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Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío

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Todo el mes de junio está dedicado especialmente al Corazón de Jesús, porque en junio suele celebrarse la fiesta solemne del Sagrado Corazón de Jesús. Este viernes día 11 celebramos esta fiesta que viene a resumir todos los misterios de la vida cristiana.

El Corazón de Jesús es como el núcleo de todo el Evangelio: Jesús que vive, que habla, que enseña, que sana y devuelve esperanza, que perdona, que llama a seguirle. Con un corazón humano como el nuestro, que siente y padece, que se alegra y se conmueve, que ha experimentado la angustia del abandono y el consuelo hondo de Dios y de los hombres.

Jesús plenamente hombre, en todo semejante a nosotros sin pecado. Su persona es divina y, sin dejar de ser Dios, se ha hecho hombre como nosotros para caminar cerca de nosotros, junto a nosotros. Para hacernos hijos de Dios, partícipes de su herencia que es el cielo, ya adelantado en la tierra.

El Corazón de Cristo nos recuerda contantemente que Dios nos ama, que el único motor de su vida es el amor, nunca la venganza justiciera. El Corazón de Cristo nos está diciendo continuamente que Dios tiene corazón, que es sensible a nuestros sentimientos, que se emociona, se alegra, sufre, nos ama apasionadamente. Y en ese desbordamiento de amor, Dios ha encontrado rechazos, olvidos, ofensas por parte de los hombres. El Amor no es amado!, decía con gemidos san Francisco de Asís.

San Juan de Ávila anunciaba: sepan todos que nuestro Dios es amor, en un contexto luterano en el que a Dios se le aplicaba la justicia vengativa. El Maestro Ávila nos invita a la contemplación de la pasión de Cristo, porque amó más que padeció y por la contemplación de la pasión llegamos a descubrir el calibre de su amor.

Cuando las personas más cercanas a Dios, los santos, se han dado cuenta de que el Amor no es amado y, a pesar de todo, continúa amándonos más todavía; que ese Amor está continuamente perdonándonos y continuamente reciclando nuestras ofensas, devolviéndonos más amor, brota en el corazón humano un deseo grande de reparar tantas ofensas, incluidas las propias, y de colaborar en la redención del mundo. Es lo que llamamos reparación. Se trata de devolver todo el amor que podamos a tanto amor como se nos ha dado, y al que muchas veces respondemos remolonamente. Se trata de restaurar con amor lo que con tanto pecado ha sido destruido o deteriorado.

Llegada la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, es momento de revisar nuestra actitud de reparación. Cómo devolver amor por nuestra parte al amor que nos tiene Jesús. Se trata de un compromiso de amar y de entregarnos más y más a ese Divino Corazón. Las prácticas de piedad en torno al Corazón de Jesús ayudan a mantener vivo ese fuego de amor: los primeros viernes con confesión sacramental y comunión reparadora; la adoración eucarística, donde el Corazón de Cristo está vivo y palpitante; las letanías del Corazón de Jesús; el fomento del apostolado de la oración, con el ofrecimiento de obras al comienzo de la jornada; la consagración al Corazón de Jesús, etc.

Las apariciones privadas a santa Margarita María de Alacoque (1675) en Paray-le-Monial impulsaron una gran devoción al Sagrado Corazón de Jesús: “He aquí este corazón que tanto ha amado a los hombres… y en reconocimiento no recibe de la mayoría sino ingratitud”. El Magisterio de la Iglesia y la Compañía de Jesús han explicado y ampliado esta devoción, que nunca pasará de moda, porque nos acerca el corazón de Dios en el corazón de Cristo y nos toca de lleno nuestro corazón humano. Junto al Corazón de Cristo está siempre su Madre santísima. Por eso, al día siguiente celebramos el inmaculado Corazón de María, que ha latido continuamente al ritmo del Corazón de su hijo Jesucristo.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

Clausura del mes de mayo con motivo del centenario de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa (Santuario de la Virgen de la Victoria-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la clausura del mes de mayo con motivo del centenario de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa celebrado en el Santuario de la Virgen de la Victoria en Málaga el 31 de mayo de 2021.

CLAUSURA DEL MES DE MAYO

CON MOTIVO DEL CENTENARIO

DE LA AGRUPACIÓN DE COFRADÍAS DE SEMANA SANTA

(Santuario Virgen Victoria-Málaga, 31 mayo 2021)

Lecturas: So 3, 14-18 Sal (Is 12, 2-6); Lc 1, 39-56.

(Visitación de la Virgen María)

1.- María y la Trinidad

En los dos últimos domingos, hemos celebrado dos fiestas entrañables y profundas en su significado: Pentecostés y la Santísima Trinidad; ambas tienen mucho que ver con la figura de la Virgen María.

Respecto a la Santa Trinidad, María es Hija del Padre, Madre del Hijo de Dios y Esposa del Espíritu Santo.

Nos recordaba el papa Benedicto XVI: “La gran fiesta de Pentecostés nos invita a meditar en la relación entre el Espíritu Santo y María, una relación muy íntima, privilegiada e indisoluble. La Virgen de Nazaret fue elegida para convertirse en la Madre del Redentor por obra del Espíritu Santo: en su humildad halló gracia a los ojos de Dios (cf. Lc 1, 30)” (Discurso de conclusión del mes de mayo. Vaticano, 30.05.2009).

