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Homilía del Domingo XXIII DEL T. O.

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Lecturas bíblicas: Is 35,4-7a; Sal 145,7-10 (R/. «Alaba, alma mía al Señor»); St 2,1-5; Aleluya: Mt 4,23 («Jesús proclamaba el evangelio del Reino y curaba toda enfermedad y dolencia del pueblo»); Mc 7,31-37.

Queridos hermanos y hermanas:

El evangelio de san Marcos, después de una primera parte en que da cuenta del ministerio de Jesús en Galilea, en la que, después de referir el bautismo de Jesús por Juan en el río Jordán, presenta a Jesús como enviado del Padre para la proclamar el reino de Dios. Refiere también la dificultad que experimentan sus paisanos para reconocerle como enviado de Dios, la elección de los apóstoles, cuya instrucción comienza Jesús, para seguir con una nueva sección de viajes o recorridos itinerantes de Jesús. Entre los recorridos que realiza Jesús se encuentra la salida de territorio judío para adentrarse en territorio pagano fenicio regresar por la zona de la Decápolis, que se situaba en el lado oriental del mar de Galilea. Primero se detiene el evangelista en el milagro de la mujer siro-fenicia que le pide a Jesús que cure a su hija estaba poseída por un espíritu inmundo, y enseguida comienza la secuencia de la curación del sordomudo que hemos escuchado en el evangelio de hoy. El evangelista traslada a Jesús del territorio de Tiro, donde ha curado a la hija de la siro-fenicia, al territorio de Sidón, ambas poblaciones son antiguos asentamientos fenicios, hoy integrados en territorio libanés. El evangelista, refiriendo estas incursiones de Jesús en territorio pagano, quiere hacer manifiesto que el evangelio tiene un destino universal y que no se encierra en territorio judío.

El milagro del sordomudo, ya que además de ser sordo tenía dificultades para hablar, es una actuación de Jesús que pide nuestra atención, porque en su narración se nos trasmite cómo los milagros que Jesús realiza son la manifestación de la irrupción del tiempo mesiánico anunciado por los profetas, como hemos escuchado en la lectura del profeta Isaías, y así lo reconoce la multitud que sigue a Jesús, que exclama: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos» (Mc 7,37). Un conocedor de la Escritura sabe que el cronista del libro del Génesis dice de Dios que, una vez hubo terminado la creación, «vio todo lo que había hecho y era muy bueno» (Gn 1,31 LXX). Al decir lo mismo de Jesús el evangelista habla de él como se habla de Dios en la Escritura. Cuando el apóstol Pedro se dirige a la multitud de peregrinos congregados en Jerusalén por la fiesta de Pentecostés, les dice que Jesús fue entregado según el designio de Dios, porque así Dios lo tenía establecido. Leemos en el libro de los Hechos que, en el Discurso de san Pedro ante la multitud congregada en torno al cenáculo en Pentecostés, el Apóstol se refirió a Jesús el Nazareno como «un varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él» (Hch 2,22). Poco tiempo después, se dirigía en Cesarea Marítima a los oyentes en casa del centurión romano Cornelio, y al narrar lo sucedido con Jesús dice: «Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hch 10,38).

Vemos, entonces, que las acciones taumatúrgicas, los milagros de Jesús no responden al supuesto exhibicionismo de quien domina ciertas artes de seducción de la gente sirviéndose de algunas prácticas curativas; ni tampoco a intereses económicos como quería Simón el Mago al pedirle a san Pedro ofreciéndole dinero el poder del Espíritu Santo, para comerciar con él, y fue castigado por Dios (cf. Hch 8,18-24). Los milagros no son cebos comerciales ni producen ganancias de este mundo, acontecen por la acción de Dios, que acredita la persona y misión de Jesús como enviado de Dios en un tiempo último, mesiánico, previsto por Dios para hacerse presente entre los hombres restaurando la casa de Israel, la nación de la elección divina. En Jesús se cumplen las profecías y la promesa de salvación que esperaba Israel. Isaías había profetizado que, para entonces, cuando Dios desvelara su misterio: «Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo y la lengua del mudo cantará» (Is 35,5-6). Los signos que realiza Jesús son los signos del tiempo mesiánico prometido, en el que Dios salvará a su pueblo y resarcirá a Israel de sus enemigos.

