Aquí pueden leer la homilía de Mons. Satué
Una conversación entre los jóvenes Ciriaco y Paula de la Málaga de los primeros siglos fue el hilo conductor del acto de clausura del Encuentro de Laicos de Parroquia en la Catedral de Málaga.
Cuatro escenas muy curiosas vivieron estos dos jóvenes, que curiosamente les recordaron cuatro aspectos en los que profundizó el Encuentro que concluía en Málaga en esos momentos.
Primero se encontraron con unos biznagueros que repartían buen olor: “En hojas de junco llevan clavadas los biznagueros, las biznagas, y se pasean por nuestros barrios, las acercan a nuestras casas. Qué tradición más malagueña, que trabajo callado el componerlas. Jazmín a jazmín, con mimo y paciencia. Formando esa biznaga que ahora contemplas. Huele su perfume y piensa. ¿Somos nosotros los cristianos biznagueros en nuestras tierras? ¿Olemos a cerrado o abrimos nuestras puertas? Aire puro, brisa mañanera, rocío que refresca. Huele ahora conmigo, lo que la Catedral hoy demuestra. No es un aroma cualquiera; porque en el acompañamiento está la esencia. Sostenido por Cristo, y con toque de permanencia. En vasijas de barro, llevamos fragancias nuevas. Son convicciones profundas, proyectos y compromisos ¡perfume de comunidad! ¡Colonias de vida compartida!… Sigamos juntos por ese camino, pues así, cada día un poquito más, seremos reflejo del olor de Cristo”, explicaba una biznaguera.
Después llegó una jábega y con ella, la invitación a remar juntos en esta «embarcación milenaria, testigo de sueños, pescadores y poetas. Acércate a la arena, deja el ruido y tantas maletas. Ven conmigo, subamos como Iglesia. Sortearemos los retos, iremos a las periferias. Acompáñame, olvídate de la tormenta. ¡No tengas miedo a vivir con sentido, a ser testigo, a construir el Reino! No vamos solos, recuerda, “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí»… Él despliega las velas. Es presencia, es cercanía, amor sin fronteras; ¿tú estás dispuesto a formarte y escuchar, a dedicar tiempo, a poner paciencia? ¡Venga! Súbete a nuestra jábega, que no es una barca cualquiera. Y al navegar, en el horizonte nuestra Catedral, “la manquita”, nos interpela, ¡Cristo necesita tus manos!, y es que la Iglesia está incompleta, si no te remangas, y tú también remas».
Y esos remeros se trasladaron en artistas acompasados que, al son de una malagueña, “se afanan y siguen tirando del copo, con alegría. Esta antigua técnica de pesca de arrastre nos evoca muchas cosas. Remar mar adentro, echar las redes, organizarnos, recoger… al igual que la pastoral del acompañamiento. Integrada en la vida ordinaria de la comunidad cristiana, nos llama a centrarnos en procesos, nos lleva a lo comunitario, a la formación, a crear estructuras parroquiales que lo faciliten, a integrar lo humano, lo espiritual y lo eclesial. ¡Qué pedazo de tarea! Con la misión de conducirnos al encuentro con Cristo vivo, que se encarna en nuestra historia. Que tira con nosotros del copo, y que en mitad de nuestros agobios y cansancios, nos mira a los ojos y nos dedica una sonrisa. Redes de trabajo, de discernimiento, de libertad. Movidas por el Espíritu Santo que nos anima a continuar”, explicaban mientras seguían con la faena.
Finalmente, llegaron los cenacheros cargados de la pesca y, mientras el Obispo de Málaga y varios feligreses repartían la pesca entre los participantes (un llavero espeto), una cenachera explicaba cómo recordaba este momento al que se vivió “en aquel monte de Galilea donde se multiplicó el pan y el pescado y sobraron doce canastos. Los discípulos llevarían canastos de mimbre, nosotros hoy cenachos de esparto. Como el Cenachero que pregona a todos el pescado, nosotros y nosotras somos los que ahora a voces anunciamos algo fresco, y más rico que el espeto, que sacia, libera, sana y nos hace sentirnos uno. Y no hablo solo de teorías y milagros. Es algo que supera leyes, diferencias y mandatos. Hablo de un Pan vivo, de una Buena Nueva que se nos escapa de las manos. Agua hecha vino en abundancia, siembra de trigo que multiplica el grano. 70 veces 7 de amores, el ciento por uno de nuestros trabajos. Danza, alegría, ¡cenachero pregona a todos que ha llegado! Que hoy podrá terminar el encuentro de laicos de parroquia, que nos vamos de Málaga apenados, pero Jesús parte con nosotros, nos va acompañando en lo cotidiano y ordinario, en tu vida y en la mía, cada día, en el cole, la universidad, en casa y el trabajo. En nuestras parroquias y calles, allá donde vayamos, viene con nosotros, vamos juntos caminando, “Compartiendo caminos, acompañando esperanzas”. Siempre y todos, en misión, enviados”.
Y así fue como Ciriaco y Paula olieron la biznaga, subieron a la jábega, tiraron de las redes y repartieron los cenachos y, en todo ello, recordaron lo vivido en el Encuentro de Laicos: que siempre hay alguien a quien acompañar, algo que aprender, una red de la que tirar y una Buena noticia que compartir.
Tras el acto de clausura, tuvo lugar la celebración de la Misa de envío, presidida por el Obispo de Málaga, D. José Antonio Satué, y concelebrada por Mons. Sergi Gordo, obispo de Tortosa; Mons. Jesús Catalá, obispo emérito de Málaga; Mons. Francisco Pérez, arzobispo emérito de Pamplona y Tudela; Mons. Ángel Román, obispo de Albacete; y Mons. Enrique Ramón Casas, obispo auxiliar de Valencia.
En su homilía, Mons. Satué destacó cuatro actitudes importantes ante la misión de “acompañar las esperanzas de la gente con la gran esperanza que nos ofrece Jesucristo: la certeza de que nunca estamos solos, de que su amor incondicional nos salva y de que su Espíritu hace posible que vivamos como hijos e hijas del Padre, como hermanos y hermanas de la gran familia humana”. Esas cuatro actitudes fueron las de buscar, discernir, apostar y confiar.
“No cedamos a la tentación de dejar de buscar, creyendo que ya lo sabemos todo o que ya lo hacemos todo bien. Solo buscando conoceremos mejor a Dios y disfrutaremos más plenamente de sus dones; solo buscando cumpliremos nuestra misión con mayor fruto para nosotros mismos y para los demás”, afirmaba D. José Antonio.
Y concluía animando a confiar “siempre en el Señor, también en las circunstancias sociales y eclesiales que nos toca vivir, con sus luces y sus sombras, porque, como nos recuerda el apóstol en la segunda lectura, «a quienes aman a Dios todo les sirve para el bien». Adelante, hermanas y hermanos laicos de parroquia y de la Acción Católica. Adelante, hermanos obispos, sacerdotes y diáconos, que acompañáis al laicado y, a la vez, aprendéis tanto de él. Adelante también vosotros, abuelos y abuelas del encuentro organizado por Mensajeros de la Paz, que os habéis unido en esta celebración. Sigamos buscando, discerniendo, apostando y confiando; y ayudemos a quienes caminan con nosotros a buscar, discernir, apostar y confiar”.

