
Recordaba Benedicto XVI que siguiendo a Jesús en el camino de su pasión, vemos no sólo la pasión de Jesús, sino también a quienes sufren en el mundo. Y quizá esta sea la intuición que el pueblo descubre más allá de la dimensión cultural que encierra el fenómeno de la Semana Santa. El fiel cristiano sabe que el sufrimiento propio y ajeno es acogido, acariciado y adormecido en el corazón del buen Dios. El misterio de la redención encuentra en la liberación del pecado su razón de ser. Por eso es importante abrir el corazón para evitar el pecado, el sufrimiento y entre todos ayudarnos a ser mejores personas. Para ver con el corazón. Es la profunda intención de la celebración de esta semana.




