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Claves para vivir la fe en un espacio seguro y libre de violencia

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La cultura del entorno seguro y el cuidado en el ejercicio pastoral es clave para que la Iglesia sea un espacio libre de violencia y abusos. Recogemos las claves compartidas en el encuentro formativo vivido por casi una veintena de sacerdotes con menos de una década de ministerio. En la jornada, celebrada en Villa Nazaret los días 1 y 2 de marzo, se hicieron presentes también el obispo de Málaga, D. José Antonio Satué, y el delegado para el Clero, Juan Manuel Ortiz Palomo.

La sesión, enmarcada dentro de un nuevo formato de atención y acompañamiento a este perfil de sacerdotes, fue desarrollada por Angelines Morales, presidenta de la Acción Católica General en Málaga, quien desde su experiencia personal y generada por el proyecto de la propia asociación, dio respuesta a una de las cuestiones que los propios miembros de este grupo de sacerdotes habían solicitado, según cuenta Salvador Gil, responsable del decenio y organizador de la jornada.

La formación, impartida en clave de sensibilización, no se planteó como una clase teórica, sino como un espacio de diálogo y toma de conciencia. Un aspecto especialmente valorado por los participantes fue la posibilidad de compartir su propia experiencia en pequeños grupos. «Se trataba de abrir camino, de empezar a poner nombre a realidades que a veces no hemos reflexionado», explica la ponente.

La Iglesia, entorno seguro

La reflexión comenzó presentando la magnitud del problema de los abusos sexuales a menores en el ámbito eclesial. Se dieron a conocer todos los pasos que, en relación a este gravísimo asunto se han ido dando dentro de la Iglesia católica, tanto a nivel de la Santa Sede como en las conferencias episcopales y las iglesias locales, por medio de las oficinas de protección del menor, pasando por otras entidades religiosas que están sumando su colaboración con esta causa. En este sentido, se recordó el trabajo desarrollado por la Conferencia Episcopal Española a través del proyecto “Para dar luz” (más enlaces al final del texto).

Esa preocupación creciente se materializa en los programas de entorno seguro impulsados en la Iglesia en los últimos años para prevenir las conductas inapropiadas que pueden generar estos abusos.

Estos programas se sostienen sobre tres grandes pilares:

1. Sensibilización y formación, primer paso imprescindible para tomar conciencia de la magnitud del problema y adquirir criterios.

2. Prevención, que incluye la elaboración de mapas de riesgo, la divulgación de los protocolos de actuación y los códigos de buenas prácticas y la formación específica para evitar conductas abusivas.

3. Intervención y reparación: que abarca la detección de los abusos, la activación de protocolos, la denuncia y la reparación de daños causados.

Gracias al testimonio de las víctimas, a su escucha respetuosa y atenta, se ha podido reconocer y detectar lo que se esconde tras los casos de abuso.
Más allá de la “punta del iceberg”

En un segundo momento de la exposición, se invitó a ampliar la mirada. El abuso sexual a menores, se explicó, es «la punta del iceberg», la manifestación más grave y visible. Sin embargo, detrás suelen encontrarse dinámicas previas de abuso de poder o de conciencia. Gracias al testimonio de las víctimas, a su escucha respetuosa y atenta, se ha podido reconocer y detectar lo que se esconde tras los casos de abuso.

Morales subraya que, si bien los protocolos frente a abusos sexuales están cada vez más definidos, la reflexión sobre otras formas de abuso —como el de poder o el de conciencia— se encuentra todavía en desarrollo y requiere mayor concreción para posibilitar un abordaje real. Las víctimas deben ser el centro de nuestra atención.

Durante la sesión se analizaron estos conceptos, distinguiendo entre el ejercicio legítimo de la autoridad —inherente a la misión pastoral— y su posible deriva abusiva. «Todos, en algún momento, podemos ser víctimas y también victimarios», se recordó. Reconocer esta posibilidad no pretende generar sospecha, sino fomentar la responsabilidad y el examen personal.

La reflexión ayudó a identificar conductas no adecuadas que, en ocasiones, pueden estar normalizadas, y que, sin mala intención, vulneran la dignidad de los miembros de la comunidad e imposibilitan el que la Iglesia sea un espacio seguro: cuando se alza la voz de forma habitual, se desautoriza o ridiculiza públicamente a otros, se imponen criterios sin diálogo, se instaura una cultura del secretismo o se produce un arraigo del miedo a expresarse o comunicarse en algunos espacios.

Esos comportamientos inadecuados no pueden justificarse bajo el argumento del carácter personal, la presión pastoral o el “siempre se ha hecho así”. «Porque vivir nuestra fe en un espacio seguro y libre de violencia, abusos y trato inadecuados es un derecho y una responsabilidad de parte de todos», afirma Morales.

«Vivir nuestra fe en un espacio seguro y libre de violencia, abusos y trato inadecuados es un derecho y una responsabilidad de parte de todos»
Autoridad, vulnerabilidad y búsqueda de ayuda

A la vez que preocupa la prevención y atención a las víctimas, este tema despierta en el presbiterio inquietud por la gestión, en la propia comunidad, de una acusación de conducta inapropiada que, en alguna ocasión, pudiera ser infundada; por el impacto de los protocolos sobre las relaciones, en detrimento de la expresión natural del afecto; por la exposición a la que lleva el propio ministerio, o la dificultad para manejar conflictos en la comunidad.

La soledad, el individualismo, una inadecuada gestión de la afectividad o la sobrecarga pastoral pueden constituir factores predisponentes hacia conductas no saludables.

En el diálogo compartido emergió la necesidad de formación -como por ejemplo en comunicación, establecimiento de límites y gestión de conflictos- y de una mayor claridad manifiesta en el apoyo institucional tanto a los sacerdotes como a los laicos con responsabilidad pastoral.

Se animó a reconocer que todos somos limitados y que buscar ayuda no demuestra debilidad sino habilidad para el crecimiento personal y comunitario.

Una cuestión pastoral y evangelizadora

La reflexión no se limitó al ámbito jurídico o preventivo. Se subrayó que el buen trato es una exigencia evangélica y una condición para la credibilidad de la misión. «No se trata solo de evitar abusos graves; cualquier trato inadecuado ya es un daño y contradice la llamada a la caridad pastoral», señala la ponente.

Además, se advirtió de que muchas personas se han alejado de la Iglesia tras experiencias negativas en el ámbito comunitario. Por ello, recuperar la confianza, construir entornos seguros y relaciones sanas no es únicamente una medida preventiva, sino una auténtica prioridad pastoral.

Aunque Angelines Morales reconoce que este es “un camino largo” y que una sola sesión no basta, el encuentro permitió —según sus palabras— «despertar preguntas y empezar a poner nombre a realidades que necesitan luz».