El corazón de María, en perfecta sintonía con su Hijo divino, es templo del Espíritu Santo, donde cada palabra y cada acontecimiento son conservados en la fe, en la esperanza y en la caridad (cf. Lc 2, 19.51).

Jesús encontró en su Madre María, tanto en la vida oculta en Nazaret como durante su vida pública, hasta el final de su vida en la cruz, el amor maternal y el hogar encendido, que lo acogía.

Esta vinculación de la Virgen María con la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu, es un modelo para nuestra relación con la Trinidad.

2.- Concepción de la Virgen María

Celebramos hoy fiesta litúrgica de la Visitación de María a su prima Isabel. Después del anuncio del ángel y una vez que María comenzó a ser la Madre de Jesús, se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel (cf. Lc 1, 39-40).

Hay una diligencia y prontitud de la Virgen María, para ayudar a su prima, que también está embarazada. Hay un doble embarazo motivado por una intervención especial de Dios. Por una parte, una mujer anciana y estéril; y por otra, una doncella virgen, no casada que concibe sin concurso de varón.

Hoy venimos a honrar a nuestra Madre, nuestra Patrona; y a dar gracias a Dios por la maravilla que la Trinidad ha obrado en María.

3.- María, la “Llena de gracia”, aporta gracia

La Llena de gracia desde su concepción va aportando alegría y gracia por donde pasa, porque está llena del Espíritu.

«Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Y se llenó Isabel de Espíritu Santo» (Lc 1, 41). Las dos personas se transforman con la presencia del Hijo de Dios en el seno de María. La madre de Juan Bautista se llena del Espíritu y su hijo salta de alegría en el vientre materno.

Podemos preguntarnos si nosotros aportamos alegría, o tal vez lo contrario. Le pedimos a la Virgen que nos ayude a ser portadores de Dios, de paz, de alegría, de comunión.

4.- Bienaventurada la que ha creído

María ha sido bienaventurada porque ha creído. Isabel, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!» (Lc 1, 42). «Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá» (Lc 1, 45).

¡Ojalá nos pudieran decir a nosotros: “Bienaventurados porque creéis”! Los cristianos somos necesario en nuestra sociedad para que haya más paz, más humanidad, más fraternidad en nuestra sociedad. Nuestra presencia debe ser transformante y reconfortante desde la luz del Espíritu.

5.- “Magnificat” de la Virgen María

En la escena de la Visitación María exclama en un himno de alabanza, que llamamos “Magnificat”.

María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1, 46-47). Y va desgranando los motivos por los cuales alaba a Dios: «porque ha mirado la humildad de su esclava» (Lc 1, 48); «porque el Poderoso ha hecho obras grandes» (Lc 1, 49); porque «su misericordia llega a sus fieles» (Lc 1,50); porque «hace proezas con su brazo» (Lc 1, 51); porque «derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes» (Lc 1, 52); porque «a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos» (Lc 1, 53).

¿Cuáles son nuestros motivos de alabanza a Dios, unidos a los de María? Podríamos ahora repasar cada uno en nuestro interior los motivos de gloria a Dios. ¿Qué ha hecho el Señor en mí? ¿Qué transformación se ha realizado en mi por obra del Espíritu Santo?

Hemos sido hechos hijos adoptivos de Dios por el bautismo. El Señor nos ha convertidos en cristianos. ¡Qué maravillas ha hecho Dios en ti? ¡Da gracias al Señor con la Virgen y proclama la alabanza a Dios con María! Este final de mayo es un buen momento para reconocer las obras de Dios en cada uno de nosotros.

6.- Fraternidad entre la Hermandad de la Victoria y la Agrupación de Cofradías.

Me alegro de la fraternidad entre dos hermanas. La hermana mayor se llama “Hermandad de Santa María de la Victoria” de Málaga; y la hermana menor “Agrupación de Cofradías de la Semana Santa de Málaga”. La Hermandad existía antes y se alegró del nacimiento de la Agrupación; y como no podía ser miembro de la Agrupación por no ser cofradía de pasión, se unió a ella fraternalmente para acompañarla. Esta fraternidad es hermosa y me encanta. Os doy la enhorabuena por haberlo hecho así.

Hoy, cien años después, la hermana pequeña (Agrupación), con motivo de su centenario, acompaña a la hermana mayor (Hermandad) en su fiesta de final de mayo. Es un gesto de fraternidad entre ambas hermandades, expresando vuestro amor filial a María: la Hija predilecta del Padre, la Madre del Señor y la Esposa del Espíritu Santo. ¡Gracias por este gesto y enhorabuena!

Pedimos a la Santísima Virgen María que, siguiendo su ejemplo, aprendamos a reconocer la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, a escuchar sus inspiraciones y a seguirlas de manera dócil y gozosa. Amén.

Corpus Christi

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Lecturas bíblicas: Ex 24,3-8; Sal 115,12-13.15-18 (R/. «Alzaré la copa de la salvación invocando tu nombre»); Hb 9,11-15; Aleluya: Jn 6,51-52; Mc 14,12-16.

