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«Estos tres meses de Visita Pastoral van a ser una gracia de Dios»

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Del 10 de octubre al 13 de diciembre, el Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, realizará la Visita Pastoral al arciprestazgo de Los Ángeles. En el día de la Misa de apertura, su arcipreste, Manuel Márquez Córdoba explicó ante los micrófonos de COPE Málaga los que significa esta visita.

«Una Visita Pastoral provoca alegría y agradecimiento. En nuestro caso nos visita el Sr. Obispo, un hermano que nos preside en la fe y que viene a visitarnos para estar con nosotros, sus colaboradores, para conocernos un poco más, para compartir lo que nos preocupa y lo que nos ilusiona a nivel personal y pastoral… y esto, a mí y a los hermanos sacerdotes de este arciprestago, nos da alegría y agradecimiento», afirmaba Manuel, quien añadía que «también la Visita es un momento para crecer y fortalecer en la fe del arciprestazgo de Los Ángeles. El Obispo viene porque quiere conocernos por sí mismo, cómo se está viviendo la fe en las parroquias, sus dificultades, sus ilusiones y sus retos, y lo hace con el fin de animarnos y alentarnos en la fe. Estos tres meses de Visita Pastoral van a ser una gracia de Dios porque, estoy convencido de que, vamos a seguir creciendo en la unidad de todas las parroquias en el compartir, y en la ilusión de llevar la alegría del Evangelio a este mundo».  

El arciprestazgo de Los Ángeles se sitúa en la zona norte de la ciudad de Málaga, desde la orilla del río hasta la zona de los hospitales, y está formado por once parroquias: Nuestra Señora de Fátima, Nuestra Señora de los Ángeles, Nuestra Señora del Pilar, la Purísima Concepción, San Francisco Javier, San Pablo, Santa Ana y San Joaquín, Santa María de la Amargura, Santo Domingo de Guzmán, Santo Tomás de Aquino y la Santísima Trinidad. 

El domingo 10 de octubre, a las 19.00 horas, el Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, presidió la Misa de apertura de la Visita, en la parroquia de la Amargura, en la que participaron todas las parroquias, con sus sacerdotes. «D. Jesús nos animó a vivir desde la Palabra, aunque a veces nos lleve a ir contracorriente en esta sociedad y dejar todo lo que nos estorbe por seguir a Jesús», destaca el arcipreste de la homilía del prelado, que recordó que la Visita coincidía con el 13 aniversario del día en que nombraron a D. Jesús como Obispo de Málaga. 

El calendario previsto para la Visita Pastoral es el siguiente:

– Domingo 24 de octubre, parroquia Nuestra Señora de los Ángeles.

– Jueves 28 de octubre, parroquia San Francisco Javier.

– Domingo 31 de octubre, parroquia Santa Ana y San Joaquín.

– Jueves 4 de noviembre, parroquia Santo Domingo de Guzmán.

– Domingo 21 de noviembre, parroquia San Pablo.

– Jueves 25 de noviembre, parroquia Santísima Trinidad.

– Domingo 28 de noviembre, parroquia Nuestra Señora de la Amargura.

– Jueves 2 de diciembre, parroquia Nuestra Señora de Fátima.

– Domingo 5 de diciembre, parroquia Purísima Concepción.

– Jueves 9 de diciembre, parroquia Nuestra Señora del Pilar.

– Domingo 12 de diciembre, parroquia Santo Tomás de Aquino.

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Triduo a su titular en la parroquia Divina Pastora y Santa Teresa de Jesús

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Del 13 al 15 de octubre, la parroquia Divina Pastora y Santa Teresa de Jesús celebra un triduo en honor a la Santa de Ávila.

El miércoles 13, a las 20.00 horas, se celebra la Eucaristía y, a continuación, una oración al estilo de Taizé. 

El jueves 14, a las 20.00 horas, se celebra la Eucaristía, tras la que tendrá lugar una reflexión sobre santa Teresa de Ávila, guiada por el dibujante malagueño Pachi Velasco Fano. 

El viernes 15, a las 20.00 horas, se celebra la Eucaristía, tras la que se expondrá el Santísimo y se hará una lectura de varios textos de la Santa Abulense. 

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Monseñor Rico Pavés celebra la festividad de Nuestra Señora del Pilar junto a la Guardia Civil de Jerez

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El Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha celebrado la Eucaristía con motivo de la festividad de Nuestra Señora del Pilar junto a la Guardia Civil de Jerez.

En la mañana de hoy Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, con motivo de la festividad de Nuestra Señora del Pilar ha celebrado al Eucaristía en el cuartel de la Guardia Civil en Jerez, ciudad sede de la Diócesis. Al igual que realizó durante la festividad de los Santos Ángeles Custodios junto al Cuerpo de la Policía Nacional, el prelado ha querido celebrar a la patrona de la Guardia Civil junto todas las personas que la conforman. Asimismo, ha asistido a los distintos actos preparados por la Benemérita con motivo de esta fiesta dedicada a la advocación mariana del Pilar.

Por otro lado, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez, además de compartir junto a la Guardia Civil esta festividad, esta tarde estará presente en Sanlúcar de Barrameda junto a la Hermandad de la Borriquita, donde celebrará junto a todos los hermanos y fieles congregados en la Iglesia de San Miguel Árcangel. Asimismo, recordar que el prelado estuvo ya presente en esta localidad en la tarde de ayer donde en la Parroquia de San Nicolás se celebró la Eucaristía de toma de posesión del sacerdote Gregorio Mateos.

