Villanueva del Arzobispo vivió una jornada profundamente mariana e inolvidable con la llegada de la Santísima Virgen de la Cabeza Peregrina, en un ambiente de fervor, oración y comunión eclesial que preparó los corazones para el próximo Año Jubilar con motivo del VIII Centenario de la aparición de la Santísima Virgen de la Cabeza, patrona de la diócesis de Jaén.
La sagrada imagen fue recibida solemnemente en el Santuario de la Santísima Virgen de la Fuensanta por la Junta de Gobierno y el rector del santuario, quien presidió el rezo del Ángelus. En este emotivo acto de acogida se presentó y anunció oficialmente el próximo Año Jubilar, invitando a todos los fieles a disponerse espiritualmente para tan importante celebración diocesana.
Tras este primer encuentro, la Virgen Peregrina fue trasladada a la residencia de ancianos Virgen de la Fuensanta, atendida por las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Allí, religiosas y residentes la acogieron con inmenso gozo y profunda emoción, viviendo momentos de intensa oración en la capilla de la residencia, donde la presencia de María se convirtió en consuelo y esperanza para todos.
Posteriormente, la imagen continuó su peregrinar hacia la comunidad de las religiosas Hijas de Cristo Rey, quienes, junto a niños y jóvenes, organizaron una vigilia de oración cargada de fervor y recogimiento. Este acto marcó el inicio de la solemne procesión hacia el templo parroquial de San Andrés.
La procesión, acompañada por la Unión Local de Cofradías y numerosos fieles y devotos, recorrió las calles del municipio en una auténtica manifestación pública de fe y con la participación voluntaria de miembros de las diferentes bandas de música de nuestra localidad a quienes agradecemos su valiosa aportación.
La llegada al templo parroquial dio paso a una intensa preparación espiritual mediante el rezo del Vía Lucis, dirigido por la Cofradía del Resucitado.
La jornada culminó con la celebración de la solemne Eucaristía en la parroquia de San Andrés, presidida por el párroco, D. Juan Carlos Córdoba Ramos, y concelebrada por D. Antonio Garrido y el padre trinitario P. Paulino.
La celebración contó con una multitudinaria participación del pueblo, junto a la Unión Local de Cofradías, familias, niños y jóvenes, reflejo vivo de una Iglesia reunida en torno a María.
El coro parroquial embelleció la ceremonia con sus cantos, aportando solemnidad y emoción a una celebración verdaderamente memorable. Al finalizar la Santa Misa, los niños y el coro entonaron con gran devoción el himno de la Morenita, ofreciendo una entrañable despedida a la Santísima Virgen.
Damos gracias a Dios por este providencial encuentro mariano, que ha dispuesto nuestros corazones para el gran acontecimiento del próximo Año Jubilar. Que esta visita de María Santísima nos impulse a redescubrirnos como Iglesia en comunión, Iglesia misionera, y nos conceda abundantes gracias para vivir con renovada fe nuestra vocación cristiana.
Desde el 12 al 17 de mayo, organizada por la Real Federación de Hermandades y Cofradías de Semana Santa de la Ciudad de Granada.
Con una oración en la iglesia de Santiago, a las 19:30 horas, comienza en la tarde de hoy martes día 12 la Semana de juventud cofrade, convocada por la Real Federación de Hermandades y Cofradías de Semana Santa de la Ciudad de Granada con el apoyo de la Delegación Episcopal de Pastoral de juventud e infancia.
Hasta el próximo sábado día 16 se celebrará esta Semana dirigida especialmente a los jóvenes cofrades, pero abierta también a quienes deseen participar. La Semana continuará mañana miércoles con la visita guiada al monasterio de las Carmelitas Descalzas y a la iglesia, a las 18 horas, en la puerta de dicho monasterio para su inicio. Con esta visita se pretende profundizar en la dimensión humana y espiritual de san Juan de la Cruz, con motivo del Año jubilar concedido por la Santa Sede con motivo de los 300 años de la Canonización y 100 años de su proclamación como Doctor de la Iglesia.
