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El Obispo concede la “Medalla de la Diócesis” a un lucentino

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Manuel Manjón-Cabeza recibió esta distinción tras 19 años de servicio a la parroquia de Santo Domingo de Guzmán

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha concedido la “Medalla de la Diócesis” a Manuel Manjón-Cabeza Bergillos, solicitada por la parroquia de Santo Domingo de Guzmán de Lucena en agradecimiento a sus 19 años de servicio.

Manuel Manjón-Cabeza, de 80 años de edad, natural y vecino de Lucena, es casado, padre de tres hijos, abuelo de dos nietos, y ha sido el encargado del archivo y despacho de la parroquia durante 19 años. Debido a problemas de salud, en enero de este año, ya no ha podido seguir desempeñando este servicio, por lo que voluntariamente lo ha dejado. “Hay que hacer notar que de manera altruista ha ayudado en esta parroquia, y de manera particular, a los párrocos que han pasado por ésta como D. Fernando Cruz-Conde, D. Mario Iceta, D. Francisco Orozco o D. Leopoldo Rivero”, explica este último como párroco del templo.

En estos años ha asentado en los libros parroquiales 2.189 bautismos,

1.302 confirmaciones, 1.171 exequias y 542 bodas, además de atender, durante varias horas a la semana el despacho parroquial.

Otros aspectos de su vida

Manuel Manjón-Cabeza empezó como encargado del archivo y despacho de esta parroquia cuando se jubiló como administrativo en el Instituto Marqués de Comares. Ha sido Hermano fundador de la Cofradía Cristo del Amor y Virgen de La Paz; cuadrillero y coordinador de la Revista Campanitas; diseñó el escudo de la cofradía así como diferentes ilustraciones en plumilla; fue uno de los impulsores de las procesiones infantiles así como el diseñador del cartel de las mismas. Ha pertenecido a la Cofradía de la Virgen de Araceli, Cofradía de la Santa Caridad y a la Agrupación de Cofradías, de la que ha llegado a ser el coordinador de la revista Torralbo.

Recibió la “Medalla de la Diócesis” el pasado 3 de julio, de manos del prelado al término de la celebración de Confirmaciones que tuvieron lugar en el templo.

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Sentencias espirituales de San Juan de Ávila

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Presentamos dentro del marco del 75 aniversario de San Juan de Ávila como patrono del clero secular español, esta obra titulada “Sentencias espirituales”

Carlos J. Gallardo

Es una obra que recoge más de 1400 pensamientos del Santo Maestro distribuidos por temas diversos: abnegación, amor, Jesucristo, Iglesia, vida interior… Esta distribución hace más fácil y accesible la lectura de las obras del Santo y al mismo tiempo encienden el corazón de quien las lee con deseos de encontrarse con Dios. Más que un libro de lectura se puede tratar de un libro que ayuda a la oración, al crecimiento de la vida interior. Recoge consejos a modo de sentencias que puedan dar luz a la vida del creyente, que ayudan a “olvidadlo todo por acordaros de solo Dios” (sentencia 341).

La obra presentada es una reedición del trabajo que realzaron en su día Ovidio Pecharromán y Juan María Escribano, discípulos del gran avilista Luis Sala Balust. Su trabajo exhaustivo ha hecho posible que tengamos en nuestras manos esta gran obra. Las citas han sido adaptadas a la última edición de las obras completas de San Juan de Ávila (2000- 2003).

Si deseas conocer más en profundidad el pensamiento y la experiencia interior de San Juan de Ávila, esta obra se hace necesaria y con ella podrás bucear en la inmensidad del amor de Dios en Cristo que vivió y predicó el apóstol de Andalucía.

 

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Homilía en el Domingo XIV del Tiempo Ordinario

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Homilía de Mons. Adolfo González Montes, Obispo de Almería.

 Lecturas bíblicas: Ez 2,2-5; Sal 122,1-4 (R/. «Misericordia, Señor, misericordia»); 2Cor 12,7-10; Aleluya: Lc 4,18 («El Espíritu del Señor está sobre mí»); Mc 6,1-6.

