha conmovido tanta disponibilidad para este servicio». Sobre todo, percibe humildad y agradecimiento ante esta invitación que se ha hecho a miembros de diferentes parroquias, movimientos laicales y comunidades de consagradas.
Rubén García Dorta, laico de la Parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria en el barrio de La Vera, estará al frente de una de las catorce carpas donde se reservará la Sagrada Comunión desde horas antes de iniciar la celebración. Nos cuenta de la emoción que siente, pues será el encargado de dar la comunión y de guiar a un subgrupo de ministros extraordinarios. Estos, acompañados de voluntarios que portarán un paraguas, tras el momento del Padre Nuestro se irán colocando en los sitios ya habilitados para la distribución de la comunión.
El resto de las carpas estarán bajo la custodia y coordinación de otros laicos y de miembros de la Vida Consagrada. Destacan, al menos, siete hermanas del instituto religioso de Marta y María. Junto a ellas hay alrededor de otras cuarenta religiosas quienes, desde un inicio, según Febles, han mostrado total disponibilidad para prestar este servicio. A estos laicos y consagradas se les ha insistido del carácter extraordinario de la celebración. Además, se les ha ofrecido una formación especial que tuvo lugar en el Seminario Diocesano en días pasados. El servicio que les corresponde, demanda no solo tener presente cuestiones logísticas sino que, sobre todo, implica una preparación espiritual. Son ellos quienes, en definitiva, serán portadores del bien más grande que puede ofrecer la Iglesia a este mundo, Cristo mismo.
No solo este servicio, la visita en general muestra «un momento de gracia para la diócesis, un kairós sinodal», sostiene Ana Delia. «Cuando ponemos nuestros dones en servicio y somos capaces de trabajar en equipo, brilla la luz de cada uno a través de la de todos, porque todos somos Iglesia»- finalizó
«Ministros extraordinarios de la Comunión» en la Misa con el Papa
Cierre de inscripciones y comienzo del envío de entradas
Este domingo se cerrarán las inscripciones para los actos que presidirá el Papa León tanto en la dársena del Puerto de Santa Cruz, como en la Plaza del Cristo, en La Laguna. De modo que el lunes podrá comenzarse, progresivamente, el proceso de enviar a los responsables de los grupos y a las personas inscritas individualmente las entradas con los QR para poder acceder a los respectivos recintos.
Precisamente este fin de semana prosiguen los voluntarios, en el centro de planificación ubicado en la Casa Mesa, ultimando la distribución de los grupos y demás participantes en la Misa del Papa para que puedan recibir su QR a lo largo de la próxima semana y, por otro lado, en la sala de acreditaciones ha comenzado aceleradamente la impresión para aquellos que van a necesitar este tipo de documento. De este modo, todas las personas han de llevar su entrada y su DNI por si fuera requerido para poder entrar en los recintos.
La organización y las instituciones públicas han difundido amplia información sobre las cuestiones de movilidad y las recomendaciones para poder vivir estos acontecimientos históricos. Es preciso tenerlas en cuenta a la hora de programar la participación tanto en la Misa de Santa Cruz como en el acto de La Laguna.
El comité local de la visita quiere agradecer la comprensión que se ha tenido a lo largo de este tiempo y el servicio que han prestado y prestan un grupo de personas voluntarias y del propio comité para que este proceso llegue a buen puerto.
El obispo Santiago recibe la «primera acreditación» para participar en todos los actos de la visita del Papa a la diócesis
Este sábado, el obispo Santiago recibió la primera de las acreditaciones, la cual le acredita para participar en todos los actos del viaje apostólico de León XIV a la diócesis. El obispo formará parte del séquito papal durante todo ese día doce. Recibirá al sucesor de Pedro en el aeropuerto de los los Rodeos a pie de avión y lo acompañará en todos sus desplazamientos y actos durante la intensa y emotiva jornada de su estancia en Tenerife.
Por otro lado, esta esperada cita se viene preparando gracias a la dedicación de muchas personas, grupos e instituciones. Concretamente cuenta con dos pulmones principales: la sede del Obispado y la Casa Mesa. En el Obispado trabaja el obispo, además está la oficina de la visita y se encuentra la coordinación general y los responsables de los actos principales.
En La Laguna también se ubica la Casa Mesa, auténtica sala de máquinas de todo el dispositivo de preparación. En ella no sólo está la oficina de información, sino las salas habituales de formación del voluntariado, el centro de planificación donde se ultima la distribución de los grupos y demás participantes en la Misa del Papa para que puedan recibir su QR a lo largo de la próxima semana y la sala de acreditaciones donde ha comenzado aceleradamente la impresión de aquellos que van a necesitar este tipo de documento.
