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Comienza el Quinario a Nuestro Padre Jesús Despojado en la parroquia de San Emilio

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Desde la jornada de hoy hasta el próximo 28 de febrero se celebrará el Quinario a Jesús Despojado, en la parroquia de San Emilio, en el que se orará por todos los afectados por la pandemia. Los cultos podrán seguirse por el canal Youtube: “Hermandad Sacramental de Jesús Despojado”.

“IGLESIA ABIERTA” REPASAMOS LA ACTUALIDAD DEL MES DE FEBRERO

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“IGLESIA ABIERTA” REPASAMOS LA ACTUALIDAD DEL MES DE FEBRERO


23 febrero, 2021

El formato audiovisual de la Diócesis que repasa toda la actualidad se emitirá este jueves 25 de febrero a las 22hrs a través de Facebook, Youtube y Twitter de la Iglesia Asidonense.

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Este jueves 25 de febrero a las 22hrs, como es tradicional, el formato audiovisual de la Diócesis de Asidonia-Jerez repasa toda las celebraciones y actividades que hemos vivido durante el mes de febrero entre lo que destaca la Jornada Mundial de la Vida Consagrada o la publicación del Decreto de suspensión de actos de culto externo por parte de nuestro Administrador Diocesano de Asidonia-Jerez, D. Federico Mantaras.

Este programa, podrán verlo en directo este 25 de febrero a las 22hrs a través de los canales de Facebook, Youtube y Twitter de la Diócesis. Aquí dejamos los enlaces estas redes sociales:

FACEBOOK –

https://www.facebook.com/diocesis.deasidoniajerez

YOUTUBE –

https://www.youtube.com/channel/UCFJOIoWKOE9NKer0qzerqmQ

TWITTER –

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Las procesiones en la eucaristía forman parte de la liturgia

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Las procesiones en la eucaristía forman parte de la liturgia

Javier Sánchez explica esta semana en «Vivir la liturgia» las distintas procesiones que hay en una misa

La liturgia es también movimiento, y por tanto, dentro de ella, la procesión. Siempre somos un pueblo en marcha, peregrino, hacia Dios: “La Iglesia «va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios» anunciando la cruz del Señor hasta que venga” (LG 8).

En procesión caminan los ministros al altar, precedidos por el incensario, la cruz y los cirios y el Evangeliario, señalando la meta: el altar, el encuentro con Dios, la dimensión peregrina de la Iglesia. Igual procesión –siempre que se pueda- es la que todos realizan al inicio de la Vigilia pascual, entrando en el templo por el pasillo central, ya con las velas encendidas en las manos, precedidos del cirio pascual, como columna de fuego que guía en la noche.

Procesión llena de solemnidad es aquella en que mientras se canta el Aleluya, el diácono porta el Evangeliario hasta el ambón acompañado de cirios e incienso, disponiendo así a todos a escuchar al Señor mismo por su Evangelio.

Con cierto orden, no hay por qué temer el movimiento en la liturgia por el valor simbólico que tiene.

A los fieles les compete más directamente, en primer lugar, la procesión de ofrendas. Al altar se lleva el pan y el vino, aportando cuantas patenas, cálices y vino y agua sean necesarios. Esa ofrenda del pan y del vino  concentra toda la creación y a todos los oferentes (cf. Benedicto XVI, Sacramentum caritatis, n. 47); además, se pueden aportar dones reales para la iglesia o los pobres; son llevados en procesión, uno tras otro, mientras se entona un canto o suena el órgano. Es una noble sencillez, una procesión solemne.

Hay otra procesión, tradicional, en la que participan todos los fieles, es la procesión de la comunión, caminando ordenadamente, con recogimiento.

Ya san Juan Crisóstomo tenía que amonestar a sus fieles para que fuesen ordenadamente en procesión, sin atropellarse. Decía:

“Cuando vosotros os acercáis a la sagrada mesa, no guardáis el respeto debido…: golpeáis con los pies, os impacientáis, gritáis, os injuriáis el uno al otro, empujáis a vuestros vecinos; en suma, armáis un gran desorden… En el circo, bajo el mandato del heraldo, está en vigor una disciplina mucho mayor. Si, por tanto, se observa un orden en medio de las pompas del demonio, cuánto más debiera existir junto a Cristo” (Hom. in bapt. Chr., 4 (PG 49,370)).

