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Cientos de peticiones de oración por los enfermos llegan al Santuario del Saliente

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La Jornada Mundial de Oración por los Enfermos, celebrada cada once de febrero en la conmemoración de las apariciones de Lourdes, ha tenido un relieve especial durante la presente pandemia. Desde el Santuario Diocesano del Saliente, enclavado en la villa de Albox que ha sufrido tanto durante esta tercera oleada del Covid-19, se ha lanzado una iniciativa por los enfermos que ha ido más allá del perímetro sanitario.

El responsable de comunicación, D. Francisco José Castillo Caparrós, lo explica así: «Desde el inicio de la pandemia, mediante llamadas o a través de nuestras redes sociales, hemos recibido muchas peticiones de oración por los enfermos. Por eso, esta Jornada Mundial de los Enfermos tenía que ser muy especial para pedir a la Pequeñica por todos ellos. De esta forma lanzamos la iniciativa Salus Infirmorum, donde nos envían los nombres de los enfermos por los que ofrecemos la Santa Misa. Incluso han llegado de Argentina.» Otro miembro del Santuario que ha colaborado mucho en esta iniciativa, Dª Aurora Conchillo Jiménez, comparte sus vivencias: «Lo más me ha llegado es que, a pesar de la preocupación por sus seres queridos enfermos, experimentan una ilusión especial cuando les decimos que vamos a ponerlos en manos de la Pequeñica. Es un regalo de la Virgen poder regalar esa esperanza».

En la primera Santa Misa por los Enfermos se concentraron cientos de peticiones y nombres, con sus historias de sufrimiento y esperanza detrás. «En este valle de lágrimas de la pandemia, Nuestra Señora aboga por nosotros y vuelve a mostrarnos a su Hijo. Enciende una luz en esta noche oscura. Aunque continuamos caminando por sombras de muerte, la luz de Cristo orienta nuestro camino. Su cálida luz nos permite distinguir los contornos de este laberinto. Él encamina nuestros pasos hacia nuestro verdadero destino eterno, que es la Gloria».

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Arranca una nueva edición de la Semana de Cine Espiritual en Huelva

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El Colegio Diocesano Sagrado Corazón de Jesús acogerá, la mañana del lunes 15 de febrero, el acto de apertura de la IV Semana de Cine Espiritual en la Diócesis de Huelva, acto presidido por nuestro Obispo. Es una iniciativa de la Delegación para la Educación, el Secretariado de Pastoral Juvenil y el Departamento de Comunicación de la Diócesis de Huelva con la colaboración de Cines Aqualón.

Un año más, se pone en marcha la IV Semana de Cine Espiritual que tendrá lugar entre los días 15 al 25 de febrero. Una edición que viene condicionada por la pandemia que estamos sufriendo, pero que en modo alguno supondrá dejar de realizar algo que tanto bien hace, especialmente a los alumnos de los colegios participantes. Por un lado, por el fin educativo que cumple esta iniciativa y, por otro, por el gesto solidario que supone al tener como beneficiaria a Cáritas Diocesana a la que se aportó un donativo de 4.156 € en la pasada edición.

La Semana de Cine Espiritual en una edición anterior

Con el lema “Testigos de esperanza“, se quiere hacer una llamada a la fe desde el compromiso evangelizador, dando respuesta a través del cine a esta situación inesperada, de incertidumbre, angustia, soledad y sufrimiento que estamos viviendo a lo largo de este año.

Para poder llevar a cabo la IV Semana de Cine Espiritual, teniendo en cuenta las limitaciones de movilidad, este año en vez de ir al cine, será el cine el que se acercará a la escuela. En esta ocasión las películas serán visionadas a través de la plataforma web salavirtualdecine.com proyectadas en las pizarras digitales de las aulas.

Los participantes aportarán un donativo de dos euros, para sufragar los gastos de proyección y colaborar con Manos Unidas y Cáritas Diocesana de Huelva. Además, como es costumbre, a los profesores se les hará llegar una guía en pdf para trabajar con los alumnos el contenido de las películas.

