
Todo encuentro origina historias, emociones que perdurarán para siempre en aquellos que abren su corazón a lo que Dios pueda tener preparado. El pasado 21 de julio, un grupo de treinta y nueve jóvenes y adultos emprendía un viaje camino de Taizé, en Francia, con la emoción contenida del que sabe que acude a algo trascendente, pero cargado de misterio a la vez.


