Queridos hermanos y hermanas:

La Fiesta del Cuerpo y Sangre del Señor nos devuelve a la institución de la Eucaristía, que contemplábamos el pasado Jueves Santo. La Eucaristía es sacramento de nuestra fe que contiene el misterio pascual de Cristo, la muerte y resurrección del Señor que nos han redimido. En el sacrificio eucarístico de la Misa, Cristo resucitado y glorificado junto al Padre se hace presente con su sacrificio pascual de la cruz, que sustituyó definitivamente los sacrificios de comunión de la antigua alianza. Estos sacrificios sirvieron de figura de este sacrificio definitivo que había de acontecer con la entrega de Jesús a la muerte por nosotros y por nuestra salvación.

La lectura del libro del Éxodo que hemos escuchado dice que, después que Moisés contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y le transmitió sus mandatos, que el pueblo recibió aceptando cuanto el Señor mandaba, Moisés puso por escrito cuanto el Señor mandaba cumplir al pueblo elegido y tras edificar un altar, se sacrificaron reses mayores. Moisés vertió la sangre sobre el altar y con ella asperjó también al pueblo, y así quedó ratificado el documento de la alianza que todos prometieron cumplir (cf. Ex 24,3-8). Después, como parece que se sigue del relato que precede a lo que hemos escuchado sobre los sacrificios y holocaustos celebrados ante el becerro de oro (cf. Ex 32,1-6), se celebró un banquete de comunión con la carne sacrificada. La sangre de esta alianza antigua, renovada en diversas ocasiones, como vemos por la historia sagrada, no era sino figura de la alianza en la sangre de Jesús.

La narración del evangelio de san Marcos nos coloca ante la institución de la pascua de la nueva alianza, cuyo contenido expone la carta a los Hebreos, donde Cristo es presentado como Sumo Sacerdote de los bienes definitivos, porque «ha penetrado “de una vez para siempre” en el santuario del cielo no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una liberación definitiva» (Hb 9,11-12). Lo que no podían obtener los sacrificios antiguos, lo obtiene de una vez para siempre y de forma definitiva la sangre de Cristo.

Esta ofrenda de sí mismo de Cristo se expresa en el sacrificio eucarístico mediante la consagración del pan y del vino que hacen presente el cuerpo y la sangre del Señor con su sacrificio definitivo, tal como narra el evangelio de san Marcos la institución de la Eucaristía en la última Cena, donde Jesús anticipa sacramentalmente el sacrificio del Calvario que había de acontecer el Viernes Santo. Siguiendo el mandato de Jesús, en la celebración de la Eucaristía el sacerdote pronuncia las palabras de Jesús sobre los signos del pan y del vino, pidiendo que el Espíritu Santo descienda sobre las ofrendas, para que vengan a ser el cuerpo y sangre del Señor, para que en ellas se haga presente Cristo Señor con la divinidad que el Hijo de Dios recibe de Dios Padre, y con su humanidad glorificada, que incluye el cuerpo y alma del Señor.

El Catecismo de la Iglesia Católica recoge la enseñanza de la Iglesia sobre la Eucaristía y expone que la ofrenda del pan y del vino eucarísticos tiene sus antecedentes en las figuras de la alianza antigua de Israel desde la salida de Egipto, noche en la que los israelitas comieron los panes ázimos antes de emprender el camino a la Tierra prometida. Con la institución de la Pascua Dios mandó a Israel comer panes ázimos durante siete días y así durante la peregrinación de cuarenta años por el desierto, uso litúrgico que pasaría a la tradición litúrgica de Israel, un símbolo eficaz de la salida apresurada de los hebreos hacia el Mar Rojo por el camino del desierto. Ya antes de la salida de Egipto la tradición religiosa de Israel recoge el hermoso precedente histórico de la ofrenda de pan y vino de Melquisedec, rey de Salén, al patriarca Abrahán, al cual bendijo, respondiendo Abrahán con el pago del diezmo de todo cuando regresaba del combate en el que había vencido la coalición de los reyes enemigos (cf. Gn 14,18-20)[1].

Esta prefiguración de la Eucaristía se prolongará en la ofrenda de las primicias de los frutos de las cosechas como acción de gracias al Creador, ofrenda que se incorpora de modo perpetuo a la tradición litúrgica judía una vez establecidos los hebreos en la Tierra santa. El Catecismo enseña cómo el pan de cada día, y el vino ““fruto de la tierra” “de la vid y del trabajo del hombre” que se ofrecen en la Eucaristía eran ya en la ofrenda de las cosechas un sacrificio de alabanza[2]. el “cáliz de salvación” que se pasa al final de la cena pascual judía son también figuras que apuntan al significado de salvación que contiene el sacramento de la Eucaristía. Jesús cuando enseña a rezar a los discípulos recita el Padrenuestro que contiene la petición del pan cotidiano, aludiendo tanto a la palabra de Dios de la cual ha de vivir el hombre como el pan de la Eucaristía, donde él mismo se nos da como alimento de vida eterna y de resurrección. Después de haber multiplicado los panes y los peces, Jesús pronuncia en la sinagoga de Cafarnaún el discurso sobre el pan de vida, advirtiendo a los que le siguen que no han de buscar tan sólo el pan perecedero, sino el que da vida eterna, pan que sólo Él puede darles; y provocará el rechazo y la incredulidad de muchos, al decirles: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo le daré es mi carne por la vida del mundo… El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida» (Jn 6,51.54-55).

