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‘La sencillez evangélica’- Formación permanente 08

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Octava sesión de la iniciativa de formación de la Delegación diocesana de Apostolado Seglar, que se hace eco del lema del pasado Congreso Nacional de Laicos que fue vivido por todos los que participaron como un renovado pentecostés. Con una periodicidad quincenal, se puede visionar en el canal de youtube de Archisevilla Siempre Adelante

IDEA CENTRAL

“Siendo rico se hizo pobre” (2 Cor  8,9)

“Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 5, 3)

“A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despides vacíos” (Lc 1,53).

NUESTRA FE

Cuando hablamos de la pobreza evangélica, nos referimos al estado en el que se dispone de lo indispensable para vivir, lo que permite al hombre conocer sus límites y abrirse al amor y al servicio a los demás. Se trata de una forma de vida fundamentada en el desprendimiento de los bienes materiales para poder alcanzar una visión más clara y profunda del sentido trascendente de la vida terrena. La pobreza se propone como un estado deseable que se asume voluntariamente. Con ella, se afirma radicalmente el ser sobre el tener y el dar sobre el recibir. Para los cristianos es un camino para asemejarnos a Jesús y servir a los demás. Así, la pobreza se convierte en un seguimiento, en una llamada a ser como Cristo, como Cristo pobre.

Cuando hablamos de la “pobreza extrema”, de la miseria, estamos señalando una consecuencia de la injusticia social, de una vida indigna. Con ella se carece de lo indispensable, viviendo con angustia lo que va a deparar el mañana.  No podemos olvidarnos de que el rostro de los pobres es el rostro de Cristo pobre y crucificado. La miseria no es una estadística; detrás de cada número hay una persona que sufre las consecuencias de una situación de injusticia. La falta de un trabajo digno, de libertad e igualdad, respecto al derecho a la educación, a la salud o al acceso a una vivienda digna son también parte de esta “pobreza extrema”.

Pero hay también nuevas pobrezas que afectan a menudo a ambientes y grupos con recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido, a las drogas, la soledad -al abandono de nuestros mayores, en la enfermedad-, a la marginación o la discriminación social (San Juan Pablo II, NMI, n.50). Más recientemente el Papa Francisco ha hablado de la “cultura del descarte”: “Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera” (EG, n.53)

La pobreza a la que nos debemos de abrazar se fundamenta en la llamada a seguir a Cristo pobre, sin ella no podremos estar junto a los pobres. Esta requiere el ejercicio del amor y es origen de una auténtica alegría. San Francisco de Asís nos acerca a la pobreza como valor energético: “Perseverar en ella hasta el fin”.

DIALOGAMOS JUNTOS

Mirada creyente

Cada día es mayor el abismo que se abre entre el mundo de los pobres y un mundo rico, que disfruta de mucho más que lo necesita. Junto a la injusticia de esta situación, aparece constantemente, en el imaginario popular, la llamada y el deseo de alcanzar como sea más bienes materiales. Los caminos son muchos: la corrupción en sus múltiples formas, los juegos de azar, las ganancias como signo del estatus social… El mundo mediático nos atrae con sus mensajes y sus ofertas hacia modos de vida opulentos… y vacíos.

La Doctrina Social de la Iglesia nos plantea estas preguntas: ¿Cómo es posible que, en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre; quién está condenado al analfabetismo; quién carece de la asistencia médica más elemental; quién no tiene techo donde cobijarse? (…) ¿Podemos quedar al margen ante las perspectivas de un desequilibrio ecológico, que hace inhabitables y enemigas del hombre vastas áreas del planeta? ¿O ante los problemas de la paz, amenazada a menudo con la pesadilla de guerras catastróficas? ¿O frente al vilipendio de los derechos humanos fundamentales de tantas personas, especialmente de los niños? (CDSI, n. 5).

Reflexión desde la vida cristiana

En la Iglesia la opción preferencial por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. La preocupación por los pobres es consecuencia de la experiencia de un Dios misericordioso manifestado en la Biblia y revelado en plenitud en su Hijo encarnado.

Jesús cumple las esperanzas mesiánicas y las supera, eliminando aspectos negativos, como el odio a los enemigos, en Cristo la pobreza es la pobreza de Dios. Dios que se compromete libremente en la historia asumiendo la condición humana en todos sus aspectos desde el pesebre a la cruz. No solo se compromete asumiendo para sí la situación del pobre, sino que se dirige con preferencia a los desheredados y oprimidos y asume su situación.

