El Monte de las Bienaventuranzas, el Monte Tabor y las renovación de las promesas bautismales en la segunda jornada de la peregrinación diocesana a Tierra Santa

Diócesis de Jaénhttp://diocesisdejaen.es/
La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

La peregrinación diocesana, organizado por la Delegación Episcopal de Turismo, Peregrinaciones y Santuarios, que preside el Obispo de Jaén y en la que casi un centenar de fieles están compartiendo esta semana, sigue recorriendo lugares emblemáticos de la vida pública de Jesús. La de ayer, fue una jornada de intenso encuentro con el Señor a través de los lugares sagrados en los que Cristo predicó la Buena Nueva del Evangelio.
El martes comenzó con una Eucaristía que tuvo lugar en el Monte de las Bienaventuranzas. El Obispo Don Amadeo, en su homilía, recordó que la vida de Jesús es un servicio. «Jesús viene a hacer algo por los demás, por todos y cada uno de nosotros. Jesús traía una misión de parte de Dios: la salvación de todos. Y aquí en este lugar, lo que importa es que Jesucristo, el Hijo de Dios, está aquí ahora y tenemos la suerte y la gracia de poder celebrar la Eucaristía».

A continuación, los peregrinos se trasladaron a Tabga, lugar donde, según la tradición, Cristo realizó la multiplicación de los panes y los peces. Para después, visitar el Primado de Pedro, a las orillas del Mar de Galilea, en el que Cristo resucitado pregunta hasta tres veces a Pedro si lo ama, para allí confirmarlo como cabeza de la Iglesia, «apacienta mis ovejas». Los peregrinos junto al Obispo, pidieron por el Santo Padre, Francisco y por la Iglesia y sus pastores.

Después de estos momentos de profunda oración, la peregrinación disfrutó de un recorrido en barco por el Mar de Galilea.

Ya por la tarde, subieron hasta el Monte Tabor. Allí, además de disfrutar de una conmovedora panorámica del Valle de Esdrelón, entraron a la Basílica de la Transfiguración, en la que rememoraron el relato bíblico que recoge el Evangelio de Lucas. Don Amadeo tomó la palabra para compartir con los peregrinos qué significa esa Transfiguración de Cristo frente a tres de sus apóstoles: ese momento en el que el Señor muestra su gloria.

Desde el Monte Tabor se atisba el Río Jordán, en el que el Bautista anunciaba la llegada del Mesías y bautizaba. En el lugar donde Cristo fue bautizado por San Juan, los peregrinos renovaron su bautismo y sus promesas bautismales. El Obispo, Don Amadeo, junto con los sacerdotes que también participan en esta peregrinación, fueron uno a uno, derramando agua del río Jordán por las cabezas de todos los peregrinos, recordando ese momento en el que fueron marcados como cristianos.

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