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Carta Pastoral del obispo de Guadix en la LV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

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Queridos fieles diocesanos:

El domingo 16 de mayo la Iglesia celebra la fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos. También es el día en el que celebramos la 55 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Este año lo hace con el lema “`Ven y verás´… (Jn 1, 46). Comunicar encontrando a las personas donde están y como son”. Y es así, las personas son siempre lo primero en todo proceso comunicativo, por encima de los hechos que se comunican y, por supuesto, de los intereses empresariales o de cualquier otro tipo. La Encarnación de Cristo nos lanza siempre a este protagonismo de la dignidad de la persona que el humanismo cristiano ha sabido transmitir con fidelidad a lo largo de los siglos. Sigamos siendo expertos en humanidad.

Esta jornada debe servir para tener muy presentes a los periodistas, que cumplen la noble y necesaria tarea de contar la realidad, desvelar la verdad que transmiten los hechos e, incluso, interpretar los acontecimientos para ayudar a entender. Y no siempre es una tarea fácil. Más bien, todo lo contrario. El Papa Francisco, en su mensaje para la jornada de este año, les dice a los periodistas que en su vocación y fidelidad a la verdad en la comunicación “es necesario salir de la cómoda presunción del `como es ya sabido´ y ponerse en marcha, ir a ver, estar con las personas, escucharlas, recoger las sugestiones de la realidad, que siempre nos sorprenderá…”. Y les recuerda el consejo del beato Manuel Lozano, jienense de Linares, que les decía a sus compañeros de profesión: “abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llene de sabia y frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean”.

También es una jornada que debe llevar a ser conscientes de nuestra responsabilidad como consumidores de medios y a tener una conciencia crítica que, en palabras del Papa Francisco, no debe llevar “a demonizar el instrumento, sino a una mayor capacidad de discernimiento y a un sentido de la responsabilidad más maduro, tanto cuando se difunden, como cuando se reciben los contenidos. Todos somos responsables de la comunicación que hacemos, de las informaciones que damos, del control que juntos podemos ejercer sobre las noticias falsas, desenmascarándolas. Todos estamos llamados a ser testigos de la verdad: a ir, ver y compartir”.

Hay mucha elocuencia vacía, dice el Papa en su mensaje, mucho periodismo “de palacio”, autorreferencial, que “es cada vez menos capaz de interceptar la verdad de las cosas y la vida concreta de las personas”. Pero también hay un periodismo que sale y ve para contar, que arriesga y se compromete, que permite conocer la realidad de los que no cuentan, de las minorías. Agradezco la labor de tantos buenos comunicadores, a veces con riesgo de la propia vida, que son la voz de los que son ninguneados en nuestro mundo, aplastados por el poder de las ideologías que instrumentalizan para sus fines las verdaderas historias.

En el territorio de la Diócesis de Guadix hay una presencia pequeña, pero significativa, de medios de comunicación, que cumplen una función necesaria: emisoras de radio, medios escritos, televisiones locales, páginas webs, redes sociales. Gracias a ellos nos sentimos parte de una comunidad, nos mantenemos informados, conocemos las propuestas de otros y hasta tomamos conciencia de nuestra propia realidad y de nuestras potencialidades. Nos encontramos con los demás, con las personas, a través de todos esos medios, a los que agradezco su trabajo y a los que animo a ser fieles siempre a la verdad.

También la Iglesia diocesana se hace presente en esos canales, a través de la Delegación de Medios de Comunicación, ofreciendo noticias, ayudando a contar la vida de nuestra Diócesis, siendo cauce para que el “ven y verás” del Evangelio se haga vida hoy, con testimonios, con imágenes, con información. Felicito a nuestro delegado episcopal de medios de comunicación por su servicio precioso a la Iglesia y a nuestra Diócesis.

En estos tiempos de pandemia, además, hemos podido comprobar cómo los medios de comunicación nos han ayudado en las largas jornadas de confinamiento y han permitido llevar las celebraciones de las parroquias y de nuestra Catedral, a los hogares de muchos cristianos que no podían salir de casa. Aunque nada puede reemplazar el encuentro directo, la presencia física y el hecho de ver en persona, hemos podido celebrar en estas circunstancias el Año Jubilar del Beato Manuel Medina Olmos y el Año diocesano del Corazón de Jesús. Así fue como se difundió el Evangelio, con el testimonio directo de quienes creían y lo vivían, de quienes se habían encontrado directamente con Jesús y lo contaban. Por eso, ahora que la situación sanitaria lo va permitiendo cada vez más, conviene ir recobrando la participación presencial en las celebraciones, el encuentro directo con Jesús Eucaristía y con los hermanos.

