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El 1 de julio comienza el horario de verano en la catedral

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Del 1 de julio al 31 de agosto, la catedral y el santuario de la Fuensanta modificarán su horario de misas.

De lunes a sábado, en la nave central de la catedral, las misas serán a las 7:15, 12:00 y 20:30 horas; en la capilla de Los Vélez, a las 10:30 horas; y en el santuario de la Fuensanta, a las 19:00 horas.

Los domingos, en la nave central de la catedral, las celebraciones eucarísticas serán a las 7:30, 10:00, 12:00 y 20:30 horas; en la capilla de Los Vélez, a las 12:00 horas; y en el santuario de la Fuensanta, a las 11:30 y 19:00 horas.

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El secretariado para la Pastoral del Mar invita a celebrar el día de la gente de mar

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Cada año las Naciones Unidas celebra el 25 de junio como el día oficial de la gente de mar. Es una invitación a responder sobre las preguntas de cómo y que es un futuro para ellos cuál es la labor que realizan no solamente en la pesca sino en los puertos y en todas las acciones que tienen que ver con el mar.

La OMI, Organización Marítima internacional invita a preguntar y hacer visible los distintos mensajes y acciones que tienes que ver con el comercio y las actividades marítimas. La actividad dentro de los marinos dentro de los puertos dentro de las dársenas portuarias es una actividad frenética que muchas veces no es conocida por todo el mundo a pesar de las dificultades y a pesar de las funciones meramente comerciales y laborales es un trabajo incansable que se realizan en los puertos y desde esta organización y que nos invitan a todos a caer en la cuenta.

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DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

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Hoy, en el evangelio, aparece una de esas expresiones que marcaron a las personas que la escucharon; son las palabras que Jesús dirigió a una niña que acababa de fallecer: «Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate)». Tal fue el impacto que produjeron aquellas palabras que cuando los apóstoles, años después, comenzaron a anunciar la Buena Nueva sobre Jesucristo, continuaron repitiéndolas en el mismo arameo original en que fueron pronunciadas por primera vez. Incluso nosotros, hoy, en cualquier lugar del mundo, independientemente de la lengua que se hable, seguimos escuchándolas en su lengua original.

Los personajes que aparecen en este fragmento del evangelio pueden ayudarnos a comprender porqué estas palabras marcaron tanto a un grupo de personas. El primer personaje es Jairo, el padre de la niña, quien, temiendo por la vida de su hija, acude a Jesús. Su aproximación es la de padre desesperado, pero su reacción es la de un hombre de verdadera fe. Cuando le informan de que su hija ya ha muerto, sigue confiando en Jesús, incluso a pesar de las risas y chanzas que hacen aquellos que se burlan de él cuando Jesús afirma que la niña no está muerta, sino solamente dormida.

El segundo grupo de personajes son aquellos que lloraban y gritaban por la muerte de la niña. Supuestamente, hombres y mujeres de fe, pero que ante la realidad de la muerte incapaces de ver más allá de lo inmediato. Son los que han sucumbido, ya en vida, al poder de la muerte, puesto que consideran que es más fuerte que Dios mismo. Cuánta sonrisa irónica tuvo que soportar Jesús cuando hablaba de resurrección de los muertos. ¡Cuanta sonrisa irónica y silencio despectivo seguimos viendo los cristianos cuando expresamos nuestra confianza en que el poder de Dios va más allá de la muerte! Jesús, con una palabra suya, puede dar la vida.

El último grupo de personajes son los tres apóstoles a los que Jesús llamó para que fuesen testigos de todo lo que ocurría. Ellos, en silencio, contemplan la grandeza de la obra de Dios en el mundo. Por ello, cuando llegó su turno, no pudieron dejar de contar a todos lo que ocurrió en aquella pequeña habitación de una pequeña aldea. Como cristianos, estamos llamados a contar a los demás nuestra experiencia de Dios, para que también los demás puedan llegar a conocer a Jesucristo como salvador del ser humano.

La fuerza de la expresión «Talitha qumi» no descansa en su belleza literaria ni en la sonoridad de su pronunciación, sino que encontramos en ella un resumen de qué es la vida cristiana, que podríamos exponer como: escuchar la palabra que Jesús me dirige, confiar en ella y acoger la vida nueva que de Él nace.

