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Cartagena, segunda parada en la visita del nuncio

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En la ciudad portuaria Mons. Bernardito Auza rezó ante la patrona, la Virgen de la Caridad.

La visita a Cartagena comenzaba ayer, a las 17:00 horas, en la Asamblea Regional. El nuncio apostólico del Papa en España, Mons. Bernardito Auza, fue recibido por el presidente de la institución, Alberto Castillo. Firmó en el libro de honor y recibió como regalo una maqueta del submarino Peral. Tras esto, la alcaldesa de la ciudad, Noelia Arroyo, le esperaba en el Palacio Consistorial, donde fue obsequiado con el libro Teatros de Pedro Cano, el catálogo de la exposición que se muestra actualmente en el Museo del Teatro Romano de la ciudad portuaria. El nuncio también dejó su rúbrica en el libro de honor del Ayuntamiento.

Antes de continuar su visita por los templos cartageneros, Mons. Auza, paseó por la ciudad; concretamente conoció, desde el parque Cornisa, el Teatro Romano y entró en la antigua iglesia de Santa María. En todo momento estuvo acompañado por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes; el obispo auxiliar, Mons. Sebastián Chico; el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil; y el vicario de zona, José Abellán; así como por el primer consejero de Nunciatura, Mons. Daniele Liessi, que le acompaña durante todo el viaje.

Sobre las 19:30 horas, en la basílica de la Virgen de la Caridad, actualmente en obras, le esperaban sacerdotes y miembros del Santo y Real Hospital de Caridad para rezar con él ante la patrona de la ciudad, a quien le cantaron la Salve cartagenera. El nuncio mostró su interés hacia las labores de servicio a los más necesitados que realiza esta institución, cuyo hermano mayor le entregó un libro con el resumen de todas las actuaciones de restauración que se están llevando actualmente a cabo en el templo.

La tarde terminaba con el rezo de Vísperas en la parroquia de Santa María de Gracia, donde Mons. Auza habló de la importancia de la caridad cristiana, «caridad de fe», pues aseguró que «donde hay caridad Dios está ahí, pues como dice el Papa Francisco, Cáritas encarna la institución del amor de la Iglesia que se acerca a la situación concreta que necesita cada persona».

Finalizó su visita pidiendo a la patrona por la ciudad de Cartagena y por la Diócesis.

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El idioma universal de la caridad

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Oussama buscaba en España un futuro mejor para él y su familia. Después de una durísima travesía en cayuco, el futuro no se presentaba demasiado halagüeño para él y el resto de los jóvenes que acabaron hacinados en el campamento de Las Raíces, en La Laguna. Su tesón y esfuerzo, sin embargo, ha propiciado que cada vez tenga más cerca su objetivo de establecerse en Europa, el verdadero sueño de los miles de migrantes africanos que cada día se juegan la vida en el Océano Atlántico.

En ese sueño han adquirido un papel fundamental personas voluntarias de Cáritas como Jesús, Elisuán, Esther, José y Cristina, que desde hace unas semanas imparten clases de español a chicos como Oussama, todos los martes, miércoles y jueves por la tarde en el Arciprestazgo de Tacoronte. “Vengo a dar las clases porque enseñar al que no sabe es una obra de caridad”, recuerda Esther, quien deja claro que “para mí es importante aprender de lo que me dicen, porque ellos también nos enseñan y necesitan hablar, contarnos cómo era su vida, la historia de su familia; y yo he aprendido mucho con ellos”, destaca.

Empatía y solidaridad

Para la voluntaria de Cáritas Diocesana de Tenerife, “es muy gratificante ver lo agradecidos que están con las clases; verles las caras cuando cada tarde al terminar nos dan las gracias, es muy gratificante”.

En la misma línea se expresa José, otro de los profesores voluntarios. “Creo, sinceramente, que uno de los aspectos que nos hace humanos es la capacidad de empatizar y solidarizarnos con los menos favorecidos”. “Cualquiera de nosotros podría verse un día en esa situación de necesitar ayuda en algún aspecto, ya sea material o humana”, recuerda José, que también subraya la importancia del “valor cristiano”. “Si sigues a Cristo, uno tiene el deber de ayudar a su prójimo”, destaca.

“Personalmente, debo dar gracias por todo lo que me ha dado Dios y la vida. Y ello debe revertir un poco en los demás. Aunque sé que doy poco para lo mucho que he recibido”, confiesa.

Comunicarse en español

Oussama, por su parte, está eternamente agradecido a sus profesores y al voluntariado de Cáritas Diocesana de Tenerife, y deja claro que le gusta venir a clase, sobre todo porque necesita hablar español “para conseguir un trabajo”.

En un más que decente castellano, y a pesar del poco tiempo que lleva en las clases, Salif señala: “Yo todos los días que hay clase vengo para aprender español y poder hablar con otras personas”.

Una afirmación que suscribe Zouheir, quien deja claro que quiere aprender español “poco a poco”, para poder “entender a los demás”. “Aquí me tratan bien muy mucho”, asevera entre risas.

Sus testimonios confirman el éxito de la iniciativa emprendida por el voluntariado vinculado a Cáritas Diocesana de Tenerife, al que se han sumado otras personas de la zona. Una de ellas es Cristina, una maestra jubilada que asegura que para ella dar clases de español es una oportunidad “doble”.

