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Presentación del programa de actividades por el reconocimiento Canónico-Pontificio de la Coronación de La Soledad

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D. Enrique Crespo (izq.) y D. José Cecilio Cabello en la presentación.

La Hermandad de la Soledad presentó en la jornada de ayer, 7 de septiembre, el programa de actividades organizado para el nuevo curso cofrade 2021-2022 con motivo del reconocimiento Canónico- Pontificio de la Coronación de su titular que contará con actos de culto y actividades formativas, culturales y Obra social.

En la jornada de ayer, día 7, tuvo lugar en el Monasterio de San Jerónimo la presentación del programa de actividades organizado por la Hermandad de la Soledad con motivo del reconocimiento Canónico-Pontificio de la Coronación de Nuestra Señora de la Soledad que se desarrollará en el curso cofrade 2021-2022 supeditado a las circunstancias particulares que puedan darse derivadas de la pandemia.

La presentación que contó con la presencia de la Junta de Gobierno y de los hermanos de la Corporación, estuvo introducida por D. Enrique Crespo, Hermano Mayor de la corporación, que expresó su “alegría” y el “deseo de que los hermanos y hermanas participen y lo disfruten en preparación al reconocimiento Canónico- Pontificio”. “Esperemos que todas las actividades podamos realizarlas, sería una bendición”, añadió haciendo mención a las circunstancias sanitarias.

“STABAT MATER GRANATENSIS” Y VIERNES DE LA SOLEDAD

El programa fue presentado por D. José Cecilio Cabello, Comisario para el el Reconocimiento Canónico-Pontificio de la Coronación que hizo un repaso por las principales actividades que tendrá lugar en cuatro áreas: cultos, formación, cultura y Obra social.

Dando inicio al curso cofrade, el próximo viernes, 10 de septiembre, tendrá lugar en la Basílica de las Angustias, a las 18:30 horas, la presentación del libro “Satabar Mater Granatensis” que edita el simposio de la hermandad. Una obra literaria completa sobre las devociones marianas en Granada a lo largo de la historia.

Asimismo, el próximo viernes, día 17, a las 19 horas, darán comienzo los “Viernes de la Soledad”, uno de los principales cultos a la Nuestra Señora de la Soledad que tendrá un viernes al mes como un momento de oración y meditación ante la imagen de la Virgen en el Monasterio de San Jerónimo en comunión y con la presencia de las religiosas jerónimas.

El Monasterio también acogerá la Misa mensual los primeros domingos del mes a las 12 horas y el próximo 1 de noviembre, fecha del aniversario de la Coronación de la Virgen de la Soledad tendrá lugar una Eucaristía a las 12 horas con la imagen titular expuesta para la veneración de los fieles.

FORMACIÓN Y SOLIDARIDAD

Entre los meses de octubre y noviembre darán inicio varios ciclos de charlas formativas bimensuales sobre liturgia y sacramentos. La primera conferencia sobre liturgia será el 21 de octubre a cardo de D. Manuel García Gálvez y D. Andrés Palma será el encargado de impartir el ciclo sobre sacramentos que comenzará el próximo 11 de noviembre.

Durante su interveción, D. José Cecilio Cabello destacó que “la parte solidaria es una de las más importantes” por lo que la Obra social de la hermandad seguirá desarrollando sus colaboraciones solidarias con la Institución benéfica “Sagrado Corazón de Jesús”, el voluntario con la Pastoral Penitenciaria, Cáritas diocesana, el Economato diocesano “Santa María de la Misericordia”, las monjas jerónimas y el Colegio Arrayanes.

Programa de actividades 2021-2022

 

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Valentina Gobbo Coin, nueva Vice-Canciller del Arzobispado de Granada

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En el acto de juramento de la nueva Vice-Canciller, en la Curia Metropolitana de Granada.

En sustitución de la Hna. Teresa Rodríguez Arenas V.D, que, durante 17 años, ha servido generosamente a la Archidiócesis en este puesto.

El Sr. Arzobispo ha nombrado a Dª Valentina Gobbo Coín, nueva Vice – Canciller del Arzobispado de Granada, en sustitución de la Hna. Teresa Rodríguez Arenas V.D., que durante 17 años ha servido generosamente a la Archidiócesis en este puesto, y que seguirá colaborando estrechamente en el Arzobispado desde otras instancias.

El miércoles 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen María, en las dependencias de la Curia, y ante el Vicario General del Arzobispado, Dª Valentina ha hecho juramento y profesión de fe para su cargo.

Dª Valentina Gobbo Coin, natural de Venezuela, casada y madre de dos hijos, es Doctora en Derecho. Magister en Derecho Matrimonial Canónico, profesora universitaria, con 20 años de experiencia en trabajos de curia en la Diócesis de Ciudad Guayana-Venezuela. Fue patrono estable y, posteriormente, Juez eclesiástico en causas de nulidades matrimoniales en el Tribunal Interdiocesano de Ciudad Bolívar con sede en Ciudad Guayana. Cofundadora de la Asociación Venezolana de Canonistas, ocupando desde el 2013 hasta 2019 cargos de secretaría y Presidencia.