Más de 1500 alumnos participarán de esta edición que cuenta con interesantes títulos: Remí, El progreso del Peregrino, Mi hermano persigue dinosaurios, Corre como una chica, Especiales, Uno para todos, Los Rodríguez y el más allá y Fabulandia para los más pequeños.

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Celebración del Miércoles de Ceniza en la Diócesis de Cádiz y Ceuta

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Próximos al tiempo de Cuaresma nos disponemos a celebrar el 17 de febrero el Miércoles de Ceniza.

En Cádiz, la celebración tendrá lugar a las 19.00 horas, en la Catedral de Cádiz, presidida por el obispo diocesano, Mons. Rafael Zornoza, y concelebrada por el Cabildo Catedral. Debido a las circunstancias derivadas de la pandemia el aforo quedará limitado al 30%.

Por su parte, en Ceuta, la celebración del Miércoles de Ceniza tendrá lugar en la Catedral de la Asunción, a las 9.30, 19.00 y 20.00 horas, estas dos últimas presididas por el deán, P. Francisco Jesús Fernández Alcedo. Además, la misa de las 20.00 horas será para el Consejo Local de Hermandades y Cofradías, que aprovechará la celebración para presentar el cartel de la próxima Semana Santa. El aforo máximo permitido en todas será de 75 personas.

Cabe recordar que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha modificado el rito del Miércoles de Ceniza adaptándose a este tiempo de coronavirus. El documento, titulado Imposición de la ceniza en tiempo de pandemia, explica que una vez “pronunciada la oración de bendición de las cenizas y después de asperjarlas, sin decir nada, con el agua bendita, el sacerdote se dirigirá a los presentes, diciendo una sola vez y para todos los fieles, la fórmula del Misal Romano: «Convertíos y creed en el Evangelio», o bien: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». Tras ello, el sacerdote se limpiará las manos y se pondrá la mascarilla para proteger la nariz y la boca. Posteriormente, impondrá la ceniza a cuantos se acercan a él o, si es oportuno, se acercará a los fieles que estén de pie, permaneciendo en su lugar. Asimismo, el sacerdote tomará la ceniza y la dejará caer sobre la cabeza de cada uno, sin decir nada”.

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Cristo de la Corona. Parroquia del Sagrario (Sevilla)

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Cristo de la Corona. Parroquia del Sagrario (Sevilla)

La próxima semana comienza una nueva Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza, tiempo de conversión en el que se nos invita a abrazar nuestras cruces a ejemplo de Cristo. Por ello, nos detenemos ante el devoto Cristo de la Corona, que presidirá este año el Viacrucis de las Hermandades y Cofradías de Sevilla.

Esta imagen de Cristo abrazando la cruz sobresale por su gran unción, así como por su belleza y calidad. Se trata de una obra manierista de autor desconocido en madera policromada, fechable en el último tercio del siglo XVI, por lo que, como indica el investigador Carlos José Romero Mensaque, se trata de una de las imágenes pasionistas más antiguas de nuestra ciudad de entre las que procesionan.

Presenta la devota iconografía de Cristo abrazando la cruz camino del Calvario, con una amplia zancada que le hace adquirir acusada movilidad acorde con el misterio que representa, subrayado igualmente dicho dinamismo por los amplios pliegues que presenta la túnica, la cual queda recogida en su cintura con una gruesa soga que aporta dramatismo al conjunto. Como indican Emilio Gómez Piñol y Mª Isabel Gómez González, en esta imagen se pueden descubrir “rasgos formales arcaicos” especialmente visibles en el plegado de la túnica, “que evoca claramente rígidos linealismos medievales” pero “conjugados con una renovada concepción anatómica”.

Jesús abraza la cruz, la cual se apoya en su hombro derecho lo que motiva que su cabeza se gire hacia la izquierda y dirija su dulce mirada hacia el fiel que lo contempla, logrando así que la imagen establezca una relación con el espectador quien, según el profesor Roda Peña, adquiere así el papel de la Mujer Verónica a quien Cristo muestra su verdadero rostro.