Victoriano Montoya Villegas

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EL OFICIO DE LA TEOLOGÍA

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Los seres humanos somos los únicos seres del mundo que preguntamos a los demás y nos preguntamos a nosotros mismos. Lo curioso del caso es que antes de que tomemos conciencia de esta capacidad humana ya somos una pregunta ambulante, desde que nacemos hasta que morimos. Levantarnos cada mañana nos parece lo más natural del mundo, pero sabemos que un día ya no nos levantaremos más. Tal vez nos consolamos diciendo que -según acuña el refrán popular- es suficiente «plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo». Pero en el fondo todos sabemos que nada de esto evitará que surja la pregunta sobre el sentido de la vida.

Hay diversos caminos de búsqueda del origen y sentido de la vida. En primer lugar, está el camino de la ciencia, que investiga la constitución de la materia desde la diminuta dimensión de los átomos hasta la magnitud de los astros. Otro camino de búsqueda es el de las ciencias humanas y de la filosofía, cuyas disciplinas investigan el misterio de la persona. Así, las ciencias de la naturaleza, las ciencias humanas y la filosofía son esenciales para la humanidad porque ayudan a vivir y sirven para explicar el mundo y la vida.

Sin embargo, hay una pregunta última del ser humano que no puede encontrar una respuesta plena en la ciencia o a la luz de la razón. Esta pregunta última solamente puede encontrar una respuesta adecuada cuando descubrimos que el misterio de la persona está enraizado en el misterio de Dios, pues la búsqueda de respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida es el objetivo de la teología. Por esto podemos decir que al lado de la tarea del científico y del filósofo, la tarea del teólogo no es un oficio arcaico en la sociedad posmoderna, sino el testigo de una cuestión muy antigua pero siempre nueva: la cuestión de Dios.

Estas tres disciplinas -ciencia, filosofía y teología- se necesitan mutuamente para no acabar encerradas en un pequeño mundo sin salida. Cuando sumamos las tres vías de investigación todos ganamos, pues es una extraordinaria oportunidad para explorar el misterio gozoso de la vida. La teología propone a la ciencia y a la filosofía un pacto de confianza. Y esta confianza nace de la convicción de que no estamos solos, de que nuestro pequeño misterio no es una hoja que se lleva el viento sino una planta enraizada en el misterio de Dios.

La ciencia, la filosofía y la teología tienen la misión de ayudar a las personas a vivir, disfrutando de una casa, un paisaje y un horizonte. Una casa donde cada uno pueda vivir con autonomía y libertad. Un paisaje en el que nos podamos encontrar en el diálogo y la cooperación. Un horizonte en el que, a lo largo de la vida, vayamos descubriendo que los pequeños hechos cotidianos no acaban en un vacío sin sentido, sino en la serenidad y la esperanza.

Jesús García Aiz

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Eucaristía de fin de curso con el Movimiento Familiar Cristiano en la parroquia de los Santos Justo y Pastor

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Eucaristía de fin de curso con el Movimiento Familiar Cristiano en la parroquia de los Santos Justo y Pastor

El Movimiento Familiar Cristiano de Granada, celebró el pasado sábado 19 de junio la Eucaristía de final de curso en la parroquia de los Santos Justo y Pastor. Dando gracias a Dios por todo lo bueno recibido y ofrecida por los difuntos del Movimiento y sus familiares, que a lo largo de este curso, nos dejaron.

En la jornada del 19 de junio la Colegiata de los Santos Justo y Pastor acogió la Eucaristía de final de curso del Movimiento Familiar Cristiano de Granada que congregó a los matrimonios pertenecientes a estos grupos en una Misa que estuvo presidida por D. Antonio García, Consiliario diocesano del Movimiento que esta formado en nuestra diócesis de Granada por 140 familias.

“Fue una celebración presencial participativa en un año marcado por la pandemia en la que no hemos podido realizar prácticamente ninguna actividad presencial”, afirma D. Antonio García.

