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Mañana, 4 de febrero, comienza el Mes de la Familia

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La Delegación diocesana de Familia y Vida ha organizado para febrero el Mes de la Familia, como alternativa a su tradicional Semana de la Familia. Ésta se celebraba cada inicio de año durante una semana completa y contaba con expertos en distintas materias que ofrecían conferencias por toda la Archidiócesis.

En esta ocasión, a causa de las restricciones derivadas de la pandemia, la celebración de estas jornadas será únicamente online y para hacerlas más accesibles al público, se repartirán a lo largo del mes. Concretamente, los días 4, 11, 18 y 25 de febrero se publicará el vídeo correspondiente de cada sesión a las siete de la tarde en el canal de Youtube de la plataforma de evangelización Siempre Adelante.

La primera, por tanto, tendrá lugar mañana, jueves 4 de febrero. Coordinada por el Centro diocesano de Orientación Familiar San Sebastián, la conferencia ‘La pobreza de no tener a Dios o de no poder darle culto’ correrá a cargo de Javier Menéndez, director de Ayuda a la Iglesia Necesitada en España.

Durante su ponencia, Menéndez expondrá algunos ejemplos de comunidades cristianas oprimidas y perseguidas en sus lugares de origen. No en vano, 1 de cada 3 personas en el mundo vive en un país sin libertad religiosa. Asimismo, explicará por qué el cristianismo es la religión más perseguida del planeta.

Con esta iniciativa, la Pastoral Familiar diocesana se adapta a la nueva situación epidemiológica y seguir ofreciendo una formación fundamental que año tras año ahonda en los principales retos y desafíos de la familia contemporánea.

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Otro “día internacional”, ¿para los otros o para nosotros?

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El 4 de febrero ha sido designado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como el Día Internacional de la Fraternidad Humana. ¿Otro “día internacional” más? ¿No hay ya bastantes? Y, ¿qué tiene este de especial? ¿En qué nos afecta? Los siguientes párrafos abordan algunas de estas dudas y cuestiones. Pero, antes de ello, conviene compartir ciertas informaciones que explican por qué esta nueva jornada internacionales un evento especialmente relevante.

Fue una resolución aprobada por la Asamblea General de la ONU el 21 de diciembre de 2020 la que decidió celebrar cada año el Día Internacional de la Fraternidad Humana, a partir de este 2021. Estamos, pues, ante la primera ocasión de este acontecimiento. ¿Por qué se escogió esta fecha? Sencillamente, para conmemorar la reunión del 4 de febrero de 2019 entre el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad al-Tayyib, celebrada en Abu Dabi, en la que se firmó el documento “La fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”. Reconociendo el impulso de las diversas religiones para construir una verdadera cultura de paz y para impulsar la fraternidad humana, la ONU invita “a promover la paz, la tolerancia, la inclusión, la comprensión y la solidaridad”. No deja de ser significativo que los ocho países que impulsaron la iniciativa (cuatro africanos, uno americano y tres de Oriente Próximo) no sean precisamente los más poderosos e influyentes del planeta.

Dicho esto, que nos ayuda a situarnos, volvamos a la cuestión planteada desde el comienzo en el título de esta reflexión. ¿Qué nos puede decir a nosotros este Día internacional? ¿Está dirigido a ‘los otros’ o, realmente, nos podemos sentir afectados ‘nosotros’, cada una de las personas que lee este texto? ¿Cómo podemos abrirnos a la interpelación y a la oportunidad que nos brinda este Día Internacional de la Fraternidad Humana? Recurramos, para ello, al magisterio del Sucesor de Pedro, tal como lo formula en la encíclica Fratelli Tutti (FT), sobre la amistad social y la fraternidad humana.

