La Parroquia de Nuestra Señora de la Oliva de Lebrija une a su indudable valor arquitectónico un conjunto de bienes muebles de primera calidad, como los retablos que se reparten por todo el espacio, entre los que sobresalen el Mayor, el de la Virgen de la Piña, el de la Antigua o este de la Concepción.
Este retablo manierista, situado en el trascoro frente a la Puerta del Perdón, puede fecharse en torno a 1565, fecha en la que se data el testamento del párroco Sebastián de Villavicencio en el cual se encarga su realización en base a un dibujo que poseía este clérigo realizado por Pedro Villegas Marmolejo (1519-1596), pintor sevillano al que se le atribuyen igualmente las pinturas sobre tabla que se encuentran en este retablo, si bien otros autores señalan la participación de su taller, especialmente de Miguel Jerónimo.
El retablo presenta un cuerpo y tres calles con pilastras jónicas acanaladas, estando rodeado por un remate o marco barroco realizado en madera dorada en el siglo XVIII que presenta una decoración basada en motivos vegetales, y que en su parte superior se remata con el anagrama de María con dos angelitos.
Presidiendo el retablo aparece la tabla de la Inmaculada Concepción de María, flanqueada a ambos lados por San Francisco de Asís, quien aparece recibiendo los estigmas, y Santa Lucía, sobre los que se disponen sendos tondos con el ángel Gabriel y la Virgen, en el momento de la Anunciación. Cerrando la composición aparece en el frontón triangular que remata el conjunto la representación de Dios Padre, con la mirada dirigida a la Inmaculada, sobre la cual se puede leer la inscripción: “EGO EX ORE ALTISSIMI PRODIVI PRIMOGENITA ANTE OMNEM CREATURAM. ECLESIASTISI 24”, tomada del capítulo 24 del libro del Eclesiástico, que alude a la concepción inmaculada de María.
La tabla central muestra a la Inmaculada, vestida con túnica blanca y manto azul, de la cual emanan unos rayos dorados, que hacen alusión a la mujer vestida de sol del capítulo 12 del libro del Apocalipsis. Sostiene en sus brazos al Niño Jesús, quien viste túnica de color rojo, alusivo a la Eucaristía. A los pies de la Virgen se distinguen dos cabezas de ángeles. Rodeando a la Virgen aparecen los símbolos marianos de la letanía lauretana, mientras que en la parte superior el sol y la luna parecen asomarse para contemplar la belleza de la Madre de Dios.
De gran belleza, a pesar de su reducido tamaño, son los dos tondos de la Anunciación de la Virgen. El ángel Gabriel aparece de perfil, dirigiendo su mirada al otro tondo, el ocupado por María, quien se muestra bajo un cortinaje verde, con la mirada baja dirigida hacia el libro que se encuentra en la parte inferior de la composición, y con las manos cruzadas sobre su pecho, en actitud de humildad en el momento de pronunciar “he aquí la esclava del Señor” (Lc 1,38).
Antonio Rodríguez Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural
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