Queridos hermanos y hermanas:

En domingos anteriores ya hemos considerado la dificultad que planteaba para sus discípulos, sobre todo los conocedores de sus orígenes familiares y de paisanaje el aceptar que Jesús fuera enviado de Dios y que su envío respondiera a su misión mesiánica. Hemos visto cómo el discurso sobre el pan de vida, que Jesús pronunció después de la multiplicación de los panes y los peces decepcionó profundamente a los seguidores de Jesús, de modo que «desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron a tras y ya no andaban con él» (Jn 6,66). Fue entonces cuando Jesús les preguntó a sus apóstoles si también ellos querían marcharse, dando lugar a la confesión de fe de Pedro, que proclama la condición mesiánica de Jesús. Así se dice: «Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6,67-69).

Hemos aludido a las palabras del evangelio que acabamos de escuchar, donde se transmite el pasaje de la estancia de Jesús entre sus paisanos de Nazaret y el estupor a que da lugar la sabiduría que Jesús derrocha, y su pleno conocimiento de la Escritura. Este pasaje evangélico responde a la visita sin éxito de Jesús a Nazaret y a su predicación en la sinagoga y ha sido recogido por los evangelios sinópticos, en los cuales vemos que la gente se interroga si no es Jesús «el carpintero» (Mc 6,3), o «el hijo del carpintero» (Mt 13,55), e incluso transmitiendo el nombre del padre según las apariencias «el hijo de José» (Lc 4,22). Se menciona también a su madre y se le nombra como «hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón» (Mc 6,3), siendo asimismo bien conocidas sus hermanas.

Se trata probablemente de primos hermanos de Jesús u otros parientes, todos denominados según la tradición de lengua hebrea como “hermanos” (griego: adelfós), designación de sus parientes que encontramos en el evangelio de san Juan (cf. Jn 7,2.10), siguiendo la tradición del Antiguo Testamento[1]. Como se ha observado, es una interpretación coherente tanto con la noticia evangélica de la concepción virginal de Jesús como con el hecho de que Jesús no tenga a su lado al morir en la cruz a nadie más que a su madre María (cf. Jn 19,26-27). Lo importante aquí es la alusión a la familia de Jesús, cuyos orígenes humanos son conocidos, lo que hace que la pretensión de Jesús, siendo bien conocida su familia, escandaliza y lleva al estupor a sus oyentes.  Sobre todo, si se tiene en cuenta el contenido de la predicación de Jesús en la sinagoga de Nazaret, tal como informa el evangelio de san Lucas, en el cual se nos transmite la conciencia que Jesús tiene de su misión, para la cual le ha habilitado la unción del Espíritu Santo en el bautismo (Lc 4,21).

El evangelio plantea la necesaria aceptación de Jesús por la fe en su divina Persona humanada por la salvación del mundo. La fe en Jesús sólo se asienta en la acción sobrenatural de la gracia, por la cual el que cree en Jesús supera cuanto de obstáculo puede representar su humanidad. Los judíos se plantean si Jesús será o no el Cristo, a lo que se responden a sí mismos: «Pero éste sabemos de dónde es, mientras que cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es» (Jn 7,27). Sólo la fe puede llegar a la condición mesiánica de Jesús, a reconocer en él al Salvador. Por eso Jesús responde a la dificultad que plantean sus orígenes apelando a su envío por el Padre: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que es veraz el que me ha enviado; pero vosotros no le conocéis» (Jn 7,28). Saber y confesar que Jesús viene del Padre es obra de la acción del Espíritu en quien tiene fe, por eso quien cree en Jesús ha sido atraído por Dios a la verdad de su divina persona y alcanza el conocimiento del Hijo: «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae…» (Jn 6,44)

Es Dios quien activa la fe en el discípulo de Jesús, por eso quien no cree en Jesús resiste a la acción del Padre, porque el que escucha al Padre y acoge su revelación «viene a Jesús» (Jn 6,45). Del mismo modo quien por la fe llega a Jesús atraído por la acción del Espíritu, sólo accede al Padre transitando pro Jesús: «Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6). Al misterio divino del Padre se accede mediante el conocimiento del Hijo en la carne, en la humanidad de Jesucristo. Por eso insiste la primera carta de san Juan en la afirmación de que el que cree que Jesús es el Hijo de Dios encarnado es quien vence al mundo y quien de verdad tiene fe: «Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1Jn 5,5).

