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Málaga, muy presente en los actos del Papa de este domingo

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Miles de malagueños han acompañado este domingo al Santo Padre en los actos llevados a cabo en la capital madrileña tanto de forma presencial como a través de los medios de comunicación. Pero la Iglesia de Málaga ha tenido, asimismo, un protagonismo especial en los distintos discursos pronunciados a través de las figuras de la Semana Santa malagueña y del que fuera obispo de la Diócesis, San Manuel González.

Por la mañana, el papa León XIV ha citado a San Manuel González, obispo de Málaga entre 1916 y 1935, en la homilía que ha pronunciado ante 1,2 millones de personas en la plaza de Cibeles: «deseo recordar aquí a san Manuel González, el obispo de los sagrarios abandonados. Su vida nos recuerda que la Eucaristía no puede ser honrada sólo en las grandes celebraciones o de modo ocasional, sino también en la fidelidad silenciosa de quien acompaña al Señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día».

Por la tarde, en el encuentro «Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte», celebrado en el Movistar Arena, el actor malagueño Antonio Banderas ha ofrecido su testimonio al Papa sobre sus primeras preguntas sobre Dios gracias a su vivencia de la Semana Santa de Málaga.

En su discurso sobre el arte y la fe cristiana, el también director y productor se ha dirigido así a León XIV: «Santo Padre, siento una cierta obligación a ofrecer una pequeña reflexión en voz alta sobre mi propia experiencia. Y para ello, he de retroceder en el tiempo a las celebraciones de la Semana Santa en mi querida Málaga, allá por los años sesenta del siglo pasado. Esas manifestaciones populares que toman las calles desarrollando un ritual majestuoso de arte y fe, de cultura y devoción. Y fue ahí, Santo Padre, en ese marco de arte popular anónimo, cuando con tan solo cuatro o cinco años de edad nació en mí una pregunta que solo contenía una palabra: Dios. Poco a poco, fui encontrando respuestas, algunas tan simples como la que reconocí en los ojos de mi madre mientras ésta le clavaba su mirada y su corazón devoto a la Virgen de la Esperanza que pasaba en su trono frente a nosotros en aquellos lejanos años. O a través de la voz que rompía el aire claro de primavera de los cantaores y cantaoras de saetas. O entre la gente humilde y buena de mi ciudad que cada año salían y salen a la calle con su barrio a cuestas, portando sus imágenes que les ayudan a buscarse a sí mismos mientras buscan a Dios. Y lo hacen dejando tras ellos el yo para agarrarse a nosotros. Y del nosotros pasan al ellos, y del ellos al todos, y del todos al mundo, y del mundo al universo, y del universo a Dios».

Altar principal en la plaza de Cibeles
Altar principal en la plaza de Cibeles · //EUROPA PRESS-JESÚS HELLÍN
Antonio Moreno Ruiz
Antonio Moreno

León XIV pone de ejemplo a San Manuel González: «la Eucaristía no puede ser honrada solo en las grandes celebraciones, sino en la amistad que se alimenta día a día»

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«Hermanas y hermanos. Deseo recordar aquí a San Manuel González, el obispo de los sagrarios abandonados. Su vida nos recuerda que la Eucaristía no puede ser honrada solo en las grandes celebraciones o de modo ocasional, sino también en la fidelidad silenciosa de quien acompaña al señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día». Así ha citado el papa León a quien fuera obispo de Málaga en la homilía que ha pronunciado ante 1,2 millones de personas en la plaza de Cibeles y cuyo texto reproducimos a continuación.

HOMILÍA DEL SANTO PADRE

Eminencias y Excelencias Reverendísimas,
queridos presbíteros, religiosos, religiosas,
Majestades,
hermanos y hermanas:

Con el corazón colmado de alegría, al inicio de este Viaje a España, presido esta Celebración en el día de la Solemnidad del Corpus Christi.

Estamos reunidos en torno a la Eucaristía, el don de la presencia viva de Cristo en medio de nosotros. Él, que quiso ofrecernos su vida para hacernos entrar en la comunión del Padre y convertirnos en hijos suyos, está aquí, como Pan vivo bajado del cielo, que nos alimenta con la misma vida de Dios, con un amor más fuerte que la muerte.

Esta memoria del Señor presente en el Pan eucarístico está en el corazón de vuestra fe y de la historia de vuestro pueblo. Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios. Las solemnes procesiones de este día han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español y, todavía hoy, expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país también a través de la belleza y la elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias y de los expositores, de los cantos y de los ornamentos. No se trata de una manifestación exterior, de una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético: aquí se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros, que se hace pan para nuestra hambre de vida y visita los rincones de nuestro corazón y de nuestra historia, también los más oscuros.

Así, si en la Celebración eucarística Cristo se entrega como alimento, la procesión dice que Él no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro. Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. Él es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia, consuelo de los débiles, luz para las familias, esperanza para los enfermos, paz para quien sufre. El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados. No es casual que aquí, en España, la Iglesia haya unido durante años la solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad.

No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo.

Por eso, la memoria histórica de las procesiones del Corpus Christi no se deja aprisionar por un recuerdo nostálgico; se convierte, en cambio, en una invitación para el hoy, para nuestra vida personal, para nuestras relaciones, para la sociedad, para la construcción del futuro. En esta perspectiva debe comprenderse la invitación a “recordar” que hemos escuchado en la primera lectura: «Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto»; acuérdate de cómo, cuando tenías hambre, te alimentó con el maná. Se trata de “recordar” precisamente para no olvidar quién es el Señor, para no caer en la tentación de confiar en otros ídolos y alimentarse de un pan que no sacia.

Por tanto, he aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratitud del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común.

Hermanos y hermanas, deseo recordar aquí a san Manuel González, el obispo de los sagrarios abandonados. Su vida nos recuerda que la Eucaristía no puede ser honrada sólo en las grandes celebraciones o de modo ocasional, sino también en la fidelidad silenciosa de quien acompaña al Señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día. Quisiera recordar también los versos poéticos de san Juan de la Cruz: «Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche» (Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe). En la prisión conventual de Toledo, donde estaba encarcelado en condiciones durísimas, precisamente en torno al Corpus Christi de 1578, él reconoce desde la noche de aquella prisión la presencia escondida del Señor, de la que brota una luz que no conoce ocaso y mana una vida que no se agota. Jesús Eucaristía es “aquella eterna fuente que está escondida” fuente que corre y apaga la sed, pero sin deslumbrar, sin imponerse con poder exterior, sin presentarse de modo espectacular (cf. ibíd.).

Volvamos a Él con amor sincero. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría. Bebamos de nuevo de esta fuente eucarística, que no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a regar a los hermanos, a las familias, a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza. La gracia eucarística nos transforma, pero también nos convierte en protagonistas de la transformación de la historia y en signo de esperanza para quienes encontramos.