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“Celebrar la Virgen del Pilar, por lo tanto, es dar gracias por Tu Gracia”

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Homilía en la Eucaristía celebrada en la Capilla Real el 12 de octubre de 2021, con motivo de la fiesta de Nuestra Señora del Pilar y Día de la Hispanidad.

Queridísima Iglesia del Señor;

muy queridos sacerdotes concelebrantes;

representante del ilustrísimo ayuntamiento de Granada;

queridos hermanos y amigos todos:

Celebrar la Virgen del Pilar es casi algo que hacemos también el día 2 de enero y el día de san Cecilio: dar gracias por una historia de fe cristiana, más exactamente de fe católica mantenida en nuestro pueblo, a lo largo de la Historia, y que nos une a todos.

Alguien me decía que de los dos o tres símbolos que siguen uniendo a todos los pueblos de España, uno evidente es sencillamente la devoción a la Virgen, que tiene mil advocaciones, que tiene mil circunstancias y ocasiones locales y hasta ritos y tradiciones locales, pero nos une a todos la devoción a la Madre de Cristo. Una señal de identidad fuertísima para nosotros. Porque Ella es no sólo la plenitud de la descendencia de la raza humana, del orgullo de la raza humana, de toda la humanidad y, al mismo tiempo, porque ha sido hecha Madre del Salvador, Madre de Cristo que tomó la humanidad de las entrañas de Su Madre, de María; sino que Ella es, al mismo tiempo, el tipo y el modelo de la Iglesia, la protectora de ese pueblo cristiano que ha pasado a lo largo de los siglos por toda clase de vicisitudes.

Es fácil decir que nuestros tiempos son difíciles y es verdad que lo son. Pero es verdad que uno mira hacia el pasado y ve que la Historia está llena -ese es uno de los sentidos del Libro del Apocalipsis- de catástrofes, de conflictos, de luchas, de combates provocados por el pecado y las pasiones de los hombres. E igual que el Apocalipsis anuncia siempre la victoria de Cristo en esa lucha, ya también en el Apocalipsis entre la mujer y el dragón, la victoria de la mujer y de su descendencia, la Virgen tipo de la Iglesia está representada justamente en la Iglesia, y nosotros sabemos que, como dijo el Señor, “esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe”.

El mundo puede parecer hoy muy poderoso. Tiene medios de destrucción y tiene medios de lavado de cerebro y de configurar nuestras mentes y nuestras personalidades como no los ha tenido nunca en la Historia. Pero todos los poderes del hombre es frágil al lado del poder del amor de Dios. Del infinito amor de Dios, que se nos ha revelado en Jesucristo y que hallamos cumplido, de una manera plena, ya hasta en la asunción, es decir, hasta en la participación de su Cuerpo en la Gloria de su Hijo, en la figura de la Virgen María. Y eso que hemos realizado en María sabemos que se puede realizar en nosotros; que estamos llamados a que se realice en nosotros. Y eso significa que se puede realizar en nosotros, que estamos llamados a que se realice en nosotros. Y eso significa que es posible una humanidad nueva; que por mucha miseria y por mucha mezquindad, pobreza humana que haya en nuestro mundo, en las relaciones humanas, por mucho deterioro que se dé en esas relaciones, el poder del amor de Cristo es siempre más grande que nosotros y que nuestras fuerzas y que nuestras capacidades, y desde luego que nuestros planes, que se ponen en ocasiones como en la pandemia o como en el volcán de La Palma tan impotentes ante fuerzas, que tampoco son las más grandes del mundo, pero un bichito imperceptible pone en danza a toda la ciencia y apenas sabemos hacer otra cosa que protegemos de él, y un monte pequeño en una isla perdida en el Atlántico también pone en jaque a todas las técnicas, poderes y cálculos de los hombres.

Pero la fuerza más grande de la Historia no es como se ha dicho muchas veces en los últimos siglos, en la cultura de la Ilustración, el interés propio. No es el interés propio el que hace progresar la Historia. No. Es el amor. Justo aquello que nos hace imagen de Dios. Justo aquello de lo que no podemos prescindir en primer lugar, porque una vida sin amor se hace una vida invivible, indigna de ser vivida verdaderamente. Y así lo perciben también muchas personas que hasta llegan a quitarse la vida por falta de amor. Yo me atrevería a decir que siempre o casi siempre. Y sin embargo, una vida con amor es siempre bella. Chesterton lo decía en su estilo gracioso: todos los hombres felices son demócratas. Pues, claro. Todos los hombres felices aman una humanidad en la que los hombres podamos relacionarnos libremente unos con otros.

Celebrar la Virgen del Pilar, por lo tanto, es dar gracias por Tu Gracia, que vale más que la vida. Y dar gracias en este momento de la Historia. No con los retos, con los desafíos, con las circunstancias concretas que tiene. Responder a la llamada de Dios, en este momento de la Historia. Y la llamada de Dios se hace presente también a esa llamada del Santo Padre a que sigamos un camino sinodal, es decir, a que caminemos con la historia con las manos abiertas, para que podamos caminar unos junto a otros. Significa eso. Lo vais a oír muchas veces a lo largo de este año. Significa “camino juntos”. Pues, el Papa, y el Espíritu dice a través de las Iglesias, que sólo seremos capaz de transmitir la luz y el bien del que somos portadores, indignos portadores a este mundo, caminando juntos. Estando dispuestos a coger la mano de quien nos pide ayuda. Estando dispuestos a romper barreras que hemos creado los hombres, que son siempre creación del Enemigo y que nos separan.