Enlaces de interés:

Comisión Pontificia para la protección de menores en la Santa Sede: www.tutelaminorum.org

Protección de menores de la Conferencia Episcopal Española: https://www.paradarluz.com/

Atención a víctima de abusos en la Diócesis de Málaga: https://diocesismalaga.es/inicio/2014055641/protocolo-de-prevencion-y-actuacion-frente-a-abusos-sexuales-a-menores/

Programa Repara de la Archidiócesis de Madrid: https://repara.archimadrid.es/

Entorno seguro de Acción Católica: https://www.accioncatolicageneral.es/entorno-seguro

Ana María Medina

Ha fallecido el sacerdote diocesano José Melgar del Valle

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El sacerdote diocesano José Melgar del Valle ha fallecido tras más de cinco décadas de ministerio. Nacido el 12 de noviembre de 1943 en Ronda, fue ordenado sacerdote el 24 de mayo de 1975. Sus primeros años de ministerio fueron como colaborador en las parroquias de Santiago y San Juan de Antequera.

Posteriormente, desempeñó diversos servicios en las parroquias de Fuente Piedra y Humilladero, El Chorro, Álora, Estación de Cártama, Villa del Guadalhorce y Aljaima.

Desde septiembre de 1977 ejerció como ecónomo de la Campiña (Estación de Cártama), hasta que, en 1985 fue nombrado párroco de Churriana, donde también fue capellán de las Carmelitas Terciarias del Sagrado Corazón. Compatibilizó esta responsabilidad con su labor como profesor de Religión en Enseñanza Secundaria. En esta tarea, quienes lo conocieron destacan de él que «tenía una fama buenísima» y que «hacía una labor estupenda con los alumnos y más aún con los difíciles».

Permaneció como párroco de Churriana hasta 1997.

Más adelante, fue vicario parroquial y luego párroco de El Salvador en Málaga, en cuyo columbario está previsto que descansen sus restos.

Antonio Moreno Ruiz
Antonio Moreno

Manuel Otero, párroco en Coín y Villa del Guadalhorce

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El obispo de Málaga ha hecho público el nombramiento y agradecido las muestras de afecto.

El obispo de Málaga ha nombrado, el miércoles 4 de marzo de 2026, al sacerdote diocesano Manuel Otero como nuevo párroco para San Juan y San Andrés de Coín y para María Auxiliadora de Villa del Guadalhorce y ha agradecido las muestras de afecto de los últimos días.

Manuel Jesús Otero Plaza, hasta ahora vicario parroquial de San Miguel de Málaga, llega a las dos localidades del Valle del Guadalhorce en sustitución del recientemente fallecido José Amalio González Ruiz.

En este sentido, D. José Antonio Satué ha querido aprovechar la comunicación de este nombramiento «para agradecer las muestras de afecto y de apoyo de los feligreses y feligresas de las parroquias de San Juan y San Andrés de Coín y de Villa del Guadalhorce, con motivo del fallecimiento y el funeral de don José Amalio González Ruiz. También manifiesta su gratitud hacia quienes han contribuido con generosidad para que estas comunidades puedan disponer pronto de un nuevo párroco».

Por otra parte, Mons. Satué ha comunicado también el nombramiento de Francisco Javier Díaz Lorite, sacerdote de la Diócesis de Jaén residente en Málaga, adscrito a la parroquia de San Miguel de Málaga.

Antonio Moreno Ruiz
Antonio Moreno

Málaga: Vivienda y empleo, principales detonantes de la exclusión social

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Los días 3 y 4 de marzo, Cáritas Diocesana de Málaga ha organizado dos encuentros para analizar en profundidad el Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en Andalucía, poniendo el foco en los datos más relevantes que afectan a la provincia.

El estudio, presentado recientemente en el ámbito autonómico, advierte de una creciente fragmentación social y señala tres ámbitos críticos —vivienda, empleo y salud— como los motores que están intensificando la vulnerabilidad de miles de hogares. En sus conclusiones, el informe subraya que Andalucía continúa sin cerrar sus brechas sociales.

Andalucía: una fractura social que se consolida

Durante la presentación, celebrada en el Colegio Sagrado Corazón (Esclavas), el director de Cáritas Diocesana de Málaga, José Miguel Santos Paradas, ha ofrecido unas palabras iniciales y una breve introducción al Informe FOESSA antes de dar paso al ponente, Daniel Rodríguez de Blas, miembro del Comité Técnico de FOESSA y coordinador del Informe.

Rodríguez ha comenzado subrayando que Andalucía atraviesa “un proceso profundo y persistente de fragmentación social”, resultado de más de dos décadas de crisis encadenadas —económica, sanitaria, inflacionaria y habitacional— cuyas fases de recuperación “no han logrado cerrar las brechas abiertas”. “No estamos ante un fenómeno coyuntural, sino ante dinámicas estructurales que se consolidan”, señaló.

El informe destaca que el 23% de la población andaluza vive en exclusión social y un 10% en exclusión severa, cifras superiores a la media estatal y que evidencian la consolidación de una vulnerabilidad estructural.

Rodríguez de Blas ha insistido en que “no fallan las personas, falla el sistema”. Frente a discursos que atribuyen la pobreza a la falta de esfuerzo individual, ha recordado que la mayoría de los hogares en exclusión sí activan estrategias de inclusión: trabajan, buscan empleo, se forman o recurren a sus redes familiares.

Aun así, “tres de cada cuatro hogares en exclusión severa se encuentran con dispositivos fragmentados, recursos insuficientes y respuestas poco adaptadas a sus trayectorias”. Cuando esto ocurre de forma sostenida —ha afirmado— “la exclusión no solo se reproduce: se cronifica”.

Nota de prensa: Presentación del Informe Foessa Andalucía en Málaga

A pesar de la ligera mejora en la tasa de riesgo de pobreza en Andalucía —del 15,9% en 2021 al 12,8% en 2024—, la comunidad sigue entre las regiones con peores indicadores. Casi la mitad de los hogares no puede afrontar gastos imprevistos, uno de cada cinco no logra mantener la vivienda a una temperatura adecuada y un 16% sufre retrasos en pagos básicos.

En este contexto, Rodríguez ha alertado de que el sistema de garantía de ingresos sigue siendo insuficiente. Aunque el Ingreso Mínimo Vital (IMV) alcanza a seis de cada diez personas en pobreza severa —una cobertura mayor que la media estatal—, sigue sin llegar a todas las personas que lo necesitan, en parte por dificultades de acceso y falta de acompañamiento.

A ello se suma el debilitamiento de la protección autonómica tras el desplome de la Renta Mínima de Inserción Social, que “ha dejado un vacío allí donde el IMV no llega, llega tarde o resulta insuficiente”. Por ello, ha señalado, “la prioridad pasa por reforzar la renta mínima autonómica como complemento del IMV”.

Málaga: Vivienda y empleo, principales detonantes de la exclusión social

En el caso de Málaga, FOESSA advierte de la presión crítica del mercado residencial. “Más de 200.000 personas caen por debajo del umbral de la pobreza después de pagar la vivienda y los suministros”, ha explicado Rodríguez.