¿Cómo podríamos vivir la fe sin la Eucaristía, que es el sacramento augusto y admirable de la nuestra fe, como proclamamos cada vez que la celebramos? Nuestra incorporación a Cristo por el bautismo se consolida mediante la Eucaristía, porque mediante nuestra unión con Cristo adquirimos la figura propia de la Iglesia, sacramento para el mundo; y porque es en Cristo donde la Iglesia se hace partícipe de la vida divina que vivifica el cuerpo social de la Iglesia. Jesús confía a la Iglesia la misión de anunciar el Evangelio y entregarle el pan de la vida, para que el mundo se salve. Lo resume san Juan Pablo II en la encíclica sobre la Iglesia que vive de la Eucaristía: «Al unirse a Cristo, en vez de encerrarse en sí mismo, el pueblo de la nueva Alianza se convierte en “sacramento” para la humanidad, signo e instrumento de salvación, en obra de Cristo, en luz del mundo y sal de la tierra (cf. Mt 5,13-16), para la redención de todos»[3]. Como el santo papa dice, la Iglesia recibe de la Eucaristía su fuerza para llevar adelante su misión evangelizadora, porque en la Eucaristía tiene la Iglesia la fuente y el culmen de la vida cristiana, como declara el Concilio[4]. Por eso la Eucaristía no puede ser el punto de partida de la comunión eclesial, sino que la supone y la lleva a su consolidación y perfeccionamiento[5].

La Eucaristía consuma la comunión eclesial, y mediante la comunión eucarística se consolida la unidad del cuerpo eclesial como cuerpo de Cristo, cuya eficacia unidora es virtud del pan único y del único cáliz del Señor: «La argumentación es terminante: nuestra unión con Cristo que es don y gracia para cada uno, hace que en él estemos asociados también a la unidad de su cuerpo que es la Iglesia»[6]. Esta unidad en Cristo es obra del Espíritu Santo, por medio del cual acontece la acción de santificación de las ofrendas que son consagradas en el cuerpo y sangre de Cristo por medio del sacerdote. La Eucaristía es sacramento de la unidad y sacramento unificador. No es posible participar en la Eucaristía sin que cedan las tensiones y enfrentamientos entre quienes son miembros de un único cuerpo. El dinamismo de amor que desencadena la Eucaristía en quienes participan dignamente de ella, con sincera voluntad de concordia y paz cristiana, parten del principio paulino según el cual el cumplimiento de los mandamientos de Dios, que es preciso guardar para permanecer en Cristo, alcanza su plenitud en el amor al prójimo como recapitulación de la ley divina y testimonio veraz del que amamos a Dios. Por eso, advierte el apóstol san Pablo a los Gálatas: «si os mordéis y os devoráis unos a otros, ¡miras no vayáis a destruiros mutuamente!» (Gál 5,15). ¿Cómo se puede entonces participar en la Eucaristía haciendo de ella un culto de parte?

Si la Eucaristía es el verdadero banquete de comunión de vida con Dios y sacramento definitivo de la unidad de la Iglesia, el ministerio que la confecciona en la persona de Cristo cabeza (in persona Christi capitis) es un ministerio de unidad y consolidación de la fraternidad y de la comunión eclesial. Razón por la cual el ministro por excelencia de la Eucaristía es el Obispo que la celebra y preside como sucesor de los Apóstoles, como sumo sacerdote de su pueblo, y manda celebrar a los presbíteros, realizándose así sacramentalmente la unidad del cuerpo de Cristo en la unicidad del único pan y del único cáliz. Es así, porque «la comunión eclesial de la asamblea eucarística es comunión con el propio Obispo y con el Romano Pontífice»[7], enseña san Juan Pablo II, fundamentando su enseñanza en la declaración del Concilio: «Cada uno de los obispos, por su parte, es el principio y fundamento visible de la unidad en sus Iglesias particulares, formadas a imagen de la Iglesia universal»[8]. Por eso mismo sólo el obispo diocesano representa a su Iglesia, según las enseñanzas del Concilio.

La Eucaristía es sacramento de amor y de unidad y se consolida en ella la comunión de todos los fieles en Cristo. Necesitamos fortalecer la fe en la Eucaristía, amar la presencia misteriosa y real de Jesucristo entre nosotros, corazón de la fe y lugar de encuentro con Dios. La pérdida de fe en la Eucaristía refleja la crisis de fe de una Iglesia tentada por el secularismo de nuestro tiempo. No podemos recibir indignamente el Cuerpo del Señor, sin hacernos reos de condena eterna (cf. 1Cor 11,28-29).

Al venerar hoy el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, contemplemos este amor encarnado que nos transfigura y nos cambia en el mismo Cristo y reafirmemos la fe que profesamos en este misterio de amor, porque si la Eucaristía deja de ser amada y adorada, la fe de la Iglesia se pierde y se disuelve la misma Iglesia, dejando de celebrar el amor crucificado de Cristo para celebrarnos a nosotros mismos, convirtiendo la Eucaristía en un reflejo de nuestras construcciones humanas y no de Cristo y de la santa Trinidad de Dios, cuya unidad indivisible es el fundamento de nuestra comunión.

Queridos diocesanos, pidamos a la Santísima Virgen María, de quien Jesucristo Señor recibió nuestra carne y sangre, que no nos apartemos jamás de Él y de vivir en la plena comunión de su Iglesia. No dejéis unos por otros y de rezar por mí, a quien el Espíritu Santo puso al frente de esta Iglesia, que pasa ahora momentos de especial dificultad, para que no dejemos nunca de encontrar el alimento de la vida cristiana. Recemos todos para que sea preservada la unidad de nuestra Iglesia particular por medio de la Eucaristía, que Cristo ha confiado al ministerio del Obispo y de sus sacerdotes.