“Mi primera motivación ha sido poder acoger como hermanos y hermanas a las personas jóvenes que vienen a nuestra Isla, con los medios de los que dispongo, que son mi experiencia y mi formación de maestra”. “Tengo dos hijos y siempre me he planteado el hecho de que si fueran a buscar una vida y un horizonte mejor a otros países, querría que los trataran como iguales”, concluye Cristina.

Cáritas Diocesana de Tenerife

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Santa Misión 2021- Programación del sábado 23 de octubre

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Santa Misión 2021- Programación del sábado 23 de octubre

Parroquia de Ntra. Sra. de La Candelaria

10:00 hs: Salida del Señor hacia la Parroquia de Ntra. Sra. de La Candelaria haciendo estación en la parroquia de San Lucas Evangelista.

El Vía Crucis se realizará en las feligresías de Blanca Paloma – Nuestra Sra. De la Candelaria

19:00 hs: Jubileo de adolescentes.

Mas información en https://www.gran-poder.es/ 

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Envío de profesores cristianos (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el Envío de Profesores Cristianos celebrado en la Catedral de Málaga el 23 de octubre de 2021.

ENVÍO DE PROFESORES CRISTIANOS

(Catedral, 23 octubre 2021)

Lecturas: Jr 31, 7-9; Sal 125; Hb 5, 1-6; Mc 10, 46-52.

(Domingo Ordinario 30 –B)

1.- El profeta Jeremías anima al pueblo de Israel a gritar de alegría, porque Dios ha salvado a su pueblo (cf. Jr 31, 7). Sin embargo, nuestra sociedad parece ajena a la gran noticia de salvación que trajo Jesucristo.

Estamos llamados a pregonar con alegría que hemos sido salvados del pecado y de la muerte; que Dios ha cancelado la condena merecida por nuestros pecados. Podemos cantar con el Salmo: «El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres» (Sal 125, 3).

Pero nuestro testimonio no parece tener aceptación entre nuestros contemporáneos, a quienes no les importa esta buena noticia y buscan unos objetivos en su vida lejanos a esta realidad.

Todo creyente y, de modo especial, los catequistas, los profesores de religión católica y los profesores cristianos en cualquier centro docente, estáis llamados a dar testimonio de la Verdad de Cristo; a sacudir las conciencias adormecidas de tanta gente que vive sin pensar más allá de esta vida terrena.

2.- En el evangelio de hoy se narra el encuentro de Jesús con el ciego de Jericó: «Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí» (Mc 10, 47). El ciego Bartimeo pide a gritos ser curado de su ceguera física.

Nosotros, en cambio, sufrimos cegueras espirituales, pero tal vez no pedimos al Señor que las cure; preferimos aceptarlas y convivir con ellas, aunque nos impidan ver con claridad la verdad de la vida.

También hay muchas personas en nuestra sociedad que sufren cegueras espirituales, a quienes podemos ayudar ofreciéndoles la luz del Evangelio.

3.- Muchos de los que acompañaban al Maestro increpaban al ciego «para que se callara. Pero él gritaba más: Hijo de David, ten compasión de mí» (Mc 10, 48).

No seamos nosotros los que hagamos callar a los que buscan al Maestro para gozar de su presencia y de su luz. Seamos, más bien, de los que anuncian la presencia sanante de Cristo.

Jesús pidió que llamaran al ciego; y éste se acercó (cf. Mc 10, 50); y al preguntarle lo que deseaba respondió: «Rabbuni, que pueda ver otra vez» (Mc 10, 51). Y quedó curado por Jesús, gracias a su fe (cf. Mc 10, 52).

4.- También nosotros, gracias a otros testigos que nos animaron a levantarnos y a salir de nuestra inmovilidad, pudimos gozar del amor misericordioso y transformador del Señor, que nos permitió ver su luz; y ahora con esa luz de la fe, del amor y de la esperanza, regalada en el bautismo, vemos las cosas de otra manera.

La lógica del discipulado de Jesús consiste en que los nuevos discípulos son testigos a su vez para otros discípulos. El discípulo no da recetas, sino que ofrece su experiencia y su testimonio del amor sanador y misericordioso de Jesús (cf. Papa Francisco, Discurso a los sacerdotes, religiosos y seminaristas, 2. Coliseo Don Bosco-Bolivia, 9 julio 2015).

Quienes anunciáis a Cristo en ámbitos de docencia en los diversos niveles, desde la etapa infantil hasta la universidad, no debéis dar recetas; debéis ayudar a los demás a recorrer su camino, ayudarles a que se encuentren con Jesús resucitado. Debe ser un encuentro personal.

No son suficientes las palabras explicativas o enseñar contenidos, porque con eso no se llega al núcleo de la evangelización. Es necesario narrar la experiencia propia del encuentro con Jesús.

Pidamos al Señor que cure nuestras cegueras y que sepamos ayudar a otros a acercarse a Jesús, para que puedan percibir su luz y salir de las tinieblas.

5.- Hoy celebramos el Domingo Mundial de las misiones (DOMUND) con el lema: “Cuenta lo que has visto y oído”. Contar es narrar la propia experiencia.