El precio del alquiler ha aumentado cerca de un 30%, por encima del incremento medio andaluz (25%), lo que complica aún más los proyectos vitales de miles de hogares.

La precariedad laboral constituye otro de los motores de la exclusión. Según el informe, unas 180.000 personas en la provincia sufren inestabilidad laboral grave, con empleos intermitentes o precarios. Rodríguez señaló que “el 14% de los hogares malagueños cuyo sustentador principal tiene empleo se encuentra, aun así, en exclusión social”.

A ello se añade el impacto en la salud: alrededor de 85.000 personas han dejado de comprar medicamentos o seguir tratamientos por falta de recursos, un indicador que FOESSA considera de especial gravedad.

Una mirada desde la universidad: jornada en la UMA

La reflexión continúa el miércoles 4 de marzo con una jornada en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga bajo el título «Exclusión y desarrollo social en Andalucía: una mirada desde el Informe FOESSA». Este segundo encuentro está dirigido a agentes sociales, profesionales de la intervención y estudiantes, y busca profundizar en los desafíos que plantea la actual situación social en la comunidad: la insuficiente cobertura de los sistemas de garantía de ingresos, el deterioro de las relaciones sociales, el empeoramiento de la salud en los hogares más vulnerables y los rostros más afectados por la exclusión —menores, jóvenes, personas extranjeras y mujeres al frente del hogar—.

Con esta doble convocatoria, Cáritas Málaga ha querido situar el foco en una realidad que, pese a su gravedad, suele quedar invisibilizada. Los datos del informe muestran que, también en Málaga, la exclusión social tiene causas estructurales y sostenidas en el tiempo, y exige respuestas coordinadas, estables y adaptadas a la vida real de las personas y familias que la sufren.

Cáritas Diocesana

Triduo en la Natividad junto a las reliquias del Padre Arnaiz

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La parroquia de la Natividad del Señor celebra un triduo al Sagrado Corazón del 3 al 5 de marzo.

La comunidad parroquial de la Natividad, que tiene su sede en la malagueña barriada de la Paz (Carretera de Cádiz) ha organizado para los días del 3 al 5 de marzo un triduo al Sagrado Corazón de Jesús con motivo del Jubileo del gran apóstol de esta advocación, el beato P. Arnaiz. La comunidad de Misioneras de las Doctrinas Rurales, obra fundada por el jesuita de cuya muerte se cumplen 100 años, y estrechamente vinculada a la parroquia pues tienen su casa en el territorio parroquial, llevará esos días sus reliquias al templo para que los fieles puedan venerarlas.

Cada día del triduo, las misioneras ofrecerán una reflexión sobre la devoción al Sagrado Corazón a las 18.00 horas, donde explicarán el origen de esta advocación y el sentido de la consagración personal. A las 19.30 horas, comenzará la Santa Misa.

Según el párroco, Ángel Antonio Chacón, «el miércoles 4, además, está prevista una jornada penitencial con confesiones a lo largo de todo el día y, el jueves 5, estará el Santísimo expuesto toda la jornada. Este día, todos los fieles que lo deseen podrán hacer la consagración al Sagrado Corazón de Jesús después de la Misa».

El viernes, 6 de marzo, la parroquia peregrinará hasta la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, donde está el sepulcro del P. Arnaiz, para tener un tiempo de adoración al Santísimo, a partir de las 18.30 horas, y celebrar juntos la Eucaristía y ganar el Jubileo a las 19.30 horas.

Antonio Moreno

La parroquia Madre de Dios acogió la Jornada de la Alegría

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Más de 50 matrimonios y sus familias celebraron, en la parroquia Madre de Dios, la Jornada de la Alegría organizada por Proyecto Amor Conyugal.

La jornada tuvo como objetivo profundizar en cómo vivir la alegría en el matrimonio. Los participantes fueron recibidos por el párroco, Antonio Eloy Madueño, quien presidió la celebración de la Eucaristía.

Tras la liturgia, dio comienzo una charla-formativa centrada en «cómo vivir desde el corazón la verdadera alegría en el matrimonio, y cómo aterrizarlo en nuestras vidas cotidianas», explican desde Proyecto Amor Conyugal.

Abordaron también «la alegría como fruto de la experiencia del amor de Dios», añaden.

«Dimos gracias a Dios por tanto bien recibido y por haber sido iluminados, en el camino hacia la caridad conyugal. Estamos convencidos de que, aunque atravesemos circunstancias complicadas, se puede vivir en gozo y alegría si estamos unidos a Jesús», concluyen.

La Jornada terminó con una adoración a Jesús Eucaristía en la que los esposos compartieron una experiencia entre ellos relacionada con el tema de la jornada.

Encarni Llamas

Ecos del Jubileo de Santa María de la Victoria en Canal Sur TV

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La Real Hermandad de Santa María de la Victoria, patrona de la diócesis y de la ciudad de Málaga, vivió su Año Jubilar concedido por la Santa Sede desde el 8 de septiembre de 2024 al 8 de septiembre de 2025 con motivo del 150 aniversario de la hermandad.

En el reportaje emitido por el programa «Testigos Hoy» de Canal Sur se hace balance de un año muy rico en frutos espirituales para todos los malagueños que pudieron expresar de una forma especial su amor y devoción. su patrona. Esteban Bueno, tesorero de la Hermandad de la Victoria repasa los principales hitos de este jubileo, destacando la peregrinación de la Virgen por distintas parroquias de la Diócesis: «Para la hermandad han sido unos días muy especiales. El hecho de que la patrona visitara estos siete templos era un proyecto muy ambicioso y, para nosotros, ha resultado profundamente reconfortante la respuesta del pueblo de Málaga y de los devotos».

Para Bueno, «la asistencia ha sido generalizada en cada una de las parroquias. La presencia de la Virgen en cada templo ha sido magnífica y, a medida que el programa de peregrinaciones avanzaba, la participación iba en aumento. La noticia se fue extendiendo y nadie quiso perderse la oportunidad de acompañarla. Los fieles han acudido con gran devoción y fervor, algo que nos han confirmado todos los párrocos. Para la hermandad, esta experiencia ha supuesto reforzar la convicción de que cuenta con un profundo arraigo y una gran fuerza, pero, sobre todo, ha evidenciado que la Virgen despierta una devoción muy viva entre los malagueños».

Antonio Moreno

Cuaresma: Decálogo de los “Ayunos” en Al Trasluz

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Seguimos recorriendo el camino cuaresmal. Corto en la liturgia de la Iglesia, 40 días, y a la vez largo, muy largo y fatigoso, ya que hace falta toda una vida, de la cual la cuaresma quiere ser una “reducción en escala”

El Papa León XIV se ha extendido al hablarnos del “Ayuno”, contemplándolo siempre de la mano de la solidaridad, al compás de las palabras del libro de Tobías: “Reparte tu pan con el hambriento”. Su propuesta podemos “actualizarla” en un decálogo.

