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Segundo domingo de Cuaresma. Ciclo b. 28 de febrero de 2021

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En este domingo pasamos del desierto a la montaña, como escenarios de una enorme carga espiritual. Jesús reúne a un grupo reducido de sus discípulos, que podríamos considerar el círculo más íntimo y de confianza del Señor, y los lleva con él a lo alto de una montaña.
La montaña en la Biblia no es sólo una elevación geográfica del terreno, porque la montaña es un lugar espiritual, que, por su altura, está más próximo al cielo. Por eso, subir a la montaña es recogerse y distanciarse de las distracciones del mundo, es ponerse en la presencia de Dios, es ese momento de encuentro en el silencio y en la intimidad con Él: la oración. La montaña, al igual que la oración, es un momento de revelación, en el que Dios nos muestra sus misterios y se nos da a conocer en su profundidad.

Una vez que el grupo se encuentra en la cima, Cristo se transfigura delante de los suyos, revelándose y mostrándose en toda su gloria como Mesías e Hijo de Dios. Aparecen junto a Jesús dos personajes fundamentales del Antiguo Testamento y del judaísmo: Moisés, que personaliza la Ley, y Elías, que representa a los Profetas. Ambos vienen a reafirmar la vida y la misión de Cristo.
Una nube lo envuelve todo, signo de la divinidad y del misterio del Dios. Desde dentro de la nube se escucha una voz, que viene a afirmar la filiación divina de Jesús y su supremacía sobre Moisés y Elías, en una escena paralela a la del bautismo y teniendo por testigos a los discípulos.
No extraña que la sensación de gozo y de paz que sienten los discípulos les provoque la necesidad de eternizar el momento y paralizar el tiempo, de quedarse allí para siempre para no volver a un mundo y una realizad de sufrimiento y de dificultades.
Todo esto acurre después de que Jesús ya ha recorrido un largo camino en su tarea de evangelización y de anuncio del reino de Dios, relatado en los primeros capítulos de Marcos, y que en muchos ha despertado la duda, el escándalo y el rechazo, no entendiendo muy bien, incluso sus discípulos, su vida, su misión y su identidad. La transfiguración viene a confirmarnos a todos, creyentes y no creyentes, la verdadera identidad de Jesús, a pesar de que no lo conozcamos y de que sólo desde la fe podemos profesar que es el Hijo de Dios.
Aquí se nos presenta y se nos descubre a un Jesús terreno, que es más que un hombre cualquiera o que sobresale con respecto al resto, pues aparece también en su naturaleza divina y en relación al Padre.
Estos discípulos han tenido una experiencia privilegiada, que sucede después de que los discípulos acaban de recibir la enseñanza de la cruz, tan unida a la vida y al destino del Mesías, y se ponen en camino hacia un final de locura que terminará en Jerusalén y en otro monte en donde será crucificado y en donde se mostrará el inmenso amor misericordioso de un Padre que perdona a quienes han asesinado a su Hijo. En medio de este camino tenemos la transfiguración como aliento, empuje y revelación que ilumina a los seguidores de Jesús.
En medio de la vida, nosotros, los discípulos de hoy, rodeados de nuestras cruces y tormentos, seguimos reconociendo en Jesús al Hijo de Dios, a nuestro Redentor, porque la transfiguración es un anticipo de la gloria del Resucitado, en el cual creemos, al cual amamos y al cual seguimos muchos siglos después. Subir a la montaña nos fortalece en la fe para bajar a nuestro mundo cotidiano y afrontarlo con todos sus retos y amenazas, apoyados en la luz y el calor que nos da Cristo, compañero de nuestro camino, que hace que en medio de nuestras oscuridades y calvarios personales y en los de todos, nosotros sintamos la paz, la energía y la esperanza que sólo nos viene de Dios como un don. Ese gozo es la satisfacción por la superación de las tentaciones y de una crisis, por haber acompañado a alguien en su cruz, por haberte desapegado de esclavitudes…
Hoy no es fácil tener fe ni permanecer en la Iglesia cuando nuestro mundo y sociedad están tan secularizados, cuando hay un pesimismo y una negatividad, cuando padecemos una pandemia, cuando afrontamos una crisis económica, cuando estamos tan desencantados de la política… Pero, en medio de tanta cruz, los cristianos descubrimos lo importante y lo necesaria que es la fe para no rendirnos, no instalarnos y para no desentendernos de lo que nos ha tocado vivir.