Por otra parte, no puedo terminar sin decir que el día de la Virgen del Pilar es también el día de la Hispanidad. Y aunque el día de la Hispanidad no es una celebración religiosa propiamente dicha, pero sí, porque la Hispanidad está tan imbricada con la catolicidad que es imposible unirlas e identificarlas totalmente, pero es imposible separarlas. Yo sé que en toda conquista hay mil pecados. Había un traidor, por amor al dinero, entre los doce discípulos de Jesús. Pues, fijaros, en cualquier hecho histórico un poco más grande o que implique a más personas, pues claro que hay pecados y claro que con gusto pedimos perdón por ellos. Pedimos perdón por nuestros pecados, por los propios. Yo los pido todos los días por los propios, ya sea la Eucaristía, ya sea el rosario. Siempre pedimos perdón por nuestros pecados al principio de nuestra oración, porque contamos con ellos. No nos escandaliza el hecho. Pero, al mismo tiempo, hay que reconocer que, hasta en la misma Conquista, no tuvo nada que ver la conquista de un pueblo como el pueblo español a las conquistas por ejemplo hechas en el mundo anglosajón, donde se tardaron casi dos siglos en pensar que los indios tenían alma y eran seres humanos. Mientras que, desde el primer momento, nosotros podíamos ser pecadores, pero sabíamos que eran hermanos nuestros. La Reina Isabel nos lo dejo muy claro desde el primer momento, desde su testamento. Eran súbditos suyos, exactamente igual y con el mismo título que los españoles, y ella prohibió que se hicieran violencias o extorsiones.

Por otra parte, hasta en la conquista de Méjico, muchas tribus mejicanas se unieron a Hernán Cortés para liberarse del horrible yugo de los aztecas, que era un pueblo extraordinariamente destructivo, dominante, que hacía sacrificios humanos, que abusaba sin piedad de todos los que no eran aztecas y se unieron. Lo mismo en Chile, que me decía el rector de hace muchos años de la Universidad de Santiago de Chile, que los indios araucanos habían luchado junto con la Corona española para que los defendiese de los supuestos libertadores, que eran siempre ilustrados despóticos, caciques, personas que usaban la retórica de la libertad, pero la usaban para dominar a los pueblos de una manera muchos más dura y mucho más carente de piedad que la Corona.

Pero luego, aparte de la Conquista, hay otra gesta que ha tenido lugar en América Latina, que es única, que es verdaderamente la hazaña de la evangelización en América y Filipinas. Que ha costado la vida de los mejores hombres que tenía España y que los puso al servicio de la evangelización, siguiendo de nuevo también lo que había sido el sueño de la Reina Católica. Esa evangelización que ha llenado a América Latina de mestizos y de personas que se han mezclado con nuestra sangre hasta el punto de ser casi indistinguibles. La cantidad de santos que llenan esa hazaña es algo de lo que no podemos avergonzarnos, sino al contrario, sentirnos orgullosos.

Pero no aplaudamos nuestro pasado, dejadme decirlo. No nos conformemos con aplaudir nuestro pasado. Bernanos decía que, porque los hombres aplaudieron a san Francisco en lugar de seguirle, tuvo lugar el Cisma de Aviñón, tuvo lugar la Reforma y quizás dos Guerras Mundiales. No hay que aplaudir a los santos. Hay que pedirLe al Señor que nos conceda no ser demasiado indignos de nuestros padres en la fe. Somos hijos de un pueblo de santos. Somos hijos de un pueblo del que no tenemos ningún motivo para avergonzarnos, sino al contrario, para sentirnos muy agradecidos de nuevo. Y, lo repito, porque gracias a ese pueblo hemos recibido una gracia que vale más que la vida: el conocimiento de Jesucristo y del amor del Padre.

Que el Señor nos conceda la gracia de no ser demasiado indignos de los padres que hemos tenido y que nos lo conceda la intercesión y la protección de la Virgen del Pilar.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

12 de octubre de 2021
Capilla Real (Granada)

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Homilía de la Fiesta de la Virgen del Pilar

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Lecturas bíblicas: 1Cr 15,3-4.15-16; 16,1-2; Sal 26,1.3-5 (R/. «El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado»); Hch 1,12-14; Aleluya: «Afianzó mis pies sobre la roca y me puso en la boca un cántico nuevo»; Lc 11,27-28.

Queridos hermanos y hermanas:

La Fiesta de la Virgen del Pilar coincidente con la Fiesta Nacional y el tradicional Día de la Hispanidad, es motivo de acción de gracias a Dios, que nos ha dado a la Madre de nuestro Salvador como madre espiritual y amparo en las dificultades que lleva consigo la obra del Evangelio y la acción apostólica, y en general y siempre la vida cristiana. Según una venerable tradición muy antigua, María aparece sosteniendo con su presencia la predicación del apóstol Santiago, acompañado por unos pocos cristianos convertidos por la predicación del apóstol en su incursión misionera en la España romana. La Virgen, que aún vivía en Jerusalén, se apareció a Santiago junto al Ebro en la ciudad de Zaragoza (en latín Caesaraugusta) para levantar el ánimo del apóstol.