El Hierro hace memoria de los migrantes que llegaron a sus costas y reza por los fallecidos al intentarlo
Bajo el lema _“El Hierro alza la mirada”_ la comunidad de El Hierro y, más en concreto, La Restinga vivió un momento profundo de fe y unidad como preparación a la inminente visita del Papa y recordando a los migrantes que llegaron a sus costas.
En la parroquia de la Restinga se celebró la Eucaristía presidida por Mons. Eloy Santiago, acompañado por el Cardenal Baltazar Porras y los sacerdotes de servicio en El Hierro. Allí se encontraban representantes de los distintos núcleos poblacionales de la isla del meridiano.
Posteriormente, entre cantos y silencio, los participantes alzaron juntos la mirada al Señor y caminaron en procesión con antorchas hasta el muelle.
Allí, el obispo Santiago elevó una oración por la isla y por todos los que han llegado a ella como migrantes estos años. Además, como signo de memoria y esperanza, depositó flores en en el mar para recordar a quienes han perdido la vida en en el mismo tratando de llegar a Europa.
Una noche sencilla, pero llena de fuerza. El Hierro oró, caminó y recordó
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Bienvenido, Santo Padre!
¡El Papa ya está en España! El avión que traslada al Santo Padre ha aterrizado en el aeropuerto de Barajas a las 10:13 de la mañana, unos quince minutos antes de lo previsto. Durante el viaje, le ha acompañado frente a su asiento una imagen de la Virgen del Buen Consejo, advocación agustiniana a la que tiene gran devoción. Le esperan siete días en los que visitará Madrid, Barcelona y las Islas Canarias.
León XIV ha sido recibido por el Nuncio, Piero Pioppo, Sus Majestades los Reyes, Felipe VI y Letizia y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. También han estado presentes la presidente de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida; el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello y el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo.
A su llegada al aeropuerto, el Papa León XIV fue recibido no sólo por las autoridades civiles y eclesiásticas, sino también por un pequeño grupo de niños con distintas discapacidades y sus familias. En un gesto cargado de simbolismo y afecto, los menores entregaron al Santo Padre un bastón amarillo, emblema de las personas con discapacidad visual, así como una imagen de la Virgen, como muestra de bienvenida y cercanía.
conelpapa
Fotos: J.J. Guillén (Efe)
Día de la Caridad 2026: alzar la mirada para encontrarse con la paz de Cristo
La Iglesia celebra el Día de la Caridad 2026 el próximo domingo 7 de junio. Como es costumbre, la celebración coincide con la Solemnidad del Corpus Christi y la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social publica el mensaje de los obispos miembros de esta Subcomisión,
con el título ‘Alzar la mirada para encontrarse con la paz de Cristo’. Como indica, la jornada de este año está marcada por la presencia del Papa León XIV en España con motivo de su visita apostólica.
Alzar la mirada para encontrarse con la paz de Cristo
Un acontecimiento histórico, para alzar la mirada
La festividad del Corpus Christi está marcada este año por la visita del papa León XIV a nuestro país. El Santo Padre ha querido que uno de los actos centrales de su estancia sea la celebración de la Eucaristía y la posterior procesión del Corpus por las calles de Madrid. El Papa nos anima, durante estos días, a alzar la mirada.
Esta mirada a lo alto solo es posible en Cristo resucitado. Él es quien abre las puertas y ventanas de la casa donde estaban los discípulos encerrados por miedo, para salir al mundo con una mirada renovada. «Paz a vosotros» fueron las primeras palabras del resucitado, al igual que han sido las primeras con las que el papa León saludaba a la humanidad entera en el comienzo de su pontificado.
Hace más de 20 años, San Juan Pablo II, con la carta apostólica Mane nobiscum Domine presentó al mundo «la Eucaristía como una gran escuela de paz»1. La celebración del Corpus es una invitación para el mundo entero a profundizar en esta escuela.
Mirar desde las víctimas
Si hablamos de una escuela de paz hemos de reconocer que estamos aún en los cursos más elementales, que no hemos sido alumnos muy aplicados, que la humanidad parece haber dado la espalda a la paz. Las numerosas guerras en diversas partes del mundo son una clara muestra, guerras que ocupan las portadas de los medios de comunicación, pero también aquellas guerras olvidadas de las que nadie habla, como si no existieran.