En el Evangelio, Felipe invitó a Natanael a tener una experiencia directa con Jesús. “Ven y verás” (Jn 1,46). Aquella invitación suena hoy como el mejor reclamo publicitario, también para nosotros, que nos anima a tener encuentro personal con Jesús. Solo así podremos contar a los demás lo que hemos vivido y lo que creemos. Solo así podremos ser sus testigos: testigos que comunican y que son fieles a la verdad de un encuentro que ha transformado la existencia y quiere ser generador misionero de Buena Noticia para toda la humanidad.

Con mi afecto y bendición

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar
Obispo de Guadix

#HazMemoria: el laicado, la primera vocación en la Iglesia

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La vida del fiel laico tiene como objetivo conocer y dar a conocer la radical novedad cristiana que tiene su origen en el Bautismo. Los laicos contribuyen a la misión de la Iglesia por su participación activa en la liturgia, en el anuncio de la Palabra de Dios y en la catequesis. Pero también, de manera especial, haciendo presente a Cristo en las realidades ordinarias: su lugar es el mundo profesional, social, económico, cultural y político.

Pensando en los fieles laicos, el papa Francisco invita a toda la Iglesia a un “soñar juntos” que se convierte en misión especial que impulsa a descubrir la riqueza del laicado en la vida del Pueblo de Dios: “He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. (…) Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!“.

Los laicos es la primera vocación en la Iglesia. La mayor parte de los bautizados viven una única vocación, la de ser laicos.

Son fieles laicos todos los cristianos a excepción de los miembros del orden sacerdotal y los que pertenecen al estado religioso.

Los fieles laicos son llamados personalmente por Dios. De él reciben una misión en favor de la Iglesia y del mundo.

Toda la existencia del fiel laico tiene como objetivo conocer la radical novedad cristiana que tiene su origen en el Bautismo

Los fieles laicos contribuyen a la misión de la Iglesia por la participación activa en la liturgia, en el anuncio de la Palabra de Dios y en la catequesis.

Su presencia en la Iglesia no puede hacer olvidar que su lugar es el mundo profesional, social, económico, cultural y político.

Tampoco se puede caer en la separación entre fe y vida, de modo que la acogida del Evangelio esté separada de la acción en las diversas realidades temporales y terrenas.

Las nuevas situaciones, eclesiales y sociales, económicas, políticas y culturales, reclaman hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos.

El fiel laico es corresponsable, junto con los ministros ordenados y con los religiosos y las religiosas, de la misión de la Iglesia.

Los fieles laicos tienen, en su vocación a la santidad, un signo luminoso del infinito amor del Padre.

Un renovado Pentecostés

El momento del laicado tiene una celebración especial en Pentecostés. El día en que se recuerda el envío del Espíritu Santo sobre los apóstoles y María que transformó la Iglesia naciente, de una pequeña comunidad cerrada por miedo a los judíos en un pueblo de Dios llamada a anunciar, celebrar y vivificar la vida del mundo. El sueño del que habla el Papa es el de un renovado Pentecostés, no es un sueño nuestro, sino el de Dios para nosotros, para la Iglesia que peregrina en España. Se trata de sueños que se refieren al interior de la Iglesia y hacia el mundo en que vivimos.

La vida de los fieles laicos no separa la fe y la vida. La acogida del Evangelio no está separada de la acción en las diversas realidades temporales y terrenas. De hecho, las nuevas situaciones, eclesiales y sociales, económicas, políticas y culturales, reclaman hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos que son corresponsables junto con los ministros ordenados y con los religiosos y las religiosas, de la misión de la Iglesia.

Cada bautizado, un agente evangelizador

Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de profundización en la vida de fe, debe vivir como un agente evangelizador. Es importante salir de un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel fuera solo receptivo de sus acciones. El pueblo de Dios en salida implica un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. Una Iglesia en la que los laicos no son “actores de reparto” o secundarios, sino protagonistas, junto con los pastores y la vida religiosa, en la misión de anunciar el Evangelio de Jesucristo.

El papa Francisco invita también a un trabajo en sinodalidad que nos debe llevar también a vivir la comunión entre todos los que forman parte de la Iglesia: las diócesis, los movimientos y asociaciones, las parroquias, las formas diversas de consagración. El sueño de una Iglesia sinodal se traduce en una Iglesia en salida, del acompañamiento, de la fraternidad. Una Iglesia que busca crear puentes de diálogo, de encuentro con los que son y piensan diferente a nosotros, frente a una cultura del enfrentamiento, del descarte. Su alimento cotidiano lo encontramos en la eucaristía. En torno a ella se reúne y de ella se alimenta el entero Pueblo de Dios.

Proyecto de fraternidad

Los fieles laicos son invitados a trabajar en la Iglesia y con la Iglesia para ser servidores de un proyecto de fraternidad para toda la humanidad, y ser testigos de una esperanza nueva, que tiene su punto de partida en la radical dignidad de todo ser humano. De tal manera que reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo universal de hermandad que permita encontrarnos en el mismo pueblo de Dios.