Desde el Arzobispado de Granada, confiamos al Señor su tarea ahora encomendada al servicio del Evangelio y de la Iglesia de Granada, y agradecemos a Valentina su disponibilidad y dedicación, con la que, a partir de ahora, entra a formar parte en dicho Arzobispado en calidad de Vice-Canciller.

 

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Decreto de convocatoria para las elecciones del Consejo Presbiteral Diocesano

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Debiéndose proceder a la constitución del Consejo Presbiteral Diocesano, para el quinquenio 2021-2026, de conformidad con lo establecido en el Código de Derecho Canónico, cc. 495-502, por el presente convoco para los días 20 y 21 del presente mes de Septiembre, las elecciones de los miembros a los que se refiere el artículo 6 de los Estatutos del Consejo Presbiteral.

Dichas elecciones se realizarán siguiendo las disposiciones del Capítulo II del Reglamento del Consejo Presbiteral y las siguientes disposiciones:

1. Número de consejeros. Corresponde elegir al

  1. Colegio electoral de la Zona Pastoral del Litoral, DOS consejeros de entre los presbíteros que ejercen su ministerio en dicha zona.
  2. Colegio electoral de la Zona Pastoral de la Sierra, DOS consejeros de entre los presbíteros que ejercen su ministerio en dicha zona.
  3. Colegio electoral de la Zona Pastoral de la Ciudad de Jerez, CINCO consejeros de entre los presbíteros que ejercen su ministerio en dicha zona.
  4. Colegio electoral de los Sacerdotes seculares extradiocesanos, (según el art. 2 d del Reglamento) en el que se incluyen los miembros de la Prelatura Personal del Opus Dei, UN consejero.

2. Fecha y lugar de la elección. La elección tendrá lugar los días 20 y 21 de Septiembre de 9.30 a 14.00 hs en la Sede del Obispado con motivo de las Jornadas de Teología.

3. Derecho activo y pasivo de elección. Los miembros de los distintos colegios electorales votarán cada uno en la zona correspondiente y siempre a los presbíteros de esa Zona Pastoral.

Quedan excluidos del derecho pasivo de elección los presbíteros que se determinan en el art. 4 del Estatuto del Consejo Presbiteral, es decir los miembros natos del Consejo: Vicario General; Vicarios Episcopales; Vicario Judicial; Secretario General – Canciller; Deán – Presidente del Cabildo Catedral y Rector del Seminario Diocesano.

Queda derogada lo establecido en el artículo 23 del Reglamento respecto a que los miembros electos sólo pueden ser elegidos por dos periodos consecutivos.

4. Voto por correo y delegación. A tenor del art. 6 del Reglamento del Consejo Presbiteral, los sacerdotes jubilados y aquellos que se encuentran transferidos legítimamente fuera de la Diócesis podrán ejercer su voto por Correo enviándolo a la Secretaría General del Obispado. Su voto deberá llegar antes de las 14 horas del día 19 de Septiembre, no computándose los votos que fueran recibidos después de ese momento.

Así mismo, en esta ocasión, se permite que en los propios días de la votación un compañero sacerdote pueda hacer llegar el voto de aquellos sacerdotes que no puedan realizarlo personalmente o no hayan podido cumplir con el voto por correo.

5. Religiosos sin cargo parroquial. El presidente de la CONFER masculina de Jerez deberá comunicar al Secretario General Canciller, antes del día 19 de Septiembre, el nombre del presbítero elegido como consejero de entre los sacerdotes con domicilio en la Diócesis y pertenecientes a algún Instituto de Vida Consagrada, que no participa en alguno de los anteriores colegios electorales.

6. Sesión constituyente. La sesión constituyente del nuevo Consejo Presbiteral será convenientemente comunicada a los miembros que resulten elegidos y designados.

7. Constituido el Consejo del Presbiterio el Sr. Obispo constituirá conforme a la norma establecida el Colegio de Consultores.

Y para que así conste, lo sello y firmo con el refrendo del Secretario General-Canciller de este obispado en Jerez de la Frontera, a 5 de Septiembre de 2021.

+José Rico Pavés

Sr. Obispo de Asidonia-Jerez

Diego Valle Serrano, pbro.

Secretario General- Canciller

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Homilía en la Fiesta de la Bienaventurada Virgen María

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Lecturas bíblicas: Miq 5,2-5; Sal 12,6 (R/. «Desbordo de gozo con el Señor»); Rm 8,28-30; Aleluya: «Dichosa eres Santa Virgen María, y muy digna de alabanza…»; Mt 1-16.18-23.