Emilio José Fernández, sacerdote
http://elpozodedios.blogspot.com/ 

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Las hermandades de Huéscar comienzan a celebrar sus cultos cuaresmales a sus sagrados titulares

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Como viene sucediendo desde ya casi un año, la actual situación de crisis sanitaria a causa del coronavirus, sigue marcando las agendas en todos los aspectos de la vida, y la Cuaresma, que dio comienzo el pasado Miércoles de Ceniza, no iba a ser menos. Aunque esto no quita que la distintas hermandades puedan celebrar sus cultos siguiendo todas las medidas que se nos indican.
Es por ello que todas las celebraciones han estado condicionadas por las normas de seguridad y distancia social que limitan el aforo del templo al 30%.

Esta vez, en la parroquia de Santa María de Huéscar, ha sido el turno de Hermandad de San Juan Evangelista, que ha celebrado el triduo en honor a uno de sus sagrados titulares: Nuestro Padre Jesús Nazareno atado a la Columna. Fue del jueves 25 al sábado 27 de febrero, a las 7,30 de la tarde en dicha parroquia.
Con todo, lógicamente ha habido modificaciones con respecto a las celebraciones de los años anteriores. Cambios que han afectado, por ejemplo, al viacrucis que cada viernes se celebra en la parroquia. Este año los fieles no han podido acompañar al “Cristo de los muertos”, como se conoce en dicha cofradía, que ha sido portado por un miembro de la hermandad, parándose debajo de cada una de las estaciones colocadas en el templo de Santa María. Cada uno de los asistentes, desde su sitio, ha rezado el viacrucis.
José Antonio Martínez
Párroco de Santa María, de Huéscar

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San Leandro de Sevilla

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LA VOZ de Aaron Benzaquen, seminarista

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Podcast de la sección LA VOZ DEL SEMINARIO emitida en el programa IGLESIA NOTICIA en COPE MÁLAGA el domingo 28 de febrero de 2021. El seminarista Aaron Benzaquen nos cuenta cómo llegó al Seminario de Málaga
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COPE. El ayuno en pandemia

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IGLESIA NOTICIA. COPE MÁLAGA

El ayuno en pandemia fue el tema de reflexión que propusieron Los 4 Jinetes de la Cuaresma en el programa Iglesia Noticia del domingo 28 de febrero, en COPE Málaga.

Aquí pueden escuchar el programa Iglesia Noticia emitido el 28 de febrero en COPE Málaga

Mª Carmen Martín, Misionera Idente; Francisco Guzmán, presidente diocesano de HOAC Málaga; Soledad Meliveo, bachiller en Ciencias Religiosas; y Juan Baena, sacerdote diocesano y párroco de La Cala de Mijas son los 4 jinetes que nos acompañan cada domingo de esta Cuaresma.

El párroco de Santiago, en Málaga, Miguel Gamero, explicó cómo han organizado los actos con motivo del día del Cristo de Medinaceli, el primer viernes del mes de marzo.

Otros temas del programa Iglesia Noticia fueron la Visita Pastoral del Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, a las parroquias del arciprestazgo Axarquía Interior, de la mano del arcipreste de la zona, José Mariano Pérez; y el Servicio Conjunto de Animación Misionera, que explicará el delegado de Misiones, Danilo Cantillo, Misionero de la Consolata. 

El deán de la Catedral, Antonio Aguilera, contará la historia del nuevo Niño Jesús que acompaña a la imagen de San José, de Fernando Ortiz.

Francisco Luis Martínez, presidente de Escuelas Católicas en Málaga, animará a las familias ante la nueva campaña de solicitud de centro escolar. 

Y Aarón Benzaquén será La Voz del Seminario esta semana.