UN CURSO DIFERENTE

Clausurando el curso académico 2020-2021, el Movimiento Familiar Cristiano dio gracias a Dios en la celebración por todos los momentos vividos en comunión unos con otros de forma telemática y también por los retiros de Adviento y Cuaresma que pudieron celebrarse en Peligros siguiendo las medidas sanitarias.

Asimismo, también se han celebrado las reuniones quincenales por grupos por vía online con la temática común ha sido la espiritualidad conyugal.

El Movimiento Familiar Cristiano mira ya también hacia el nuevo curso 2021-2022 que se iniciará con la renovación del Equipo de Presidencia, que se compone de cuatro matrimonios y un sacerdote, para los próximos cuatro años.

FAMILIA Y MISIÓN

El Movimiento Familiar Cristiano surgió en España, en 1966 de la fusión de “Los Equipos Pío XII”, la “Obra Apostólica Familiar” y otros movimientos familiares.

El M. F. C. pretende descubrir, vivir y transmitir los valores cristianos fundamentales de la familia, tales como la vocación del laico casado, la fuerza salvadora del Sacramento del Matrimonio, la vivencia de la fe cristiana en el marco de la familia, la prioridad de la familia como Iglesia Doméstica y transmisora de la fe. El Movimiento Familiar Cristiano ofrece una espiritualidad y una mística que arranca del Evangelio de Jesús y se vivencia en el Sacramento del Matrimonio.

Movimiento Evangelizado y Evangelizador de la Familia desde la Familia. Según su Ideario el MFC es un movimiento de Iglesia Católica, laical, familiarista, comunitario y evangelizador.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

 

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Año de la Familia: La familia a la luz de la Palabra de Dios – Junio 2021

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Año de la familia 41

 

LA FAMILIA A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS

Año de la familia 41

Año Familia 42

 

Descargar el folleto en PDF:

– Año de la Familia nº 4

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La Catedral de Málaga entra en tu casa

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Hoy lo anunciamos y pronto te lo ponemos en bandeja. Será algo muy sencillo, muy bonito y muy relajante para leerlo en el verano que comienza y, a la vez, será un cóctel explosivo por lo que es en sí y por quienes te lo van a contar en esta hoja.

La Catedral es la iglesia madre de la diócesis, es el templo principal, en ella está la cátedra del Obispo y, además, es el monumento principal de nuestra ciudad de Málaga. Pues la Catedral de Santa María de la Encarnación –que así se llama la nuestra- va a entrar en tu casa a través de la Catedral en sí, templo madre y monumento grandioso; a través del catedrático de Historia del Arte que mejor la conoce y que tantísimo la quiere, Juan Antonio Sánchez López; a través de nuestro estupendo equipo de medios de comunicación, revista Diócesis Málaga; y a través del cariño que tú le pondrás coleccionando semanalmente esta página. ¡Ya verás como sí!

En el siglo XVI, en 1528, comenzaron las obras de este gran edificio; en 1588, el 31 de agosto, fue consagrada ya para las celebraciones la parte renacentista, y… hubo que parar las obras; en el siglo XVII se hizo el magnífico coro que tenemos; en 1721, siglo XVIII, continuaron nuevamente las obras, la segunda parte, la barroca; pero en 1782, otra vez por falta de medios, hubo de interrumpirse la construcción. Y así tenemos hoy esta gran joya aún inconclusa, una sinfonía inacabada que cuenta con el cariño de Málaga entera y de todos los que nos visitan, a quienes les encanta.

Y dentro: el gran coro de Pedro de Mena; impresionantes tallas de Pedro de Mena y de su padre, Alonso de Mena; de Palma Burgos; de Fernando Ortiz; pinturas de César Arbassia, Claudio Coello, Alonso Cano, Enrique Simonet, Miguel Manrique, y tantos otros. Y los dos grandes órganos, los mejores del barroco, hechos entre 1778-1782, obra del maestro organero Julián de la Orden y del arquitecto José Martín Aldehuela.

Y hemos de continuar: un tejado que evacue bien las aguas de la lluvia y que impida las filtraciones y el deterioro interior es imprescindible. Así, hoy, siglo XXI, seguimos construyendo por el bien de todos: las catedrales son obras de siglos y del impulso de gentes de fe y de ciudadanos cultos.