Así podemos centrar nuestra atención en realidades y causas de nuestro mundo tan significativas como el anhelo de hacer efectivo el destino universal de los bienes ante tantas desigualdades y tanta exclusión; de acoger el anhelo de una vida digna de tantas personas migrantes; de la defensa de la dignidad del trabajo y del trabajo digno, tan esencial para la vida digna de personas, familias y sociedades, ante tanta precariedad y pobreza en el mundo del trabajo; de la igualdad entre hombres y mujeres frente a tantas injusticia de que son víctimas tantas mujeres; del cuidado de las personas y de la fragilidad ante tanto descuido de la vida; del anhelo de una ecología integral ante la profunda crisis ecosocial que padecemos, etc.

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Hoy se reúne el Círculo de Silencio en Jaén, bajo el lema «Migraciones y ciudadanía global. Ampliando el nosotras»

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Cada tercer martes de mes, hoy, 18 de mayo, se reúne, de forma virtual, el Círculo de Silencio en Jaén, a las 20 horas.

Esta vez el acto estará organizado bajo el lema «Migraciones y Ciudadanía Global. Ampliando el nosotras». Ampliando el nosotras es una expresión que recoge el deseo de construir una ciudadanía global que es capaz de incluir y acoger generando redes de apoyo y sostén que solo son posibles si ampliamos el nosotras. Un nosotras ampliado en femenino inclusivo que visibiliza la realidad de las migraciones más oculta que es la de las mujeres como migradas y como generadoras de redes y de hospitalidad.

Ampliando el nosotras ha puesto sobre la mesa y quiere seguir haciéndolo la vulnerabilidad, la injusticia y la explotación en la que se encuentran las personas migradas. Escucharemos las experiencias de Aisha y de Sandra, mujeres de lucha y de esperanza generadoras de una ciudadanía global que hacen y construyen Red.

Ser parte de una ciudadanía global es sentirse responsable y comprometida, a nivel personal y colectivo, con la transformación de la realidad local y global para construir un mundo más justo, más equitativo y respetuoso con la diversidad y con el medio ambiente, en el que todas las personas podamos desarrollarnos libre y satisfactoriamente.

Este círculo está organizado, junto con el Secretariado de Migraciones, por la Acción Social de la Institución Teresiana en España e InteRed, ONG promovida por la Institución Teresiana y se enmarca en la Semana de Acción Ampliando el Nosotras.

“Acoger, proteger, promover e integrar”, son los verbos que queremos conjugar unidos a la idea de solidaridad de todos los que creen en un mundo mejor.

Participa con una vela encendida, a través del enlace: http://bit.ly/circuloJaénmayo

¡ÚNETE!  HAZ SENTIR TU VOZ

Institución Teresiana (Acción Social) e Intered

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La Catedral acoge el Sacramento de la Confirmación de las alumnas del Colegio Guadalimar

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El pasado viernes, 14 de mayo, víspera de San Eufrasio, patrón de la Diócesis, 56 alumnas del Colegio Guadalimar fueron confirmadas en la Catedral de Jaén.

La celebración estuvo presidida por el Obispo, Don Amadeo Rodríguez Magro, y concelebrada por  su Secretario particular, Don Juan Pedro Moya; el capellán de Guadalimar, D. Alexander Vaz; el Capellán de Altocastillo,  D. Fernando Gallego; y el sacerdote de Altocastillo, D. Luis Ramón Quesada.

Los catequistas y familiares fueron los encargados de las lecturas. El Evangelio fue proclamado por D.  Luis Ramón Quesada. Asimismo, el acompañamiento musical corrió a cargo del grupo litúrgico EscuchArte.

Homilía

Don Amadeo comenzó su homilía saludando a los sacerdotes, catequistas y profesores del Colegio, así como a los confirmandos, que estaban acompañados por sus padres y padrinos. También, quiso tener unas palabras de cariño para los abuelos que no pudieron participar en la celebración, debido a la reducción del aforo, a causa de la Covid-19.

Después, el Pastor diocesano, dirigiéndose a los confirmandos les explicó que “el bautismo es la puerta de entrada que Dios nos da a la Iglesia. Pero, además, la educación cristiana es una educación para evangelizar, para que podáis reconocer y vivir como aquello que sois, hijos de Dios y convertiros en mujeres que viven en Cristo”. Don Amadeo añadió, además: “Como ya sabéis, vivir en Cristo es una forma de ser y siempre hay que hacerlo en el seno de la Iglesia. Así, el Espíritu Santo, que va a orientar vuestra fe e iluminar vuestra existencia, es un regalo de Dios a la Iglesia. Estamos en la Iglesia, crecemos en la Iglesia y formamos comunidad y, por ello, recibimos el Espíritu Santo para vivir, también, nuestra fe en ella. Además, hay que vivir la fe en aquello que la Iglesia nos va ofreciendo, la Eucaristía fundamentalmente, porque sin la Eucaristía los cristianos no podemos vivir”.

