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Actos con motivo de la Solemnidad de San Eufrasio, patrón del Seminario

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Una de las fechas importantes en nuestro Seminario es la solemnidad de San Eufrasio, patrón del Seminario y de Jaén. Por esta razón, la comunidad del Seminario participó tanto en las Vísperas Solemnes el pasado 14 de mayo a las 18h, que tuvieron lugar en la Catedral de Jaén y fueron presididas por nuestro Obispo, Don Amadeo Rodríguez Magro, como en la Misa Solemne del día 15 a las 9h, también en la Catedral y presidida por nuestro Vicario General, D. Francisco Juan Martínez Rojas.

Finalizada la celebración de la Eucaristía, y aprovechando el fin de las restricciones de movilidad en Andalucía, pudimos desplazarnos a dos bellas localidades de la provincia de Córdoba, Montoro y Bujalance, donde pudimos admirar algunos de sus templos: la parroquia del Carmen y la parroquia de San Bartolomé en Montoro, y la parroquia de San Francisco de Asís, la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, la ermita de la Milagrosa y la ermita de Nuestro Padre Jesús en Bujalance.

Agradecemos a las comunidades de Montoro y Bujalance su acogida y dedicación. Pedimos por todos vosotros.

Comunidad del Seminario Diocesano de Jaén

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Bendición del Retablo de la Resurrección de la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción de Albox

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Lecturas bíblicas: Hch 10,25-26.34-35.44-48. Sal 97,1-4 (R/. «El Señor revela a las naciones su justicia»). 1Jn 4,7-10. Aleluya: Jn 14,23 («Si alguno me ama, guardará mi palabra…»). Evangelio: Jn 15,9-17.

Queridos hermanos y hermanas:

Nos congrega esta mañana la celebración de la misa dominical de este domingo VI de Pascua que, como todo el tiempo pascual, está centrado en la resurrección de Cristo del lugar de los muertos y en su glorificación junto a Dios Padre por su victoria sobre la muerte. Es un tiempo particularmente apto para bendecir el retablo sobre de la resurrección de Cristo obra del artista Juan García Ibáñez, que diseñó el presbiterio y el altar que dedicó mi venerado predecesor Mons. D. Rosendo Álvarez Gastón el 8 de diciembre de 1999. Ibáñez realizó las pinturas del retablo, que han venido dando marco a la modesta imagen de la Inmaculada, hoy sustituida por la talla realista de la Purísima, también suya y a la que ahora marco un pequeño retablo clásico que para ella ha creado. Al mismo tiempo, se han incorporado al retablo de 1999 dos nuevos lienzos alusivos a la Concepción Inmaculada de María Virgen: el pecado de nuestros primeros padres y la anunciación a María, que da título a la iglesia Catedral y a tantas iglesias parroquiales de la diócesis.

Hoy bendecimos esta obra artística y la remodelación del retablo del presbiterio, acción sacramental que prolongamos en la bendición del magnífico retablo de la Resurrección, obra de este autor almeriense que ofrece él ofrece como aportación generosa al patrimonio histórico artístico de su parroquia, enriqueciendo con obras de nuestro tiempo el patrimonio diocesano. En el retablo de la Resurrección no sólo ha retocado el artista la imagen del resucitado, sino que ha agregado a él, para constituir un conjunto armonioso los nuevos lienzos que completan la presencia gloriosa de Cristo en la Iglesia. En este conjunto contemplamos hoy las escenas eucarísticas de la última Cena y la aparición del Resucitado a los caminantes de Emaús, que aluden de izquierda a derecha a la consagración del vino y del pan. Un retablo destinado a la capilla del Santísimo Sacramento, en la que se ubican el sepulcro de los restos del beato Juan Ibáñez Martínez, presbítero mártir que se cuenta entre los mártires de Almería muertos por Cristo en la persecución religiosa del pasado siglo. Sobre su sepulcro se halla el lienzo de su efigie, obra también del artista que escolta el retablo que bendecimos.

