La Diócesis de San Cristóbal de La Laguna está de enhorabuena porque desde este sábado 11 de julio, cuenta con un nuevo presbítero, Gustavo Pinto Rancel.
El obispo Eloy Santiago presidió la celebración en una Catedral llena de fieles que quisieron arropar con su cercanía y oración al joven neopresbítero, natural de Venezuela.
Santiago comenzó su homilía mostrando el sentimiento de gozo que supone la ordenación de un nuevo sacerdote. “Damos gracias al Señor que, escuchando nuestra súplica, sigue llamando a jóvenes a seguirlo en el ministerio sacerdotal al servicio de su pueblo santo. Una llamada que no todos escuchan o que no todos responden con disponibilidad porque les da miedo”.
El prelado nivariense añadió que es algo natural sentir vértigo e incertidumbre cuando se presenta la vocación sacerdotal. En este sentido, se refirió a la vivencia de Jeremías al ser elegido profeta. “Se siente pequeño, es un niño. No se ve capaz de anunciar la palabra de Dios, que le supera”.
Una experiencia, añadió el obispo, muy similar a la que viven muchos jóvenes que han sentido o sienten en su corazón esa llamada. “A todos ellos, como a ti, Gustavo, te digo las palabras del Señor a Jeremías: no tengas miedo. El temor, el miedo -a los demás o a uno mismo- no procede de Dios ni es propio de los que le pertenecemos, sus amigos”.
Monseñor Santiago hizo hincapié en que los miedos no desaparecen por nuestra propia valentía, sino por la confianza que surge de saber que no estamos solos. “Dios está con nosotros. Aunque caminemos por cañadas oscuras -como las que encontramos a veces en la vida ministerial- nada tememos, porque Él va con nosotros, su vara nos sosiega, no nos castiga”.
El prelado, en otro momento de su homilía, quiso transmitir a Gustavo varios consejos para su vida ministerial. “Cultiva la amistad de Dios en tu vida a través de la oración, de la lectura asidua y la meditación de la Palabra de Dios, de la celebración de los sacramentos, de la adoración eucarística… pero no una relación que te aleje de los hombres -como afirmaba el Papa en su carta para la Jornada por la santificación sacerdotal -, sino una relación que te acerque a todos, que forje en ti un corazón paciente, tierno, capaz de cercanía, de compasión y de escucha; como Cristo ha sido contigo”.
Santiago también recordó que el buen pastor es quien es un auténtico amigo de Dios, aquel que cuida del pueblo pero que también cuida de uno mismo y quien no antepone nada al amor de Cristo. “Que todos, especialmente los pobres y vulnerables, encuentren en ti, Gustavo, un hermano que acoge, que escucha, que acompaña, que se compadece y, sobre todo, que ama; viviendo así tu sacerdocio podrás conducirlos a Dios. Igual que otros han hecho contigo”.
Para finalizar, monseñor Santiago hizo un recorrido por las personas que han sido instrumento de Dios en la vocación sacerdotal de Gustavo. “Pienso en tu familia, en tu parroquia, en los sacerdotes que has conocido, en los compañeros y formadores del Seminario, en tantos hermanos en la fe que te han acompañado con su amistad y oración, y que hoy comparten tu alegría, que es nuestra alegría; y pienso también, cómo no, en Venezuela, a la que estás unido, en esta hora difícil que está viviendo”.
Por último, el obispo hizo referencia al lema escogido por Gustavo para su ministerio sacerdotal: “Soy todo Tuyo y todo lo mío es Tuyo». Que María, Madre de los sacerdotes, te acompañe en tu vida sacerdotal y te haga vivir como Ella en total y gozosa disponibilidad a la voluntad de Dios, la única que pueda dar plenitud a nuestra existencia creyente y sacerdotal”.