Más allá de la autenticidad histórica de esta noticia antigua, la leyenda piadosa responde a una convicción profunda según la cual la Virgen María ha acompañado la predicación del Evangelio y el desarrollo histórico del cristianismo en España. La tradición piadosa dice que María entregó al Santiago la columna de jaspe sobre la que hoy se venera su sagrada imagen en el primer santuario mariano de España, el Pilar de Zaragoza. Esta fe mariana de la Iglesia en nuestro país se expresa litúrgicamente en la antífona de entrada de la misa propia de este día, que se dirige a la Virgen: «Tú permaneces como columna que guiaba y sostenía dic ay noche al pueblo en el desierto».

María es vista como aquella columna que de día defendía a los israelitas interponiéndose para protegerlos y de noche iluminaba su marcha por el desierto perseguidos por el ejército del faraón (cf. Ex 13,21;14,19). Las realidades que contemplamos en la historia de la salvación son interpretadas como figuras de las realidades venideras, principalmente aplicadas a Cristo y de manera derivada a María y a la Iglesia. Así, sucede con el arca de la alianza, en la que se custodiaban las tablas de la ley y que acompañaba a los israelitas en su marcha. Llegados a la tierra prometida tras la conquista de Jerusalén, el rey David la trasladó a la tienda que le fue preparada en el monte Sión como tabernáculo y templo provisional, donde permaneció hasta la construcción del templo de Jerusalén por Salomón. De ello habla el libro primero de las Crónicas, del que hemos escuchado un fragmento. En él vemos cómo ordena David a los levitas organizar la procesión litúrgica de traslado y entronización del arca, pidiendo que se sirvieran de los hermanos cantores para acompañar con himnos y cantos la traslación (cf. 1Cr 15,27).

Del mismo modo que el arca contenía la Palabra de Dios grabada en tablas de piedra, así María es el arca que ha contenido en sí misma la Palabra de Dios hecha carne, el Verbo de Dios humanado. Así la invocamos en las letanías del rosario, como contemplamos en ella el templo del Espíritu, porque en ella el todopoderoso, por obra del Espíritu creador, dispuso un cuerpo para el Hijo de Dios. Este cuerpo de Jesús es el verdadero templo donde habita la plenitud de la divinidad, pero Jesús lo ha recibido de María por obra del Espíritu. Así en la anunciación, el ángel respondió a María: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios» (Lc 1,35). María es, por esto mismo, la gran figura de la Iglesia como portadora de la Palabra y madre de cuantos son alumbrados a la fe en su seno. Dice de este modo el Vaticano II: «Contemplando su misteriosa santidad, imitando su amor y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, también la Iglesia se convierte en Madre por la palabra de Dios acogida con fe, ya que, por la predicación y el bautismo, engendra para una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios»[1]. Por esto mismo, como son dichosos el vientre y los pechos de María, así la Iglesia es bienaventurada madre de los hijos que engendra a luz de la fe para una vida nueva e inmortal.

María es inseparable de la Iglesia, siendo contemplada como amparo orante de los cristianos, a los que acoge bajo su manto maternal. Lo vemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde María aparece en medio de los discípulos y las santas mujeres, recogidos en torno a ella en la comunión del cenáculo tras la resurrección de Jesús. Todos ellos se dedicaban a la oración en común en espera de la llegada del Espíritu Santo, que los conduciría bajo su impulso emprendedor a la predicación, tal como había sido prometido: «que se predicaría en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén» (Lc 24,47). En algunas pinturas de las catacumbas romanas de Priscila se representa, en el cubículo llamado de la Velatio una mujer orante de cabeza cubierta, que en sentido figurado puede ser representación de la Iglesia orante, como prolongación de la escena orante de la que habla el libro de los Hechos. En estas mismas catacumbas puede verse una representación del siglo II de la maternidad de María con el niño Jesús y el profeta Balaam, la más antigua imagen de la Virgen María.

La grandeza de María está objetivamente vista en su maternidad divina, pero como recoge el evangelio de san Lucas de este día, esa grandeza de la Virgen es inseparable de su elección divina como mujer en la que se ve consumada la bienaventuranza de los creyentes, que Jesús quiso situar en su justo lugar: la grandeza de María, razón de su bienaventuranza, está en la fe con la que acogió la Palabra de Dios, que de ella nació humanada. Por eso respondió a la mujer que alabó a María: «Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!» (Lc 11,28).

Cuando nosotros flaqueamos en la fe miremos a la sagrada imagen de la Virgen que nos habla desde la columna del Pilar y nos dice cómo por su constante oración intercede por nosotros, porque es inseparable de los discípulos del Señor, que se los dio como hijos. Hoy, en este día de la Hispanidad, oramos por España, una de las grandes naciones de raíces cristianas, que recibió muy pronto la predicación evangélica, y cuya historia es inseparable de la historia de la fe en y de la Iglesia de Jesús. Hemos de ser conscientes del abandono de la fe por tantos españoles que han sido educados en ella, y hemos de dolernos por las familias en cuyo hogar ya no se transmite la fe cristiana, o en las que sus miembros viven alejados de la Iglesia y ya no se identifican con la vida de los cristianos. Nos hemos convertido en una nación que elabora leyes de difícil asimilación a la tradición cristiana, y a veces en oposición frontal a la fe católica que nos ha identificado en la historia. Los constantes obstáculos puestos a la enseñanza de la religión y moral católica en la escuela se suman a la desconsideración de la presencia social de la Iglesia en nuestro país. Son mayoría los cristianos laicos presentes en las instituciones de la vida pública que carecen de un verdadero compromiso con su fe y, apelando tantas veces a la tolerancia, en realidad se avergüenzan de su f a la hora de «dar la cara por nuestro Señor» (2Tim 1,8). Ni los laicos ni los que somos ministros del Evangelio hemos de olvidar que «la palabra de Dios no está encadenada» (2Tim 2,9). Con la ayuda de María estamos llamados a seguir a «Jesucristo, que ante de Poncio Pilato rindió tan hermoso testimonio» (1Tim 6,13), dando fe de palabra y de obra de su realeza mesiánica y de su misión como revelador de la Verdad (cf. Jn 18,36-37)[2].