Nuestra homilía tiene hoy ilustraciones plásticas que nos ayudan a concentrar la atención en la Resurrección del Señor, pues cada vez que comemos y bebemos los dones eucarísticos en la celebración de la Misa anunciamos la muerte del Señor hasta que vuelva glorioso (cf. 1Cor 11,26). El evangelio de este domingo sexto de Pascua recoge un fragmento más del discurso del adiós de Jesús en la noche de la última Cena. Próxima ya la partida definitiva del Señor y con ello el alejamiento físico de sus discípulos por su muerte y resurrección, Jesús les habla del amor que el Padre le ha tenido, para confiarles que los ha amado del mismo modo; y añadir con intensa exhortación que, si ellos le quieren, deben permanecer en él. El pasado domingo veíamos que Jesús se servía de la alegoría de la vid y los sarmientos para explicar a sus discípulos que, al igual que los sarmientos se nutren de la savia de la vid, así deben permanecer unidos a él para vivir de la vida divina que les llega por medio de él como sucede con el tronco de la vid que alimenta a los sarmientos. Sin este alimento los sarmientos no pueden dar fruto y los tampoco los discípulos si no permanecen unidos a Jesús (cf. Jn 15,5-8). Una vez que Jesús ha puesto esta premisa explica que la permanencia en él equivale a guardar sus mandamientos, que Jesús les resume en el amor que los deben unir a él y al Padre (Jn 15,10).

Esta comunión de los discípulos con Jesús es el embrión de la Iglesia y en él se contienen tanto el ministerio de los sucesores de los apóstoles como la congregación de los fieles que ha de seguir a la predicación del evangelio. El segundo concilio del Vaticano afirma que «los Apóstoles, mediante el anuncio del Evangelio en todas partes, acogido por los oyentes bajo la acción del Espíritu Santo, reúnen la Iglesia universal que el Señor fundó en los Apóstoles y construyó sobre Pedro, el primero de ellos, siendo el propio Jesús la piedra angular»[1]. Como venimos considerando estos días de Pascua, somos integrados en la Iglesia mediante el bautismo que nos introduce en la comunión eclesial, y esta comunión es con los Apóstoles y con sus sucesores, con la comunidad de discípulos, mediante la cual entramos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo, como dice la primera de san Juan (cf. 1Jn 1,3). No podríamos llegar a esta comunión sin la acción del Espíritu Santo en nosotros, porque es él quien infunde en el corazón de los creyentes el amor, la caridad de Dios, que es virtud teologal infundida, igual que las otras dos virtudes teologales, la fe y la esperanza. No son alcanzadas por las fuerzas humanas o la disciplina de sus facultades; son don de Dios que nos viene por la inhabitación en nosotros del Espíritu santificador. El amor es la misma vida divina, y así dice la primera de Juan: «Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor» (1Jn 4,8), para afirmar a continuación que el amor de Dios se ha manifestado «en que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él» (1Jn 4,9).

La resurrección de Jesús acredita su persona divina y la verdad de sus palabras, porque en su victoria sobre la muerte Dios ha confirmado cuanto Jesús afirmó de sí mismo: Él es «la Verdad y es el Camino y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre» (Jn 14,6-7), pues por medio de él entramos en la comunión con el misterio divino, donde se nos descubre el sentido del mundo y de la vida humana, y tomamos parte en la vida divina, aquí de un modo incipiente y de forma consumada y plena en la vida eterna que esperamos. La resurrección es la pieza clave del mensaje cristiano, cuyo anuncio siempre tendrá una dimensión apologética, es decir, de acreditación positiva de la intervención de Dios en la vida de Jesús, revelando que Él, en verdad, era el Cristo redentor del mundo, el Salvador universal.

