Miguel Ángel Gamero, director de Ars Málaga-Palacio Episcopal, ha sido el invitado de esta semana en El Espejo. El sacerdote malagueño ha explicado los detalles de la exposición Huellas que se acaba de inaugurar y que recopila algunas de las mejores piezas del arte y la iconografía de la Iglesia malagueña.
Ha fallecido el sacerdote Pedro Sánchez Trujillo
El sábado 18 de abril falleció el sacerdote diocesano Pedro Sánchez Trujillo. El funeral se ha celebrado en la parroquia malagueña de la Sagrada Familia.
El Ayuntamiento dedica una plaza al padre Ramón Mera como homenaje a su labor como párroco de San Pablo
En el acto se ha destacado su humildad y entrega a la Comunidad Parroquial y a los vecinos de San Telmo.
Cómo contribuir a una gran labor
Comienza un año más la campaña de la renta, en la revista Fiesta dedicamos las páginas centrales del nuevo número a la campaña informativa para que se pueda modificar el borrador y así marcar la x en la casilla de la Iglesia.
Funeral del Rvdo. Pedro Sánchez Trujillo (Sagrada Familia-Málaga)

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el funeral del Rvdo. Pedro Sánchez Trujillo (Sagrada Familia-Málaga)
FUNERAL DEL RVDO. PEDRO SÁNCHEZ TRUJILLO
(Parroquia de Sagrada Familia – Málaga, 19 abril 2015)
Lecturas: Hch 3, 13-15.17-19, Sal 4; 1 Jn 2, 1-5; Lc 24, 35-48.
1.- Discurso de san Pedro en al pórtico de Salomón en Jerusalén.
Hemos escuchado en el libro de los Hechos de los Apóstoles que, tras curar a un paralítico, san Pedro dirige a los habitantes de Jerusalén, es decir a los judíos. Hace un discurso en el que expresa lo que significa el núcleo del mensaje de la fe, el anuncio del Evangelio. Lo hace en tres frases:
– «Matasteis al autor de la vida, –hace referencia a la muerte del Señor en la cruz por amor a los hombres–,
– pero Dios lo resucitó de entre los muertos, –Cristo ha vencido a la muerte y eso es lo que celebramos en tiempo pascual, y estamos celebrando hoy. La victoria de Cristo sobre la muerte, sobre su muerte y sobre la muerte de todo fiel, de todo ser que cree en el Señor–,
– y nosotros somos testigos de ello» (Hch 3, 15).
Estas tres frases: “Cristo ha muerto por nosotros”, “Dios lo ha resucitado”, y “nosotros somos sus testigos”, es lo esencial, el núcleo del anuncio del Evangelio. Es a lo que nosotros estamos llamados a dar testimonio.
El evangelizador pide la conversión de los oyentes: «Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados» (Hch 3, 19). Ese es el objetivo final. Cuando uno oye esta Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesucristo que la dice un testigo, lo que Dios quiere es que nos convirtamos a Él, que lo aceptemos en nuestra vida, que su luz, la luz del Resucitado ilumine nuestros corazones.
2.- Damos gracias a Dios por la persona y el ministerio de don Pedro
La tarea del sacerdote es anunciar el Evangelio, ofrecer el perdón de los pecados y celebrar el memorial del misterio pascual de Jesucristo.
D. Pedro, como san Pedro, ha predicado muchas veces el núcleo del kerigma evangélico; se nos ha recordado antes, en su semblanza, la gran preocupación catequética que tenía por el anuncio y por la preparación de los anunciadores del Evangelio. Y vosotros, queridos fieles, sois testigos de lo que ha hecho en vuestra querida parroquia. Espero que os haya ayudado a convertiros al Señor.
No es suficiente escuchar, la Palabra de Dios debe cambiar nuestros corazones que han de empezar a vivir ya de cara a la luz eterna, la paz de Dios, la resurrección futura que se hace presente cuando celebramos la liturgia, cuando ofrecemos al Señor el memorial de la pasión y resurrección de Jesucristo.