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ESTE ES MI HIJO, EL AMADO, por Rafael Carmona. Comentario al evangelio del Domingo II de Cuaresma, 28 de febrero de 2021

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Rafael Carmona, diácono en las parroquia de los Santos Mártires y San Juan Bautista, ayuda a profundizar en el evangelio del segundo Domingo de Cuaresma (Marcos 9, 2-10).

Algo debió de pensar Jesús cuando, después de la prueba del desierto, se coge a un puñado de amigos para salir del ruido, del llano, de la vida ordinaria y elevarlos, no solamente a una montaña, sino también a la contemplación del misterio que hoy celebramos: la Transfiguración.

Los seres humanos tenemos, todos, un gran temor: el miedo a sufrir, por eso huimos del dolor y buscamos el placer. Jesús resultaba para los Apóstoles y para los que lo oían predicar que era el gran Mesías del que hablaban las Escrituras y los Profetas. Así pensaban que vendría la felicidad y desaparecería el dolor. Pero, tanto los Apóstoles como el pueblo, esperaban un Mesías glorioso y que triunfase sobre el mal en todos sus aspectos.

Nosotros nos encontramos en Cuaresma. En ella se nos ha proclamado: oración, penitencia y ayuno; es decir, el camino de la cruz. Pero para poco tiempo. Luego vendrá el cielo para siempre. La vida cristiana es seguir a Jesús con la cruz; sufrir trabajos, desprecios y muerte, pero sabiendo que nos espera la transfiguración en el cielo. Los cristianos que lo son de verdad y tienen fe se animarán a llevar la cruz, sabiendo que les espera el cielo.

¡Qué poco se habla hoy del cielo! Queremos un cielo en la tierra que da poco de sí y termina. El cielo es plenitud de felicidad y no se acaba jamás. “¿Quién lo ha visto?”, dirán algunos. Jesús mismo, San Pablo y todos los santos, pero, sobre todo, la Fe de la Iglesia, que nos lo enseña.
 

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Comunicado de la Diócesis de Jaén ante la muerte violenta de Francisco José Zúñiga Martín

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La Diócesis de Jaén y en su nombre el Obispo, Don Amadeo Rodríguez Magro, muestran su profundo dolor y consternación ante el trágico suceso que le ha costado la vida a Francisco José Zúñiga Martín, fiel colaborador de la parroquia de Consolación de Alcalá la Real.

Francisco será recordado siempre como un hombre bondadoso, gran cristiano, con gran sentido de  Iglesia, así como con una admirable vocación de servicio.

El Obispo de Jaén se une al dolor de su familia y amigos y anuncia que será él quien presida el funeral de entierro que tendrá lugar esta tarde, a las 17 horas, en la parroquia de Consolación de Alcalá la Real. Asimismo, Monseñor Rodríguez Magro ruega a los fieles que se unan en oración para pedir por este hombre de Iglesia, con profundo sentido de comunidad, que ha perdido la vida de una forma violenta, injusta e inesperada.

En estos momentos de dolor, el Prelado del Santo Reino apela a la intercesión maternal de Nuestra Señora de las Mercedes, a quien tanta devoción profesaba Paco Zúñiga, para que haga de medianera ante su Hijo por el alma de Paco y sea consuelo para su familia y comunidad parroquial que ahora lloran su pérdida.

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Un año de la llegada a la diócesis de Guadix de las Hermanas Obreras del Corazón de Jesús

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El 20 de febrero hemos celebrado nuestra llegada a la Diócesis de Guadix. Un motivo de mucha alegría y gratitud por la posibilidad que se nos brinda de poder servir a esta Iglesia desde nuestro carisma, como Hermanas Obreras del Corazón de Jesús.

Sí, después de que el Señor Obispo nos pidiera la apertura de una comunidad, nos sentimos muy ilusionadas con este proyecto que comprendía varias misiones: la atención del albergue diocesano, la colaboración en la sacristía de la catedral y hacer presencia en alguna de las parroquias. Con esta propuesta llegamos a Guadix el 20 de febrero de 2020 y, aunque el año que hemos vivido ha sido difícil y extraño, al igual que para todos, aquí estamos, con los mismos deseos y ganas de seguir sirviendo a la Iglesia en lo que esté a nuestro alcance y podamos.

