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Un recuerdo de la Cruz de Lampedusa en el aniversario de su recorrido por la Diócesis de Huelva

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A las 12h del sábado 22 de febrero de 2020 llegaba la Cruz de Lampedusa a la Diócesis de Huelva, en un furgón de la Diócesis de Asidonia-Jerez, custodiada por tres hermanos, con el celo propio de conocer el bien que transportaban y tras haber disfrutado de su estancia allí durante la semana anterior. Así relata su estancia el director del Secretariado Diocesano de Migraciones, Emilio Muñoz Jorva:

Fueron recibidos en la parroquia de San Juan Bautista de La Palma del Condado, por el párroco y miembros del Secretariado de Migraciones de Huelva, quienes serían portadores en su recorrido por nuestra diócesis.

En cuanto se instaló esta cruz realizada con restos de maderos de naufragios en el Mediterráneo llamaba a nuestros corazones.

El papa Francisco la bendijo en 2014 con el ruego de que recorriera el mundo como signo de fraternidad y acogida entre todos. “Portala Ovunque” -Llévala por todas partes-. Y así, bajo este mandato, recorrió nuestra diócesis y se encontró con nosotros.

Despintada, con la huella de muchos clavos, con madera astillada, sencilla, trabajada, dolida, rodeada de salvavidas, una brújula y claveles, florecidos y mustios, completaban una escena con muchas lecturas.

La corta distancia a esta cruz nos acercaba a nuestros hermanos migrantes, convirtiéndose en una oportunidad para encontrarnos con el sufrimiento de tantas personas, para despertar nuestras conciencias adormecidas y alejadas de la realidad, en particular de lo que pasa en nuestra frontera sur.

El servicio de comunicación diocesano, en una entrega especial, siguió minuto a minuto su tránsito y lo difundió para que llegara a todos. Las noticias diarias en redes sociales anunciaban que algo extraordinario estaba pasando.

Pudimos acompañar la Cruz, reflexionando y orando, en muchos puntos de encuentro.

Inició su recorrido silenciosamente en La Palma del Condado, después Trigueros donde comenzaros los testimonios de quienes consiguieron llegar desde distintos puntos dejando atrás un pasado tortuoso y afrontando un futuro incierto, con sus familias allí, lejos, sin saber cuándo ni cómo se reencontrarán. Tocó Huelva en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en un acercamiento a la realidad de los menores acogidos en centro tutelados.

Visitó Cartaya entre multitudes, Palos de la Frontera, recordando que el mundo de la fresa encierra posibilidades de promoción al migrante, pero también explotación en un momento en el que la producción agrícola se ve ninguneada por los vaivenes de la economía y los mercados europeos… ¿a qué sabe la fresa?

Volvió a Huelva iniciando un recorrido por colegios, magnífico trabajo de educadores redefiniendo el significado que la cruz encierra para que los más jóvenes pudieran conocer y palpar una realidad fuera de su confort. Las mañanas se llenaron con los más jóvenes en torno a la cruz. San Vicente de  Paul –Hijas de la Caridad-, María Inmaculada -HH de la Cruz,  Santa María de Gracias –Agustinas-, Funcadia –Jesuitas- ,… muchos niños y niñas, adolecentes y jóvenes, cientos, en turnos para recibir una enseñanza entre la catequesis y las humanidades, entre el hoy y el mañana, entre la fe y el sentido común. Todo por un mundo mejor.

La cuaresma entró con la cruz en la Catedral el miércoles ceniza. Circunstancialmente oportuna la coincidencia que permitió que la llamada a la conversión permanente tuviera un marco especial en los que sufren hoy.

La presencia en la Concepción referenció el sufrimiento de migrantes con las madres, que ven a diario cómo se les van sus hijos e hijas, muchas veces sin rumbo, y con el eco de noticias inciertas en el deseo y la esperanza de que no tengan nombre de los suyos. María migrante, María ante el dolor, María expectante,… cuántas María esconde esta cruz. En la Milagrosa -Estrella del Mar- nos adentramos en la trata de personas, un mal que trae sufrimiento a millones de personas en todo el mundo y cuyo origen está en la vulnerabilidad que infringimos a los más débiles.

El Condado volvió a recibir la cruz como bien sabe responder a las citas importantes, con estampas únicas, en Villalba del Alcor contemplativa, en Rociana jubilosa y cercana, en Moguer romántica, en Almonte rociera, pero en todas con una oración sentida. Una comarca con altos índices de migración.

Del Condado a la Costa, Isla Cristina, Lepe, Ayamonte,  donde la cercanía al mar con referencias al naufragio hizo que esta cruz se hiciera aún más cercana y más doliente. También llegó a los asentamientos.

Rompiendo distancias y horarios la cruz arribó a Santa Olalla de Cala, en vigilia de oración nocturna. Al alba salía para presidir el retiro de la cuaresma en el Seminario Diocesano, y seguir por barrios periféricos.

El domingo 8 de marzo, cuando empezábamos a mirar con sorpresa la llegada del “virus” que nos arrasa, se despidió la cruz de nuestra Diócesis en Chucena. Nos acompañó Graziella Cuccu, embajadora para la cruz, quien manifestó tras la marcha “…he asistido a actos de despedida más multitudinarios pero no tan cercanos como en Huelva…”

En la Ermita de la Divina Pastora, fue despedida. Esta cruz, que nos habló de migrantes, de refugiados, de personas que sufren un verdadero “calvario” en su camino en busca de un futuro mejor, partía hacia Cádiz, para seguir su peregrinación por el mundo.Como curiosidad referir que el confinamiento la retuvo en Algeciras, en la iglesia de los Trinitarios, mirando a África al fondo del estrecho de Gibraltar.