Jesús se queja de sus paisanos, porque sólo en la propia tierra se desprecia a un profeta (cf. Mc 6,4), cumpliéndose de esta manera la prolongación en el tiempo de resistencia a la palabra de Dios, que le fue enviada a Israel a lo largo de la historia de la salvación, rechazando a los profetas. Lo vemos en Ezequiel, que recibe este oráculo de Dios, al ser enviado a la misión: «Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente» (Ez 2,3). La primera lectura anticipa el rechazo de Jesús en el rechazo del mensaje de los profetas, que Jesús mismo censura con gran dureza por la hipocresía con que han procedido los que dicen que ellos no hubieran atentado contra los profetas, con lo cual demuestran que son hijos de los que los mataron (cf. Mt 23,29-32).

La segunda carta de san Pablo a los Corintios nos ayuda a superar las dificultades que se le plantean a la fe en Jesús, porque nuestra fe tropieza con la descalificación y el asedio de una mentalidad centrada fundamentalmente en las realidades materiales, interpretadas desde las propias capacidades de la naturaleza humana. La mente se nubla ante el misterio de la carne del Hijo de Dios, optando por convertir las afirmaciones de la fe en Jesucristo en meras propuestas simbólicas, para la elaboración de un discurso moral en el que no cabe reconocer en Jesucristo al Hijo de Dios encarnado por nuestro amor. Es la «mente sin Dios y sin carne» del gnosticismo actual, una tentación que nos asalta constantemente, prefiriendo un cristianismo sin la encarnación de Cristo y su presencia hoy «en la carne sufriente de Cristo en los otros, encorsetada en una enciclopedia de abstracciones»[2]. Es tentador un cristianismo sin el misterio pascual de la muerte y resurrección del Señor, porque —como dice el papa Francisco— se prefiere contar con un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, que es el cuerpo místico de Cristo presente en un pueblo en marcha, capaz de afrontar las dificultades y los sufrimientos de la humanidad. Necesitamos reavivar en nosotros la fe en la carne del Hijo de Dios, y dejarnos iluminar mente y corazón por la luz del evangelio, para poder aliviar los dolores del mundo con la esperanza de la resurrección.

Pidamos a Dios el Espíritu Santo, para que fortalezca la fe en Jesucristo encarnado por nosotros y por nuestra salvación, muerto y resucitado para nuestra justificación y gloria, convencidos de las palabras de san Pablo que nos ayudan a superar las dificultades que se le plantean a la Iglesia en nuestra sociedad, alejada de la fe en la carne de Cristo presente en cuantos sufren por tantas causas. Dificultades e incomprensiones que hemos de sufrir con gozo interior, conscientes de que en verdad «cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2Cor 12,10).

 

S.A.I. Catedral de la Encarnación

Almería, 4 de julio de 2021

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

[1] Cf. Biblia de Jerusalén: Nota a Mt 12,46→ Mc 3,31-35; cf. paralelo: Lc 8,19-21. La nota ejemplifica esta interpretación con referencia concretas: Gn 13,8; 29,15; particularmente para designar a los primos hermanos: 1 Cro 23,22.

[2] Francisco, Exhortación sobre la llamada a la santidad en el mundo actual Gaudete et exultate (19 marzo 2018), n. 37.

HOMILÍA EN EL DOMINGO XIV DEL T.O.

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Lecturas bíblicas: Ez 2,2-5; Sal 122,1-4 (R/. «Misericordia, Señor, misericordia»); 2Cor 12,7-10; Aleluya: Lc 4,18 («El Espíritu del Señor está sobre mí»); Mc 6,1-6.

Queridos hermanos y hermanas:

En domingos anteriores ya hemos considerado la dificultad que planteaba para sus discípulos, sobre todo los conocedores de sus orígenes familiares y de paisanaje el aceptar que Jesús fuera enviado de Dios y que su envío respondiera a su misión mesiánica. Hemos visto cómo el discurso sobre el pan de vida, que Jesús pronunció después de la multiplicación de los panes y los peces decepcionó profundamente a los seguidores de Jesús, de modo que «desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron a tras y ya no andaban con él» (Jn 6,66). Fue entonces cuando Jesús les preguntó a sus apóstoles si también ellos querían marcharse, dando lugar a la confesión de fe de Pedro, que proclama la condición mesiánica de Jesús. Así se dice: «Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6,67-69).