La llamada que san Juan Pablo II hizo en Santiago de Compostela a las naciones cristianas de Europa a ser conscientes de su historia, para que Europa siga siendo ella misma como vocación y misión, es una llamada que sigue siendo urgente secundar: «Vuelve a encontrarte. Sé tú misma»[3]. Es una llamada a los cristianos del continente viejo a volver sobre sus raíces cristianas y reconstruir la unidad espiritual de Europa. Una llamada a superar la tentación de abandonar la fe y conjurar el camino suicida hacia la nada, hacia un nihilismo que carece de futuro. España fue capaz de una grandiosa obra misionera, que no pueden oscurecer los errores cometidos en la colonización, porque la colonización en sí misma una gran obra humanitaria y cultural de valor universal en la historia de los pueblos y en el concurso de las naciones. No es desconocido para nadie que la crítica a la historia de España en América está motivada en parte por una crítica a la evangelización que difunde hoy un indigenismo antihistórico. El Papa nos recordaba no hace mucho cómo España tiene asumir su propia historia sin complejos, porque la autocensura como programa sólo conduce a la inhibición y al fracaso como nación. Debemos pensarlo en este día de nuestra Fiesta Nacional, al tiempo que rogamos a la Santísima Virgen del Pilar siga protegiendo a España y a sus instituciones cívicas y sociales, apartándolas de la tentación de ir contra la realidad histórica y poner en riesgo el valor moral de la unidad. Que la Virgen del Pilar, Reina y Señora nuestra, Madre de España, nos ayude a ser cristianos capaces del gran compromiso y misión que es la tarea de la nueva evangelización.

A. I. Catedral de la Encarnación
Almería, a 12 de octubre de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

[1] Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 64.

[2] Biblia de Jerusalén: Nota a 1Tim 6,13.

[3] Discurso en el acto europeísta celebrado en la Catedral de Santiago de Compostela (martes, 9 de noviembre de 1982), n. 4: Juan Pablo II en España. Texto íntegro de los discursos del Papa. Ed. de la Conferencia Episcopal Española (Madrid 1982)242-243.

UN CURA EN EL OESTE

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Tabernas acoge desde hace ya 11 años el Almería western film festival y en esta última edición, su párroco, D. Felipe A. De Mendoza ha logrado que la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Tabernas participe activamente en el Festival con una charla sobre ‘La Iglesia en el western”.

Con el templo parroquial decorado para la ocasión y llena de visitantes y chavales de la catequesis ataviados de cowboys, el párroco intentó ofrecer algunas pistas sobre cómo los creyentes pueden ver, desde su fe, una película del oeste.

La charla fue presentada por el nuevo director del festival Guillermo de Oliveira que se mostró agradecido y sorprendido por la gran afluencia de gente. “Llevo 7 años viniendo a Tabernas y es la primera vez que entro en la Iglesia. Y me acabo de dar cuenta de lo que me estaba perdiendo”, reconoció en sus palabras introductorias. En definitiva, reconoce el párroco “se trataba de romper ese distanciamiento que existe, en ocasiones, entre ciertas actividades culturales y la iglesia”.

Finalmente, después de la proyección del western Compañeros, el joven sacerdote hizo un análisis desde el punto de vista creyente describiendo los personajes principales, las referencias teológicas que trasmiten y el tratamiento que se le da a la Iglesia en el film.

Una fructífera colaboración que es una demostración de que el diálogo “fe y cultura” es posible en algo tan “almeriense” como es el Western.

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La Iglesia diocesana se pone en modo sínodo: «Ven y verás»

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La Iglesia se ha puesto en modo sínodo. Y «para caminar juntos» en una profunda renovación ofrece a todas las personas su invitación a participar. Al reclamo de Ven y verás, de un modo sencillo y accesible, se quiere «escuchar la voz viva de todo el Pueblo de Dios», llegando a las personas en donde ellas se encuentran, en particular las que a menudo son excluidas o que no participan en la vida de la Iglesia. La Comisión diocesana volvió a reunirse este lunes, día 11 de octubre, para proseguir la preparación de la apertura diocesana, evaluar el proceso que se viene desarrollando y concretar la fecha de una reunión  por zonas e islas con los representantes parroquiales.

Un Sínodo para la participación y misión

Tras asistir el sábado a un encuentro previo de reflexión, el papa Francisco celebraba este domingo 10 de octubre la Misa de apertura del Sínodo de los Obispos. Con la convocatoria de este nuevo Sínodo, que se anuncia con el tema «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión», el Papa invita a toda la Iglesia a interrogarse sobre la sinodalidad: un tema decisivo para la vida y la misión de la Iglesia.

El proceso del Sínodo sobre la sinodalidad transcurre en tres fases hasta su conclusión en octubre de 2023, con la celebración en Roma de la la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

Ahora comienza una primera etapa del Sínodo, que se desarrolla hasta abril de 2022 en las Iglesias diocesanas y las comunidades cristianas, a la que le seguirá luego otra segunda fase a nivel continental, para por último concluir con el Sínodo de la Iglesia universal.