Es misión de la Iglesia llevar el anuncio de la buena noticia de la salvación en Cristo a todas las naciones, en obediencia gozosa al mandato de Cristo resucitado a los Apóstoles, a los que ordena predicar el Evangelio y bautizar a todas las gentes enseñándoles a guardar cuanto él les ha enseñado y prometiéndoles: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos» (Mt 28,20). No fue, sin embargo, fácil para los discípulos de Jesús llegar a la convicción plena del carácter universal del Evangelio, tal como podemos ver en la primera de las lecturas de este domingo, donde se recoge el pasaje de la estancia de Pedro en casa del centurión romano Cornelio. Ante la crítica de cuantos sostenían la postura de que los paganos que vinieran a la fe en Cristo debían observar todas las leyes y tradiciones judías recibidas de Moisés, Pedro afirma con contundencia que «Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea» (Hch 10,34-35).

Fue necesario el primer concilio de la historia de la Iglesia, si así llamamos a la reunión de los apóstoles y los presbíteros en Jerusalén, como nos informa el libro de los Hechos, donde se halla recogida la carta de las conclusiones conciliares que los Apóstoles enviaron a todas las Iglesias (cf. Hch 15.23-29). En esta asamblea promovida por Bernabé y Pablo, se tomó la firme decisión de no imponer a los cristianos venidos del paganismo la ley de Moisés que obligaba a los hebreos y que prescribía la circuncisión de los varones. San Pablo expone en sus cartas cómo la salvación se da no por la circuncisión, sino por la fe en el Evangelio de Cristo. El Apóstol de las gentes asegura con convicción, sabiendo que la razón está de su parte: «Pues no hay distinción [entre judíos y paganos], ya que todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención realizada en Cristo Jesús» (Rm 3,22.23).

Por la resurrección de Cristo Hijo de Dios, el Padre ha derramado el don del Espíritu Santo sobre todos los creyentes en Jesús como sucedió con la casa de Cornelio, como así lo demanda la pregunta de Pedro en aquella casa: «¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros? Y mando bautizarlos en nombre de Jesucristo» (Hch 10,47-48). Así, pues, nos apremia la evangelización y no podemos cejar en este empeño, porque es misión de la Iglesia llevar la buena noticia de la salvación a todos los hombres y pueblos, a todas las naciones. No podemos transformar en una empresa meramente humanitaria la obra de las misiones ad gentes, es decir, el anuncio del Evangelio a los pueblos y sociedades no cristianas, porque este anuncio es el gran programa de Cristo como evangelizador enviado por el Padre al mundo.

Encomendamos la obra misionera de la Iglesia a la que es estrella de la evangelización, la Inmaculada Virgen María, reina de los mártires y señora nuestra, y a la intercesión de los bienaventurados mártires de Almería.

Iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción de Albox
9 de mayo de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

[1] Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 19.

Un paso adelante: Admisión, Lector, Acólito

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En el camino hacia el sacerdocio ministerial, hay pasos previos que van preparando el corazón de quien se siente llamado. Son momentos muy importantes, porque van afianzando la decisión firme de entregarse al Señor con alma y cuerpo, y para toda la vida. El próximo día 14 de mayo, fiesta del apóstol san Matías, 20 seminaristas de nuestra diócesis de Córdoba dan un paso al frente: catorce de ellos serán admitidos a las Sagradas Órdenes con el rito de Admisión y los demás recibirán el ministerio de Lector o de Acólito, camino del sacerdocio ministerial.

El Rito de Admisión consiste en el reconocimiento público de la vocación recibida. El candidato ha pedido por escrito al Obispo ser admitido a las Sagradas Órdenes, que en su día recibirá, las Órdenes del diaconado y del presbiterado. Y el Obispo procede a presentarlos a la comunidad cristiana, recomendando a todos que se unan en la oración para que estos seminaristas que son admitidos, se vayan preparando cada día mejor a recibir esas Órdenes Sagradas. La vocación ya no es un sentimiento subjetivo, a partir de este momento pasa a ser un hecho objetivo en la vida de la Iglesia. El corazón humano del seminarista percibe por este Rito la certeza de su vocación, que le infunde paz, esperanza, decisión para seguir su camino.