Hemos aludido a las palabras del evangelio que acabamos de escuchar, donde se transmite el pasaje de la estancia de Jesús entre sus paisanos de Nazaret y el estupor a que da lugar la sabiduría que Jesús derrocha, y su pleno conocimiento de la Escritura. Este pasaje evangélico responde a la visita sin éxito de Jesús a Nazaret y a su predicación en la sinagoga y ha sido recogido por los evangelios sinópticos, en los cuales vemos que la gente se interroga si no es Jesús «el carpintero» (Mc 6,3), o «el hijo del carpintero» (Mt 13,55), e incluso transmitiendo el nombre del padre según las apariencias «el hijo de José» (Lc 4,22). Se menciona también a su madre y se le nombra como «hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón» (Mc 6,3), siendo asimismo bien conocidas sus hermanas.

Se trata probablemente de primos hermanos de Jesús u otros parientes, todos denominados según la tradición de lengua hebrea como “hermanos” (griego: adelfós), designación de sus parientes que encontramos en el evangelio de san Juan (cf. Jn 7,2.10), siguiendo la tradición del Antiguo Testamento[1]. Como se ha observado, es una interpretación coherente tanto con la noticia evangélica de la concepción virginal de Jesús como con el hecho de que Jesús no tenga a su lado al morir en la cruz a nadie más que a su madre María (cf. Jn 19,26-27). Lo importante aquí es la alusión a la familia de Jesús, cuyos orígenes humanos son conocidos, lo que hace que la pretensión de Jesús, siendo bien conocida su familia, escandaliza y lleva al estupor a sus oyentes.  Sobre todo, si se tiene en cuenta el contenido de la predicación de Jesús en la sinagoga de Nazaret, tal como informa el evangelio de san Lucas, en el cual se nos transmite la conciencia que Jesús tiene de su misión, para la cual le ha habilitado la unción del Espíritu Santo en el bautismo (Lc 4,21).

Lo importante aquí es la alusión a la familia de Jesús, cuyos orígenes humanos son conocidos, lo que hace que la pretensión de Jesús, siendo bien conocida su familia, escandaliza y lleva al estupor a sus oyentes.

El evangelio plantea la necesaria aceptación de Jesús por la fe en su divina Persona humanada por la salvación del mundo. La fe en Jesús sólo se asienta en la acción sobrenatural de la gracia, por la cual el que cree en Jesús supera cuanto de obstáculo puede representar su humanidad. Los judíos se plantean si Jesús será o no el Cristo, a lo que se responden a sí mismos: «Pero éste sabemos de dónde es, mientras que cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es» (Jn 7,27). Sólo la fe puede llegar a la condición mesiánica de Jesús, a reconocer en él al Salvador. Por eso Jesús responde a la dificultad que plantean sus orígenes apelando a su envío por el Padre: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que es veraz el que me ha enviado; pero vosotros no le conocéis» (Jn 7,28). Saber y confesar que Jesús viene del Padre es obra de la acción del Espíritu en quien tiene fe, por eso quien cree en Jesús ha sido atraído por Dios a la verdad de su divina persona y alcanza el conocimiento del Hijo: «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae…» (Jn 6,44)

La fe en Jesús sólo se asienta en la acción sobrenatural de la gracia, por la cual el que cree en Jesús supera cuanto de obstáculo puede representar su humanidad.

Es Dios quien activa la fe en el discípulo de Jesús, por eso quien no cree en Jesús resiste a la acción del Padre, porque el que escucha al Padre y acoge su revelación «viene a Jesús» (Jn 6,45). Del mismo modo quien por la fe llega a Jesús atraído por la acción del Espíritu, sólo accede al Padre transitando pro Jesús: «Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6). Al misterio divino del Padre se accede mediante el conocimiento del Hijo en la carne, en la humanidad de Jesucristo. Por eso insiste la primera carta de san Juan en la afirmación de que el que cree que Jesús es el Hijo de Dios encarnado es quien vence al mundo y quien de verdad tiene fe: «Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1Jn 5,5).