La primera representación de Jesús con la cruz a cuestas en nuestra Archidiócesis es el relieve del grandioso retablo mayor de la Catedral, obra tallada entre 1508 y 1526 por Jorge Fernández Alemán, en el que se muestra a Cristo sosteniendo la cruz por el stipes o travesaño largo. Precisamente de esta manera, abrazando la cruz, comenzó el arte cristiano a representar a Cristo camino del Calvario desde el siglo IV hasta el XV. La primera escultura exenta de esta iconografía en Sevilla puede ser el Nazareno que se conserva en la clausura del Convento de la Encarnación de Sevilla, fechable a mediados del siglo XVI y realizado en piedra. Contemporáneo al Cristo de la Corona es el que se encontraba en el coro del Convento de la Concepción de Carmona, hoy en el Convento de las Concepcionistas de Mairena del Aljarafe, obra de Gaspar del Águila de 1573, mientras que el Nazareno de las Fatigas, de la Parroquia de la Magdalena de Sevilla, puede fecharse hacia 1600.

Basadas en estampas y grabados de origen alemán, en estas imágenes de Cristo que abraza la cruz pudo tener gran influencia el fresco que el Cabildo de la Catedral encarga al pintor Luis de Vargas en 1561, el llamado Cristo de los Ajusticiados para ser colocado en las gradas altas, en la calle Alemanes, sobre el actual acceso a la Biblioteca Colombina.

El Cristo de la Corona fue titular de una hermandad aprobada en 1631 cuya misión era la de dar culto a una reliquia de la corona de espinas de Cristo que se conservaba en la Catedral de Sevilla. La veneración a la corona de Cristo se remonta según la tradición al año 1239 en que el rey Luis IX de Francia, San Luis, la trajo de Tierra Santa a Paris, para la cual se construye la Sainte Chapelle, conservándose en la actualidad en Notre Dame, de donde pudo ser salvada en el incendio de 2019. A Sevilla llega una espina de la Corona a fines del siglo XVI, siendo donada a la Catedral por el arzobispo Rodrigo de Castro en 1590.

La contemplación de Cristo abrazado a la cruz guarda un alto simbolismo de gran contenido teológico al mostrarnos de manera visible la aceptación voluntaria por parte del Hijo de Dios de la entrega de Su vida por todos nosotros para conseguirnos así la salvación y el perdón de nuestros pecados. Del mismo modo, de alguna manera preanuncia la resurrección, ya que se nos muestra a Cristo sosteniendo la cruz como si se tratara de una enseña que pregona su victoria sobre la muerte y el pecado, perdiendo su carácter de instrumento de tortura para convertirse en el trono del Hijo de Dios glorioso. Así, con el horizonte de la Pascua, nos invita a todos nosotros a abrazar también nuestras cruces con la esperanza de la resurrección del Señor que ilumina y llena de sentido todo sufrimiento. Por ello, como nos recuerda el Papa Francisco, “la cruz de cristo, abrazada con amor, nunca conduce a la tristeza, sino a la alegría, a la alegría de ser salvados”.

Antonio Rodríguez Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural

Fotografías de Daniel Villalba Rodríguez.

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Consejo presbiteral: sesión constitutiva y primera reunión – 11 de febrero de 2021

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SESIÓN CONSTITUTIVA Y PRIMERA REUNIÓN DEL CONSEJO PRESBITERAL
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consejo prebiteral 2021
El jueves, 11 de febrero de 2021 en el Centro de Pastoral de Tafira, bajo la presidencia del Obispo de Canarias, Mons. José Mazuelos,  quedó constituido el nuevo Consejo Presbiteral de esta Diócesis de Canarias, después de realizadas las elecciones que establecen sus Estatutos.
Este Consejo estará formado por los miembros natos: Vicarios Generales, Vicario Judicial, Vicarios Episcopales, Canciller, Deán de la Catedral, Rector del Seminario, Director del Instituto Superior de Teología, Delegado del Clero y Delegado para la Vida Religiosa.
Consejo presbiteral
Además de 21 miembros elegidos uno por cada arciprestazgo, dos sacerdotes  no adscritos a ningún arciprestazgo, dos sacerdotes religiosos, un sacerdote jubilado y tres de libre designación episcopal.