De entrada, y frente a “la tentación de hacer una cultura de muros” que evita el encuentro con el otro, el Santo Padre reivindica la importancia de la alteridad (FT 27), como fuerza que humaniza. Y es que, “la persona humana, con sus derechos inalienables, está naturalmente abierta a los vínculos. En su propia raíz reside el llamado a trascenderse a sí misma en el encuentro con otros” (FT 111). De hecho, el “ser humano está hecho de tal manera que no se realiza” y “ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros” (FT 87). Es decir, que el ‘nosotros’ se encuentra entrelazado con ‘los otros’; nuestra identidad pasa por la alteridad.

Esto implica un doble dinamismo. Por un lado, valorar y cultivar el “propio tesoro”, ya que “no hay diálogo con el otro sin identidad personal” (FT 143). Debemos reconocer que “no me encuentro con el otro si no poseo un sustrato donde estoy firme y arraigado, porque desde allí puedo acoger el don del otro y ofrecerle algo verdadero” (FT 143). Por otro lado, y de manera simultánea, sabemos que, “desde la intimidad de cada corazón, el amor crea vínculos y amplía la existencia cuando saca a la persona de sí misma hacia el otro. Hechos para el amor, hay en cada uno de nosotros una ley de éxtasis: salir de sí mismo para hallar en otro un crecimiento de su ser” (FT 88). No es extraño, entonces, que el Obispo de Roma insista en la necesidad del diálogo, de suscitar el encuentro con el otro para llegar a ser nosotros mismos: “El sentarse a escuchar a otro, característico de un encuentro humano, es un paradigma de actitud receptiva, de quien supera el narcisismo y recibe al otro, le presta atención, lo acoge en el propio círculo” (FT 48).

Se trata de una dinámica exigente: “El amor implica entonces algo más que una serie de acciones benéficas”, ya que esas acciones “brotan de una unión que inclina más y más hacia el otro” (FT 94). Y añade Su Santidad: “Solo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos” (FT 94). Ahora bien, este“gusto de reconocer al otro […] implica el hábito de reconocer al otro el derecho de ser él mismo y de ser diferente. A partir de ese reconocimiento hecho cultura se vuelve posible la gestación de un pacto social” (FT 218), que exige un cierto “realismo dialogante”, que supone “el auténtico reconocimiento del otro, que solo el amor hace posible, y que significa colocarse en el lugar del otro para descubrir qué hay de auténtico, o al menos de comprensible, en medio de sus motivaciones e intereses”(FT 221).

Ya se ve claro, con todo lo dicho, que necesitamos seguir creciendo en la fraternidad humana y en la amistad social. Y que solo viviremos cristianamente si ampliamos el ‘nosotros’ hasta que llegue a ser realmente inclusivo y universal. Pensemos, por ejemplo, en el flagelo del hambre, que lograremos erradicarlo si vivimos auténticamente la fraternidad global. Como decía el mismo Papa, “ojalá que [pasada la crisis sanitaria] al final ya no estén‘los otros’, sino solo un ‘nosotros’”(FT 35). El Día Internacional de la Fraternidad Humana ofrece, pues, una buena oportunidad para afianzar este dinamismo: no para ‘los otros’, sino para ‘nosotros’, para todos. A este respecto, nos vendrá bien volver a escuchar las palabras de Benedicto XVI: “También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado recíproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón” (Mensaje para la Cuaresma 2012. 3 de noviembre 2011, n. 1). Nos servirá igualmente recordar a san Pablo VI, cuando denunciaba con audacia el daño que procuraba a la sociedad la ausencia de fraternidad: “El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos” (Populorum Progressio, n. 66). Ojalá nunca lo olvidemos.

 

Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

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Miércoles, 3 de febrero

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Fiesta de la Candelaria en San Juan evangelista de Mancha Real

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Con motivo de la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, la comunidad parroquial de San Juan Evangelista de Mancha Real, junto a  la Cofradía Patronal de la Virgen del Rosario, han organizado la fiesta de la Candelaria.

Han sido invitados los padres, padrinos y niños bautizados durante el año 2020 para presentar a sus hijos ante la Patrona y pasarlos por su manto protector, más aun en estos tiempos difíciles de pandemia.