Jesús se queja de sus paisanos, porque sólo en la propia tierra se desprecia a un profeta (cf. Mc 6,4), cumpliéndose de esta manera la prolongación en el tiempo de resistencia a la palabra de Dios, que le fue enviada a Israel a lo largo de la historia de la salvación, rechazando a los profetas. Lo vemos en Ezequiel, que recibe este oráculo de Dios, al ser enviado a la misión: «Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente» (Ez 2,3). La primera lectura anticipa el rechazo de Jesús en el rechazo del mensaje de los profetas, que Jesús mismo censura con gran dureza por la hipocresía con que han procedido los que dicen que ellos no hubieran atentado contra los profetas, con lo cual demuestran que son hijos de los que los mataron (cf. Mt 23,29-32).

La segunda carta de san Pablo a los Corintios nos ayuda a superar las dificultades que se le plantean a la fe en Jesús, porque nuestra fe tropieza con la descalificación y el asedio de una mentalidad centrada fundamentalmente en las realidades materiales, interpretadas desde las propias capacidades de la naturaleza humana. La mente se nubla ante el misterio de la carne del Hijo de Dios, optando por convertir las afirmaciones de la fe en Jesucristo en meras propuestas simbólicas, para la elaboración de un discurso moral en el que no cabe reconocer en Jesucristo al Hijo de Dios encarnado por nuestro amor. Es la «mente sin Dios y sin carne» del gnosticismo actual, una tentación que nos asalta constantemente, prefiriendo un cristianismo sin la encarnación de Cristo y su presencia hoy «en la carne sufriente de Cristo en los otros, encorsetada en una enciclopedia de abstracciones»[2]. Es tentador un cristianismo sin el misterio pascual de la muerte y resurrección del Señor, porque —como dice el papa Francisco— se prefiere contar con un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, que es el cuerpo místico de Cristo presente en un pueblo en marcha, capaz de afrontar las dificultades y los sufrimientos de la humanidad. Necesitamos reavivar en nosotros la fe en la carne del Hijo de Dios, y dejarnos iluminar mente y corazón por la luz del evangelio, para poder aliviar los dolores del mundo con la esperanza de la resurrección.

Es tentador un cristianismo sin el misterio pascual de la muerte y resurrección del Señor, porque —como dice el papa Francisco— se prefiere contar con un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, que es el cuerpo místico de Cristo presente en un pueblo en marcha, capaz de afrontar las dificultades y los sufrimientos de la humanidad.

Pidamos a Dios el Espíritu Santo, para que fortalezca la fe en Jesucristo encarnado por nosotros y por nuestra salvación, muerto y resucitado para nuestra justificación y gloria, convencidos de las palabras de san Pablo que nos ayudan a superar las dificultades que se le plantean a la Iglesia en nuestra sociedad, alejada de la fe en la carne de Cristo presente en cuantos sufren por tantas causas. Dificultades e incomprensiones que hemos de sufrir con gozo interior, conscientes de que en verdad «cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2Cor 12,10).

S.A.I. Catedral de la Encarnación

Almería, 4 de julio de 2021

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

Ilustración: El Salvador del mundo (1600). Domenico Theotocopouli “El Greco”. Galería Nacional de Escocia. Edimburgo (Reino Unido)

[1] Cf. Biblia de Jerusalén: Nota a Mt 12,46→ Mc 3,31-35; cf. paralelo: Lc 8,19-21. La nota ejemplifica esta interpretación con referencia concretas: Gn 13,8; 29,15; particularmente para designar a los primos hermanos: 1 Cro 23,22.

[2] Francisco, Exhortación sobre la llamada a la santidad en el mundo actual Gaudete et exultate (19 marzo 2018), n. 37.

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Las Misioneras Identes de Málaga invitan a peregrinar online a Santiago

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La Fundación Juventud Idente y los Misioneros y Misioneras Identes organizan por segunda vez la Ruta Jacobea Idente Online, una peregrinación online a Santiago de Compostela con participantes de los cinco continentes a través de 12 etapas.

En este Año Santo Jacobeo, desde la comunidad de identes de Málaga, Ángela Cantueso recuerda que «no hay límite de edad para participar y la actividad es gratuita. Se trata de realizar un itinerario histórico, artístico, religioso, cultural y espiritual, a lo largo del Camino de Santiago para que los participantes puedan conocerse, aceptarse y superarse. Para tener un auténtico encuentro con Cristo».