Jesús restituye al ciego Bartimeo su dignidad perdida, que se manifestaba al estar al borde del camino, fuera de la comunidad y ciego. La compasión lleva a escuchar al otro, a solidarizarse con él, a ayudarlo a superarse, a acogerlo en medio de su dolor. La compasión se centra en la libertad que nace del amor y pone el bien del otro por encima de otras cosas.

Nosotros mismos somos testigos de esta actitud benevolente y amorosa del Señor, que nos vio al borde del camino con nuestros dolores y miserias, con nuestras cegueras y dificultades. En vez de acallar nuestros gritos, se detuvo, se acercó y nos preguntó qué podía hacer por nosotros.

El Señor nos pide que contemos lo que hemos visto y oído. Como dice san Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9, 16). ¡Pobres de nosotros si no transmitimos el tesoro que hemos encontrado y que llevamos en vasijas de barro!

6.- La primera prioridad pastoral del presente curso en nuestra Diócesis es: Primer anuncio y evangelización, que pretende invitar a realizar un itinerario de fe para el encuentro con Cristo y llevar una vida cristiana configurada con el Señor y ayudada por la gracia sacramental.

En consonancia con el DOMUND, celebramos el Día de la Catequesis, con el lema “Catequistas anunciando a Cristo”. Ser catequista (catequeo = hacer resonar) es hacerse “eco” de la propia fe; la primera labor del catequista es anunciar a Cristo con gestos y palabras; el catequista es, sobre todo, un testigo de la fe, que ha encontrado a Jesús, y percibe la necesidad de anunciarlo.

Esa es la misión que tenéis, queridos profesores cristianos, sin importar la materia que enseñéis; lo que importa es vuestro testimonio de fe; importa el anuncio explícito de la persona de Jesús.

La evangelización es la razón de ser de la Iglesia; y no puede haber auténtica evangelización sin la proclamación explícita de que Jesús es el Señor, porque ha dado su vida por nosotros y ha resucitado de la muerte.

Animo a todos los fieles, de modo especial a los catequistas, a los profesores de religión y a los profesores cristianos, a ser testigos de la fe que profesáis, anunciando la Buena Nueva de Jesucristo como salvador y redentor del ser humano. Los profesores cristianos sois testigos de la fe en vuestros diversos lugares de docencia, sea en la escuela estatal, concertada o privada; y deseo mencionar a los Colegios diocesanos de la Fundación Victoria.

Pedimos a la Virgen de la Victoria, nuestra Patrona, que nos acompañe en esta hermosa tarea y que nos fortalezca en el testimonio de la fe. Amén.

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“Perseverad en el amor de Cristo”

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“Perseverad en el amor de Cristo”

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha ordenado presbíteros a Francisco Javier Muñoz García y Miguel Ramírez González, este viernes, 22 de octubre, en la Santa Iglesia Catedral

Francisco Javier Muñoz García y Miguel Ramírez González son los nuevos sacerdotes de la diócesis de Córdoba. Ambos han recibido el grado del orden sacerdotal este viernes, 22 de octubre, memoria litúrgica de san Juan Pablo II, de manos del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández.

En su homilía, el Obispo les ha recordado a los nuevos presbíteros que el Sacramento del Orden los hace “ministros de Jesucristo” para ejercer una gran labor en la sociedad. Desde su experiencia como sacerdote, el prelado les ha manifestado la gran alegría que experimentarán cuando comprueben cómo a través de sus palabras, “Dios da consuelo a tantas personas y actúa sobre nosotros”.

Monseñor Demetrio Fernández ha incidido además en la importancia de cuidar a los sacerdotes, como pone de manifiesto en su Carta Pastoral al inicio de curso, porque “son un gran regalo para la Iglesia y para la sociedad. Hemos de cuidarlos con la oración, apoyándole, colaborando con las actividades pastorales que se organizan en la parroquia y demás, porque no es fácil ser sacerdote hoy”. Al hilo de esto, les ha pedido perseverar en el amor de Cristo, “un amor que producirá fruto cuando sea, que sembrará esperanza aunque encontremos indiferencia”. “Ante las dificultades acudid a Jesucristo, que es Él el que os ha llamado”, ha aclamado.

Monseñor Demetrio Fernández ha incidido en la importancia de ser “verdaderos partícipes del Evangelio de Cristo” y ha instado a los presentes a orar por las vocaciones recordando la expresión de San Juan de Ávila: “la reforma de la Iglesia vendrá por la renovación de los sacerdotes y el fervor de los seminarios”.

Durante el rito de ordenación los candidatos se han postrado en el altar y ha tenido lugar el canto de las Letanías; a continuación, el Obispo y los presbíteros que han concelebrado les han impuesto las manos; posteriormente se les ha colocado la estola y la casulla; han seguido con la unción de las manos con el Santo Crisma y han terminado con la entrega de la patena y del cáliz.

Los nuevos diáconos, del Seminario Conciliar “San Pelagio”, han recibido el grado del orden sacerdotal acompañados de numerosos sacerdotes de la Diócesis, los rectores, formadores y alumnos de los Seminarios, así como sus familiares y amigos.

Primeras misas

Miguel Ramírez González celebrará su primera misa el próximo 23 de octubre, en la parroquia de San Miguel Arcángel de Palenciana, a las 12:30 horas, y Francisco Javier Muñoz García lo hará en la parroquia de la Santísima Trinidad y María Inmaculada de Priego de Córdoba, el próximo 24 de octubre, a las 12:00 horas.


