León XIV: “Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?”

Diócesis de Guadix
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La diócesis de Guadix es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, erigida en 1492 y, según la tradición, procedente de la diócesis de Acci, fundada por San Torcuato en el siglo I. Su sede es la catedral de Guadix.

León XIV: “Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?”

 

ARGUINEGUÍN (GRAN CANARIA), 11 de junio de 2026. El papa León XIV ha iniciado esta mañana su visita a Canarias en el puerto de Arguineguín, uno de los principales símbolos de la realidad migratoria que vive el archipiélago. Esta es la primera visita de un Pontífice a las Islas Canarias. El Santo Padre ha estado acompañado por el presidente del Gobierno, el presidente de Canarias, entre otras autoridades.

El puerto de Arguineguín es punto de llegada de migrantes por la Ruta Atlántica, una de las más peligrosas del mundo. Cayucos y pateras principalmente desde Senegal, Mauritania, Gambia, Mali y Marruecos, realizan travesías que pueden superar los 1.600 kilómetros. Las condiciones del viaje, la precariedad de las embarcaciones y la ausencia de medios de rescate en alta mar generan un número elevado de víctimas.

Gracias de corazón a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y cambiar vidas”, ha subrayado el Santo Padre. El Papa ha saludado a personas migrantes y voluntarios de rescate, en gestos de cercanía que marcaron este encuentro centrado en la dignidad humana y la acogida fraternal.

“Aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad. Aquí el Evangelio nos arranca del lugar cómodo del espectador y nos sitúa ante el hermano que llega. Nos pregunta si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”, ha subrayado con fuerza León XIV.

El obispo de Canarias, monseñor José Mazuelos, ha dado la bienvenida al Santo Padre “a este rincón del mundo donde el dolor y la esperanza conviven, y donde su mensaje puede sembrar futuro”; y la secretaria general de Cáritas Canarias ha hecho de maestra de ceremonias. Este emotivo acto ha estado marcado por los testimonios de vida, la escucha y la oración compartida en memoria de quienes perdieron la vida en las rutas migratorias hacia Canarias. El Papa León XIV se ha dirigido al filo del muelle, para realizar una ofrenda floral en recuerdo de las víctimas de las rutas migratorias. El Pontífice bendijo la cruz de cayuco, elaborada con madera de embarcaciones naufragadas, y la imagen de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, símbolos de esperanza y protección en los viajes migratorios.

Testimonios acerca de la realidad migratoria

Para acercar al Papa la realidad cotidiana de quienes viven o acompañan los procesos migratorios, contaron sus vivencias: un capitán de Salvamento Marítimo; una voluntaria de Cáritas; una mujer víctima de trata que por seguridad no ha podido estar presente; y una persona de Latinoamérica, que habló de su historia de trabajo, constancia y superación. 

Tito, de Salvamento Marítimo, ha explicado como durante estos años, junto a su equipo, “han rescatado a más de 20.000 personas. Es una cifra que duele y que no se olvida. Todos conocemos la imagen de Canarias de día, pero de noche es otra realidad: mar brava, oscuridad absoluta y embarcaciones frágiles cargadas de vidas.”

Por su parte, la voluntaria de Cáritas habló de su experiencia: “aprendimos que no se trataba de resolverlo todo, sino de estar presentes. Escuchar, ofrecer gestos de cercanía —unas zapatillas, un abrigo, un café— o ayudar a conseguir la documentación necesaria era ya un modo de acompañar. Descubrimos que los pequeños gestos, una sonrisa o una mirada, pueden transmitir esperanza y hacer que alguien se sienta acogido, incluso sin compartir el idioma”.

El relato de Blessing fue estremecedor: “Con 22 años tomé la decisión más difícil de mi vida: dejar Nigeria. (…) La mafia me dijo que tenía una deuda de 25.000 euros que debía pagar cuando llegara a Europa. Así empezó mi cautiverio (…) Durante el viaje quedé embarazada de un hombre de la mafia. Al llegar a España me quitaron a mi bebé para obligarme a prostituirme. Me trataron muy mal (…) Con la ayuda de la Iglesia a través de las trabajadoras sociales, la vida ha empezado a cambiar. Poco a poco. No ha sido fácil, y hay días en que la esperanza se hace muy pequeña. Pero he aprendido a creer en mí misma de nuevo.”

