¿Conocía Melilla?

Nunca había estado. El mismo día en que recibí el nombramiento, por la tarde, cogí un vuelo, acompañado de mi hermano, para tomar conciencia de mi nueva misión encomendada. Vi una preciosa ciudad a la que sus habitantes aman con pasión. Una ciudad de fe en la que se ha hecho un trabajo maravilloso que hay que recoger, retomar y aprovechar para ir construyendo estructuras diocesanas, sin olvidar la buena relación de la Iglesia católica con otras religiones presentes en la ciudad. En los primeros días de este mes de agosto he vuelto a visitar la ciudad, para ir conociendo a la gente y la realidad que allí se viven y el 19 de septiembre, a las 20.30 horas, tendrá lugar la toma de posesión, en el templo del Sagrado Corazón, del equipo nuevo de sacerdotes que vamos para atender las parroquias de San Francisco Javier, Santa María Micaela, San Agustín, el Sagrado Corazón, Medalla Milagrosa y Purísima Concepción, además de otras muchas tareas.

¿Cómo recibió la noticia del nombramiento?

No me lo esperaba, la verdad. Llevo cuatro años en la parroquia del Puerto de la Torre, en la que hay mucho trabajo puesto en marcha. Son los primeros años en los que no he tenido ningún cargo diocesano, pues en los 17 años anteriores, en Antequera y Ronda, he sido arcipreste. Y no me esperaba este nombramiento, lo reconozco. Pero el Señor nos lleva por lugares que no imaginamos y el nombramiento lo recibí con espíritu de acogida y como un momento en el que hay que estar dispuesto a empujar la diócesis, no porque el Obispo sea mejor o peor, sino porque estamos en un cambio de época y hay que aportar lo mejor de nosotros. Y, por otra parte, la motivación más importante, que es por la que estamos aquí todos: el servicio, el ministerio sacerdotal y el amor a la diócesis. Algunas personas me han preguntado, ¿te podrías haber negado a este servicio? Y yo les respondo que, por supuesto, en la vida uno de puede negar a todo pero, la misma obediencia que me hizo venir a la parroquia de los Dolores es la que me hace ir a Melilla, es así de sencillo.

Lo veo con las ideas muy claras y muy ilusionado.

Así es. Dispuesto a aprender mucho, para empezar, a vivir en los aeropuertos. El primer cambio grande en mi vida es el de los 30.000 km que me hacía al año por las horas de aeropuerto. Las idas y venidas a Málaga no responden a “huir” de Melilla, sino a mantener esa interconexión necesaria entre Málaga y Melilla, que son parte de la misma diócesis. Sé que en Melilla me voy a encontrar, como en todos los lugares a los que he ido, gente buena que me acoja. Recuerdo con cariño mi primera toma de posesión en la parroquia San Miguel de Antequera, con el querido Paco Ruiz, que le dijo a la gente en la homilía: “cuidad de este nuevo curilla que el pobre hombre aún no sabe ni dónde comprar aquí una bombona de butano”, y tenía toda la razón, llegamos totalmente nuevos y siempre encontramos gente buena que nos ayuda y nos guía.

Los feligreses de Melilla lo esperan también con mucha ilusión.

Yo voy con espíritu de servicio y deseo de aunar esfuerzos para que la Iglesia de Melilla se identifique como iglesia de Melilla, no en mi persona, sino todos unidos. Que de verdad quien nos vea, vea a Cristo. Construyamos esas estructuras diocesanas que el Obispo nos pide y respondamos a lo que nos pide el Espíritu.

¿Qué destacaría de su antecesor, del sacerdote Eduardo Resa?

Ha sufrido mucho en estos últimos años. Es un hombre de Dios que ha sabido estar y ha hecho lo que tenía que hacer. Con sus flaquezas y sus virtudes, como todos las tenemos, pero con una fuerza impresionante, a pesar de sus enfermedades. Ha hecho un trabajo maravilloso.

Melilla es una ciudad de unión de culturas y religiones, ¿cómo se vislumbra la sinodalidad?

Estoy deseando conocer la reflexión que se ha hecho en Melilla en el proceso de implementación del Sínodo sobre Sinodalidad. Yo la sinodalidad la visualizo con una imagen que hemos vivido en nuestra juventud, cuando en las manifestaciones iban personas, de todos los signos políticos y sensibilidades, juntos, con los brazos entrelazados y caminando juntos, hacia un mismo objetivo. No se trata de ser una democracia sino de caminar juntos, como Pueblo de Dios, hacia un horizonte común, con una clave de sanación que brota de la conversación en el Espíritu y de otros métodos como el ver, juzgar y actuar. Sin olvidar el compromiso. No se trata de quedarnos en hablar sobre la sinodalidad sino de estar disponibles para las tareas que sean necesarias, no solo las grandes tareas que todo el mundo ve, sino también las pequeñas que nadie valora. Tan necesario es dar una charla como mantener el templo abierto y cerrarlo a su hora. Hay que reflexionar, hay que caminar y hay que colaborar.

Si tuviera que definir Melilla en pocas palabras, ¿qué diría?

Para admirar la ciudad de Melilla hay que verla desde el puerto y entrar en ella con el Melillero. Ahí ves la preciosidad de ciudad que es, llena de contrastes, desde la altura imponente de la valla a la interculturalidad y la convivencia de las cuatro religiones. La visión desde el aeropuerto es muy distinta. Yo soy malagueño de Fuente Olletas y he estado viviendo media vida entre Antequera, Ronda y el Puerto de la Torre. En los pueblos he vivido muy bien, se vive de otra manera distinta a la ciudad, y me da la impresión de que Melilla es también así, una ciudad acogedora para vivir, en la que tienes todo lo que necesitas.

¿Cómo recibió la noticia su madre?

Mi madre, que es una mujer de fe, lo recibió con resignación y conformidad. Me explico. Tiene 85 años, un porcentaje alto de escoliosis, se maneja con un andador y vive sola. A pesar de todo ello, tiene una vitalidad impresionante. La noticia la recibió con cierta tristeza por la separación física, pero con la alegría de esta convencida de que su hijo es quien es y está llamado a cumplir la voluntad de Dios. Ella sabe que yo tengo claro que, en los nombramientos no hay lugares buenos ni malos, sino personas a las que anunciar el Evangelio. Yo tendría un problema con mi Obispo si me enviara a anunciar el Reino a un gallinero en el que no hay personas pero, si me enviara a una parroquia en la que solo hubiera una persona, ya tendría sentido mi nombramiento. Es así de sencillo.