Vídeo de presentación

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Tendrá lugar del 12 de julio al 15 de agosto de 2021 y no es necesario un horario fijo. Cada participante puede hacer cada etapa de manera virtual en el día que quiera, en el momento que desee y a su ritmo.

Desde el comienzo de la Ruta, un misionero o misionera idente estará rezando por cada participante y puede ser su compañero/a de camino. Las inscripciones están abiertas hasta el día 9 de julio. Al inscribirse se le envía al peregrino por correo electrónico toda la información (sobre las etapas, los contenidos, etc.) para que pueda comenzar y peregrinar “con buen pie” hasta Santiago de Compostela.

Más información e inscripciones en el siguiente enlace:

https://juventudidente.org/ruta-jacobea-idente-jacobean-route/

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Las Hijas de la Caridad se despiden de Santa Rosalía-Maqueda

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La parroquia de Santa Rosalía-Maqueda realizó un acto homenaje de despedida a las Hijas de la Caridad que han estado atendiendo la parroquia de la barriada desde 1983 y que ahora dejan este servicio.

«Han vivido entre nosotros como unas vecinas nuestras más sin hacer gala de nada y con la sencillez propia del carisma vicenciano»

El acto comenzó con la Eucaristía presidida por el párroco, José Macías, y concelebrada por el arcipreste de Álora, Francisco González.

En la monición de entrada, los vecinos recordaron que «ellas han vivido entre nosotros como unas vecinas nuestras más sin hacer gala de nada y con la sencillez propia del carisma vicenciano. ¡Ojalá que esta desinteresada manera de trabajar nos contagie a todos en la tarea de extender el Reino de Dios!».

Tras la Misa, se descubrió la placa con la que el Ayuntamiento de Málaga, da nombre a los jardines en los que está situada la parroquia y la casa parroquial. El nombre es: “Jardines Hijas de la Caridad”, como reconocimiento por su labor por la barriada.

Más información, en la web de la parroquia

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Cáritas en Andalucía. Memoria 2020

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MEMORIA 2020 DE CÁRITAS EN ANDALUCÍA

– Cáritas invierte más de 43,7 millones de euros en 2020 para ayudar a 273.616
personas en Andalucía.

Aumenta más de un 27% las personas beneficiadas por nuestra acción.

El 88% de estas personas han sido atendidas en las 1.089 Cáritas
Parroquiales repartidas por todo el territorio andaluz.

Como señala Mariano Pérez de Ayala, Presidente de Cáritas Regional de Andalucía, la
pandemia de la COVID-19 ha tenido un alto coste en vidas humanas, muchas de ellas
cercanas a nosotros, una crisis sanitaria que ha puesto en riesgo nuestros sistemas de
protección de la salud y nos deja una crisis social y económica sin precedentes.
En este escenario, Cáritas ha seguido acompañando a las personas más vulnerables,
compartiendo con todas ellas los recursos a nuestro alcance y buscando alternativas al
distanciamiento impuesto. Porque ‘La Caridad no cierra’, lema con el que Cáritas ha
querido promover durante todo el 2020 la fraternidad cristiana y la solidaridad de la
sociedad andaluza en este año marcado por la emergencia sanitaria y social a causa
del coronavirus.
El papel del voluntariado y de las Cáritas Parroquiales
En este difícil año, las 1.089 Cáritas Parroquiales, repartidas por toda la geografía
andaluza, han estado muy pendientes de las necesidades de sus vecinos y vecinas más
vulnerables. Ellas han sido los pilares fundamentales de la acción socio-caritativa de la
Iglesia en este año 2020, atendiendo al 88% de todas las personas beneficiarias de
nuestra acción.
A pesar de la emergencia y el distanciamiento, nuestro voluntariado, 11.220 personas
en toda Andalucía,
ha sabido buscar los recursos y los caminos necesarios para seguir
acompañando a las familias, incidiendo de forma especial en el acompañamiento de las
personas mayores solas, las mujeres vulnerables y la infancia.