Iniciamos esta andadura solamente dos hermanas y actualmente formamos la comunidad tres. Desde el comienzo nos hemos sentido acogidas y acompañadas y es algo que ayuda mucho en todo comienzo. La semilla sólo puede arraigar cuando la buena tierra la acoge y esa es nuestra experiencia.

Aprovechamos esta oportunidad para expresar nuestro agradecimiento al Señor Obispo, a los sacerdotes y a todas las personas que durante este año nos han manifestado su afecto, cercanía y ayuda.

Confiamos que el correr del tiempo y el recobrar la normalidad perdida por la crisis sanitaria nos permita ir haciéndonos presentes en otros ámbitos que también forman parte de nuestra misión y carisma. Ciertamente, siempre seremos una presencia sencilla y modesta en una diócesis con muchas necesidades, pero aquí estamos para servir y dar gloria a Dios con nuestro servicio.

Hnas. Obreras del Corazón de Jesús

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San Gabriel de la Dolorosa

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San Gabriel de la Dolorosa

2702Nació en Asís (Italia) en 1838. Su nombre en el mundo era Francisco Possenti. Era el décimo entre 13 hermanos. Su padre trabajaba como juez de la ciudad.

A los 4 años quedó huérfano de madre. El papá, que era un excelente católico, se preocupó por darle una educación esmerada, mediante la cual logró ir dominando su carácter fuerte que era muy propenso a estallar en arranques de ira y de mal genio.

Tuvo la suerte de educarse con dos comunidades de excelentes educadores: los Hermanos Cristianos y los Padres Jesuitas; y las enseñanzas recibidas en el colegio le ayudaron mucho para resistir los ataques de sus pasiones y de la mundanalidad.

El joven era sumamente esmerado en vestirse a la última moda. Y sus facciones elegantes y su fino trato, a la vez que su rebosante alegría y la gran agilidad para bailar , lo hacían el preferido de las muchachas en las fiestas. Su lectura favorita eran las novelas, pero le sucedía como en otro tiempo a San Ignacio, que al leer novelas, en el momento sentía emoción y agrado, pero después le quedaba en el alma una profunda tristeza y un mortal hastío y abatimiento. Sus amigos lo llamaban «el enamoradizo». Pero los amores mundanos eran como un puñal forrado con miel». Dulces por fuera y dolorosos en el alma.

En una de las 40 cartas que de él se conservan, le escribe a un antiguo amigo, cuando ya se ha entrado de religioso: «Mi buen colega; si quieres mantener tu alma libre de pecado y sin la esclavitud de las pasiones y de las malas costumbres tienes que huir siempre de la lectura de novelas y del asistir a teatros donde se dan representaciones mundanas. Mucho cuidado con las reuniones donde hay licor y con las fiestas donde hay sensualidad y huye siempre de toda lectura que pueda hacer daño a tu alma. Yo creo que si yo hubiera permanecido en el mundo no habría conseguido la salvación de mi alma. ¿Dirás que me divertí bastante? Pues de todo ello no me queda sino amargura, remordimiento y temor y hastío. Perdóname si te di algún mal ejemplo y pídele a Dios que me perdone también a mí».

Al terminar su bachillerato, y cuando ya iba a empezar sus estudios universitarios, Dios lo llamó a la conversión por medio de una grave enfermedad. Lleno de susto prometió que si se curaba de aquel mal, se iría de religioso. Pero apenas estuvo bien de salud, olvidó su promesa y siguió gozando del mundo.

Un año después enferma mucho más gravemente. Una laringitis que trata de ahogarlo y que casi lo lleva al sepulcro. Lleno de fe invoca la intercesión de un santo jesuita martirizado en las misiones y promete irse de religioso, y al colocarse una reliquia de aquel mártir sobre su pecho, se queda dormido y cuando despierta está curado milagrosamente. Pero apenas se repone de su enfermedad empieza otras vez el atractivo de las fiestas y de los enamoramientos, y olvida su promesa. Es verdad que pide ser admitido como jesuita y es aceptado, pero él cree que para su vida de hombre tan mundano lo que está necesitando es una comunidad rigurosa, y deja para más tarde el entrar a una congregación de religiosos.