Cristo pobre es el que nos ofrece, en las bienaventuranzas, el camino y se presenta a sí mismo como modelo a seguir. El papa Francisco nos pide que no olvidemos cual es el “gran protocolo” por el que seremos juzgados: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25, 35-36), como también nos recuerda el Venerable Siervo de Dios, Miguel Mañana.

Siguiendo el mensaje de Jesús y a la luz de este texto evangélico tendremos que preguntarnos: ¿Cuáles son los valores que tenemos que cambiar en nuestra vida para abrirnos a las necesidades de los demás? ¿Cómo podemos vivir como cristianos viendo a nuestro alrededor tanta necesidad, tantos necesitados?

Un compromiso abierto a los demás

¡Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres! Con esta frase el papa Francisco, al inicio de su pontificado, manifestó un deseo para toda la Iglesia, que en Evangelii gaudium concretó: “Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia” (EG, n. 198).

El deber del discípulo de Cristo es hacer suyos los sentimientos de los que sufren y luchar por la dignidad de los que padecen la pobreza extrema. La Iglesia desde sus inicios tuvo muy presente no solo la atención a los pobres, sino el que no hubiera pobres, así como la obligación de compartir los bienes (Hch 4, 34-35).

¿Qué me pide el Señor en relación con mi actitud ante los bienes de este mundo? ¿Qué pasos podemos dar en nuestra comunidad cristiana para que sienta y actúe como Iglesia de los pobres?

VÍDEO DE LA SESIÓN DEL FORO PERMANENTE ONLINE

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(*) Estos textos están inspirados en el Itinerario de Formación Cristiana de Adultos – Ser cristianos en el corazón del mundo-, de la Conferencia Episcopal Española, publicados por la Editorial EDICE.

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La Diócesis continúa acercando la actualidad de nuestra Iglesia a través de su canal de WhatsApp

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El sector de Comunicación de la Diócesis de Jaén continúa acercando la actualidad a través del canal de información creado en la aplicación de mensajería de WhatsApp. De esta manera todo el que lo desee podrá conocer al momento lo que está ocurriendo en nuestra Iglesia diocesana.

Asimismo, próximos a la Semana Santa, los diocesanos que se subscriban podrán seguir en directo, a través de los enlaces de Facebook y Youtube que se enviarán, todas las celebraciones presidas por el Obispo en la Catedral.

En este canal solo se podrá recibir información, ya que las personas que se suscriban no podrán escribir en el grupo.

¿Cómo darse de alta?

Accediendo al enlace: https://chat.whatsapp.com/IkII4hmel4PAho4Ce3RNjA y guardando este número en tu agenda de contactos: 953240276

O a través del código Qr:

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Carlos Delgado participa en un libro sobre la Transparencia y su aplicación a las confesiones religiosas en España

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El Vicario General reflexiona sobre la acción social a lo largo de la historia de la Iglesia jiennense en las Jornadas de Santo Tomás

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El martes, 23 de febrero, se celebró la segunda conferencia de las XXXIII Jornadas de Santo Tomás, a cargo de D. Francisco Juan Martínez Rojas, miembro del Claustro de profesores del seminario, Vicario General de la Diócesis y Deán de la S.I. Catedral.

D. Francisco Juan comenzó resaltando que «el ejercicio de la caridad es hacer presente el amor de Dios en la contingencia de la historia del ser humano. El hacer de la iglesia consiste en convertir la historia en Historia de la Salvación, mediante el ejercicio de la fe, la esperanza y, sobre todo, la caridad». Hay dos vías de credibilidad para acceder a la Iglesia y para creer ella: la vía de la santidad y la vía significativa (o vía de la caridad)».

A través de un exhaustivo repaso desde la Edad Antigua, el conferenciante puso el punto de partida de su exposición en el siglo IV, del que conserva el primer documento histórico de nuestra tierra con el Concilio de Elvira, en cuyos cánones se menciona ya la defensa de los esclavos, la defensa del valor sagrado de la vida (ya desde el seno materno), la obligación moral de cuidar a las personas mayores, sobre todo si estaban enfermos, y alertaba contra la indefensión y el desamparo de los niños frente a la posible corrupción de los adultos, con penas muy duras ante determinados delitos.

