El Centro Penitenciario Sevilla I acogió una celebración especialmente significativa para la pastoral penitenciaria de la Archidiócesis. El pasado viernes 10 de julio, dos internos recibieron el sacramento de la Comunión y otros seis fueron confirmados de manos del arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, en una eucaristía que puso de manifiesto el camino de fe que vienen recorriendo durante los últimos meses.
La Eucaristía fue concelebrada por el capellán del centro, Jesús García Martín, responsable de las catequesis de preparación; el sacerdote Javier Nadal, párroco de Nuestra Señora de los Ángeles y San José de Calasanz (Montequinto), una comunidad que colabora de forma permanente con la Pastoral Penitenciaria mediante la donación de ropa para los internos en situación de exclusión”. El coro parroquial fue el encargado de acompañar musicalmente la celebración.
Asimismo, asistieron los diáconos Nicolás Durán y Félix Quijada —delegado diocesano de Pastoral Penitenciaria—, junto a Juan Antonio Ceballos, capellán del Centro Penitenciario Sevilla II (Morón de la Frontera), y un nutrido grupo de voluntarios que dedican su labor a este ámbito pastoral.
A su llegada, el arzobispo fue recibido por la directora del centro, Esther Montero, y la subdirectora de tratamiento, Nazareth Vargas. Al encuentro se sumaron el subdirector de seguridad, la responsable jurídica, el jefe de administración, así como un destacado grupo de jefes de servicios, funcionarios y trabajadores de la institución penitenciaria.
Tras la eucaristía, don José Ángel mantuvo un encuentro cercano y departió con los internos. El arzobispo los animó a ser “personas de esperanza, dispuestas a reemprender siempre nuevos caminos, para lo cual la ayuda del Señor y de la Santísima Virgen es fuerza y auxilio cierto”. Finalmente, los exhortó a “aprovechar cada momento de la vida para buscar el bien y levantar la mirada hacia un futuro lleno de oportunidades y reconciliación”.
La iglesia de Nuestra Señora de Consolación, vulgo de los Terceros, ha acogido este domingo la bendición de la restauración de su retablo mayor, en una celebración presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, quien destacó que esta intervención constituye «mucho más que la recuperación de una obra artística: es un signo de fe, una catequesis permanente y una herencia espiritual que sigue anunciando el Evangelio».
El Monasterio de la Cartuja de Santa María de la Defensión ha vivido por primera vez una visita nocturna, inaugurando así una nueva forma de acercarse a uno de los grandes tesoros espirituales, históricos y patrimoniales de la Diócesis de Asidonia-Jerez.
Bajo el título «Sentir el silencio», esta iniciativa ofrece la posibilidad de descubrir la Cartuja desde una perspectiva diferente, cuando la noche envuelve sus muros y el silencio permite contemplar con mayor intensidad la profundidad de un lugar marcado durante siglos por la oración, la vida contemplativa y la búsqueda de Dios.
Más allá de su indudable valor artístico y cultural, la Cartuja de Santa María de la Defensión sigue siendo, ante todo, un oasis de espiritualidad. Cada rincón del monasterio habla de silencio, de recogimiento y de una forma de vida que durante siglos estuvo vinculada a la Orden de los Cartujos.
La primera visita nocturna permitió a los asistentes recorrer este conjunto monumental en un ambiente especialmente evocador, descubriendo la riqueza de su arquitectura y su historia, pero también dejándose interpelar por el silencio y la espiritualidad que siguen impregnando este lugar.
La propuesta nace así con una doble finalidad: favorecer el conocimiento y la puesta en valor de uno de los grandes patrimonios de la Diócesis y, al mismo tiempo, ofrecer a quienes lo visiten la oportunidad de detenerse, contemplar y abrirse a una experiencia interior en medio de un mundo tantas veces marcado por el ruido y la prisa.
Esta primera cita ha supuesto un paso histórico para la Cartuja, que nunca antes había ofrecido una visita nocturna de estas características. La iniciativa permitirá seguir acercando este enclave único a nuevos visitantes, mostrando que su riqueza no reside únicamente en sus muros o siglos de historia, sino también en el legado espiritual que conserva.
Desde la Diócesis de Asidonia-Jerez se anima a descubrir esta nueva experiencia y a adentrarse en un monasterio donde la belleza, el patrimonio, el silencio y la fe se encuentran de una manera singular.