Con idéntico recogimiento, vuelve cada cual a su lugar después de comulgar.

¿Sabías que lo más importante para cantar son los diálogos entre el sacerdote y los fieles?

A la hora de seleccionar qué cantar, “se comenzará por aquellas que por su naturaleza son de mayor importancia; en primer lugar, por aquellas que deben cantar el sacerdote o los ministros con respuestas del pueblo; o el sacerdote junto con el pueblo; se añadirán después, poco a poco, las que son propias sólo del pueblo o sólo del grupo de cantores” (Inst. Musicam sacram, n. 7).

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Círculo de Silencio de febrero: jóvenes extutelados en Jaén retos y esperanza

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Como cada tercer martes de mes, se reúne hoy Círculo de Silencio. Como en otras ocasiones, y a causa de la pandemia, será un Círculo online.

El tema elegido para esta ocasión es : «Jóvenes extutelados en Jaén: retos y esperanzas». Contará con el testimonio de chicos que han pasado por centros de acogida y que ahora, por edad, viven fuera de ellos.

Dará comienzo a las 19 horas. Puedes unirte abriendo  el enlace adjunto o escribe en tu navegador: http://bit.ly/círculoJaénfebrero

Si quieres participar en directo por videoconferencia conéctate al siguiente enlace: http://bit.ly/participaendirecto

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Ejercicios Espirituales para los seminaristas menores

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Promoción Eucarística edita un material para la Cuaresma y la Pascua en el Año de la Caridad

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Como cada año, en el inicio de la Cuaresma 2019, Promoción Eucarística diocesana, que dirige el sacerdote, D. Mariano Cabeza, ha editado un material para profundizar en el misterio redentor de Cristo resucitado. En el año en el que la Diócesis celebra el centenario del nacimiento del Beato Lolo, el material que se ha preparado tiene al Beato periodista como hilo conductor de los textos. En su carta de presentación, que a continuación reproducimos, el promotor eucarístico diocesano explica el contenido que se ha ofrecido a las parroquias y fieles de la Diócesis.

Queridos del Señor:

Transcurridas estas semanas del tiempo ordinario una vez concluida la Natividad de nuestro Señor, de nuevo la Madre Iglesia a través de la Liturgia nos invita a seguir las huellas de Cristo que nos conducirá por  el desierto, por la ciudad Santa de Jerusalén, por el Cenáculo, Calvario, Sepulcro para morir con El y así poder Resucitar con El y enviarnos al mundo entero con la fuerza del Santo Espíritu en Pentecostés.

Cuarenta días de preparación, el Santo Triduo Pascual y cincuenta días de prolongación pascual. Muchos días que se convierten en oportunidades privilegiadas de encuentro con el Señor, de comunión eclesial, de fortalecimiento de la Fe y en este curso pastoral, de crecimiento en la Caridad vertical y horizontal, es decir, de amor a Dios con todo el corazón, alma y ser, y amor al prójimo como a uno mismo según el mandamiento nuevo que nos dará el Señor en el Jueves Santo que este año tendrá que tener, aun más, un marcado sentido caritativo y eucarístico porque estos dos aspectos son inseparables.

El corazón, el alma y médula del año cristiano es el Santo Triduo Pascual:

La liturgia del Jueves Santo, como pórtico de gloria, ante sala del Triduo Pascual, es una invitación a profundizar concretamente en el misterio de la Pasión de Cristo, ya que quien desee seguirle tiene que sentarse a su mesa y, con máximo recogimiento, participar de todo lo que aconteció ‘en la noche en que iban a entregarlo’. Y por otro lado, el mismo Señor Jesús nos da un testimonio idóneo de la vocación al servicio del mundo y de la Iglesia que tenemos todos los fieles cuando decide lavar los pies a sus discípulos.