Queridos hermanos y hermanas:

La fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María es ocasión de numerosas fiestas marianas en nuestro país y en otros lugares del mundo católico, donde las comunidades cristianas celebran a María glorificando a Cristo el Señor, nacido de sus purísimas entrañas por designio de Dios para salvación del mundo. Esta fiesta llena de gozo este santuario, casa de María, donde la imagen sagrada de la Virgen preside desde hace tres centurias la vida de las poblaciones que se acogen al amparo de su manto maternal. Esta iglesia del primer santuario de la diócesis, cuya construcción autorizó en 1712 el obispo Fray Manuel de Santo Tomás, de la Orden de Predicadores, sustituyó la antigua capilla de 1681. La sagrada imagen de Nuestra Señora de la Asunción los Desamparados tuvo por morada esta ermita, a la que se refería don Lázaro de Martos, el místico vidente del misterio de la gloria de María; una vez autorizada la nueva construcción, su ejecución tuvo que esperar hasta que el gran Obispo D. Claudio Sanz y Torres levantara la esbelta iglesia que nos acoge junto con el complejo conventual, convirtiéndose en meta de peregrinaciones marianas.

La visión del Apocalipsis inspira la talla de la Virgen, que es representada como mujer victoriosa sostenida por los ángeles, a la cual no pudo arrebatar el dragón de las siete cabezas el hijo que esperaba dar a luz la mujer. La imagen de la Virgen el Saliente reúne en sí el misterio de la Madre del Mesías, la inmaculada Virgen María, nueva Eva cuyo linaje aplastará la cabeza de la serpiente (cf. Gn 3,15); y el misterio de la Madre exaltada a los cielos, la mujer protegida por Dios del dragón infernal, a la que el vidente contempla «vestida del sol, con la luna bajo sus pies y coronada de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12,1).

Madre del Hijo de Dios, la Virgen María ha dado a luz al Redentor del mundo, acontecimiento de salvación que ha hecho universalmente célebre la pequeña población de Belén, como profetizó Miqueas: será grande siendo «pequeña entre las aldeas de Judá, porque de ti —dice el profeta— saldrá el jefe de Israel» (Miq 5,2). La maternidad divina es la gloria de María, como decía en la reciente fiesta de la Virgen del Mar, y lo será por toda la eternidad, pues por ella hemos recibido al Autor de la vida, Cristo nuestro Señor. De ella nació el Pastor de Israel, que, crucificado por nosotros, «murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos» (2Cor 5,15). Entregando su vida por nosotros en la cruz el Hijo de María, siendo Hijo de Dios atrajo hacia sí a cuantos ha salvado con su sangre redentora (cf. Jn 12,32), para que formen parte de su rebaño y no haya más que «un sólo rebaño y un solo pastor» (Jn 1016).

El dominio de este Pastor prometido será, como anunciaron los profetas, el universo de las naciones, que él reconciliará en su sangre suprimiendo el arco de guerra y proclamando la paz a las naciones, y así «su dominio alcanzará de mar a mar, desde el gran Río al confín de la tierra» (Zac 9,10). Ante este Pastor universal «se postrarán los reyes y le servirán todas las naciones», y él «se apiadará del pobre y del indigente / y salvará la vida de los pobres; / él rescatará sus vidas de la violencia, / su sangre será preciosa a sus ojos» (Sal 71,8.11-12). Nacido de la Virgen María, Jesucristo es el Pastor de Israel prometido y el mesiánico Rey de paz que trae la salvación a las naciones.

Cuando pensamos en los conflictos y violencia que afligen a tantos pueblos y en el sometimiento y opresión que pesa sobre tantos pueblos de la tierra, el nacimiento de María, Madre del Rey de paz que trae la salvación, alegra nuestro corazón y fortalece la certeza de la fe que da alas a la esperanza, porque Dios no ha abandonado a la humanidad. La fe en Cristo Jesús libra al hombre del miedo al abandono, porque Dios se nos ha revelado como amor y ha predestinado desde toda la eternidad a la Virgen María a dar a luz al Redentor del mundo. De esta predestinación habla el apóstol san Pablo, poniendo de manifiesto que la esperanza no puede defraudarnos, porque Dios ha predestinado al hombre desde toda la eternidad «a ser imagen de su Hijo para que él fuera el primogénito de muchos hermanos» (Rm 8,29). Esta predestinación es fruto del amor de Dios por la humanidad, de su misericordia que perdona los pecados de los hombres y los justifica por la fe en Cristo Jesús, y abre su vida a una esperanza cierta en la plena redención de nuestra existencia, pues «a los que justificó, los glorificó» (Rm 8,30). En este camino de fe y esperanza consumada, nos precede la inmaculada Virgen María, a la que contemplamos unida a la obra redentora de su Hijo, del pesebre de Belén hasta la cruz del Calvario. María compartió la suerte dolorosa de su divino Hijo, y por su asunción a los cielos la contemplamos glorificada junto a Cristo Resucitado.