La Cartuja de Jerez abre así sus puertas de noche para recordar que, en ocasiones, es precisamente en el silencio donde podemos volver a escuchar aquello que verdaderamente importa.
Durante los meses de verano, la Catedral de Sevilla cuenta con una colaboración muy especial para atender a los visitantes. Varios jóvenes del Seminario Metropolitano de Sevilla se incorporan a las tareas diarias del templo, trabajando en estrecha colaboración con la plantilla laboral del Cabildo dentro del área de turismo y atención al público.
Esta experiencia les permite conocer de cerca cómo se gestiona el día a día este monumento, asumiendo tareas de responsabilidad de cara al público.
Los seminaristas no solo desempeñan funciones clave dentro del organigrama laboral del Cabildo enfocado a la gestión del turismo religioso y cultural, sino que también participan en tareas como la atención en taquillas y venta directa, el control en tornos y acceso online y la atención de las dudas de los visitantes de diferentes nacionalidades en los puntos de información, además de velar por mantener un ambiente de respeto dentro de las naves, cuidando detalles como el silencio en las zonas de oración.
Además, algunos también realizarán visitas guiadas, explicando la historia, el arte y el sentido teológico del templo.
“Esta experiencia es una oportunidad magnífica para la formación de los futuros sacerdotes. El trato diario con personas de distintas culturas y el aprendizaje práctico de la gestión de un gran templo les aporta unas habilidades humanas y organizativas muy valiosas para su futuro”, aseguran desde el Cabildo.
Por su parte, la Catedral agradece “enormemente el esfuerzo, la amabilidad y el espíritu de servicio que estos jóvenes demuestran cada día, ayudando a mantener la calidad en la acogida de todos los que visitan la Catedral”.
Una colaboración que han mantenido durante dos años.
La Ilustre Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén y Nuestra Señora de la Paz ha anunciado, junto a la Banda de Música Nuestra Señora de la Soledad de Mena, la finalización de la relación musical que ambas instituciones han mantenido durante los dos últimos años, una vez cumplido el compromiso establecido entre ambas partes.
Durante este tiempo, la formación malagueña ha acompañado a Nuestra Señora de la Paz en las estaciones de penitencia del Domingo de Ramos. La corporación granadina ha querido agradecer públicamente a la dirección de la banda y a todos sus componentes la profesionalidad y la entrega demostradas a lo largo de este periodo. Asimismo, ha recordado con especial cariño las dos estaciones de penitencia compartidas, así como el concierto extraordinario de Cuaresma celebrado en Granada, que califican como algunos de los momentos más destacados de esta colaboración.
En su mensaje de despedida, la Cofradía ha expresado a la Banda de Música Nuestra Señora de la Soledad de Mena el afecto de todos sus hermanos y recordando que las puertas de la corporación permanecerán siempre abiertas para la formación malagueña. Del mismo modo, ha encomendado a todos sus músicos a la protección de María Santísima de la Paz.
Por su parte, la banda ha agradecido la confianza depositada por la Junta de Gobierno de la Cofradía, así como el trato recibido por sus hermanos durante estos dos años. La formación ha señalado que ha supuesto un privilegio poner su música al servicio de Nuestra Señora de la Paz y formar parte del cortejo procesional de la Hermandad.
Con este comunicado conjunto concluye una etapa marcada por el respeto mutuo, la cordialidad y el cariño entre ambas instituciones, que coinciden en destacar que los caminos compartidos dejan siempre una huella imborrable y un recuerdo que permanecerá en la memoria de cofrades y músicos.
El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, presidió este domingo la Eucaristía conmemorativa del 150.º aniversario de la aprobación pontificia del Instituto de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos, una celebración enmarcada en el Año Jubilar de la congregación. Durante la homilía, dio gracias por siglo y medio de entrega al cuidado de los enfermos y destacó el testimonio silencioso de unas religiosas que «siguen haciendo presente la misericordia de Cristo allí donde el dolor y la fragilidad llaman a la puerta».
Monseñor Saiz recordó que este aniversario coincide con otras fechas especialmente significativas para la congregación: los 175 años de su fundación y el bicentenario del nacimiento de su fundadora, santa María Soledad Torres Acosta. «La Iglesia no celebra los aniversarios para quedarse en la nostalgia, sino para renovar la llamada», afirmó.