Entrando en el primer día del Santo Triduo Pascual:

La tarde del Viernes Santo presenta el drama inmenso de la muerte de Cristo en el Calvario. La cruz erguida sobre el mundo sigue en pie como signo de salvación y de esperanza. Con la Pasión de Jesús, según el evangelio de Juan, contemplamos el misterio del Crucificado, con el corazón del discípulo amado, de la Madre, del soldado que le traspasó el costado.

«Durante el Sábado Santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, su descenso a los infiernos y esperando en oración y ayuno su resurrección. Es el día del silencio: la comunidad cristiana vela junto al sepulcro. Callan las campanas y los instrumentos. Se ensaya el aleluya, pero en voz baja. Es día para profundizar. Para contemplar. El altar está despojado. El sagrario, abierto y vacío. La Cruz sigue entronizada desde ayer. Central, iluminada, con un paño rojo, con un laurel de victoria. Dios ha muerto. Ha querido vencer con su propio dolor el mal de la humanidad. Es el día de la ausencia. El Esposo nos ha sido arrebatado. Día de dolor, de reposo, de esperanza, de soledad. El mismo Cristo está callado. Él, que es el Verbo, la Palabra, está callado. Después de su último grito de la cruz «¿por qué me has abandonado»?- ahora él calla en el sepulcro. Descansa: «consummatum est», «todo se ha cumplido».

El Domingo de Resurrección con la Vigilia Pascual es el día en que incluso la Iglesia más pobre se reviste de sus mejores ornamentos, es la cima del año litúrgico. Es el aniversario del triunfo de Cristo. Es la feliz conclusión del drama de la Pasión y la alegría inmensa que sigue al dolor. Y un dolor y gozo que se funden pues se refieren en la historia al acontecimiento más importante de la humanidad: la redención y liberación del pecado de la humanidad por el Hijo de Dios.

El mensaje redentor de la Pascua no es otra cosa que la purificación total del hombre, la liberación de sus egoísmos, de su sensualidad, de sus complejos; purificación que, aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior, sin embargo se realiza de manera positiva con dones de plenitud, como es la iluminación del Espíritu , la vitalización del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz -suma de todos los bienes mesiánicos-, en una palabra, la presencia del Señor resucitado. San Pablo lo expresó con incontenible emoción en este texto : «Si habéis resucitado con Cristo vuestra vida, entonces os manifestaréis gloriosos con Él» (Col. 3 1-4).

Os deseo que  viváis estos momentos en vuestros grupos y comunidades con máxima intensidad, que participéis activamente en los grupos de liturgia para preparar las celebraciones y servirlas a la comunidad. Que tengáis muchos momentos de encuentro con Cristo Eucaristía en el Sagrario, en la Exposición del Santísimo, en la Capilla de la reserva eucarística el Jueves Santo.

Os deseo una Cuaresma de conversión, una Semana Santa de celebración y una Pascua de Resurrección, de profundización y misión para que llegue a todos el gozo del Resucitado. Que estos sencillos materiales contribuyan a este propósito.

MATERIAL CUARESMA Y PASCUA 2021 PROMOCIÓN EUCARÍSTICA DIOCESANA

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Vía Crucis de Cuaresma

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La Facultad de Teología crea la Cátedra de Liturgia

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La Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla creó, el pasado 16 de febrero con el patrocinio de la Delegación Diocesana de Liturgia, la Cátedra de Liturgia ‘San Isidoro’, heredera de la Escuela diocesana homónima fundada en 1969. El delegado diocesano de Liturgia y profesor de la Facultad, el sacerdote diocesano Luis Rueda, será su director.

Según han informado fuentes de la institución académica, el fin fundamental de la nueva Cátedra es “ofrecer un espacio de reflexión permanente, en el seno de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla, sobre la dimensión litúrgica de la vida de la Iglesia Católica. En segundo lugar, la Cátedra persigue favorecer el diálogo con otras instituciones que investiguen o difundan la Liturgia, su historia, teología y pastoral”. Finalmente, han apuntado que también “procura colaborar con la Delegación de Liturgia de la Archidiócesis de Sevilla en la organización de cursos e iniciativas de formación litúrgica”.