Al Seminario llegan los jóvenes que se sienten llamados, pero no todos son realmente llamados por el Señor. Hay toda una tarea de discernimiento en la que el propio sujeto va viendo, con la ayuda de sus formadores, qué quiere Dios de él. El paso de la Admisión, refuerza esa certeza, y la vocación al sacerdocio queda afianzada, para seguir preparándose cada día más al sacerdocio que se acerca. En algunos casos, según la normativa eclesial y las propias costumbres, el candidato comienzo a vestir como clérigo. Y de esta manera transmite a toda la comunidad eclesial que su vocación está clara y decidida en esa dirección. El hábito no hace al monje, pero ayuda indudablemente.

Algunos serán instituidos en el ministerio de Lector y otros serán instituidos en el ministerio de Acólito. Son ministerios que la Iglesia conoce desde antiguo y que actualmente la Iglesia confiere también a seglares, hombre y mujeres. En este sentido, se llaman “ministerios laicales” (c. 230, reformado), porque son conferidos a laicos que los ejercerán para bien de la comunidad cristiana. Recientemente el Papa Francisco ha ampliado esta concesión a varones y mujeres. La raíz de tales ministerios es el bautismo, se confieren para el buen funcionamiento de la comunidad y deben ejercerse en espíritu de servicio.

Pero los seminaristas que reciben estos ministerios no deben considerarse “laicales”, sino que los reciben como un anticipo de la Sagradas Órdenes, como un anticipo de otro sacramento, el del Orden sacerdotal, que esencialmente distinto al sacramento del bautismo. Por tanto, en estos casos son ministerios “clericales” y de naturaleza distinta, aunque la función realizada sea parecida (c. 1035). Son ministerios que ha de recibirse previamente a la ordenación de diácono, y de su recepción sólo puede dispensar la Sede Apostólica. Luego, son otra cosa diferente a los ministerios laicales.

Por el Lectorado, al candidato se le exhorta a sumergirse en la Palabra de Dios, para que la haga alimento de su vida y sea la norma de su conducta. Las funciones a realizar serán las de proclamar la Palabra de Dios en la Asamblea litúrgica, excepto el Evangelio, reservado al diácono. Por el Acolitado, al candidato se le confía el servicio a la mesa del altar y la atención a los pobres; será ministro extraordinario de la comunión, y podrá llevarla incluso a los enfermos en sus domicilios.

Oremos por estos jóvenes de nuestra diócesis que dan un paso al frente en el camino hacia el sacerdocio. La Iglesia diocesana vive con gozo este acontecimiento y quiere apoyar a todos los que, siendo llamados, han respondido generosamente a esa llamada.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

Almedinilla y sus aldeas celebran la fiesta de San Isidro

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Las eucaristías han tenido lugar este fin de semana en Los Ríos y Brácana

Un año más las romería en honor a San Isidro se ha suspendido en los pueblos de la provincia de Córdoba pero las celebraciones religiosas si se han celebrado. En la Subbética han tenido lugar este fin de semana del 15 y 16 de mayo en las aldeas de Los Ríos y Brácana, que pertenecen a la parroquia de San Juan Bautista de Almedinilla. David Ortiz, párroco de la localidad, ha presidido las celebraciones al aire libre y cumpliendo con todas las medidas higiénico sanitarias.


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“En este lugar, la piedra angular es Jesucristo”

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La solemnidad de la Dedicación de la Santa Iglesia Catedral fue conmemorada con la santa misa presidida por el obispo, monseñor Demetrio Fernández

 

El 18 de mayo se celebra la fiesta de la dedicación de la Catedral de Córdoba, una fiesta en la que se conmemora la consagración católica del templo principal de la Diócesis. Con este motivo, el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, presidió la santa misa en el templo principal de la Diócesis junto al Cabildo Catedralicio.

En su homilía, el pastor de la Diócesis explicó la historia de ocho siglos de fe cristiana en uno de los templos más preciosos del mundo y definió el lugar como “el sitio donde se reúne la comunidad cristiana católica, donde tienen lugar las grandes celebraciones y donde se puede adorar a Dios en espíritu y verdad, sabiendo que en este lugar la piedra angular es Jesucristo”.

