En su homilía, nuestro arzobispo profundizó en el significado del Año Jubilar y en la oportunidad que representa para sus diocesanos conmemorar ocho siglos de historia y devoción a la Virgen de la Cabeza. Este Año jubilar será hasta el 8 de diciembre de 2027.
Nuestro arzobispo D. José María Gil Tamayo ha abierto el Año Jubilar diocesano de la Virgen de la Cabeza en Andújar, concedido por la Santa Sede por los 8 siglos desde la aparición de la Virgen en esta localidad jienense de Sierra Morena.
D. José María abrió la Puerta Santa de la Basílica y Real Santuario y presidió la celebración litúrgica, concelebrada por el obispo de Jaén, D. Sebastián Chico Martínez, y los obispos eméritos de la Diócesis, D. Ramón del Hoyo y D. Amadeo Rodríguez Magro.
Junto a ellos también concelebraron el provicario general, vicarios episcopales y numerosos sacerdotes diocesanos de Jaén, además del ministro general de la Orden de la Santísima Trinidad, el provincial trinitario y miembros de la comunidad trinitaria de Andújar, custodios del Santuario.
Por parte de la comunidad cofrade, asistieron las cofradías Matriz y filiales de la Virgen de la Cabeza, así como de otras hermandades y cofradías, lo que “ha puesto de manifiesto la fortaleza de una devoción que, desde hace ocho siglos, forma parte de la identidad religiosa y cultural de la provincia de Jaén y de tantos devotos que acuden a Sierra Morena desde distintos lugares”, señaló la Diócesis.


Asistieron también al Santuario cientos de fieles “para participar en esta jornada histórica, en la que la devoción mariana, la oración y la comunión de la Iglesia diocesana han sido protagonistas”. Representantes de las cofradías, sacerdotes, religiosos, autoridades civiles y militares y numerosos devotos han acompañado a la Diócesis de Jaén en el inicio de este tiempo jubilar, que se prolongará hasta el 8 de diciembre de 2027.
Según informa la Diócesis de Jaén, es un “acontecimiento que invita a agradecer una historia de fe transmitida de generación en generación y a renovar el encuentro con Cristo bajo la mirada maternal de María”.

RITO DE APERTURA DEL AÑO JUBILAR
La jornada comenzó con la procesión hasta la Puerta Santa. Tras los ritos iniciales, la proclamación del Evangelio y la lectura del decreto pontificio de concesión del Año Jubilar, monseñor Gil Tamayo golpeó tres veces la puerta antes de proceder a su apertura. El repique de campanas acompañó este momento, tras el cual los celebrantes y una representación del pueblo de Dios han atravesado el umbral para entrar en la Basílica: religiosas, sacerdotes, una familia, representantes de Cáritas, migrantes…
Con este gesto, el Santuario se convierte en templo jubilar y lugar de peregrinación durante los próximos catorce meses.
HOMILÍA
En su homilía, nuestro arzobispo profundizó en el significado del Año Jubilar y en la oportunidad que representa para la Diócesis de Jaén conmemorar ocho siglos de historia y devoción a la Virgen de la Cabeza.
D. José María invitó a los fieles a ser verdaderos imitadores de Cristo. Partiendo del Evangelio proclamado, y utilizando una imagen vinculada al mundo agrícola, recordó que el Señor espera de cada cristiano frutos de vida cristiana. “El Señor nos tiene una paciencia infinita”, señaló, al tiempo que destacó que el Evangelio de este día constituye una llamada personal a dar fruto con la propia vida.
El arzobispo hizo también referencia a la carta pastoral del Obispo de Jaén con motivo del Año Jubilar y utilizó la propia subida al Santuario, “con sus curvas y sus dificultades”, como imagen de la existencia humana. “La vida cristiana es un camino”, afirmó. “Un camino en el que cada persona llega con sus problemas, preocupaciones y dificultades y está llamada a ponerlos en manos de la Virgen, sabiendo que Cristo es, al mismo tiempo, camino y meta”.

En este sentido, insistió en que cada persona está llamada a vivir personalmente este Año Jubilar como un verdadero itinerario espiritual. No puede reducirse únicamente a celebraciones externas: “Si termina el Año Jubilar y no ha pasado nada en nosotros, no sirve”. Renovar la fe -explicó- exige conversión, quitar de nuestra vida aquello que nos aparta de Dios y de los demás, y hacer que la devoción se traduzca en obras concretas.

Asimismo, monseñor Gil Tamayo recordó a los presentes que son “herederos de ocho siglos de historia”, de un pueblo cristiano cuya fe viene de lejos y que tiene una profunda impronta mariana. Por ello, animó a recoger el testigo de quienes nos precedieron, a vivir en santidad y a ser dignos herederos de esa fe. Una herencia que debe vivirse desde una “memoria agradecida” y con la conciencia de que “somos una Iglesia antigua, pero no vieja”.
Finalmente, invitó a los fieles a acudir a la Virgen con peticiones concretas, poniendo ante Ella las necesidades reales de nuestro tiempo, entre ellas las dificultades de tantos jóvenes para acceder a una vivienda digna. “Esta sociedad solo puede salvarse con un sentido mariano”, afirmó, subrayando que la verdadera devoción a María no puede quedarse en palabras o sentimientos, sino que ha de convertirse en vida.
FOTOS: Diócesis de Jaén