Tal era la esperanza mesiánica judía, que Jesús colmará con su palabra y acción de manera bien distinta a como la imaginaba Israel, porque la llegada del Mesías no puede traer desquite alguno contra los pueblos, sino salvación del pecado; porque el origen de los enfrentamientos entre los pueblos, de los egoísmos y las malas acciones está en los pecados de los hombres. Que Jesús libere del demonio que esclavizan a los seres humanos y devuelva la salud a los enfermos son signos de la llegada del reino de Dios en la palabra y las acciones de Jesús. La esperanza puesta en el Mesías prometido por los profetas trae consigo fe en la superación de las contradicciones y tensiones entre las naciones, cuyo fin sólo llegará cuando pase la figura de este mundo. La esperanza mesiánica se enraíza en la fe en Dios que por su misericordia ha hecho posible en Cristo la definitiva superación de los enfrentamientos entre los hombres, y así describe Isaías el futuro de la humanidad reconciliada: «De las espadas forjarán arados, / de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, / no se adiestrarán para la guerra» (Is 2,4). El tiempo mesiánico se distinguirá por la irrupción de la paz que es fruto de la reconciliación, la paz, el shalom de Dios que es salvación para el hombre: la reconciliación del mundo con Dios que aconteció en la cruz de Jesucristo. San Pablo así lo dice afirmando que «Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuenta de sus pecados…» (2 Cor 5,19). Bien se puede ver que la paz mesiánica prometida por los profetas es de naturaleza trascendente, no pertenece a la historia terrena de la humanidad, sino que es algo que llegará con su consumación en Dios. La ideología mesiánica judía había interpretado con mentalidad terrena el tiempo mesiánico, que habría de ser un tiempo final en el que Dios resarciría a Israel de sus enemigos. Tal era la interpretación de que Dios tomará el desquite de Israel.

Esta realidad trascendente que es la plena pacificación que sólo Dios puede hacer se adelantó en esta vida en las acciones sanadoras de Jesús, para que recibamos el mensaje del Evangelio que Dios destina a todas las naciones de la tierra. Estas incursiones en territorio de paganos son signo del carácter universal del Evangelio, aunque la proyección plenamente universal del Evangelio sólo se comprenderá a la luz de la resurrección de Jesús de entre los muertos. Es el Resucitado el que envía a sus apóstoles a predicar el Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28,20), pero estas salidas de las fronteras de Israel a territorio fenicio y a las regiones limítrofes con estas fronteras, como la Decápolis, son narradas a la luz de la revelación del Resucitado y hacen ver el carácter universal de la salvación que Dios ofrece al mundo en Cristo.

Este universalismo del Evangelio es revelación del Espíritu a san Pedro, que justifica su presencia en casa del centurión romano Cornelio diciendo: «Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea» (Hch 10,34-35). Nosotros hacemos acepción de personas y nos dejamos influir en nuestras acciones por la imagen externa, la posición social o cultural, los bienes o el poder con quienes somos benevolentes o queremos favorecer. Por eso la carta de Santiago nos exhorta a no juntar la fe con la acepción de personas (cf. St 2,1), y muy por el contrario preferir hacer el bien a los que más lo más lo de nosotros en su desvalimiento y pobreza, porque «Dios ha elegido a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino» (St 1,5). También hacemos acepción de personas por motivos religiosos y este es un motivo que nos debe hacer pensar, sin por eso caer en un allanamiento de las religiones, como si todas fueran lo mismo. Tenemos una particular fraternidad con todos los verdaderos creyentes en Dios y el diálogo entre las distintas religiones es muy importante para todos. Tenemos, sobre todo, una fraternidad singular con todos los cristianos, unidos como estamos en Cristo por el mismo bautismo, por eso hemos de buscar unidos la reconstrucción de la unidad visible de la Iglesia.

El evangelio nos presenta además otra importante perspectiva que debemos considerar, si nos fijamos en el hecho mismo de la curación, en cómo procede Jesús al curar al sordomudo. Jesús puede curar con su sola palabra, porque la palabra de Jesús es eficaz por sí misma, como es la palabra de Dios eficaz como lo vemos en los relatos evangélicos. Hay, sin embargo, pasajes como este en los que Jesús quiere poner el acento en las mediaciones que se acomodan a la condición corpórea de la naturaleza humana, y mediante las cuales llega la salvación. Jesús mete sus dedos en los oídos del sordo y con la saliva le toca la lengua, mirando al cielo suspira invocando la fuerza espiritual que sólo viene de Dios y pronuncia la palabra sanadora: Effetá, expresión en arameo que significa: “¡ábrete!”. El influjo que esta narración ha tenido en el rito cristiano del bautismo es conocido, aunque se percibe menos desde la reforma litúrgica. La interpretación alegórica de los santos Padres de la antigüedad cristiana ven en el hecho de tocar la humanidad tangible de Jesús el medio de tocar su divinidad intangible[1], que es lo que afirma el evangelio de san Juan: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado, su gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (cf. Jn 1,14). San Gregorio Magno ve en el gesto de Jesús de meter los dedos en los oídos del sordo que los dones del Espíritu llegan a la mente del sordo que recobra la audición para que obedezca[2]. Se ha visto también en la sordera la cerrazón del alma que no recibe la palabra de Dios y es necesario abrirla y así, propalar la confesión de fe en Jesús[3]. Gestos a los que aludía el rito bautismal. San Pablo dice que la fe viene de la audición del anuncio evangélico, porque de ello depende el comienzo de la salvación (cf. Rm 10,14.17).