Por último, tomó la palabra, una mujer de Colombia que lleva casi 30 años en las islas: “como muchas personas que emigramos, llegué buscando una oportunidad, sin saber realmente lo que me esperaba”.  Explicó como trabajó en un bazar, un restaurante y una empresa de reformas. Hace cuatro años decidió montar su propia empresa: “actualmente contamos con 6 empleados, lo que representa para mí no solo crecimiento empresarial, sino la satisfacción de poder generar trabajo y oportunidades para otras personas.

Tras los testimonios, hicieron entrega de un regalo al Santo Padre, una obra de artesanía, realizada con técnicas ancestrales, a partir de arenas volcánicas de las islas, que refleja simbólicamente el drama migratorio.

Un examen de conciencia

El Papa León XIV ha expresado la necesidad de buscar soluciones: “este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante.  También la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios”.

León XIV ha sido claro en su mensaje: “nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso. Desde esta isla, quisiera que la voz de quienes han hablado hoy alcanzara a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas —autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales—, y también a las comunidades cristianas, a las demás tradiciones religiosas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad”.

En su intervención, el Santo Padre ha lanzado un mensaje contundente: “no basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida? La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños. No podemos acostumbrarnos a contar muertos”.

Las personas no son números, ni expedientes

El Papa León XIV reflexionó sobre la misión de la Iglesia para ayudar a los migrantes: “Como pueden ver, llevo en mi mano el anillo del Pescador. Su nombre mismo nos conduce al lago de Galilea, donde Cristo llamó a Pedro y le dijo: «Desde ahora serás pescador de hombres» La Iglesia ha leído ese versículo como imagen de su misión. Pero aquí y en lugares como El Hierro, ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa. Esa isla, pequeña en extensión, pero grande en humanidad, ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco. Aquí hay personas recuperadas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas. Por eso, el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche”.

El Santo Padre hizo referencia a las dificultades que los migrantes se encuentran: “hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido.”

“Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Pero también quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas”, son industrias de muerte”, ha expresado el Pontífice.

La misericordia comienza con gestos pequeños

León XIV ha agradecido la labor social realizada en apoyo de los migrantes: “cuando el migrante deja de ser “uno más”, deja de ser una categoría y una cifra. Sólo entonces comprendemos que esa niña podría ser nuestra hija, esos rostros parte de nuestra familia; y entonces, la conciencia se queda sin excusas. La misericordia comienza con gestos pequeños: a veces con unas cuantas galletas y un poco de leche; otras, con cinco panes y dos peces. No se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre, donde los recursos no bastan y no hay un idioma común, pero donde aún pueden hablar los gestos”.

El Santo Padre ha respondido al testimonio de Blessing, víctima de la trata: “Gracias por compartirnos tu historia. Tu nombre significa bendición, y nos recuerda que cada vida humana es una bendición de Dios. Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona resplandece la imagen y semejanza del Creador. Nos has dicho que te fuiste de tu país no porque quisieras, sino porque no había otra opción. En tus palabras escuchamos el drama de tantas personas obligadas a partir porque la pobreza, la guerra, la amenaza o la explotación les cerraron todos los caminos”. 

“Quisiera que este mensaje llegue hasta ti y a tantas mujeres víctimas de la trata y la explotación: si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Si quisieron encerrarte en un pasado de dolor, Dios sigue pronunciando sobre ti una promesa de futuro. Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija y hermana, eres bendición. Tu vida no es de quienes te dañaron; tu cuerpo no es de quienes se aprovecharon de ti; tus días no pertenecen a quienes quisieron encadenarlos al miedo. Tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que no pueden arrancarte”, ha recalcado el Papa.

León XIV ha hecho referencia a San Juan de la Cruz, citando “en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor”. El Pontífice ha querido terminar su intervención expresando que “la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera”.

Asimismo, ha pedido que “Dios nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera. Que Nuestra Señora del Carmen acompañe a quienes han llegado, consuele a quienes han perdido a sus seres queridos, sostenga a quienes los acogen y despierte en todos nosotros la valentía de la misericordia. Y que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros.”

www.conelpapa.es

Fotografía principal: EFE / Ángel Medina

 

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