El jueves habrá una mesa redonda, con el título “Semana Santa: ‘Arte, belleza, devoción y Evangelio’”, en el Centro Ágora, sede de la Real Federación, a las 20:30 horas. El viernes día 15 se celebrará la Noche de Marcha, dando comienzo a las 17:30 horas en el monasterio de la Cartuja.
El día 16 concluirá esta Semana con el Via Lucis de la juventud cofrade, a las 19 horas, con la cofradía de Nuestro Padre Jesús del Perdón y María Santísima de la Aurora, en la iglesia de Santa María de la Aurora y San Miguel Bajo, desarrollándose en el interior de la iglesia.
El pasado 8 de mayo, veintiún jóvenes pertenecientes a las parroquias de Arbuniel, Cambil y Carchelejo recibieron el Sacramento de la Confirmación en la parroquia Ntra. Sra. de los Ángeles de Carchelejo.
La celebración eucarística, que comenzó a las 20:00 horas, estuvo presidida por el Vicario General de la Diócesis de Jaén, Don Juan Ignacio Damas López; junto al párroco de Arbuniel y Cambil, D. Jesús Castro, y el párroco de Carchelejo, D. Joël Nsenkey.
En su homilía, el Vicario General subrayó la importancia de los dones del Espíritu Santo en las distintas situaciones de la vida y en la misión de la Iglesia. Invitó a los confirmandos a acoger con gratitud el don recibido y a ser desde ahora testigos del Señor en el mundo. Asimismo, tuvo palabras de reconocimiento para el trabajo de los catequistas, así como para el acompañamiento de los padres y padrinos en el camino de la fe de estos jóvenes.
Desde la comunidad parroquial de Carchelejo queremos expresar a D. Juan Ignacio nuestro más sincero agradecimiento por su visita, su cercanía y sus palabras durante la celebración, que hicieron de este día un momento inolvidable para los confirmandos, sus familias y las tres parroquias que se unieron en oración. Del mismo modo, pedimos al Espíritu Santo que le acompañe y fortalezca en su ministerio como Vicario General de la Diócesis del Santo Reino.
Queridos hermanos sacerdotes, consagrados y fieles laicos diocesanos: Con gozo y gratitud al Señor, me dirijo a todos vosotros ante la inminente llegada de Su Santidad el papa León XIV a nuestro país, acogiendo, así, la invitación del rey Felipe VI y de la Iglesia española. El Vicario de Cristo (LG 22) permanecerá entre nosotros del 6 al 12 de junio, con etapas en Madrid, Barcelona y Canarias, en la que será la primera visita del papa León XIV a España y la novena de un Romano Pontífice a nuestro país.
La noticia constituye en sí misma un motivo de inmensa esperanza para la Iglesia que peregrina en nuestra tierra. El encuentro con el Sucesor de Pedro es una llamada providencial, una hora de Dios para su pueblo. Cuando el Papa se encuentra con una nación, viene como padre y pastor, como principio visible de unidad, como testigo de la fe apostólica, como hermano que confirma en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22,32).
Visita apostólica Jesucristo, a lo largo de su vida pública, fue poniendo los fundamentos de su Iglesia, enseñándonos el camino, proclamando la verdad y entregándonos su propia vida para nuestra salvación. De entre sus muchos discípulos, eligió a Doce para que fueran testigos de su enseñanza, de sus milagros, de su modo de vivir y, de manera singular, de su pasión, muerte y resurrección. A ellos los constituyó apóstoles y los envió a bautizar, perdonar los pecados, celebrar la Eucaristía y anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra.
Este ministerio apostólico permanece vivo en la sucesión de los Obispos, por medio de quienes la Iglesia continúa edificándose, sostenida por la incesante acción del Espíritu Santo, en un continuo Pentecostés, que vivifica y renueva al Pueblo de Dios. Así se manifiesta la Iglesia que profesamos en el Credo como una, santa, católica y apostólica.