La misa fue acompañada musicalmente por el coro de campanilleros de la Hermandad de la Vera+Cruz de Tocina.
Una semilla que ha dado fruto abundante
En relación a las lecturas del XV Domingo del Tiempo Ordinario, el arzobispo comparó la historia del Instituto con la semilla de la que habla el profeta Isaías. «Una semilla pequeña, humilde, sembrada por Dios en el corazón de santa María Soledad, que ha dado fruto abundante en tantos hogares, junto al lecho de tantos enfermos, en tantas noches de silencio, de oración y de servicio», señaló.
Monseñor Saiz destacó que la misión de las Siervas de María hace visible la presencia de Cristo allí donde más se necesita. «La tierra más sagrada, muchas veces, es la habitación del enfermo», afirmó, recordando que el cuidado de quienes sufren constituye una prolongación de la misión del Buen Samaritano y una expresión concreta de la misericordia de Dios.
«Hay dolores que se acompañan con una presencia fiel»
El arzobispo puso de relieve el carisma de santa María Soledad Torres Acosta, nacido como una respuesta de amor al sufrimiento humano. Recordó que las religiosas descubren en cada enfermo el rostro de Cristo y que su misión va más allá de la asistencia material. «Hay dolores que no se curan con palabras, sino con una mano cercana, con una oración sencilla, con una mirada limpia y con una presencia fiel», afirmó, evocando las enseñanzas de san Juan Pablo II sobre el sentido cristiano del sufrimiento».
En este contexto, invitó a contemplar la esperanza cristiana como la fuerza que sostiene el servicio cotidiano de las religiosas. Citando a Benedicto XVI, recordó que «quien tiene esperanza vive de otra manera», y añadió que la presencia de las Siervas de María transmite precisamente esa certeza de que «no siempre se puede quitar el dolor, pero siempre se puede llevar a Cristo al lugar del dolor».
Gratitud por una vida entregada y oración por las vocaciones
Don José Ángel expresó su agradecimiento por la fidelidad de las religiosas durante estos 150 años de historia. Les dio las gracias por su pobreza, obediencia y castidad vividas como signo del Reino, así como por acompañar a los enfermos en sus hogares, «allí donde tantas veces se libra la batalla silenciosa de la fe, de la paciencia, de la aceptación y de la esperanza».
Asimismo, animó a toda la comunidad cristiana a pedir nuevas vocaciones para esta misión. «Hay muchos enfermos que necesitan consuelo, muchas familias que necesitan apoyo y muchas noches que necesitan presencia orante», señaló, convencido de que «una vida entregada a Cristo y a los hermanos nunca se pierde; se convierte en semilla fecunda».
Concluyó invitando a todos los fieles a preguntarse qué terreno ofrecen a la Palabra de Dios y a renovar su compromiso de servicio. Encomendó al Instituto a la intercesión de santa María Soledad Torres Acosta y de la Virgen María, Salud de los Enfermos, para que las Siervas de María continúen siendo signo de la cercanía de Cristo en los hogares y junto a quienes viven la enfermedad y el sufrimiento.
El pasado 16 de junio dio comienzo la campaña de verano de conservación y restauración que tradicionalmente se viene realizando en época estival en algunos de los templos de la Archidiócesis de Sevilla. En esta ocasión, la delegación de Patrimonio Cultural de la Archidiócesis de Sevilla, ha seleccionado la iglesia parroquial de San Bernardo, de la capital, un edificio monumental catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC).
El templo del barrio sevillano de San Bernardo está cargado de historia y singularidad, y atesora un ingente patrimonio de gran valía artística. Esta intervención ha dado comienzo tras el visto bueno al proyecto de conservación por parte de la Comisión de Patrimonio de la Delegación Territorial de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. En el proyecto se ha analizado el estado de conservación y se ha propuesto una intervención sobre el retablo mayor, que es obra de Manuel Barrera, así como sobre las esculturas firmadas por Blas Molner, escultor valenciano afincado en Sevilla entre los siglos XVIII y XIX. El tiempo estimado para ejecutar los trabajos es de mes y medio.
La intervención está promovida por la Delegación Diocesana de Patrimonio Cultural, que dirige el sacerdote Antonio Rodríguez Babío, y, como viene siendo costumbre, se lleva a cabo en época estival. Participan quince alumnos en prácticas, pertenecientes a los últimos cursos del grado en Conservación y Restauración de la Universidad de Sevilla. Ellos cubren unas plazas formativas extracurriculares mediante un convenio entre la Archidiócesis y la Hispalense.