No podemos silenciar el anuncio evangélico explícito. Estamos enviados al mundo para anunciar la salvación con palabras y con obras, con acciones de salvación y gestos sacramentales en los que expresemos la fe que profesamos. Dar testimonio de palabra y obra de Cristo, y recibir sacramentalmente la gracia redentora y santificadora que nos llega por la mediación de la Iglesia. La Eucaristía que ahora celebramos sostiene nuestra fe y la acrecienta en nosotros. Después de la pandemia algunos cristianos han llegado a creer que basta seguir digitalmente las celebraciones de la Misa y las celebraciones litúrgicas, por eso hemos de decir que es necesario volver a Misa, tener una vida cristiana coherente, porque la fe exige unir ambas cosas: la palabra y el compromiso de una vida acorde con la fe y la celebración de la fe en la acción litúrgica. Somos una asamblea celebrante al tiempo que un pueblo de Dios en marcha. Que así nos veamos y así actuemos con la ayuda del Señor y de María.

  1. A. I. Catedral de la Encarnación
    Almería, a 5 de septiembre de 2021

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

[1] San Efrén de Nísibe, Sermón sobre nuestro Señor: CSCO 270, 8.

[2] San Gregorio Magno, Homilías sobre Ezequiel: BAC 170, 350.

[3] San Beda Venerable: PL 92,203s.

“Ser cristiano es acoger el amor de Dios”

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Homilía en la Eucaristía del XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, el 5 de septiembre de 2021.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa amada de Jesucristo, Pueblo santo de Dios; queridos hermanos y amigos:

Es para mí un gozo muy grande retomar, después del descanso del verano, esta Eucaristía de los domingos en la Catedral, que es como el momento (lo dice la Iglesia, no lo digo yo, lo han dicho los Padres de la Iglesia y luego lo dijo el Concilio) supremo de realización de la vida de la Iglesia: la Eucaristía dominical. Eso en todas las iglesias del mundo.

Pero de una manera singular y especial la Eucaristía dominical presidida por el pastor… Yo sé que, probablemente, muchos de los que estáis aquí no sois de Granada pero venís aquí por motivos de turismo, de viaje de otro tipo, y formamos todos parte de la Iglesia una. Y mientras estáis aquí, sois cristianos en la diócesis de Granada, aunque no seáis de ella. El poder reunirnos todos es un regalo muy grande y yo retomo la Eucaristía dominical de la Catedral con muchísimo gozo.

De las Lecturas de hoy hay una que casi no necesita explicación, aunque sí que necesita mucho aprendizaje. Es la parte de la Carta de Santiago donde dice que en la Iglesia no puede haber distinciones de trato con el que tiene un estatus social muy alto y con el pobre o necesitado. La razón profunda de eso no es una razón de tipo moral, sino de tipo dogmático: que el Hijo de Dios que no tuvo como algo retenido el ser igual a Dios, sino que tomó la condición de esclavo para parecerse a nosotros, para hacerse uno con nosotros, pues, siendo rico, se hizo pobre, para redimirnos a nosotros e introducirnos a nosotros en la vida divina.

No podemos de una manera inteligente, coherente, razonable, llamarnos discípulos de Jesús si no sentimos el mismo afecto por los necesitados y por los pobres, del tipo que sean. No están sólo las pobrezas materiales. Hay pobrezas de tipo espiritual, personas heridas por la vida, por la misma familia, por situaciones familiares muy dolorosas, terriblemente dolorosas a veces. Todo expresa una pobreza radical del ser humano en un mundo donde campea a sus anchas el pecado y el mal. Entonces, pobres delante de Dios lo somos todos. No tener misericordia con nuestros hermanos más necesitados es dar una importancia enorme a algo que tiene poquísima importancia al lado de nuestra pobreza radical delante de Dios. Pobreza de la que el Señor no se ha avergonzado. Él ha querido abrazarse a nosotros, unirse a nosotros en nuestra pobreza, en nuestra historia, compartir nuestra pobre historia y llevarnos de eso humano hasta el Reino del Padre, hasta el Reino de los Cielos.