Almería, a 6 de mayo de 2021

X Adolfo González Montes

Obispo de Almería

[1] Catecismo de la Iglesia Católica / Catechismus Catholicae Ecclesiae [CCE], n. 1333.

[2] CCE, n. 1334

[3] San Juan Pablo II, Carta encíclica Ecclesia de Eucharistia [EE] (17 abril 2003), n. 22.

[4] Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 11.

[5] EE, n. 35.

[6] EE, n. 23.

[7] EE, n. 39.

[8] LG, n. 23.

Periodistas y escritores reclaman la figura del beato Lolo como referente del periodismo actual

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Con motivo de la clausura del Centenario del Nacimiento del beato Manuel Lozano Garrido, “Lolo”, la Sacristía de la Catedral acogía durante este martes una mesa redonda de escritores y periodistas, bajo el título “Beato Lolo: comunicador y periodista”.

El Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, fue el encargado de abrir el acto. Así, comenzó explicando que a lo largo de todo el año del Centenario, desde la Diócesis, se ha intentado poner de relieve todos los matices del beato Lolo, “pero hoy estamos aquí, para resaltar  su figura como comunicador y periodista, además de escritor”. Asimismo, animó a la Comisión Organizadora a continuar con ese trabajo para dar al conocer “ese brillo de santidad tan excepcional que tiene toda su vida. Es un hombre que rápidamente se asienta en los corazones de todos aquellos que lo conocen”.

DSC_0160 DSC_0158 DSC_0178 DSC_0197Por su parte, María Solano,  decana de la facultad de Periodismo de San Pablo CEU y autora de la única tesis doctoral sobre “Lolo”, fue la encargada de moderar la mesa redonda en la que participaron, además, el  director de Vida Nueva, José Beltrán;  el sacerdote y escritor extremeño, Jesús Sánchez Adalid; y la escritora linarense, catedrática de universidad, y amiga personal de Lolo, Fanny Rubio. Una mesa redonda a modo de diálogo entre los distintos participantes y el público que descubrieron en Lolo una profunda vocación de periodista y de comunicador, que traspasaba las fronteras de su pequeño piso de Linares, y se convertía en universal.

Cada uno de los ponentes fue resaltando diversas facetas del Beato Lolo, que lo hacen referente para el periodismo actual, a pesar de que falleciera hace casi medio siglo. María Solano afirmó que si viviera sería un «influencer» con cuentas en Twitter e Instagram. Fanny Rubio, quien lo conoció personalmente durante su adolescencia, lo definió como escritor brillante y un poeta, cuya obra posee una altura similar a la mística de San Juan de la Cruz. Por su parte, el director de Vida Nueva, José Beltrán lo calificó como periodista comprometido con su tiempo, que supo contagiar su experiencia de Dios y aterrizarlo a su experiencia de cada día. El sacerdote y escritor Sánchez Adalid destacó la faceta que lo hacía un periodista único, que sin salir de su salón supiera contar al mundo lo que sucedía.

Asistieron, junto con los Delegados de Medios y profesionales de la Comunicación de las Diócesis del Sur, el Presidente de la UCIPE, Rafael Ortega Benito; la Presidenta de la Asociación de la Prensa de Jaén, Fátima Jerez y otros periodistas de la provincia, así como personas interesadas en conocer, más de cerca, la figura de este “santo de la puerta de al lado”.

La mañana terminó con la lectura del Decálogo del Periodista de “Lolo”, ante sus reliquias que desde el pasado 2 de junio están en el presbiterio de la Catedral. Después visitaron a la muestra-relicario «Beato Lolo: santo y periodista» ubicada en la Catedral y un almuerzo de convivencia.

Este es el penúltimo de los actos que la Diócesis ha organizado para conmemorar el centenario del nacimiento del Beato Lolo. El próximo domingo, día 13 a las 19 horas, el Obispo de Jaén clausurará el Centenario con una Misa solemne en la Seo jiennense.

 

Galería fotográfica: «Beato Lolo: comunicador de la verdad»

Galería fotográfica: «Beato Lolo: comunicador de la verdad II»

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Una semana de Corpus en la catedral de Guadix

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Una semana de Corpus en la catedral de Guadix

 

Culminará este domingo 13 de junio, con exposición del Santísimo, Rosario, Misa y procesión claustral, a partir de las 7 de la tarde, en la catedral

 El viernes día 4 de junio la catedral organizó una Jornada de Oración y Penitencia, desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la tarde. Durante todo el día, la catedral estuvo abierta ininterrumpidamente para que quienes lo deseasen pudieran rezar. El Santísimo Sacramento estuvo expuesto en todo momento y, a la vez, hubo sacerdotes que atendieron a los fieles que quisieron confesarse, como preparación para la celebración del Corpus.

Al día siguiente, se celebraron las vísperas presididas por magistral de la catedral y consiliario de la “Primitiva, Ilustrísima y Real Hermandad del Santísimo Sacramento de la S.A.R.I. Catedral de Guadix”, José Francisco Serrano. Lo acompañaron el deán, Antonio Fajardo y el maestro de ceremonias, Alfonso José García, entre otros sacerdotes.

