
En la última Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el Papa Francisco lanzaba un desafíó a todos los jóvenes congreados en la capital «canarinha», para que las parroquias salieran a la calle y evitar que se callese en una pastoral aburguesada. Lo decía así: «Hagan lío […], la Iglesia debe salir de sí misma e ir hacia las periferias, no sólo las geográficas, sino también las periferias existenciales, las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria».