“-Ayuna de palabras hirientes y transmite palabras bondadosas.

-Ayuna de descontentos y llénate de gratitud.

-Ayuna de enojos y llénate de mansedumbre y de paciencia.

-Ayuna de pesimismo y llénate de esperanza y optimismo.

-Ayuna de preocupaciones y llénate de confianza en Dios.

-Ayuna de quejarte y llénate de las cosas sencillas de la vida.

-Ayuna de presiones y llénate de oración.

-Ayuna de tristezas y amargura y llena de alegría el corazón.

-Ayuna de egoísmo y llénate de compasión por los demás.

-Ayuna de falta de perdón y llénate de actitudes de reconciliación”.

Este fin de semana, coincide la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, que nos recuerda la lucha histórica de las mujeres por sus derechos laborales, políticos y sociales, con el Evangelio que nos ofrece la “silueta” de una “mujer samaritana anónima que iba a sacar agua al pozo de Jacob. Su encuentro con Jesús transforma su vida; “Señor, dame de esa agua para que no vuelva yo a tener sed”.

La entrada Cuaresma: Decálogo de los “Ayunos” en Al Trasluz apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

En marzo, el papa León nos invita a rezar por el desarme y la paz

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En marzo, el papa León nos invita a rezar por el desarme y la paz

 

 

En este mes de marzo, el Papa León nos invita a rezar por el desarme y la paz, para que las naciones renuncien a la violencia y elijan el camino del diálogo, la diplomacia y la reconciliación, y para que cada uno de nosotros desarme también su propio corazón del odio, el rencor y la indiferencia.

A través de El Video del Papa y El Audio del Papa, todos podemos unirnos en oración por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.

Tómate un momento, reza con el Papa. Entra en nuestra página web para vivir una profunda experiencia de oración:  https://www.popesprayer.va/es/rezaconelpapa

 

Apostolado de la Oración. Diócesis de Guadix

 

Oración

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Señor de la Vida,

que moldeaste a cada ser humano a tu imagen y semejanza,

creemos que nos creaste para la comunión, no para la guerra,

para la fraternidad, no para la destrucción.

Tú que saludaste a tus discípulos diciendo: “La paz esté con vosotros”,

concédenos el don de tu paz

y la fortaleza para hacerla realidad en la historia.

Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo,

rogando que las naciones renuncien a las armas

y elijan el camino del diálogo y la diplomacia.

Desarma nuestros corazones del odio, el rencor y la indiferencia,

para que podamos ser instrumentos de reconciliación.

Ayúdanos a comprender que la verdadera seguridad

no nace del control que alimenta el miedo,

sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos.

Señor, ilumina a los líderes de las naciones,

para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte,

detener la carrera armamentista,

y poner en el centro la vida de los más vulnerables.

Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la humanidad.

Espíritu Santo,

haz de nosotros constructores fieles y creativos de paz cotidiana:

en nuestro corazón, nuestras familias,

nuestras comunidades y nuestras ciudades.

Que cada palabra amable, cada gesto de reconciliación

y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo.

Amén.

 

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

La CEE publica “Cor ad cor loquitur, el corazón habla al corazón”, nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe

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La CEE publica “Cor ad cor loquitur, el corazón habla al corazón”, nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe

 

La Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ha publicado una nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe que lleva por título Cor ad cor loquitur —el corazón habla al corazón—, en referencia al lema cardenalicio del «recién declarado doctor de la Iglesia, san Juan Enrique Newman». En él se encierra el tema central de la nota doctrinal, que la vida espiritual y el encuentro con Dios «afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva». Esta nota fue aprobada por la Comisión Permanente en su última reunión, celebrada los días 24 y 25 de febrero en Madrid.

Esta reflexión está motivada por los diversos signos de un «renacer de la fe cristiana» en la sociedad, así como el surgimiento de «diversas iniciativas de primer anuncio» suscitadas por el Espíritu Santo y que facilitan el encuentro con Cristo. La Iglesia valora su «creatividad» y reconoce «una llamada que anima a recuperar la importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana». De esta forma, los obispos de esta Comisión ofrecen esta nota doctrinal para «ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia».

Texto completo

Cor ad cor loquitur (El corazón habla al corazón)
Nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe

 

  1. Cor ad cor loquitur fue el lema cardenalicio escogido por el recién declarado doctor de la Iglesia, san Juan Enrique Newman, inspirándose en san Francisco de Sales, quien definía la vida espiritual como un encuentro con Dios “de corazón a corazón”[1], un movimiento del corazón de Dios al corazón del hombre y, a la inversa, del corazón del hombre al corazón de Dios; un intercambio incesante que afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva[2]. El mismo Jesús, cuando le preguntan por el mandamiento principal de la Ley, dice: «Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente» (Mt 22,37). La fe implica a toda la existencia humana, pues es la entrega del hombre “entero” a Dios como respuesta obediente y libre a la revelación (Rom 1,5; 16,26)[3]. Es Dios el que toma la iniciativa de salir al encuentro del hombre, y adelanta su gracia para que, con el auxilio interior del Espíritu Santo, el corazón del ser humano se oriente y se dirija hacia Dios, permitiéndole entrar en comunión íntima con él[4]. Junto a los aspectos fiduciales (confianza en Dios) se dan en la fe elementos cognoscitivos (adhesión a Dios, confesión de fe) y también emociones y sentimientos (gozo espiritual, amor o paz, entre otros).
  2. Los Obispos de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ofrecemos estas reflexiones acerca de la integralidad de la experiencia de fe, que es fruto del encuentro con el auténtico rostro de Jesucristo encarnado: «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre» (Credo niceno-constantinopolitano).

Motivación pastoral de esta reflexión

  1. En los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada “generación Z”, aquellos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del 2000. La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe. Estos nuevos métodos o herramientas de evangelización representan un soplo de aire fresco para la Iglesia, que, como Madre, vuelve una y otra vez a «ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud»[5]
  2. En todos estos métodos, en mayor o menor grado, tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer “impacto” en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo. A ello le ha de seguir la configuración de la vida de los cristianos con el Señor, el discipulado en la Iglesia y al apostolado como testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo. Sin embargo, no son pocos, incluso entre los promotores de estas experiencias, que han advertido del riesgo de un reduccionismo “emotivista” de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual. El anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida: que «tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Este es el gran impacto que renueva la mente y el pensamiento, amplía el horizonte de la libertad, ofrece un nuevo sentido a la vida y, en función de ello, da una nueva consistencia al obrar de las personas.
  3. En determinados momentos de la historia de la Iglesia la balanza se ha inclinado hacia el asentimiento intelectual a unas verdades reveladas o al compromiso y a la acción, con incidencia en la vida espiritual de los fieles, la reflexión teológica, la catequesis o el apostolado. En nuestros días, en cambio, la experiencia de fe se centra en el universo emocional y sentimental de la persona, lo que podría interpretarse como uno de los “signos de los tiempos” o una llamada que anima a recuperar la importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana. Al mismo tiempo, advertimos la necesidad de regular y discernir las emociones porque pueden ser un obstáculo para el crecimiento espiritual.
  4. Valorando positivamente todo lo que de bueno están aportando estos métodos de primer anuncio en el contexto de una sociedad fuertemente secularizada, los obispos de esta Comisión, como pastores del pueblo de Dios, ofrecemos esta Nota con el fin de ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia —como la mujer samaritana— buscando «un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,14).