Por este motivo, el evangelio según san Mateo que acabamos de proclamar comienza con la genealogía de Jesucristo, nacido en Belén «la menor de los clanes de Judá, cuyos orígenes vienen desde antiguo, de tiempo inmemorial» (Miq 5,1), porque tal como anunciaron los profetas Belén, “casa del pan”, es la ciudad de David, origen del Mesías. Por esto la genealogía de Jesús comienza haciendo alusión a su condición de hijo de David, como lo invocaban cuantos acudían a él pidiendo ser curados y liberados del mal; y como aclamaron a Jesús en la entrada en Jerusalén el domingo de Ramos. Jesús es hijo de David e hijo de Abrahán, David es el padre de la dinastía real de Israel y a su vez desciende de Abrahán, padre del pueblo hebreo, elegido por Dios en favor de la humanidad. En la genealogía el evangelista aúna las generaciones en tres grupos de catorce generaciones cada uno: de Abrahán a David, desde David a la deportación de Babilonia, y desde la deportación hasta Cristo (Mt 1,17). Por todas ellas pasa la ascendencia mesiánica del Salvador, que está por encima de la condición de quienes forman la cadena de generaciones transmisoras de la vida que nutre la humanidad de Jesús, en una continuidad histórica que conduce hasta «José, esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo» (Mt 1,16).

El evangelista, inserta de este modo la naturaleza humana de Cristo en la historia que la fe como humanidad del Hijo de Dios, porque «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). El evangelio afirma la concepción virginal de Cristo, que colocó a José ante el misterio de María y con la ayuda de Dios, que en sueños le dio a conocer que lo que había en ella venía del Espíritu Santo, José acogió a la mujer con la que estaba desposado, dando crédito de fe plena a cuanto se le anuncia: «Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque salvará a sus pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). Es misión de san José dar nombre a Jesús y como cabeza de familia hacer las funciones de padre ante los hombres, haciendo de la sagrada Familia el ámbito humano querido por Dios para el nacimiento y el desarrollo de la vida de su Hijo.

Cuando se cumplen los 150 años de la declaración de san José, el santo esposo de María como Protector de la Iglesia por el beato Pío IX, la Iglesia nos presenta al padre de Jesús a los ojos del mundo y ante la ley, como el hombre de fe que acoge la palabra de Dios. San José como la Virgen María viven de la palabra de Dios, por eso ambos son presentados a la congregación de la Iglesia como realización perfecta de la obediencia de la fe, que sostiene la vida en el amor de quienes se fían de Dios. José es modelo de quien es justo por su fe y ha puesto toda su esperanza en Dios: el modelo de la paternidad vivida y realizada conforme a la mente de Dios, que hoy tanto necesita el padre de familia, que en íntima comunión de fe y vida con su esposa hace de la familia el ámbito de amor, de procreación y educación de la vida de los hijos que es garantía de estabilidad y futuro de la sociedad. Por eso lamentamos que una sociedad como la nuestra no tenga toda la protección que necesita la familia, y que hoy es tan agredida y desestabilizada por una cultura que es contraria al proyecto de Dios para el ser humano.

Pidamos a María y a José su intercesión en favor de las familias de cuantos hoy acudimos a esta casa de María. Pidamos a Nuestra Señora su amparo maternal, invocándola como refugio de pecadores, salud de los enfermos y cobijo de todos los desamparados.

A. I. Catedral de la Encarnación
Almería, a 8 de septiembre de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

 

 

 

 

La esperanza no defrauda. Carta de inicio del curso 2021-2022

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Queridos sacerdotes y diáconos, miembros de la vida consagrada y fieles laicos:

Os saludo a todos con afecto de pastor y me dirijo a vosotros por primera vez en el inicio de este nuevo curso pastoral. El día de mi toma de posesión os invitaba a «remar mar adentro» en esta nueva singladura que iniciábamos juntos, confiando en el Señor. A lo largo de estos primeros meses he tenido ocasión de conocer de primera mano muchas realidades de nuestra rica y abundante vida diocesana, así como los desvelos que ponéis cada día para afrontar los retos actuales. Ahora bien, las circunstancias y las dificultades del momento presente han de ser ocasión de crecimiento en la confianza en Dios, en la comunión eclesial, en el ardor evangelizador y en el servicio a los más necesitados material o espiritualmente. En esta fiesta de la Natividad de María, quiero compartir con vosotros algunas reflexiones a la luz de la Palabra de Dios.