Que el Señor Jesús presente en la Eucaristía os haga pan partido, entregado y ofrecido, para que una vida plena pueda brotar para vosotros, para vuestras familias y para vuestro país.

León XIV

León XIV a los jóvenes: «¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo con el amor!»

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Diálogo del papa León XIV con un grupo de participantes en la vigilia de oración con los jóvenes en la «Plaza de Lima»

(1) Sabemos que San Agustín es muy importante para usted, pero ¿qué otros santos y qué otros referentes le han ayudado en su crecimiento como cristiano?

(2) Querría preguntarle ahora sobre sus años como misionero en Perú. ¿Qué recuerdo o qué experiencia guarda como un tesoro de estos años?

Bueno, en primer lugar: ¡un saludo a todos vosotros! Gracias por estar aquí y gracias por compartir la fe con toda Madrid y con toda España. Para la primera pregunta sobre algunos santos que han sido para mí referentes durante mi crecimiento y mi juventud, pero también como obispo y como Papa… Ya han mencionado a san Agustín —y sabemos todos que san Agustín es una figura muy importante para toda la Iglesia—, pero también he pensado en uno de los Padres de la Iglesia oriental que se llamaba san Juan Crisóstomo, su nombre significa “boca de oro”, un título que este Padre de la Iglesia mereció porque tenía una elocuencia muy hermosa. Antes de su bautismo, que tuvo lugar en el año 368 d.C, él estudiaba filosofía. Después se dedicó a la exégesis de la Sagrada Escritura, junto con otros jóvenes de Antioquía, su ciudad natal. Tras una experiencia como eremita, se entregó al servicio de la Iglesia como sacerdote y luego, como obispo. Y aquí aprovecho para decir a todos vosotros: ¡No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia! Pues Juan Crisóstomo, que llevaba en su corazón este amor por la Palabra de Dios, después de ser sacerdote y obispo, dio un testimonio muy grande, sobre todo con la coherencia de su vida. Si predicaba, era porque vivía ese mensaje. A mí personalmente me han impresionado especialmente sus catequesis, sus sermones, sus homilías y sus escritos que unen el amor por la verdad y la rectitud de su vida. Pero también tenía mucha valentía. No tenía miedo de hablar delante del Emperador, de decir cosas que eran a favor de la justicia y no sólo para complacer al otro. Era un hombre de palabra.

Otro santo que he pensado es santo Tomás de Villanueva, agustino, que fue llamado a convertirse, también, en pastor de la Iglesia. Era español. Estudió en la Universidad de Alcalá y, por su sabiduría, se ganó la estima del emperador Carlos V. Luego fue nombrado obispo de Valencia y emprendió una intensa obra de reforma de la Iglesia, sobre todo del clero, exhortando a sus hermanos a la perseverancia en la oración, en la vida de castidad y en la obediencia. Por su ardiente caridad es conocido hasta hoy como “el Obispo de los pobres”. Pues esta caridad me ha alentado en los momentos de prueba y en los momentos de servicio.

Otro compañero de camino es santo Toribio de Mogrovejo, también español. En el siglo XVI fue misionero en Perú, donde se dedicó con gran celo a la evangelización, estudiando las lenguas locales. Santo Toribio unió una intensa vida de oración al compromiso por la justicia, especialmente frente a los abusos y la corrupción de su época. Por eso, para mí es un modelo de entrega al pueblo, especialmente a los más pobres, en el nombre de Cristo.

Contemplando la vida de estos santos, como san Agustín, me dije a mí mismo: si ellos fueron capaces, ¿por qué yo no? (cf. Confesiones, VIII, 27). Una pregunta que también os confío con gusto, invitándoos a escoger ejemplos de vida buena, que resulten atractivos tanto para vosotros como para los demás.

Pues, en cuanto a los años vividos en Perú, como misionero y luego como obispo, recuerdo sobre todo el testimonio de fe de la gente, marcada por muchas dificultades, pero llena de esperanza. Precisamente el encuentro con las heridas y también con las alegrías del pueblo me hizo crecer en el camino del seguimiento de Jesús. Mientras lo anunciaba, también yo era transformado por el Evangelio, transformado por la vida y la fe de estos pueblos, muchas veces materialmente muy pobres, pero ricos en la fe. Y experimentando esta fe en la palabra del Señor, he visto cómo la Palabra de Dios puede convertir el conflicto en paz. Puede ser fuente de reconciliación, de paz y de justicia.

(3) ¿Qué considera que nos ayudaría a reconocer la voz de Dios entre otras muchas voces?

(4) ¿Cómo podemos nosotros, también buscadores, acompañarlos en su proceso de descubrimiento de la belleza de la fe?

Primero, podemos hablar de cómo escuchar esta voz de Dios, cómo discernir si es verdaderamente Dios quien esta hablando u otra cosa, otra atracción, otra dificultad.

Para reconocer la voz de Dios, puede ayudarnos ante todo el silencio, ahí creo que es muy importante que cada uno de nosotros busque desarrollar la capacidad de estar en silencio. Muchas veces vamos con audífonos, vamos con la música, vamos con la distracción y no sabemos estar en silencio. Creo que muchas veces es precisamente en esta experiencia de silencio donde Dios puede hablarnos o donde podemos discernir la voz de Dios. Cuando buscamos el silencio, decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer. Al liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por interés. En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece. Aquí también quisiera subrayar la importancia de buscar la verdad, porque muchas voces, muchas cosas en las redes nos engañan y nos cuentan mentiras. ¡Buscad siempre la verdad! ¡Dios es verdad! ¡Si te lleva lejos de Dios, no es verdad! ¡No lo olvidéis!

En segundo lugar, tened la certeza de que Dios conoce bien tu voz, vuestra voz: Él os escucha y os responderá. No tengáis miedo de expresar lo que sentís en el corazón. Hay un Salmo que dice: «El que hizo el oído, ¿no va a oír?» (Sal 94,9). Nuestro discurso interior se convierte en oración, alabanza y súplica cuando es confiado al único que puede escucharlo. La oración es una voz libre justamente porque no habla para rendir cuentas, para demostrar que estamos preparados o para hacernos sentir importantes. Cuando nosotros mismos nos convertimos en oración, el Señor nos responde con su Verbo, que se hizo hombre por nosotros, afirmando que nos ama con todo su ser.

En tercer lugar, para reconocer la voz de Dios es necesario escuchar la Palabra. La Palabra de Dios está viva, porque es Cristo, cuya voz sigue resonando en la Iglesia que es su Cuerpo. Él cumple todas las Escrituras, ese testamento antiguo y nuevo dado a los hombres como promesa de salvación. También la adoración eucarística, que esta noche compartimos, es precisamente el lugar adecuado para guardar silencio, liberar el corazón y “estar” nosotros mismos ante el Señor, dialogando con Él, de modo que se haga elocuente en su amor, hecho alimento para toda la humanidad.