En definitiva, quince días en nuestras tierras avivando ese sentimiento oculto que nos invade, que nos divide entre débiles prioridades que siguen permitiendo que esta tragedia humana sea permitida y se haya normalizado, sin que encontremos soluciones. Todos los que la acompañaron se vieron retratados ante esta cruz.

A ver si entendemos que aunque queramos enmascararlo “no se trata solo de migrantes”, se trata de nosotros, de nuestros miedos, de nuestra sociedad, de la condición humana, … y de tanto sufrimiento inútil.

Como describía ante la cruz un voluntario que la portó, “… siento muchas manos agarradas al tablero sin dejar de mirar, a un horizonte si es de día y a la nada si es de noche, mucho miedo. Si te acercas hasta llegar junto a la cruz, comprenderás el final. Ninguno de ellos llegó. Ninguno volvió…”.

Ahora en Cuaresma, cuando se incrementan los cultos y los viacrucis que recuerdan el valor redentor del sufrimiento de Cristo, debemos valorar que los sufrimientos de Jesús continúan en el sufrimiento de cada persona que lucha por encontrar una vida digna, dejando su casa y su familia para aventurarse en un futuro tan incierto como peligroso.

Emilio Muñoz Jorva,
dir. Secretariado diocesano de Migraciones

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Seminario Redemptoris Mater, llamados al sacerdocio en misión

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La Vicaría para la Celebración de la Fe publica un Subsidio Devocional para esta Cuaresma y Semana Santa

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Hemos iniciado ya el tiempo de Cuaresma y las hermandades de penitencia de nuestra Diócesis de Huelva están inmersas en los preparativos de sus cultos, observando la normativa sanitaria y con el espíritu de prudencia que aconseja la situación provocada por la pandemia actual. Todos somos conscientes de la imposibilidad de celebrar las estaciones de penitencia y otros actos de piedad y de culto externo en la forma habitual a la que estamos acostumbrados. Pero, esto no ha de mermar nuestra forma de “vivir y sentir” la Cuaresma y Semana Santa.

A pesar de que las salidas procesionales en estación de penitencia constituyen uno de los momentos cumbres para nuestras hermandades, la vida litúrgica no se limita a estos bellísimos actos de culto externo, sino que se plasma en innumerables momentos de fe, de oración y de caridad a lo largo del año.

Siguiendo lo dispuesto por el Sr. Obispo en el Decreto sobre la celebración de cultos, estaciones de penitencia y procesiones de las hermandades y cofradías en la Diócesis de Huelva: “Los párrocos y directores espirituales, en colaboración con sus hermandades y cofradías, asociaciones de fieles o grupos eclesiales, organizarán el modo en que los hermanos puedan expresar la devoción a sus sagrados titulares de forma personal y comunitaria, especialmente en el día en el que les corres-pondería celebrar sus estaciones de penitencia.”

La situación actual invita pues a nuestras hermandades a reorientar las celebraciones propias de estas fechas, enfocándolas más intensamente si cabe, hacia el Triduo Pascual, momento culminante del año litúrgico. Como bien nos recuerda el Sr. Obispo en su decreto: “Se exhorta a las hermandades y cofradías, asociaciones de fieles y a todos los fieles cristianos a vivir con especial devoción las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa en sus parroquias y comunidades, especialmente las del Triduo Sacro.”

El uso de las nuevas tecnologías posibilita que muchas personas por su estado de salud, por su edad avanzada o por el mismo aforamiento, puedan participar desde sus casas, uniéndose espiritualmente a cada una de las celebraciones de su parroquia o hermandad. Es muy loable el esfuerzo que muchas corporaciones hacen para que lleguen a todos sus hermanos las celebraciones propias de su vida de fe. Aunque, en la medida de lo posible y sin menoscabo de las recomendaciones sanitarias, es aconsejable que aquellos que puedan hacerlo participen presencialmente de estas celebraciones.

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Cáritas y la promoción de la mujer vulnerable y en riesgo de exclusión

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Ante la celebración el 8 de marzo del Día de la Mujer, Cáritas Diocesana de Huelva lleva años trabajando  de manera transversal dentro de todas sus áreas el tema de la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, así como poniendo el énfasis en la detección de situaciones de especial vulnerabilidad  que pueden sufrir las mujeres.

Además desde Cáritas se pone el foco en el agravamiento de la situación de vulnerabilidad de las mujeres que sufren algún tipo de violencia por ser mujer. Estas situaciones son acompañadas a través del proyecto ‘Atención a las mujeres en situación de marginalidad’, más conocido como proyecto AMMAR y los talleres de intervención y educación familiar que se organizan desde el Área de Familia.

Hay que tener en cuenta que la población de mujeres que Cáritas Diocesana de Huelva atiende está constituida por mujeres que viven distintas situaciones de pobreza, exclusión, marginación y violencia. Son mujeres tanto españolas como inmigrantes, víctimas de discriminaciones importantes y múltiples, que muchas veces tienen imposibilidad de acceder a sus derechos más básicos (educación, vivienda y empleo). Además, la figura principal que acude a los espacios de acogida son fundamentalmente mujeres, ya que son las que habitualmente encabezan sus familias. Por otro lado hay un porcentaje muy alto de familias monoparentales con hogares encabezados por mujeres. Son ellas las que en la mayor parte de los casos asumen la responsabilidad de tirar hacia delante con sus familias porque muchas veces sus parejas no desempeñan un papel importante en el entorno familiar.