Página a página, semana a semana, ¡vamos a conocer y disfrutar esta grandeza que tenemos! ¡Disfrutemos la contraportada de DiócesisMálaga!

Antonio Aguilera. Deán de la Catedral.

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Justo Fuentes: «La oración siempre está ahí como tabla de salvación»

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Justo Fuentes dirige Cope Málaga desde 2019, emisora en la que entró a trabajar hace 27 años y donde ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional, que comenzó en Antena 3 Radio.

El director de Cope Málaga nació en Granada hace ya más de 50 años. Es el menor de tres hermanos y sus recuerdos de infancia en torno a la oración están vinculados a su madre: «Se sentaba en la cama conmigo con toda la paciencia del mundo y se ponía a rezar conmigo antes de que me durmiera el “Jesusito, Jesusito, que eres niño como yo….”, y después el Padrenuestro.

Para él, la oración «significa un momento de reflexión con uno mismo y, también, de “conversación” con Dios. Y hablar con Dios es bueno». Justo reconoce que, «como suele pasarnos a todos los humanos, nos acordamos de santa Bárbara cuando truena, y siempre, en los momentos más delicados, nos acordamos de rezar. Cuando tenemos algún familiar enfermo o estamos muy preocupados por alguna situación laboral o personal, la oración siempre esta ahí como una tabla de salvación, seamos muy o poco creyentes», reconoce.

Su momento favorito para rezar es la mañana. «Temprano, recién levantado, antes de tomar el café y salir a correr, rezo», afirma. Y es que Fuentes es un enamorado del deporte, especialmente de aquel que se realiza en contacto con la naturaleza. Por eso, es remero del Real Club Mediterráneo y apasionado de correr y del esquí.

Si tuviera que recomendar la oración, lo haría «porque hace bien, porque te hace encontrarte contigo mismo y hablar con Dios. Ojalá, todos en esta sociedad rezáramos un poquito cada día, seguro que nos iría bastante mejor».
 
PADRE DE TODOS

Su oración preferida es el Padrenuestro, por su capacidad para expresar la fraternidad universal. «Creo que es una oración completa, que todos conocemos, y que nos une a todos un poco más», explica.

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

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Seminaristas malagueños “Buscando el norte”

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El Seminario Menor comienza el 2 de julio una peregrinación vocacional llamada​ “Buscando el norte”, donde realizarán un recorrido por los lugares y la vocación de los grandes santos españoles.

Son ocho los seminaristas menores, que irán acompañados de varios monitores y el responsable de esta iniciativa vocacional, Fernando Luque, que afirma que «con esta ruta queremos ir a buscar la vocación de cada santo que pueda iluminar a los seminaristas menores. Nuestra intención es que toda la convivencia gire en torno a la vocación y al seguimiento al Señor».

En la primera etapa saldrán de Málaga camino de Ávila, para conocer la vocación de santa Teresa de Jesús y los lugares más importantes en su vida. Después, continuarán hacia Palencia, tras los pasos de san Manuel González y allí «conoceremos su vocación y podremos rezar ante su tumba. El tercer día marcharemos hacia Covadonga, donde trabajaremos la vocación de María y de ahí llegaremos a Loyola para conocer la vocación, la vida y la historia de san Ignacio. A continuación, partiremos hacia Javier en Navarra, para conocer el castillo donde nació y vivió san Francisco Javier. La última etapa, bajaremos hacia Segovia, donde está la tumba de san Juan de la Cruz y podremos conocer su vocación, porque la idea es recorrer lugares emblemáticos de estos santos, pero centrarnos sobre todo en su historia vocacional, en su manera de seguir al Señor.

“Buscando el norte”, explica Luque, «es como le llamó el año pasado la Delegación de Juventud a este viaje que tenían planeado y que finalmente tuvo que ser cancelado por la crisis sanitaria. Y este año, desde el Seminario Menor, lo hemos retomado y le hemos dado un sentido más vocacional».