El sábado, también se adornaron las capillas laterales de la catedral con motivos eucarísticos, entre las que cabe destacar la capilla de la Virgen de la Esperanza, la de la Virgen de los Dolores, la de la Virgen de la Humildad, la de Santa Teresa y la de San Fandila. La Hermandad del Santísimo Sacramento adornó el trascoro, en colaboración con la Hermandad Sacramental de San Miguel y Pontificia del Santísimo Rosario, colocando una imagen de san Pío V, conocido como el “papa de Lepanto”, en cuyo pontificado se fomentó la devoción a la Sagrada Eucaristía y al Rosario. A ambos lados se colocó una imagen de san Miguel Arcángel y otra de Santa Lucía, que simbolizan la luz. Sobre el altar se colocó pan, vino, uvas y espigas, motivos eucarísticos por antonomasia.

El domingo se celebró la Misa Pontifical, presidida por el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco. Acto seguido, se bendijo a la ciudad de Guadix y a toda su diócesis con la custodia en las tres puertas principales de la Catedral. Debido a las circunstancias que nos encontramos por la COVID-19, la procesión fue claustral. El acompañamiento del palio lo hicieron dos representantes de la Hermandad del Santísimo Sacramento, el presidente de la Federación de Hermandades y Cofradías de Semana Santa y un representante de la Hermandad Sacramental de san Miguel, Santo Sepulcro y Obediencia. El obispo realizó estación en todas las capillas con motivo eucarísticos.

En la semana de la Octava del Corpus, las parroquias de Guadix están siendo protagonistas, pues cada día es organizado y presidido por cada una de ellas. El lunes, la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, de Guadix, y la de San Luis Rey, de Hernán Valle; el martes, la parroquia de Jesucristo Redentor junto con la de Nuestra Señora de la Paz de Paulenca y Ntra. Sra. de Gracia; el miércoles, la parroquia del Sagrario y la de Ntra. Sra. de Fátima; el jueves, la parroquia de San Miguel; el viernes, la parroquia de Santiago; y, por último, el sábado, la parroquia de Santa Ana.

El domingo, 13 de junio, se celebrará la octava del Corpus Christi en la catedral, presidida por el obispo, con procesión claustral. Comenzará a las 7 de la tarde con exposición del Santísimo. A las 8 se rezará el Rosario y a las 9 se celebrará la Eucaristía, a la que le seguirá la procesión claustral con la custodia. Con este acto finalizará la festividad del Cuerpo y Sangre de Jesús, el Corpus, en este año 2021.

Antonio Navarrete
Hermano mayor del Santísimo Sacramento de la Catedral de Guadix

 

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El obispo prolongará el Año Diocesano del Corazón de Jesús hasta junio de 2022

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El obispo prolongará el Año Diocesano del Corazón de Jesús hasta junio de 2022

El viernes 11 de junio la Iglesia celebra la solemnidad del Corazón de Jesús, una devoción muy arraigada en buena parte de las parroquias de la diócesis accitana. Y, en este año 2021, tendría que haberse clausurado ese día el Año Diocesano del Corazón de Jesús, que se abrió el 19 de junio de 2020 y tendría que haberse cerrado el 11 de junio de 2021. Sin embargo, como la pandemia ha impedido que se pueda vivir ese Año Diocesano con normalidad, el obispo accitano, D. Francisco Jesús Orozco, ha decidido prorrogarlo un año más, hasta el 24 de junio de 2022, que es cuando se celebra ese año esta solemnidad.

El anuncio de la prórroga lo va a hacer el obispo diocesano en la celebración de la Misa que presidirá en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, de Guadix, la única que tiene esta titularidad en toda la diócesis. La celebración comenzará a las 6´15 de la tarde, con exposición del Santísimo, rezo del Rosario y, finalmente, la celebración e la Eucaristía, a la que estamos invitados todos, que será a las 7 de la tarde.
Con esta prolongación del Año Diocesano, el obispo quiere que sirva, como estaba previsto, para dar un impulso a la pastoral diocesana. Hay programada una misión diocesana de formación, con catequesis y otros actos que se van a realizar en las parroquias. Además, una imagen peregrina del Corazón de Jesús, con reliquias de San Torcuato y el beato Medina Olmos, recorrerá todas las parroquias e instituciones diocesanas. Y, por supuesto, se quiere que la catedral sea un lugar de peregrinación y celebración a lo largo del año. Todo esto estaba previsto para 2021, pero la pandemia lo ha impedido o lo ha limitado mucho. Ahora que la situación sanitaria va mejorando, cabe esperar que todos esos actos se puedan celebrar a lo de este año y del que viene, hasta el 24 de junio de 2022, solemnidad del Corazón de Jesús, cuando será su clausurará.
El Año Diocesano del Corazón de Jesús fue proclamado por el obispo para para conmemorar el 75 aniversario de la entronización de la imagen del Corazón de Jesús en lo alto de la torre de la catedral accitana. También, el 75 aniversario de la consagración de la diócesis al Corazón de Jesús, una consagración que D. Francisco Jesús Orozco pudo renovar en la apertura de este Año Diocesano, el pasado 19 de junio de 2021.
Antonio Gómez

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Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío

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Todo el mes de junio está dedicado especialmente al Corazón de Jesús, porque en junio suele celebrarse la fiesta solemne del Sagrado Corazón de Jesús. Este viernes día 11 celebramos esta fiesta que viene a resumir todos los misterios de la vida cristiana.