Igualmente, fueron invitados los miembros de Pastoral Ascendente en el día de este movimiento de apostolado de la Iglesia, que valora y centra a nuestros mayores en la vida parroquial.

Participaron, de una manera especial, nuestra Misioneras de Acción Parroquial en la Jornada de la Vida Consagrada, representando de esta forma a todos los consagrados en su peculiar vocación.

En la homilía, el párroco, D. Mariano Cabeza, destacó cómo todo parte de la llamada que nos hace Jesucristo desde nuestro bautismo a seguirle e imitarle bien desde la vocación matrimonial, bien desde la vida consagrada. De cómo los mayores tan presentes en la vida de las parroquias y en las propias familias hacen un gran servicio de entrega generosa y entusiasmada por amor a sus hijos, nietos, biznietos y por amor a su parroquia.

Terminó la celebración pasando a los niños presentes en la celebración por el manto de la patrona del Rosario y la Cofradía los obsequió con una estampa de la Virgen con una oración.

Por causa de la COVD-19, en este año se ha suspendido la procesión claustral y la tarta de la candelaria que se comparte al final de la misa, regalo de la Cofradía a los asistentes.

Cofradía de la Virgen del Rosario

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La delegación de Apostolado Seglar de la diócesis de Guadix rememora lo vivido en la Congreso de Laicos hace ahora un año

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Se va a cumplir un año del Congreso de Laicos que reunió en Madrid, en febrero de 2020, a unos 2000 participantes de toda España. Fue una experiencia única, de encuentro con otros que compartían las mismas inquietudes, de conferencias y charlas, de testimonios, de experiencias,… de vida. De la diócesis de Guadix, en nombre de los laicos de aquí, fue un grupo pequeño pero representativo, que se trajo de Madrid buena parte de esas inquietudes que allí se vivieron con la idea de contagiarlas en las comunidades de nuestra diócesis.

Pero llegó la pandemia y el estado de alarma sanitaria en el mes de marzo y paró muchas de esas iniciativas programadas, aunque no el espíritu de lo allí vivido, que sigue muy intenso y con ganas de expresarse.

La delegación de Apostolado Seglar de la diócesis accitana ha querido recordar lo vivido en aquellos días en Madrid. No quiere que se apague la llama de aquel congreso y, en espera de que vengan tiempos más fáciles para los encuentros y reuniones, propone recordar y volver a compartir lo que supuso ese Congreso de Laicos que, a buen seguro, está llamado a dar mucho fruto aún.

De hecho, la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española acaba de editar el libro “Hacia un renovado Pentecostés. Guía de trabajo del postcongreso de Laicos”, que viene a ser como una guía que puede orientar muy bien. En él se recogen las aportaciones hechas en los grupos de diálogo y las reflexiones salidas de los mismos. Sin duda, un libro que es un buen apoyo para seguir adelante, “en salida” como Iglesia, que este era el slogan del Congreso del año pasado.

Primer recuerdo

En este primer recuerdo de lo vivido el año pasado, ofrecemos la ponencia de Agustín Domingo Moratalla, catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Valencia, que habló de la presencia en la vida pública con el título “Profetas 3.0. Sanar personas, cuidar vínculos, tender puentes”. Entre otras cosas, este profesor decía que “sería imposible pensar la sociedad civil en España sin los católicos comprometidos en la vida pública hoy”. Se puede ver completa  aquí y se puede leer aquí.