Os exhorto a vivir este nuevo curso desde la esperanza teologal. La esperanza nos lleva a confiar más en Dios y a seguir trabajando sobreponiéndonos con coraje a las adversidades; nos lleva a poner la confianza en el Señor, que está presente en nuestra vida y nos da la fuerza para hacerlo todo nuevo. La esperanza cristiana es ese motor que nos hace comprender que se puede producir un cambio significativo en nuestro interior, en nuestro corazón; también en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, en las hermandades, en los movimientos, en todas las realidades de la Iglesia. Nos hace comprender que se puede producir un cambio en el mundo entero, aunque a menudo las apariencias nos lleven a pensar lo contrario, o tengamos la experiencia de no haber obtenido los frutos deseados después de no pocos esfuerzos. Tengamos siempre presente que Cristo es el Señor de la historia

Como nos recordó el papa Benedicto XVI en su primera carta encíclica, la fe, la esperanza y la caridad van cogidas de la mano. La esperanza tiene mucho que ver con la paciencia, que no desfallece ni siquiera ante el fracaso aparente, y con la humildad, que reconoce el misterio de Dios y se fía de Él en todo momento. La fe es la que consigue transformar nuestra impaciencia y nuestras dudas en la esperanza segura de que el mundo está en manos de Dios y que, al final, suya es la victoria. La fe suscita el amor, que es la luz que ilumina las tinieblas del mundo y nos da la fuerza para seguir viviendo y actuando. Es posible vivir el amor, ponerlo en práctica, porque en definitiva, hemos sido creados a imagen de Dios, que es Amor. Un amor que genera dinamismos de esperanza (cf. Deus caritas est 39).

Poner al servicio de los demás los dones recibidos

El Espíritu Santo renueva al pueblo de Dios mediante los sacramentos y distribuye sus dones para practicar las diversas obras que sean eficaces para la renovación y mayor edificación de la Iglesia (cf. 1 Co 12, 11). Cada uno de nosotros recibe diferentes dones, los que son necesarios a su persona y a su misión, los más convenientes para su camino de santificación personal y de apostolado. Estos dones no se reciben solo para beneficio personal, sino sobre todo para el bien de la Iglesia. Como recuerda en su primera carta san Pedro: «Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios» (1 P 4, 10).

En este nuevo curso que comienza, nos hemos de sentir especialmente llamados a poner en práctica esta recomendación. Seguiremos haciendo camino hasta llegar a la anhelada «normalidad», cumpliremos con rigor las medidas de prevención y protección para prevenir los contagios y minimizar los riesgos. Iniciamos un nuevo curso en el que sigue teniendo particular importancia acompañar a las personas, a las familias, a los grupos, a las comunidades cristianas, a los ámbitos pastorales, a las instituciones, a las hermandades. Eso comporta una mentalidad, una forma de estar y hacerse presente. Seguimos la exhortación que san Pedro lanzó a las primeras Iglesias a permanecer firmes en la fe, consolidados en la esperanza: «Resistid firmes en la fe, sabiendo que el conjunto de todos los hermanos en el mundo entero está pasando por los mismos sufrimientos» (1P 5,9). Y, sobre todo, a pesar de las dificultades, recordemos siempre que la urgencia de amar y acompañar al prójimo con la caridad de Cristo es una prioridad; y siempre con la actitud de fortalecer el tejido visible de toda nuestra Iglesia, poniendo al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido, con la conciencia de que todos formamos parte de una misma familia.

Dicho acompañamiento pastoral comienza por la vida espiritual, la vida litúrgica y la piedad popular. La Liturgia es la fuente y la cumbre de la vida de la Iglesia, e impulsa a los fieles a vivir la caridad de Cristo (cf. SC 10). Nuestra espiritualidad tiene que ser cada día más litúrgica y se ha de distinguir por una vida de oración intensa, que se alimenta de la Palabra de Dios y de los sacramentos. Es preciso ayudar a redescubrir los sacramentos, principalmente la participación en la Eucaristía, centro de la vida cristiana, y el sacramento de la Reconciliación, encuentro sanador con Cristo, que libera del pecado y fortalece el alma. A la vez, hemos de acompañar la piedad y religiosidad popular, tan variada y rica en nuestra archidiócesis. En estos momentos, ardemos en deseos de expresar públicamente nuestro homenaje y amor a Nuestro Señor y a nuestra Madre del cielo, y así lo haremos, en cuanto las circunstancias lo permitan.

He sabido que durante el confinamiento surgieron múltiples iniciativas de celebraciones y plegarias que se transmitían por diferentes canales de televisión y a través de las redes sociales; con todo, este sigue siendo el ámbito más afectado por la pandemia. Por ello, hemos de ser conscientes de que es el Señor quien sostiene y santifica, a través de diferentes mediaciones, y que siempre nos acompaña, si bien es en la sagrada Liturgia donde recibimos toda la virtud transformante de nuestra vida en este mundo. En efecto, la celebración de la Liturgia de la Iglesia va modelando a lo largo de cada curso y de toda la vida la mente y el corazón de los creyentes. La Liturgia favorece la educación espiritual más profunda, porque enseña y ayuda a vivir como hijos la relación con el Padre por Jesucristo en el Espíritu Santo.