Además, queridos jóvenes, para acompañar a otros a descubrir la belleza de nuestra fe, recordad que ninguno de nosotros nació siendo maestro y que, ante el Señor, todos somos discípulos. Compartid pues, vuestro camino espiritual, dando testimonio de él con coherencia de vida: la voluntad de seguir a Jesús os renovará constantemente, sobre todo en la hora del cansancio. En esto es importante ver que nadie esta solo creyendo en Jesús. ¡Mirad cuántos estáis aquí! Y así también, en comunidad, en los grupos de jóvenes, en la familia, podemos todos aprender lo que es la belleza de nuestra fe. Pues compartiendo vuestro camino espiritual la voluntad de seguir a Jesús os renovará constantemente. Él camina a nuestro paso e ilumina nuestro camino. Siguiendo el ejemplo del Maestro: así os invito a actuar, como pastores, educadores, como amigos. Si rezáis con amor, los jóvenes apreciarán la importancia de la oración. Si ardéis en la fe, transmitiréis su fuego vivo. ¡Buscad todos en vuestros corazones este fuego del amor de Dios! Pues ahí está la presencia de Jesús, y la presencia cercana de Jesús se percibe incluso en los momentos de nuestras caídas, porque Jesús no nos abandona. También cuando nos convertimos en mano tendida, abrazo fraterno, cuando buscamos oportunidades para servir a los demás y cuando buscamos cómo tocar la vida del otro con sus heridas, en su tristeza, en sus dificultades. Ahí la fe en Jesucristo se hace viva, y ahí es donde Jesús nos ayudará a sostenernos mutuamente en el camino.

(5) ¿Cómo podemos vivir los jóvenes cristianos comprometidos con esta sociedad?

(6) ¿Cuál es la misión concreta que usted nos pide a los jóvenes de la Iglesia?

Bueno, ¡felicidades por tu matrimonio Fernando! Aquí también he visto a otras parejas que se van a casar: ¡Felicidades y bendiciones! Porque, si antes dije “no tengáis miedo de pensar en una vocación”, el matrimonio también es una vocación ¡No tengáis miedo del matrimonio y de formar una familia!

A lo largo de los siglos de historia de la Iglesia, los cristianos hemos vivido en todo tipo de sociedades, atravesando los cambios de las culturas que hemos compartido y contribuido a formar. Hay un texto antiguo, se llama la Carta a Diogneto, que nos ofrece al respecto una hermosa intuición: «los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo» (VI). Este es nuestro modo de vivir: los discípulos de Jesús son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo! Y Cristo nos ha liberado con su amor. Gracias a este amor, somos siempre libres frente a toda coacción y engaño. Somos libres de las modas, porque somos discípulos de la verdad; estamos abiertos al futuro, porque sabemos que no nos espera la muerte. Al contrario, el sentido de la historia culmina en la eterna comunión de vida que Dios prepara para todos. Desde esta perspectiva, sobre todo vosotros, jóvenes, estáis llamados a dar una nueva dirección a la sociedad, convirtiéndoos en protagonistas del cambio a partir de vuestros vínculos cotidianos, aquello que vivís en la familia, en la universidad y en el trabajo. Viéndoos, queridos jóvenes, llenos de este entusiasmo motivado por la fe, me ilusiona pensar en la capacidad que tenéis de testimoniar a Cristo en el mundo, incluida la realidad digital, para comunicar los valores y la belleza del Evangelio (cf. Christus vivit, 105; Saludo en el Jubileo de los misioneros digitales, 29 julio 2025).

Os invito, por tanto, a todos, a ser juntos sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13). Para vivir así, es necesario ante todo interpretar la sociedad presente, viviendo con sabiduría, para poder después transformarla como testigos del Evangelio. El joven cristiano, en efecto, se vuelve luminoso tanto en la alegría como en la prueba, dando sabor a la realidad porque la habita como una persona que disfruta de la vida en su interior, sin esperar que el gusto se lo den la riqueza, el placer o el poder. Esta es nuestra libertad, que tiene su fuente en la fe, que es capaz de dar luz y buen sabor a toda sociedad, a toda experiencia humana. En cambio, cuando la vida no sabe a nada, es como si nos fuera arrebatada: ya no la sentimos nuestra. Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva.

Y entonces, quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas. Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo. Cultivando este compromiso, mirad a los Apóstoles, a los primeros cristianos, habitantes de un mundo pagano. Siguiendo su ejemplo, sed misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo, sabiendo bien que nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en la caridad (cf. Ga 5,6). Ésta, queridos jóvenes, es la virtud que cambia la historia más que ninguna otra. ¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo con el amor! Muchas gracias.

León XIV

«Aquí, la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos», el Papa en el «Cedia 24 horas» de Cáritas

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Saludo del papa León XIV en la visita a los operadores y asistidos del proyecto social «Cedia 24 Horas» en el Centro de Información y Acogida

Eminencia,
Excelencias,
queridos hermanos y hermanas:

Sinceramente estoy muy contento de comenzar aquí mi visita a Madrid. Como ha dicho Su Eminencia, quien está en Madrid, es de Madrid. Y por tanto yo también estoy entre vosotros como un madrileño más: gracias, Madrid, por esta bienvenida. Una bienvenida que me hace sentir parte de una gran y maravillosa familia en la que, como en todas las familias, ocurren milagros de amor. En particular en esta casa, donde nadie se queda solo.

Aquí, la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos y, al escucharnos mutuamente, afrontamos juntos los retos, sin ignorar la complejidad de las situaciones y, al mismo tiempo, sin dejar de lado las exigencias de la caridad y de la justicia, «en diálogo con todos los que se preocupan seriamente por el hombre y su mundo» (Deus caritas est, 27). Así el CEDIA recorre el camino del Evangelio, siguiendo las huellas de Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre no sólo para sanar nuestras enfermedades y miserias, sino para hacerlas suyas —excepto el pecado—, viviendo como uno de nosotros en la debilidad e identificándose con toda persona que sufre, hasta el punto de decirnos: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40).

En este sentido podemos interpretar las palabras que acabamos de escuchar en el canto: «En cada sueño te busqué, y ninguno fue en balde». Ellas sintetizan muy bien los testimonios que hemos escuchado y el trabajo que se lleva a cabo aquí cada día.

En efecto, gracias a un sueño y a una pequeña puerta abierta —pequeña en tamaño, pero inmensa en misericordia, como ha dicho Su Eminencia—, Niurka les ha dado a Ares y Atenea la vida, su amor de madre, la gracia del Bautismo y la promesa de un futuro feliz.