El día en que la Catedral fue consagrada como templo dedicada a Dios es, por tanto, el día de la comunidad cristiana, pues “somos templos de Dios cada uno en su propio corazón”, expresó el Obispo al tiempo que invitó a los presentes a celebrar este día “con una realidad profunda de Iglesia, cuerpo de Cristo animado continuamente por el Espíritu Santo y con la tarea misionera de llevar al mundo entero el Evangelio de Jesucristo”.

Asimismo, monseñor Demetrio Fernández quiso dar gracias a Dios por el destino de este templo que es visitado por miles de personas a lo largo del año y encomendó a todos ellos para que “el Espíritu Santo, Jesucristo y todos los Santos toquen el corazón de todos los que visitan la Catedral”. “Damos gracias a Dios y pedimos que este templo sea cada vez más un lugar de encuentro con Dios y con los hombres”.

 

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Comienzan los cultos a María Auxiliadora

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El Obispo presidirá la misa solemne el lunes, 24 de mayo, a las 20:00 horas, en el patio del colegio

Mayo es el mes de María, cada año al acercarse estas fechas el colegio salesiano de Córdoba prepara los cultos a María Auxiliadora. Comenzaron el sábado 15 de mayo, con una novena que predicará el sacerdote Antonio Gil. El sábado, 22 de mayo, está previsto que se lleve a cabo la bajada de la imagen mariana con una exaltación de Antonio Guillaume.

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, presidirá el lunes, 24 de mayo, día de María Auxiliadora, la misa solemne que se celebra tradicionalmente en el patio del colegio. Este año debido a la crisis sanitaria tampoco habrá procesión de la Virgen por las calles del barrio.

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Entrevista a Jorge Hernández Duarte, sacerdote canario, en el programa “Confesiones” de la Televisión Canaria – 15 de mayo de 2021

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Jorge Hernandez Duarte 2021

 

Entrevista a Jorge Hernández Duarte, sacerdote canario, en el programa “Confesiones” de la Televisión Canaria

15 de mayo de 2021

 

 

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Publicación académica fruto de cooperación diocesana con alcance misional

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Las «publicaciones del Obispado de Almería» han añadido a su elenco una publicación con el título «De las estructuras de pecado a las estructuras de gracia. Exigencias sociales e itinerarios pastorales. Lección inaugural en la apertura del año académico 2020 en el Seminario de San Lorenzo», Santa Cruz de la Sierra, 2020 (38 pp.). Al texto de la publicación señalada, bajo el mismo título, también pueden acceder quienes acudan a la Revista Almeriensis vol. XII/2 (2019) 313-345.

Se trata de un artículo que recoge el trabajo de nuestro emérito Prof. de Doctrina Social de la Iglesia, Dr. Juan Manuel Díaz Sánchez, que también imparte dicha materia en el Seminario Arquidiocesano de San Lorenzo. Este es un centro de formación sacerdotal que está integrado en la Facultad de Teología de la Universidad Católica Boliviana «San Pablo» que tiene cuatro sedes; una de ellas en la ciudad de Santa Cruz.

La tarea fundamental de este Seminario cruceño radica en la acogida (curso propedeútico) y preparación integral de los aspirantes al sacerdocio (secular la mayor parte y en menor número al clero regular) de las siete jurisdicciones eclesiásticas que conforman la Arquidiócesis del Oriente Boliviano. En las clases que se imparten en este Seminario también tienen cabida distintos grupos de Iglesia, de ambos sexos y de carismas diversos (laicos y religiosos). Tanto la Facultad como el Seminario están ubicados en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia).

La reseña de esta publicación, autónoma, tiene una historia necesariamente concisa de innovación teórica digna de ser contada como una realización práctica de comunión intraeclesial. El reciente nombramiento, a partir del curso 2019-20, como Director Académico del referido centro de formación, recae sobre un sacerdote murciano, el Dr. José Cervantes Gabarrón (P. Pepe), formado teológicamente en la Facultad de Cartuja (Granada), cuando los seminaristas de la archidiócesis granadina acudían a aquellas aulas, y especializado en ciencias bíblica en el Pontificio Instituto Bíblico (Roma). Casi desde sus primeros años sacerdotales reparte su tiempo y actividad pastoral en asistencia a niños en situación de calle (Oikía) y en enseñanza bíblica y humanística entre los Seminarios de San Fulgencio, en Murcia y de San Lorenzo, en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.