Yo, siempre me llamaba mucho la atención, cuando era mucho más joven, un pasaje de San Pablo donde dice: “Cumplo en mi carne lo que le falta a la Pasión de Cristo”, que es, por cierto, la Lectura que se hace siempre en el día de la Virgen de las Angustias. Yo siempre pensaba: “Si a la Pasión de Cristo no le falta nada; si Él se ha dado por entero, ¿qué le puede faltar?”. Hasta que caí en la cuenta (y lo decía muchas veces san Juan Pablo II), el Hijo de Dios por su Encarnación se ha unido de cierta manera a todos los hombres. No sólo a los que creen en Él, sino a todo ser humano por el hecho de ser un ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios y destinado a la vida eterna.

Pues, eso le faltaba a la Pasión de Cristo: tus sufrimientos, los míos, tus errores, los míos. Que no habíamos nacido y que el Señor también los abrazó en la cruz, porque su abrazo abarca la historia entera, el cosmos entero. Él, que es el centro del cosmos y de la historia, en Su abrazo nos recoge a todos. Pero nosotros no habíamos nacido todavía. Lo que significa eso es que cualquier pobreza, dolor, de cualquier tipo que haya en nuestro mundo forma ya parte de la Pasión de Cristo, para siempre. Nosotros los cristianos tenemos el privilegio de saberlo y de poder vivirlo. De saber que el sufrimiento no es lo que tiene la última palabra, no es lo que tiene el poder de destruirnos. Incluso si destruye nuestra psicología; si destruye nuestra humanidad (como lo ha destruido tantas veces en las guerras, lo vemos todos los días en unos y otras partes del mundo); aunque se destruya eso, el amor con el que cada uno de nosotros somos amado no puede destruirlo ni el mal ni la muerte. Mientras ese amor no sea destruido, es el amor de Jesucristo, y ser cristiano es conocer ese amor. No tanto como pensamos muchas veces: que el ser cristiano consiste en una serie de reglas que si nosotros las cumplimos, Dios estará contento con nosotros. Dios mío, no es así. Ese es el movimiento, la tendencia psicológica, la tendencia de pensamiento del mundo pagano: que hay que tranquilizar a Dios, que hay que aplacar a los dioses. No. Nosotros lo que proclamamos es que sabiendo que es imposible –diríamos- vivir una vida divina por nuestras fuerzas, el Señor ha venido, se ha unido a nosotros, para acompañarnos en el camino de la vida de forma que es Él en cada Eucaristía. Hay un momento, yo diría que el momento culminante de la Eucaristía (que no es la consagración; la consagración es indispensable) es: “Pon Cristo, con Él, en Él, a Ti, Dios Padre omnipotente, todo honor y toda gloria”. ¿Por qué? Porque Cristo viene a nosotros para ponerse como pantalla entre nosotros y Dios. Para que cuando Dios nos mire a nosotros vea a Su Hijo, que es quien le da gloria perfectamente, quien suple mis carencias, mi pobreza, quien suple mi pequeñez y se pone delante de mí ante la ira de Dios, o ante la justicia de Dios; para que Dios, cuando me mire, no me vea a mí, sino que mire a Su Hijo.

Eso es el cristianismo. Ese es el corazón del cristianismo. Que no es lo que llevamos siglos pensando como si fuéramos paganos, aunque hagamos gestos y rituales, prácticas cristianas. Es decir, pensando que nosotros tenemos que agradar a Dios. ¿Pero quién es tan soberbio que nuestras obras pueden darle a Dios algo? Somos nosotros los que tenemos necesidad de Dios. Eso también lo podríamos descubrir con nuestra inteligencia sin necesidad de la Revelación; con mucha dificultad, pero lo podríamos descubrir. Pero lo que nosotros proclamamos es una Buena Noticia. Lo que es evidente es que nosotros no podemos llegar hasta Dios. “A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo, que estaba en el seno del Padre nos lo ha mostrado, nos lo ha contado, nos lo ha dado a conocer”.