Gracias a un sueño y a esa misma pequeña puerta, Khadri ha atravesado el oscuro túnel de la pandemia y un viaje lleno de incógnitas. Con la ayuda de quienes le tendieron la mano, demostrándole que lo apreciaban y creían en él, ha encontrado un trabajo y, sobre todo, ha recuperado las ganas no sólo de seguir adelante, sino también de servir a su vez de apoyo a otros, tal y como otros lo han apoyado a él.

Gracias también a un sueño y a esa misma pequeña puerta, cada día Alicia y los demás voluntarios del Proyecto Esperanza ayudan a tantas mujeres a recuperar la dignidad, la autonomía, la esperanza y el respeto por el valor sagrado de su persona, y a iniciar una nueva vida.

También los símbolos que me habéis regalado son un mensaje para todos: la cinta con los nombres de los niños expresa la alegría que cada nacimiento trae al mundo; el permiso de residencia cuenta una historia de esfuerzo, pero sobre todo de compromiso, honestidad y acogida; las sandalias, que recuerdan el encuentro de Moisés con Dios en el Horeb (cf. Éx 3,1-6), evoca la “tierra sagrada” que estamos obligados a respetar en toda existencia humana.

Por eso os doy las gracias de corazón a todos vosotros por haber compartido experiencias dolorosas, pero sobre todo llenas de luz, que reflejan, como espejos, la caridad de Dios.

Vuestros testimonios nos abren una ventana a un panorama inmenso, poblado por un sinfín de madres como Niurka, de niños y niñas, de mujeres y hombres, de voluntarios y voluntarias: tantas personas, tantos hermanos y hermanas, tantas historias, tan numerosas que, como dice san Juan: «Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribirse» (Jn 21,25). Y la comparación con el Evangelio no es forzada, porque en estas historias continúan las «cosas [que] hizo Jesús» (ibíd.) a quien se refiere el Evangelista.

El Arzobispo, en su intervención, ha evocado el camino que desde Belén lleva al Paraíso. Madrid es también famosa por los belenes que la adornan en la época de Navidad. Su belleza, sin embargo, es sólo una pálida expresión de una maravilla aún más grande y profunda, que hoy encontramos aquí. Las luces, las voces y los sonidos que durante las fiestas navideñas nos llegan al corazón y nos humedecen los ojos, en realidad los llevamos dentro, con nosotros y entre nosotros durante todo el año, y hoy están más vivos y encendidos que nunca en estos espacios, alrededor de este “belén” sencillo y acogedor que, con la ayuda de Dios, vosotros seguís preparando día a día —es más, literalmente día y noche— para Jesús, presente en las personas que se asoman al umbral del Centro en busca de ayuda.

Como lema para esta visita se han elegido las palabras de Jesús a sus discípulos: «Alzad la mirada» (Jn 4,35).

Son una invitación a contemplar los campos que, maduros, esperan la cosecha, y nos recuerdan que la caridad no admite demoras. Si no se cosecha cuando el trigo está maduro, la cosecha se pierde, y esta es nuestra responsabilidad ante quienes están necesitados: una responsabilidad que consagra cada encuentro con el otro como un kairós, un momento de gracia único e irrepetible para amar, que no hay que perder ni posponer. El amor de Cristo nos empuja hacia los hermanos (cf. 2 Co 5,14) y la caridad y la solicitud con que respondemos a sus impulsos son la prueba de nuestra fe.

Si lo pensamos bien, en realidad, «también los cristianos, en muchas ocasiones, se dejan contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por posicionamientos políticos y económicos que llevan a injustas generalizaciones y a conclusiones engañosas. El hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el Evangelio, para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana. No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico» (Dilexi te, 15).

Las palabras de Jesús son también una invitación a cultivar un corazón sensible ante las necesidades de los demás (cf. Sal 112,1-9), manteniendo vivo en nosotros el deseo del bien que Dios ha puesto en nuestra propia humanidad y que la fe libera y fortalece. El Papa Francisco decía al respecto: «Frente al misterio de la vida personal y a los desafíos de la sociedad, el que cree exulta, tiene una pasión, un sueño que cultivar, un interés que impulsa a comprometerse en primera persona» (Homilía, Marsella, 23 septiembre 2023), y advertía sobre el peligro de un «corazón aburrido, frío, acomodado a una vida tranquila, que se blinda en la indiferencia y se vuelve impermeable, que se endurece» (ibíd.). Un corazón vivo es cálido y palpitante, y da vida. Un corazón frío está inmóvil, ya no bombea sangre, y provoca la muerte de la persona.

Pero quisiera subrayar un último aspecto de la invitación del Señor: en efecto, es también una llamada a mirar a los que sufren a los ojos y a hacer de la ayuda ante todo un encuentro de hermanos unidos en el único abrazo del Padre. También sobre esto el Papa Francisco insistió mucho. Solicitaba: «Cuando tú das limosna, ¿miras a los ojos del mendigo? ¿Le tocas la mano para sentir su carne?» (Ángelus, 27 octubre 2024) y concluía: «La limosna no es beneficencia. El que recibe más gracia de la limosna es el que la da, porque se hace mirar por los ojos del Señor» (ibíd.). Los que aman de verdad «no se limitan a dar algo; escuchan, dialogan, intentan comprender la situación y sus causas […]. Están atentos a las necesidades materiales y también espirituales, a la promoción integral de la persona» (Mensaje para la VII Jornada Mundial de los Pobres, 13 junio 2023, 5).

Y podríamos concluir mirando a María, en cuya caridad todo esto encuentra cumplimiento: en su amor solícito en Caná (cf. Jn 2,1-11), anhelante tras los pasos de su Hijo (cf. Lc 2,41-49; 8,19-21), cercano y partícipe hasta el final al pie de la cruz (cf. Jn 19,25-27). A Ella os confío a cada uno de vosotros y vuestro trabajo, en esta tierra que le está consagrada, deseando que el espíritu de su maternidad universal anime cada vez más el grito de la fe. A Ella digámosle: «Enséñanos a verte siempre Madre, manantial de misericordia, regazo de perdón, abrazo de la esperanza, puerta de la Gloria» (Oración de san Juan Pablo II a la Almudena, 15 junio 1993).

Gracias.

Bien, antes de dar la bendición, vamos a rezar la oración que Jesucristo nos enseñó.

Padre Nuestro

Bendición Apostólica

Felicidades a todos, muchas gracias por este testimonio de amor.
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Palabras del Santo Padre en la Parroquia de la Crucifixión

Muchas gracias, es un gusto estar aquí. Estoy muy contento de esta primera visita en la Archidiócesis de Madrid; de empezar también en una parroquia que se llama Crucifixión, que es señal no de muerte sino de esperanza, de nueva vida, de resurrección y de la salvación que Jesús ofrece a todos nosotros.