El Corazón de Jesús es como el núcleo de todo el Evangelio: Jesús que vive, que habla, que enseña, que sana y devuelve esperanza, que perdona, que llama a seguirle. Con un corazón humano como el nuestro, que siente y padece, que se alegra y se conmueve, que ha experimentado la angustia del abandono y el consuelo hondo de Dios y de los hombres.

Jesús plenamente hombre, en todo semejante a nosotros sin pecado. Su persona es divina y, sin dejar de ser Dios, se ha hecho hombre como nosotros para caminar cerca de nosotros, junto a nosotros. Para hacernos hijos de Dios, partícipes de su herencia que es el cielo, ya adelantado en la tierra.

El Corazón de Cristo nos recuerda contantemente que Dios nos ama, que el único motor de su vida es el amor, nunca la venganza justiciera. El Corazón de Cristo nos está diciendo continuamente que Dios tiene corazón, que es sensible a nuestros sentimientos, que se emociona, se alegra, sufre, nos ama apasionadamente. Y en ese desbordamiento de amor, Dios ha encontrado rechazos, olvidos, ofensas por parte de los hombres. El Amor no es amado!, decía con gemidos san Francisco de Asís.

San Juan de Ávila anunciaba: sepan todos que nuestro Dios es amor, en un contexto luterano en el que a Dios se le aplicaba la justicia vengativa. El Maestro Ávila nos invita a la contemplación de la pasión de Cristo, porque amó más que padeció y por la contemplación de la pasión llegamos a descubrir el calibre de su amor.

Cuando las personas más cercanas a Dios, los santos, se han dado cuenta de que el Amor no es amado y, a pesar de todo, continúa amándonos más todavía; que ese Amor está continuamente perdonándonos y continuamente reciclando nuestras ofensas, devolviéndonos más amor, brota en el corazón humano un deseo grande de reparar tantas ofensas, incluidas las propias, y de colaborar en la redención del mundo. Es lo que llamamos reparación. Se trata de devolver todo el amor que podamos a tanto amor como se nos ha dado, y al que muchas veces respondemos remolonamente. Se trata de restaurar con amor lo que con tanto pecado ha sido destruido o deteriorado.

Llegada la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, es momento de revisar nuestra actitud de reparación. Cómo devolver amor por nuestra parte al amor que nos tiene Jesús. Se trata de un compromiso de amar y de entregarnos más y más a ese Divino Corazón. Las prácticas de piedad en torno al Corazón de Jesús ayudan a mantener vivo ese fuego de amor: los primeros viernes con confesión sacramental y comunión reparadora; la adoración eucarística, donde el Corazón de Cristo está vivo y palpitante; las letanías del Corazón de Jesús; el fomento del apostolado de la oración, con el ofrecimiento de obras al comienzo de la jornada; la consagración al Corazón de Jesús, etc.

Las apariciones privadas a santa Margarita María de Alacoque (1675) en Paray-le-Monial impulsaron una gran devoción al Sagrado Corazón de Jesús: “He aquí este corazón que tanto ha amado a los hombres… y en reconocimiento no recibe de la mayoría sino ingratitud”. El Magisterio de la Iglesia y la Compañía de Jesús han explicado y ampliado esta devoción, que nunca pasará de moda, porque nos acerca el corazón de Dios en el corazón de Cristo y nos toca de lleno nuestro corazón humano. Junto al Corazón de Cristo está siempre su Madre santísima. Por eso, al día siguiente celebramos el inmaculado Corazón de María, que ha latido continuamente al ritmo del Corazón de su hijo Jesucristo.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

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“Caminantes, sembradores y testigos”

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El Tiempo Ordinario nos invita a vivir lo ordinario de forma extraordinaria

Vuelven los domingos del Tiempo Ordinario, centrados principalmente en la vida pública de Jesús. Este tiempo no celebra grandes solemnidades, pero nos invita a vivir lo ordinario de forma extraordinaria. Nos invita a desarrollar esos tres hermosos destellos que configuran nuestros afanes y quehaceres: «Caminantes, sembradores y testigos». Caminantes hacia la Casa del Padre, con la hoja de ruta marcada por los valores del Evangelio, conscientes de que en la vida no hay caminos maravillosos sino caminantes maravillados. Sembradores con el estilo que marcaran los famosos versos de sor Cristina de Arteaga: «Sin saber quien recoge, sembrad, / serenos, sin prisas,, / las buenas palabras, acciones, sonrisas». Y testigos, refrendando con nuestras vidas la Palabra, la semilla de Dios, arrojada a los surcos abiertos de una tierra que esconde vitalidad, engendra vida.

Hermosa parábola del evangelio en este domingo para vivir este Tiempo Ordinario, tiempo de «letra pequeña»,  como el grano de mostaza que crece, echa ramas y los pájaros anidan a su sombra. Y una especial reflexión para todos los sembradores: «Lo primero que tenemos que interiorizar en nosotros es que nuestra tarea es sembrar, no cosechar. No vivir pendientes de los resultados. Y lo segundo, que los comienzos de toda siembra siempre son humildes. Más todavía si se trata de sembrar el proyecto de Dios en el ser humano. «Alza la mano y siembra, con un gesto impaciente, en el surco, en el viento, en la arena, en el mar…».

