
El último domingo del año litúrgico está reservado a una solemnidad que debe hacerse presente cada día en nuestras vidas: la fiesta de Cristo Rey. Instaurada por el papa Pío XI el 11 de marzo de 1925, buscaba motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey. Sin embargo, posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido, resaltando así la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal, “el alfa y omega que reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio”, explica la hermana Lourdes Jiménez, de la comunidad de las Hijas de Cristo Rey presente en la Archidiócesis.