Prosiguió con el monacato del período visigodo, donde los monasterios se irán convirtiendo también en centros de acogida para los peregrinos, centros de refugio en los momentos de guerras e incluso centros médicos. La Edad Media para Jaén supuso un cristianismo de frontera, es decir, de inseguridad, guerras y cautiverios, que originaron un nuevo modo de ejercer la acción social y caritativa mediante la redención de cautivos, sobre todo por parte de los Mercedarios y los Trinitarios. También se desarrolló en esta época la asistencia a enfermos, a mendigos y a niños expósitos.

La Edad Moderna trajo consigo la especialización de los hospitales, medidas para combatir la usura, acciones caritativas de las Cofradías y la labor asistencial que hicieron altos cargos eclesiales, entregando parte de sus rentas a los pobres. Y en la Edad Contemporánea, marcada por la desamortización, la acción social de la Iglesia tendrá como uno de sus cauces prioritarios la enseñanza confesional, así como aparición del catolicismo social, y ya en el siglo XX, la aparición de lo que se podría llamar ya una caridad organizada con las Conferencias de San Vicente de Paúl y Cáritas, que desde hace más 60 años es la Iglesia que ejerce la caridad.

Finalizaba su ponencia, D. Francisco Juan haciendo referencia a la carta pastoral de nuestro Obispo para el inicio de este curso, donde Don Amadeo indicaba que «como Iglesia necesitamos siempre una conversión a la caridad, pues la caridad sella la totalidad de la experiencia cristiana».

Comunidad del Seminario diocesano de Jaén

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Un monumento recuerda, en Beas de Segura, el paso de San Juan de la Cruz por esta localidad

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Un día como ayer, 24 de febrero de 1575,  hace ya 446 años, Santa Teresa de Jesús daba comienzo una nueva comunidad carmelitana reformada o descalza en Beas de Segura. Los pequeños conventitos que ella iba levantando, en contraste con los grandes conventos como era el de la Encarnación de Ávila, eran conocidos como «Palomarcicos De La Virgen«.

Madre Teresa quería pequeñas casas, pequeñas comunidades, no más de 13 religiosas como si fuera el grupo de los  12 apóstoles y Jesús. Pequeñas casas, que si por cualquier motivo se cayesen, no hiciesen mucho ruido. Éstas pequeñas edificaciones materiales vienen equilibradas con la grandeza y profundidad del estilo de vida reformado teresiano. Profunda vida interior en soledad, silencio, oración y despojo de sí, y equilibrado con las horas de de recreación comunitaria en el Señor. Aquí estuvo Santa Teresa hasta mediados del mes de mayo de ese año. A este lugar, unos años más tarde, llegó San Juan de Cruz quien venía destinado al convento  del Calvario como superior y que por la cercanía de ambos lugares hizo posible el trato y la dirección espiritual del místico de Fontiveros con estas monjas.

En este día, en honor al día de la fundación de este conventico teresiano, se ha colocado en el Paseo de Beas de Segura un pequeño monumento recordando el Camino de San Juan de la Cruz (Beas de Segura – Caravaca de la Cruz). Sobre este camino se puede encontrar mucha información al peregrino que desee hacer el mismo camino que durante, al menos 7 veces, hizo San Juan de la Cruz. Un camino que se puede hacer en muchas perspectivas, deportivas, culturales, pero sobre todo, un camino que se invita a hacerlo desde la fe. San Juan de la Cruz, el incansable buscador de Dios, nos puede enseñar esta maravillosa experiencia humana y religiosa de una vida unida a Dios y sin ninguna rebaja de la Cruz.

Sebastián Moreno
Párroco de Beas de Segura

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¡Suceden tantas cosas cuando se abre el corazón a Dios!

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¡Suceden tantas cosas cuando se abre el corazón a Dios!

El diácono Fernando Suárez reconoce que esta experiencia le ayudo en su discernimiento vocacional

¿Cómo surgió la idea de realizar un tiempo de voluntariado en Picota?