Es en esos lugares, donde se sufre la violencia, donde la fraternidad se ha resquebrajado, donde la pobreza es una carga insoportable…, es en los lugares más olvidados y heridos de la humanidad «donde Cristo sigue sufriendo y resucitando. Es en ellos donde la Iglesia redescubre la llamada a mostrar su realidad más auténtica»2. «En los pobres Él sigue teniendo algo que decirnos»3, porque aquí es donde se aprende la gran lección de esta escuela de paz: «la santidad cristiana»4.
Poner la mirada en Cristo
Estamos llamados a mirar a Cristo desde esta escuela de la santidad que son las víctimas de este sistema injusto. Al igual que el grano triturado forma el pan que se transformará en el cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía, así la vida quebrada de tantas personas víctimas de violencia nos facilita poner la mirada en el Dios que reconocemos en los pobres y sufrientes5. En la celebración del Corpus, el papa León invita a toda la Iglesia a dirigir la mirada continuamente al Señor, presente en el Sacramento del Altar y en el cual se descubre la plena manifestación de amor.
Al alzar nuestra mirada a Cristo Eucaristía descubrimos que se cumple su promesa: «sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos»6. Esta mirada da lugar a un encuentro transformador con Cristo de corazón a corazón, un movimiento «del corazón de Dios al corazón del hombre y, a la inversa, del corazón del hombre al corazón de Dios; un intercambio incesante que afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva»7.
El encuentro con Cristo transforma la vida, «para que toda ella llegue a ser en cierto modo “eucarística”» 8. Transformar la existencia personal y comprometernos con la transformación del mundo según el Evangelio. Es necesario ver la luz del Señor y creer en Él para no hundirse en la oscuridad. Esta luz se abre paso en el corazón de cada ser humano a pesar de las resistencias, guerras y egoísmos. «La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. Como dijo el papa León XIV en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año, «la paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”».
Dejarse iluminar por quien camina entre nosotros
Durante la procesión del Corpus se manifiesta el caminar de Dios en medio de su pueblo. Como un faro luminoso que ilumina nuestra vida social y personal, Cristo va calando en nuestras vidas. En la medida que reine entre nosotros, «la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz y de dignidad para todos»9. De este modo, la experiencia cristiana provoca consecuencias sociales.
En la escuela de la Eucaristía, el cristiano aprende a ser promotor de comunión, de paz y de solidaridad en todas las circunstancias de la vida. Aprende a vivir el discipulado en Cristo, que ilumina un nuevo nacimiento10 capaz de regenerar la fraternidad como base de la vida social. La presencia de Cristo entre nosotros nos ilumina para reconocer las estructuras de injusticia que deben ser destruidas con la fuerza del bien, mediante un cambio de mentalidad, pero también con políticas que buscan el bien común y que promueva una solidaridad capaz de transitar caminos «hacia la paz y hacia el desarrollo»11.
Tal y como nos recordaba el papa León XIV, queremos «invitar a cada uno, según su puesto y responsabilidades, a realizar gestos de fraternidad con los que se encuentran en un estado de sometimiento»12. Gestos que hagan presente el Reino de Dios, como anunció Jesús en la sinagoga de Nazaret13:
- Vivir en relación con los demás, salir del aislamiento y hacer que la comunidad sea espacio para tejer relaciones fraternales y amistosas.
- Realizar signos de entrega y servicio verdadero. El amor no es un sentimiento, el amor o es real o es una fantasía novelada. Decir que uno se hace pan significa que trabaja por saciar el hambre en todos los aspectos y dimensiones.
- Abrir espacios nuevos acogedores y hospitalarios, en los que podamos activar la caridad para servir y atender mejor, para cuidarnos mutuamente, para celebrar y dar gracias por la vida.
Un deseo desde el corazón
Nuestro deseo, desde lo más hondo del corazón, es que la celebración del Corpus sea un encuentro con Cristo que camina en medio de nosotros, que nos pide alzar la mirada desde nuestras heridas, que nos urge a dejarnos iluminar y transformar por Él, y que nos exige demostrar todo eso siendo agentes convencidos de transformación y cambio de las estructuras injustas de este mundo. El papa León XIV lo dice con mucha claridad: «En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos»14.
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1 JUAN PABLO II, Carta apostólica Mane nobiscum Domine, 27.