Diálogo y discernimiento en la Iglesia diocesana

Será el próximo domingo 17 de octubre de 2021, cuando se produzca la apertura del Sínodo en las Iglesias particulares, con la presidencia del respectivo obispo diocesano y con un formato similar al celebrado el pasad domingo en Roma: la convocatoria de un encuentro de reflexión y la posterior celebración de la eucaristía. A las 18.30 la Catedral de La Laguna acogerá el primer momento y a las 19.30 será la eucaristía que presidirá el obispo Bernardo Álvarez Afonso.

Esta primera fase diocesana se recorrerá hasta abril de 2022 y en ella participarán las parroquias, comunidades religiosas, movimientos y grupos de fieles con el cometido de trabajar un documento preparatorio ofrecido por el Sínodo.

Pero a este proceso de escucha, diálogo y discernimiento también están invitados a participar todos aquellos que no toman parte en la vida de la Iglesia diocesana, asegurando la presencia del mayor número posible de personas.

Para participar y difundir la celebración del Sínodo sobre la sinodalidad, los obispos españoles han creado la página web https://laicos.conferenciaepiscopal.es/sinodo, donde además se puede ayudar a difundir el Sínodo en esta primera fase en la Iglesia diocesana.

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La perla es el Reino de los cielos

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Lecturas bíblicas: Sb 7,7-11; Sal 89,12-17 (R/. «Sácianos de tu misericordia…»); Hb 4,12-13; Aleluya: 1Ts 5,18 («En todo dad gracias…»); Mc 10,17-30.

Queridos hermanos y hermanas:

El evangelio de hoy presenta la escena del joven rico, muy conocida y siempre materia de permanente reflexión, ya que en este pasaje evangélico Jesús pone de manifiesto la dificultad que las riquezas acarrean a quien quiere hacer del seguimiento de Jesús razón y contenido de vida. Si nos acercamos al pasaje vemos que el comienzo del encuentro del joven con Jesús está marcado por el respeto y la admiración que la predicación de Jesús provoca en el joven, porque al acercarse al Señor no sólo le llama “Maestro bueno”, sino que se arrodilla ante él[1]. Los comentaristas resaltan este acercamiento respetuoso que manifiesta el reconocimiento por el joven de la autoridad de moral de Jesús, dando a entender que la santidad de vida dimana de la ley divina, de su cumplimiento. De hecho, así lo pone de manifiesto Jesús, pero matizando que aunque el cumplimiento de la ley es criterio de santidad de vida, al hombre no es transferible la santidad de Dios, el «sólo santo», y en consecuencia sólo él es bueno, por lo cual rechaza que el joven le llame “Maestro bueno”.

Jesús pone de manifiesto la dificultad que las riquezas acarrean a quien quiere hacer del seguimiento de Jesús razón y contenido de vida.

Jesús rechaza el calificativo de bueno en sentido absoluto, no porque él no lo sea, sino porque lo que tiene el Hijo viene del Padre, como encontramos en el evangelio de san Mateo: «Todo me ha sido entregado por mi Padre y nadie conoce al Hijo sino el Padre…» (Mt 11,27). La bondad de Jesús es connatural con su ser de Hijo engendrado en el seno del Padre, la santidad de Cristo Jesús dimana de su procedencia divina y no de la naturaleza humana, que es asumida por el Verbo de Dios y, sostenida por él, obra en unión con la voluntad divina, unión de voluntades divina y humana en la unidad de la persona divina del Verbo.

Jesús ha terminado el pasaje anterior diciendo que es preciso hacerse como un niño para entrar en el reino de los cielos, y el joven le plantea qué ha de hacer para heredar la vida eterna. La respuesta es el cumplimiento de la ley, acatar y cumplir los mandamientos, si bien la perfección que lleva a la vida eterna, el camino mejor es el abandonarse en las manos de Dios y romper así con los obstáculos que pueden impedirle el cumplimiento de la voluntad del Dios solo santo.   Este es el camino de los consejos evangélicos, del desprendimiento del mundo y de la opción por la existencia que se convierte para los demás en referencia permanente la vida futura. La afirmación desconcertante de Jesús invitando al desprendimiento como camino de vida eterna es ofrecida a sus interlocutores con la autoridad de Dios, porque Jesús no responde al joven rico como un maestro entre otros de la ley que la interpreta. Jesús remite al camino de los consejos evangélicos como revelación de Dios para quien le busca como bien supremo.

Jesús remite al camino de los consejos evangélicos como revelación de Dios para quien le busca como bien supremo.

Al proponer este camino de perfección que relativiza la ley elevando sus exigencias a la entrega plena de la vida en manos de Dios, Jesús —ya lo veíamos en pasajes ya comentados del evangelio— rompe con la mentalidad judía que ve en la riqueza un signo de la bendición divina. Recordemos lo que decíamos al detenernos en las imprecaciones de Jesús contra los ricos que Jesús en contraste con las bienaventuranzas: «La hiperbólica afirmación del Señor, según la cual “es más fácil que un camello pase por el hondón de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos” (Mt 19,24), quiere afirmar, por contraste, hasta qué punto las riquezas comprometen la conversión a Dios y a su voluntad, en la cual reside nuestra salvación. Las riquezas son un obstáculo para la vida según el espíritu. Jesús da la vuelta a la creencia según la cual la riqueza es signo de predilección de Dios por el rico, al presentar al pobre como aquel que tiene a Dios por refugio y garantía de su vida: “Bienaventurados los pobres porque vuestro es el Reino de Dios” (Lc 6,29). Porque es así, en definitiva: “Nadie puede servir a dos señores… No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt 6,24)»[2].