Implicación de la parroquia
El proyecto sale adelante gracias a la implicación de varios actores, además de la Archidiócesis y la Universidad. Desde la Delegación Diocesana se agradece especialmente la ayuda recibida del párroco de San Bernardo, Mario Fermín Ramos; de la hermandad de penitencia con sede en el templo, y de otros colectivos y personas colaboradoras.
Estas prácticas extracurriculares complementan la formación del alumnado y genera un beneficio evidente para la recuperación del patrimonio eclesial. Las prácticas son tutorizadas por Agustín Martín y Antonio Gamero, conservadores restauradores de la Delegación Diocesana de Patrimonio Cultural. Se trata de una iniciativa que se viene llevando a cabo desde hace años, con resultados muy satisfactorios. Prueba de ello son las intervenciones en los templos de Santo María la Blanca de Fuentes de Andalucía, San Lorenzo, San Andrés, Santiago y Santa María Magdalena de Sevilla y la Asunción de Estepa. La última sirvió para recuperar en 2025 la Iglesia de la Merced, de Écija.
Estas actuaciones han recibido también el refrendo de instituciones docentes y artísticas. En 2021, la Archidiócesis recibió el reconocimiento de la Universidad de Sevilla por el compromiso empresarial con los estudiantes en prácticas académicas externas de calidad.
Proyecto de carácter conservativo
El proyecto que se ejecuta en San Bernardo tiene como base la recuperación y estabilización de la obra citada, analizando el grado de deterioro e intentando eliminar las patologías que presentan. Para ello se lleva a cabo un proyecto de carácter conservativo, por el que se realiza una limpieza general del retablo, se consolidan todos los elementos inestables, se aplica un tratamiento preventivo contra insectos xilófagos y, finalmente, se reintegra antes de aplicar una capa de protección.
El retablo presentaba un estado de conservación muy deficiente debido a la propia historia material del bien, a la degradación natural de los materiales constitutivos, al uso cultual y a las diversas intervenciones que ha sufrido. El aspecto superficial se encontraba totalmente alterado y no dejaba visualizar los matices originales de la obra, de tal manera que, tanto la capa de dorado como las policromías de las esculturas, se encontraban muy oscurecidas. Los técnicos destacan, como principales agentes de deterioro, la acumulación de polvo, las pérdidas puntuales de adherencia de las capas pictóricas, el hollín, la acumulación de grasas, los restos de cera en superficie y las reparaciones acometidas anteriormente. En cuanto al soporte, las mismas fuentes destacan que estructuralmente se encontraba bastante estable, pero a nivel decorativo se pueden observar muchas grietas y la apertura de ensambles, además de gran cantidad de piezas inestables en riesgo de pérdida.
Un verano más, la Renovación Carismática Católica de la Diócesis de Cartagena organiza una serie de evangelizaciones en distintos lugares de veraneo.
A partir de este viernes, la Renovación Carismática Católica de la Diócesis de Cartagena organiza un verano más una serie de evangelizaciones que tendrán lugar en distintas zonas de playa de la Región de Murcia. Seguirán el formato Una luz en la noche, por el que los evangelizadores, de dos en dos, saldrán a la calle para dialogar con los veraneantes, anunciarles que Dios los ama e invitarles a pasar a una iglesia cercana, abierta durante esa noche, donde el Santísimo permanecerá expuesto.
La primera de estas evangelizaciones será este viernes en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Los Urrutias (Cartagena). La siguiente será en la Parroquia San Pedro Apóstol de San Pedro del Pinatar una semana después, el 24 de julio. El viernes 7 de agosto se realizará en la playa de Villananitos y en Lo Pagán (San Pedro del Pinatar), en la capilla de Nuestra Señora de la Asunción. El 21 de agosto será el turno de la Parroquia Santiago Apóstol de Santiago de la Ribera (San Javier), y las evangelizaciones concluirán el viernes 28 de agosto en la ermita de Nuestra Señora de la Asunción de Bahía de Puerto de Mazarrón. Todas las evangelizaciones comenzarán a las 20:00 horas, a excepción de esta última de Puerto de Mazarrón, que será a las 21:00 horas.