Mis queridos hermanos, eso es precioso. Descubrir que el ser cristiano no es ninguna losa, no es ningún sacrificio que tenemos que hacer por Dios. De nuevo, qué orgullo, qué pretensión. De nuevo, es acoger el amor de Dios, es poder vivir en la libertad verdadera como hemos pedido en la oración de hoy. Es curioso, el Señor cura hoy en el Evangelio a un sordomudo y, probablemente, con eso, el pasaje del profeta decía: “Los sordos oirán, los mudos hablarán”. Bueno, pues, el Señor abre nuestros oídos para que oigamos la voz de Tu amor, para que oigamos, y sé que lo tenemos que oír en este mundo, y en estas circunstancias, que lo tenemos que oír a través de Tu Cuerpo, que es la Iglesia, pero que podamos experimentar Tu amor de forma que surja en nosotros la alabanza para Ti. Alabanza divina. Que ése es el primer testimonio, la alegría que Su amor pone en nuestro corazón. Muchas veces, cuando hablamos de testimonio, parece que son cosas que tenemos que hacer por Dios. Dejar que Su amor fructifique en nosotros. Que somos privilegiados. Que hemos conocido el Amor de Dios. Que sabemos que somos amados con un amor infinito. Que eso se note en nuestra cara, en nuestra vida, en nuestra actitud con nuestros hermanos. Y la vida es bonita, sí, aunque haya en ella miserias, pecados, sufrimientos, enfermedades, dolores, la muerte. La vida es transformada por esa Presencia de Cristo.

En la Liturgia de las Horas, que la Iglesia reza a lo largo y ancho del mundo las 24 horas del día… Creo que he contando alguna vez que hay una aplicación americana que tiene la Liturgia de las Horas y una de las posibilidades es ver cuántas personas la están rezando en ese momento en el mundo con una lucecita en una bola del mundo que da vueltas. Descubres gente rezando en distintas partes del mundo, pero nunca la he abierto sin que haya menos de 150 personas rezando sólo con esa aplicación. ¿Qué significa eso? Que a lo largo de las 24 horas del mundo, en los cinco continentes, hay miles de personas unidas a la oración de Cristo, a la alabanza de Cristo, dando gloria al Señor por Su amor y por sus beneficios.

¿Sabéis cómo empieza la Liturgia de las Horas todos los días?: “Señor, abre mis labios y mi boca cantará tu alabanza”. Significa dame Tu Gracia, dame la experiencia para que pueda brotar de mi corazón la alabanza. Y así empieza todos los días la oración de la Iglesia. Señor, abre mis oídos y mis ojos, los sentidos más pasivos, el olfato, para poder oler el buen aroma de Cristo cuando lo tengo al lado mío en la fe o la caridad de una persona. Déjame ver el testimonio de una vida de fe. Déjame oír Tu Palabra. Haz que me deje seducir por Tu amor. Entonces, mi boca cantará tu alabanza. “Abriré los labios y cantaré, cantaré al Señor”, que me incorpora a Su vida divina y me hace vivir en la libertad de los hijos de Dios.

Vamos a pedirLe al Señor que abra nuestros labios y que nuestra vida sea una testimonio no porque nos proponemos hacer cosas para convencer a los demás, sino por la alegría de nuestra vida. La alegría es ahora mismo el testimonio más puro de la Presencia de Dios en medio de nosotros.

Que el Señor multiplique en nosotros la alegría y la alabanza. La alabanza de Dios, de los dones que Dios nos da.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

5 de septiembre de 2021
S.I Catedral de Granada

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Cáritas Interparroquial de Guadix y el Hogar Santa Teresa Jornet, Premios Cascamorras 2021

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Cáritas Interparroquial de Guadix y el Hogar Santa Teresa Jornet, Premios Cascamorras 2021

La Residencia Santa Teresa Jornet, que regentan las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, de Guadix, y Cáritas Interparroquial de la ciudad accitana han recibido los Premios Cascamorras de este año 2021. La entrega de los mismos tuvo lugar la noche del 3 de septiembre, en una ceremonia en la Alcazaba de Guadix, organizada por la Hermandad de la Virgen de la Piedad de Guadix, que es quien otorga los premios. Se reconoce así la labor desempeñada durante todo este tiempo de pandemia, atendiendo a los más desfavorecidos y procurando que el virus no entrase en la residencia y pusiese en peligro la vida de los mayores.

Otros premiados fueron la Residencia de accitana de FOAM, Cruz Roja y Cuerpos de Seguridad Ciudadana de Guadix, todos por la labor realizada durante la pandemia de la COVID-19. El Pin de Oro que otorga la Hermandad fue doble: uno entregado al Ministerio de Defensa, recogido por Jerónimo de Gregorio y Monmenueu, jefe del MADOC, y otro a los sanitarios y sanitarias de Andalucía, que fue recogido por el consejero de Salud y Familias de la Junta de Andalucía, Jesús Aguirre.