Así, en coordinación con las autoridades académicas de la Facultad, la nueva Cátedra planificará la programación anual del Máster propio de Liturgia del Centro.

Con esta ya son cuatro las cátedras de estudio permanente que ofrece la Facultad Teológica de la diócesis, junto a la Cátedra de Historia de la Iglesia en Andalucía ‘Beato cardenal Marcelo Spínola’, de Mariología y de Derecho canónico y eclesiástico.

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Fallece el sacerdote Rafael Muñoz Bellvis

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El pasado 21 de febrero subía a las manos del Padre el sacerdote diocesano Rafael Muñoz Bellvis a los 74 años.

Natural del Puerto de Santa María (Cádiz), nacía en el año 1947. Fue ordenado en la Archidiócesis de Sevilla en 1981. Desde entonces, desarrolló con gran ilusión su ministerio sacerdotal como vicario parroquial de Nuestra Señora del Águila, en Sevilla, hasta 1983. Más tarde, fue nombrado sacerdote adscrito a la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes, también de la capital.

Finalmente, durante algunos años de su ministerio fue capellán penitenciario.

La Archidiócesis de Sevilla, en oración por el eterno descanso del alma de este presbítero, agradece la vocación sacerdotal de Rafael Muñoz Bellvis y su ardor pastoral hasta el final de su vida.

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Cristo en los pobres

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Santa Teresa de Calcuta, uno de los iconos más vigorosos del amor a los empobrecidos y del ejercicio de la caridad cristiana en nuestro mundo contemporáneo, narra la siguiente anécdota: “En nuestra congregación teníamos una hora de adoración eucarística a la semana hasta que, en 1973, decidimos tener una hora de adoración al día. Tenemos mucho trabajo que hacer. Nuestras casas para los enfermos y los moribundos están llenas en todas partes”. Resulta llamativo no solo el contenido de lo que dice, sino sobre todo el tipo de lógica argumentativa que emplea: como hay mucho trabajo, ampliamos el tiempo dedicado a la contemplación. La mayoría de nosotros, probablemente, seguiríamos una lógica inversa: como hay mucho que hacer, recortamos el tiempo de oración. Pero la suya es la verdadera lógica del Evangelio. Se apoya, por supuesto, en una nítida convicción: “La vida de Aquel que se ha convertido en Pan de Vida es idéntica a la del que muere en la calle”. O, como dice en otro momento la santa de los suburbios: “En la Eucaristía, veo a Cristo en el pan. En los barrios de chabolas, veo a Cristo en la agonía de los pobres: en los cuerpos demacrados, en los niños, en los moribundos”. E insiste: “Nuestras vidas deben estar continuamente alimentadas por la Eucaristía. Porque si no somos capaces de ver a Cristo en el pan, tampoco lo descubriremos bajo la humilde apariencia de los demacrados cuerpos de los pobres”.

Recuerdo estos textos porque, luminosos y directos como son, pueden ayudarnos en nuestro itinerario de Cuaresma. La Iglesia nos invita, un año más, a encarnar nuestros deseos de avanzar hacia la Pascua de la mano de tres prácticas concretas: el ayuno, la limosna y la oración. La liturgia de estos días nos pone en contacto con Isaías que nos anima a vivir estas prácticas según Dios. “El ayuno que yo quiero es este: […] que compartas tu pan con el hambriento” (Is 58,6-7). Y añade: “Entonces invocarás al Señor y él te responderá, pedirás auxilio y te dirá: ‘Aquí estoy’” (Is 58,9). Es decir, que, al aclarar el ayuno que desea el Señor, el profeta lo vincula con la limosna y con la oración (la cual, entonces, será efectivamente escuchada por Dios). La limosna, por supuesto, se refiere a toda práctica de genuina solidaridad con los desvalidos y menesterosos de la tierra: “Que sueltes las cadenas injustas, que dejes libres a todos los oprimidos” (Is 58,6), “que hospedes a los pobres sin techo, que proporciones ropas al desnudo y que no te desentiendas de tus semejantes” (Is 58,7).