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“San Juan de Ávila aporta la renovación de las actitudes fundamentales del cristiano”

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Con su ponencia, “La Palabra de Dios en la teología avilina”, Ricardo Aldana participa en el III Congreso Internacional Avilista que comienza en Córdoba y Montilla el día 29 de este mes. La conferencia se celebra el día 30 de Junio en el marco del bloque temático sobre Teología

-¿Qué le motivó a acercarte a la figura de San Juan de Ávila?

Durante la época de formación, lo había conocido un poco, por el Audi filia y algún sermón. Con el reconocimiento como Doctor de la Iglesia y por invitación a escribir sobre él lo empecé a leer sistemáticamente.

– ¿A qué fuentes ha recurrido para estudiar la dimensión del Patrón del Clero Secular Español?

Preferentemente a los volúmenes de Obras Completas publicados en BAC maior

-¿Qué papel desempeña san Juan de Ávila en la Teología?

Creo que trasmite especialmente el espíritu profético que la Teología no debería perder. Espíritu profético significa una presentación de la Palabra de Dios que invita a la decisión por Dios y el seguimiento de Cristo.

-¿Considera que su estudio es necesario para comprender la Iglesia de hoy?

Sí, porque me parece que su pensamiento representa la conciencia de reforma auténtica de la Iglesia de su época, y sus acentos reformistas, como denuncia de lo que hay que corregir y como invitación a una fe más viva, los seguimos necesitando.

-¿Qué aspectos de los sermones de San Juan de Ávila mantienen hoy su vigencia?

Diría que la centralidad de la Palabra de Dios, de la gracia divina, de la oración y del amor al prójimo.

-¿Es San Juan de Ávila una figura inabarcable?

Su obra no es tan grande como la de otros autores. Como testigo eminente de la Palabra de Dios, su testimonio se abre a una profundidad insondable, en donde somos invitados a lo único necesario: adorar a Dios, que es Amor, y amar al prójimo con ese mismo Amor.

-¿Qué ha aportado a su vida cristiana conocer de cerca al Santo Patrón del Clero Español?

Tal vez una renovación de las actitudes fundamentales del cristiano, resumidas en lo que él llama fe verdaderamente viva. Y como sacerdote que debe predicar, una renovación en el trato con la Palabra divina dirigida a los fieles.

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La crisis político-migratoria en Ceuta centró el Círculo de Silencio de junio

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La Mesa Diocesana de Atención y Acogida de Migrantes y Refugiados de Cádiz y Ceuta denunció, a través del Círculo de Silencio del mes de junio, “la disputa de malos vecinos entre Marruecos y España”. En este sentido, se lamentó que ambos países “hubiesen involucrado al pueblo de los pobres, a hombres, mujeres y niños que desde hace ya demasiado tiempo se desplazan por los caminos de la emigración, y a hombres, mujeres y niños que consideraron se les ofrecía ahora una oportunidad para echarse a un camino antes solo soñado. A esos miles de pobres, expuestos una vez más a perder la vida en las fronteras de nuestros intereses y nuestras disputas, es a ellos a quienes deseamos arropar en el silencio de nuestro círculo”.

Reunidos, como es costumbre, en la Plaza de la Catedral de Cádiz, a través de la lectura de un manifiesto escrito por el arzobispo emérito de Tánger, Mons. Santiago Agrelo, titulado ¡Ellos son nosotros!, se denunció “la hipocresía, la deslealtad y la frivolidad de jefes de Estado y altos representantes, reunidos en la sede de las Naciones Unidas, el 19 de septiembre de 2016, donde expresaron ‘su profunda solidaridad a las millones de personas que se ven obligadas a desarraigarse y abandonar sus hogares’, y se mostraron ‘decididos a salvar vidas’, prometieron ‘luchar con todos los medios a su alcance contra los abusos y la explotación que sufre el incontable número de refugiados y  gestionar los grandes desplazamientos de refugiados y migrantes de manera humana, respetuosa, compasiva y centrada en la persona’”.

Asimismo, se cuestionó la relación entre España y Marruecos. “Salimos de noche, braceamos contra la muerte y, cuando llegamos, nos encontramos con que lo importante no somos nosotros sino la suciedad de las relaciones Marruecos-España, analizada por todos los laboratorios; lo importante no somos nosotros sino la integridad del territorio que pisamos amenazada por nuestros pies descalzos; lo importante no es nuestro miedo sino el miedo de quienes tienen miedo de nosotros, de los pobres, de los desaliñados, de los mojados. Ellos, nosotros, somos una amenaza, no por la posibilidad de ser portadores de un virus, sino por la certeza de que somos nosotros. Ellos, nosotros, nos emocionamos hasta las lágrimas cuando vemos a un Guardia Civil que defiende el territorio salvando bebés; o a un soldado que defiende el territorio salvando niños; o a una mujer de la Cruz Roja que defiende el territorio abrazando mojados. En esos defensores del territorio, precisamente en esos, reconocemos la humanidad que necesitamos ser”.

Por todo ello, por los migrantes y por una humanidad acogedora, se dedicó el silencio de la Mesa Diocesana de Atención y Acogida de Migrantes y Refugiados de Cádiz y Ceuta del mes de junio.

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