Creer con el corazón

  1. a) La absolutización de lo emotivo en la postmodernidad
  2. Expertos y analistas de nuestro tiempo vienen advirtiendo que en la llamada cultura postmoderna se ha producido una absolutización de la afectividad, reduciéndola a los sentimientos y a las emociones, e incluso se ha llegado a sostener su irracionalidad, lo que ha sido denominado como “emotivismo”[6], es decir, la reducción de la afectividad a la emoción. El hombre postmoderno rechaza el objetivismo racionalista para convertirse en un sujeto emotivo, que pasa del “pienso luego existo” al “siento luego existo”, del “logos” a la “emoción”. Pero los sentimientos y las emociones, si bien son parte del mundo afectivo, no son capaces de abarcarlo en su totalidad.
  3. El hombre “emotivista” se experimenta fragmentado, porque las emociones por sí mismas son inconexas y no le pueden ofrecer una visión holística de la realidad. Se percibe desorientado, porque se deja arrastrar por las emociones a cada momento sin ningún horizonte y se identifica con ellas[7]; y vive en la inmediatez y la inconstancia absolutizando el instante (en tanto que perdura la emoción). Aplicado a la vida espiritual, el “emotivista religioso” hace depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento[8]y a lo placentera que pueda resultar, lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas. Es importante no confundir estas vivencias con el arrobamiento místico o la experiencia del gozo espiritual que acompaña en los santos la revelación privada. Ya en el año 2003 la Conferencia Episcopal Española advertía en el Directorio de pastoral familiar de la Iglesia en España de que «esta concepción (meramente “emotivista”) debilita profundamente la capacidad del hombre para construir su propia existencia, porque otorga la dirección de su vida al estado de ánimo del momento, y se vuelve incapaz de dar razón del mismo. Este primado operativo del impulso emocional en el interior del hombre, sin otra dirección que su misma intensidad, trae consigo un profundo temor al futuro y a todo compromiso perdurable»[9].
  4. Conviene tener presente que las emociones y los sentimientos tienen un papel importante en la vida humana y espiritual. El cuerpo humano y las emociones son partes integrales de la vida psíquica y espiritual del ser humano. Las emociones no pueden ignorarse ni trivializarse porque son intrínsecas a nuestra existencia. Ahora bien, resulta determinante encontrar un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales. Los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien. A este respecto, el papa Francisco afirmaba en la encíclica Lumen fidei (2013):

La fe sin verdad no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface únicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusión. O bien se reduce a un sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de la situación de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida[10].