Asimismo, el Obispo subrayó que la fe “es un encuentro personal con Jesucristo que nos cambia la vida. Un encuentro personal que sucede en la Eucaristía, en la oración, en los sacramentos… especialmente, en el Sacramento de la reconciliación”. Continuó, también, explicando que vivir como cristianos no es fácil y supone vivir una existencia en la que tenemos que ir definiendo e identificándonos cada día. “Porque ser cristiano es un modo de ser que, después, se tiene que convertir, a través del Espíritu Santo que hoy vais a recibir, en un modo de vivir. El Espíritu Santo va a acompañar el camino de vuestra vida”. En este sentido añadió: “Estáis recibiendo una buena formación humana y cristiana y tendréis, en el futuro, mucha responsabilidad. Hay que hacerlo todo con mucha confianza en Dios y en el Espíritu Santo, que hoy va a enriquecer vuestra vida con sus dones para que deis frutos. Además, estamos llamados a la santidad, en el trabajo, en la vida ordinaria… como decía San Josemaría”. Quiso culminar haciendo referencia a la fiesta de San Eufrasio, “también damos gracias a Dios por estar celebrando esta Eucaristía y este Sacramento en un día tan señalado para la vida de la Iglesia diocesana”.

A continuación, tuvieron lugar los ritos propios de la Confirmación: la renovación de las promesas bautismales, la imposición de las manos y la crismación a cada uno de los confirmandos, que estuvieron acompañados por sus padrinos.

La celebración concluyó con una foto de familia.

Galería fotográfica: «Confirmaciones Colegio Guadalimar»

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Monseñor Rodríguez Magro abre la primera sesión de la asamblea de Delegados diocesanos, dedicada al Centenario del Nacimiento del Beato Lolo

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Tras su aplazamiento en el pasado mes de enero, de nuevo la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales (CECS) ha convocado del 17 al 19 de mayo su Asamblea anual de Delegados Diocesanos, que está lugar en el Aulario Papa Francisco de Madrid. El tema del encuentro en esta edición es “Retos de la comunicación de hoy: la exigencia y el compromiso de comunicar la verdad”.

La primera sesión se ha dedicado al Centenario del Nacimiento del Beato Manuel Garrido, Lolo. Nuestro Obispo, Don Amadeo Rodríguez Magro, hacía una bella semblanza sobre el Beato periodista en la que procuró explicar  “cómo se fue fraguando una vida que siempre manifestaba el brillo divino de la gracia”.

Así, el Obispo de Jaén explicó que todo en Lolo sucede en una relación de intimidad con el Señor, como un discípulo que sigue a Cristo y está con él. “Su discipulado se iba manifestando en la misión que tuvo que ir asumiendo a lo largo de todas las etapas circunstancias y momentos de su vida. Lolo en efecto, vivió toda su existencia, lo decimos con palabras de hoy, como un auténtico discípulo misionero”. Y añadió: “Esa tarea misionera y solidaria la hacía estando muy atento a lo que sucedía a su alrededor, que siempre, incluso en su infancia, le exigía opciones profundas. Nunca estuvo ajeno a los signos y circunstancias de su tiempo: ni en lo social y político, ni en los problemas y pobrezas, ni en los gozos y dificultades”.

Asimismo, Don Amadeo señaló que Lolo fue fue un niño santo, un adolescente y joven laico cristiano militante. “Lolo creció en unas difíciles condiciones de vida y en ellas se forjó su fortaleza humana y espiritual. Por todo lo vivió en su adolescencia y juventud se convirtió para muchos en un acompañante y en un líder admirable de otros jóvenes cristianos. Este periodo fue para Lolo y para los jóvenes de Acción Católica un tiempo martirial. Ya, desde entonces, atrae en él de un modo especial, el tono vital de su existencia, que nunca estuvo marcado por la tristeza, sino por la alegría; no por el llanto, sino por la iniciativa apostólica; no por la soledad, sino por la comunicación y la amistad con todos: grandes y pequeños, sanos y enfermos, pobres y ricos. La suya fue «una existencia de auténtica santidad evangélica», decía el cardenal Amato en la homilía de su Beatificación”.

Monseñor Rodríguez Magro continuó subrayando que a los veintidós años empieza para Lolo una nueva forma de vida. “Fue entonces cuando emprende una peregrinación por los hospitales de Madrid, hasta que definitivamente, en abril de 1944, se ve obligado a volver a su casa, para comenzar los 28 años de silla de ruedas, con una invalidez total y progresiva que culmina en la ceguera en los últimos nueve años”. Sin embargo eso no le impidió seguir ejerciendo el periodismo “en la invalidez y en la ceguera se acercaba a todo, lo veía todo con una extraordinaria facilidad. Sabemos que Lolo estaba presente allí donde había una noticia que dar y una reflexión que ofrecer”, añadió Don Amadeo.