Damos gracias a Dios por la persona de Pedro, un hombre de gran humanidad, como hemos oído, y por el ministerio suyo. También queremos pedirle hoy al Señor y quiero pedirte, querido Pedro, que intercedas por nosotros y por las vocaciones. Necesitamos sacerdotes santos, necesitamos sacerdotes al estilo de Pedro.
A todos os pido que recemos por esta intención, dándole gracias al Señor por el regalo que Pedro ha supuesto para todos. Vosotros los fieles, nosotros el presbiterio y la diócesis de Málaga, pidamos para que el Señor envíe sacerdotes santos y buenos.
3.- Amar a Dios implica conocerle y guardar sus mandamientos
Cuando el evangelizador anuncia este mensaje tan precioso, invita no solamente a pedir perdón, sino a amar a Dios. Y amar a Dios implica conocerlo. En san Juan, según hemos oído en su primera carta, amar y conocer van parejos, como conocer y creer. Amar a Jesús es conocerle mejor. Y amarle es también seguirle, guardar los mandamientos: «En esto sabemos que le conocemos: en que guardamos sus mandamientos» (1 Jn 2, 3).
Esto es lo que nos pide el Señor a cada uno de nosotros. Ese ha sido el objetivo de la vida ministerial de nuestro hermano Pedro. El mismo Señor nos recordaba: «Quien dice: “Yo le conozco”, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él» (1 Jn 2, 4). Si de verdad nos convertimos al Señor y pedimos perdón de nuestros pecados, aceptando a la persona de Cristo muerto y resucitado, la consecuencia es amar a Dios y amar a los hombres.
4.- Aparición de Jesús resucitado a sus discípulos
En el Evangelio de Lucas hemos escuchado que el Resucitado saluda a sus discípulos con la paz: «Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: “Paz a vosotros”» (Lc 24, 36). La paz es el saludo clave en este tiempo pascual del resucitado. La «Paz a vosotros» no es una mera fórmula, es una bendición, es un deseo del Señor, quiere que vivamos en su Reino de paz, en su Reino de resurrección, en su Reino de luz, aún en medio de las tinieblas de este mundo, de las tensiones y de los odios entre las personas.
El Señor nos concede su paz y su perdón, su luz, su amor, su resurrección. Ojalá todos vivamos con alegría este mensaje pascual y que sirva también de testimonio para los demás.
Nuestro hermano Pedro ha sido un testigo de la fe, ha amado, ha querido a los testigos de la fe, mártires que dieron su vida con derramamiento de sangre en el siglo pasado; pero también a los testigos de la fe, aún sin derramamiento de sangre. Que todos podamos ser, como él, testigos de esa fe en el Señor.
Jesús resucitado se aparece a los apóstoles no como un fantasma sino como un ser vivo, como una persona viva, gloriosa. Deseo que en este encuentro eucarístico, encuentro con su Palabra y con los hermanos, nos encontremos realmente con Cristo resucitado.
Pedimos, de un modo especial, por nuestro hermano Pedro para que ese encuentro que siempre ha intentado, vivido y realizado en su vida temporal sea ahora el encuentro definitivo. Ya está viviendo la Pascua, ya está gozando de esa presencia, lo que siempre ha querido. Ya está viviendo el encuentro total y pleno con el Señor resucitado.
A nosotros nos toca seguir encontrándonos en las mediaciones temporales a la espera de llegar también a gozar de la Pascua eterna.
Le pedimos a la Virgen María, nuestra Madre y Madre de la Iglesia, que lo acoja, que lo lleve de la mano hasta el trono del Señor resucitado, hasta el trono del Padre, del Hijo y del Espíritu.
Y a nosotros que nos siga acompañando en nuestro camino de cada día por la tierra. Amén.
El seminarista Jorge Moreno Pérez, nuevo diácono de Asidonia-Jerez
Monseñor José Mazuelos Pérez ha presidido este mediodía la celebración que ha tenido lugar en la Santa Iglesia Catedral del Salvador.
Confirmaciones (Capilla Nª Sª de Lourdes-El Valdés-Moclinejo)

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en las confirmaciones celebradas en la capilla Nª Sª de Lourdes, en El Valdés, Moclinejo, el 18 de abril de 2015.
CONFIRMACIONES EN LA CAPILLA
DE NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
(El Valdés-Moclinejo, 18 abril 2015)
Lecturas: Hch 2, 1-6.14. 22-23.32-33; Sal 32; Jn 6, 16-21.
1.- Hoy es un día de fiesta para esta comunidad cristiana de El Valdés. Me alegra volver aquí con vosotros, pues hace no mucho estuve con motivo de la visita al Colegio. Hoy os visito para la renovación de esta comunidad, porque la confirmación va a renovar la comunidad cristiana. Es una donación del Espíritu. De estos días de tiempo pascual, estamos en la segunda semana de Pascua, aún nos quedan hasta siete semanas.
La Iglesia, que es muy sabia, nos pone mucho tiempo para que celebremos las fiestas importantes con calma. ¿Cuántos días tiene un año? (Responden los niños: “365”), pues, de esos 365, prácticamente cien, es decir, casi un tercio, están en torno a la Pascua. Y todo el resto del tiempo litúrgico está mirando a la Pascua. El año litúrgico, desde que empieza en el mes de noviembre con el primer Domingo de Adviento, después de Cristo Rey, ya mira a la Pascua. El nacimiento del Señor mira a la Pascua. Hemos tenido la Cuaresma cuarenta días antes de Pascua, días de penitencia y preparación para la Semana Santa y la Pascua. Y ahora nos quedan otros cincuenta días para disfrutar de la Pascua.
2.- En estos días pascuales el Señor nos permite escuchar lo que hacían los Apóstoles y los primeros discípulos. ¿Qué pasaba? ¿Qué hacía la primera comunidad? Cuando murió Jesús, ¿dónde se pusieron los Apóstoles? ¿Qué hicieron? ¿Salieron corriendo a la calle o, más bien, se quedaron encerrados en casa por miedo? (Responden: “se quedaron encerrados por miedo”). Y cuando el Espíritu Santo se les regala, cuando viene el Espíritu Santo, esas personas miedosas, temerosas por los judíos y los romanos que les encarcelarán o les azotarán, ¿cuál es el cambio que se opera en ellos? (Responden: “salen”). Salen, en vez de quedarse en casa encerrados por miedo, abren las puertas, abren los balcones y empiezan a hablar al pueblo.
Ellos anuncian unas verdades fundamentales con frases muy cortas. Lo que llamamos el anuncio del kerigma. En resumen, primera frase: “Jesús ha muerto en la cruz por nuestros pecados” (cf. Hch 2, 23). Segunda verdad: “Ese Jesús ha resucitado del sepulcro y está vivo, nosotros lo hemos visto, lo hemos experimentado” (cf. Hch 2, 24). Tercera verdad: “De la muerte y de la resurrección de Jesucristo nosotros somos testigos” (cf. Hch 2, 32).
3.- Han pasado casi dos mil años y los cristianos de ahora hacemos lo mismo que hicieron los Apóstoles. Vais a recibir el Espíritu Santo para ser testigos de Cristo. Pero, ¿una persona puede ser testigo en un juicio cuando le llaman a testificar si no ha visto ni ha oído nada? Ese testimonio, ¿valdría ante el juez? (Responden: “no”). ¿Uno puede ser testigo de algo que no vive? (Responden: “no”). ¿Cómo podéis ser testigos vosotros de que Cristo está vivo? (Responden: “por la fe, creyendo en Jesús y amándole”).
Nosotros no hemos sido testigos oculares de lo que ocurrió entonces, pero nos lo han transmitido los testigos oculares. Y esa es una cadena que va pasando y vamos narrando lo que ocurrió. Es cierto que Cristo murió, eso está demostrado históricamente, bajo tal emperador, bajo tal rey, en Judea. Cristo murió en la cruz y hay testigos que lo vieron.
Esos mismos testigos experimentaron que Cristo estaba vivo y les dio la fuerza de ser testigos, porque recibieron la fuerza del Espíritu.
4.- Los confirmandos vais a recibir la misma fuerza que recibieron los Apóstoles en Pentecostés. Hoy, en este templo del Valdés, va a ocurrir como en aquella casa, en aquel cenáculo de Jerusalén, donde estaban reunidos los Apóstoles y el Espíritu Santo penetró en sus corazones, en sus mentes, les iluminó y les dio fuerzas para salir.
Ahora imaginad que estamos en el Cenáculo y que las puertas están cerradas. Aquí va a venir el Espíritu Santo, se va a posar sobre vosotros, va a penetrar, va a inhabitar, a habitar dentro, y saldréis de aquí transformados, con la misma fuerza con la que salieron transformados los Apóstoles. Aquí va a ocurrir un milagro, una cosa maravillosa. Y a partir de ahora, va a ver una veintena larga de testigos que, en la casa, en la calle, en el trabajo, entre los amigos…, van a dar testimonio de Jesús resucitado. Para esta tarea se os va a regalar la fuerza, no vais a poner nada, más que recibir el regalo.
5.- La confirmación no es tanto lo que «yo hago», «yo prometo», «yo digo»; el actor principal no soy “yo». En la confirmación recibiremos como regalo el don del Espíritu Santo, que ya recibimos en nuestro bautismo. Y este regalo lo vais a recibir en la medida en que os vaciéis por dentro.
Si ahora hubiera aquí una fuente, un manantial de agua, y estuviéramos todos muy sedientos por estar un día sin beber, llegaríais, empezando por los más pequeños, y ¿cuánta cantidad podríais beber para saciar la sed? (Responden: “un litro los más pequeños y un vaso los mayores”). Cada uno bebería lo que necesitara: unos beberían diez mililitros y otros mil; unos beberían un vaso pequeño, otros se atragantarían y se beberían un litro entero.
Al final, ¿quedaríais todos saciados, sí o no? (Responden: “sí”). Cada uno estaría saciado según su necesidad, ¿verdad? Y, ¿sobraría agua? (Responden: “sí”). El manantial seguiría brotando para poder saciar de nuevo la sed.
6.- ¿Qué pasa con el Espíritu? En la medida en que estoy vacío de mí mismo, permito que el Espíritu entre dentro de mí. Una pregunta de “Perogrullo”: ¿qué hace falta para poder llenar un vaso? ¿Cómo tiene que estar el vaso? (Responden: “vacío”). ¿Se puede llenar un vaso lleno? Para llenar un vaso de agua lo que hace falta es que el vaso esté vacío.
¿Qué hace falta para llenar del Espíritu un corazón y un alma? (Responden: “que esté vacío”). Que no esté lleno de sí mismo, que no esté el egoísmo y el yo tan dentro de uno mismo que no quepa nada.
Espero que ya os hayáis vaciado, porque quiero llenaros con el don del Espíritu Santo. Si no nos vaciamos, no nos llenaremos del Espíritu de Dios.
Quien está lleno, repleto de amor a sí mismo, es incapaz de amar a otro. Para amar a otro, tienes que salir de ti mismo y acercarte al otro. Esto es lo que hicieron los discípulos; estaban encerrados y tuvieron que salir, esponjar el corazón, abrirlo.
Eso es lo que os pide el Señor hoy: que os vaciéis de vuestro egoísmo, que dejéis de miraros a sí mismos y que miréis al otro, que contempléis a Cristo resucitado, que contempléis al necesitado, al anciano, al enfermo, al marido, a la mujer, al hijo, al padre, a la otra persona que tengo a mi lado…, para poder amarlos. Ese será el mejor testimonio que podamos hacer.
7.- Vamos a proseguir la celebración pidiendo que venga el Espíritu y que os transforme.
Los ya confirmados, o al menos bautizados, también renovaremos con los confirmados las promesas bautismales. Todos hemos sido antes rociados con el agua que simbolizaba el bautismo; pues, ahora, también renovaremos las promesas bautismales.
Por tanto, la oración de hoy va a ser de renovación para que el Señor os renueve a cada uno y renueve esta comunidad cristiana del Valdés.
Y quiero agradecer el trabajo y todo el esfuerzo que los catequistas y, por supuesto, el P. Antonio, que es el rector-párroco que dirige la comunidad, habéis hecho; y también, por vuestra parte, la acogida que habéis dado a sus invitaciones y a su formación.
Me he leído todas vuestras cartas y remarco que está bien que queráis ser confirmados, pero lo importante es que es el Espíritu quien os confirma y quien os llena de sus dones y os enriquece. Amén.
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