  1. Por otra parte, el “emotivista” resulta más fácilmente manipulable. Muchos discursos sociales y políticos actuales apelan con frecuencia a las emociones (miedo, esperanza, indignación) con el fin de generar determinados comportamientos y adhesiones. También en la vida espiritual existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un “bombardeo emocional”, lo cual podría considerarse una forma de “abuso espiritual”. Tal abuso puede manifestarse en forma “presión emocional del grupo”, que hace que los individuos se vean obligados a “sentir” lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia. E incluso a través de la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas (“falso misticismo”[11]), que desvirtúan una auténtica visión de Dios, como medios para ejercer dominio sobre las conciencias anulando la autonomía de las personas o para cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad moral[12].
  2. b) La importancia de los sentimientos en la vida espiritual
  3. Los sentimientos juegan un papel importante en la vida humana y espiritual, y son fundamentales en la vida interior de toda persona humana. La fe cristiana, arraigada en la encarnación, no los puede ni dejar de lado ni ignorar. Dios nos alcanza también en nuestro sentir, en nuestra subjetividad, en nuestra intimidad, en nuestra emocionalidad. Lo afectivo constituye un campo fundamental en la vida espiritual, en la relación con Dios y con los demás, en la maduración creyente de la persona. Sin embargo, los sentimientos no pueden determinar toda o casi toda la vida cristiana, pues, en ocasiones, la misma ausencia de sentimientos es parte del itinerario espiritual.
  4. Los métodos de evangelización, a los que nos hemos referido, ayudan a descubrir la importancia del aspecto emotivo de la vida cristiana. Por influjo de la modernidad ilustrada, se dio una tendencia a subrayar los aspectos intelectuales o éticos de la fe, considerando los sentimientos como algo marginal en la experiencia de fe. La piedad popular y algunas prácticas espirituales alimentaron una espiritualidad más vinculada a los sentimientos, a la imaginación y al corazón.
  5. El reto será siempre facilitar el encuentro con Dios sin abusar de las emociones, al mismo tiempo que sin menospreciar la fuerza de la fe para suscitarlas. Sería contradecir la misma Palabra de Dios, que tiene muy en cuenta la dimensión afectiva de la relación entre Dios y el ser humano.
  6. El Antiguo Testamento describe el amor de Dios hacia su pueblo en múltiples pasajes, como el de una madre que se apiada del hijo de sus entrañas (cf. Is 49,14-15), como el de un padre que toma entre sus brazos a su hijo pequeño y cuida de él (cf. Os 11,1.3-4) o como el de un amado que graba a la amada como un sello en su corazón (cf. Cant 2,2; 6,2; 8,6). Este amor exige por parte del hombre la respuesta de un corazón nuevo, de un corazón de carne (cf. Ez 36,26).
  7. En el Nuevo Testamento, el Verbo encarnado asume también los sentimientos de la condición humana. En muchos pasajes vemos cómo Jesús se compadeció de aquellos que andaban como ovejas sin pastor (cf. Mt 9,36), experimentó la angustia y la tristeza en el Huerto de los Olivos (cf. Lc 22,39-44; Mt 26,37), lloró por Jerusalén (cf. Lc 19,41-44) y por la pérdida de su amigo Lázaro (cf. Jn 11,35), amó a los discípulos y los llamó amigos (cf. Jn 13,23; 15,15), miró con ira y se sintió dolido ante la dureza del corazón de los demás (cf. Mc 3,5) o por ver el Templo transformado en un mercado (cf. Mt 21,12-13; Mc 11,15-18; Jn 2,13-22), etc[13]. Como dirá san Agustín, él asumió también los sentimientos humanos para redimirlos: «tomó estos afectos de la humana flaqueza, lo mismo que la carne de la debilidad humana (…), de suerte que, si a alguno le aconteciere contristarse y dolerse en las tentaciones humanas, no se juzgase por esto ajeno a su gracia»[14]. Como recuerda el Concilio Vaticano II, «realmente, el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (…), él manifiesta plenamente el hombre al propio hombre (…), pues en él la naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida, (…) también en nosotros ha sido elevada a una dignidad sublime»[15]. No es de extrañar que san Pablo recomendase a los filipenses: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús» (Flp 2,5). Negar, por tanto, las emociones en el acto de fe, sería renegar de la condición humana, que ha sido asumida por el Verbo encarnado, el Hombre perfecto (cf. Ef 4,13), el mismo que «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre»[16], y por eso puede sanar de su desorden a la afectividad humana, iluminarla y elevarla. Como dirá la encíclica Dilexit nos (2024), «el Hijo eterno de Dios, que me trasciende sin límites, quiso amarme también con un corazón humano. Sus sentimientos humanos se vuelven sacramento de un amor infinito y definitivo»[17].
  8. c) Recuperar el corazón
  9. La afectividad, dimensión esencial del ser humano, junto con la razón y la voluntad, integra las emociones y los sentimientos en la verdad del ser humano, creado «a imagen y semejanza de Dios» (Gn 1,26), profundamente amado en la realidad de su existencia. Por ser una dimensión fundamental de la persona, no puede quedar excluida del acto de fe, ya que Dios sale al encuentro de cada hombre y de cada mujer en la integridad de su ser, y les habla de corazón a corazón. Pues el corazón es el centro de la persona, el lugar de las decisiones, de la verdad, del encuentro y de la Alianza, que solo puede ser sondeado y conocido por el Espíritu de Dios[18].
  10. El magisterio de los pontífices más recientes está impregnado de una llamada a la recuperación del corazón en la vida cristiana. Ya Pío XII en la encíclica Haurietis aquas (1956), sobre la devoción al Corazón de Cristo,alertaba del peligro del naturalismo y del sentimentalismo, y presentaba el Corazón del Verbo encarnado como signo y símbolo del triple amor con que ama Cristo: el amor divino (como Dios), el amor espiritual humano (la caridad de su voluntad humana) y el amor sensible (afectos y emociones)[19]. De esta forma, se invitaba a los fieles a alcanzar la armonía del amor en Cristo. Posteriormente, son significativas las encíclicas de Juan Pablo II Redemptor hominis (1979) al volver sobre la dimensión humana del misterio de la Redención y, especialmente, Dives in misericordia (1980) dedicada al amor misericordioso de Dios. Por su parte, Benedicto XVI hizo referencia en varias de sus encíclicas a esta cuestión, de manera peculiar en Deus caritas est (2005), pero también en Spe salvi (2007) y Lumen fidei (2013), escrita entre Benedicto XVI y Francisco, a la que ya se ha hecho referencia. Más recientemente el papa Francisco, en su encíclica Dilexit nos (2024) nos propuso recuperar la importancia del corazón en la vida cristiana, pues —como dice san Pablo— «si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rom 10,9). En el corazón es «donde cada persona hace su síntesis; allí donde los seres concretos tienen la fuente y la raíz de todas las demás potencias, convicciones, pasiones, elecciones»[20]. Todo se unifica en el corazón, que es «el núcleo de cada ser humano, su centro más íntimo; no solo el núcleo del alma, sino de toda la persona en su identidad única que es anímica y corpórea (…) Es la sede del amor con la totalidad de sus componentes espirituales, anímicos y también físicos»[21].
  11. Desde el corazón, en el que se integran las dimensiones afectiva y corporal, la racional e intelectual, así como la volitiva y el compromiso[22], la experiencia de fe se convierte en un acontecimiento totalizante, que permite afirmar al creyente: «Encontré al amor de mi alma. Lo abracé y no lo solté» (Cant 3,4). Se trata de un hecho que siempre desborda y trasciende, y hace gustar de antemano el gozo y la luz de la vida eterna.
  12. La afectividad, como dimensión humana fundamental en armonía con la razón y la voluntad, supera al mero sentimentalismo y libera a la fe de las redes del subjetivismo y del emotivismo. El amor auténtico siempre conduce a la verdad. Como afirmaba el papa Benedicto XVI:

Sin la verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente (…), es presa de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos (…). La verdad libera a la caridad de la estrechez de una emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales, así como de un fideísmo que mutila su horizonte humano y universal. En la verdad, la caridad refleja la dimensión personal y al mismo tiempo pública de la fe en el Dios bíblico, que es a la vez “Agapé” y “Lógos”: Caridad y Verdad, Amor y Palabra[23].

  1. Creer con el corazón es el mejor antídoto contra los dos grandes enemigos de la vida espiritual apuntados por el papa Francisco: el neo-gnosticismo y el neo-pelagianismo. El primero concibe la salvación como algo puramente interior, cerrando al sujeto en la inmanencia de su propia razón o sentimientos. El pelagianismo, por su parte, acentúa el carácter radicalmente autónomo del individuo, que pretende alcanzar la salvación por sus propias fuerzas. Esto se traduce, entre otras cosas, en una autocomplacencia por los frutos alcanzados, en la obsesión por la ley y en la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia[24].