Igualmente, el Obispo afirmó que Lolo era un joven “que vivió una profunda espiritualidad cristiana, y que se iba enriqueciendo a medida que cambiaban sus condiciones vitales, cada vez más duras. La Eucaristía era para Lolo el secreto de su fortaleza interior”. “Enfermo y escritor fueron los dos servicios que ofreció en los últimos días de su vida. Su espiritualidad era también muy mariana. Lolo vive con profundidad la maternidad espiritual de la Santísima Virgen y siempre se sentía bajo su mirada amorosa”.

Finalmente, abordó su faceta como periodista y escritor. “Enfermo y escritor fueron los dos rasgos que caracterizaron su santidad en los últimos días de su vida. Lolo encontró en la escritura y el periodismo un cauce de expresión y comunicación de lo que vivía y sentía. En más de trescientos artículos y nueve libros, en los que se irradia, en belleza, el amor de Dios y la alegría del Evangelio, se muestra como un verdadero modelo de escritor y periodista cristiano”.

Para culminar el Prelado añadió: “En este año, del centenario de su nacimiento, queremos decir a todos que Manuel Lozano Garrido, Lolo fue un santo niño; un santo joven militante cristiano; fue un estudiante ejemplar y un trabajador responsable; fue un escritor y periodista que tenía clavado en su frente el lucero de la verdad y lo bruñía a todas horas; y fue un enfermo que sazonaba sus dolores con la alegría que manaba del corazón de Cristo. Es por eso que la Iglesia de Jaén quiere que Lolo siga atrayendo; por eso propone en este foro, desde el que la Iglesia comunica y abre tantas puertas para el bien, la verdad y la belleza, que se dé a conocer a este joven santo. Es mucho lo que se puede aprender de él. Si me lo permitís, os diré: la amistad con “Lolo” reconforta, llena de Dios y nos enseña a amar al ser humano.  Muchas gracias”.

Conferencia de María Solano
Por su parte, María Solano, decana de Comunicación del CEU San Pablo y autora de la única tesis doctoral sobre Manuel Lozano Garrido, desglosó la ejemplaridad como comunicador del Beato periodista.

Así, Solano mostró a un periodista puro a muchos de los asistentes. Así, comenzó explicando que se propuso hacer la tesis para demostrar que «se puede ser santo y periodista al tiempo». Subrayó, además, el perfil puramente periodístico del Beato que ella había descubierto al estudiar sus más de 700 artículos. La labor periodística de Lolo se desarrolló profundamente a través de estos artículos y reportajes con los que ingresaba dinero para poder ayudar en casa, pero a la vez, Lolo desarrolló a través del periodismo su vocación auténtica que era la de comunicador, todo ello a pesar de su enfermedad incapacitante. Su exposición culminó con el decálogo del periodista q escribió Lolo y, posteriormente, se ofreció un tiempo de coloquio.

Descargar semblanza del Obispo sobre el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

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Actos con motivo de la Solemnidad de San Eufrasio, patrón del Seminario

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Una de las fechas importantes en nuestro Seminario es la solemnidad de San Eufrasio, patrón del Seminario y de Jaén. Por esta razón, la comunidad del Seminario participó tanto en las Vísperas Solemnes el pasado 14 de mayo a las 18h, que tuvieron lugar en la Catedral de Jaén y fueron presididas por nuestro Obispo, Don Amadeo Rodríguez Magro, como en la Misa Solemne del día 15 a las 9h, también en la Catedral y presidida por nuestro Vicario General, D. Francisco Juan Martínez Rojas.

Finalizada la celebración de la Eucaristía, y aprovechando el fin de las restricciones de movilidad en Andalucía, pudimos desplazarnos a dos bellas localidades de la provincia de Córdoba, Montoro y Bujalance, donde pudimos admirar algunos de sus templos: la parroquia del Carmen y la parroquia de San Bartolomé en Montoro, y la parroquia de San Francisco de Asís, la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, la ermita de la Milagrosa y la ermita de Nuestro Padre Jesús en Bujalance.

Agradecemos a las comunidades de Montoro y Bujalance su acogida y dedicación. Pedimos por todos vosotros.

Comunidad del Seminario Diocesano de Jaén

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Bendición del Retablo de la Resurrección de la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción de Albox

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Lecturas bíblicas: Hch 10,25-26.34-35.44-48. Sal 97,1-4 (R/. «El Señor revela a las naciones su justicia»). 1Jn 4,7-10. Aleluya: Jn 14,23 («Si alguno me ama, guardará mi palabra…»). Evangelio: Jn 15,9-17.