 NOTA DE PRENSA

En 2020, la acción de Cáritas en Andalucía ha alcanzado a 273.616 personas, lo
que supone un aumento del 27% respecto al año anterior.
Los datos de este año 2020
reflejan el aumento de la demanda y las dificultades que
han sufrido ciertos colectivos para afrontar este difícil año.
Especial atención en las personas que han perdido su empleo por la Covid 19. En
pleno impacto de la pandemia, Cáritas acompañó en toda Andalucía a más de 4.400
personas
para mejorar su perfil laboral. Las 10 Cáritas Diocesanas andaluzas invirtieron
casi 4 millones € en acciones de empleo y economía social para que 850 personas
accedieron al mercado de trabajo
en 2020 con el apoyo de los programas de Empleo
y Economía social de Cáritas.
El impacto de la Covid ha sido también tremendamente costoso para las personas que
carecen de un hogar
agravada durante la pandemia al dificultarse -o imposibilitarse- el
acceso a espacios de higiene y/o aislamiento. En 2020 hemos atendido a 5.461
personas en situación de sin hogar a través de nuestros Centros residenciales, Centros
de día y de noche y con nuestros dispositivos de calle.
Gracias a la solidaridad de la sociedad andaluza.
En 2020 la solidaridad de la sociedad andaluza se ha visto reflejada en nuestra entidad
a través del apoyo de más de 22.600 socios/as, 40.000 donantes, 733 instituciones
colaboradoras
y por la constante colaboración de la comunidad cristiana a través de
campañas, colectas y acciones puntuales promovidas por la Iglesia.
Con todo este apoyo, Cáritas ha podido invertir en su acción 43.734.571 euros.

Desde Cáritas queremos poner en valor la generosidad de la ciudadanía que ha
prestado sus servicios, donando sus recursos o articulando mecanismos desde la más
absoluta creatividad para apoyar económicamente nuestra acción social
Invitación a que “Seamos más pueblo”
Este mes hemos celebrado el Día de la Caridad bajo el lema “Seamos más pueblo”.
Un pueblo en el que todo lo que ocurre nos importa y nos afecta porque todos somos
pueblo de Dios y nadie debería quedarse fuera. Este año más que nunca necesitamos
recrear nuestras relaciones para sostenernos y cuidarnos de una forma nueva
. Y
nos sumamos al papa Francisco en su recomendación de recuperar la amabilidad en
nuestra mirada y en nuestros gestos, en la forma de escuchar y acoger a los demás.

Cáritas Regional de Andalucía

La CEE difunde la traducción de las Letanías en honor a San José

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La CEE difunde la traducción de las Letanías en honor a San José

En la última reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal, celebrada los días 22 y 23 de junio de 2021, se aprobó el texto en castellano y en las demás lenguas cooficiales de las letanías en honor a San José,  a las que se habían añadido siete invocaciones nuevas en su texto en latín.

El pasado 1 de mayo, con motivo del año de San José instaurado por el papa Francisco, en el ciento cincuenta aniversario de la declaración del Santo Patriarca como patrón de la Iglesia universal, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos actualizó las letanías en honor de san José, aprobadas en 1909 por la Sede Apostólica, añadiendo siete invocaciones tomadas de las intervenciones de los papas que han reflexionado sobre algunos aspectos de la figura del patrón de la Iglesia universal.

Las intenciones añadidas, aprobadas por el papa Francisco, son las siguientes:

  • «Custos Redemptoris» (cf. san Juan Pablo II, exhort. apost. Redemptoris custos).
  • «Serve Christi» (cf. san Pablo VI, homilía del 19.III.1966, citada en Redemptoris custos, n. 8 y Patris corde, n. 1).
  • «Minister salutis» (san Juan Crisóstomo, citado en Redemptoris custos, n. 8).
  • «Fulcimen in difficultatibus» (cf. Francisco, carta apost. Patris corde, prólogo).
  • «Patrone exsulum», «Patrone afflictorum» y «Patrone pauperum» (Patris corde, n. 5).

Desde la Congregación para el Culto Divino se confió a las conferencias episcopales la tarea de traducir las Letanías a las lenguas de su competencia y publicarlas, labor realizada por la Comisión Episcopal para la Liturgia, que ha realizado la traducción completa de las Letanías, al no existir un texto oficial ni en castellano ni en ninguna de las distintas lenguas cooficiales.