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El nuncio del Papa se reúne con sacerdotes, religiosos y religiosas

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El nuncio apostólico del Papa en España, Mons. Bernardito Auza, se reunirá estos días con las diferentes realidades eclesiales de la Diócesis de Cartagena. El primer encuentro lo ha tenido esta mañana en la catedral. Allí ha presidido la celebración de la Eucaristía, acompañado por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca; el obispo auxiliar, Mons. Sebastián Chico; y el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil. Una celebración con alta participación del presbiterio diocesano y a la que estaban invitados religiosos y religiosas.

Al inicio de la celebración, el obispo de Cartagena ha agradecido al nuncio que aceptara su invitación de visitar la Diócesis y además ha manifestado la total adhesión de la Iglesia que pastorea al Papa Francisco. «Le agradezco que aceptara compartir con nosotros unos días, demasiado pocos para poder escuchar todo lo que le querríamos decir; demasiado intensos para que podamos mostrarle toda la rica experiencia de la vida de fe de las comunidades a las que servimos en nuestra Diócesis de Cartagena; y demasiado bellos para que se nos olviden».

El nuncio ha agradecido la invitación de Mons. Lorca y se ha dirigido de forma especial a los sacerdotes, animándoles a renovar su entrega a través de su ministerio: «En nombre del Santo Padre, a quien tengo el honor de representar aquí en España, os transmito su bendición y su afectuoso saludo lleno de agradecimiento por vuestra fidelidad al Señor y a la Iglesia. Os animo a renovar las palabras que el Señor pronunció con tanta ternura el día de nuestra ordenación y que constituyen la fuente de nuestra alegría: “Ya no os llamo siervos sino amigos”. ¡Qué hermoso es que nuestro encuentro se realice en el altar!».

Finalizada la celebración, el nuncio ha compartido la comida con los obispos y el Consejo Episcopal en la eh!, la Escuela de Hostelería de Cáritas.

Esta tarde, Mons. Auza visitará la ciudad de Cartagena. Mañana por la mañana se reunirá con los laicos en el Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta y por la tarde se desplazará a Lorca. El domingo comenzará la jornada con un encuentro con los seminaristas; a media mañana presidirá la Eucaristía del Encuentro Diocesano de Hermandades y Cofradías en Alcantarilla, y por la tarde visitará el Santuario de la Vera Cruz de Caravaca.

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“Mostrar al mundo que realmente somos un cuerpo”

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Homilía de D. Javier Martínez en la Eucaristía celebrada en la fiesta litúrgica de san Juan Pablo II, el 22 de octubre de 2021, en la S.I Catedral.

Muy querida Iglesia del Señor, Esposa amada de Jesucristo, Pueblo santo de Dios al que todos pertenecemos;
sacerdotes;
fieles cristianos laicos;
consagrados, religiosos (todos somos parte de ese único pueblo que pertenece al Señor; que el Señor se ha elegido para Sí como pueblo suyo, como familia suya y, al final, como esposa y como cuerpo de su Hijo):

Para mí es una alegría celebrar esta… (…) este es uno de los lugares para mí más queridos de la diócesis. Nos echaban del sitio donde estábamos con un expediente de expropiación por dos años y seis meses allá por el año 2006, y había que buscar un lugar nuevo. Yo me pasé un año buscando colegios mayores o residencias de universitarios de las que hay en Granada que pertenecían a religiosas, pero ninguna reunía las condiciones que se requerían para establecer la Escuela. No se me olvidará el día que vinimos a ver el solar. Las tres personas que vinieron de la antigua Escuela, de las que aquí hay dos, les dio un ataque que nunca sabré decir si era de histeria o de risa. Era una risa profundamente histérica, de decir, “pero este hombres está loco. Nos dice que va a haber aquí una Escuela”. Era un solar.

El Señor, a través de personas concretas que han trabajado y se han dejado los ojos y lo han hecho lo mejor que sabían hacer… La Escuela empezó en el año 2008. Recordáis que el año 2008 es el año de la primera gran crisis de nuestra economía y parecía todavía más utópico, más imposible que esto fuera adelante. El compromiso era de hacer aquella obra en 3 años y en el año 2011 la inaugurábamos: en octubre del año 2011. Se han terminado algunos detalles; quedan otros muchos, especialmente en la capilla, pero está viva. Yo me moría de gusto de ver de nuevo la cafetería iluminada, con gente que se movía en la cafetería, por el patio y por el camino. Han pasado ahí muchos chicos y chicas que han estudiado aquí. Yo espero que puedan ser unos buenos maestros, en el sentido de transmitir una experiencia de vida que sea bella. Y mi preocupación porque el lugar fuese bello es porque los lugares en los que vivimos, en los que rezamos, en los que trabajamos y comemos, también como la manera de vestirnos, terminan determinando un poco la imagen que tenemos cada uno de quienes somos. Determina mucho la imagen que los demás tengan de quienes somos y no es lo mismo vestirse con delicadeza y con cuidado. De la misma manera no es lo mismo estar en una capilla cutre y fea, o llena de cosas como si fuese un pequeño museo de cornucopias o cosas que no significan nada, o que no es posible explicar el significado en un relato lineal y seguido que, por muy bonitas que sean las cosas que se acumulan; y no es lo mismo estudiar en un lugar bello, sencillo, donde nada nos distraiga de nuestra misión y de nuestra tarea.