Queridos hermanos y hermanas:

Nos congrega esta mañana la celebración de la misa dominical de este domingo VI de Pascua que, como todo el tiempo pascual, está centrado en la resurrección de Cristo del lugar de los muertos y en su glorificación junto a Dios Padre por su victoria sobre la muerte. Es un tiempo particularmente apto para bendecir el retablo sobre de la resurrección de Cristo obra del artista Juan García Ibáñez, que diseñó el presbiterio y el altar que dedicó mi venerado predecesor Mons. D. Rosendo Álvarez Gastón el 8 de diciembre de 1999. Ibáñez realizó las pinturas del retablo, que han venido dando marco a la modesta imagen de la Inmaculada, hoy sustituida por la talla realista de la Purísima, también suya y a la que ahora marco un pequeño retablo clásico que para ella ha creado. Al mismo tiempo, se han incorporado al retablo de 1999 dos nuevos lienzos alusivos a la Concepción Inmaculada de María Virgen: el pecado de nuestros primeros padres y la anunciación a María, que da título a la iglesia Catedral y a tantas iglesias parroquiales de la diócesis.

Hoy bendecimos esta obra artística y la remodelación del retablo del presbiterio, acción sacramental que prolongamos en la bendición del magnífico retablo de la Resurrección, obra de este autor almeriense que ofrece él ofrece como aportación generosa al patrimonio histórico artístico de su parroquia, enriqueciendo con obras de nuestro tiempo el patrimonio diocesano. En el retablo de la Resurrección no sólo ha retocado el artista la imagen del resucitado, sino que ha agregado a él, para constituir un conjunto armonioso los nuevos lienzos que completan la presencia gloriosa de Cristo en la Iglesia. En este conjunto contemplamos hoy las escenas eucarísticas de la última Cena y la aparición del Resucitado a los caminantes de Emaús, que aluden de izquierda a derecha a la consagración del vino y del pan. Un retablo destinado a la capilla del Santísimo Sacramento, en la que se ubican el sepulcro de los restos del beato Juan Ibáñez Martínez, presbítero mártir que se cuenta entre los mártires de Almería muertos por Cristo en la persecución religiosa del pasado siglo. Sobre su sepulcro se halla el lienzo de su efigie, obra también del artista que escolta el retablo que bendecimos.

Nuestra homilía tiene hoy ilustraciones plásticas que nos ayudan a concentrar la atención en la Resurrección del Señor, pues cada vez que comemos y bebemos los dones eucarísticos en la celebración de la Misa anunciamos la muerte del Señor hasta que vuelva glorioso (cf. 1Cor 11,26). El evangelio de este domingo sexto de Pascua recoge un fragmento más del discurso del adiós de Jesús en la noche de la última Cena. Próxima ya la partida definitiva del Señor y con ello el alejamiento físico de sus discípulos por su muerte y resurrección, Jesús les habla del amor que el Padre le ha tenido, para confiarles que los ha amado del mismo modo; y añadir con intensa exhortación que, si ellos le quieren, deben permanecer en él. El pasado domingo veíamos que Jesús se servía de la alegoría de la vid y los sarmientos para explicar a sus discípulos que, al igual que los sarmientos se nutren de la savia de la vid, así deben permanecer unidos a él para vivir de la vida divina que les llega por medio de él como sucede con el tronco de la vid que alimenta a los sarmientos. Sin este alimento los sarmientos no pueden dar fruto y los tampoco los discípulos si no permanecen unidos a Jesús (cf. Jn 15,5-8). Una vez que Jesús ha puesto esta premisa explica que la permanencia en él equivale a guardar sus mandamientos, que Jesús les resume en el amor que los deben unir a él y al Padre (Jn 15,10).

Esta comunión de los discípulos con Jesús es el embrión de la Iglesia y en él se contienen tanto el ministerio de los sucesores de los apóstoles como la congregación de los fieles que ha de seguir a la predicación del evangelio. El segundo concilio del Vaticano afirma que «los Apóstoles, mediante el anuncio del Evangelio en todas partes, acogido por los oyentes bajo la acción del Espíritu Santo, reúnen la Iglesia universal que el Señor fundó en los Apóstoles y construyó sobre Pedro, el primero de ellos, siendo el propio Jesús la piedra angular»[1]. Como venimos considerando estos días de Pascua, somos integrados en la Iglesia mediante el bautismo que nos introduce en la comunión eclesial, y esta comunión es con los Apóstoles y con sus sucesores, con la comunidad de discípulos, mediante la cual entramos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo, como dice la primera de san Juan (cf. 1Jn 1,3). No podríamos llegar a esta comunión sin la acción del Espíritu Santo en nosotros, porque es él quien infunde en el corazón de los creyentes el amor, la caridad de Dios, que es virtud teologal infundida, igual que las otras dos virtudes teologales, la fe y la esperanza. No son alcanzadas por las fuerzas humanas o la disciplina de sus facultades; son don de Dios que nos viene por la inhabitación en nosotros del Espíritu santificador. El amor es la misma vida divina, y así dice la primera de Juan: «Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor» (1Jn 4,8), para afirmar a continuación que el amor de Dios se ha manifestado «en que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él» (1Jn 4,9).