¿QUÉ ES EL CONSEJO PRESBITERAL?

Consejo Presbiteral

Derecho Canónico

De novedosa y obligada constitución, según manda el Código de Derecho canónico, el Consejo Presbiteral (CPR) se prevé como un grupo de sacerdotes que es como el senado del obispo, en representación del presbiterio, cuya misión es ayudar al obispo en el gobierno de la diócesis conforme a la norma de Derecho (c. 495, 1). Si se observa, aunque no incluido de modo expreso en la definición de Curia Diocesana dada por el propio legislador, se acerca indudablemente a ella (c. 469).

Es una asamblea representativa de todo el presbiterio diocesano al completo, mediante la que se pretende que el obispo diocesano conozca la opinión de los clérigos sobre un asunto determinado, bien por su propia iniciativa, bien a instancia del grupo previa aprobación del prelado (c. 500, 1), bien cuando así lo determine el Derecho (c. 495, 1).

El CPR emite únicamente voto consultivo (c. 500, 2) en los supuestos más arriba enunciados; sin embargo, resulta también necesario su consentimiento, sin el que no puede proceder el diocesano, en aquellos casos expresamente establecidos por el Derecho y siempre el obispo debe oírlo cuando se trate de asuntos de mayor importancia, recaigan sobre la materia que fuere (c. 500, 2).

Muy unido al Consejo Presbiteral, está el Colegio de Consultores.

Colegio de Consultores: de entre los miembros del Consejo Presbiteral, el Obispo elige un mínimo de seis personas para formar el Colegio de Consultores.

Características y funciones:

-el administrador necesita su consenso para (después de un año de ausencia de obispo en la diócesis) proceder a la incardinación y excardinación (c. 272).

-En temas especiales de nombramiento de obispo diocesano o coadjutor (c. 377, 3) tiene que recibir la carta apostólica en la posesión del nuevo obispo (c. 382).

-En caso de sede impedida elegir un sacerdote para regir la diócesis (c. 413).

-En caso de sede vacante elegir un administrador diocesano (c. 421), y si renuncia, elegir otro (c. 421).

-Informar a la Santa Sede del fallecimiento del obispo (c. 422).

-El administrador diocesano (no el obispo) necesita su consentimiento para remover al canciller o notario de la curia (c. 485).

-Debe ser escuchado para el nombramiento de obispo o su remoción (c. 485, 2).

-Recibe la profesión de fe del administrador diocesano (c. 833, 4).

– El administrador diocesano debe tener su consentimiento para poderse ordenar sacerdotes seculares (c. 1018, 1).

-Debe ser escuchado por el obispo para la administración canónica de una cierta suma de dinero (c. 1277) y para la alienación de bienes (c. 1292).

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«De la lepra a la impureza; de la exclusión a la acogida». Comentario a las lecturas del Domingo VI Tiempo Ordinario – B

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FOTO: Jesús limpia al leproso, Techo de mosaico (detalle), Ejecutado en el siglo XII, © Catedral de la Asunción, Monreale, Sicilia.

Las lecturas de este domingo, aparentemente, tratan de temas lejanos, superados y ajenos a nuestra sociedad moderna como son la lepra y la impureza, situados en el marco del Templo de Jerusalén y del sacerdocio levítico. Sin embargo, en un nivel más profundo, ponen de manifiesto cuestiones siempre actuales como son la enfermedad –a veces convertida en tema tabú−, el rechazo de la comunidad y la exclusión.

La lepra, más que cualquier otra enfermedad, representa el mal del cual es necesario ser purificado más que curado. Dentro de las cuestiones rituales (Lev 13−14), la lepra era causa de impureza ritual. Los afectados por ese tipo de erupciones quedaban excluidos de la convivencia comunitaria y tenían que vivir fuera de las ciudades (cf. Éx 4,6; Lev 13,45-46; Núm 5,2-3). El miedo al contagio, que ha rebrotado en tiempos recientes, no diferencia entre la enfermedad y el enfermo; entre la bacteria o el virus y quien lo porta. De esta manera, el rostro del prójimo se desdibuja, escondido en una amalgama de miedos, inseguridades y desconfianzas, que se encuentran en el “sano”, más que en el “enfermo”. De este modo, la salud y la enfermedad se invierten: es posible que el que está médicamente sano, en realidad, se encuentre más enfermo que quien clínicamente sufre una patología. Ante esta inversión de la realidad cabe preguntarse ¿quién es más vulnerable? ¿el sano o el enfermo?