Antonio Gómez

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San Blas

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San Blas

San Blas«San Blas bendito, que se ahoga este angelito» ¿Quién no escuchó esta jaculatoria, mezcla de oración suplicante y quizá con algo de reminiscencia mágica, cuando se hacía apurada la situación del niño que se tragó una bola o quedó sin respiración cuando el caramelo o el chicle se le coló indebidamente? Al tiempo que la experimentada abuela propinaba a la criatura un buen golpe seco en la espalda o le oprimía el pecho para facilitar la expulsión del cuerpo extraño, se estaba invocando a uno de los santos más populares, cercanos y amables de la antigüedad cuyo culto se extendió durante la Edad Media por toda la cristiandad y ha llegado a nuestra cultura como protector de los males de garganta. Y lo curioso es que de Blas se sabe poco porque su vida sólo se escribió cuando pasaron más de cuatro siglos desde que murió. Naturalmente las Actas están llenas de fantasías que el pueblo había ido amontonando con el paso del tiempo sobre su persona y se recogieron poniéndolas por escrito con las añadiduras que el mismo hagiógrafo del siglo IX tuvo a bien añadir para realzar su amable figura tan invocada y venerada por las generaciones anteriores; y hacían muy bien porque hay que mostrarse agradecidos a las personas que nos hacen favores. Y de esto Blas sabía mucho. Parece ser que nació en Sebaste – actual Sivas -, en la segunda mitad del siglo III. Era un armenio. Dicen que fue médico – entiéndase de cuerpos, como todos los médicos, y no necesariamente laringólogo que eso es especialización ulterior -, pero aseguran también que ejercía del mismo modo, con la misma pericia y con estupenda generosidad la medicina en las almas. Era la caridad la virtud que le impulsaba a hacer el bien, dando consuelo para los remordimientos y paz en las tempestades de dentro. Así que lo eligieron obispo por aclamación de clero local y pueblo, según la usanza propia del tiempo. Las circunstancias externas eran extremadamente difíciles entonces por la persecución de Diocleciano y de sus sucesores, como lo atestigua el martirio de Eustracio, o el de Carcerio, o el de los 40 mártires de Sebaste que dieron su vida por la fe. Cuenta el relato de su vida que aquél sabio y bondadoso obispo Blas se refugió en las montañas y desde allí mantenía contacto con sus fieles esporádicamente y en oculto, consolándoles y fortaleciéndoles con su ejemplo y palabra. Sólo una vez interrumpió voluntariamente aquel autodestierro; fue por la larga visita que hizo a Eustracio en la cárcel la noche antes de su martirio; compró por dinero al carcelero y pasó con su fiel toda la noche confortándolo en el difícil trance, dándole la Eucaristía y dialogando sobre el premio del cielo que se prometía cercano; el alba trajo las primeras claridades y el abrazo puso fin al diálogo. El regreso a las montañas fue el comienzo de su vida como anacoreta retirado en oración y penitencia. Ya que no hay fieles a los que instruir y curar, vienen las fieras, pequeñas y grandes, a darle compañía en su cueva y a recibir la bendición del santo que las libraba de sus males, aunque nunca le interrumpieron durante el tiempo de sus rezos por muy apuradas que estuvieran. Así lo encontraron los soldados del prefecto Agrícola cuando pateaban el monte Argeo en busca de fieras para las fiestas de los romanos en el circo; asombrados lo vieron en escena paradisíaca, rodeado de lobos, tigres, leones, osos, liebres y conejos. Describen la conducción del prisionero Blas por las tierras y pueblos hasta Sebaste como un cortejo triunfal por las aclamaciones de los cristianos y paganos que se le acercan, le tocan, besan sus vestidos, piden su bendición y hasta curó al cerdo de aquella mujer que casi se lo destroza un lobo y, lleno de bondad, sanó la garganta de aquella joven que la tenía atravesada por una mala espina. Llevado a la presencia del procurador, se le juzga por blasfemo y le brindan la oportunidad de salvarse de la muerte con el solo hecho de derramar unos granos de incienso en la pira encendida a los dioses. Como el obispo resiste con firmeza, lo apalean, lo cuelgan de un madero y rastrean su cuerpo con garfios de hierro sin hacerle desistir de su fe. Unas mujeres piadosas asegura el relato que fueron siete tuvieron la osadía de tomar algo de su sangre y untaron con ella sus cuerpos. Bastó este gesto para que fueran culpadas, reducidas, encadenadas y condenadas a morir, incluidos los dos pequeños de aquella buena madre que no dejaban de agarrarse al vestido de mamá. Fue decapitado Blas, con aquellos dos niños; el año debió ser el 316. Su culto se extendió por todo Oriente y luego por Occidente. La fama de taumaturgo se celebró en el templo de Constantinopla consagrado a su nombre. En Armenia llegó a existir la Orden militar de San Blas. A lo largo de la Edad Media se pudieron contar en Roma 35 iglesias bajo su protección, y una privilegiada abadía. En Yugoslavia es el patrono de la república de Ragusa y hasta se imprimieron monedas con su efigie.