Además, está previsto que el sábado 1 de agosto se celebre una jornada de formación destinada a todos aquellos que participan en estas evangelizaciones, que no son solo quienes salen a la calle, sino también quienes permanecen en el interior del templo orando ante el Santísimo por los frutos de esta actividad. Los detalles de la jornada se anunciarán próximamente.
Con este ya son cinco los veranos consecutivos que la Renovación Carismática Católica organiza estas evangelizaciones en zonas de playa, abiertas a todos aquellos que deseen participar. Para colaborar en ellas, basta con presentarse en la parroquia donde vayan a realizarse en el día y la hora indicados, que pueden consultarse también en el cartel de la actividad.
Se acerca la consagración episcopal del sacerdote Patricio Larrosa, natural de Huéneja, como obispo de Danlí, en Honduras. Será el 25 de julio, lo que no nos permite acercarnos a la persona y la labor que ha realizado el padre Patricio, como todos lo conocen, durante 33 años en aquel país. Una tarea apoyada y acompañada desde España, a través de la Fundación ACOES y de tantas parroquias y personas de buena voluntad que han apoyado y apoyan su misión. En esta ocasión, reproducimos un artículo de la hondureña Patricia Ynestroza, publicado en Vatican News en abril de este año.
En 1992, el padre Patricio Larrosa llegó a Honduras con la intención de quedarse solo unos años, pero su vocación de servicio lo llevó a dedicar más de tres décadas a acompañar a las comunidades más pobres a través de la educación, la salud y la formación humana, impulsando un proyecto que hoy apoya a más de diez mil estudiantes y moviliza a cientos de voluntarios.
Patricia Ynestroza – Honduras
En 1992, el padre Patricio Larrosa llegó a Honduras con la intención de compartir la fe durante algunos años. Poco a poco su misión «temporal» se convirtió en una entrega total. Acompañando a las comunidades más pobres a través de la educación, la formación humana y el trabajo comunitario. Hoy, el proyecto que impulsa ha logrado apoyar a más de diez mil estudiantes y ha movilizado a cientos de voluntarios dentro y fuera del país.
Una vocación nacida en la infancia
El origen de esta misión no surgió de un plan calculado, sino de una convicción temprana, como lo afirma el padre a Vatican News. Patricio recuerda que desde los nueve o diez años descubrió en su pueblo natal, Huéneja, que ayudar a los demás “llena mucho el corazón”. Más tarde comprendió que esa experiencia estaba profundamente unida al mensaje de Jesús: vivir con amor, compartir y entregarse.
El Padre Larrosa con los chicos en Honduras a quienes ha ayudado
Esa idea se transformó en una llamada permanente. Según él, Dios invita a todos a colaborar con su vida para construir un mundo mejor, especialmente para quienes más sufren. En su búsqueda por concretar esta vocación, realizó un curso misionero y allí escuchó que Honduras era un país con poco clero y altos niveles de pobreza. Solicitó ser enviado y recibió la oportunidad de integrarse a esa Iglesia. “Ha sido un gran regalo de Dios”, afirma, recordando que al llegar descubrió que también había muchas personas hondureñas dispuestas a ayudar. Con el tiempo, esa voluntad se organizó y creció.
Con amigas colaboradoras en el centro infantil Virgen del Pino
La constancia como mayor desafío
A lo largo de los años, miles de niños y jóvenes han recibido apoyo desde la guardería hasta la universidad. Para el padre Patricio, el reto más grande no ha sido iniciar, sino mantenerse fiel al mismo objetivo durante más de 33 años. “Lo más interesante ha sido dedicarse a hacer lo mismo durante treinta y tres años”, dice. Para él, la clave ha sido no rendirse, “no quitar el dedo del renglón”, y concentrar casi todo el esfuerzo en una educación integral, con valores cristianos y compromiso humano.
Con algunos voluntarios muchos de ellos fueron ayudados por el padre
El religioso reconoce que el camino no habría sido posible sin la fe: “Dios ha sido la gran ayuda”, repite con sencillez.
Educar para la independencia
Uno de los principios fundamentales del proyecto es acompañar a las personas para que lleguen a ser independientes. Para el padre Patricio, esa independencia no significa únicamente tener recursos económicos, sino alcanzar la madurez personal y comunitaria.