La resurrección de Jesús acredita su persona divina y la verdad de sus palabras, porque en su victoria sobre la muerte Dios ha confirmado cuanto Jesús afirmó de sí mismo: Él es «la Verdad y es el Camino y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre» (Jn 14,6-7), pues por medio de él entramos en la comunión con el misterio divino, donde se nos descubre el sentido del mundo y de la vida humana, y tomamos parte en la vida divina, aquí de un modo incipiente y de forma consumada y plena en la vida eterna que esperamos. La resurrección es la pieza clave del mensaje cristiano, cuyo anuncio siempre tendrá una dimensión apologética, es decir, de acreditación positiva de la intervención de Dios en la vida de Jesús, revelando que Él, en verdad, era el Cristo redentor del mundo, el Salvador universal.

Es misión de la Iglesia llevar el anuncio de la buena noticia de la salvación en Cristo a todas las naciones, en obediencia gozosa al mandato de Cristo resucitado a los Apóstoles, a los que ordena predicar el Evangelio y bautizar a todas las gentes enseñándoles a guardar cuanto él les ha enseñado y prometiéndoles: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos» (Mt 28,20). No fue, sin embargo, fácil para los discípulos de Jesús llegar a la convicción plena del carácter universal del Evangelio, tal como podemos ver en la primera de las lecturas de este domingo, donde se recoge el pasaje de la estancia de Pedro en casa del centurión romano Cornelio. Ante la crítica de cuantos sostenían la postura de que los paganos que vinieran a la fe en Cristo debían observar todas las leyes y tradiciones judías recibidas de Moisés, Pedro afirma con contundencia que «Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea» (Hch 10,34-35).

Fue necesario el primer concilio de la historia de la Iglesia, si así llamamos a la reunión de los apóstoles y los presbíteros en Jerusalén, como nos informa el libro de los Hechos, donde se halla recogida la carta de las conclusiones conciliares que los Apóstoles enviaron a todas las Iglesias (cf. Hch 15.23-29). En esta asamblea promovida por Bernabé y Pablo, se tomó la firme decisión de no imponer a los cristianos venidos del paganismo la ley de Moisés que obligaba a los hebreos y que prescribía la circuncisión de los varones. San Pablo expone en sus cartas cómo la salvación se da no por la circuncisión, sino por la fe en el Evangelio de Cristo. El Apóstol de las gentes asegura con convicción, sabiendo que la razón está de su parte: «Pues no hay distinción [entre judíos y paganos], ya que todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención realizada en Cristo Jesús» (Rm 3,22.23).

Por la resurrección de Cristo Hijo de Dios, el Padre ha derramado el don del Espíritu Santo sobre todos los creyentes en Jesús como sucedió con la casa de Cornelio, como así lo demanda la pregunta de Pedro en aquella casa: «¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros? Y mando bautizarlos en nombre de Jesucristo» (Hch 10,47-48). Así, pues, nos apremia la evangelización y no podemos cejar en este empeño, porque es misión de la Iglesia llevar la buena noticia de la salvación a todos los hombres y pueblos, a todas las naciones. No podemos transformar en una empresa meramente humanitaria la obra de las misiones ad gentes, es decir, el anuncio del Evangelio a los pueblos y sociedades no cristianas, porque este anuncio es el gran programa de Cristo como evangelizador enviado por el Padre al mundo.

Encomendamos la obra misionera de la Iglesia a la que es estrella de la evangelización, la Inmaculada Virgen María, reina de los mártires y señora nuestra, y a la intercesión de los bienaventurados mártires de Almería.

Iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción de Albox
9 de mayo de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

[1] Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 19.

Un paso adelante: Admisión, Lector, Acólito

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En el camino hacia el sacerdocio ministerial, hay pasos previos que van preparando el corazón de quien se siente llamado. Son momentos muy importantes, porque van afianzando la decisión firme de entregarse al Señor con alma y cuerpo, y para toda la vida. El próximo día 14 de mayo, fiesta del apóstol san Matías, 20 seminaristas de nuestra diócesis de Córdoba dan un paso al frente: catorce de ellos serán admitidos a las Sagradas Órdenes con el rito de Admisión y los demás recibirán el ministerio de Lector o de Acólito, camino del sacerdocio ministerial.

El Rito de Admisión consiste en el reconocimiento público de la vocación recibida. El candidato ha pedido por escrito al Obispo ser admitido a las Sagradas Órdenes, que en su día recibirá, las Órdenes del diaconado y del presbiterado. Y el Obispo procede a presentarlos a la comunidad cristiana, recomendando a todos que se unan en la oración para que estos seminaristas que son admitidos, se vayan preparando cada día mejor a recibir esas Órdenes Sagradas. La vocación ya no es un sentimiento subjetivo, a partir de este momento pasa a ser un hecho objetivo en la vida de la Iglesia. El corazón humano del seminarista percibe por este Rito la certeza de su vocación, que le infunde paz, esperanza, decisión para seguir su camino.