Pero, el Señor quiso además que, entre los Doce, uno fuese constituido como roca visible y principio de unidad, sobre la que se asentara la comunión eclesial. Ese elegido fue Pedro, a quien Cristo confirió singularmente el encargo de confirmar a sus hermanos en la fe, de apacentar el rebaño del Señor y de ejercer, con autoridad propia, el ministerio de enseñar, santificar y regir a la Iglesia naciente (cf. Mt 16,18). Tal misión no concluyó con la muerte del Apóstol, sino que perdura en los Obispos de la Sede de Roma, en una cadena ininterrumpida a través de los siglos. Por ello, la fidelidad al Papa, la obediencia a su magisterio y la comunión filial con su persona han constituido, siempre, una nota característica del auténtico sentir católico. Acoger entre nosotros a Su Santidad León XIV significa, por tanto, acoger al Sucesor de Pedro, Pastor de la Iglesia universal, «principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles» (LG 23).
Una llamada a renovar la fe y la esperanza La presencia del Santo Padre en España se inscribe en una larga y fecunda tradición de visitas pontificias que han dejado una huella imborrable en la vida de nuestra Iglesia. San Juan Pablo II visitó España en cinco ocasiones, sembrando la semilla de la nueva evangelización e invitándonos a abrir las puertas a Cristo, a no tener miedo y a ser santos. También, el papa Benedicto XVI estuvo entre nosotros en tres ocasiones, y nos invitó a vivir firmes en la fe y presentó a la familia como la esperanza de la sociedad. Más recientemente, el papa Francisco no llegó a visitar España, aunque sí manifestó su deseo de viajar a Canarias para hacerse cercano al drama de la inmigración y mostrar la cercanía de la Iglesia a quienes sufren el desgarro del exilio y la pobreza. Ahora es León XIV quien viene a nosotros. Y lo hace siguiendo la estela pastoral de sus predecesores, cuyos viajes apostólicos siempre han supuesto un renovado impulso para la vida de la Iglesia en España. Cada visita apostólica ha sido una siembra abundante de gracia, un despertar de la conciencia cristiana, una ocasión para mirar con renovada esperanza al futuro. La visita del papa acontece en un momento particularmente significativo para la vida de la Iglesia y de nuestra sociedad. Vivimos tiempos de incertidumbre, de cansancio espiritual, de fragmentación cultural y de no pocas heridas personales y sociales. Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo parecen caminar con la mirada baja: abatidos por la secularización, confundidos por el relativismo, fatigados por una vida cada vez más acelerada y, sin embargo, más vacía.
Por eso, este acontecimiento tan deseado se presenta como una providencial llamada a renovar la fe y la esperanza. El Sucesor de Pedro viene a recordarnos que Cristo sigue siendo la respuesta a los anhelos más profundos del corazón humano; que el Evangelio no pertenece al pasado, sino que es siempre joven; que la Iglesia no es una reliquia de otros tiempos, sino el sacramento vivo de la presencia de Cristo en medio del mundo.
Para preparar este encuentro, hay muchos y buenos materiales catequéticos en la página web: https://conelpapa.es/, que os recomiendo vivamente. Asimismo, desde la organización se nos invita a vivir la Solemnidad de Pentecostés como un tiempo especial de preparación. Por ello, celebraremos una Vigilia de Oración el día 23 de mayo, en la Catedral, para pedir al Señor que el encuentro con León XIV sea verdaderamente un acontecimiento de fe y produzca frutos abundantes en la vida de la Iglesia y de nuestra sociedad.
A todos os invito a intensificar la oración personal y comunitaria por el Santo Padre; a pedir por los frutos de su visita; a promover espacios de oración y catequesis en parroquias, comunidades religiosas, movimientos, cofradías y asociaciones.
¡Alzad la mirada! El lema elegido—«Alzad la mirada» (Jn 4,35)—es una llamada urgente, un programa de vida cristiana. Significa salir de la estrechez de nuestras preocupaciones inmediatas para contemplar la amplitud de los horizontes de Dios; dejar de mirar únicamente la tierra para volver a mirar al cielo; recuperar la perspectiva sobrenatural que tantas veces se pierde entre las prisas, las decepciones y el ruido del mundo.