Agradezco muchísimo a todas las asociaciones representadas aquí, gracias por este hermoso servicio que hacéis, porque este es el signo de la esperanza en el mundo de hoy. Es el Evangelio vivo que todos queremos ver, todos queremos sentir, experimentar, pero que muchas veces es perdido u olvidado por la gran indiferencia que afecta a nuestra sociedad.

Vosotros tenéis en vuestras manos esa gran posibilidad de ofrecer esperanza: a nosotros y a todo el mundo, y gracias por eso. Gracias por los sacrificios, gracias por decir “sí” a Jesús Crucificado, gracias por abrazar la Cruz para así llegar ustedes, nosotros y todos, caminando juntos a la esperanza y a la alegría de la Resurrección.

Muchas gracias.

León XIV

«¡Que Dios bendiga a España!». Primer discurso en el Palacio Real.

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Discurso del Papa en el encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el Palacio Real de Madrid.

Majestades,
Altezas Reales,
distinguidas Autoridades y miembros del Cuerpo Diplomático,
señoras y señores:

Doy gracias al Señor por este encuentro y expreso mi agradecimiento por la invitación a realizar este viaje apostólico a España: un itinerario en varias etapas, cada una de las cuales revelará algún aspecto de la riqueza multifacética de un gran país que, desde hace casi dos milenios, ha acogido la Palabra del Evangelio. La tradición siempre ha vinculado la primera evangelización de la Península ibérica a la predicación del apóstol Santiago el Mayor. Este vínculo reviste una importancia teológica considerable, porque expresa la conciencia de la Iglesia local de estar en continuidad con la misión apostólica nacida en Pentecostés. El vínculo antiquísimo entre la fe cristiana y esta tierra, si bien por un lado no agota la multiforme identidad de vuestro pueblo, por otro ha moldeado profundamente su cultura y representa una fuente de esperanza y de orientación entre los desafíos que hoy, como familia humana, debemos afrontar juntos. Pienso en las expresiones de la fe popular que, en cada ciudad y pueblo, representan una auténtica dramaturgia de la salvación al ritmo del año y en los diversos contextos de la vida. Junto con el patrimonio artístico y musical, con las múltiples cofradías y asociaciones de carácter caritativo, dan testimonio del fecundo encuentro entre Jesucristo y vuestro pueblo. ¡Es un pueblo lleno de pasión, que ama la vida y lo manifiesta!

Vengo entre ustedes para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación. De hecho, su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad. El mensaje de paz que en estos tiempos, por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad. Como nos ha enseñado el Papa Francisco, existe, en efecto, «una tensión bipolar entre la idea y la realidad. La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma» (Evangelii gaudium, 231). De hecho —concluía—, «la realidad es superior a la idea» (ibíd.). La verdad es siempre más grande que nosotros y por eso nos sorprende y nos atrae hacia caminos de purificación y reconciliación, en los que el diálogo con los demás —y con el Otro con mayúscula— se vuelve fundamental.

A este respecto, quisiera referirme a dos figuras de este país que, desde hace cinco siglos, nutren la vida de la Iglesia y la búsqueda espiritual de muchos, incluso más allá de sus fronteras visibles. Se trata de Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, que se hicieron amigos en la pasión por el Misterio divino. La suya es una mística con los ojos abiertos, es decir, no ajena a la historia, sino que, por el contrario, lleva a la raíz de las cuestiones, al corazón de la realidad. En particular, al interpretar las transformaciones y soportar las tensiones que hacen tan oscura nuestra época, nos ayuda el tema de la noche, tan querido por san Juan de la Cruz, cuyo Año Jubilar estamos celebrando. En su sed de luz, paradójicamente, aprendió a apreciar la oscuridad —«noche dichosa» (Noche oscura, 3)— como el tiempo en que el alma se libera de lo que presumía de conocer y poseer. También hoy lo que más nos asusta, lo que en muchos provoca la oscuridad de la razón y la violencia de las emociones, es lo desconocido, ante lo cual puede prevalecer la sensación de no tener ya mapas, la desorientación. Por eso se necesitan, también en la vida pública, hombres y mujeres que intuyan, en la oscuridad, la luz; en el fin, un posible comienzo, casi el irrumpir de una verdad como luz que aún ciega, pero que —si confiamos y encontramos paz— nos llevará delicadamente hacia sí misma: «¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que la alborada! ¡Oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada!» (ibíd., 5).

Nuestra época, que en apariencia se ve sacudida por terribles desequilibrios y conflictos, clama en lo más profundo por la paz, por un nuevo conocimiento de la persona humana y de su dignidad inviolable, por la civilización del amor (cf. Magnifica humanitas, 186).

Santa Teresa describe este mismo itinerario con la imagen del castillo interior. Avanzando de habitación en habitación hacia el lugar más íntimo —es decir, cada uno hacia su propio corazón, santuario de la verdad—, el espacio se amplía, la mente se abre, las contradicciones se resuelven, las tensiones se disuelven, los demás encuentran su lugar, el universo se convierte en hogar. No se trata de una huida intimista, sino de una apertura radical al totus Alius et semper Novus, que se realiza cuando volvemos a nosotros mismos. Esta dimensión del ser humano es la razón por la que hay que proteger la libertad religiosa y de conciencia.

Hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada. Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia. Y, sin embargo, desde estas noches oscuras, hombres y mujeres fieles a la verdad se han visto impulsados a avanzar de estancia en estancia hasta el punto en que, en la conciencia, la justicia y la paz se abrazan. Es de su libertad que aprendemos a ser libres.

La Iglesia católica está al servicio de esta sed del corazón humano. No de forma impositiva, sino con el testimonio evangélico respaldado por una multitud de mártires y santos, y hoy está dispuesta a ponerse al servicio del futuro de un pueblo que busca la reconciliación y la paz.

Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad. Veo aquí una vocación específica de Europa, de la que España es protagonista original y fundamental. Es el regalo que el Viejo Continente puede hacer al mundo si quiere permanecer joven, pues joven es quien siente que tiene un futuro y una misión que aún interpelan. Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos: he aquí la tarea de quien tiene una gran historia a sus espaldas. Las nuevas tecnologías se han convertido en un entorno artificial en el que nuestras opciones fundamentales se ponen a prueba: en su interior, los prejuicios se exacerban, el pensamiento crítico se debilita, los intereses prepotentes siembran pulsiones de muerte. Por otra parte, el bien puede resistir y comunicarse.