El acto comenzó con la exaltación de la fiesta del Cascamorras, a cargo de la periodista accitana María Ruiz. Después, intervino el obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco, que agradeció la asistencia a los presentes y la labor realizada durante la pandemia por las instituciones premiadas. A ellas les dijo: “sois gigantes de la solidaridad y de la caridad, vosotros no habéis dejado que el virus infecte nuestras almas con el egoísmo y la tentación del `sálvese quien pueda´…. Esta noche queremos miraros a los ojos y deciros gracias, muchas gracias…Gracias con la `g´ de generosidad, con la `r´ de resistencia, con la `a´ de autenticidad, con al `c´ de coraje, con la `i´ de increíbles, con la `a´ de aplauso agradecido y con la `s´ de seguimos juntos para vencer

Sin duda, este reconocimiento otorgado por la Hermandad de la Virgen de la Piedad de Guadix y Cascamorras expresa el sentir de toda la ciudad accitana hacia instituciones que se han desvivido por los demás durante este año y medio de pandemia. Así lo han hecho en la Residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que han conseguido que el virus no entrase en la residencia en todos esos meses. Recogió el premio una de las trabajadoras del centro, como reconocimiento al buen hacer de estos trabajadores, no solo de las hermanas, en la atención a las personas mayores.

También la acción de Cáritas Interparroquial de Guadix ha sido significativa en todo este tiempo de pandemia, llevando comida a familias necesitadas, atendiendo a personas mayores que estaban solas, escuchando los problemas y buscando la mejor solución para los mismos. Y todo, cuando la actividad económica se paró y muchos quedaron sin recursos y sin posibilidad de buscarlos. No fueron pocos los que acudieron en esos días por primera vez a Cáritas para solicitar ayuda. Recogió el premio la directora de Cáritas Interparroquial de Guadix, Regina Pereira. Los Premios Cascamorras que se han otorgado este año son premios a la solidaridad y al trabajo en común, como destacó el obispo accitano en su discurso. Unos premios al trabajo de todos unidos, en una fiesta, la del Cascamorras, que, sobre todo, es expresión de unidad de dos localidades que caminan juntas en el territorio y en la historia: Guadix y Baza.

Antonio Gómez

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Los 4 jinetes del verano comienzan el curso con esperanza

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Podcast de la sección Los 4 Jinetes del Verano del programa Iglesia Noticia emitido en COPE Málaga el domingo 5 de septiembre de 2021.

En dicha sección participan Cristina Sánchez Lamarca, joven Hija de la Caridad; Juan Baena, párroco de La Cala de Mijas; Ana María Aldea, delegada en Málaga de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada; y Francisco Guzmán, presidente diocesano de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC).

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Comentario al evangelio del Domingo XXIII del Tiempo Ordinario

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María Teresa Aldea, licenciada en Filosofía y Letras, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo XXIII del Tiempo Ordinario, 5 de septiembre de 2021 (Mc 7, 31-37).

En el evangelio de este domingo, San Marcos nos presenta otro milagro, otro signo de Jesús, Hijo de Dios. Si nos detenemos en su narración se pueden destacar unas características especiales: A Jesús, le presentan a una persona sorda, un sordo es un ser incomunicado y además es casi mudo, es decir, no se puede comunicar, unas discapacidades fuertes en la época de Jesús y fuertes en nuestra época, donde la sociedad está invadida por toda clase de noticias, verdaderas y falsas, a través de los medios de comunicación o las redes sociales… La persona vive una realidad en la que su dignidad está empobrecida, porque el hombre ha sido creado por Dios como un ser social, para vivir en sociedad, para comunicarse con Él y con
los demás.

Es una situación que desemboca en la cultura del “desencuentro” en la que todos estamos inmersos de alguna manera, porque, como dice el dicho popular “no hay peor sordo que el que no quiere oír” y la sordera que inunda el mundo de hoy, es escuchar solo lo que nos conviene, aquello que no me molesta, no me afecta directamente.

Ante esto, Jesús siempre atento a nuestros sufrimientos, nos interpela, nos llama a la conversión, nos invita a dejarnos tocar por Él: “Ábrete” ¡Déjame entrar en tu vida! Quiere sanarnos, devolvernos nuestra dignidad plena, para que a través de su Palabra, nos encontremos con Él y nuestra actitud vital cambie, eliminando nuestra sordera y abriéndonos la boca para que nuestra vida sea anuncio y testimonio de su amor y así, entrar en la cultura del “encuentro” como nos anima el Papa.

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LA DIÓCESIS PARTICIPA EN LA TRADICIONAL PISA DE LA UVA DE JEREZ DE LA FRONTERA

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Monseñor José Rico Pavés ha bendecido la uva en la tradicional pisa de la uva que abre las tradicionales Fiestas de la Vendimia de Jerez de la Frontera.