En muchas ocasiones hay conductas y sucesos en sus vidas que inciden muy negativamente en la salud integral de estas mujeres: distintos tipos de dependencia, ser víctima de explotación sexual o estás en contexto de prostitución, vivir o haber vivido malos tratos físicos y psicológicos, no tener pautas claras de cuidados de la propia salud… Por ello es importante dar una respuesta para fortalecer su salud integral. En este sentido, Cáritas Diocesana de Huelva desempeña acciones concretas para paliar esta problemática. Dentro del proyecto AMMAR para  promover la igualdad de género y favorecer la integración social y el desarrollo personal de las mujeres, se desarrollan talleres orientados a mejorar su promoción, como son un taller artesanal y otro de peluquería y estética que llevan de la mano talleres transversales de género e igualdad, habilidades personales y sociales. Además de esta actividad, se visita a las mujeres en situación de calle para conocer su realidad en primera persona y crear un vínculo que impulse el trabajo con la mujer. También, según la problemática de la mujer, se comienza a trabajar un proceso personal con la mujer donde ella es la protagonista de su propio cambio donde es acompañada en todo momento.

Las mujeres que se atienden en este proyecto han vivido durante mucho tiempo en la exclusión social, por lo que vienen muy deterioradas a todos los niveles, tienen graves dificultades para su inserción social, sienten indefensión, pierden el control de su vida y de sus sentimientos. Este estado se acaba generalizando y la mujer termina en un estado de indefensión aprendida, pensando que no puede conseguir avanzar en su vida.

Algunas de las características comunes que experimentan las participantes  es que suelen tener baja autoestima y baja cualificación laboral, manifiestan malestar consigo mismas y muestran una tendencia a infravalorar sus capacidades, conocimientos y habilidades. “Otro sentimiento que les acompaña es la ansiedad y la depresión, tienen dificultad para tomar decisiones, experimentan una gran inseguridad, miedo a hacer frente a situaciones nuevas, poco apoyo tanto familiar como social, acoso por parte de la pareja, son cabezas de familia con dificultad de horarios y urgencias de ingresos económicos para hacer frente a sus necesidades y a las de sus hijos e hijas”, cuenta Petri Chaparro técnica del proyecto AMMAR Puertas Abiertas.  Con esta acción, Cáritas Diocesana de Huelva es ofrecer un acompañamiento integral a estas mujeres, para que no se sientan sola en su proceso y tengan asegurado el acceso a los recursos socio sanitarios que ofrece la comunidad.

Otra de las acciones realizada desde el Área de Familia en las parroquias de Huelva ciudad cabe destacar el trabajo de intervención y educación familiar que se realiza en varias parroquias desde hace más de cinco años. Se trata de una acción que se va consolidando en algunas parroquias de la periferia de Huelva  como son la de San Francisco de Asís, la de Sagrada Familia, Ntra Sra del Carmen y Ntra Sra de los Dolores, que siguen apostando por tratar de ofrecer una respuesta integral a las problemáticas y necesidades detectadas en las familias atendidas. En ellos participan mujeres jóvenes con graves dificultades socioeconómicas, a las que se acompaña durante varios meses con el fin de promover su desarrollo y crecimiento personal, detectando y trabajando sus carencias y reforzando sus capacidades o potencialidades de manera que se conviertan en protagonistas de su proceso de cambio, y se involucren más en la resolución de sus problemas.

La ventaja de trabajar de forma grupal es el poder generar espacios de relación, de encuentro y de aprendizaje donde se acompaña a las mujeres desde la cercanía, desde la cotidianeidad de sus circunstancias. Es un lugar donde ellas pueden abrirse y compartir miedos, dificultades y logros, reducir el estrés y la ansiedad, donde se potencia el conocimiento personal y puedan reconocerse como personas valiosas y capaces de mejorar su vida.

Hay que tener en cuenta que estas mujeres, que en su mayoría son portadoras de la situación propia y la de sus familias y llevan el peso de los problemas, no disponen de espacios de aprendizaje, de apoyo, de escucha de sus preocupaciones e incluso de ocio. El trabajo en grupo se convierte para ellas es un espacio no sólo de aprendizaje sino también de terapia personal. Supone un tiempo que dedican a ellas mismas, al encuentro consigo mismas y con las demás.

Desde esta realidad cobra importancia la necesidad de realizar un trabajo integral con las mujeres teniendo en cuenta todos los ámbitos de la persona y  trabajar con ellas desde un proceso educativo que contemple sus capacidades y posibilidades y su desarrollo en algunas dimensiones como la adquisición de competencias personales, socio-familiares, domésticas, hábitos saludables y prácticas de autocuidado físico, reducción de conductas de riesgo y prevención de la violencia de género.

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Así se celebrará en la diócesis la Semana Santa 2021

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La Vicaría General, siguiendo las directrices del Obispo, ha emitido una Nota en la que concreta, a partir de lo establecido por los organismos correspondientes de la Santa Sede y la Conferencia Episcopal, el modo en que se celebrará en la diócesis la Semana Santa 2021.