Estalla la peste del cólera en Italia. Miles y miles de personas van muriendo día por día. Y el día menos pensado muere la hermana que él más quiere. Considera que esto es un llamado muy serio de Dios para que se vaya de religioso. Habla con su padre, pero a éste le parece que un joven tan amigo de las fiestas mundanas se va a aburrir demasiado en un convento y que la vocación no le va a durar quizá ni siquiera unos meses.

Pero un día asiste a una procesión con la imagen de la Virgen Santísima. Nuestro joven siempre le ha tenido una gran devoción a la Madre de Dios (y probablemente esta devoción fue la que logró librarlo de las trampas del mundo) y en plena procesión levanta sus ojos hacia la imagen de la Virgen y ve que Ella lo mira fijamente con una mirada que jamás había sentido en su vida. Ante esto ya no puede resistir más. Se va a donde su padre a rogarle que lo deje irse de religioso. El buen hombre le pide el parecer al confesor de su hijo, y recibida la aprobación de este santo sacerdote, le concede el permiso de entrar a una comunidad bien rígida y rigurosa, los Padres Pasionistas.

Al entrar de religioso se cambia el nombre y en adelante se llamará Gabriel de la Dolorosa. Gabriel, que significa: el que lleva mensajes de Dios. Y de la Dolorosa, porque su devoción mariana más querida consiste en recordar los siete dolores o penas que sufrió la Virgen María. Desde entonces será un hombre totalmente transformado.

Gabriel había gozado siempre de muchas comodidades en la vida y le había dado gusto a sus sentidos y ahora entra a una comunidad donde se ayuna y donde la alimentación es tosca y nada variada. Los primeros meses sufre un verdadero martirio con este cambio tan brusco, pero nadie le oye jamás una queja, ni lo ve triste o disgustado.

Gabriel lo que hacía, lo hacía con toda el alma. En el mundo se había dedicado con todas sus fuerzas a las fiestas mundanas, pero ahora, entrado de religioso, se dedicó con todas las fuerzas de su personalidad a cumplir exactamente los Reglamentos de su Comunidad. Los religiosos se quedaban admirados de su gran amabilidad, de la exactitud total con la que cumplía todo lo que se le mandaba, y del fervor impresionante con el que cumplía sus prácticas de piedad.

Su vida religiosa fue breve. Apenas unos seis años. Pero en él se cumple lo que dice el Libro de la Sabiduría: «Terminó sus días en breve tiempo, pero ganó tanto premio como si hubiera vivido muchos años».

Su naturaleza protestaba porque la vida religiosa era austera y rígida, pero nadie se daba cuenta en lo exterior de las repugnancias casi invencibles que su cuerpo sentí ante las austeridades y penitencias. Su director espiritual sí lo sabía muy bien.

Al empezar los estudios en el seminario mayor para prepararse al sacerdocio, leyó unas palabras que le sirvieron como de lema para todos sus estudios, y fueron escritas por un sabio de su comunidad, San Vicente María Strambi. Son las siguientes: «Los que se preparan para ser predicadores o catequistas, piensen mientras estudian, que una inmensa cantidad de pobres pecadores les suplica diciendo: por favor: prepárense bien, para que logren llevarnos a nosotros a la eterna salvación». Este consejo tan provechoso lo incitó a dedicarse a los estudios religiosos con todo el entusiasmo de su espíritu.

Cuando ya Gabriel está bastante cerca de llegar al sacerdocio le llega la terrible enfermedad de la tuberculosis. Tiene que recluirse en la enfermería, y allí acepta con toda alegría y gran paciencia lo que Dios ha permitido que le suceda. De vómito de sangre en vómito de sangre, de ahogo en ahogo, vive todo un año repitiendo de vez en cuando lo que Jesús decía en el Huerto de los Olivos: «Padre, si no es posible que pase de mí este cáliz de amargura, que se cumpla en mí tu santa voluntad».