Después de las curaciones de Jesús presentadas por Marcos en la jornada de Cafarnaúm (Mc 1,21-38), sorprende el encuentro con el leproso (Mc 1,40-45; cf. Mt 8,1-4; Lc 5,12-16), que no podía acercarse a la ciudad, ni interactuar con otras personas. Este punto de partida es ya una revelación: Jesús no excluye a nadie; el Evangelio llega a todos.

La cuestión planteada por el evangelista no se sitúa en la curación, sino en la purificación: «Si quieres, puedes purificarme». El problema, tal y como es planteado por un hombre que suplica de rodillas, no es la enfermedad de Hansen, como se conoce la lepra en ámbitos médicos, sino la purificación, más aún, la exclusión que conlleva una bacteria. Las bacterias no siempre causan enfermedades, es más, muchas veces protegen al organismo contra otras infecciones. Sin embargo, algunas enfermedades causan siempre un rechazo, no solo por el contagio, sino porque el hombre, ante el sufrimiento y la debilidad, prefiere girarse, tomar otro camino o mirar para otro lado. El reducido tamaño de una bacteria (¡los virus son todavía más pequeños!) oculta el rostro del hombre, escondiendo la humanidad. No es de extrañar que sea más fácil ver la bacteria en el prójimo que la viga que hay en el propio ojo (cf. Mt 7,3).

Volviendo al relato del evangelio, después de la imposición de silencio, Jesús indica positivamente lo que debe hacer. A través de la presentación al sacerdote se podrá reconocer la actuación del Salvador. Para la sensibilidad judía, la curación de la lepra es una victoria escatológica. Para los lectores cristianos, en una segunda lectura, la curación y la purificación se comprenden como la reincorporación en la comunidad, mediante el anuncio de la liberación en Cristo y la obediencia de la fe. El gesto de Jesús al tocar al leproso tiene un efecto inmediato, no solo terapéutico. Jesús sana y rompe la barrera de separación que la enfermedad y la impureza ritual crearon en torno al hombre leproso y arrodillado. Incluso antes de que sea readmitido oficialmente en la comunidad experimenta la cercanía y la aceptación del que quiere que quede limpio.

La curación no significa nada hasta que la sociedad no la reconozca como purificación. El individuo solo vive plenamente a partir del momento en que se reintegra a la comunidad. De esta manera, se ofrece una pauta de actuación: pasar de la exclusión −por causas minúsculas− a la acogida; anunciar −desde nuestra pequeñez− la alegría del Evangelio.

Isaac Moreno Sanz,
Dr. en Teología Bíblica y párroco de San Juan del Puerto

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La diócesis celebra hoy la dedicación de la S.I. Catedral

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Hoy viernes, 12 de febrero, se celebra litúrgicamente la Dedicación de la Santa Iglesia Catedral de Huelva. Es el aniversario de su consagración, que hizo Monseñor Rafael González Moralejo el 12 de febrero de 1977, tras la restauración que se le hizo después del terremoto de 1969, que dañó de forma importante a la seo onubense. Cada año, en este día, la Iglesia de Dios que camina en Huelva, celebra su conmemoración.

Esta fiesta litúrgica viene a recordarnos la importancia de la Iglesia Catedral, como madre de todas las iglesias de la Diócesis. Es el lugar donde el Obispo nos preside en la caridad, su iglesia propia. La Catedral, además, es el espejo donde se tienen que mirar todas las asambleas litúrgicas de la Diócesis, de ahí que una catedral requiera una atención especial a la celebración de la liturgia. Ese es el cometido del Cabildo de canónigos que, más allá de ser algo obsoleto como piensan algunos, es una institución diocesana que tiene la misión de hacer presente a la Iglesia local que ora incesantemente, que alaba a Dios y que celebra sus grandezas en la liturgia. Porque la catedral es “signo de aquel templo espiritual, que se edifica en las almas y que resplandece por la magnificencia de la gracia divina, según dice el Apóstol Pablo: “Vosotros sois templo de Dios vivo” (2 Co 6. 16)” (Pontifical Romano, 43).

