El primer grupo de jóvenes misioneros de Montilla, Córdoba y Jerez ya ha llegado a la Misión diocesana de Picota

Hace dos años un grupo de jóvenes de Montilla participó en la Misión diocesana de Picota, el testimonio de cada uno de ellos conmovió a la juventud montillana y un grupo de casi treinta jóvenes se ha formado con la Delegación de Misiones a lo largo del curso para participar nuevamente este verano en la misión. El grupo, que lo forman jóvenes de Montilla, Córdoba y Jerez, estará acompañado por el sacerdote Fernando Suárez, párroco de Santiago Apóstol de Montilla y vicerrector de la Basílica Pontificia de San Juan de Ávila.

Gema Jordán y Jesús Tubío son dos de los jóvenes del grupo. La primera recuerda cómo el testimonio de los jóvenes despertó el sentimiento de querer vivir esa experiencia, ansiaba experimentar la sensación de dar y servir a los demás. Gema espera poder dar mucho y poder servir de nexo de unión para que muchas personas conozcan a Jesucristo, porque el amor que ella ha recibido de Dios es el principal motivo por el cual ha decidido dedicar sus vacaciones de verano a ayudar a los más necesitados. Para ella es una necesidad devolver a Dios su amor a través del servicio a los demás. No obstante, Gema es consciente de que la misión no hay que llevarla solo en países necesitados porque a nuestro alrededor también hay mucha gente necesitada, que está sola y necesita del amor de Dios.

Para Jesús Tubío también fue un aliciente escuchar el testimonio de los jóvenes que hace dos veranos estuvieron en Perú. Considera que es una experiencia irrepetible, que le ayudará a crecer y en la que espera entregarse a las personas que lo necesitan. Jesús está dispuesto a abandonarse en el Señor, porque es consciente de que habrá momentos difíciles pero que con la fuerza de Dios y el apoyo de los compañeros podrá sobreponerse. Para este joven es una suerte haber nacido en una familia que le ha inculcado que Dios es el centro de su vida y que darse a los demás es una manera de entregarse al Señor. Dedicar su tiempo libre a los demás es una manera de aceptar la misión que tiene pensada para él. Al igual que Gema, Jesús considera que la ayuda no es sólo necesaria en países necesitados, hay que estar dispuesto a ayudar a los demás siempre y, además, no sólo con ayuda material, llevar a Dios a quien no lo conozca es importante porque “el que vive con Él vive mejor”.

El sacerdote diocesano Nicolás Rivero se ha despedido de la feligresía de la parroquia Virgen del Perpetuo Socorro de Picota, Perú, tras cuatro años de servicio pastoral. El presbítero, en un video que grabó antes de volver a España, quiso dar gracias a Dios “por el tiempo que le ha regalado” de estar en esta parroquia. El sacerdote ha reconocido que ha sido “muy feliz” en Perú y ha asegurado estar muy agradecido a todos los animadores de las comunidades cristianas. En estos cuatro años y gracias a todas las personas que se han cruzado en su camino, Nicolás considera que le han ayudado a ser “mejor sacerdote”.

A su llegada a Picota, Nicolás encontró refugio en el sacerdote Antonio Reyes y a él ha querido agradecer su “ayuda y cercanía” por los dos años que compartieron, y los dos últimos años ha convivido con Borja Redondo, que para él es como “un hermano”. Para Nicolás ha sido importante compartir con ambos la convivencia sacerdotal y la misión.

Humildemente Nicolás se ha despedido de su parroquia pidiendo a los fieles que recen por él y que perdonen sus pecados. Por su parte, la feligresía lo ha despedido con una misa de acción de gracias y le ha agradecido “su entrega, dedicación y servicio” a la comunidad porque el sacerdote en este tiempo ha sembrado “fe, esperanza y amor”.

Un nuevo destino pastoral le espera a su llegada a Córdoba pero en su corazón quedarán por siempre estos cuatros años de misión en Perú.

En su sitio está previsto que llegue el próximo mes de septiembre Jesús María Moriana, nombrado el pasado mes de junio por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, misionero ad gentes de la parroquia Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro en Moyobamba, Perú. Hasta ese momento el sacerdote diocesano había sido párroco de San Mateo Apóstol de Lucena, cargo que ha compaginado con el de Vicario de la Campiña en el último Consejo Episcopal. Pasado el verano Jesús María Moriana viajará a tierras peruanas para asumir su nuevo servicio pastoral, allí le espera Borja Redondo, el presbítero que acompaña actualmente la Misión diocesana.

Para Jesús María fue una “alegría” recibir su nuevo nombramiento porque hacía muchos años que había solicitado participar en la misión diocesana. No obstante, ha reconocido sentir “cierto miedo y respeto” al tratarse de una misión nueva muy distinta a los encargos que ha tenido hasta ahora. Moriana espera “recibir mucho” en esta nueva etapa y colaborar llevando al Señor, así como toda la ayuda que sea posible. Este cambio en su servicio pastoral es un “reto” porque una parroquia de misión es una “novedad” en un territorio apartado, pero él se pone en las manos del Señor para hacer su obra.