El documento recomienda la participación presencial en las celebraciones, las cuales han respetar las normas emanadas de las autoridades sanitarias en la lucha contra el virus, así como fomentar el sacramento de la Penitencia.

El Domingo de Ramos, en las parroquias y demás lugares de culto se utilizará la forma tercera –entrada simple– y no habrá reparto de palmas y olivos ni bendición de los mismos.

El Martes Crismal a las 11 horas en la Catedral se celebrará la Misa Crismal, dadas las restricciones de aforo podrán participar los sacerdotes y solo algunas personas de la vida consagrada y fieles laicos con expresa invitación del obispado.

En cuanto al Jueves Santo, si las circunstancias lo requieren, podrá celebrarse en la tarde más de una Misa en la Cena del Señor. Podrá realizarse el traslado del Santísimo al Monumento, pero no el lavatorio de los pies.

El Viernes Santo, los cultos propios del día comenzarán a realizarse a partir de las doce. El modo de llevar a cabo la veneración de la Cruz varía, al tener que permanecer las personas en el lugar que ocupan en el templo.

La celebración más importante del Año Cristiano, la Vigilia Pascual, también se verá afectada por la actual situación. La Nota establece que cada sacerdote solo podrá celebrar una Vigilia. No podrá iniciarse antes de las 20 horas y finalizar a tiempo para que los fieles retornen a casa. No habrá reparto de velas y la liturgia de la Palabra podrá realizarse en la forma breve. Igualmente, el documento pide potenciar la solemne celebración del Domingo de Resurrección aumentando el número de misas, si fuera preciso.

La Nota de la Vicaría también recuerda el decreto del Obispo del pasado  26 de enero, por el que quedaban «suspendidos todos los actos religiosos fuera de los templos, tales como procesiones, viacrucis y cualquier otra manifestación de fe en la vía pública. En los templos, solo podrá celebrarse la procesión claustral con el Santísimo Sacramento el Jueves Santo para el traslado al Monumento y el Domingo de Resurrección al finalizar la eucaristía, permaneciendo los fieles en sus respectivos asientos».

NOTA SOBRE LA CELEBRACIÓN DE LA SEMANA SANTA 2021

A partir de las Notas de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de 17 de febrero de 2021 y de la Comisión Episcopal para la Liturgia de la Conferencia Episcopal Española de 3 de marzo. Teniendo en cuenta, además, el Decreto emitido por el citado Dicasterio, el 25 de marzo de 2020, siguiendo las indicaciones del Obispo, máximo responsable y moderador de la vida litúrgica en la diócesis, la celebración de la Semana Santa de 2021 se realizará del modo siguiente:

          a) Observaciones de carácter general.

Siempre que sea posible, desde un discernimiento responsable que ha de hacer cada fiel, se recomienda la participación presencial en la celebración, formando parte activa de la asamblea.

Aquellos fieles que, por razón de edad, enfermedad, o de prudencia sanitaria, no puedan participar presencialmente en las celebraciones, síganlas por los medios de comunicación.

En todas las celebraciones se deberán respetar las normas emanadas de las autoridades sanitarias en la lucha contra el virus: el aforo de los templos, las recomendaciones sanitarias e higiénicas para hacer de los lugares de culto espacios sanos y seguros, el uso de la mascarilla, disponibilidad de gel hidroalcohólico, distancia social, ventilación de los espacios, etc.

Prepárense con sumo cuidado las celebraciones, eligiendo bien las alternativas que propone la Liturgia y acogiendo de buen grado las indicaciones para adaptarlas a este tiempo de pandemia.

En las distintas celebraciones se ha de reducir al mínimo necesario el número de ministros que intervienen –acólitos, lectores, etc.–, sin que ello desdiga de la dignidad de la celebración.

En cuanto al canto habrá que seguir las disposiciones de las autoridades sanitarias para ese momento. Es preciso tener en cuenta que estamos en una pandemia y, por tanto, hay que respetar siempre las medidas de precaución adecuadas –uso de mascarilla en todo momento, ventilación y distancia de seguridad entre las personas– igualmente es pertinente no actuar como si nos encontráramos en una situación sanitaria normalizada.

Evítese la distribución de subsidios para el canto en soporte de papel, o cualquier tipo de folleto explicativo de la celebración, por el riesgo que conllevan ante un posible contagio.

Se recomienda vivamente que se cuide y fomente el Sacramento de la Penitencia. Se ruega a los sacerdotes una mayor disponibilidad para que los fieles puedan celebrar este Sacramento, con todas las medidas de precaución, distancia social, ventilación y discreción.

Siguiendo el decreto del Obispo del pasado 26 de enero, quedan suspendidos todos los actos religiosos fuera de los templos, tales como procesiones, viacrucis y cualquier otra manifestación de fe en la vía pública. En los templos, solo podrá celebrarse la procesión claustral con el Santísimo Sacramento el Jueves Santo para el traslado al Monumento y el Domingo de Resurrección al finalizar la eucaristía, permaneciendo los fieles en sus respectivos asientos.

         b) Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.

Para la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén se evitará la forma primera descrita por el Misal –procesión–. En las parroquias y demás lugares de culto se utilizará la forma tercera –entrada simple–.

  • No habrá reparto de palmas y olivos ni bendición de los mismos. Solamente el que preside la celebración podrá portar uno

       c) Misa Crismal.