En ella tienen su espacio las principales celebraciones de la Iglesia diocesana: las solemnidades, las ordenaciones sacerdotales, el bautismo de los adultos, las celebraciones jubilares en los años santos, la Misa Crismal,  el Triduo pascual y el Corpus Christi, la función principal de la Patrona, etc… Lógicamente, la celebración litúrgica del 12 de febrero en nuestra Diócesis, nos está señalando algo más, más allá del edificio material donde está constituida la catedral onubense, una antigua iglesia conventual de época barroca muy unida a la historia de la vieja Huelva y fundación de los Duques de Medinasidonia. Esta fiesta, lo profundo de ella, nos pone frente a la realidad del significado de un templo, su razón de ser, que no es otra que la de albergar a la verdadera Iglesia, a los verdaderos templos de Dios. Como decía Monseñor González Moralejo  en la Misa de la dedicación en 1977: “celebrar esta fiesta de la consagración del templo catedralicio (…) no es un simple hito histórico y externo, un mero acontecimiento visible, sino que se ennoblece por su significado interior y exige de nosotros una respuesta de fe, de vida cristiana. El templo es casa de oración, lugar de reencuentro con Dios”. En definitiva, celebrar la dedicación de la iglesia catedral es renovar nuestra consagración bautismal, porque si el verdadero templo de Dios es Cristo, nosotros somos, por el bautismo, templos de Dios.

 Merece la pena pararse a pensar en todo lo que nos está “hablando” la catedral, mirando los lugares destacados de la misma: el altar de piedra, símbolo de Cristo, la piedra angular de la Iglesia diocesana, presidida por su Obispo, que en el mismo ofrece el Sacrificio de la Misa; el ambón o lugar de proclamación de la Palabra, alimento y nutriente del pueblo de Dios que camina en esta Iglesia local; y la cátedra, que da nombre a la iglesia madre de la Diócesis: desde ella se nos “explican las Escrituras” y desde el altar y el ambón se “nos parte el pan” de la Palabra y el del Cuerpo de Cristo. El Obispo, desde esos lugares físicos ejerce su ministerio como liturgo y maestro en la Iglesia diocesana. De esa fuente o manantial (cátedra y altar) mana un surtidor que llega hasta la vida eterna. Si bien es verdad que ese ministerio episcopal lo ejerce el Obispo desde cualquier lugar o templo de la Diócesis, la iglesia catedral es el referente, la casa común de los seguidores de Cristo en estas tierras de Huelva. Esta fiesta litúrgica viene a hacer realidad lo que en el Pontifical Romano se dice:  “Incúlquese en el ánimo de los fieles, por los medios más oportunos, el amor y la veneración hacia la iglesia catedral. Para esto es muy conveniente la celebración anual de su dedicación, como también las peregrinaciones que los fieles, distribuidos por parroquias o por regiones de la diócesis, hacen a ella para visitarla con devoción” (nº 45). De alguna manera, la celebración de la dedicación en las iglesias de la Diócesis, nos viene a entroncar con la iglesia madre, con esa casa de comunión con el Pastor y con la Iglesia local.

 Como al final todo en la liturgia nos habla de realidades profundas que no podemos ver, esta fiesta nos invita a vivir nuestra consagración como templos de Dios. En el templo material, especialmente en la iglesia catedral, se hace verdad lo que se proclama en la oración de dedicación: “Que los pobres encuentren aquí misericordia, los oprimidos alcancen la verdadera libertad, y todos los hombres sientan la dignidad de ser hijos tuyos, hasta que lleguen, gozosos, a la Jerusalén celestial”. Porque en el templo, en la iglesia la catedral, se celebran los misterios de la fe, con el Obispo y su clero a la cabeza, especialmente el Sacrificio eucarístico, verdadero manantial que nos vivifica y nos hace caminar con la Iglesia diocesana, que evangeliza, celebra y testimonia para alabanza de Cristo el Señor.