Algunos le invocaron como protector de los ganados, pero el mayor eco que encontró en el pueblo es el de protector para los males y enfermedades de garganta. Y no creas que sólo es por el interés de salir del paso por las molestias que acarrea un catarro, un enfriamiento, una infección o un cáncer. Como con las gargantas hacemos los hombres muchas cosas, también se recurre a él cuando hay peligro de renegar de la fe, o se pide su intercesión para los males que originaron las malas confesiones y hasta de las intemperancias en la bebida.

(fuente: archimadrid.es)

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Nuestro obispo preside la festividad de Ntra. Sra. de la Candelaria en Ingenio – 2 de febrero de 2021

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FESTIVIDAD DE NTRA. SRA. DE LA CANDELARIA EN INGENIO 2021

El Obispo de la Diócesis, Mons. José Mazuelos presidió hoy, 2 de febrero 2021,  y por primera vez, la Eucaristía Solemne en la festividad de Ntra. Sra. de La Candelaria en Ingenio. En las fotos, con el Párroco D. Jesús Vega, el Párroco de San Sebastián de Agüimes D. Miguel Lantigua, y el Vicario Judicial D. Agustín Sánchez. En la foto siguiente, con Dª Ana Hernández Rodríguez, Alcaldesa de Ingenio.

Obispo Ingenio 2021

Obispo Ingenio 2021

Obispo alcaldesa de Ingenio 2021

Obispo alcaldesa de Ingenio 2021

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Misa de La Presentación del Señor

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Juventud – Tercera y cuarta píldora formativa sobre Christus Vivit

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Acción Católica General: Materiales para la Cuaresma y Pascua 2021 – ¡Anuncia la Pascua de Jesús con obras y palabras!

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ACCIÓN CATÓLICA GENERAL

MATERIALES PARA LA CUARESMA Y PASCUA 2021

¡Anuncia la Pascua de Jesús con obras y palabras!

Cuaresma materiales 2021

Cuaresma materiales 2021

Nos disponemos a emprender un camino, una peregrinación que, pasando por el interior de nuestro
corazón nos llevará a la celebración pascual de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. Un
camino que comienza con el tiempo de Cuaresma y tendrá su culmen en la celebración del Triduo
Pascual, prolongándose durante 50 días, hasta Pentecostés.

La Cuaresma es un tiempo en el que recibimos una llamada especial a la conversión, al cambio de vida.
Pero… ¿en mi vida hay algo que cambiar? Esta es una pregunta fundamental para poder poner en
marcha este tiempo de gracia. Para dar respuesta a esta pregunta hemos de poder contrastar nuestra
vida con la Palabra de Dios, porque ella es brújula, guía, referencia, y por supuesto, es Dios mismo
activando la salvación en cada uno de nosotros. Por eso la Palabra de Dios es un referente fundamental
a la hora de examinar nuestra vida.

Las primeras semanas de este tiempo de Cuaresma nos hacen esa llamada a revisar la vida, en
referencia a la Palabra de Dios, a revisar nuestras actitudes, nuestra manera de pensar y de hacer.
Serán las últimas semanas de Cuaresma las que nos inviten, de una manera especial a poner nuestra
mirada en el camino propio de Jesucristo hacia la cruz y, saliendo de nosotros mismos, ponernos a
caminar con él, para así, con él, llegar a la montaña santa y, participando de su muerte, gozar también
con el triunfo de su resurrección.