El Seminario programa cada dos años una experiencia de Misión en esta parroquia de Picota, encomendada a nuestra Diócesis, y justo hace tres años puede participar con un grupo de seminaristas y el Rector del Seminario. La propuesta parte del mismo Seminario y del plan de formación, ya que nos preparamos para ser Sacerdotes al servicio de la Iglesia particular y universal, de forma que podamos descubrir la importancia de vivir en comunión con toda la Iglesia y asomarnos, aunque sea brevemente, a la misión “ad gentes” que realiza. Aunque desde hacía años tenía interés en participar en una experiencia misionera, fue entonces cuando, después de proponernos a toda la comunidad posibilidad de participar, entendí que Dios me estaba llamando, por mi nombre, para seguirle de cerca. Ciertamente no se trataba de un “safari espiritual”; tampoco de llevarles un conocimiento sobre Dios o una colonización ideológica, sino de tener la oportunidad de compartir la fe, de vivirla con otros hermanos en latitudes muy diferentes. “Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre” (Hb 13, 8), y se hace necesario abrir el corazón al hermano, especialmente al que más necesidad tiene del consuelo de Dios, de unirnos en Aquel que es nuestro Amor. Por esa razón, elegimos como lema de la misión unas palabras de San Juan Pablo II en su encíclica misionera: “¡La fe se fortalece dándola!” (Redemptoris Missio, 2). Es mirar juntos a Cristo, para dejarnos salvar por Él.

¿Qué recuerdas de aquella experiencia misionera?

Todo lo que vivimos en la Misión fue una sucesión de acontecimientos de Gracia. Cada día acudíamos a dos o tres comunidades dispersadas por la compleja orografía que tiene asignada la Parroquia para celebrar la Eucaristía y rezar con ellos, celebrar los Sacramentos, visitar a los enfermos y jugar con los niños y jóvenes. Recuerdo un día que acudimos a la Selva alta a celebrar la primera Eucaristía en una joven comunidad, Nueva Esperanza, caminando desde la población más cercana (La Unión) debido al mal estado de los caminos. Al llegar, el recibimiento al Sacerdote y a nosotros, los misioneros, se había convertido en el acontecimiento más importante del pueblito: Jesús se iba a hacer presente en sus casas, se acercaba a ellos de forma real y nos alimentaba con su Palabra y el Pan de la Eucaristía. Recuerdo al Padre Don Francisco Granados decirnos: “¿Por qué creéis que están tan felices estos jóvenes? – Porque Dios les está mirando”. Es la acogida de Dios, mirándonos desde la Eucaristía, lo que más me impresionó ver en sus rostros. ¡Suceden tantas cosas cuando se abre el corazón al asombro de Dios!

Otro recuerdo importante fue el testimonio de los misioneros, nuestros Sacerdotes, Francisco Delgado y Francisco Granados, que durante esos días nos adentraron hasta los lugares más recónditos de la misión, nos acercaron a las diferentes comunidades y compartieron con nosotros, los seminaristas, en una experiencia de fraternidad que difícilmente podremos olvidar. Es un momento fundante, la fraternidad entre los hermanos en el Señor, que se hace posible por la participación en el Sacramento del orden sacerdotal, hacia el cual caminamos… vemos en ellos cumplida la promesa del Señor que nos invita a permanecer con Él, para desde Él, salir a la misión. Este es el plan de la misión.

¿Qué te enseñó la gente que te encontraste allí?

Lo más importante para ellos: la fe en Dios y en su misericordia, a pesar de las dificultades. Recuerdo que, el mismo día que fuimos caminando a Nueva Esperanza pasamos por una pequeña choza en mitad de la selva, de las más humildes que nos encontramos, y allí vivía sola una mujer muy anciana. Después de recibir la Unción de enfermos nos dijo: “Yo pertenezco al Apostolado de la oración”. Todos nos quedamos impresionados, porque que éramos conscientes de lo que esto significaba: Que la oración de esta mujer, en un lugar realmente escondido en el mundo, colaboraba con Dios en la obra de la Redención. No sólo le importaba su salvación personal, sino que, de una forma sencilla, se estaba ofreciendo para que realizase el Reinado de Cristo en la tierra y en los corazones de los que no le conocen o le rechazan. ¡Y nosotros, a veces, nos cuesta tanto entender este sentido de la oración y ofrecernos de esta manera todos los días!