 Se celebrará el Martes Santo a las 11 horas en la Catedral. Cada sacerdote ha de llevar alba, estola y su porta viático. La participación de los fieles estará limitada a algunos representantes de la vida consagrada y consejos de pastoral con invitación expresa desde la diócesis.

     

      d) Jueves Santo.

Dado que este año la celebración se hará con participación del pueblo, no se omita la procesión y la reserva del Santísimo Sacramento para la adoración y la comunión al día siguiente. Facilítese, en la medida de lo posible, que los fieles puedan dedicar un tiempo de adoración, respetando siempre los horarios de restricción de la libre circulación de los ciudadanos que se establezcan en cada lugar.

Si se van a celebrar varias Misas de la Cena del Señor en la misma iglesia, háganse por la tarde y omítase, salvo en la última, la reserva solemne del Santísimo. En caso de que el bien de los fieles lo precise, podrá celebrarse a mediodía la Eucaristía.

  • Ha de omitirse el rito del lavatorio de los pies
  • Si no se va a celebrar el Triduo completo en alguna iglesia, no se haga la reserva eucarística solemne.
  • Además, si no se ha celebrado la Misa vespertina de la Cena del Señor, evítese una adoración eucarística desvinculada de dicha celebración.

     

      e) Viernes Santo.

Según las necesidades de cada lugar se podrán realizar una o varias celebraciones de la Pasión del Señor, siempre a partir de las 12 horas.

En la oración universal se utilizará el formulario habitual con el añadido de la intención especial que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el pasado año (Decreto Prot. N. 155/20). El texto de la intención, que se añade entre la IX y la X, es el siguiente: IXb. Por quienes sufren en tiempo de pandemia.

  • Oremos también por todos los que sufren las consecuencias de la pandemia actual: para que Dios Padre conceda la salud a los enfermos, fortaleza al personal sanitario, consuelo a las familias y la salvación a todas las víctimas que han muerto.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, singular protector en la enfermedad humana,

mira compasivo la aflicción de tus hijos que padecen esta pandemia;

alivia el dolor de los enfermos, da fuerza a quienes los cuidan,

acoge en tu paz a los que han muerto y, mientras dura esta tribulación,

haz que todos puedan encontrar alivio en tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.

  • En el momento de la adoración de la cruz el celebrante lo hará con una genuflexión o una inclinación profunda. El resto de la asamblea lo hará por medio de una genuflexión, inclinación profunda o cualquier otro gesto adecuado, cuando la cruz sea mostrada, y lo realizará cada uno sin moverse de su lugar. Se podría invitar, también, a todos los participantes a la liturgia a que hagan un momento de oración, en silencio, mientras se contempla la cruz. Se evitará, en cualquier caso, la procesión de los fieles en este momento de la celebración.

        f) Vigilia Pascual

Dada la situación sanitaria previsible en la que estará la diócesis, solo podrá celebrar cada sacerdote una Vigilia Pascual. La misma se realizará no antes de las 20 horas y deberá concluir con tiempo suficiente para retornar a casa antes del toque de queda establecido para ese momento.

El “inicio de la vigilia o lucernario” se puede hacer a la entrada del templo. El celebrante principal deberá estar acompañado por un número limitado de ministros, mientras todos los fieles se mantendrán en sus lugares. No habrá reparto ni los fieles portarán velas. Se bendice el fuego, se hacen los ritos de preparación y se enciende el cirio tal como indica el Misal. El sacerdote y los ministros, manteniendo la distancia de seguridad, hacen la procesión por el pasillo central y, si es posible, se cantan o se realizan verbalmente las tres invocaciones “Luz de Cristo”. Después de las invocaciones se realiza el Pregón Pascual en la forma acostumbrada.

Sigue la “Liturgia de la palabra”. Por razones de brevedad puede acortarse el número de las lecturas, pero procúrese darle la relevancia adecuada a este momento de la celebración. En ningún caso se debería reducir a una Liturgia de la Palabra normal de un domingo, únicamente con tres lecturas. Al menos se han de hacer dos lecturas del AT (la del Éxodo y una profética), con sus salmos, y las dos lecturas y el salmo del NT.

La “Liturgia bautismal” se celebra tal y como viene indicada en el Misal. La presencia de la asamblea aconseja no omitir el rito de la aspersión después de la renovación de las promesas bautismales. Tómese la precaución, sin embargo, de evitar el contacto con el agua que se va a bendecir cuando esta se prepare, y que el sacerdote higienice las manos con gel hidroalcohólico antes de la aspersión.

No parece aconsejable, dadas las circunstancias, celebrar el bautismo de niños durante la Vigilia Pascual. Si se han de administrar los sacramentos de la Iniciación Cristiana a adultos o si al final se celebra el bautismo de algún niño, hágase con todas las medidas higiénicas y sanitarias que garanticen que los signos y ritos se hagan adecuadamente, pero de forma segura, especialmente los que implican el contacto, como las unciones.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, cada párroco programará del modo más solemne posible el Domingo de Resurrección para que cada comunidad pueda celebrar adecuadamente tan señalado día, para lo cual se recomienda aumentar las celebraciones en la mañana o en la tarde.

Seguimos rezando por el fin de la pandemia, por los difuntos, los enfermos y sus familias, y por todos los que dedican su esfuerzo a paliar las consecuencias de esta crisis que estamos viviendo, esperando que la celebración de los días de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor sean un auténtico encuentro con Él, que fortalezca la fe, esperanza y caridad de todos los fieles.