El Señor nos invita a alzar la mirada para contemplar con ojos nuevos la realidad de nuestra Iglesia, no desde el derrotismo ni desde la nostalgia del pasado, sino desde la confianza de quien sabe que el Espíritu Santo sigue actuando. San Carlo Acutis decía que «La tristeza es mirarse a uno mismo; la felicidad es mirar a Dios. La conversión no es más que desplazar la mirada de abajo hacia arriba; basta un simple movimiento de los ojos».
Mientras esperamos con alegría la llegada del Santo Padre, dispongámonos a vivir con la mirada elevada hacia Dios y hacia nuestros hermanos. Que su visita fortalezca nuestra comunión eclesial, avive nuestro ardor evangelizador y renueve en todos nosotros la certeza de que Cristo camina siempre con su Iglesia.
Encomendamos los frutos de esta visita apostólica a la intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora de la Cabeza. Que Ella nos enseñe a recibir al Vicario de su Hijo con un corazón alegre, disponible y agradecido.
+ Sebastián Chico Martínez Obispo de Jaén Jaén, 8 de mayo de 2026
La ciudad de La Carolina acogió, este domingo sexto de Pascua, la celebración diocesana de la Pascua del Enfermo, una jornada marcada por la oración, la cercanía y el reconocimiento a los enfermos, mayores, cuidadores y agentes de pastoral de la salud. La Diócesis ha querido comenzar esta nueva etapa celebrando cada año esta jornada en una comunidad distinta junto al Obispo, poniendo así en el centro de la vida eclesial a quienes viven la enfermedad, la fragilidad o la soledad.
La celebración estuvo presidida por la imagen de Nuestra Señora de Lourdes, portada por la Hospitalidad de Lourdes, cuya presencia fue especialmente significativa durante toda la jornada. Desde la parroquia de la Inmaculada hasta el pabellón Juan Manuel Martínez, lugar donde se celebró la Eucaristía, los participantes recorrieron las calles rezando el Santo Rosario y cantando el Ave de Lourdes, en un ambiente de profunda devoción y clima familiar.
Durante la homilía, el Obispo recordó que esta Pascua del Enfermo se celebra en el tiempo en el que la Iglesia proclama que Cristo ha resucitado y que “ninguna herida humana queda fuera del amor de Dios”. En este sentido, subrayó que “la Pascua del Enfermo es realista, porque no esconde el dolor, y esperanzada, porque Cristo resucitado entra en nuestras heridas”.
A partir del lema de este año, “Amar llevando el dolor del otro”, el prelado animó a contemplar la figura del Buen Samaritano como ejemplo de cercanía y cuidado hacia quienes sufren. Así, aseguró que “no siempre podemos curar, pero siempre podemos cuidar; no siempre podemos quitar el dolor, pero siempre podemos acompañar”, insistiendo en la necesidad de construir comunidades cristianas capaces de detenerse ante el sufrimiento ajeno.
Asimismo, quiso agradecer el trabajo de tantos agentes de pastoral de la salud, sanitarios, voluntarios y familiares que acompañan diariamente a las personas enfermas y mayores. “Una parroquia no está completa si no lleva en el corazón a sus enfermos”, afirmó el Obispo, quien también dirigió unas palabras especialmente emotivas a quienes viven la enfermedad: “No sois una carga para la Iglesia, sois un tesoro”.
La organización de la jornada contó con la implicación de la parroquia de la Inmaculada, agradeciendo especialmente la disponibilidad de su párroco, don Germán, así como de Jesús y Nicodemo. También fue destacado el gran trabajo realizado por el equipo de Pastoral de la Salud de La Carolina, que preparó con esmero toda la celebración e hizo posible que numerosos enfermos y mayores pudieran recibir el sacramento de la Unción. Tras la Eucaristía, los asistentes compartieron un ágape fraterno.
La celebración contó además con la presencia del alcalde de La Carolina, en un gesto que puso de manifiesto la colaboración entre la Iglesia y las instituciones civiles al servicio del bien común y de las personas más vulnerables.