2 LEÓN XIV, Exhortación Apostólica Dilexi te, 76
3 Ibid, 5.
4 Ibid, 76.
5 Cf. FRANCISCO, Exhortación apostólica Gaudete et exsultate, 96.
6 Mt 28, 20.
7 COMISIÓN EPISCOPAL PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Cor ad cor loquitur, 1.
8 JUAN PABLO II, Encíclica Ecclesia de Eucharistia, 20.
9 FRANCISCO, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 180.
10 Cf. 2 Co 5,17; 1 Pe 1,3.
11 JUAN PABLO II, Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, 39.
12 LEÓN XIV, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026, 6
13 Lc 4, 16-20.
14 LEÓN XIV, Exhortación Apostólica Dilexi te, 97.
Jesús Eucaristía sale al encuentro de su pueblo en las calles de Málaga
La solemnidad del Corpus Christi reunió a los malagueños en torno a Jesús Sacramentado.
El Corpus Christi en Málaga reunió, el domingo 7 de junio, a un gran número de fieles que participaron en la celebración eucarística, por la mañana, y en la procesión del Santísimo Sacramento por la tarde por las calles del centro histórico de la ciudad. Trece altares eucarísticos, una marcha estrenada para la ocasión, “Malagueña Nuestra Señora de los Reyes” y una gran afluencia de fieles marcaron la procesión más importante de la ciudad, en la que el mismo Jesús Sacramentado recorre las calles bendiciendo con su presencia real en la Eucaristía a su pueblo.
En la víspera de la solemnidad, el sábado 6 de junio, el Patio de los Naranjos fue escenario del concierto eucarístico de la Banda de Música Municipal, en el que se estrenó la marcha dedicada a la patrona del Cabildo, donación del compositor Antonio Jesús Gutiérrez Martínez para el archivo y patrimonio musical de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Málaga, y una de las novedades de este año en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.
La celebración de la Eucaristía solemne dio comienzo a las 11.30 horas, presidida por el deán de la Catedral, José Ferrary, y concelebrada por numerosos miembros del Cabildo catedralicio, acompañados musicalmente por el coro de la Catedral y uno de los órganos catedralicios, en las manos de Antonio del Pino.
La procesión, que se ha simplificado visualmente en su cortejo con los cirios blancos, estaba compuesta por los niños de primera comunión, las hermandades de pasión y de gloria, las corporaciones sacramentales, las congregaciones religiosas, los seminaristas, diáconos, sacerdotes y canónigos, cerrando el cortejo el Santísimo Sacramento antecedido del vicario general, Antonio Coronado, y dos diáconos permanentes. En un primer tramo, procesionó la Virgen de los Reyes, portada por la Asociación de Hombres de Trono Daffari.
La carroza que portaba la custodia con el Santísimo, adornada con flores blancas, helechos, hojas de parra y racimos de uva, recorrió las calles, donde se congregaron un gran número de malagueños, y al son de cantos eucarísticos y oraciones, visitó los trece altares eucarísticos levantados por hermandades, grupos parroquiales y entidades cofrades de la ciudad, como la Agrupación de Hermandades de Gloria, la de Cofradías de Semana Santa de Málaga, la Hermandad del Rosario, la Hermandad de la Sagrada Cena, la Cofradía del Descendimiento, la Hermandad de los Dolores del Puerto de la Torre, la Hermandad del Carmen de Pedregalejo y distintos grupos jóvenes y parroquiales.
Al llegar a la plaza del Obispo, el Santísimo fue bajado de la carroza y portado, en procesión, por el vicario general, quien lo expuso en el altar para terminar la adoración en el templo.
La organización de la solemnidad ha estado este año a cargo de una comisión creada de manera específica e integrada por representantes de las Agrupaciones de Gloria y de Pasión, la Delegación de Apostolado Seglar, la Adoración Nocturna, miembros laicos y representantes del Cabildo Catedralicio.
Ana María Medina
Málaga, muy presente en los actos del Papa de este domingo
Miles de malagueños han acompañado este domingo al Santo Padre en los actos llevados a cabo en la capital madrileña tanto de forma presencial como a través de los medios de comunicación. Pero la Iglesia de Málaga ha tenido, asimismo, un protagonismo especial en los distintos discursos pronunciados a través de las figuras de la Semana Santa malagueña y del que fuera obispo de la Diócesis, San Manuel González.