En total, «seremos 12, entre los ocho seminaristas menores, los monitores y yo mismo. Llevamos tiempo trabajando para tener la infraestructura necesaria, las oraciones, las catequesis en las que trabajaremos sobre estos santos… Además, con esta convivencia terminamos el curso del Seminario Menor. Se trata de un viaje que han elegido ellos, porque yo siempre les ofrezco varias posibilidades y son los chicos los que eligen. Siempre intentamos facilitarles espacios que los ayuden a encontrarse con el Señor y desde ahí discernir su vocación. Somos simples sembradores, después es el Señor el que hace su parte».

Diego Jiménez, de 15 años, es uno de los seminaristas menores que hará la peregrinación que concluirá el 9 de julio, y cuenta que está «muy ilusionado porque llevo un año en el Seminario Menor, y con el coronavirus todo ha estado muy limitado. Me gusta mucho viajar. Así podré salir de Antequera, donde vivo y disfrutar y aprender con los compañeros del ejemplo personal y espiritual de todos los santos que vamos a visitar».

Por su parte, Daniel Gutiérrez, seminarista  de cuarto curso, que va de monitor en la peregrinación, afirma que afronta el viaje «con mucha alegría porque nos va a servir para buscar el norte en nuestras vidas, la vocación que realmente tenemos. Los chicos están también muy contentos porque además de salir de casa van a disfrutar de una actividad religiosa que les va a ayudar a discernir su vocación».

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Mensaje del Santo Padre para la Primera Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores – 25 de julio de 2021

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Mensaje del Santo Padre para la Primera Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

25 de julio de 2021

Publicamos a continuación el texto del Mensaje del Santo Padre Francisco para la Primera Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, que se celebra el cuarto domingo de julio -este año el 25 de julio- sobre el tema “Yo estoy contigo todos los días” (cf. Mt 28,20):

MENSAJE DEL SANTO PADRE

Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

“Yo estoy contigo todos los días”

Queridos abuelos, queridas abuelas:

“Yo estoy contigo todos los días” (cf. Mt 28,20) es la promesa que el Señor hizo a sus discípulos antes de subir al cielo y que hoy te repite también a ti, querido abuelo y querida abuela. A ti. “Yo estoy contigo todos los días” son también las palabras que como Obispo de Roma y como anciano igual que tú me gustaría dirigirte con motivo de esta primera Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores. Toda la Iglesia está junto a ti —digamos mejor, está junto a nosotros—, ¡se preocupa por ti, te quiere y no quiere dejarte solo!

Soy muy consciente de que este mensaje te llega en un momento difícil: la pandemia ha sido una tormenta inesperada y violenta, una dura prueba que ha golpeado la vida de todos, pero que a nosotros mayores nos ha reservado un trato especial, un trato más duro. Muchos de nosotros se han enfermado, y tantos se han ido o han visto apagarse la vida de sus cónyuges o de sus seres queridos. Muchos, aislados, han sufrido la soledad durante largo tiempo.

El Señor conoce cada uno de nuestros sufrimientos de este tiempo. Está al lado de los que tienen la dolorosa experiencia de ser dejados a un lado. Nuestra soledad —agravada por la pandemia— no le es indiferente. Una tradición narra que también san Joaquín, el abuelo de Jesús, fue apartado de su comunidad porque no tenía hijos. Su vida —como la de su esposa Ana— fue considerada inútil. Pero el Señor le envió un ángel para consolarlo. Mientras él, entristecido, permanecía fuera de las puertas de la ciudad, se le apareció un enviado del Señor que le dijo: “¡Joaquín, Joaquín! El Señor ha escuchado tu oración insistente”.[1] Giotto, en uno de sus famosos frescos,[2] parece ambientar la escena en la noche, en una de esas muchas noches de insomnio, llenas de recuerdos, preocupaciones y deseos a las que muchos de nosotros estamos acostumbrados.

Pero incluso cuando todo parece oscuro, como en estos meses de pandemia, el Señor sigue enviando ángeles para consolar nuestra soledad y repetirnos: “Yo estoy contigo todos los días”. Esto te lo dice a ti, me lo dice a mí, a todos. Este es el sentido de esta Jornada que he querido celebrar por primera vez precisamente este año, después de un largo aislamiento y una reanudación todavía lenta de la vida social. ¡Que cada abuelo, cada anciano, cada abuela, cada persona mayor —sobre todo los que están más solos— reciba la visita de un ángel!