También me di cuenta del valor de la fe en Jesucristo y su Iglesia para estructurar la cultura, la sociedad y la familia. Sin duda las familias católicas, aquellas que vivían de forma activa su fe, encuentran fundamentos fuertes para sostener su familia, basándose en la oración, el diálogo y el perdón, y formando un escudo frente a las fuertes amenazas a las que se ven conducidas muchas personas allí. Son verdaderamente felices. Nos decía Wilmer, uno de los animadores, casado y padre de cinco hijos: “Nuestra familia es como ustedes la ven, sencilla, humilde, pobre, pero considero que, en espíritu, estamos ricos”.

Por eso no puedo olvidar al resto de misioneros, laicos, animadores, familias misioneras, las Hermanas Obreras, las Salesianas y tantos llamados a seguir los pasos del Señor y que nos dieron un testimonio muy grande de entrega… Es la Iglesia Católica, que prolonga el misterio de Dios que se ha hecho carne, que se acerca hasta los lugares más inaccesibles para llevar el consuelo y la salvación a tantas personas. Es la llama encendida, luz y referencia para la sociedad en la que viven.

Toda esta experiencia, casi a vista de pájaro, ayuda al discernimiento vocacional como futuros “pastores misioneros” al servicio de la Iglesia. Pero las necesidades son grandes: “La mies es mucha y los obreros son pocos. Rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies” (Mt 9,38). El Señor sigue llamando a su misión a muchos corazones, pero quiere que se lo pidamos en la oración, para que su Palabra sea acogida por tantos y tantos jóvenes llamados a ser sus testigos hasta los confines del mundo.

¿Cómo cambió tu vida al volver a tu vida cotidiana?

Con un deseo grande de crecer como cristiano, de profundizar en mi bautismo. Ser consagrados de Dios, vivir para Él, para agradarle a Él y servirle, ha de realizarse en “estado de misión” como discípulos misioneros, con el convencimiento de que Jesús quiere llegar a todos los corazones, y especialmente a los más desfavorecidos de la sociedad. “Contigo y como Tú”.

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Cesión de la Diócesis al Ayuntamiento de Montalbán

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Cesión de la Diócesis al Ayuntamiento de Montalbán

El consistorio recibe la vivienda adyacente a la Ermita Madre de Dios durante veinticinco años

La diócesis de Córdoba ha cedido al Ayuntamiento de Montalbán la vivienda adyacente a la Ermita Madre de Dios de la localidad. Dicho inmueble se encuentra en mal estado de conservación y es necesaria una rehabilitación a medio plazo. El Ayuntamiento ha mostrado su interés en formalizar la cesión de la casa con el fin de rehabilitarla y destinarla a actividades que redunden en el engrandecimiento del patrimonio e historia de la localidad, especialmente la ejecución de un museo etnográfico.

En el convenio firmado por el ecónomo diocesano, José Luis Vidal, y el alcalde de Montalbán, Miguel Ruz, se expone que la Diócesis es dueña en pleno dominio de la vivienda adyacente a la ermita Madre de Dios, situada en la calle Madre de Dios, número 2 de la localidad. Ambas partes acuerdan que la duración del convenio de cesión es de veinticinco años, tras los cuales podrá renovarse por un periodo igual mediante acuerdo expreso y por escrito de ambas partes.

Por su parte, el consistorio se compromete a iniciar las obras antes de tres años, de lo contrario, la Diócesis puede resolver la cesión. Asimismo, una vez iniciadas las obras, éstas podrán extenderse durante el tiempo necesario hasta la completa rehabilitación.

Las actividades políticas o que vayan en contra de la religión o moral católicas quedan excluidas expresamente en el convenio y se le reconoce a la parroquia Santa María de Gracia la posibilidad de hacer uso del inmueble para sus actividades pastorales, solicitando permiso al Ayuntamiento, siempre que sean compatibles con el uso que el consistorio le haya dado.