Finalmente, desde la organización se agradeció la participación de los fieles y se animó a sumarse a la próxima peregrinación diocesana a Lourdes, que tendrá lugar del 5 al 10 de julio, definida como “una hermosa experiencia de servicio al necesitado y de encuentro con María”.
La jornada concluyó con una acción de gracias por todas aquellas personas que dedican su tiempo y su vida a acompañar y cuidar a los demás, haciendo visible cada día el rostro samaritano de la Iglesia.
Desde la Delegación de la Pastoral de la Salud agradecen al párroco de La Carolina, D. Germán Aguilera y al Vicario parroquial, D. Jesús Delegado, así como a Nicodemo su total disponibilidad en la organización y desarrollo de la celebración diocesana.
Joaquín Rafael Robles Medina Delegado episcopal Pastoral de la Salud
El pasado domingo 10 de mayo a las 12:00 horas, el Santuario de San Juan Grande de Jerez de la Frontera acogió la celebración diocesana de la Pascua del Enfermo, una jornada especialmente dedicada a quienes viven la enfermedad y el sufrimiento unidos a Cristo.
La Eucaristía estuvo presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, reuniendo a fieles, enfermos, familiares, profesionales sanitarios y miembros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en una celebración marcada por la oración y la esperanza.
Como es tradicional en esta jornada, el obispo diocesano impartió el Sacramento de la Unción de los Enfermos a los pacientes del centro de la Orden de San Juan de Dios, haciendo visible la cercanía de la Iglesia hacia quienes atraviesan momentos de fragilidad física o espiritual.
Durante la homilía, el Sr. Obispo recordó que el tiempo pascual invita a reconocer la presencia continua de Cristo resucitado, que permanece junto a su Iglesia mediante el don del Espíritu Santo. En este sentido, subrayó que el Señor pide a los cristianos responder con amor a su amor infinito, permitiendo que Dios habite en el corazón de quienes viven unidos a Él.
El prelado destacó que Cristo promete el envío del Espíritu Santo como defensor y consolador, afirmando que es precisamente la acción del Espíritu la que permite experimentar la alegría de Cristo, la fuerza de su amor y la capacidad de vivir conforme al Evangelio.
Asimismo, explicó el sentido de la Pascua como paso de una situación de sufrimiento y oscuridad a una vida nueva en Cristo, señalando que la misión de la Iglesia es llevar esa esperanza a quienes viven marcados por el dolor, el pecado o la soledad.
En referencia a san Juan de Ávila, recordó su entrega al anuncio del Evangelio y su testimonio de fidelidad, invitando a los fieles a vivir con el mismo espíritu evangelizador, dando testimonio de Cristo antes con las obras que con las palabras.
Monseñor José Rico Pavés tuvo también un recuerdo especial para quienes atraviesan la enfermedad y el sufrimiento, pidiendo que puedan sentirse sostenidos por la fuerza del Espíritu Santo y experimentar el consuelo de Cristo resucitado, pasando del dolor a la alegría y de la soledad a la compañía.
Finalmente, animó a vivir el tiempo pascual mirando al futuro con esperanza y a seguir evangelizando desde la fe y la tradición cristiana, poniendo como ejemplo a la Virgen María, que acompañó a Cristo en el misterio de la pasión y de la cruz.
De este modo, la Iglesia asidonense vivió una jornada de especial cercanía hacia los enfermos, recordando la importancia del acompañamiento, la oración y la confianza en Cristo en medio del sufrimiento.
Es la primera hermandad que comienza su andadura. Tras recorrer las calles de la ciudad, llegará a la Catedral en torno a las 19:00 horas
La hermandad del Rocío de Córdoba comienza su camino hacia la aldea almonteña para encontrarse con la Blanca Paloma. Será este jueves, 14 de mayo, cuando celebre su tradicional misa de romerosa las 16:30 horas, en la iglesia de San Pablo, para después realizar la salida procesional del Simpecado hacia la aldea del Rocío en Almonte, uno de los momentos más esperados por la familia rociera cordobesa.