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Jesús abre el horizonte a la esperanza

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XIV Domingo Tiempo Ordinario. B. 2021

Las tres lecturas de este domingo XIV del Tiempo Ordinario son tan necesarias escucharlas que no podemos conformarnos con decir que ya las conozco. Como siempre, ante la Palabra de Dios hay que abrir la mente, todo el ser, porque nos prepara para conocer mejor la voluntad de Dios y para acoger la tarea que nos encomienda, seamos laicos o sacerdotes. En la primera lectura se destaca cómo el Espíritu es el que sostiene con su fuerza a la persona que Dios llama, a pesar de su fragilidad o debilidad. Podemos reconocer que nuestra fuerza es el Señor, que es Él quien nos ayuda a permanecer en pie para ponernos en camino de la misión. El elegido va con la seguridad de estar sostenido por el Señor incluso si va a ambientes adversos, descreídos, difíciles, hasta cuando es enviado a «los testarudos y obstinados». Dios te llama a una misión muy especial, a llevar el consuelo a la gente, como una persona de paz, portador de misericordia, al menos, para que tengan noticia de que hubo un profeta en medio de ellos, para que conozcan que Dios no les tiene abandonados, que también ha pensado en ellos, aunque rechacen al profeta. La misión del profeta en ambientes difíciles va a ser especial, porque tendrá que conseguir deshacer el hielo del corazón de la gente, para que ellos puedan llegar a conocer la misericordia de Dios.

 

Se completa este cuadro con la segunda lectura, porque dibuja el perfil del evangelizador. En esto san Pablo es maestro y no anda por las ramas, ya que describe perfectamente la condición de un discípulo apóstol mirando su propia persona. Las seguridades que va a llevar un evangelizador son la «gracia de Dios» y la «debilidad», que esto viene a ser una señal inconfundible de que a quien tiene detrás es Dios. Esa será su fuerza, esa es vuestra fuerza, queridos amigos. Leed el texto y no necesitaréis más comentarios.

 

La escena del Evangelio de esta semana discurre en Nazaret, la tierra donde Jesús vivió desde pequeño y por haberse criado allí, entre estos vecinos, le conocían perfectamente, como también Él conocía a sus paisanos. Precisamente por esta realidad se plantean dos cuestiones importantes que dan explicación a este texto: en primer lugar, la admiración, la gente no entiende nada de lo que está pasando, quienes le escuchan se hacen preguntas acerca de Jesús, de lo que están viendo y oyendo, no han sido capaces de ver más allá de sus propios ojos y se han quedado en lo superficial de las cosas sin entrar en lo esencial; y, en segundo lugar, lo que están manifestando es su ceguera, su dureza de corazón, hasta tal punto que dice el Evangelio que Jesús «se extrañó de su falta de fe» (v.6).

 

Esta semana tendremos la dicha de ver cómo Dios está llamando a tu puerta con un rostro conocido y puedes ver con tus ojos las obras de sus manos, las maravillas que hace por su poder y grandeza. A esto se le llama oportunidad. Por estas cosas se puede decir a voz en grito: ¡No dejes de admirar las obras de Dios y fíate de sus palabras! Pero, no olvides que la admiración sin la fe se queda en el nivel de lo humano y es raquítica, porque lo que brota de la fe es bueno y nos abre el horizonte a las maravillas de Dios. Le pedimos al Señor que nos conceda un corazón sencillo, como el de la Santísima Virgen María, para poder entender el lenguaje de Dios.

 

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

Clausura del curso pastoral de la Acción Católica General

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El pasado sábado 3 de julio, la Acción Católica General cerró el curso con una Eucaristía de acción de gracias en la capilla del Seminario Diocesano, a la que asistieron adultos de algunos grupos parroquiales.

En el desarrollo de la Eucaristía los participantes compartieron cómo han vivido el ser discípulo-misionero durante este curso marcado por la pandemia; así como lo que le piden a la asociación laical para el próximo curso.

El sentir general durante el curso ha sido de incertidumbre y de aprender nuevos modos de seguir viviendo en el grupo el conocer, orar-celebrar y vivir; de atreverse a reuniones online, en las que se ha podido participar de formación concreta que no podría haber sido posible de otro modo; por lo tanto, a pesar del dolor que ha causado la Covid-19, han visto como una oportunidad este tiempo.

De cara al próximo curso piden ilusión, compromiso, acompañamiento, actividades entre grupos y coordinación para participar en la IV Asamblea General y en el Encuentro de Laicos de Parroquia que se celebrará en Barcelona del 21 al 24 de julio de 2022.

Ver este artículo en la web de la diócesis

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