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Jueves, 25 de febrero

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Retiro espiritual de los sacerdotes en el inicio de la Cuaresma

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Los sacerdotes de la diócesis de Guadix celebraron el inicio de la Cuaresma con un retiro espiritual, que estuvo dirigido por el obispo accitano, D. Francisco Jesús Orozco. El retiro tuvo lugar el miércoles 24 de febrero, en la iglesia del Sagrario, de Guadix, donde los asistentes pudieron mantener la adecuada distancia de seguridad.
El retiro comenzó con la Exposición del Santísimo a la que siguió una reflexión para motivar, en la que el prelado habló de la llamada a l conversión que supone la Cuaresma. Tentaciones y pecado son dos realidades muy presentes en la vida de cualquiera, también de los sacerdotes, y la Cuaresma nos invita a ser muy conscientes de ellas para poder superarlas. Con referencias continuas a la Biblia y otros textos del Magisterio, sobre todo del papa Francisco y su último Mensaje de Cuaresma, D. Francisco Jesús animó a los sacerdotes a aprovechar este tiempo de Cuaresma para salir fortalecidos frente a las tentaciones.

Al final, hubo un tiempo de meditación, que también fue aprovechado para recibir el sacramento de la Penitencia.
El retiro, al que asistió la mayor parte del clero diocesano, terminó sin la habitual comida en fraternidad, ya que no se podía celebrar dada la situación sanitaria.
Antonio Gómez

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San Valerio de Astorga

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San Valerio de Astorga

valerio1Valerio, confesor († s. VII)

Santo de heroicas virtudes y de invicta paciencia en la adversidad.

Nacido en Astorga y cristiano desde pequeño. La región del Bierzo es el escenario de sus virtudes y de su vida. Quiso entrar en el monasterio que fundó san Fructuoso en Compludo, pero por razones todavía hoy desconocidas no pudo entrar.

Fallido el intento monacal, comienza una vida de oración y penitencia viviendo al estilo de los antiguos eremitas. Su modo de vivir, poco frecuente en la época, hace que de boca en boca vaya pasando la noticia de su existencia entre los habitantes del lugar que empiezan a visitarle en la ermita que hay junto al castillo llamado de la Piedra, en Astorga. Allá concurren con deseos de escucharle y de ser confortados en sus penas. El clérigo el cuidador de la ermita sólo comienza a interesarse por ella cuando advierte el sonar de las monedas y huele los pingües beneficios de las ofrendas; como se posesiona de ellas de mala manera, el santo se marcha para no facilitar su codicia extrema; pero hasta los pocos libros que tenía hubo de dejarlos en la ermita por considerar el clérigo chupón que fueron de ella.

La gente del lugar le echa de menos y le sugieren un nuevo sitio para vivir, rezar y predicar. En Ebronato le edifican los fieles un oratorio donde se instala y recomienza. Como la gente se arremolina en torno a él, el obispo nombra un presbítero para que atienda la pequeña iglesia construida; Justo se llama el pastor y su justicia en el nombre se queda. De nuevo queda Valerio sin techo y reducido a la miseria. La gente sigue queriéndole y sufre la mala envidia de Justo que en alguna ocasión llegó a emplear la violencia física contra Valerio.

En el mismo Bierzo, allí donde Fructuoso fundó el monasterio de san Pedro, encuentra un lugar tranquilo y puede reanudar una vez más su vida penitente y orante de eremita. El obispo de Astorga, Isidoro, le llama y pide su compañía para asistir al concilio de Toledo, al que no llegan por la muerte del prelado.

También escribió dejando por escrito testimonio de la época. Esta literatura se conservó en el monasterio de Carracedo y la mantuvo como tesoro la iglesia de Oviedo. Su pluma dejó a la posteridad la vida de san Fructuoso, un abundante grupo de máximas y consejos a los religiosos del Bierzo, las revelaciones de los monjes Máximo y Bonelo y la historia del abad Donadeo.

Terminó su vida a finales del siglo VII y sus reliquias se conservaron en el Altar Mayor de la iglesia del monasterio de san Pedro de los Montes, de la orden benedictina, cerca de Ponferrada.

A quien se interna en su vida le da la sensación de que Dios lo preparó para la contrariedad. Y lo muy curioso del caso es que sus enfrentados siempre fueron clérigos. ¿Tan feo les pareció Valerio? Muchos de los buenos afirman, con pueril benevolencia, que es muy difícil convivir en esta tierra con un santo verdadero; pero quizás no caen en la cuenta de que a quien seriamente le cuesta convivir con los demás es al que lleva vida recta.

Fuente: Spider + archimadrid

http://www.santopedia.com/santos/san-valerio-de-astorga

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