Es necesario, sobre todo por parte de quienes tienen responsabilidades económicas, políticas e institucionales, dar un salto cualitativo, un cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación, a las comunidades locales y a la sociedad civil como semillero de participación y mediación cultural. La seguridad, que con demasiada frecuencia nos ilusionamos que provenga de las armas y los muros, madura más bien al aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos, codo con codo. Vuestra propia historia lo atestigua. La presencia del islam en la Península ibérica, por ejemplo, constituyó una realidad política, cultural y religiosa de larga duración. Durante ese periodo no sólo hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos. En la escuela de traductores de Alfonso X el Sabio, expertos pertenecientes a las tres religiones colaboraron en la traducción del rico patrimonio árabe, griego y hebreo, contribuyendo a la difusión de textos como, entre otros, los de los filósofos Averroes (1126-1198) y Maimónides (1138-1204). En particular, ciudades como Córdoba y Toledo se convirtieron en lugares de mediación entre lenguas, religiones y saberes. Pero esta es la verdad que cuentan las ciudades europeas, su estratificación histórica, el tejido de solidaridad que a lo largo de los siglos ha conformado sus diferencias, transformando los inevitables conflictos en puntos de partida.

Como nos enseñó otro noble hijo de esta tierra, en las pruebas y los fracasos es posible replantearse todo: Ignacio de Loyola tuvo esta audacia, dando crédito a las desolaciones y consolaciones de su corazón, en un ejercicio de discernimiento e imaginación por el cual prefirió la paz a las armas y los santos a los poderosos. Comprendió que el bien al que se sentía atraído no era utópico, y entonces su crisis se transformó en gracia. Lo mismo puede suceder con las “novedades” que nos inquietan hoy y sobre las que nuestras sensibilidades están divididas. «Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien, indiquemos criterios de discernimiento —la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz— y traduzcámoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz» (Magnifica humanitas, 14).

Majestades, Altezas Reales, señoras y señores, expreso mi agradecimiento a vuestro país por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos. Al mismo tiempo, animo a cultivar también en su interior el diálogo y la amistad social, a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad, y a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana.

¡Que Dios bendiga a España!

León XIV

León XIV: «La Iglesia anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo»

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MADRID, 7 de junio de 2026. El papa León XIV ha reunido este domingo, en el espacio Movistar Arena de Madrid, a personas relacionadas con el mundo de la cultura, el arte, el deporte, la academia y la empresa en el acto “Tejer Redes”, un encuentro promovido para fomentar el diálogo, la búsqueda del bien común y la construcción de una auténtica cultura del encuentro. En este sentido, el Santo Padre ha comenzado su intervención lanzando una pregunta “que nos interpela a todos: ¿qué herencia estamos dejando al futuro y por ende, qué tipo de comunidad estamos construyendo?”

Ante un Movistar Arena abarrotado de representantes de la sociedad civil, el Pontífice ha afirmado que “la Iglesia, consciente tanto de sus aciertos como de sus errores a lo largo de la historia, anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo.” Además, ha añadido que en “ el ADN de la humanidad está radicado el deseo de bien, de belleza y de verdad; y es a partir de esa aspiración profundamente humana y de nuestra experiencia plurisecular, que la Iglesia propone caminos para una vida digna y el bien común. “

La palabra cultura tiene la misma raíz etimológica que cultivo. A este respecto el Santo Padre ha subrayado la importancia de plantearse “qué es lo que hoy sembramos, qué es lo que florece y qué se marchita silenciosamente en nuestra sociedad; qué valores estamos preservando y cuáles estamos dejando morir. Son preguntas profundas, necesarias y que no pueden ser ignoradas”.

Durante el acto, el Santo Padre estuvo acompañado por representantes del ámbito cultural y artístico, como el actor Antonio Banderas, la bailarina Sara Baras o la cantante, Rozalén; del deporte, con las medallistas olímpicas Carolina Marín y Teresa Perales; del mundo empresarial, como los presidentes de la CEOE, Antonio Garamendi, y de CEPYME, Ángel de Miguel, y sindicatos, como los responsables de CC.O.O y UGT, Pepe Álvarez y Unai Sordo, respectivamente; y del mundo académico, con José María Coello de Portugal, vicerrector de la Universidad Complutense de Madrid. 

Previamente a la llegada del Papa, protagonizaron la espera actuaciones de danza, canto, chotis, zarzuelas o la música del grupo Big Band. Además, se sucedieron los testimonios de fe y compromiso, como Iñaki, bombero del parque de San Blas; o Carmen Molina, enfermera de paliativos Hospital Niño Jesús de Madrid. 

En torno a las 18.00 de la tarde, el Papa llegó al Movistar Arena y dio comienzo el acto, presentado y conducido por los periodistas Carlos Franganillo y Lara Siscar, que dieron la bienvenida al Santo Padre. A continuación, el actor Antonio Banderas destacó la Iglesia “como el mayor productor de arte de la historia de la Humanidad”. En este sentido, recalcóó que: “La relación entre la Iglesia católica y el arte no ha sido solo fructífera: ha sido determinante. No tememos equivocarnos al decir que la iglesia ha sido el mayor productor de arte de la historia de la humanidad”. Durante su intervención, además, interpretó una particular versión de Tarde te amé, de Las Confesiones, uno de los textos más conocidos de San Agustín. 

Tras la interpretación, llegó el turno del ámbito académico, bajo el lema “El estudio al servicio de la búsqueda de la verdad”. De la mano de José María Coello de Portugal, vicerrector de la Universidad Complutense de Madrid, en representación de la comunidad educativa y científica de Madrid, quien destacó “la educación como un mecanismo insustituible de justicia social.” Además, añadió que sólo mediante el compromiso social pueden, las instituciones educativas, cumplir su “misión y devolver a la sociedad su esfuerzo, formando ciudadanos libres, adecuadamente preparados en todas las áreas del saber, portadores de valores éticos y con ánimo de servicio a la comunidad.”

Al término de esta parte, tuvo lugar la actuación de Sara Baras, Premio Nacional de Danza y embajadora del flamenco a nivel mundial, que interpretó un fragmento de su espectáculo, Vuela, un homenaje a Paco de Lucía. 

El mundo económico y empresarial también tuvo su momento durante el acto, bajo el título “La economía al servicio del bien común”, que contó con la participación de representantes de grandes empresarios, sindicatos y mediana empresa, quienes subrayaron los retos tecnológicos acuciantes. En concreto intervinieron Antonio Garamendi, presidente de CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales); Unai Sordo, Secretario General de CCOO; Pepe Álvarez, Secretario General de UGT; y Ángela de Miguel, presidenta de CEPYME (Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa). 