Se trata de desarrollar las cualidades que Dios ha dado a cada ser humano: inteligencia, voluntad, conocimiento, capacidad de organización, solidaridad y servicio. La independencia, explica, es formar personas capaces de reflexionar, decidir y amar. Este proceso no ocurre de manera automática afirmó: se construye en comunidad y se aprende cada día en lo que él llama “la escuela de Jesús”, un aprendizaje constante que dura toda la vida.
Educando con amor y dedicación
«Esta chica es una de las jóvenes colaboradoras del proyecto, que vienen a la escuela santa Teresa a ayudar a niños con problemas de aprendizaje y que necesitan una atención especial. Viene a colaborar media jornada y otra media jornada va a estudiar a la universidad. También los muchachos que estudian bachillerato en la escuela colaboran de voluntarios durante algunas horas cada semana para que aprendan a ayudar ya que es una de las asignaturas más importantes que queremos enseñar en la escuela», afirma sobre esta foto el padre.
Más allá de la escuela: salud, vivienda y alimentación
Aunque la educación es el eje central, el proyecto también trabaja en áreas como alimentación, salud, vivienda y construcción de escuelas. Estas acciones no se realizan solo para cubrir necesidades inmediatas, sino también como parte de la formación comunitaria. Según el padre Patricio, cada proyecto busca enseñar a las personas cómo organizarse, capacitarse y ejecutar iniciativas que fortalezcan el desarrollo de sus comunidades. La meta es que los propios habitantes puedan transformar su entorno.
Ese impacto ya se refleja en historias concretas: jóvenes que salieron de sus aldeas, se formaron profesionalmente y regresaron como maestros, enfermeras, ingenieros o técnicos para servir a su gente y generar cambios duraderos.
Ayudando también a las familias de esos chicos
En esta foto, nos cuenta el padre, «la señora en el huerto de su casa es un proyecto de huertos familiares que lleva un muchacho que estudió con con la fundación, ingeniero agrícola en Intíbucá. El joven se llama Amadeo, estudió en la escuela agrícola de Catacamas y pudo hacer un máster en la universidad de Córdoba España».
Voluntariado: construir una comunidad humana
El trabajo no sería posible sin el apoyo de voluntarios. Actualmente participan alrededor de 800 personas y existe respaldo desde distintas ciudades, especialmente en España. Para el padre Patricio, el voluntariado no es solo un apoyo operativo: es parte del sentido profundo del proyecto.
Forjando grandes hombres del mañana
Él lo define como una expresión del mensaje cristiano: construir una comunidad donde se aprenda a vivir como hermanos, reconociendo a Dios como Padre común. Por eso, el proyecto se mantiene abierto a cualquier persona que quiera aportar su “granito de arena”.
“Todos tenemos algo para dar y todos tenemos necesidad de recibir algo”, señala. Para él, lo importante es generar espacios donde compartir sea posible. Cada año llegan personas de diferentes edades y realidades, unidas por el deseo de ayudar y convivir.
Un premio como impulso, no como meta
El proyecto recibió el Premio de Derechos Humanos Rey de España, un reconocimiento importante que el padre Patricio recuerda con alegría. Sin embargo, insiste en que el valor del premio está en el impulso que genera, no en el prestigio.
Los chicos le demuestran al Padre todo su cariño
Fue, dice, un motivo de ánimo para seguir adelante y continuar creando espacios de solidaridad en un mundo lleno de desafíos. Aunque reconoce que lo que pueden hacer es pequeño frente a la magnitud de los problemas, afirma que eso no justifica la inacción.
“Lo peor —decía Santa Teresa de Calcuta— es la indiferencia”, recuerda. Y concluye con un mensaje claro para quienes apoyan desde otros países: la unión de pequeñas acciones puede mejorar el mundo.
“Lo poco de muchos unidos hace mejorar algo el mundo. Merece la pena intentarlo.”
En Huéneja, España
«Hacemos un encuentro en el pueblo donde nací que se llama Huéneja (Granada) España de todos los colaboradores y amigos de la misión en Honduras. El lugar son unos castaños que tienen aproximadamente 2000 años. Los participantes llegan en la mañana y alrededor de las 12 o 1:00 de la tarde celebramos la Eucaristía. Y después el Alcalde del pueblo invita a todos a un arroz. Los participantes llevan también comidas de sus pueblos típicas y compartimos. Los jóvenes hondureños que están en España estudiando se hacen presentes, agradecen a todas las personas que ayudan y comparten también su testimonio de vida.»