A veces tendrán el rostro de nuestros nietos, otras veces el rostro de familiares, de amigos de toda la vida o de personas que hemos conocido durante este momento difícil. En este tiempo hemos aprendido a comprender lo importante que son los abrazos y las visitas para cada uno de nosotros, ¡y cómo me entristece que en algunos lugares esto todavía no sea posible!

Sin embargo, el Señor también nos envía sus mensajeros a través de la Palabra de Dios, que nunca deja que falte en nuestras vidas. Leamos una página del Evangelio cada día, recemos con los Salmos, leamos los Profetas. Nos conmoverá la fidelidad del Señor. La Escritura también nos ayudará a comprender lo que el Señor nos pide hoy para nuestra vida. Porque envía obreros a su viña a todas las horas del día (cf. Mt 20,1-16), y en cada etapa de la vida. Yo mismo puedo testimoniar que recibí la llamada a ser Obispo de Roma cuando había llegado, por así decirlo, a la edad de la jubilación, y ya me imaginaba que no podría hacer mucho más. El Señor está siempre cerca de nosotros —siempre— con nuevas invitaciones, con nuevas palabras, con su consuelo, pero siempre está cerca de nosotros. Ustedes saben que el Señor es eterno y que nunca se jubila. Nunca.

En el Evangelio de Mateo, Jesús dice a los Apóstoles: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado» (28,19-20). Estas palabras se dirigen también hoy a nosotros y nos ayudan a comprender mejor que nuestra vocación es la de custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar a los pequeños. Escuchen bien: ¿cuál es nuestra vocación hoy, a nuestra edad? Custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar de los pequeños. No lo olviden.

No importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda, porque no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el Evangelio, de la tarea de transmitir las tradiciones a los nietos. Es necesario ponerse en marcha y, sobre todo, salir de uno mismo para emprender algo nuevo.

Hay, por tanto, una vocación renovada también para ti en un momento crucial de la historia. Te preguntarás: pero, ¿cómo es posible? Mis energías se están agotando y no creo que pueda hacer mucho más. ¿Cómo puedo empezar a comportarme de forma diferente cuando la costumbre se ha convertido en la norma de mi existencia? ¿Cómo puedo dedicarme a los más pobres cuando tengo ya muchas preocupaciones por mi familia? ¿Cómo puedo ampliar la mirada si ni siquiera se me permite salir de la residencia donde vivo? ¿No ya es mi soledad una carga demasiado pesada? Cuántos de ustedes se hacen esta pregunta: mi soledad, ¿no es una piedra demasiado pesada? El mismo Jesús escuchó una pregunta de este tipo a Nicodemo, que le preguntó: «¿Cómo puede un hombre volver a nacer cuando ya es viejo?» (Jn 3,4). Esto puede ocurrir, responde el Señor, abriendo el propio corazón a la obra del Espíritu Santo, que sopla donde quiere. El Espíritu Santo, con esa libertad que tiene, va a todas partes y hace lo que quiere.

Como he repetido en varias ocasiones, de la crisis en la que se encuentra el mundo no saldremos iguales, saldremos mejores o peores. Y «ojalá no se trate de otro episodio severo de la historia del que no hayamos sido capaces de aprender —¡nosotros somos duros de mollera!— Ojalá no nos olvidemos de los ancianos que murieron por falta de respiradores […]. Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca» (Carta enc. Fratelli tutti, 35). Nadie se salva solo. Estamos en deuda unos con otros. Todos hermanos.

En esta perspectiva, quiero decirte que eres necesario para construir, en fraternidad y amistad social, el mundo de mañana: el mundo en el que viviremos —nosotros, y nuestros hijos y nietos— cuando la tormenta se haya calmado. Todos «somos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas» (ibíd., 77). Entre los diversos pilares que deberán sostener esta nueva construcción hay tres que tú, mejor que otros, puedes ayudar a colocar. Tres pilares: los sueños, la memoria y la oración. La cercanía del Señor dará la fuerza para emprender un nuevo camino incluso a los más frágiles de entre nosotros, por los caminos de los sueños, de la memoria y de la oración.