Antes del Papa, en la parte dedicada al deporte, titulada “Deporte al servicio de la realización humana”, intervinieron Carolina Marín, campeona olímpica de bádminton; y Teresa Perales, ganadora de 28 medallas paralímpicas, quienes destacaron todo lo que se puede aprender del deporte, como “la resiliencia ante la adversidad”, o la necesidad de recuperar “la alegría limpia de jugar por el placer de jugar; esa ilusión que teníamos de niños.” 

Al finalizar el apartado de testimonios, los conductores del acto han dado paso al momento más esperado: la intervención del Papa.

Servir de modo desinteresado

León XIV ha destacado la labor de la Iglesia como “experta en humanidad” y ha recuperado el interrogante que permea toda su primera encíclica ‘Magnifica Humanitas’, sobre qué significa ser verdaderamente humano. Asimismo, ha defendido la necesidad de “establecer un diálogo entre instituciones centrado en la dignidad humana.”  

Para no poner en peligro nuestra ‘magnífica humanidad’, ha alentado a seguir el consejo de San Pablo: “Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. No os tengáis por sabios. A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo.”

También ha hecho una clara referencia a las raíces cristianas de Europa. “Hombres y mujeres movidos por la fe han edificado hospitales y escuelas, dieron pie a iniciativas solidarias y hablaron con un lenguaje que dignifica a las personas. Por eso cabe preguntarse con honestidad si el mundo —y en particular Europa— habría forjado su identidad sin la huella espiritual que ha impregnado su historia.”, ha resaltado León XIV.

La fe hecha cultura

“Todos hemos experimentado algo hermoso, tanto que nos cambió interiormente: una canción, un poema, una iglesia silenciosa, una voz, una mirada, incluso un partido de baloncesto vivido con amigos”, ha reconocido el Pontífice.

Por ello, “no es extraño entonces que la proclamación de la Buena Nueva y la conciencia de sabernos hermanos se exprese con forma de saeta en una Semana Santa, de poesía mística, de maestría literaria en autores como Lope de Vega, santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, Calderón de la Barca, o en la prosa serena de santo Tomás de Aquino, de quien hemos heredado los hermosos himnos del Corpus Christi, que celebramos hoy”. 

“Todo ello muestra el vínculo entre lo material y lo espiritual que constituye nuestra existencia”, ha recalcado León XIV.

El deporte, como escuela de vida

León XIV gran aficionado al deporte, ha reconocido su valor como un campo privilegiado de aprendizaje, donde se aprende a “perder sin odiar, ganar sin humillar o levantarse después de caer”.

Además, el Santo Padre ha alentado a los presentes a cuidar las palabras: “el lenguaje escrito, oral y, en el entorno digital, también el de las imágenes; porque la comunicación nunca es neutral. Toda expresión habla, transmite; puede herir o sanar, destruir expectativas o abrir horizontes, sembrar división o despertar la esperanza”.

El acto se cerró con la actuación musical de Rozalén, con la canción “Y busqué”, un recordatorio de la imposibilidad de alcanzar una paz social verdadera si no cultivamos primero la propia paz individual. Antes de abandonar el recinto, el Santo Padre impartió la bendición. 

www.conelpapa.es

Imagen: Marcos Nogales

Imágenes oficiales

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“La Iglesia anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo”

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“Tejer redes”, el acto que congregó con el Santo Padre al mundo de la cultura, la economía y el deporte. Entre los asistentes, un grupo de profesores de la UGR con la Pastoral Universitaria y su delegado diocesano.

La cultura, la economía y el deporte también tienen su hueco en la agenda de la Visita apostólica del Papa a nuestro país en su primera sede de Madrid. Tras la multitudinaria Eucaristía y procesión del Santísimo Sacramento por algunas de las calles de Madrid, con la custodia portada por el propio Santo Padre, y la asistencia de 1,5 millones de personas, la tarde del domingo quedó reservada para “Tejer redes”, un acto con representantes del mundo de la cultura, la economía y la empresa y la academia.

A este acto asistieron 20 profesores de la Universidad de Granada con la Pastoral Universitaria y su delegado diocesano D. Israel Castillo, que califica de “maravilloso” y “un encuentro increíble” lo vivido en el Madrid Arena.

El objetivo de este encuentro dentro de la agenda pontificia es abordar cómo fortalecer los lazos de colaboración y compromiso al servicio del bien común. En su alocución, León XIV ha instado a que “la universidad no viva de espaldas al mundo del trabajo ni renuncie a la verdad; que la actividad empresarial no vea al empleado como un factor más en la ecuación de sus intereses; que el arte no tengo como fin sólo a las élites; y que el deporte no sea reducido a espectáculo o convertido en mero negocio”. 

“La Iglesia, consciente tanto de sus aciertos como de sus errores a lo largo de la historia, anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo”, señaló el Papa. “en el ADN de la humanidad está radicado el deseo de bien, de belleza y de verdad; y es a partir de esa aspiración profundamente humana y de nuestra experiencia plurisecular, que la Iglesia propone caminos para una vida digna y el bien”, subrayó.

“Todos hemos experimentado algo hermoso, tanto que nos cambió interiormente: una canción, un poema, una iglesia silenciosa, una voz, una mirada, incluso un partido de baloncesto vivido con amigos”, dijo el Papa, sobre la cultura como instrumento que conduce a la fe cristiana.

En el acto participaron distintas personalidades de estos ámbitos, desde el acto Antonio Banderas, hasta las deportistas con medallas olímpicas Carolina Marín y Teresa Perales, así como representantes del mundo empresarial procedentes de la CEOE y CEPYME o de los sindicatos, CCOO o UGT.

La labor de la Iglesia como “experta en humanidad” fue destacado por el Papa, recuperando un interrogante recorrido en su primera encíclica “Magnifica Humanitas”, sobre qué significa verdaderamente ser humano. También defendió la necesidad de “establecer un diálogo entre instituciones centrado en la dignidad humana”.  

El acto se cerró con la actuación musical de Rozalén con la canción “Y busqué”, un recordatorio de la imposibilidad de alcanzar una paz social verdadera si no cultivamos primero la propia paz individual. Antes de abandonar el recinto, el Santo Padre impartió la bendición. 

Foto portada Magan Luis

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La parroquia de Zújar bendice un azulejo conmemorativo del Centenario de la Coronación de la Virgen de la Cabeza

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La parroquia de Zújar bendice un azulejo conmemorativo del Centenario de la Coronación de la Virgen de la Cabeza

La solemnidad del Corpus Christi ha tenido este año un significado especial para la comunidad parroquial de Zújar. Durante el recorrido procesional celebrado en la mañana del domingo 7 de junio, tuvo lugar la bendición de un azulejo conmemorativo del Centenario de la Coronación Canónica de la Santísima Virgen de la Cabeza, patrona de la localidad.