La Cuaresma que empezamos no será una fatigosa repetición de ritos y ejercicios piadosos.
Conservamos las tradiciones religiosas, pero les daremos más espíritu. Es el Espíritu el que vitaliza y
fecunda. Que nuestra Cuaresma sea una Cuaresma profundamente “espiritual”. Si faltara el Espíritu la
Iglesia se volvería vieja, miedosa, fea. La Cuaresma es un proceso de rejuvenecimiento por el hecho de
ser un dinamismo de conversión. Decía Clemente de Alejandría en el s. III: «Somos siempre jóvenes.
Somos siempre nuevos… Toda nuestra vida es primavera, porque tenemos en nosotros la verdad que
no envejece».

En Cuaresma reza, pero «en espíritu y verdad» (Jn4,24). Ora, escucha y adora. Escucha y habla, también
Dios escucha y habla.

En Cuaresma ayuna. Ayuna de egoísmos, de orgullos y vanidades, de envidias y vicios. Ayuna, pero
amando. Ayuna, pero liberándote. Ayuna para que te alimentes mejor de la Palabra. Ayuna, pero come
el pan de la Eucaristía. Ayuna de lo superfluo y comparte para que otros puedan tener lo necesario.

En Cuaresma comparte. Comparte todo aquello de lo que te has privado, de lo que has ayunado, para
que a nadie falte lo necesario. Como Jesús, hazte pan partido y repartido. Haz de la misericordia la viga
maestra de tu vida.

¡Anuncia la Pascua de Jesús con obras y palabras!

Todo esto podrás hacerlo si pones tu mirada en Jesús. Aprende su Evangelio y sus Bienaventuranzas,
aprende sus modales y sentimientos. Así podrás vivir su vida, y podrás mirar a los demás como el mismo
Jesús los mira.

Y no te conformes con vivirlo tu solo, sino anúncialo. Decía San Vicente de Paúl: «No basta que yo ame
a Dios si mi prójimo no le ama». Por tanto no dejes de anunciar, con obras y palabras que Jesús es
nuestra Pascua, que él ha muerto y ha resucitado por cada uno de nosotros, que acompaña nuestra
historia personal, que con amor eterno nos ama, y su amor transforma, da sentido a la vida, sana, salva.

Jesús ahora está en su existencia de Resucitado y quiere comunicarnos, en la Pascua de este año, su
gracia, su vida nueva, su energía.

Además, estamos viviendo este año dedicado a San José, y su fiesta, en el corazón de la Cuaresma nos
ayuda a hacer nuestras sus actitudes: Padre amado, padre en la ternura, padre en la obediencia, padre
en la acogida, padre de la valentía creativa, padre trabajador, padre en la sombra.

De igual manera, el 19 de marzo de 2021, en la fiesta de San José, comenzará el «Año Familia Amoris Laetitia», que el Papa Francisco ha convocado para que podamos profundizar y difundir el contenido de la
exhortación apostólica «Amoris Laetitia», redescubriendo el sacramento del matrimonio como un don,
ayudando a los jóvenes a descubrir la necesidad de una adecuada formación al respecto, posibilitando la extensión de la Pastoral Familiar, haciendo a las familias protagonistas de la misma.

Vivamos esta Cuaresma y esta Pascua de tal manera que nuestra vida sea un evangelio abierto, para
que muchos puedan leer y descubrir esa presencia de Dios en su vida, y descubriéndola puedan amarle
y servirle.

Como dirían los peregrinos en su marcha hacia Santiago de Compostela:

“¡Buen camino!”

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– Publicaciones de la Acción Católica General

Vea también:

– Acción Católica General en nuestra diócesis

Más información:

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