La crisis político-migratoria en Ceuta centró el Círculo de Silencio de junio

Diócesis de Cádiz-Ceutahttps://www.obispadocadizyceuta.es/
La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

La Mesa Diocesana de Atención y Acogida de Migrantes y Refugiados de Cádiz y Ceuta denunció, a través del Círculo de Silencio del mes de junio, “la disputa de malos vecinos entre Marruecos y España”. En este sentido, se lamentó que ambos países “hubiesen involucrado al pueblo de los pobres, a hombres, mujeres y niños que desde hace ya demasiado tiempo se desplazan por los caminos de la emigración, y a hombres, mujeres y niños que consideraron se les ofrecía ahora una oportunidad para echarse a un camino antes solo soñado. A esos miles de pobres, expuestos una vez más a perder la vida en las fronteras de nuestros intereses y nuestras disputas, es a ellos a quienes deseamos arropar en el silencio de nuestro círculo”.

Reunidos, como es costumbre, en la Plaza de la Catedral de Cádiz, a través de la lectura de un manifiesto escrito por el arzobispo emérito de Tánger, Mons. Santiago Agrelo, titulado ¡Ellos son nosotros!, se denunció “la hipocresía, la deslealtad y la frivolidad de jefes de Estado y altos representantes, reunidos en la sede de las Naciones Unidas, el 19 de septiembre de 2016, donde expresaron ‘su profunda solidaridad a las millones de personas que se ven obligadas a desarraigarse y abandonar sus hogares’, y se mostraron ‘decididos a salvar vidas’, prometieron ‘luchar con todos los medios a su alcance contra los abusos y la explotación que sufre el incontable número de refugiados y  gestionar los grandes desplazamientos de refugiados y migrantes de manera humana, respetuosa, compasiva y centrada en la persona’”.

Asimismo, se cuestionó la relación entre España y Marruecos. “Salimos de noche, braceamos contra la muerte y, cuando llegamos, nos encontramos con que lo importante no somos nosotros sino la suciedad de las relaciones Marruecos-España, analizada por todos los laboratorios; lo importante no somos nosotros sino la integridad del territorio que pisamos amenazada por nuestros pies descalzos; lo importante no es nuestro miedo sino el miedo de quienes tienen miedo de nosotros, de los pobres, de los desaliñados, de los mojados. Ellos, nosotros, somos una amenaza, no por la posibilidad de ser portadores de un virus, sino por la certeza de que somos nosotros. Ellos, nosotros, nos emocionamos hasta las lágrimas cuando vemos a un Guardia Civil que defiende el territorio salvando bebés; o a un soldado que defiende el territorio salvando niños; o a una mujer de la Cruz Roja que defiende el territorio abrazando mojados. En esos defensores del territorio, precisamente en esos, reconocemos la humanidad que necesitamos ser”.

Por todo ello, por los migrantes y por una humanidad acogedora, se dedicó el silencio de la Mesa Diocesana de Atención y Acogida de Migrantes y Refugiados de Cádiz y Ceuta del mes de junio.

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