La Laguna a 5 de marzo de 2021.

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El obispo de Zamora impartirá los ejercicios espirituales para sacerdotes en junio

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“El triunfo final es el Amor infinito de nuestro Dios”

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Homilía en la Misa del viernes de la II semana de Cuaresma, el 5 de marzo de 2021.

Con los sacerdotes mayores y enfermos

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El obispo de Guadix ha visitado en estos días al sacerdote Francisco Domingo Lorén, jubilado, y el delegado para el clero ha hecho lo mismo con otros dos sacerdotes mayores que han pasado por el quirófano, José Díaz y Cayetano Rosel

La situación de pandemia que estamos viviendo hace que no se puedan realizar todas las visitas que se quisieran a los sacerdotes mayores y enfermos que están en las residencias o en sus domicilios particulares. Hay que ser muy cuidadosos y respetar todas las indicaciones que las autoridades socio-sanitarias van indicando. Pero lo que no podemos olvidar es que ellos forman parte del presbiterio diocesano, y el obispo está continuamente interesándose por ellos.

Ellos pasaron por los distintos pueblos de la diócesis derramando la gracia de Cristo por medio de los sacramentos, colmando con sus bendiciones a los fieles que el obispo les había encomendado en aquel momento.

Llega un momento en que, por los años que van cumpliendo, por haberse entregado plenamente a Cristo y desgastado, ya no pueden tener ninguna encomienda pastoral, viviendo en alguna residencia o en sus domicilios particulares. Pudiera pensarse que ya han hecho mucho por la Iglesia y que, a su edad, ya no les queda más por hacer, pero no es así: su oración siempre nos acompaña. Por ello, sería una equivocación dejarlos olvidados, en el anonimato. Y el obispo, que no quiere eso, tiene una gran preocupación por las sacerdotes mayores y enfermos, está con ellos, los tiene presentes en sus plegarias.

Cuando nos acercamos a ellos, aunque ahora sea sobre todo por medio del teléfono, es un gran favor que a ellos les hacemos, compartiendo nuestro tiempo: porque mucho mayor es el tesoro que tienen y pueden dejarnos, si lo aprovechamos.

Tampoco podemos olvidar a los que ya están en su última etapa de la vida, y que pregustan ya aquí la felicidad eterna que les espera en el cielo, y se refleja en sus rostros, y en sus conversaciones. Recemos por todos ellos.

Un ejemplo de esta preocupación lo hemos podido vivir en estos días cuando Don Francisco Jesús, junto con el delegado del clero y el párroco de Santiago, en Guadix, visitaban en su domicilio al sacerdote Francisco Domingo Lorén, para estar un rato con él, interesarse por su salud. También en estos días el delegado del clero ha visitado a dos sacerdotes que han sido intervenidos quirúrgicamente, José Díaz y Cayetano Rosel.

José Antonio Martínez Ramírez

Delegado para el Clero.

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Nota de la Conferencia Episcopal sobre las celebraciones de Semana Santa en 2021

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Después de un año entero, nuestro mundo sigue afrontando la lucha contra la pandemia del COVID-19 y sus consecuencias, auténtico drama que ha afectado a casi todas las dimensiones de la vida de las personas.

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos nos recuerda que la pandemia también ha influido en la vida litúrgica de la Iglesia, y que “las normas y directrices contenidas en los libros litúrgicos, concebidas para tiempos normales, no son enteramente aplicables en tiempos excepcionales de crisis como estos”[1].

De cara a las celebraciones de la Semana Santa y del Triduo Pascual, en este año 2021, que por segunda vez se desarrollan estas circunstancias difíciles, la Comisión Episcopal para la Liturgia de la Conferencia Episcopal Española quiere acoger las indicaciones de la Congregación para dichas celebraciones, publicadas en la Nota para los Obispos y las conferencias episcopales sobre la Semana Santa 2021, del pasado 17 de febrero.

Se ha hecho un esfuerzo para adaptarlas a la realidad y circunstancias de nuestro país, y ofrecerlas a los Obispos de España, máximos responsables y moderadores de la vida litúrgica en sus respectivas diócesis, como instrumento y orientación para vivir el momento central del Año Litúrgico y de la vida de la Iglesia.  

Con esa finalidad, y teniendo en cuenta la situación de la pandemia en España en este año 2021, se proponen a continuación las siguientes observaciones de carácter general y las de cada una de las celebraciones de la Semana Santa y del Triduo Pascual.