La Comunidad de los Pasionistas tiene como principal devoción el meditar en la Santísima Pasión de Jesús. Y al pensar y repensar en lo que Cristo sufrió en la Agonía del Huerto, y en la Flagelación y coronación de espinas, y en la Subida al Calvario con la cruz a cuestas y en las horas de mortal agonía que el Señor padeció en la Cruz, sentía Gabriel tan grande aprecio por los sufrimientos que nos vuelven muy semejantes a Jesús sufriente, que lo soportaba todo con un valor y una tranquilidad impresionantes.

Pero había otra gran ayuda que lo llenaba de valor y esperanza, y era su fervorosa devoción a la Madre de Dios. Su libro mariano preferido era «Las Glorias de María», escrito por San Alfonso, un libro que consuela mucho a los pecadores y débiles, y que aunque lo leamos diez veces, todas las veces nos parece nuevo e impresionante. La devoción a la Sma. Virgen llevó a Gabriel a grados altísimos de santidad.

A un religioso le aconsejaba: «No hay que fijar la mirada en rostros hermosos, porque esto enciende mucho las pasiones». A otro le decía: «Lo que más me ayuda a vivir con el alma en paz es pensar en la presencia de Dios, el recordar que los ojos de Dios siempre me están mirando y sus oídos me están oyendo a toda hora y que el Señor pagará todo lo que se hace por él, aunque sea regalar a otro un vaso de agua».

Y el 27 de febrero de 1862, después de recibir los santos sacramentos y de haber pedido perdón a todos por cualquier mal ejemplo que les hubiera podido dar, cruzó sus manos sobre el pecho y quedó como si estuviera plácidamente dormido. Su alma había volado a la eternidad a recibir de Dios el premio de sus buenas obras y de sus sacrificios. Apenas iba a cumplir los 25 años.

Poco después empezaron a conseguirse milagros por su intercesión y en 1926 el Sumo Pontífice lo declaró santo, y lo nombró Patrono de los Jóvenes laicos que se dedican al apostolado.

Fuente: ewtn.com

http://www.santopedia.com/santos/san-gabriel-de-la-dolorosa

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Visita pastoral a la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción (Cómpeta)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga en la visita pastoral a la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, de Cómpeta, celebrada el 27 de febrero de 2021.

VISITA PASTORAL

A LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN

(Competa, 27 febrero 2021)

Lecturas: Gn 22, 1-2.9-13.15-18; Sal 115; Rm 8, 31b-34; Mc 9, 2-10.

(Domingo Cuaresma II-B)

1.- Estamos celebrando la eucaristía, que es el centro de la vida cristiana, y centro también de esta Visita pastoral; es como el broche de oro, y no porque se haga al final, sino porque es lo más importante. La comunidad cristiana de Cómpeta se reúne hoy con su obispo para celebrar la eucaristía; la presencia y la presidencia del obispo le confiere a la eucaristía una significación especial, porque preside la cabeza de la Diócesis.

En esta eucaristía recibirán algunos fieles, niños y jóvenes, el sacramento de la confirmación, que les regalará los dones del Espíritu Santo para robustecerlos en la fe, en el amor y en la esperanza cristianas y hacerlos mejores testigos del Evangelio.

2.- Según la narración del libro del Génesis Dios puso a prueba a Abrahán, pidiéndole que ofreciera a su hijo en holocausto en el monte Moria (cf. Gn 22, 1-2). Abrahán, obediente y fiel, levantó el altar y preparó la leña para el sacrificio (cf. Gn 22, 9); pero el ángel del Señor se lo impidió. Lo más importante ya lo había hecho: obedecer a Dios en su corazón y no haberse reservado a su hijo único (cf. Gn 22, 12).

Sin embargo, no tuvo que ejecutar el sacrificio, aunque en su corazón ya había hecho la gran renuncia. Abrahán había renunciado a lo que más quería: a su propio hijo, que era un regalo de Dios en su ancianidad; era la promesa cumplida, el futuro asegurado.