Esta tarde ha tenido lugar el pistoletazo de salida de las Fiestas de la Vendimia de Jerez de la Frontera. Estas tradicionales festividades de la ciudad sede de la Diócesis comienzan con el acto de la pisa de la uva. Siguiendo las correspondientes medidas higienico-sanitarias en este acto ha participado Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, quien ha bendecido la uva que se convertirá tras la vendimia en el vino que nace de esta localidad vitivinícola. Asimismo, el prelado ha estado acompañado del Dean de la Santa Iglesia Catedral, D. Antonio López y el Vicario Episcopal de Asuntos Jurídicos y Relaciones Institucionales, D. Miguel Ángel Montero Jordi.

Por otro lado, tras la bendición de la uva el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha bendecido el primer mosto que ha surgido tras el acto de la pisa de la uva.

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Toman posesión dos nuevos canónigos para el Cabildo Catedralicio de Huelva

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En la mañana de hoy sábado, 4 de septiembre,  han tomado posesión en la Santa Iglesia Catedral como nuevos canónigos del Cabildo Catedralicio de Huelva el Ilmo. P. Emilio Rodríguez Claudio, O.S.A., vicario general de la diócesis, que ha sido designado canónigo “ad tempus”, por su condición de religioso, y el Ilmo. Sr. D. Jaime Jesús Cano Gamero, vicario episcopal y párroco de Ntra. Sra. de la Merced de Huelva, que ha sido designado como canónigo mayordomo del Cabildo onubense.

El acto, que ha sido presidido por el Deán de la Catedral, el Ilmo. Sr. D. José Arturo Domínguez Asensio, ha comenzado en la Sala Capitular en la que ha tenido lugar el rezo litúrgico de la Hora de Tercia, la Profesión de Fe y Juramento de los nuevos canónigos, tras la lectura de los nombramientos por parte del Secretario del Cabildo, M. I. Sr. D. Manuel Jesús Carrasco Terriza, y la firma del acta de toma de posesión.

Tras este primer momento, los canónigos se han trasladado al Coro catedralicio donde se procedió, de nuevo, a la lectura de los decretos de nombramiento ante los fieles presentes. Los nuevos canónigos, acompañados de sus padrinos, han tomado asiento en sus respectivos escaños de la sillería del coro.

El padre Rodríguez Claudio, en nombre suyo y el de D. Jaime, ha dirigido unas palabras de agradecimiento al Sr. Obispo y al Cabildo, renovando su disponibilidad con la Iglesia Diocesana de Huelva. El acto ha concluido con el solemne canto del Salve Regina.

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La Virgen Inmaculada de Éfeso, que peregrina por España, ya está en Guadix

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La Virgen Inmaculada de Éfeso, que peregrina por España, ya está en Guadix

Este sábado permanecerá en la iglesia de la Virgen de las Angustias y se podrá rezar durante todo el día ante la imagen, que será despedida mañana domingo con un Rosario por los cristianos perseguidos y una Misa, a las 9 y 10 de la mañana respectivamente

 

Llegó el viernes 3 de septiembre, por la tarde, a la iglesia de la Virgen de las Angustias, de la ciudad accitana, y fue recibida por el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco. Numerosos accitanos quisieron salir también a recibir a la imagen de la Virgen Inmaculada de Éfeso (Turquía), que está peregrinando por toda España y que estos días está en la ciudad de Guadix, hasta el domingo 5 de septiembre.

A su llegada, una vez introducida la imagen en el templo de la Patrona de Guadix, hubo un tiempo de oración, en el que obispo habló de María y de lo que representa para toda la Iglesia y para los creyentes, como madre y como modelo en la fe. También habló de lo significativa que resulta esta imagen de la Inmaculada, que salió de Éfeso y que está recorriendo nuestro país a través de los santuarios marianos.

Terminó esta primera parte de acogida con la celebración de la Eucaristía, que presidió el prelado accitano.

Ya por la noche, a las 21,00 h., hubo una vigilia de oración, organizada y participada por la delegación de Juventud, con exposición de Santísimo y cánticos marianos.

Durante todo el sábado 4 de septiembre, la imagen permanecerá en la iglesia de la Virgen de las Angustias, que estará abierta desde las 9 de la mañana, para que quienes quieran rezar puedan hacerlo ante la imagen de la Virgen peregrina.

Además, se han establecido varias celebraciones a lo largo del día: a las 12´00 h. se rezará el Ángelus y después el Rosario, a las 15´00 h. se rezará la Coronilla de la Divina Misericordia, a las 19´00 h. se rezará un Rosario meditado y a las 20´30 h. se celebrará la Misa de Sabatina.

Terminará la estancia de esta imagen peregrina en Guadix el domingo 5 de septiembre. Ese día, a las 9´00 h. se rezará un Rosario meditado, que estará ofrecido por los cristianos perseguidos, y a las 10 de la mañana se celebrará la Misa de despedida. Al terminar, la imagen partirá hacia la diócesis vecina de Cartagena.