  1. a) Observaciones de carácter general.
  1. Siempre que sea posible, desde un discernimiento responsable que ha de hacer cada fiel, se recomienda la participación presencial en la celebración, formando parte activa de la asamblea.
  2. Aquellos fieles que, por razón de edad, enfermedad, o de prudencia sanitaria, no puedan participar presencialmente en las celebraciones, síganlas por los medios de comunicación[2].
  3. En todas las celebraciones se deberán respetar las normas emanadas de las autoridades sanitarias en la lucha contra el virus: el aforo de los templos, las recomendaciones sanitarias e higiénicas para hacer de los lugares de culto espacios sanos y seguros, el uso de la mascarilla, disponibilidad de gel hidroalcohólico, distancia social, ventilación de los espacios, etc.
  4. Prepárense con sumo cuidado las celebraciones, eligiendo bien las alternativas que propone la Liturgia y acogiendo de buen grado las indicaciones para adaptarlas a este tiempo de pandemia.
  5. En las distintas celebraciones se ha de reducir al mínimo necesario el número de ministros que intervienen –acólitos, lectores, etc.–, sin que ello desdiga de la dignidad de la celebración.
  6. El canto no está prohibido, siempre y cuando no exista alguna indicación expresa de las autoritarias sanitarias y se haga con las medidas de precaución adecuadas –uso de mascarilla en todo momento y distancia de seguridad entre las personas–. No es aconsejable el canto o la música grabados.
  7. Evítese la distribución de subsidios para el canto en soporte de papel, o cualquier tipo de folleto explicativo de la celebración, por el riesgo que conllevan ante un posible contagio.
  8. Instrúyase a los fieles para recibir la comunión de manera segura y ordenada, atendiendo a las disposiciones del Obispo diocesano, procurando que este gesto central de la celebración se haga de la mejor manera posible.
  9. Para el bien de los fieles, en el caso de que los aforos permitidos en las iglesias sean un grave problema para la participación, el Obispo diocesano puede autorizar a que se hagan varias celebraciones en el mismo templo en horas sucesivas, siempre y cuando esto se haga verdaderamente para utilidad de los fieles y en circunstancias de real necesidad.
  10. De cara a que los enfermos y las personas en confinamiento o de alto riesgo puedan seguir las celebraciones desde sus casas, se anima a que sean retransmitidas las presididas por el Obispo en la catedral, como signo de unidad de la diócesis. Procúrese que estas celebraciones sean verdaderamente ejemplares en su preparación y desarrollo. Se excluyen, en cualquier caso, las grabaciones en diferido de las mismas.
  11. Cuando no se puedan realizar las celebraciones con participación del pueblo, ofrézcase a los fieles la posibilidad de celebrar la Liturgia de las Horas, especialmente las Laudes y las Vísperas de cada día y el Oficio de Lectura. A tal efecto el subsidio La Hora de Jesús, que contiene los textos de las celebraciones de la Semana Santa y que incluye también la Liturgia de las Horas para estos días, puede ser un instrumento muy útil. También se recuerda que se puede hacer uso de la aplicación oficial de la Liturgia de las Horas para dispositivos móviles, recientemente publicada por la Conferencia Episcopal.
  12. Los sacerdotes que estén afectados por el virus y estén confinados procuren también celebrar los distintos ritos, en la medida de lo posible y si su salud se lo permite.
  13. Se recomienda vivamente que se cuide y fomente el Sacramento de la Penitencia. Se ruega a los sacerdotes una mayor disponibilidad para que los fieles puedan celebrar este Sacramento, con todas las medidas de precaución, distancia social y discreción.
  1. b) Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.
  1. Para la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén se evitará la forma primera descrita por el Misal –procesión–.
  2. En las catedrales se utilizará la forma segunda –entrada solemne–, al menos en la misa principal. Los fieles permanecerán en sus lugares y se hará la bendición y la proclamación del evangelio desde un lugar, dentro de la iglesia, en el que los fieles puedan ver el rito. En la procesión al altar puede participar una representación de los fieles junto con el Obispo y los ministros.
  3. En las parroquias y demás lugares de culto se utilizará la forma tercera –entrada simple–.
  1. c) Misa crismal.
  1. A juicio del Obispo la fecha de la Misa crismal puede trasladarse al día que parezca más adecuado.
  2. Si las normas sobre aforos no permiten la asistencia de todos los sacerdotes de la diócesis y es necesario también limitar el número de fieles, procure el Obispo que al menos pueda hacerlo una representación del presbiterio –por ejemplo, el consejo episcopal, o el consejo presbiteral, o los arciprestes– y un grupo de fieles, y que la celebración sea retransmitida, de modo que quienes hubiesen querido asistir, muy en particularmente el resto del clero, puedan al menos seguirla por estos medios.
  1. d) Jueves Santo.
  1. De forma excepcional, al igual que el año pasado, los sacerdotes tienen la facultad de celebrar este día la Misa sin el pueblo, si concurren circunstancias que así lo aconsejen –por ejemplo, el contagio con el virus del propio sacerdote o el confinamiento de una población–. Quienes no tengan la posibilidad de celebrar la Misa rezarán preferentemente las Vísperas.
  2. Ha de omitirse el rito del lavatorio de los pies.
  3. Dado que este año la celebración se hará, en la mayor parte de los casos, con alguna participación del pueblo, no se omita la procesión y la reserva del Santísimo Sacramento para la adoración y la comunión al día siguiente. Facilítese, en la medida de lo posible, que los fieles puedan dedicar un tiempo de adoración, respetando siempre los horarios de restricción de la libre circulación de los ciudadanos que se establezcan en cada lugar.
  4. Si se van a celebrar varias Misas de la Cena del Señor en la misma iglesia, háganse siempre por la tarde, y omítase, salvo en la última, la reserva solemne del Santísimo.
  5. Si no se va a celebrar el Triduo completo en alguna iglesia, no se haga la reserva eucarística solemne. Además, si no se ha celebrado la Misa vespertina de la Cena del Señor, evítese una adoración eucarística desvinculada de dicha celebración.
  6. Si la celebración es sin participación del pueblo, se omite la procesión, y la reserva se hace en el sagrario habitual.
  1. e) Viernes Santo.
  1. Se ha de asegurar la celebración de la Pasión del Señor, por lo menos, en la Catedral, en los templos parroquiales, al menos en los principales, y en aquellos de mayor capacidad dentro de las zonas pastorales establecidas en cada Diócesis.
  2. En la oración universal se utilizará el formulario habitual con el añadido de la intención especial que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el pasado año (Decreto Prot. N. 155/20). El texto de la intención, que se añade entre la IX y la X, es el siguiente:

IXb. Por quienes sufren en tiempo de pandemia.