3.- ¡Qué gran lección de obediencia, de generosidad, de fidelidad y de amor a Dios nos da Abrahán! ¿Estaríamos nosotros dispuestos a renunciar por amor y obediencia a Dios a lo que más ama su corazón? Todos queremos retener a las personas que amamos; mantener los bienes que poseemos; conseguir los proyectos que nos proponemos; realizar los deseos que alberga nuestro corazón. Todos esos bienes solemos ponerlos en primer lugar, antes que a Dios.

En la Cuaresma el Señor nos pide que renunciemos a las cosas que, aun siendo buenas, nos apartan de su amor o entorpecen el camino hacia la Pascua. Cuando hablamos de penitencia, conversión y renuncia no nos referimos a bienes de comida; eso, en sí mismo, sirve para poco.

4.- La verdadera renuncia es a los bienes que nos apartan de Dios. No se renuncia para enorgullecernos de ello, sino que se renuncia por amor a Dios. Los padres renunciáis a muchas cosas buenas por amor a vuestros hijos. Se renuncia a un bien por otro bien mejor.

El Señor nos recompensa con creces y nos dice como dijo a Abrahán: «Te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa» (Gn 22, 17). Nosotros le ofrecemos una cosa y el Señor nos la devuelve centuplicada.

Con motivo de la Visita pastoral hemos de revisar a qué cosas hemos de renunciar para aligerar nuestro equipaje y poder recorrer el camino de regreso a la casa del buen Padre-Dios.

5.- En el pasaje bíblico de la Transfiguración, que hoy nos ofrece la liturgia, Jesús subió a un monte alto, acompañado de sus tres discípulos más íntimos, y se transfiguró delante de ellos (cf. Mc 9, 2).

Quienes iban a ver más tarde su rostro desfigurado de Jesús por su pasión y cruz, pueden contemplar antes la belleza del rostro y la luminosidad del cuerpo resplandeciente de Jesús: «Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo» (Mc 9, 3). Quienes verían en la pasión del Señor su rostro “desfigurado”, pudieron contemplar antes su rostro “transfigurado”, resplandeciente y luminoso. Esta experiencia les dará fuerza para afrontar la dura realidad de la muerte temporal de Cristo.

La Eucaristía es el memorial de la pasión, muerte y resurrección del Señor, que nos reconforta y alimenta para continuar el camino de la vida y dar testimonio de la fe. El pan y el vino se transforman en la eucaristía en el cuerpo y en la sangre gloriosos de Cristo, glorificados, iluminados, resucitados.

La experiencia de Cristo resucitado y transfigurado en la eucaristía nos debe ayudar a saber afrontar la dura realidad de la vida, del dolor, del sufrimiento, de la muerte.

La eucaristía es el centro de la vida cristiana, que necesitamos celebrar y vivir. La eucaristía ilumina toda la vida del cristiano. La luz del Evangelio debe iluminar todos los aspectos de la vida humana.

6.- En la Transfiguración se oye la voz del Padre: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo» (Mc 9, 7). Con estas palabras, Dios Padre regalaba a Jesucristo a toda la humanidad como su único Maestro, superior a la ley mosaica (Moisés) y a los profetas (Elías), invitándonos a escuchar la Palabra eterna, el Verbo de la vida.

Hay que escuchar al Señor. Él nos habla hoy, en primer lugar, a través de nuestra conciencia, que es una voz en nuestro interior, que hace resonar la voz de Dios, que nos dice lo que está bien o lo que está mal. Pero la conciencia necesita ser iluminada por el Evangelio y por la enseñanza de la Iglesia.

¿Habéis escuchado hoy a Jesús? (Los fieles responden afirmativamente). ¿Dónde lo habéis escuchado? Jesús nos habla en los Evangelios, que narran su vida y su obra a partir de las fuentes apostólicas y contemporáneas suyas.

Nos habla asimismo a través de otras personas. Cristo mismo dijo: «Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha» (Lc 10, 16). Jesús nos habla a través del catequista, de los sacerdotes, de nuestros padres, de las personas de especial consagración, de los educadores.

Nos habla a través de la Iglesia; y por eso es importante que conozcamos el magisterio de la Iglesia, a quien compete interpretar auténticamente la Palabra revelada. La Biblia no puede ser interpretada a capricho y de manera subjetiva.