La celebración litúrgica será cantada por el coro juvenil de la hermandad del Rocío de Huelva y concluirá con el canto de la Salve rociera.
Una vez finalizada la misa, dará comienzo la salida procesional del Simpecado hacia la aldea del Rocío. El recorrido partirá desde San Pablo y continuará por Capitulares, Diario de Córdoba, San Fernando, Cardenal González y Magistral González Francés, hasta realizar su entrada en la Catedral por la Puerta de Santa Catalina, prevista a las 19:00 horas.
En el interior de la Catedral, el Simpecado será recibido por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, quien le impartirá su bendición.
Tras su paso por la Catedral, la comitiva continuará por Magistral González Francés, Cardenal González, plaza Cruz del Rastro, Puente de Miraflores y Carmen Olmedo Checa, hasta llegar a los jardines Virgen del Rocío, donde tendrá lugar el tradicional canto de la salve a las 21:00 horas.
Posteriormente, la hermandad del Rocío de Córdoba proseguirá su camino por avenida Campo de la Verdad, Iglesia de San José y Espíritu Santo, Avenida de Cádiz, Avenida de la Torrecilla, calle Ingeniero Juan de la Cierva y Carretera de Guadalcázar A-3051, iniciando así su camino del Rocío 2026.
Se llaman Carlos Andrés, Óscar Eduardo, Osmar Moisés y Emilio José. Son los cuatro ermitaños que, desde la tarde del domingo 10 de mayo, ya pueblan las estancias de Face Retama, en el desierto que ocupa el centro del Geoparque de Granada, y donde la memoria nos lleva al martirio de San Torcuato, el primer Varón Apostólico que anunció el Evangelio en tierras hispanas. Comienzan una nueva aventura como ermitaños en el mismo lugar en el que, hace 2000 años, comenzó el cristianismo en la Península Ibérica.
Sí, aunque nos sorprenda o nos cuestione, estos cuatro eremitas se han constituido como comunidad en la diócesis de Guadix, con el nombre de Ermitaños de San Torcuato, Marta, María y Lázaro. El domingo 10 de mayo recibieron los hábitos en la Catedral y esa misma tarde comenzaron a vivir en Face Retama.
Se trata de una fundación diocesana que culmina el empeño de monseñor Francisco Jesús Orozco, obispo de Guadix, de que Face Retama esté habitada por personas que mantengan viva la memoria del lugar y recen por la Iglesia que anunció san Torcuato en el siglo I y que alcanza hasta hoy. Desde que llegó a la diócesis en 2018, no ha parado de completar las reformas que hacían falta en el lugar. Poco después, nombró santuario diocesano a Face Retama, instauró que se celebrase con periodicidad la Eucaristía y que se constituyese como un lugar de peregrinación… hasta esta semana, que lo ha dotado de estos cuatro ermitaños que van a rezar, pero también a acoger y acompañar.
Los cuatro ermitaños llegan de Venezuela. Vienen preparándose para esto desde hace unos tres años y ya llevan en Guadix unos meses, adaptándose al lugar y la cultura. Y llegan de la mano e inspirados en el carisma de la Congregación Marta y María, que ya cuenta con dos comunidades femeninas en la diócesis, una en Castril y otra en la ciudad accitana.
Consagración religiosa
El domingo 10 de mayo, en la catedral de Guadix, se constituyó esta fundación diocesana y fueron enviados por el obispo a cumplir la misión de rezar por la Iglesia y por el mundo, desde la contemplación, y atender a los peregrinos que vayan al Santuario de San Torcuato, en Face Retama.
Fue en la Misa de 12, de la Catedral, con la presencia de numerosas religiosas de la Congregación Marta y María de diferentes lugares de España. También estaba la fundadora de la Congregación, la madre Ángela, y la superiora general, la madre Rutilia. En ese ambiente de alegría y participación, estos cuatro venezolanos recibieron la imposición del hábito y la consagración a la vida eremítica contemplativa.