Por la mañana, el papa León XIV ha citado a San Manuel González, obispo de Málaga entre 1916 y 1935, en la homilía que ha pronunciado ante 1,2 millones de personas en la plaza de Cibeles: «deseo recordar aquí a san Manuel González, el obispo de los sagrarios abandonados. Su vida nos recuerda que la Eucaristía no puede ser honrada sólo en las grandes celebraciones o de modo ocasional, sino también en la fidelidad silenciosa de quien acompaña al Señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día».
Por la tarde, en el encuentro «Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte», celebrado en el Movistar Arena, el actor malagueño Antonio Banderas ha ofrecido su testimonio al Papa sobre sus primeras preguntas sobre Dios gracias a su vivencia de la Semana Santa de Málaga.
En su discurso sobre el arte y la fe cristiana, el también director y productor se ha dirigido así a León XIV: «Santo Padre, siento una cierta obligación a ofrecer una pequeña reflexión en voz alta sobre mi propia experiencia. Y para ello, he de retroceder en el tiempo a las celebraciones de la Semana Santa en mi querida Málaga, allá por los años sesenta del siglo pasado. Esas manifestaciones populares que toman las calles desarrollando un ritual majestuoso de arte y fe, de cultura y devoción. Y fue ahí, Santo Padre, en ese marco de arte popular anónimo, cuando con tan solo cuatro o cinco años de edad nació en mí una pregunta que solo contenía una palabra: Dios. Poco a poco, fui encontrando respuestas, algunas tan simples como la que reconocí en los ojos de mi madre mientras ésta le clavaba su mirada y su corazón devoto a la Virgen de la Esperanza que pasaba en su trono frente a nosotros en aquellos lejanos años. O a través de la voz que rompía el aire claro de primavera de los cantaores y cantaoras de saetas. O entre la gente humilde y buena de mi ciudad que cada año salían y salen a la calle con su barrio a cuestas, portando sus imágenes que les ayudan a buscarse a sí mismos mientras buscan a Dios. Y lo hacen dejando tras ellos el yo para agarrarse a nosotros. Y del nosotros pasan al ellos, y del ellos al todos, y del todos al mundo, y del mundo al universo, y del universo a Dios».
Altar principal en la plaza de Cibeles
Altar principal en la plaza de Cibeles · //EUROPA PRESS-JESÚS HELLÍN
Antonio Moreno Ruiz
Antonio Moreno
León XIV pone de ejemplo a San Manuel González: «la Eucaristía no puede ser honrada solo en las grandes celebraciones, sino en la amistad que se alimenta día a día»
«Hermanas y hermanos. Deseo recordar aquí a San Manuel González, el obispo de los sagrarios abandonados. Su vida nos recuerda que la Eucaristía no puede ser honrada solo en las grandes celebraciones o de modo ocasional, sino también en la fidelidad silenciosa de quien acompaña al señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día». Así ha citado el papa León a quien fuera obispo de Málaga en la homilía que ha pronunciado ante 1,2 millones de personas en la plaza de Cibeles y cuyo texto reproducimos a continuación.
HOMILÍA DEL SANTO PADRE
Eminencias y Excelencias Reverendísimas,
queridos presbíteros, religiosos, religiosas,
Majestades,
hermanos y hermanas:
Con el corazón colmado de alegría, al inicio de este Viaje a España, presido esta Celebración en el día de la Solemnidad del Corpus Christi.
Estamos reunidos en torno a la Eucaristía, el don de la presencia viva de Cristo en medio de nosotros. Él, que quiso ofrecernos su vida para hacernos entrar en la comunión del Padre y convertirnos en hijos suyos, está aquí, como Pan vivo bajado del cielo, que nos alimenta con la misma vida de Dios, con un amor más fuerte que la muerte.
Esta memoria del Señor presente en el Pan eucarístico está en el corazón de vuestra fe y de la historia de vuestro pueblo. Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios. Las solemnes procesiones de este día han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español y, todavía hoy, expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país también a través de la belleza y la elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias y de los expositores, de los cantos y de los ornamentos. No se trata de una manifestación exterior, de una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético: aquí se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros, que se hace pan para nuestra hambre de vida y visita los rincones de nuestro corazón y de nuestra historia, también los más oscuros.
Así, si en la Celebración eucarística Cristo se entrega como alimento, la procesión dice que Él no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro. Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. Él es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia, consuelo de los débiles, luz para las familias, esperanza para los enfermos, paz para quien sufre. El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados. No es casual que aquí, en España, la Iglesia haya unido durante años la solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad.
No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo.