Los armenios tienen una norma en su arte que, a pesar de ser unos enamorados de la simetría, las obras de arte siempre tienen un punto que es asimétrico. Muchas veces es la esfera y dibujos geométricos que recuerdan la esfera, o que parten de la esfera, pero siempre hay un punto de asimetría, incluso en el diseño de las ventanas. Todos son iguales y una es un poquito diferente. Y la razón que dan es bellísima. Y es que la simetría perfecta, la perfección, sólo pertenece a Dios. Las criaturas somos siempre imperfectas.

Inauguramos en este curso la escuela en la fiesta de san Juan Pablo II y también es un don. La memoria de san Juan Pablo II está aquí viva porque fue muy cerca de aquí donde celebró la Eucaristía que celebró cuando vino a Granada. Eso hace que su estatua también esté en nuestro patio. Iba a haber estado aquí, en el presbiterio, pero una vez visto su lugar y el papel que podía tener en el jardín, decidimos dejarla allí y que fuera vista desde todos los rincones del patio y desde otros rincones de la casa. Ya terminaremos el presbiterio lo antes posible, pero de otra manera. En la idea original, lo digo por si alguno se anima, en ese muro de cemento estaba previsto que hubiese unas cuantas frases sencillas de las de san Juan Pablo II. Voy a recordaros dos: “No tengáis miedo” y “Abrid las puertas a Cristo”. Las dos las dijo Juan Pablo II en su primera intervención desde la ventana de San Pedro nada más ser elegido. Y abrir las puertas a Cristo lo podemos entender como que Cristo entre en nuestro corazón, entre en nuestras vidas. Eso es absolutamente necesario. Pero hoy el “no tener miedo” puede significar otra cosa: no tener miedo a hablar de Jesucristo. Ninguno. Ni avergonzarse de hablar de Jesucristo. Es verdad que si hablamos de una determinada manera, como se hablaba en la espiritualidad barroca o en la espiritualidad decimonónica más decadente todavía, seguramente no producimos ninguna conmoción en nadie y, al mismo tiempo, ninguna credibilidad, porque parece algo artificial, algo traído por los pelos. Sin embargo, el mensaje más profundo de san Juan Pablo II era “el hombre no puede vivir sin amor” y, precisamente por eso, tiene que abrir su vida a Jesucristo. Con toda su pecaminosidad, con toda su realidad, con todas sus fragilidades, con todo lo que es. Sólo abriendo su vida a Jesucristo puede ser plenamente él mismo.

Yo creo que ese era el mensaje fundamental de san Juan Pablo II. “Cristo -lo dijo citando al Concilio cientos y cientos de veces- revela el hombre al hombre mismo”. Al revelarnos al Dios Padre, al Dios que es Amor, nos revela nuestra propia vocación, nuestro destino, nuestro significado y nuestra vida, y por lo tanto en Cristo se iluminan todas las circunstancias de la vida: la Misa, el trabajo, la relación con la tierra, el amor humano, el amor esponsal, lo que es la paternidad. Absolutamente todas las dimensiones de la vida humana, hasta la economía y el comercio, se iluminan desde Cristo y desde la Eucaristía, que recoge todos esos aspectos y los manifiesta sacramentalmente, lo cual significa “misteriosamente”, pero eso no quiere decir que sea como las películas de suspense o de terror, sino con una luz demasiado grande para poder nosotros percibirla de golpe. La percibimos poco a poco y a la medida de nuestras limitaciones.

“Abrir las puertas a Cristo” porque Cristo es el amor hecho carne y el que nos permite algo a lo que el Papa Francisco -tiene un estilo distinto al de Juan Pablo II o el de Benedicto XVI, pero os aseguro que sus enseñanzas son las mismas- ha llamado a toda la Iglesia a unos años de trabajo sinodal. La palabra “sínodo” significa “camino que se hace con otros”, caminar juntos. Parroquias con movimientos, movimientos con parroquias y con comunidades. Congregaciones religiosas con sacerdotes y congregaciones de tipo clerical. Es decir, que podamos mostrar al mundo que realmente somos un cuerpo, donde todos necesitamos de todos. No hay ninguna realidad, ni siquiera el Papa. A mí me tocó hace 15 años recoger la biblioteca de un arzobispo de Madrid. Tenía el título de Patriarca de las Iglesias occidentales y murió cuando yo tenía 13 años. Me pidieron, junto con otros seminaristas, que recogiéramos su biblioteca y parte de lo que nos tocó recoger fueron los libros de consulta del Santo Padre antes de proclamar el Dogma de la Asunción. Aproximadamente, cien volúmenes donde se había consultado a todas las diócesis del mundo (eran unas 2.700 del mundo), a todas las universidades y facultades de teología católicas. Quiero decir que el mismo Papa no puede decir “voy a convocar esto”. No hay ninguna realidad en la Iglesia, ninguna, que pueda hacerse a sí misma autorreferencial que no tenga que esforzarse por mirar fuera de sí, mirar en los demás, mirarse en los demás y preocuparse de la comunión con los demás. Si no, no somos la Iglesia. Nos convertimos sin darnos cuenta en sectas. También una diócesis puede convertirse en una secta que rompe la comunión con los hermanos, los obispos o el Santo Padre. Pero esa indicación a caminar juntos yo creo que sirve para todo.