Durante la celebración, estuvieron presentes varios signos que hablan de este camino tan particular que comienzan a transitar: un mantel blanco, que recuerda la mesa que Marta preparó a Jesús con esmero, o la pureza de la resurrección de Lázaro, o la Eucaristía que van a celebrar a diario en ese lugar y que será el centro de sus vidas; una cruz con sus clavos, que son símbolo de la inmolación de la gran familia de Marta, María y Lázaro, que no busca otra cosa que unirse a los dolores de Cristo para participar de su gloria; un bastón y una calabaza para el agua y unas sandalias, que recuerdan que “el ermitaño, desde su retiro, sostiene con su oración la misión de la Iglesia”. No se trata de aislarse del mundo por desprecio, sino de iniciar una marcha constante, siguiendo las huellas de los siete Varones Apostólicos.
Y, tras la proclamación de la fe y de los votos religiosos de pobreza, obediencia y castidad, recibieron el hábito y el cinturón que lo ciñe, la cruz y el rosario que les ayudarán a rezar, los estatutos y el directorio que definen este nuevo estilo de vida que echa a andar. En ese momento, la fundadora de la Congregación, la madre Ángela, pidió a todos que rezaran por estos cuatro nuevos religiosos: “ellos han prometido rezar por ustedes, recen ustedes por ellos”.
Homilía
En la homilía, monseñor Francisco Jesús Orozco habló de la vida consagrada, de los eremitas, de lo que supuso Face Retama en los comienzos de la fe y del nuevo compromiso que asumen estos cuatro ermitaños.
Les recordó su compromiso de oración, pero también de adoración permanente del Santísimo Sacramento en el santuario, de profundización en la Palabra de Dios y de celebración de la fe de la Iglesia: “En la adoración permanente del Santísimo Sacramento vais a ser el corazón palpitante de nuestra diócesis, intercediendo sin descanso por las necesidades de la Iglesia y muy especialmente por las necesidades de nuestro Santo Padre el Papa”.
También les habló de cómo se retiran del mundo no para aislarse, sino para rezar por el mundo y para acoger a todos los que peregrinen a Face Retama: “No, la vida de un eremita, la vida de un ermitaño, la vida contemplativa en la Iglesia no es huida del mundo. Es mucho más, es intimidad personal con Cristo. En el desierto de Face Retama nunca estaréis solos. Donde un cristiano o donde un eremita vive, se entrega, sufre, hace sacrificios y vive en fidelidad a la oración y la contemplación, allí está con él toda la Iglesia. Ese es el desierto, esa es vuestra vocación”.
Y, antes de terminar, agradeció a la Congregación, a la madre fundadora y a la superiora general el haber hecho posible esta realidad: “Gracias por poner alas a los sueños de Dios para esta diócesis. Gracias por creer que en lo pequeño Dios puede hacer obras grandes. Gracias por el sacrificio que supone esta entrega y por acompañar a estos jóvenes que quieren ser eremitas. Gracias por confiar en el Señor y en su obra en la Iglesia… Vuestro carisma de hospitalidad y servicio ha sido el instrumento del que Dios se ha valido para hacer posible esta nueva experiencia de Iglesia en nuestra diócesis”.
Y terminó el obispo su homilía pidiendo a los nuevos ermitaños fidelidad, compromiso y agradeciéndoles su vocación y su entrega: “En vosotros, queridos eremitas, queridos ermitaños, ponemos nuestra historia rica de veintiún siglos de fe; que Face Retama, por vuestra fidelidad, sea el cielo en la tierra”.
Ya por la tarde, la fundadora, la general, otras religiosas, el obispo y un grupo de fieles acompañaron a los ermitaños hasta su nueva casa en Face Retama, donde quedaron para comenzar esta nueva andadura en el desierto, retirados del ruido, pero muy comprometidos con la Iglesia y con el mundo, desde la oración, la contemplación y la acogida. Ha comenzado, así, una nueva vida en Face Retama, una comunidad de eremitas cuya sola presencia ya nos cuestiona.