7.- Pero hay muchos que se llaman cristianos, que desoyen la voz del Señor y la de la Iglesia. Dicen que creen en Cristo, pero no creen en la Iglesia, identificando a la Iglesia solo con los sacerdotes o los obispos.

¿Es posible creer en Cristo y amarle, sin creer ni amar a la Iglesia? (Responden los fieles negativamente). La Iglesia ha sido instituida por Jesucristo; Él es su Cabeza y la Iglesia es el resto del cuerpo. ¿Qué le sucede a una persona si le separan la cabeza de su cuerpo? La matan.

Por eso es importante la vinculación con la Iglesia; porque ella es quien nos vincula a Jesucristo. Sin ella no podemos relacionarnos con Cristo. Los miembros de nuestro cuerpo se comunican a través de éste con la cabeza, que es la que rige todo el cuerpo.

8.- También es importante saber dónde no habla Jesús. Ciertamente no habla a través de magos, adivinos, astrólogos, hechiceros, horóscopos, “médiums”, falsos mensajes extraterrestres. No habla en sesiones de espiritismo ni de ocultismo. Así lo recuerda el libro del Deuteronomio: «Porque todo el que hace estas cosas es una abominación para Yahvé tu Dios» (Dt 18, 10-12). En nuestra sociedad hay mucho de todas estas cosas.

Jesús tampoco habla en las llamadas revelaciones privadas, mensajes celestiales, visiones y voces especiales de naturaleza variada. Dejamos aparte los hechos concretos que la Iglesia ha declarado como verdaderos.

Cuando disminuye o desaparece la fe verdadera, aumenta la superstición y las opiniones subjetivas toman apariencia de verdad. Esto lleva a pensar que el éxito en la vida no depende del esfuerzo, del estudio, de la constancia en el trabajo, sino de factores externos, imponderables y de golpes de fortuna.

9.- Con el imperativo de la voz del cielo que dice: «¡Escuchadle!», Dios revela que solo hay un mediador entre Dios y los hombres: Cristo-Jesús. Él es la última y definitiva Palabra revelada a los hombres y en Él tenemos respuesta a todo lo que necesitamos para nuestra salvación. Por eso es tan importante que ayudemos a las nuevas generaciones a tener una relación personal con Jesucristo.

Recordábamos en la asamblea parroquial que la catequesis no tiene como finalidad preparar para la “primera comunión”, sino iniciar en una relación de fe y de amor con Cristo.

10.- La Visita pastoral es una ocasión propicia para renovar la fe, la esperanza y el amor cristianos. Hemos de revisar cómo vivimos la fe y cómo somos testigos de la misma en esta sociedad medio pagana. Os animo a dialogar sobre esto, como fruto de la Visita pastoral. Debéis hacerlo junto con vuestro párroco, como cabeza de esta comunidad. ¡Buen ánimo!

Hoy van a recibir algunos fieles el sacramento de la confirmación, que les dará fuerza para ser buenos testigos del Señor. Este sacramento perfecciona y completa lo recibido en el bautismo. Dios os va a regalar los dones del Espíritu Santo y saldréis enriquecidos de esta celebración. El regalo que recibís hoy os ayuda y al mismo os compromete a ser mejores cristianos.

11.- Pedimos a Dios que renueve nuestra comunidad parroquial. Todos tenemos una misión que cumplir; y todos estamos llamados a dar testimonio de nuestra fe.

Los apóstoles que presenciaron la Transfiguración bajaron del monte con ánimo de seguir con mayor fidelidad al Maestro; y aceptando que se avecinaban momentos duros de pasión y de sufrimiento. Las celebraciones eucarísticas nos preparan para vivir mejor los diversos aspectos de la vida diaria: familia, trabajo, sociedad, cultura, amistades, ocio.

Somos una comunidad cristiana y Cristo está siempre con nosotros; por tanto, ¡adelante!

Pedimos a la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción, que interceda por nosotros y nos acompañe en este camino cuaresmal hacia la Pascua. Amén.

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