El azulejo, que ha sido donado por la parroquia y la comunidad parroquial a su querida patrona, quiere dejar constancia permanente de este importante aniversario mariano que Zújar viene celebrando con especial fervor y devoción. La pieza, realizada por el artista Rafael Llamas, recuerda los cien años de la coronación de la Virgen de la Cabeza, una efeméride que está marcando la vida religiosa y espiritual del pueblo durante este año centenario.

La bendición tuvo lugar en uno de los momentos más significativos de la procesión del Santísimo Sacramento, ante la presencia de numerosos fieles que acompañaban al Señor por las calles engalanadas para la celebración del Corpus. El acto estuvo cargado de emoción y fue vivido como expresión de gratitud y amor a la Virgen de la Cabeza por parte de sus hijos de Zújar.

Con este gesto, la parroquia y toda la comunidad parroquial han querido ofrecer a su patrona un recuerdo permanente del Centenario de su Coronación, dejando para las generaciones futuras un testimonio visible de la profunda devoción que el pueblo de Zújar profesa a la Santísima Virgen de la Cabeza.

La celebración del Corpus Christi y la bendición de este azulejo han vuelto a poner de manifiesto la estrecha unión entre la fe eucarística y la devoción mariana que caracterizan la vida cristiana de esta comunidad parroquial, que continúa viviendo con intensidad las celebraciones del centenario de la coronación de su patrona.

Valeriano Plaza

Párroco de Zújar

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Altares y mucha participación en el Corpus de Alamedilla y Pedro Martínez

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Altares y mucha participación en el Corpus de Alamedilla y Pedro Martínez

 Este fin de semana, las parroquias de Alamedilla y Pedro Martínez han celebrado con gran solemnidad y participación la fiesta del Corpus Christi, una de las celebraciones más importantes del año, en la que se proclama públicamente la fe en Jesucristo presente en la Eucaristía.

La celebración comenzó el sábado 6 de junio en Alamedilla, con la santa Misa a las siete de la tarde y la posterior procesión con el Santísimo Sacramento por las calles del pueblo. La comunidad parroquial se volcó una vez más en la preparación de esta fiesta, adornando calles, plazas y balcones, y levantando siete altares bellamente preparados para recibir el paso del Señor. Varias imágenes de la parroquia fueron distribuidas por los distintos altares, contribuyendo a realzar la belleza y solemnidad de la celebración. La Banda de Música de Guadahortuna acompañó tanto en la santa Misa como en la procesión.

En la mañana del domingo 7 de junio, la celebración continuó en Pedro Martínez con la santa Misa, a las nueve y media, y la posterior procesión del Corpus por las calles del pueblo. También aquí la comunidad preparó con esmero siete altares, cada uno presidido por una imagen de la parroquia y cuidadosamente engalanados para recibir la visita del Santísimo Sacramento. Un momento especialmente emotivo fue, un año más, la llegada de la procesión a la residencia de mayores, donde se había preparado un altar para que los mayores pudieran participar también de esta gran fiesta de la fe.

Las parroquias de Alamedilla y Pedro Martínez agradecen al trabajo generoso de tantas personas que han colaborado en esta fiesta: los que han preparado los altares y adornos, coros parroquiales, lectores, ministros, catequistas, niños, familias y demás colaboradores. También a todos los fieles que han participado en las celebraciones. Unos y otros han contribuido a que estas jornadas hayan sido una auténtica manifestación de fe y de amor a la Eucaristía.

Juan Diego Tapia

Párroco de Pedro Martínez y Alamedilla

 

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Huéscar muestra una vez más su amor por el Santísimo Sacramento del Altar

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Huéscar muestra una vez más su amor por el Santísimo Sacramento del Altar

Huéscar ha demostrado su amor por el Santísimo Sacramento del Altar, una celebración que une fe, cultura y tradición y que constituye una de las manifestaciones religiosas más hermosas del municipio. Una vez más, ha vuelto a vivir con profunda fe y devoción la solemnidad del Corpus Christi, que, gracias al esfuerzo de la Hermandad del Santísimo, es una de las celebraciones religiosas más importantes y arraigadas en nuestra ciudad. Y, como cada año, han sido muchas las personas que han acompañado al Santísimo Sacramento, en un día marcado por el recogimiento, la oración y la belleza de una tradición que se mantiene viva generación tras generación.

La víspera de la festividad está marcada por la realización de los altares, este año de nuevo ocho, que son recorridos por la banda municipal, interpretando los tradicionales villancicos del Corpus, escritos para esta ocasión por Juan María Guerrero de la Plaza. También esa noche pasa la rondalla cantando la Misa de los despertadores.

Los altares fueron preparados por las distintas hermandades de la ciudad, dos familias particulares y Cáritas. Todos dedicaron tiempo, esfuerzo e ilusión para engrandecer una celebración tan significativa para los fieles oscenses. Decenas de personas trabajaron para que cada detalle estuviera listo al paso de la custodia. Flores, colgaduras, hierbas aromáticas, imágenes religiosas y diversos elementos ornamentales transformaron las calles de Huéscar en un auténtico testimonio de fe y devoción popular.

El momento culminante llego el domingo día 7 de junio, a las 10 de la mañana, con la celebración de la Eucaristía y la posterior salida de la custodia, conocida como “La Torrecilla”, una joya de la orfebrería del siglo XVI que recorre cada uno de los altares, parándose a la altura de ellos para el rezo de una estación. Vecinos y visitantes pudieron contemplar el esmero con el que habían sido elaborados, convirtiéndose cada uno de ellos en una expresión visible de la fe de quienes los hicieron posibles.

La celebración contó también con el protagonismo especial de los niños y niñas que este año han recibido su Primera Comunión. Ataviados nuevamente con sus trajes y vestidos de comunión, participaron activamente en la solemne Eucaristía, siendo los encargados, junto a sus padres, de realizar las lecturas y presentar las ofrendas durante la celebración. Su presencia aportó un significado especial a la jornada, simbolizando la continuidad de la fe y el compromiso de las nuevas generaciones con las tradiciones religiosas de la comunidad.

Con siglos de historia a sus espaldas, el Corpus Christi de Huéscar sigue siendo una muestra viva del patrimonio cultural y religioso de la comarca, una celebración que cada año reúne a vecinos y visitantes en torno a una tradición que mantiene intacta su esencia. La parroquia se muestra agradecida a todas las personas que han hecho posible esta celebración; a las hermandades y cofradías que han realizado los altares, junto con la personas particulares y Cáritas, que dieron una belleza singular a la santa Misa y a la procesión; al ayuntamiento, por su gran colaboración; y especialmente a la Hermandad del Santísimo, por seguir cumpliendo con el objetivo para la que fue fundada, que no es otro que dar culto al Santísimo Sacramento del Altar.

Parroquia de Santa María, de Huéscar

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