La peregrinación de esta imagen de la Virgen Inmaculada de Éfeso por España es una iniciativa de ¡Madre Ven!, surgida en el marco del año Jacobeo para recordar la visita de la Virgen María al Apóstol Santiago en el Pilar de Zaragoza. En esa visita, el apóstol fue confortado en momentos de dificultad y recibió impulso en su acción evangelizadora. Ahora se pide que la Virgen vuelva a estar muy presente en el corazón de los creyentes, ofreciendo el ánimo y el impulso necesarios para vivir la fe, como lo recibió entonces el apóstol Santiago.

Esta imagen inició su recorrido en Éfeso (Turquía), donde la tradición sitúa la casa de la Virgen, y llegó a Zaragoza el 1 de mayo de 2021. Desde allí, comenzó un recorrido por los santuarios marianos de las diócesis de España, que finalizará el 12 de octubre en el Cerro de los Ángeles, en Getafe, en el corazón geográfico del país. Ahora esa peregrinación pasa por Guadix y es ahora cuando podemos rezar ante una imagen que ha convocado a miles de fieles por toda España.

Antonio Gómez

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DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

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Toda la historia de la humanidad es historia de salvación. Esta afirmación teológica fundamental debería ser una frase que repitiésemos con frecuencia. Es posible que nos parezca solo un axioma teológico que se queda en el ámbito intelectual y que poca influencia puede tener en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, esta afirmación constituye el núcleo de nuestra fe. Cuando la repetimos, de manera sencilla, estamos diciendo: Dios creó el cielo y la tierra y al ser humano a su imagen y semejanza; este ser creado por amor, respondió con el pecado al amor de Dios, aún así, el Creador salió al encuentro del ser humano. Tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo para salvar al mundo. El hijo de Dios entró en la historia de la humanidad y salvó al ser humano dentro de su propia realidad histórica. Por eso, la historia es el «lugar» donde el ser humano puede encontrarse con Dios, por tanto, con su propia vida.

El fragmento del evangelio de este domingo nos recuerda el proceso por el cual el ser humano puede apropiarse de la salvación que Dios nos ha dado en Jesucristo; hay que escuchar la palabra que Dios nos ha dado. Por eso, la curación de la sordera de este hombre que relata el texto evangélico no es solo la curación de una enfermedad del cuerpo, sino la sanación integral de la persona. Jesús, con su gesto de cercanía, posibilita a este hombre para que pueda escuchar las palabras de vida que Dios ha dado a la humanidad. Para nosotros, este signo realizado por Jesús es un recordatorio permanente para que estemos siempre dispuestos a escuchar a Dios, que nos comunica sus palabras de salvación a través de la Sagrada Escritura y, también, de los acontecimientos de nuestra vida y de las personas que comparten nuestra existencia. Pero, en muchas ocasiones, nosotros nos encontramos en la misma situación que el sordo del evangelio; incapaces de escuchar a Dios. Pero en nosotros no se trata de una imposibilidad física, sino de una falta de contemplación cristiana de la realidad, por eso no escuchamos a Dios que nos habla.

El fragmento del evangelio nos recuerda, también, que la escucha de Dios es la condición imprescindible para poder ser testigos de este mismo Dios. Solo después de que se curara de su sordera, el hombre del evangelio pudo cantar la grandeza de Dios que estaba actuando en el mundo por medio de su Hijo. Para que nuestro testimonio cristiano sea eficaz necesita de una escucha atenta y meditada de la palabra que Dios nos dirige. Así, cuando se unen «escuchar» y «proclamar» nosotros mismos y el mundo entero podrá alabar a Dios diciendo: «todo lo ha hecho bien».

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Sacerdotes “con Espíritu”

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La casa sacerdotal “Reino y Señora” acogía desde el 30 de agosto al 1 de septiembre un encuentro de sacerdotes organizado por la Renovación Carismática Católica. Con la mirada puesta en Betania, ese lugar de “respiro” y amistad del Maestro, has supuesto tres días dedicados a Dios, al descanso y a la Fraternidad sacerdotal.

Los 16 sacerdotes venidos de las diócesis de Cartagena, Granada, Guadix, Jaén y Almería han podido celebrar cada día la Eucaristía, tener tiempos largos de adoración, alimentarse de diversas enseñanzas sobre la vida en el Espíritu y tiempo para disfrutar de la playa y el descanso.

El objetivo último: llenarse de Espíritu para ser transmisores de su fuerza en las distintas parroquias y comunidades donde sirven.

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