Estáis aquí un buen grupo de personas que sois profesores. Otros estudiantes que habéis venido por motivos muy diferentes. Pero todos con una necesidad humana que es lo que nos permite a todos, cogiendo el mensaje de Juan Pablo II y atendiendo al significado que tiene Cristo para la vida humana, acercarnos unos a otros. Y eso es la necesidad de ser felices. Todos buscamos ser felices. Hasta cuando uno ve a unos muchachos haciendo el oso en la plaza de Bib-Rambla, o perdidos, que da pena verlos, en la puerta de una discoteca, o volviendo de juerga a las 6 de la mañana tambaleándose. Todos quieren ser felices, todos queremos ser felices. Y si yo no lo vivo de esa manera que ellos viven, que me da tanta pena que a veces me dan ganas de llorar (también de cómo visten, porque a veces parece que les ha vestido el enemigo, por que no es que quieran poner de manifiesto su belleza. Ojalá pusieran de manifiesto su belleza. No es eso lo que ponen de manifiesto, en absoluto). Y dices: “Dios mío, si yo no vivo como ellos no es porque yo sea mejor, sino porque Tú has querido preservarme, y preservarme para que pueda ayudarles mejor a ellos o estar más cerca de ellos, o quererlos mejor”.

Vamos a rezar en este curso (que es un curso que empieza después del año y pico de confinamiento, y yo tengo la impresión de que a veces la postpandemia…) por que salen a la luz las heridas que estaban o que se han generado en la pandemia, en muchos aspectos más dura que el mismo confinamiento, o tiene aspectos más duros que el mismo confinamiento, o aparecen más claras ciertas heridas que estaban antes del confinamiento o que han nacido con el confinamiento; ayudarnos a curar esas heridas, aliviarnos unos a otros, a mí me parece eso un privilegio.

Hoy inauguramos esta iglesia como una parroquia personal. Siempre he pensado una cosa que una de las personas que a mí me ayudó a mantenerme firme cuando esto parecía una utopía total y una imposibilidad casi total me dijo: “Será la parroquia más importante de su diócesis”. Y es verdad. Considero que esta es la parroquia más importante que tiene la diócesis de Granada y lo que, quienes nos sentimos cristianos, tenemos una preciosa responsabilidad y comunicar el amor de Jesucristo, que no se comunica hablando de Él, como hago yo ahora, sino que se comunica queriendo. No hace mucho leía yo un artículo de un filósofo que a mí me gusta. El título del artículo es “La irrelevancia de los cursos de ética en las escuelas de negocios”. Pero quien dice “las escuelas de negocios” dice cualquier currículum de universidad, porque la ética no se aprende dando un discurso. La ética se aprende caminando con alguien que tiene experiencia de camino.

Esos cursos de ética no sirven para nada. La experiencia de la vida cristiana enseña más ética de lo que pueden dar los cursos. No se aprende a jugar al golf leyendo un libro sobre golf, o no se aprende a nadar leyendo un libro sobre cómo nadar. Así que estáis aquí y tenéis a novecientos y picos jóvenes cerca de vosotros. Pedidle al Señor que vuestra experiencia de Cristo resplandezca en nosotros. Que al lado de vosotros puedan decir “estamos contentos” o “no lo estamos”. Los ojos son lo más expresivo. Después de los ojos, la sonrisa. Quizás la sonrisa más que los ojos, pero van unidos los dos.

Que vuestros ojos proclamen la alegría de quien ha encontrado el sentido de vuestra vida, de vuestra plenitud humana, aunque seamos muy pobres. Yo lo pido para cada uno de vosotros. Lo pido también por los estudiantes. Me acuerdo de ellos todos los días, y todos los días pienso “qué suerte tenéis vosotros de trabajar aquí con ellos y qué suerte tienen ellos de tener unos pocos cristianos cerca que puedan mostrarle, en la forma de mirarles, de estar con ellos, de tratarles, algo del amor con el que vosotros sois amados por Cristo”. Es decir, un amor sin límites, sin condiciones, infinito.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

22 de octubre de 2021
Parroquia personal del Centro de Estudios Superiores “La Inmaculada»

Domund 2021. La Misión en tiempos de pandemia

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Domund 2021. La Misión en tiempos de pandemia (24-10-21)

El próximo domingo celebraremos el DOMUND, el Domingo Mundial de las Misiones, la Jornada universal que se celebra cada año para que mantengamos viva la conciencia de que la Iglesia es misionera por naturaleza y sobre todo para apoyar a los misioneros en su labor evangelizadora, que se desarrolla entre los más pobres. Es una llamada a la responsabilidad de todos los cristianos en la obra de la evangelización, es el día en que la Iglesia lanza una especial invitación a valorar y apoyar la causa misionera. Lo celebramos por segundo año consecutivo en el contexto de la crisis sanitaria y económica mundial, que afecta especialmente a las tierras de misión, marcadas por los sufrimientos que sigue causando la pandemia del COVID-19.