Los sacerdotes de la diócesis de Guadix celebran este mates 12 de mayo la fiesta de su Patrón, San Juan de Ávila. Y lo hacen peregrinado a Huércal -Overa para celebrar la fe junto al nuevo beato “Cura Valera”. Se unirán en esta celebración a los sacerdotes de las diócesis vecinas de Almería y Cartagena-Murcia.
El encuentro de los sacerdotes de las tres diócesis tendrá como epicentro la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Huércal-Overa. Allí está previsto que todo comience a las 10´30 de la mañana, con la acogida y el rezo de la Hora Intermedia. Le seguirá una conferencia del cardenal Bustillo y la celebración de la Eucaristía. Terminará la jornada con la mesa compartida, que servirá como espacio privilegiado de convivencia.
Desde Guadix, los sacerdotes viajan ya hasta Huércal-Overa. Al frente del grupo, va el obispo D. Francisco Jesús Orozco. Celebran así a San Juan de Ávila, cuya fiesta litúrgica fue el 10 de mayo, pero que se va a celebrar con toda solemnidad este martes, con la figura de otro sacerdote santo, Salvador Valera Parra, conocido como el “Cura Valera” y que fue beatificado el pasado mes de febrero.
La Parroquia de Nuestra Señora de la Oliva de Lebrija une a su indudable valor arquitectónico un conjunto de bienes muebles de primera calidad, como los retablos que se reparten por todo el espacio, entre los que sobresalen el Mayor, el de la Virgen de la Piña, el de la Antigua o este de la Concepción.
Este retablo manierista, situado en el trascoro frente a la Puerta del Perdón, puede fecharse en torno a 1565, fecha en la que se data el testamento del párroco Sebastián de Villavicencio en el cual se encarga su realización en base a un dibujo que poseía este clérigo realizado por Pedro Villegas Marmolejo (1519-1596), pintor sevillano al que se le atribuyen igualmente las pinturas sobre tabla que se encuentran en este retablo, si bien otros autores señalan la participación de su taller, especialmente de Miguel Jerónimo.
El retablo presenta un cuerpo y tres calles con pilastras jónicas acanaladas, estando rodeado por un remate o marco barroco realizado en madera dorada en el siglo XVIII que presenta una decoración basada en motivos vegetales, y que en su parte superior se remata con el anagrama de María con dos angelitos.
Presidiendo el retablo aparece la tabla de la Inmaculada Concepción de María, flanqueada a ambos lados por San Francisco de Asís, quien aparece recibiendo los estigmas, y Santa Lucía, sobre los que se disponen sendos tondos con el ángel Gabriel y la Virgen, en el momento de la Anunciación. Cerrando la composición aparece en el frontón triangular que remata el conjunto la representación de Dios Padre, con la mirada dirigida a la Inmaculada, sobre la cual se puede leer la inscripción: “EGO EX ORE ALTISSIMI PRODIVI PRIMOGENITA ANTE OMNEM CREATURAM. ECLESIASTISI 24”, tomada del capítulo 24 del libro del Eclesiástico, que alude a la concepción inmaculada de María.
La tabla central muestra a la Inmaculada, vestida con túnica blanca y manto azul, de la cual emanan unos rayos dorados, que hacen alusión a la mujer vestida de sol del capítulo 12 del libro del Apocalipsis. Sostiene en sus brazos al Niño Jesús, quien viste túnica de color rojo, alusivo a la Eucaristía. A los pies de la Virgen se distinguen dos cabezas de ángeles. Rodeando a la Virgen aparecen los símbolos marianos de la letanía lauretana, mientras que en la parte superior el sol y la luna parecen asomarse para contemplar la belleza de la Madre de Dios.
De gran belleza, a pesar de su reducido tamaño, son los dos tondos de la Anunciación de la Virgen. El ángel Gabriel aparece de perfil, dirigiendo su mirada al otro tondo, el ocupado por María, quien se muestra bajo un cortinaje verde, con la mirada baja dirigida hacia el libro que se encuentra en la parte inferior de la composición, y con las manos cruzadas sobre su pecho, en actitud de humildad en el momento de pronunciar “he aquí la esclava del Señor” (Lc 1,38).
Antonio Rodríguez Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural