
Toda vida humana es un don y es sagrada. El aborto, con la pérdida y drama que trae consigo, se favorece y facilita, dejando tras de sí víctimas. Muere el feto y con él muere una parte de las madres y familiares que arrastran una culpa que no llega a desaparecer ni siquiera en décadas. En medio de ese sufrimiento, la Iglesia extiende su mano para hacer un camino juntos, de duelo y sanación, de perdón por la culpa. Y lo hace a través de Proyecto Raquel, que desde este curso está implantado en nuestra Diócesis dentro de la Pastoral Familiar. Entrevista a la responsable de Proyecto Raquel Granada, Soledad Serrano.