En este nuevo curso también tendremos que seguir acompañando los diversos ámbitos del ministerio de la Palabra. Este ministerio es particularmente importante porque en la actualidad, en medio del relativismo y la desorientación de nuestro tiempo, asistimos a una gran confusión en los conceptos sobre el ser humano, la vida, el mundo, el bien y el mal, el más allá, etc. Hemos de anunciar a Cristo. No lo hacemos transmitiendo ideas propias o los propios gustos, sino que proponemos la Verdad que es Cristo mismo, su Palabra, su modo de vivir. Anunciamos la Palabra de Cristo, la fe de la Iglesia, y lo hacemos en nombre de la Iglesia.

Anunciamos el Evangelio porque el Señor nos envía, confiando en su palabra, conscientes de que confrontamos nuestra fe y nuestra vida con la mentalidad que domina en la sociedad, con la cual no podemos ser identificados ni homologados, porque estamos en el mundo, pero sin ser del mundo (cf. Jn 15, 19). Este tiempo de pandemia está siendo testigo de una renovada creatividad para mantener la formación cristiana por modalidad telemática. Aunque esperamos poder desarrollar de nuevo todas las actividades en modo presencial, es preciso continuar desplegando las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías, siempre con la necesaria dignidad y la esperanza de optimizarlas una vez superada la pandemia, y hacerlo a través de las catequesis, las homilías, las diferentes sesiones de formación y las escuelas e instituciones académicas de la archidiócesis.

Nuestra acción caritativa y social continuará siendo fundamental y urgente debido a la crisis económica que se ha desencadenado, que se prevé será larga y que ya está golpeando a muchas personas. El papa Francisco en su carta encíclica Fratelli Tutti nos propone profundizar en la parábola del Buen Samaritano, que muestra una nueva perspectiva: ya no se trata de descubrir quién es mi prójimo sino de comportarme como prójimo de los demás, llegando a ser una persona que ama a los otros, que se preocupa por ellos, que se conmueve ante el sufrimiento ajeno, que tiene un corazón abierto (cf. Lc 10, 25-37). Siento vivo el testimonio de santa Ángela de la Cruz, que repetía: «Hay que hacerse pobre, con los pobres, para atraerlos a Cristo».

En este itinerario, también hemos de curar las heridas, porque el corazón de nuestro mundo y de muchas personas está profundamente herido como consecuencia de los conflictos entre personas y entre colectivos, y a causa de esta crisis sanitaria y económica. Por ello, urgidos por la caridad de Cristo, hemos de acoger en el corazón. El papa Francisco propone la imagen de una «madre de corazón abierto» para ayudarnos a entender mejor la misión de la Iglesia en el momento presente, una casa siempre abierta, una familia que privilegia a los caídos al borde del camino, una comunidad atenta, «en salida», llena de dinamismo misionero. Durante el confinamiento hemos redoblado nuestros esfuerzos. Ha sido una tarea de todos, sacerdotes, religiosos y laicos, a través de Cáritas, de las hermandades, y las demás instituciones y grupos de atención a los necesitados, y también a través de la Pastoral de la Salud.

En comunión, corresponsabilidad y sinodalidad

Esta misión, tan difícil como apasionante, hemos de llevarla a cabo desde la unidad profunda, en comunión. La eclesiología de comunión es una característica del Concilio Vaticano II, aunque es preciso recordar que la idea de comunión predominó en el pensamiento eclesiológico de la Iglesia en su primer milenio, en el que descuellan las figuras de san Leandro y san Isidoro de Sevilla. Los fundamentos doctrinales de la eclesiología de comunión parten de la Sagrada Escritura y atraviesan la historia de la Iglesia hasta el Concilio Vaticano II.

San Juan Pablo II recogió el legado del Concilio y del postconcilio, y, al iniciar el tercer milenio, en la carta apostólica Novo Millennio Ineunte, propuso la espiritualidad de comunión como alma de la comunidad eclesial y como principio educativo para llevar a cabo la misión pastoral de la Iglesia en el nuevo milenio. Recoge los contenidos y orientaciones de la espiritualidad de comunión, propone el desafío de «hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión», y plantea la espiritualidad de la comunión como principio educativo en todos los ámbitos de formación (cf. NMI 43).