Oremos también por todos los que sufren las consecuencias de la pandemia actual: para que Dios Padre conceda la salud a los enfermos, fortaleza al personal sanitario, consuelo a las familias y la salvación a todas las víctimas que han muerto.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, singular protector en la enfermedad humana, mira compasivo la aflicción de tus hijos que padecen esta pandemia; alivia el dolor de los enfermos, da fuerza a quienes los cuidan, acoge en tu paz a los que han muerto y, mientras dura esta tribulación, haz que todos puedan encontrar alivio en tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.   R. Amén.

  1. En el momento de la adoración de la cruz el celebrante lo hará con una genuflexión o una inclinación profunda. El resto de la asamblea lo hará por medio de una genuflexión o inclinación profunda cuando la cruz sea mostrada, y lo harán cada uno sin moverse de su lugar. Se podría invitar, también, a todos los participantes a la liturgia a que hagan un momento de oración, en silencio, mientras se contempla la cruz. Se evitará, en cualquier caso, la procesión de los fieles en este momento de la celebración.
  1. f) Vigilia Pascual
  1. Se procurará su celebración al menos en la Catedral y en las iglesias parroquiales principales, que posean un aforo suficiente para que puedan participar los fieles con seguridad.
  2. Dependiendo de las normas civiles que se hayan establecido en cada lugar sobre restricción de la libre circulación de los ciudadanos, elíjase una hora adecuada para el comienzo de la celebración que facilite a los fieles la participación en la misma y el regreso a sus casas al finalizar.
  3. El “inicio de la vigilia o lucernario” se puede hacer a la entrada del templo. El celebrante principal deberá estar acompañado por un número limitado de ministros, mientras todos los fieles se mantendrán en sus lugares. Se bendice el fuego, se hacen los ritos de preparación y se enciende el cirio tal como indica el Misal. El sacerdote y los ministros, manteniendo la distancia de seguridad, hacen la procesión por el pasillo central y se cantan las tres invocaciones “Luz de Cristo”. No es recomendable repartir entre los fieles las velas y que las vayan encendido del cirio y luego pasen la luz unos a otros. Después de las invocaciones se canta el Pregón Pascual.
  4. Sigue la “Liturgia de la palabra”. Por razones de brevedad puede acortarse el número de las lecturas, pero procúrese darle la relevancia adecuada a este momento de la celebración. En ningún caso se debería reducir a una Liturgia de la Palabra normal de un domingo, únicamente con tres lecturas.
  5. La “Liturgia bautismal” se celebra tal y como viene indicada en el Misal. La presencia de la asamblea aconseja no omitir el rito de la aspersión después de la renovación de las promesas bautismales. Tómese la precaución, sin embargo, de evitar el contacto con el agua que se va a bendecir cuando esta se prepare, y que el sacerdote higienice las manos con gel hidroalcohólico antes de la aspersión.
  6. No parece aconsejable, dadas las circunstancias, celebrar el bautismo de niños durante la Vigilia Pascual. Si se han de administrar los sacramentos de la Iniciación Cristiana a adultos o si al final se celebra el bautismo de algún niño, hágase con todas las medidas higiénicas y sanitarias que garanticen que los signos y ritos se hagan adecuadamente, pero de forma segura, especialmente los que implican el contacto, como las unciones.
  7. Quienes no puedan participar en la solemne Vigilia Pascual pueden rezar el Oficio de lectura indicado para el Domingo de Pascua en la resurrección del Señor, con el deseo de unirse a toda la Iglesia en la celebración del misterio pascual.

Esperando que estas orientaciones sean acogidas de buen grado en las Iglesias particulares que peregrinan en España, seguimos rezando por el fin de la pandemia, por los difuntos, los enfermos y sus familias, y por todos los que dedican su esfuerzo a paliar las consecuencias de esta crisis que estamos viviendo, esperando que la celebración de los días de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor sean un auténtico encuentro con Él, que fortalezca la fe, esperanza y caridad de todos los fieles.

Madrid, 3 de marzo de 2021

+ José Leonardo Lemos, obispo de Ourense. Presidente de la CEL

Antonio, Cardenal Cañizares, arzobispo de Valencia

+ Ángel Fernández, obispo de Albacete

+ Jesús Murgui, obispo de Orihuela-Alicante

+ Manuel Sánchez, obispo de Santander

+ Juan Antonio Aznárez, obispo auxiliar de Pamplona  y Tudela

+ Julián López, obispo emérito de León

+ Ángel Rubio, obispo emérito de Segovia

[1] Nota para los Obispos y las conferencias episcopales sobre la Semana Santa 2021 (Prot. N. 96/21)

[2] cf. Carta del Cardenal Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a los Presidentes de las Conferencias Episcopales ¡Volvamos con alegría a la Eucaristía!, 15 de agosto de 2020, Prot. N. 432/20.

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