A pocas semanas de su marcha, Jesús María ha asegurado que en su maleta no va a faltar “ilusión” y ha pedido noblemente “oración y el compromiso” de que todos nos acordemos de la misión y de los más necesitados, porque su paso por allí será temporal pero la misión, que es lo que nos mandó el Señor, “dura siempre”.

SEMINARISTAS Y MISIONEROS

Un grupo de nueve seminaristas, el vicerrector del Seminario Conciliar San Pelagio, Guillermo Padilla, y el recién ordenado sacerdote, Ángel González, van a participar en la misión del 27 de julio al 27 de agosto. Pedro Baena es uno de los seminaristas que irá este año por primera vez y relata cómo se han preparado para la misión. En primer lugar y el más importante, es a nivel espiritual porque son conscientes que es el Señor el que los llama a la misión y a llevar el evangelio hasta los confines de la tierra. Mensualmente, el grupo se ha venido reuniendo para preparar catequesis que luego impartirán allí. Por otro lado, en lo que a dimensión comunitaria se refiere, para este grupo de seminaristas es una oportunidad de crecer en fraternidad. Pedro confía en que el Señor en este mes va a afianzar la comunión entre ellos.

En este tiempo los seminaristas se pondrán a disposición de Borja Redondo para visitar las comunidades que se les encomienden y aportar con su “pobre persona, su pobre testimonio”. En la alegría de la misión Pedro es consciente de que tienen que transmitir la alegría de haberse encontrado con el Señor, haber descubierto el amor de Dios y del Evangelio. No obstante, este seminarista reconoce que para ellos será un “choque fuerte” enfrentarse a la realidad de un país con tantas carencias, si bien es cierto que en muchos casos esas carencias son solo materiales.  sin embargo viven con “un corazón más alegre” porque tienen a Dios. En nuestra sociedad tenemos todo lo material, pero Dios se ha quedado a un lado. En la mayoría de los casos todos los misioneros coinciden en que los verdaderamente evangelizados son ellos porque los testimonio de la fe sencilla de las personas de esa parte del mundo tocarán su corazón.

Ángel González, ordenado sacerdote el pasado 27 de junio, viajará hasta Perú con el grupo de seminaristas. Aun no es “totalmente consciente” de la gracia tan grande que va a recibir con esta oportunidad de participar en la misión, de la que espera su “conversión” y desea en cada momento conocer más a Jesús y, si a través de su testimonio puede acercar el Señor a las almas, pues sería el “ciento por uno”. El sacerdote es consciente de que no todo el mundo tiene la oportunidad de participar en la misión activamente pero, como ha explicado, tiene una “dimensión esencial” que es la oración y el ofrecimiento. Asimismo, Ángel, recordando a la Madre Teresa de Calcuta, ha explicado cómo ella reconocía que para participar en la misión no había que irse lejos de casa, no es necesario estar lejos para ayudar al prójimo, de manera que hay que caer en la cuenta de que hay “Picotas en nuestras propias casas”, en nuestros amigos y ambientes. La primera misión la tenemos en nuestro entorno, de ahí que Ángel haya pedido que “abramos los ojos” para ver lo que nos rodea y seamos todos misioneros del amor de Dios.

16 AÑOS DE UN PUENTE MISIONERO

El día 12 de octubre de 2010 partieron hacia Perú los sacerdotes Francisco Granados y Juan Ropero, acompañados por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández. Desde 2007, grupos de laicos y seminaristas habían realizado allí misiones puntuales. El Obispo firmó entonces un convenio con el Obispo Prelado de Moyobamba de mutua colaboración, por el que se establecía un puente misionero para atender a la parroquia de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro en Picota, a la que fueron destinados los dos sacerdotes diocesanos de Córdoba. Con este acuerdo se ofrece desde hace dieciséis años el sostenimiento económico a las iniciativas que se desarrollan en Moyobamba con la diócesis de Córdoba y la oración continua.

El convenio materializaba la voluntad de evangelizar aquella tierra y atender las necesidades materiales de sus habitantes, escuchar sus vacíos espirituales y acompañarlos en la fe: formarlos como cristianos capaces de llegar a otros como animadores. Sacerdotes diocesanos, seminaristas y laicos tienen en Picota una parte del corazón que cuida y protege, tanto la Delegación Diocesana de Misiones, como parroquias que cada año organizan grupos de misioneros para participar en la misión.

En estas casi dos décadas han sido ocho los sacerdotes diocesanos que han sido misioneros en Picota: Francisco Granados, Juan Ropero, Leopoldo Rivero, Francisco José Delgado, Rafael Prados, Antonio Javier Reyes, Nicolás Rivero y Borja Redondo.

Habitualmente, todo aquel que participa en la misión reconoce que es mucho más lo que recibe que lo que da y que se aprende una gran lección: no es más feliz el que más tiene pero si el que más confía en el Señor porque Dios nunca falla.