La sinodalidad es expresión de la eclesiología de comunión. La palabra sínodo indica el camino que recorren juntos los miembros del Pueblo de Dios. El papa Francisco, el 17 de octubre de 2015, en el Discurso que pronunció en la Conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos, por parte de san Pablo VI, afirmó que «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio», y lo ha convertido en un compromiso programático. En el mismo discurso afirmó que la sinodalidad «es dimensión constitutiva de la Iglesia», de modo que «lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra “Sínodo”». En esa misma línea, el 22 de mayo de 2017, en el Discurso de la apertura de los trabajos de la 70 Asamblea general de la Conferencia Episcopal Italiana, afirmó:

«Caminar juntos es el camino constitutivo de la Iglesia; la figura que nos permite interpretar la realidad con los ojos y el corazón de Dios; la condición para seguir al Señor Jesús y ser siervos de la vida en este tiempo herido. Respiración y paso sinodal revelan lo que somos y el dinamismo de comunión que anima nuestras decisiones. Solo en este horizonte podemos renovar realmente nuestra pastoral y adecuarla a la misión de la Iglesia en el mundo de hoy; solo así podemos afrontar la complejidad de este tiempo, agradecidos por el recorrido realizado y decididos a continuarlo con parresía».

Como todos sabéis bien, el papa Francisco ha convocado la XVI Asamblea General de los Obispos con el tema: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión». Un sínodo sobre la sinodalidad para hacer realidad la participación en la Iglesia. Un sínodo que comporta una etapa diocesana que iniciaremos el próximo 17 de octubre, y que se alargará hasta el mes de abril del año 2022; después tendrá lugar una fase continental, de septiembre de 2022 hasta marzo del 2023. En octubre de 2023 tendrá lugar la fase final, la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

Por tanto, este nuevo curso que iniciamos estará muy dedicado a los trabajos sinodales. Por otra parte, nuestro Plan Pastoral Diocesano finalizaba este año 2021, aunque como consecuencia de la pandemia, los objetivos del curso pasado no se han podido llevar a cabo con el seguimiento necesario. En el curso 2021-2022, podemos recuperar los objetivos del curso anterior, especialmente en lo que se subraya del acompañamiento a la acción caritativa y social, además de tener en cuenta el Año “Familia Amoris Laetitia” y lo que aún resta del “Año de san José”. Asimismo, deberemos elaborar un nuevo Plan Pastoral, con la colaboración de todos. La sinodalidad y el discernimiento serán dos ejes metodológicos y espirituales del proceso que permitirán afrontar los retos señalados y seguir peregrinando como Iglesia.

Finalmente, se hace necesario tener presente el documento Fieles al envío misionero, de la Conferencia Episcopal Española, aprobado por la Asamblea Plenaria. Ofrece orientaciones y líneas de trabajo para los cuatro próximos cursos pastorales, dirigidas especialmente a los órganos de la propia Conferencia, que también nos servirán de inspiración para nuestro nuevo Plan Pastoral. Este documento es el fruto de un ejercicio de discernimiento compartido por los obispos, los órganos colegiados de la CEE y los colaboradores, con la finalidad de aproximarse a la realidad social y eclesial del momento presente y sugerir unas orientaciones pastorales que cada diócesis deberá concretar desde su propia realidad.

Queridos hermanos y hermanas: la esperanza no defrauda. Pongamos nuestra confianza en Dios. Él nos guía a pesar de las dificultades y a través de las dificultades de la vida, y nos lleva a puerto seguro, porque Dios acompaña siempre a sus hijos. Hemos de aprender a acompañar a los demás como Él nos acompaña, como nos enseña Jesús, con amor y paciencia, respetando la libertad, potenciando y desarrollando lo mejor de cada uno, para que podamos llegar al ideal de perfección que nos propone.

También contamos con la presencia y acompañamiento de María, Madre de Dios y Madre nuestra. Su vida es un ejemplo incomparable en el camino de la fe, en el que nos guía como estrella luminosa, y su amor de madre nos congrega como una familia. Ella, Nuestra Señora de los Reyes, nos conduce hacia el que es el Señor de nuestras vidas. Con mi bendición.

Sevilla, 8 de septiembre de 2021

Fiesta del Nacimiento de la Bienaventurada Virgen María

+ José Ángel Saiz Meneses,

Arzobispo de Sevilla

 

PALABRAS. METÁFORA DEL BIEN Y EL MAL

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PALABRAS. METÁFORA DEL BIEN Y EL MAL

La forma de mirar que tenemos evidencia lo que guardamos en lo más profundo de nuestro corazón. Su elocuencia se pone de manifiesto tanto cuando se habla como cuando se guarda silencio. Los ojos son la trasparencia del alma para bien y para mal. Sabemos que si están “sanos”, como dice el texto evangélico, y por tanto con un profundo sentido espiritual, estaremos invadidos de la luz del amor, mientras que si están “enfermos” nos hallaremos en medio de la oscuridad. Es tan obvio que no requiere explicación alguna.