Al no existir en este último Centro la tradición académica de ofrecer a los asistentes una lección magistral –la «lección inaugural»- previamente encargada a un profesor, el nuevo director quiere ampliar los contenidos del acto inaugural del curso 2019-2020. Ante la inminencia de las fechas de la apertura, ambos profesores –Cervantes y Díaz- acuerdan utilizar un texto que el Prof. Díaz Sánchez está elaborando para la revista Almeriensis, con los debidos retoques de adaptación, para presentarlo como «lección inaugural» en el solemne acto de apertura del curso, bajo la presidencia del Arzobispo, Mons. Gualberti (italiano), de los obispos auxiliares, Mons. Braulio (burgalés) y Mons. Stanislao (polaco), con la presencia completa del Claustro de Profesores, de la totalidad del alumnado y los distintos grupos de apoyo espiritual y material (religiosos y laicos) al Seminario. Un resultado inmediato, entre quienes siguieron el discurso, fue la reiterada e insistente petición de poder disponer del contenido del mismo.

A raíz de tales peticiones se pensó en afianzar y proseguir con esta ampliación académica, para dar divulgación y constancia ulterior a exposiciones magistrales de cursos posteriores. Para cumplir tal cometido se consideró la posibilidad de acudir al director de Almeriensis, el Prof. Jesús Ginés García Aiz, para proceder a la publicación de la lección, utilizando los materiales de imprenta aprovechables (separatas) y de recurrir una pequeña ayuda económica que pudiera proporcionar la Delegación de las Obras Misionales Pontificias de Almería, a lo que su delegado, D. Francisco Ruiz Fornieles se prestó. Así pues, tal proyecto de colaboración diocesana y de envergadura académica y misional fue aprobado por el Obispo diocesano Mons. D. Adolfo González Montes. Felizmente todos nos gozamos de haber sido partícipes en la realización del proyecto inicial.

Esta pequeña narración de corto pero significativo recorrido, ha merecido la pena porque: 1) se superan carencias al poder enriquecer el preceptivo acto de inauguración del curso académico, previamente preparado y expuesto por un docente del Centro Académico; 2) se reconoce y valora positivamente la calidad del tratamiento y de la exposición de un aspecto concreto de una realidad de ese momento, aportando el punto de vista del saber filosófico y teológico, que trata una cuestión del momento e intenta aportar elementos a la misma mediante la difusión del texto impreso; 3) crece además la posibilidad de ampliar el campo geográfico de la revista Almeriensis y, finalmente, 4) se realiza un acto de colaboración entre seminarios y centros de formación teológica, centros de evangelización, aportando ciencia sagrada a unas iglesias locales que necesitan y agradecen este tipo de colaboración.

A la noticia local de la lección inaugural, que tuvo lugar en el Seminario de san Lorenzo de Santa Cruz de la Sierra, se puede acceder a través del siguiente enlace: https://campanas.iglesiasantacruz.org/inauguran-ano-academico-2020-en-el-seminario-san-lorenzo/

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Nuevo número de la Revista «ALMERIENSIS»

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Los artículos tienen la siguiente autoría: A.-F. Rodríguez Quesada, La intimidad entre el alma y Dios en «La Ciencia de la Cruz» de Edith Stein; E.-J. Justo Domínguez, Eucaristía y vida cristiana; G. Tejerina Arias, Hacia la Iglesia sinodal. Comentario a la fundamentación teológica de la sinodalidad del Documento de la Comisión Teológica Internacional (2018); J. de la Torre Díaz, La despenalización de la eutanasia y la seducción de los casos reales. Una visión crítica; R. Vázquez Jiménez, Recuperación de la Iglesia como sacramento universal de salvación en el contexto de la nueva evangelización; T. Gómez Ruiz, La manda de Diego García para casamiento de huérfanas.