La misión de la Iglesia adquiere un relieve más significativo en estas circunstancias, porque se dirige a las personas más necesitadas en muchos países del tercer mundo, donde se mantiene en primera línea en la lucha contra el virus, la pobreza y el hambre. Los retrasos y la escasez de vacunas están afectando a los países más pobres en unas proporciones alarmantes. Esta situación nos apremia a responder todavía con más generosidad a las necesidades de la misión. Eso será posible si experimentamos la fuerza transformadora del amor de Dios, si vivimos el encuentro con Cristo, que nos cambia la vida, que nos cambia el corazón. Es entonces cuando nos sentimos impulsados a anunciar y compartir lo que hemos visto y oído. Tal como nos recuerda el papa Francisco, el lema de este año, «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hech 4,20), es una invitación a dar a conocer, a compartir aquello que tenemos en el corazón. Esta misión es y ha sido siempre la identidad de la Iglesia, que «existe para evangelizar».

Hemos recibido muchos dones de Dios, y todo lo que el Señor nos ha ido concediendo no es para uso exclusivo nuestro sino para que lo compartamos con los demás, para que lo pongamos a su servicio. Nosotros hemos experimentado su amor y salvación, que nos lleva a vivir en la esperanza, y estamos llamados a compartir con todos los hermanos un futuro de esperanza que nos empuja a transformar el mundo, a convertir la humanidad en una familia y a custodiar la creación.

En este escenario la llamada a la misión, a salir de nosotros mismos por amor a Dios y al prójimo, se convierte en una oportunidad especial para compartir con los demás los dones recibidos de Dios, especialmente el don de la fe. El Señor nos convierte en discípulos y nos envía en misión a todos los pueblos. Recibimos el impulso para continuar la misión de Cristo por amor, para que todos los hombres puedan participar del gozo inmenso de la vida plena de hijos de Dios. A esta vida nueva han sido llamados todos los hombres y las mujeres en un solo pueblo, formando una familia.

Esta experiencia nos ha de llevar al encuentro con el hermano, a compartir, a colaborar, a convivir. Convivir significa estar atentos los unos a los otros, no mostrarse indiferentes a la situación de los demás, ser conscientes de la interdependencia entre personas, ser solidarios. Como señaló el papa Francisco, «de una crisis como esta no se sale iguales, como antes: se sale mejores o peores. ¡Que tengamos el coraje de cambiar, de ser mejores, de ser mejores que antes y poder construir positivamente la post-crisis de la pandemia!». La misión evangelizadora de la Iglesia tiene como objetivo una renovación profunda, una auténtica transformación de cada persona y de toda la sociedad, porque Cristo ha venido para hacer nuevas todas las cosas. Todos estamos llamados a colaborar en esta misión.

Recordemos con agradecimiento a todas las personas que están dando su vida en la misión, que han sido capaces de dejar su tierra y su hogar, que se han puesto en camino para que el Evangelio pueda llegar a todos los pueblos y ciudades, a todos los ambientes, a todas las personas sedientas de Dios. Su testimonio nos anima a pedir al Señor por las vocaciones misioneras, conscientes de que la vocación a la misión no es algo del pasado, sino que mantiene su total actualidad. Rezamos por ellos, para que se reavive en toda la Iglesia la dimensión misionera. María santísima, Salud de los enfermos y Estrella de la evangelización nos guíe en este camino.

+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla

«Cuenta lo que has visto y oído». Carta del Obispo con ocasión del DOMUND 2021

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Queridos hermanos y hermanas:

“Cuenta lo que has visto y oído” (Hch. 4,20) es la invitación que este año nos hace la campaña del Domingo Mundial de las Misiones, DOMUND, en la sugerencia de renovar la responsabilidad que como cristianos tenemos de compartir la experiencia de nuestro encuentro con Jesucristo Resucitado, fundamento de nuestra fe.

Todos somos partícipes del mandato apostólico de anunciar el Evangelio a toda la humanidad (Mc. 16,15), envío que fundamenta la naturaleza y la esencia de la Iglesia y, por tanto, de cada bautizado.

Dice el Papa Francisco en su mensaje para esta Jornada que «nuestra vida de fe se debilita, pierde profecía y capacidad de asombro y gratitud en el aislamiento personal o encerrándose en pequeños grupos; por su propia dinámica exige una creciente apertura capaz de llegar y abrazar a todos. Los primeros cristianos, lejos de ser seducidos para recluirse en una élite, fueron atraídos por el Señor y por la vida nueva que ofrecía para ir entre las gentes y testimoniar lo que habían visto y oído: el Reino de Dios está cerca. Lo hicieron con la generosidad, la gratitud y la nobleza propias de aquellos que siembran sabiendo que otros comerán el fruto de su entrega y sacrificio».

Esa entrega y sacrificio está presente en los agentes de la pastoral misionera y, por supuesto, en los misioneros y misioneras (sacerdotes, religiosos y laicos) que testimonian a Jesús, llevando el Evangelio con palabras y obras. Ese impulso misionero no se hace sin haber visto y oído al Señor, sin haber experimentado su amor y su gracia.

Especialmente conmovedor es ser consciente de que la misión forma parte de nuestro ser cristiano, a pesar de nuestras pobrezas. El encuentro con el Señor está orientado a ver y a oír a Jesús. Esa visión está muy presente en la experiencia pascual de los apóstoles, como Juan, que “vió y creyó” (Jn 20, 8). Cada uno de nosotros está llamado a tener ese encuentro en la fe con el Señor, un encuentro transformador, que supera nuestras carencias. Como ha dicho el Santo Padre:  «aun los más débiles, limitados y heridos pueden ser misioneros a su manera, porque siempre hay que permitir que el bien se comunique, aunque conviva con muchas fragilidades» (Christus vivit, 239).