En la misma línea, el papa Francisco ha recordado en su última carta encíclica que “mientras más profunda, sólida y rica es una identidad, más tendrá para enriquecer a los otros con su aporte específico. Los creyentes nos vemos desafiados a volver a nuestras fuentes para concentrarnos en lo esencial: la adoración a Dios y el amor al prójimo, de manera que algunos aspectos de nuestras doctrinas, fuera de su contexto, no terminen alimentando formas de desprecio, odio, xenofobia, negación del otro” (Fratelli Tutti, n. 282).

En febrero de 2018, en una alocución cuaresmal dirigida a los miembros de la Asociación Pro Petri Sede, el Santo Padre les pidió que hicieran de la limosna “un estilo de vida”, perseverando “en la ayuda concreta a todo aquel que está en necesidad”. Eso significa, de acuerdo con las palabras del Obispo de Roma, “estar siempre atentos a ofrecer, además de ayuda material, el calor de sentirse acogido, la delicadeza del respeto y de la fraternidad, sin las cuales nadie puede recuperar el valor y la esperanza en el futuro”.Y es que lo que aquilata y ennoblece la limosna es el amor que pongamos al hacerla. Ha de ser un amor desinteresado, constante y sin lamentos el que inspire las distintas iniciativas que emprendamos en favor de los postergados, de quienes viven en soledad, de aquellos que han perdido la ilusión o de cuantos se hallan sumidos en la depresión y el olvido. Un amor que no se canse, que no conozca la tibieza. Este es el amor que engrandece la limosna. A su vez, la limosna educa a la generosidad del amor. A este respecto, San José Benito Cottolengo solía recomendar: “Nunca contéis las monedas que dais, porque yo digo siempre: si cuando damos limosna la mano izquierda no tiene que saber lo que hace la derecha, tampoco la derecha tiene que saberlo” (Detti e pensieri, Edilibri, n. 201).

Por su parte, en la Cuaresma de 1979, invitaba San Juan Pablo II a redescubrir el sentido profundo de la limosna, tantas veces tergiversado. Decía así: “En este campo es muy importante cultivar la sensibilidad interior hacia las necesidades reales del prójimo, para saber en qué debemos ayudarle, cómo actuar para no herirle, y cómo comportarnos para que lo que damos, lo que aportamos a su vida, sea un don auténtico, un don no cargado por el sentido ordinario negativo de la palabra limosna” (Audiencia General. 28 de marzo de 1979).Con frase todavía más breve había dicho San León Magno, como recomendación final para las prácticas de la Cuaresma: “Apagad la ira, borrad los odios, amad la unidad de espíritu y adelantaos unos a otros en el servicio de la humildad sincera” (Tractatus 42, 6 [PL 54, 280B]).

Y nosotros, ¿qué podemos hacer en esta Cuaresma de 2021, marcada por una pandemia que nos fuerza a vivir esta especie de “cuarentena prolongada”? En estos tiempos de crisis sanitaria y social, de penurias económicas y de desempleo generalizado, ¿a qué nos llama la limosna? Cuando sabemos que en muchos países carecen de camas en los hospitales, de respiradores o de oxígeno medicinal, o cuando vemos que la distribución de las vacunas sigue unos patrones que refuerzan la desigualdad global, ¿de qué modo resuena en nosotros “el ayuno que quiere el Señor”? En definitiva, ¿crecemos en capacidad contemplativa y orante, de modo que podemos reconocer el rostro de Cristo en el rostro de tantas personas, hermanas nuestras que sufren a nuestro lado? También hoy es el Señor el que sigue repitiéndonos: “Tuve hambre y me disteis de comer” (cf. Mt 25, 35).

Quiera Dios concedernos que vivamos este tiempo de Cuaresma con auténtico sentido evangélico, de tal modo que recreemos —con profundidad, vigor y creatividad— las prácticas del ayuno, la limosna y la oración. Y que, de este modo, podamos celebrar la Pascua, reconociendo a Cristo en los desfavorecidos de este mundo tanto como en la Eucaristía.

Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

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