 Juan de Robles

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Monseñor Rodríguez Magro presidirá, el domingo, la Eucaristía en la Jornada de Manos Unidas

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El próximo domingo, 14 de febrero, se celebra la Jornada de Manos Unidas. Por este motivo, la Catedral de Jaén acogerá la Eucaristía en el inicio de la Campaña contra el Hambre que desde hace 62 años promueve la asociación de la Iglesia, Manos Unidas.

El Obispo, Don Amadeo Rodríguez Magro, presidirá la celebración eucarística que tendrá lugar a las 12 horas y a la que acudirán representantes de la Delegación diocesana de Manos Unidas Jaén,  así como diversos voluntarios.

Manos Unidas celebra este año su campaña número 62, bajo el lema “Contagia  solidaridad para acabar con el hambre”. La ONG de la Iglesia pretende, así, contagiar solidaridad,  ilusión y futuro, ante una sociedad triste y apagada debido a la pandemia que estamos viviendo.

Manos Unidas Jaén se ha comprometido con tres proyectos en Camboya, India y El Salvador. El primero tratará de mejorar la calidad de vida unas comunidades campesinas con la formación necesaria en la gestión de los recursos forestales y el aprovechamiento de los bosques (medicinas naturales, cultivos, raíces…). En India se llevará a cabo un programa de salud materno infantil en 25 pueblos del norte del país. Y, finalmente,  en El Salvador el proyecto comprometido por Manos Unidas pretende potenciar el desarrollo integral de 9 comunidades  campesinas en el departamento de San Vicente y Cabañas, en el  centro del país.

Las colectas de todas las Misas del domingo  irán destinadas a este fin, pero, además, pueden colaborar con Manos Unidas entrando en su página web o a través de un mensaje de Bizum al 00658 con el concepto CENA. ¡Colaboren, porque acabar con el hambre depende de todos!

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El Obispo inaugura mañana la Escuela de Formación del Voluntariado de Cáritas Diocesana de Jaén

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Durante hoy y mañana, 12 y 13 de febrero, se celebrará la Escuela de Formación del Voluntariado de Cáritas Diocesana de Jaén. Como consecuencia de la pandemia, se celebrará en formato online. El Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, será el encargado de inaugurar oficialmente la Escuela de Formación, mañana a las 10.45 horas aproximadamente.

El programa es el siguiente:

VIERNES 12 DE FEBRERO

17:30-19:00 Taller sobre el Modelo de Acción Social de Cáritas a cargo de D. Enrique Marco, formador y experto en coaching, dirigido exclusivamente para trabajadores de Cáritas Diocesana de Jaén.

SÁBADO 13 DE FEBRERO

MAÑANA

10:30 Oración a cargo del vicario de Caridad y Acción Social y delegado de Cáritas Diocesana de Jaén, D. Juan Raya.

10:45 Inauguración oficial de la Escuela de Formación del Voluntariado a cargo del obispo de Jaén, D. Amadeo Rodríguez.

11:15 Presentación de la Escuela de Formación del Voluntariado de Cáritas a cargo del director de Cáritas Diocesana de Jaén, D. Rafael López-Sidro.

11:30-12:30 Ponencia inaugural. «Los retos de Cáritas en un escenario poscovid», a cargo de D. Mariano Pérez de Ayala, presidente de Cáritas Regional de Andalucía.

TARDE
17:30-19:00 Taller sobre el Modelo de Acción Social de Cáritas a cargo de D. Enrique Marco, formador y experto en coaching, dirigido exclusivamente para voluntarios de Cáritas Diocesana de Jaén.

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EL ESPEJO: D. Juan Antonio Cruz, almeriense y diplomático en Washington

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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería y el Palacio Episcopal. El actual obispo es Adolfo González Montes. San Indalecio, Varón apostólico y mártir según la tradición, es el Obispo fundador de la Iglesia de Almería, que comenzó siendo la Iglesia hispanorromana de Urci.

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