Por eso, la memoria histórica de las procesiones del Corpus Christi no se deja aprisionar por un recuerdo nostálgico; se convierte, en cambio, en una invitación para el hoy, para nuestra vida personal, para nuestras relaciones, para la sociedad, para la construcción del futuro. En esta perspectiva debe comprenderse la invitación a “recordar” que hemos escuchado en la primera lectura: «Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto»; acuérdate de cómo, cuando tenías hambre, te alimentó con el maná. Se trata de “recordar” precisamente para no olvidar quién es el Señor, para no caer en la tentación de confiar en otros ídolos y alimentarse de un pan que no sacia.
Por tanto, he aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratitud del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común.
Hermanos y hermanas, deseo recordar aquí a san Manuel González, el obispo de los sagrarios abandonados. Su vida nos recuerda que la Eucaristía no puede ser honrada sólo en las grandes celebraciones o de modo ocasional, sino también en la fidelidad silenciosa de quien acompaña al Señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día. Quisiera recordar también los versos poéticos de san Juan de la Cruz: «Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche» (Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe). En la prisión conventual de Toledo, donde estaba encarcelado en condiciones durísimas, precisamente en torno al Corpus Christi de 1578, él reconoce desde la noche de aquella prisión la presencia escondida del Señor, de la que brota una luz que no conoce ocaso y mana una vida que no se agota. Jesús Eucaristía es “aquella eterna fuente que está escondida” fuente que corre y apaga la sed, pero sin deslumbrar, sin imponerse con poder exterior, sin presentarse de modo espectacular (cf. ibíd.).
Volvamos a Él con amor sincero. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría. Bebamos de nuevo de esta fuente eucarística, que no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a regar a los hermanos, a las familias, a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza. La gracia eucarística nos transforma, pero también nos convierte en protagonistas de la transformación de la historia y en signo de esperanza para quienes encontramos.
Que el Señor Jesús presente en la Eucaristía os haga pan partido, entregado y ofrecido, para que una vida plena pueda brotar para vosotros, para vuestras familias y para vuestro país.
León XIV
León XIV a los jóvenes: «¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo con el amor!»
Diálogo del papa León XIV con un grupo de participantes en la vigilia de oración con los jóvenes en la «Plaza de Lima»
(1) Sabemos que San Agustín es muy importante para usted, pero ¿qué otros santos y qué otros referentes le han ayudado en su crecimiento como cristiano?
(2) Querría preguntarle ahora sobre sus años como misionero en Perú. ¿Qué recuerdo o qué experiencia guarda como un tesoro de estos años?
Bueno, en primer lugar: ¡un saludo a todos vosotros! Gracias por estar aquí y gracias por compartir la fe con toda Madrid y con toda España. Para la primera pregunta sobre algunos santos que han sido para mí referentes durante mi crecimiento y mi juventud, pero también como obispo y como Papa… Ya han mencionado a san Agustín —y sabemos todos que san Agustín es una figura muy importante para toda la Iglesia—, pero también he pensado en uno de los Padres de la Iglesia oriental que se llamaba san Juan Crisóstomo, su nombre significa “boca de oro”, un título que este Padre de la Iglesia mereció porque tenía una elocuencia muy hermosa. Antes de su bautismo, que tuvo lugar en el año 368 d.C, él estudiaba filosofía. Después se dedicó a la exégesis de la Sagrada Escritura, junto con otros jóvenes de Antioquía, su ciudad natal. Tras una experiencia como eremita, se entregó al servicio de la Iglesia como sacerdote y luego, como obispo. Y aquí aprovecho para decir a todos vosotros: ¡No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia! Pues Juan Crisóstomo, que llevaba en su corazón este amor por la Palabra de Dios, después de ser sacerdote y obispo, dio un testimonio muy grande, sobre todo con la coherencia de su vida. Si predicaba, era porque vivía ese mensaje. A mí personalmente me han impresionado especialmente sus catequesis, sus sermones, sus homilías y sus escritos que unen el amor por la verdad y la rectitud de su vida. Pero también tenía mucha valentía. No tenía miedo de hablar delante del Emperador, de decir cosas que eran a favor de la justicia y no sólo para complacer al otro. Era un hombre de palabra.
Otro santo que he pensado es santo Tomás de Villanueva, agustino, que fue llamado a convertirse, también, en pastor de la Iglesia. Era español. Estudió en la Universidad de Alcalá y, por su sabiduría, se ganó la estima del emperador Carlos V. Luego fue nombrado obispo de Valencia y emprendió una intensa obra de reforma de la Iglesia, sobre todo del clero, exhortando a sus hermanos a la perseverancia en la oración, en la vida de castidad y en la obediencia. Por su ardiente caridad es conocido hasta hoy como “el Obispo de los pobres”. Pues esta caridad me ha alentado en los momentos de prueba y en los momentos de servicio.