Celebración eucarística en Huéneja
Una misión que sigue creciendo
Lo que empezó con un pequeño grupo de monaguillos se convirtió en una red que ha cambiado miles de vidas. El testimonio del padre Patricio habla de onstancia, comunidad y esperanza construida día a día.
Abastecen la dieta de los chicos y sus famiias
En la provincia de Granada, España. Desde un pueblo que se llama Durcal se mandan contenedores a Honduras. Actualmente se envían desde otro pueblo que se llama Purullena. También se envían camiones contenedores desde Fuengirola en Málaga, Sevilla Pamplona y Madrid.
La Diócesis de San Cristóbal de La Laguna está de enhorabuena porque desde este sábado 11 de julio, cuenta con un nuevo presbítero, Gustavo Pinto Rancel.
El obispo Eloy Santiago presidió la celebración en una Catedral llena de fieles que quisieron arropar con su cercanía y oración al joven neopresbítero, natural de Venezuela.
Santiago comenzó su homilía mostrando el sentimiento de gozo que supone la ordenación de un nuevo sacerdote. “Damos gracias al Señor que, escuchando nuestra súplica, sigue llamando a jóvenes a seguirlo en el ministerio sacerdotal al servicio de su pueblo santo. Una llamada que no todos escuchan o que no todos responden con disponibilidad porque les da miedo”.
El prelado nivariense añadió que es algo natural sentir vértigo e incertidumbre cuando se presenta la vocación sacerdotal. En este sentido, se refirió a la vivencia de Jeremías al ser elegido profeta. “Se siente pequeño, es un niño. No se ve capaz de anunciar la palabra de Dios, que le supera”.
Una experiencia, añadió el obispo, muy similar a la que viven muchos jóvenes que han sentido o sienten en su corazón esa llamada. “A todos ellos, como a ti, Gustavo, te digo las palabras del Señor a Jeremías: no tengas miedo. El temor, el miedo -a los demás o a uno mismo- no procede de Dios ni es propio de los que le pertenecemos, sus amigos”.
Monseñor Santiago hizo hincapié en que los miedos no desaparecen por nuestra propia valentía, sino por la confianza que surge de saber que no estamos solos. “Dios está con nosotros. Aunque caminemos por cañadas oscuras -como las que encontramos a veces en la vida ministerial- nada tememos, porque Él va con nosotros, su vara nos sosiega, no nos castiga”.
El prelado, en otro momento de su homilía, quiso transmitir a Gustavo varios consejos para su vida ministerial. “Cultiva la amistad de Dios en tu vida a través de la oración, de la lectura asidua y la meditación de la Palabra de Dios, de la celebración de los sacramentos, de la adoración eucarística… pero no una relación que te aleje de los hombres -como afirmaba el Papa en su carta para la Jornada por la santificación sacerdotal -, sino una relación que te acerque a todos, que forje en ti un corazón paciente, tierno, capaz de cercanía, de compasión y de escucha; como Cristo ha sido contigo”.
Santiago también recordó que el buen pastor es quien es un auténtico amigo de Dios, aquel que cuida del pueblo pero que también cuida de uno mismo y quien no antepone nada al amor de Cristo. “Que todos, especialmente los pobres y vulnerables, encuentren en ti, Gustavo, un hermano que acoge, que escucha, que acompaña, que se compadece y, sobre todo, que ama; viviendo así tu sacerdocio podrás conducirlos a Dios. Igual que otros han hecho contigo”.
Para finalizar, monseñor Santiago hizo un recorrido por las personas que han sido instrumento de Dios en la vocación sacerdotal de Gustavo. “Pienso en tu familia, en tu parroquia, en los sacerdotes que has conocido, en los compañeros y formadores del Seminario, en tantos hermanos en la fe que te han acompañado con su amistad y oración, y que hoy comparten tu alegría, que es nuestra alegría; y pienso también, cómo no, en Venezuela, a la que estás unido, en esta hora difícil que está viviendo”.
Por último, el obispo hizo referencia al lema escogido por Gustavo para su ministerio sacerdotal: “Soy todo Tuyo y todo lo mío es Tuyo». Que María, Madre de los sacerdotes, te acompañe en tu vida sacerdotal y te haga vivir como Ella en total y gozosa disponibilidad a la voluntad de Dios, la única que pueda dar plenitud a nuestra existencia creyente y sacerdotal”.