En el pasado agosto, cuando la ciudad celebraba su feria, el calendario cristiano hacía conmemoración de san Luis de Tolosa. En siglos pasados su fiesta alcanzó gran importancia, algo que ignoran la mayoría de los malagueños que no son conscientes de qué y a quienes se rinde memoria cada 19 de agosto. Tal día del año 1487, las tropas castellanas tomaron la ciudad y, siendo la festividad del mencionado santo y dado que era antepasado del rey Fernando de Aragón, interpretaron el suceso en clave providencial. San Luis, hijo de Carlos II de Francia y nacido en la población occitana de Toulouse, renunció a la corte para hacerse franciscano, siendo célebre por sus virtudes pese a que la muerte le alcanzó con apenas 23 años.
El cabildo catedralicio malacitano, que se ocupaba de su culto, desde siempre tuvo el anhelo de poseer una reliquia suya e insistentemente se dirigió a la Iglesia de Valencia, donde se encuentra el sepulcro del santo, con esta pretensión. Tras recibir muchas negativas, en 1713 surgió la oportunidad al ser nombrado Francisco del Castillo y Fajardo, paisano nuestro, capitán general de aquel reino. El militar, valiéndose de su posición e influencia pudo finalmente conseguir la ansiada donación. El relicario de san Luis, labrado en plata y con forma de fanal, se recibió solemnemente en Málaga el jueves 17 de julio de ese mismo año, siendo escoltado hasta la Catedral en el transcurso de una procesión general a la que asistieron las parroquias y comunidades religiosas.