Otro compañero de camino es santo Toribio de Mogrovejo, también español. En el siglo XVI fue misionero en Perú, donde se dedicó con gran celo a la evangelización, estudiando las lenguas locales. Santo Toribio unió una intensa vida de oración al compromiso por la justicia, especialmente frente a los abusos y la corrupción de su época. Por eso, para mí es un modelo de entrega al pueblo, especialmente a los más pobres, en el nombre de Cristo.
Contemplando la vida de estos santos, como san Agustín, me dije a mí mismo: si ellos fueron capaces, ¿por qué yo no? (cf. Confesiones, VIII, 27). Una pregunta que también os confío con gusto, invitándoos a escoger ejemplos de vida buena, que resulten atractivos tanto para vosotros como para los demás.
Pues, en cuanto a los años vividos en Perú, como misionero y luego como obispo, recuerdo sobre todo el testimonio de fe de la gente, marcada por muchas dificultades, pero llena de esperanza. Precisamente el encuentro con las heridas y también con las alegrías del pueblo me hizo crecer en el camino del seguimiento de Jesús. Mientras lo anunciaba, también yo era transformado por el Evangelio, transformado por la vida y la fe de estos pueblos, muchas veces materialmente muy pobres, pero ricos en la fe. Y experimentando esta fe en la palabra del Señor, he visto cómo la Palabra de Dios puede convertir el conflicto en paz. Puede ser fuente de reconciliación, de paz y de justicia.
(3) ¿Qué considera que nos ayudaría a reconocer la voz de Dios entre otras muchas voces?
(4) ¿Cómo podemos nosotros, también buscadores, acompañarlos en su proceso de descubrimiento de la belleza de la fe?
Primero, podemos hablar de cómo escuchar esta voz de Dios, cómo discernir si es verdaderamente Dios quien esta hablando u otra cosa, otra atracción, otra dificultad.
Para reconocer la voz de Dios, puede ayudarnos ante todo el silencio, ahí creo que es muy importante que cada uno de nosotros busque desarrollar la capacidad de estar en silencio. Muchas veces vamos con audífonos, vamos con la música, vamos con la distracción y no sabemos estar en silencio. Creo que muchas veces es precisamente en esta experiencia de silencio donde Dios puede hablarnos o donde podemos discernir la voz de Dios. Cuando buscamos el silencio, decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer. Al liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por interés. En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece. Aquí también quisiera subrayar la importancia de buscar la verdad, porque muchas voces, muchas cosas en las redes nos engañan y nos cuentan mentiras. ¡Buscad siempre la verdad! ¡Dios es verdad! ¡Si te lleva lejos de Dios, no es verdad! ¡No lo olvidéis!
En segundo lugar, tened la certeza de que Dios conoce bien tu voz, vuestra voz: Él os escucha y os responderá. No tengáis miedo de expresar lo que sentís en el corazón. Hay un Salmo que dice: «El que hizo el oído, ¿no va a oír?» (Sal 94,9). Nuestro discurso interior se convierte en oración, alabanza y súplica cuando es confiado al único que puede escucharlo. La oración es una voz libre justamente porque no habla para rendir cuentas, para demostrar que estamos preparados o para hacernos sentir importantes. Cuando nosotros mismos nos convertimos en oración, el Señor nos responde con su Verbo, que se hizo hombre por nosotros, afirmando que nos ama con todo su ser.
En tercer lugar, para reconocer la voz de Dios es necesario escuchar la Palabra. La Palabra de Dios está viva, porque es Cristo, cuya voz sigue resonando en la Iglesia que es su Cuerpo. Él cumple todas las Escrituras, ese testamento antiguo y nuevo dado a los hombres como promesa de salvación. También la adoración eucarística, que esta noche compartimos, es precisamente el lugar adecuado para guardar silencio, liberar el corazón y “estar” nosotros mismos ante el Señor, dialogando con Él, de modo que se haga elocuente en su amor, hecho alimento para toda la humanidad.