Al Seminario llegan los jóvenes que se sienten llamados, pero no todos son realmente llamados por el Señor. Hay toda una tarea de discernimiento en la que el propio sujeto va viendo, con la ayuda de sus formadores, qué quiere Dios de él. El paso de la Admisión, refuerza esa certeza, y la vocación al sacerdocio queda afianzada, para seguir preparándose cada día más al sacerdocio que se acerca. En algunos casos, según la normativa eclesial y las propias costumbres, el candidato comienzo a vestir como clérigo. Y de esta manera transmite a toda la comunidad eclesial que su vocación está clara y decidida en esa dirección. El hábito no hace al monje, pero ayuda indudablemente.

Algunos serán instituidos en el ministerio de Lector y otros serán instituidos en el ministerio de Acólito. Son ministerios que la Iglesia conoce desde antiguo y que actualmente la Iglesia confiere también a seglares, hombre y mujeres. En este sentido, se llaman “ministerios laicales” (c. 230, reformado), porque son conferidos a laicos que los ejercerán para bien de la comunidad cristiana. Recientemente el Papa Francisco ha ampliado esta concesión a varones y mujeres. La raíz de tales ministerios es el bautismo, se confieren para el buen funcionamiento de la comunidad y deben ejercerse en espíritu de servicio.

Pero los seminaristas que reciben estos ministerios no deben considerarse “laicales”, sino que los reciben como un anticipo de la Sagradas Órdenes, como un anticipo de otro sacramento, el del Orden sacerdotal, que esencialmente distinto al sacramento del bautismo. Por tanto, en estos casos son ministerios “clericales” y de naturaleza distinta, aunque la función realizada sea parecida (c. 1035). Son ministerios que ha de recibirse previamente a la ordenación de diácono, y de su recepción sólo puede dispensar la Sede Apostólica. Luego, son otra cosa diferente a los ministerios laicales.

Por el Lectorado, al candidato se le exhorta a sumergirse en la Palabra de Dios, para que la haga alimento de su vida y sea la norma de su conducta. Las funciones a realizar serán las de proclamar la Palabra de Dios en la Asamblea litúrgica, excepto el Evangelio, reservado al diácono. Por el Acolitado, al candidato se le confía el servicio a la mesa del altar y la atención a los pobres; será ministro extraordinario de la comunión, y podrá llevarla incluso a los enfermos en sus domicilios.

Oremos por estos jóvenes de nuestra diócesis que dan un paso al frente en el camino hacia el sacerdocio. La Iglesia diocesana vive con gozo este acontecimiento y quiere apoyar a todos los que, siendo llamados, han respondido generosamente a esa llamada.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

Almedinilla y sus aldeas celebran la fiesta de San Isidro

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Las eucaristías han tenido lugar este fin de semana en Los Ríos y Brácana

Un año más las romería en honor a San Isidro se ha suspendido en los pueblos de la provincia de Córdoba pero las celebraciones religiosas si se han celebrado. En la Subbética han tenido lugar este fin de semana del 15 y 16 de mayo en las aldeas de Los Ríos y Brácana, que pertenecen a la parroquia de San Juan Bautista de Almedinilla. David Ortiz, párroco de la localidad, ha presidido las celebraciones al aire libre y cumpliendo con todas las medidas higiénico sanitarias.


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“En este lugar, la piedra angular es Jesucristo”

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La solemnidad de la Dedicación de la Santa Iglesia Catedral fue conmemorada con la santa misa presidida por el obispo, monseñor Demetrio Fernández

 

El 18 de mayo se celebra la fiesta de la dedicación de la Catedral de Córdoba, una fiesta en la que se conmemora la consagración católica del templo principal de la Diócesis. Con este motivo, el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, presidió la santa misa en el templo principal de la Diócesis junto al Cabildo Catedralicio.

En su homilía, el pastor de la Diócesis explicó la historia de ocho siglos de fe cristiana en uno de los templos más preciosos del mundo y definió el lugar como “el sitio donde se reúne la comunidad cristiana católica, donde tienen lugar las grandes celebraciones y donde se puede adorar a Dios en espíritu y verdad, sabiendo que en este lugar la piedra angular es Jesucristo”.

El día en que la Catedral fue consagrada como templo dedicada a Dios es, por tanto, el día de la comunidad cristiana, pues “somos templos de Dios cada uno en su propio corazón”, expresó el Obispo al tiempo que invitó a los presentes a celebrar este día “con una realidad profunda de Iglesia, cuerpo de Cristo animado continuamente por el Espíritu Santo y con la tarea misionera de llevar al mundo entero el Evangelio de Jesucristo”.

Asimismo, monseñor Demetrio Fernández quiso dar gracias a Dios por el destino de este templo que es visitado por miles de personas a lo largo del año y encomendó a todos ellos para que “el Espíritu Santo, Jesucristo y todos los Santos toquen el corazón de todos los que visitan la Catedral”. “Damos gracias a Dios y pedimos que este templo sea cada vez más un lugar de encuentro con Dios y con los hombres”.

 

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