Criterios teológico-pastorales para el discernimiento

  1. A la luz de lo expuesto, ofrecemos unos criterios que pueden ayudar a enriquecer la experiencia de fe de las nuevas iniciativas de evangelización surgidas recientemente en el ámbito del primer anuncio:
  2. a) Por Cristo, al Padre, en el Espíritu
  3. La vida cristiana comienza «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19), tal y como sucede en el sacramento del bautismo. Es la fe trinitaria que la Iglesia transmite la que ha de ser profesada no solo con los labios, sino pasándola por el corazón y por la razón.
  4. Toda la vida de fe está impregnada por la Santísima Trinidad: la oración está dirigida al Padre, por el Hijo, en el Espíritu; la liturgia es eminentemente trinitaria, «por Cristo, con él y en él, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos»; la comunidad eclesial está llamada a reflejar la comunión de las Personas divinas; y el destino del cristiano es trinitario, la plena unidad con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y con todo el género humano. Por ello es importante que la oración cristiana no pierda su identidad trinitaria[25], y que el primer anuncio, así como los procesos de discipulado, presenten a Jesucristo, al que conocemos por la acción del Espíritu, que nos revela el rostro del Padre. Solo de esta manera se puede experimentar la plenitud del amor de Dios: «porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rom 5,5).
  5. b) Dimensión personal
  6. Como decía el papa Benedicto XVI, «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[26]. La fe, ciertamente, no se reduce al asentimiento teórico a determinados dogmas, sino que es un acto por el que toda la persona se entrega libremente a Dios, que se nos revela y se nos entrega en Cristo. También el Catecismo de la Iglesia Católica recordaba que «no creemos en fórmulas, sino en las realidades que estas expresan y que la fe nos permite “tocar”»[27].
  7. Puesto que Dios sale al encuentro del hombre en su totalidad, en este encuentro intervienen también los sentimientos, propios de la dimensión afectiva del ser humano. Invitamos, por ello, a aprender a discernir los sentimientos en la vida espiritual a partir de los grandes maestros de espiritualidad. El mismo san Ignacio de Loyola animaba a discernir entre estados de consolación y desolación del alma, o a situarse en la santa indiferencia ante una elección de vida, con el deseo de servir a Dios como fin primero y principal al que todo se subordina[28]. Otros, como santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, vivirán la purificación de los sentidos en las “noches del espíritu” o tendrán que enfrentarse, como santa Teresa de Lisieux o santa Teresa de Calcuta, a largos periodos de oscuridad espiritual.
  8. De todo ello, se deduce que se ha de ser precavido ante los sentimientos y las emociones que simplemente proporcionan bienestar al sujeto. Cristo, por el contrario, llama a cargar con la cruz y a seguirlo. A una fe basada solo en sentimientos agradables y positivos le repugna la cruz. No se puede entender la vida cristiana sin compartir la cruz y completar en nuestra carne los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1,24).
  9. c) Dimensión objetiva de la fe
  10. El encuentro con Cristo conlleva la aceptación de la verdad de su persona y su mensaje. En el diálogo con Marta, tras la muerte de Lázaro, Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» (Jn 11,26). Y Marta le contesta: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo» (Jn 11,27). No hay encuentro con Cristo sin profesión de fe, si solo se tiene en cuenta el aspecto subjetivo, pero no se profundiza en el contenido de la fe y en la doctrina. La formación es el medio primordial que permite integrar la verdad en el amor. Si el acto de fe como adhesión personal a Cristo pierde su profunda unidad con la verdad salvadora que nos ha traído, se transforma en un acto vacío y ciego.
  11. La vivencia emocional de la fe se ha de asentar en la verdad objetiva del kerygma, cuyo contenido se encuentra en la Palabra de Dios transmitida e interpretada por la Iglesia. Todo ello invita a apostar con determinación por una formación integral y continua, que incluya todas las dimensiones de la persona (intelectual, afectiva, relacional y espiritual)[29]. Resulta particularmente oportuno iniciar itinerarios catecumenales y procesos formativos de discipulado y acompañamiento en la maduración de la fe con aquellos que han realizado una primera conversión al Señor.
  12. d) Dimensión eclesial
  13. Por la misma lógica de la encarnación, el encuentro con Dios es siempre mediado. Jesucristo, el mediador de la salvación, sigue saliendo al encuentro del ser humano a través de la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y el servicio a los hermanos en la Iglesia. No es posible una experiencia ni un conocimiento de Dios de manera directa e individualista. Nadie se ha hecho cristiano a sí mismo, ni es creyente por sí solo. Creemos gracias a que alguien nos habló del Señor y nos transmitió la fe de la Iglesia en el ámbito de la familia, de una parroquia, de un grupo o un movimiento eclesial. La misma profesión de fe es un acto personal y eclesial simultáneo, de forma que cuando el cristiano dice “creo”, al mismo tiempo, dice “creemos”, como atestigua el símbolo de Nicea en su versión griega, resaltando así la dimensión eclesial del acto de fe.
  14. Este “creemos” no significa uniformidad. La imagen paulina del cuerpo de Cristo es muy elocuente para expresar la unidad en la necesaria diversidad. Todos, aunque distintos, somos miembros del único cuerpo, cuya cabeza es Cristo (cf. 1 Cor 12,12; Ef 1,18); de tal manera que la diversidad no es contraria a la unidad del cuerpo, sino que la enriquece: «hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor» (1 Cor 12,4-5). Una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia; y no excluye otros carismas, sino que aprecia la riqueza que aporta al conjunto. Igual se puede decir de los métodos evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros.
  15. Es importante valorar la capacidad que tienen estas nuevas iniciativas evangelizadoras para integrar en la vida comunitaria. Como afirma el Concilio Vaticano II, «estos carismas, tantos los extraordinarios como los ordinarios y comunes, hay que recibirlos con agradecimiento y alegría, pues son muy útiles y apropiados a las necesidades de la Iglesia». Ahora bien, «el juicio de su autenticidad y la regulación de su ejercicio pertenece a los que dirigen la Iglesia. A ellos compete sobre todo no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno (cf. 1 Tes 5,12.19-21)»[30]. Será, por tanto, un signo de eclesialidad que estos nuevos métodos sean sometidos al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes.
  16. Los frutos de los nuevos métodos de evangelización, por tanto, pueden medirse por su capacidad de integrar en la comunidad y de despertar la pregunta por la propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo (“¿para quién soy yo?”). Es decir, por su capacidad de generar y acompañar las diversas vocaciones que el Espíritu ha suscitado en el cuerpo de la Iglesia (cf. 1 Cor 12,11).
  17. e) Dimensión ética y caritativa
  18. El verdadero encuentro con Cristo no solo transforma la interioridad del creyente, sino que lo impulsa al compromiso concreto con la Iglesia y el mundo. La fe no puede quedarse en una experiencia meramente emocional, sino que se traduce en la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino. Si no somos capaces de “tocar la carne de los últimos”, no estamos siendo fieles al Evangelio[31]. El corazón cristiano es un “corazón que ve” dónde hay necesidad de amor y actúa en consecuencia[32].
  19. Son numerosos los textos de la Palabra de Dios que iluminan esta dimensión de la fe. Entre ellos, estos de los apóstoles Juan y Santiago: «Si alguno dice: “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4,20-21). «Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro» (Sant 2,17). Por eso, el compromiso con la Iglesia y con el mundo, sea en el ámbito familiar, laboral, en la sociedad, en la vida pública, con los más pobres y los enfermos, en la defensa de la dignidad humana, la promoción de la paz o el cuidado de la creación, se convierte en criterio de discernimiento para valorar la autenticidad de la fe y de estas nuevas iniciativas eclesiales.
  20. f) Dimensión celebrativa
  21. El creyente, además, ha de cuidar la dimensión celebrativa del acto de fe con una liturgia viva en la que festeje comunitariamente la gratuidad del encuentro con Cristo, que hace que la vida del creyente, alentada por la oración, se convierta, por la misericordia de Dios, en un «sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (Rom 12,1).
  22. Las iniciativas de evangelización han de cuidar de no fomentar una oración “espiritualista” desencarnada o unas celebraciones litúrgicas intimistas y efectistas. Se corre el peligro de reducir la liturgia a un mero “devocionalismo” que potencia el subjetivismo sentimental frente a lo comunitario, objetivo y sacramental[33]. En algunos ambientes se detecta un recurso excesivo a elementos de tipo emotivo, incluyendo prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento. La adoración eucarística, sea de forma privada o pública, prolonga e intensifica lo acontecido en la celebración litúrgica, pues adoramos a aquel que hemos recibido[34]. Esta relación intrínseca invita a cuidar la dimensión comunitaria de la adoración eucarística, ya que la relación personal con Jesús sacramentado pone al fiel en comunión con toda la Iglesia, al hacerle tomar conciencia de su pertenencia al Cuerpo de Cristo[35]. El sentido netamente eclesial de la adoración eucarística implica el respeto y la fidelidad a las normas litúrgicas[36], que evitará el subjetivismo y la arbitrariedad de formas del culto eucarístico así como el uso de elementos extraños a lo dispuesto en el Ritual. Todo ello plantea el reto de garantizar, tanto a los fieles como a los ministros ordenados, una buena formación litúrgica que ayude a situar la celebración de la Eucaristía, especialmente la dominical, en el centro de la vida personal, comunitaria y eclesial[37].
  23. La belleza de la liturgia no es meramente formal, sino la belleza profunda que procede del encuentro sacramental con el misterio de Dios. Por eso, la liturgia ha de ser mistagógica, ayudándonos, a través de palabras y gestos, a conducirnos a Dios, a maravillarnos ante él y a adentrarnos en su belleza.