La pobreza sociológica no es por sí sola merecedora de bienaventuranza, si no acerca a Dios. Jesús pondera la pobreza como situación y como opción de vida que dispone para acoger la voluntad de Dios y a Dios mismo como bien supremo.

La hipérbole según la cual es más fácil que un camello pase por el hondón de la aguja que un rico entre en el Reino de los cielos debe interpretarse como ya el evangelio de san Mateo lo hace, al hablar de la “pobreza de espíritu” como pobreza meritoria de la bienaventuranza: «Dichosos los pobres en el espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos» (Mt 5,3). La pobreza sociológica no es por sí sola merecedora de bienaventuranza, si no acerca a Dios. Jesús pondera la pobreza como situación y como opción de vida que dispone para acoger la voluntad de Dios y a Dios mismo como bien supremo. Por eso, Jesús propone la riqueza que representan los estados en que acontece la feliz bienaventuranza de cuanto es virtud y mérito según el espíritu. De ahí que se ha de poner el corazón en “los bienes de arriba”. San Pablo exhorta a los cristianos la búsqueda de los bienes duraderos: «Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba y no a los de la tierra» (Col 3,1-2). El Apóstol sigue la sentencia de Jesús que da razón de la opción por los bienes del cielo: «Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón» (Mt 6,21). Del mismo modo, los santos Padres advertían de la necesidad de estar alerta contra la mala comprensión de la pobreza como condición para recibir el reino de Dios. No basta ser pobre, sino que hay que aprender a serlo, pues «incluso nos podemos gloriar de ser pobres; tened cuidado con la soberbia, no sea que nos superen los ricos humildes. Cuidaos de la impiedad, no sea que nos superen los ricos piadosos…»[3].

La lectura del libro de la Sabiduría viene a orientarnos para llegar a la interpretación correcta del pasaje evangélico. El camino de perfección para el seguimiento es la voluntad de Dios, que revela al hombre la fecundidad de la sabiduría eterna; poseerla es haber encontrado el tesoro y la perla preciosa, por cuya adquisición merece venderlo todo para poder comprarla (cf. Mt 13,45). La perla es el Reino de los cielos por el cual todo dominio y posesión terrenos son realidades ilusorias y efímeras. Por ello, el sabio según la mente de Dios, refiriéndose a la sabiduría que viene de lo alto y es revelación de la voluntad divina de santidad para los hombres, confiesa su propia opción: «La prefería a los cetros y a los tronos y, en su comparación, tuve en nada la riqueza» (Sb 7,8). Entre las perlas, el Reino es la perla fina y única en el más alto valor, ante la cual palidecen las demás piedras preciosas, superior a la riqueza, a la salud y a la belleza, porque de ella dimana la luz que ilumina el camino hacia la vida eterna, suma de todos los bienes que pueden acallar la inquietud del corazón del hombre (cf. Sb 7,9-11).

La perla es el Reino de los cielos por el cual todo dominio y posesión terrenos son realidades ilusorias y efímeras.

Estas reflexiones a que da lugar el pasaje del joven rico ayudan a entender mejor la identidad y el alcance del seguimiento de Jesús y el discipulado. Al final del pasaje evangélico, Pedro toman, una vez más, la palabra y le pregunta a Jesús por la recompensa que les espera, ya que ellos, sus discípulos, lo han dejado todo por él. Jesús le contesta: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora en este tiempo, cien veces más —casas, hermanos y hermanas, y madres e hijos y tierras, con persecuciones—, y en la edad futura la vida eterna» (Mc 10,29-30).

La enseñanza de Jesús sobre los peligros de las riquezas desconcertó a los discípulos igual que al joven rico, ya que su mentalidad era la de la visión judía de la riqueza como bendición divina del justo. Sin embargo, Jesús les quiere hacer comprender que ganan cuanto pierden, mientras ganan definitivamente la vida optando por él y por el Evangelio (cf. Mc 8,35-36). El desprendimiento de sí mismos y de sus bienes les hace estar cercanos a todos, al romper el límite del parentesco, para abrirse a la amplia fraternidad de los semejantes, y en especial de los más desfavorecidos y marginados. Sin embargo, Jesús no les describe un horizonte sin dificultades, porque esta fraternidad no suprime el escándalo de la fe y la persecución de cuantos le rechazan.

Dejemos que entre en nosotros la palabra que nos salva, sometiendo nuestra conciencia al juicio justo de Dios, provocando en nosotros la conversión a Dios.

Dejemos que la palabra de Dios, que según el autor de la carta a los Hebreos, que siguiendo a Isaías, describe «viva y eficaz, más cortante que espada de doble filo» (Hb 4,12→Is 49,2) nos penetre y nos alcance nuestro interior, «hasta el punto donde se dividen alma y espíritu; coyunturas y tuétanos; y juzga los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12b-c). Dejemos que entre en nosotros la palabra que nos salva, sometiendo nuestra conciencia al juicio justo de Dios, provocando en nosotros la conversión a Dios. Si acogemos la palabra de Dios no dejará de producir su fruto en nosotros, porque nos veremos tal cual somos, ya que a Dios todo es patente. Sólo la palabra de Dios puede juzgarnos y llevarnos a un diálogo con el Creador y redentor de los seres humanos que nos haga ver cuál es nuestra situación ante él. Pidamos que la Eucaristía que ahora vamos a celebrar nos disponga a dar acogida a la palabra de Dios, que nos fortalecerá para recorrer la senda del seguimiento estrecho de Cristo, desprendidos de todo cuanto nos ata y se convierte en obstáculo para aceptar y cumplir la voluntad de Dios.