En la sección de recensiones, profesores de los centros superiores teológicos de la diócesis recensionan algunos de los últimos libros publicados en el panorama bibliográfico español: C. Focant, La carta a los Filipenses y la carta a Filemón: claves de lectura; J. D’Ormesson, Una historia sobre la nada… y la esperanza; J. Ruiz Calderón, La entrega a lo divino. Esbozo de una filosofía de la religión; B.-E. Daley, Cristo, el Dios visible. La fe de Calcedonia y la cristología patrística; Asociación para la investigación y desarrollo del crecimiento humano, Tu Palabra. M. A. Menchón Domínguez; E. Muñoz Jiménez (ed.), «Estos son los que han venido de la gran tribulación». Beatificación del deán José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros, mártires del siglo XX en Almería.

Si alguien estuviese interesado en algún ejemplar, puede ponerse en contacto a través del siguiente correo electrónico: revista.almeriensis@diocesisalmeria.es

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El Santuario Diocesano del Saliente estrena Biblioteca

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El pasado domingo el Santuario Diocesano del Saliente estrenó su nueva Biblioteca con una solemne bendición que presidió el Obispo de Almería, Adolfo González Montes. Todo comenzó en el claustro, donde una corta comitiva recogió al Prelado que portaba el báculo que donara el Obispo Manuel Casares Hervás a Nuestra Señora de los Desamparados del Buen Retiro del Saliente Coronada. El alcalde en funciones de Albox, D. José Simeón Campoy Fernández, junto con otras autoridades de la Villa y representantes del mundo de cultural. Todos, con no poca emoción, participaron en la plegaria.

El Obispo quiso explicar a los fieles el significado de la ceremonia y, entre otras cosas, dijo: “…la lectura puede contribuir a que la verdad se convierta en norma de vida, la sabiduría fomente la humildad y los hombres lleguen a una mayor armonía entre ellos. Por tanto, es oportuno pedir la bendición de Dios al concluir los trabajos de la nueva Biblioteca de este Santuario Diocesano del Saliente, ordenados a la custodia y difusión de los libros, ya que es una manera de proclamar la verdad divina”.

El momento culminante llegó cuando, nuevamente, la procesión reemprendió la marcha y dirigió al ala oeste del Santuario. En la Biblioteca el Obispo pronunció la oración de bendición y asperjó el conjunto con agua bendecida, con la ayuda del nuevo hisopo cincelado para la ocasión por el platero cordobés Manuel Valera y que se inspira a la decoración original del propio Santuario.

Aunque ha sido ahora cuando el Santuario Diocesano del Saliente ha estrenado su nueva Biblioteca, en realidad fue fundada como tal en el año 1974. Surgió a raíz de la donación de una colección de libros que un médico ofreció a la Pequeñica, lo que decidió al canónigo Bartolomé Fernández Marín – rector del Santuario por entonces – a fundar una biblioteca. Se habilitó para ello un salón de la planta superior, en el que paulatinamente se fueron reuniendo muchos más libros ofrendados a la Virgen del Saliente. El aumento de éstos llevó, en la década de los ochenta del pasado siglo, a que el rector Antonio Rueda Moreno ordenara su traslado. La nueva ubicación se fijó en el ala oeste, en las antiguas estancias de los capellanes. Allí se creó una gran sala que albergara los distintos volúmenes, prácticamente carente de mobiliario.

La colección de libros que atesora el Santuario es modesta, pero muy interesante. Compuesta principalmente por obras teológicas, cuenta sobre todo con una extensa colección de oratoria eclesiástica. En sus anaqueles hay obras en latín, griego, francés, inglés, italiano, hebreo y, fundamentalmente, en lengua castellana. Tampoco es desdeñable su colección histórica, aunque su mayor joya son la edición de las obras completas de san Agustín del siglo XVI.

Francisco Castillo, Responsable de comunicación del Santuario Diocesano del Saliente.

Fotografías: Ginés Ruiz

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