Sabemos que nuestra responsabilidad evangelizadora no se reduce a llevar el Evangelio a nuestra diócesis onubense, sino que también somos responsables de la transmisión del Evangelio en todos aquellos territorios donde aún no ha sido anunciada la Buena Noticia de Jesucristo. Nos toca ir por delante donde el Maestro irá después a tocar aquellos corazones que siguen necesitando la salvación de Dios.

Este año el slogan del Domund hace referencia a esas tres actitudes humanas que construyen familia y crean vínculos fraternales: hablar, ver, oír:

Hablar y contar nuestra experiencia salvífica de Dios, no meros dichos y recordatorios, sino experiencia vivida de filiación y fraternidad que nos hace “Hijos y Hermanos”.

Ver con los ojos de Dios que nos hace descubrir las gracias  y la cercanía del Padre, ver desde dentro aquello que nos acerca y nos hace ser dependientes de los otros.

Oír las necesidades y los dones de aquellos con los que construimos una realidad nueva, la realidad del Reino, la realidad de la familia de los Hijos de Dios.

Que María, Estrella de la Evangelización, nos acompañe en el seguimiento de su Hijo, para que seamos testigos misioneros y crezca nuestra conciencia misionera, con la oración y con la contribución económica para sostener el anuncio de Cristo, a quien hemos visto y oído.

Con afecto os saludo y bendigo.

+Santiago Gómez Sierra, Obispo de Huelva

Huelva, 1 de octubre de 2021, memoria litúrgica de Santa Teresa del Niño Jesús

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres

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Ha sido preciosa la celebración de la beatificación de nuestros mártires de Córdoba, el pasado sábado 16 de octubre. La gran afluencia de fieles, la concelebración de más de 200 sacerdotes y una veintena de obispos, la orquesta y coro de la Catedral, todo preparado al detalle hizo que la celebración litúrgica, presidida por el cardenal Marcelllo Semeraro, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y Delegado del Papa, resultara espléndida y llena de contenido. Todos experimentamos una profunda emoción, un sentimiento hondo, como si el cielo se hubiera rasgado, abriéndose sobre nosotros y envolviéndonos a todos en la gloria de nuestros mártires. La liturgia cristiana tiene esa capacidad de unir el cielo y la tierra en los misterios que celebramos.

Ha sido tan grande la humillación, la tortura, el sufrimiento vivido con amor por parte de ellos, que ahora nos sentíamos emocionados ante el gran aplauso de la asamblea litúrgica, que corroboraba la proclamación como mártires por el Papa Francisco, en la lectura de su Carta Apostólica. Cuando la urna portadora de sus reliquias subía al altar, rodeada de palmas, sentí cómo el peso de la gloria que nos espera hace que los sufrimientos de ahora apenas tengan peso en la vida presente.

Qué grande es la fe cristiana y qué bonita es la Iglesia. Somos una familia, los del cielo y los de la tierra. Pertenecemos a la familia de los santos, donde unos preceden a otros y todos confluyen para la gloria de Dios. La lección de amor que nos dan lo mártires, al perdonar a sus verdugos, será algo inolvidable para toda nuestra vida. Y ese es el principal motor de la historia. Sólo el amor será capaz de transformar nuestro corazón, y consiguientemente la historia de la humanidad.

Esta es la tarea misionera de la Iglesia en todo tiempo, particularmente en este domingo del DOMUND, en el que se nos dice: “Contad lo que habéis visto y oído”. Porque la tarea misionera de la Iglesia no es un simple marketing ni una simple colecta de fondos, sino un testimonio personal como Iglesia y en la relación del tú a tú. El testimonio de nuestros mártires tiene también un sentido misionero. Y ellos nos dan fuerzas para el camino, especialmente a los que son perseguidos por causa de su fe, como nos ha recordado el Papa en el Ángelus del pasado domingo. La Iglesia tiene un mensaje precioso que transmitir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y en esto los mártires son los mejores testigos, los mejores misioneros.

Os pido a todos, sacerdotes y fieles, que hagáis presente en vuestras parroquias el testimonio de nuestros mártires. Dedicad algún altar, preparad alguna imagen en talla o en pintura. No dejéis que se arrincone este testimonio precioso, y hablemos de ello con la enorme alegría de quienes tienen tan cerca un testimonio tan grande de amor y de perdón. No nos privemos de ello en un mundo tan fraccionado y tan enfrentado. Ellos, los mártires, contribuirán grandemente a la concordia y a la paz en nuestros pueblos, porque ellos vienen a transmitirnos un mensaje de perdón y reconciliación. La obtención de reliquias de estos mártires se ajusta a un protocolo que administra el Secretariado para las Causas de los Santos en el Obispado de Córdoba. Pedidlas y rendidles el culto que se merecen.

Nuestra vocación es la santidad, nuestra meta es el cielo. Recorramos este camino, transformando el mundo en el que vivimos y llevando de la mano a nuestros hermanos. El impulso bienhechor del Espíritu Santo es más potente que todas las fuerzas del mal que nos encontremos. La Iglesia es misionera porque lleva en su seno un tesoro de amor, capaz de transformar el mundo entero.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Córdoba

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