El profeta Joel pronunció en una ocasión esta promesa: «Sus ancianos tendrán sueños, y sus jóvenes, visiones» (3,1). El futuro del mundo reside en esta alianza entre los jóvenes y los mayores. ¿Quiénes, si no los jóvenes, pueden tomar los sueños de los mayores y llevarlos adelante? Pero para ello es necesario seguir soñando: en nuestros sueños de justicia, de paz y de solidaridad está la posibilidad de que nuestros jóvenes tengan nuevas visiones, y juntos podamos construir el futuro. Es necesario que tú también des testimonio de que es posible salir renovado de una experiencia difícil. Y estoy seguro de que no será la única, porque habrás tenido muchas en tu vida, y has conseguido salir de ellas. Aprende también de aquella experiencia para salir ahora de esta.

Los sueños, por eso, están entrelazados con la memoria. Pienso en lo importante que es el doloroso recuerdo de la guerra y en lo mucho que las nuevas generaciones pueden aprender de él sobre el valor de la paz. Y eres tú quien lo transmite, al haber vivido el dolor de las guerras. Recordar es una verdadera misión para toda persona mayor: la memoria, y llevar la memoria a los demás. Edith Bruck, que sobrevivió a la tragedia de la Shoah, dijo que «incluso iluminar una sola conciencia vale el esfuerzo y el dolor de mantener vivo el recuerdo de lo que ha sido —y continúa—. Para mí, la memoria es vivir».[3] También pienso en mis abuelos y en los que entre ustedes tuvieron que emigrar y saben lo duro que es dejar el hogar, como hacen todavía hoy tantos en busca de un futuro. Algunos de ellos, tal vez, los tenemos a nuestro lado y nos cuidan. Esta memoria puede ayudar a construir un mundo más humano, más acogedor. Pero sin la memoria no se puede construir; sin cimientos nunca construirás una casa. Nunca. Y los cimientos de la vida son la memoria.

Por último, la oración. Como dijo una vez mi predecesor, el Papa Benedicto, santo anciano que continúa rezando y trabajando por la Iglesia: «La oración de los ancianos puede proteger al mundo, ayudándole tal vez de manera más incisiva que la solicitud de muchos».[4] Esto lo dijo casi al final de su pontificado en 2012. Es hermoso. Tu oración es un recurso muy valioso: es un pulmón del que la Iglesia y el mundo no pueden privarse (cf. Exhort. apost. Evangelii gaudium, 262). Sobre todo en este momento difícil para la humanidad, mientras atravesamos, todos en la misma barca, el mar tormentoso de la pandemia, tu intercesión por el mundo y por la Iglesia no es en vano, sino que indica a todos la serena confianza de un lugar de llegada.

Querida abuela, querido abuelo, al concluir este mensaje quisiera señalarte también el ejemplo del beato —y próximamente santo— Carlos de Foucauld. Vivió como ermitaño en Argelia y en ese contexto periférico dio testimonio de «sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano» (Carta enc. Fratelli tutti, 287). Su historia muestra cómo es posible, incluso en la soledad del propio desierto, interceder por los pobres del mundo entero y convertirse verdaderamente en un hermano y una hermana universal.

Pido al Señor que, gracias también a su ejemplo, cada uno de nosotros ensanche su corazón y lo haga sensible a los sufrimientos de los más pequeños, y capaz de interceder por ellos. Que cada uno de nosotros aprenda a repetir a todos, y especialmente a los más jóvenes, esas palabras de consuelo que hoy hemos oído dirigidas a nosotros: “Yo estoy contigo todos los días”. Adelante y ánimo. Que el Señor los bendiga.

Roma, San Juan de Letrán, 31 de mayo, fiesta de la Visitación de la B.V. María

FRANCISCO

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[1] El episodio se narra en el Protoevangelio de Santiago.

[2] Se trata de la imagen elegida como logotipo de la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores.

[3] Cf. La memoria è vita, la scrittura è respiroL’Osservatore Romano (26 enero 2021).

[4] Cf. Visita a la Casa-Familia “Viva los ancianos” (2 noviembre 2012).

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