Detrás de la mirada que configura pensamientos van las palabras. Se verbalicen o no, si la forma de mirar es negativa, si va cargada de juicios reprobatorios, a menos que se imponga un riguroso silencio se crea un hueco en el interior de cada cual en el que reverbera el desamor, con el murmullo de la crítica que alimenta la envidia y el resentimiento. Y no resulta fácil evitar que salga al exterior. La palabra es un arma tan poderosa que puede destruir una vida y dejarla en la estacada. Por fortuna, puede también impulsarla hacia las altas cimas de la generosidad y de la entrega. Es un instrumento que redime y condena. Nos permite bendecir, como nos recuerda con frecuencia el P. Jesús Fernandez, presidente de los misioneros identes, algo que siempre hacemos cuando hablamos bien de alguien, o maldecir.

Es lo que refleja la metáfora evangélica de la fuente de agua; un ejemplo cabal que pone el apóstol Santiago (3, 5-12). En este texto denomina a la lengua “fuego”, “iniquidad”, “mal turbulento”, “llena de veneno mortífero” que siendo pequeña “abrasa un bosque grande”, añadiendo que “contamina todo el cuerpo” y “prende fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos”. Más y mejor no se puede decir. Hace notar, asimismo, que es difícil domarla, subrayando que ningún ser humano lo ha logrado, aunque sí ha tenido éxito en este empeño con las “fieras, aves, reptiles y animales marinos”. ¿Cómo es posible, se pregunta y nos interpela, que con este miembro se viva esa contradicción de bendecir a Dios y al tiempo maldecir a los hombres? Y tomando imágenes cercanas de la realidad recuerda que de un mismo caño no brota agua dulce y amarga, que una higuera no produce aceitunas, o la vid higos, ni del agua salada se puede extraer la dulce.

Así es, pero la hipocresía a veces campea libremente. Y ante una persona se prorrumpen alabanzas hacia su quehacer, por ejemplo, para después por la espalda clavarle una daga. Hay que estar siempre alerta. Las maledicencias, las críticas malsanas se realizan ante quien se piensa o se está seguro de que puede acogerlas. Nadie se pone fácilmente en entredicho eligiendo a un interlocutor que de antemano sabe que no se las permitirá. Acoger palabras traicioneras significa querer contaminarse con esa ponzoña.

En el texto evangélico se nos recuerda que de toda palabra ociosa tendremos que dar cuenta. María, maestra por antonomasia de cualquier virtud, nos enseña cómo hemos de guardarlo todo en nuestro corazón, y eso es lo que nos conviene especialmente ante lo que no entendamos ya que hay muchos momentos cotidianos que requieren una religiosa contención verbal. De ese modo aprenderemos, nos acostumbraremos, a pronunciar palabras de perdón, de consuelo, de comprensión, de confianza, palabras que abran la puerta a la esperanza, que desarman a quien se ha sentido inclinado a actuar erróneamente. Esto trasciende la conocida sugerencia de Shakespeare que parece quedarse en la mera prudencia, importante también, pero que puede entenderse simplemente como ser precavido: “Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”. Y quien se ha propuesto que de su boca únicamente brote todo el bien posible, no se limitará a guardar silencio. Sabrá cuando conviene recordarlo a otras personas que no estén bien dispuestas a respetar y cuidar a los demás.

Isabel Orellana Vilches

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Fallece el sacerdote Fernando Reyes, párroco de San Julián

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En el día de ayer falleció a los 49 años de edad el sacerdote Fernando Rafael Reyes, párroco de San Julián, en Sevilla.

Nacido en Sevilla el 7 de enero de 1972, fue ordenado presbítero en Toledo, el 18 de julio de 1999. Anteriormente fue vicario parroquial de Santa María Magdalena, de Dos Hermanas, y de Santa María de la Asunción, en la localidad de Alcalá del Río.

La Archidiócesis de Sevilla ora por el eterno descanso de su alma y agradece su servicio a la Iglesia local desde su llegada a la Archidiócesis.

 

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El Seminario Menor pone en marcha el Grupo Samuel

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El Seminario Menor pone en marcha el Grupo Samuel

El Seminario Menor de Sevilla va a relanzar en este curso 2021-2022 el Grupo Samuel, formado por chicos de a partir de 1º de la ESO que quieren intentar descubrir qué les pide Dios para sus vidas.

Lo harán al estilo de Samuel, el profeta, quien en su infancia escuchó la voz de Dios y se mostró disponible a su llamada (“Habla, Señor, que tu siervo escucha”, 1Sm 3, 10b). Para eso se incorporarán al ritmo del Seminario Menor algunos fines de semana (momentos de oración, Eucaristías, salidas, estudio, juegos y dinámicas) y en ocasiones especiales como convivencias y retiros. También tendrán la oportunidad de un acompañamiento espiritual más personalizado.

La primera convivencia del grupo Samuel será el lunes 13 a partir de las doce del mediodía, hasta el martes 14 por la mañana. Los interesados en participar pueden escribir un correo electrónico a menor@seminariodesevilla.com.

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