Con corazón de pastores

  1. Con auténtico corazón de pastores, los obispos de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española exhortamos a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo “de corazón a corazón”.
  2. Invitamos a contemplar a la Virgen María, en quien se realiza de manera perfecta el acto de fe. Ella acogió el anuncio del ángel Gabriel y le dio su asentimiento diciendo: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Y, porque ha creído, todas las generaciones hasta nuestros días la proclaman bienaventurada (cf. Lc 1,45.)

__________________________

Esta nota doctrinal fue aprobada por los obispos miembros de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe en su reunión CCLXV del 20 de febrero de 2026.

Presidente: Mons. D. Francisco Conesa Ferrer, obispo de Solsona

Vicepresidente: Mons. D. Ramón Valdivia Giménez, obispo auxiliar de Sevilla y Administrador Apostólico de Cádiz y Ceuta

Miembros:

Mons. D. Ernesto Brotóns Tena, obispo de Plasencia

Mons. D. Daniel Palau Valero, obispo de Lérida

Mons. D. Eloy Alberto Santiago Santiago, obispo de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife)

Mons. D. José María Yanguas Sanz, obispo de Cuenca

Mons. D. Francisco Javier Martínez, arzobispo emérito de Granada

Mons. D. Jesús E. Catalá  Ibáñez, obispo emérito de Málaga

Mons. D. Demetrio Fernández González, obispo emérito de Córdoba

Mons. D. Adolfo González Montes, obispo emérito de Almería

Mons. D. Luis Quinteiro Fiuza, obispo emérito de Tuy-Vigo

Mons. D. Javier Salinas Viñals, obispo auxiliar emérito de Valencia

Secretario: Rvdo. D. Rafael Vázquez Jiménez

La Comisión Permanente de la CEE autorizó su publicación en la CCLXXII reunión celebrada en los días 24 y 25 de febrero de 2026.

[1] Cf. Francisco de Sales, Tratado del Amor de Dios, libro X, 3 y 9.

[2] Cf. Juan Enrique Newman, Ensayo para contribuir a una Gramática del Asentimiento (Madrid: Encuentro 2010).

[3] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 142-143.

[4] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum, n. 5.

[5] Benedicto XVI, Carta Porta fidei (2011)n. 2.

[6] Cf. Alasdair MacIntyre, «Emotivismo: contenido social y contexto social», en Id. Tras la virtud (Barcelona: Austral 2013) 40-55.

[7] Cf. Zygmunt Bauman, Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos (Madrid: Fondo de Cultura Económica de España 2005).

[8] Cf. Juan José Pérez-Soba, «Conversación junto al pozo. Cómo hablar de fidelidad al emotivista postmoderno», Scripta Theologica 52 (2020) 170-173.

[9] Conferencia Episcopal Española, Directorio de pastoral familiar de la Iglesia en España (Madrid: Edice 2003), n. 19.

[10] Francisco, Encíclica Lumen fidei (2013), n. 24.

[11] Cf. Cf. Pío XII, Encíclica Haurietis aquas (1956), n. 28; Francisco, Dilexit nos (2024), n. 86.

[12] Cf. Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales (2024), art. 16; Folio para la Audiencia con el Santo Padre: “Falso misticismo y abuso espiritual” (2024).

[13] Completan estos textos el capítulo II de la encíclica del papa Francisco Dilexit nos (2024), en el que se hace referencia a los gestos y palabras de amor de Jesús en los Evangelios, reflejos del Corazón de Cristo (cf. nn. 32-47).

[14] Agustín de Hipona, Enarr. in Ps. 87, 3.

[15] Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 22.

[16] Ibid., n. 22.

[17] Francisco, Dilexit nos (2024), n. 60.

[18] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2563.

[19] Cf. Pío XII, Encíclica Haurietis aquas (1956), nn. 3, 15-16.

[20] Francisco, Encíclica Dilexit nos (2024), n. 9.

[21] Ibid., n. 21.

[22] El magisterio de Juan Pablo II ha sido muy rico en el campo de la afectividad. Desarrolla con profundidad la comprensión del amor humano revalorizando el cuerpo desde el trasfondo de una antropología teológica inspirada en la Palabra de Dios (pueden verse las 129 catequesis centradas en la teología del cuerpo impartidas por Juan Pablo II en las audiencias de los miércoles entre septiembre de 1979 y noviembre de 1984).

[23] Benedicto XVI, Encíclica Caritas in veritate (2009), n. 3.

[24] Cf. Francisco, Exhortación apostólica Gaudete et exsultate (2018), nn. 36, 57; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Placuit Deo (2018), nn. 3-4.

[25] Cf. Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, «Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo» (Sal 42,3). Orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana (2019), nn. 21-38.

[26] Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est (2005), n. 1

[27] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 170.

[28] Cf. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, n. 169.

[29] Cf. XVI Asamblea del Sínodo de los Obispos, Documento final (2024)n. 143.

[30] Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumgen gentium, n. 12.

[31] Cf. León XIV, Exhortación apostólica Dilexi te (2025), n. 48.

[32] Cf. Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est (2005), n. 31.

[33] Cf. Francisco, Carta apostólica Desiderio desideravi (2022), n. 28.

[34] Cf. Juan Pablo II, Encíclica Ecclesia de Eucharistia (2003) n. 25; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Redemptionis Sacramentum (2004), n. 134; Benedicto XVI, Exhortación apostólica Sacramentum caritatis (2007), n. 66.

[35] Benedicto XVI, Exhortación apostólica Sacramentum caritatis (2007), n. 68.

[36] Cf. Sagrada Congregación para el Culto Divino, Ritual Romano. Ritual de la sagrada Comunión y del culto al Misterio eucarístico fuera de la Misa (1973)nn. 82-100.

[37] Cf. Francisco, Carta apostólica Desiderio desideravi (2022), nn. 34-47.

 

 

Tomado de www.conferenciaepiscopal.es 

 

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