Además, queridos jóvenes, para acompañar a otros a descubrir la belleza de nuestra fe, recordad que ninguno de nosotros nació siendo maestro y que, ante el Señor, todos somos discípulos. Compartid pues, vuestro camino espiritual, dando testimonio de él con coherencia de vida: la voluntad de seguir a Jesús os renovará constantemente, sobre todo en la hora del cansancio. En esto es importante ver que nadie esta solo creyendo en Jesús. ¡Mirad cuántos estáis aquí! Y así también, en comunidad, en los grupos de jóvenes, en la familia, podemos todos aprender lo que es la belleza de nuestra fe. Pues compartiendo vuestro camino espiritual la voluntad de seguir a Jesús os renovará constantemente. Él camina a nuestro paso e ilumina nuestro camino. Siguiendo el ejemplo del Maestro: así os invito a actuar, como pastores, educadores, como amigos. Si rezáis con amor, los jóvenes apreciarán la importancia de la oración. Si ardéis en la fe, transmitiréis su fuego vivo. ¡Buscad todos en vuestros corazones este fuego del amor de Dios! Pues ahí está la presencia de Jesús, y la presencia cercana de Jesús se percibe incluso en los momentos de nuestras caídas, porque Jesús no nos abandona. También cuando nos convertimos en mano tendida, abrazo fraterno, cuando buscamos oportunidades para servir a los demás y cuando buscamos cómo tocar la vida del otro con sus heridas, en su tristeza, en sus dificultades. Ahí la fe en Jesucristo se hace viva, y ahí es donde Jesús nos ayudará a sostenernos mutuamente en el camino.
(5) ¿Cómo podemos vivir los jóvenes cristianos comprometidos con esta sociedad?
(6) ¿Cuál es la misión concreta que usted nos pide a los jóvenes de la Iglesia?
Bueno, ¡felicidades por tu matrimonio Fernando! Aquí también he visto a otras parejas que se van a casar: ¡Felicidades y bendiciones! Porque, si antes dije “no tengáis miedo de pensar en una vocación”, el matrimonio también es una vocación ¡No tengáis miedo del matrimonio y de formar una familia!
A lo largo de los siglos de historia de la Iglesia, los cristianos hemos vivido en todo tipo de sociedades, atravesando los cambios de las culturas que hemos compartido y contribuido a formar. Hay un texto antiguo, se llama la Carta a Diogneto, que nos ofrece al respecto una hermosa intuición: «los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo» (VI). Este es nuestro modo de vivir: los discípulos de Jesús son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo! Y Cristo nos ha liberado con su amor. Gracias a este amor, somos siempre libres frente a toda coacción y engaño. Somos libres de las modas, porque somos discípulos de la verdad; estamos abiertos al futuro, porque sabemos que no nos espera la muerte. Al contrario, el sentido de la historia culmina en la eterna comunión de vida que Dios prepara para todos. Desde esta perspectiva, sobre todo vosotros, jóvenes, estáis llamados a dar una nueva dirección a la sociedad, convirtiéndoos en protagonistas del cambio a partir de vuestros vínculos cotidianos, aquello que vivís en la familia, en la universidad y en el trabajo. Viéndoos, queridos jóvenes, llenos de este entusiasmo motivado por la fe, me ilusiona pensar en la capacidad que tenéis de testimoniar a Cristo en el mundo, incluida la realidad digital, para comunicar los valores y la belleza del Evangelio (cf. Christus vivit, 105; Saludo en el Jubileo de los misioneros digitales, 29 julio 2025).
Os invito, por tanto, a todos, a ser juntos sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13). Para vivir así, es necesario ante todo interpretar la sociedad presente, viviendo con sabiduría, para poder después transformarla como testigos del Evangelio. El joven cristiano, en efecto, se vuelve luminoso tanto en la alegría como en la prueba, dando sabor a la realidad porque la habita como una persona que disfruta de la vida en su interior, sin esperar que el gusto se lo den la riqueza, el placer o el poder. Esta es nuestra libertad, que tiene su fuente en la fe, que es capaz de dar luz y buen sabor a toda sociedad, a toda experiencia humana. En cambio, cuando la vida no sabe a nada, es como si nos fuera arrebatada: ya no la sentimos nuestra. Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva.
Y entonces, quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas. Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo. Cultivando este compromiso, mirad a los Apóstoles, a los primeros cristianos, habitantes de un mundo pagano. Siguiendo su ejemplo, sed misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo, sabiendo bien que nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en la caridad (cf. Ga 5,6). Ésta, queridos jóvenes, es la virtud que cambia la historia más que ninguna otra. ¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo con el amor! Muchas gracias.
León XIV