S. A. I. Catedral de la Encarnación

Almería, a 10 de octubre de 2021

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

Ilustración. El joven rico. Heinrich Hofmann. Óleo sobre lienzo (1889). Iglesia baptista de Riverside. Nueva York. Estado Unidos.

[1] Cf. J. Gnilka, El evangelio según san Marcos, vol. II. Mc 8,27-16,20 (Salamanca 1986) 98-99.

[2] Homilía del Domingo XXVI del T. O.

[3] San Cesáreo de Arlés, Sermón 153, 2: CCL 104, 626 (cit. según La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. Nuevo Testamento 2. Evangelio según san Marcos (Madrid 2000) 204.

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El colegio de arquitectos distingue con el premio Oraá a Alejandro Beautell por la iglesia de Alcalá

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La nueva Iglesia de Alcalá, en Guía de Isora, obra del arquitecto Alejandro Beautell, sigue cosechando reconocimientos, dentro y fuera del archipiélago. El último de ellos ha sido el Premio Oraá de Arquitectura que concede el Colegio de Arquitectos de Tenerife, La Gomera y El Hierro y que bianualmente distingue la mejor arquitectura realizada en las islas.

 El pasado viernes 8 de octubre, durante el acto de entrega de galardones, el jurado del Premio, presidido por el Decano del Colegio de Arquitectos, Argeo Semán y conformado por profesionales de reconocido prestigio internacional destacó la “singular y expresiva disposición de volúmenes de hormigón con la aplicación de texturas y tratamientos que hablan sobre las relaciones proyectadas entre la trama urbana y el requerido silencio interior”.

 Esta personal obra de arquitectura viene recogiendo, desde su inauguración, un año atrás, distinciones tales como la Mención de Honor en el Premio Europeo de Arquitectura Philippe Rotthier en Bélgica, obra finalista en el Gran Premio Enor de Arquitectura, que distingue la mejor arquitectura de España y Portugal, siendo además la única obra realizada en Canarias que resultó finalista en la Bienal Española de Arquitectura, formando parte de una exposición itinerante por el país, organizada por el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana del Gobierno de España en colaboración con el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España.

 Además del Premio a la mejor obra nueva, por la Iglesia de Alcalá, el arquitecto Alejandro Beautell ha sido distinguido con dos premios más en la categoría de Rehabilitación y Restauración por sus trabajos “Casa la Toscalera” en el chicharrero barrio del Toscal y la sede de los “Diablos Locos” promovida por el Ayuntamiento de Santa Cruz.

Durante años, desde la clausura, por motivos de seguridad, de la antigua Iglesia de Alcalá -finalmente demolida en el año 2011- los vecinos del barrio de Alcalá, han intentado favorecer la reconstrucción del templo perdido, que se hallaba bajo la advocación de la Virgen de Candelaria. Dicha construcción, por diversos motivos, se ha vio frustrada y, hasta la fecha, la imagen de la Virgen, de gran devoción y tradición entre los lugareños, se encontraba en un local que el Ayuntamiento cedió para su culto. En los últimos años, la Parroquia de Candelaria, el Obispado de Tenerife, el Gobierno de Canarias y el Ayuntamiento de Guía de Isora, con la finalidad de responder a esa demanda social, han aunado esfuerzos para hacer posible un nuevo templo para Alcalá. En una zona sin referentes arquitectónicos, la nueva iglesia debía por un lado recuperar la memoria de la desaparecida ermita, y por otro, constituir un hito arquitectónico en el barrio, un nuevo centro para Alcalá.  La edificación cuenta con una superficie construida total de 1.100 m2 repartida en dos niveles. La planta semisótano contempla los espacios sirvientes: salones parroquiales para usos múltiples, garaje, almacén, cuartos de instalaciones y aseos. Sobre los salones, con acceso desde la plaza, se sitúan la Iglesia y la sacristía.

La nueva Iglesia de Alcalá, bajo la advocación mariana de la Virgen de Candelaria, nos habla de la tradición, de la recuperación de la memoria de aquella vieja construcción que se alzaba solitaria sobre el malpaís de lava que subyace, aún hoy, bajo el asfalto.

Partiendo de estas premisas, el nuevo templo se formaliza en dos naves diferenciadas, “la antigua” y “la nueva”. Un único espacio interior, se traduce en dos volúmenes diferentes desde el exterior.  Uno, recupera la forma y posición de la antigua ermita, en una reinterpretación de la arquitectura tradicional de las islas. Al reconstruirla -de manera simplificada- se ha intentado recuperar su memoria y atenuar el sentimiento de pérdida que causó su demolición. Los muros son nuevos, pero el aire que encierra es el mismo y condensa todos los momentos vividos. La imagen de la Virgen vuelve así a su posición prístina, ocupando el mismo lugar de antaño, en la cabecera del cuerpo antiguo, esta vez protegida en una hornacina, que, a modo de cueva, rememora su aparición a los guanches (aborígenes de las islas canarias).

El otro, a modo de llama -el fuego de la candela- busca la verticalidad, dotando de mayor representatividad al espacio interior, que culmina con un tragaluz que ilumina el presbiterio y conecta ambas naves, la antigua y la nueva, simbolizando que entre tradición y modernidad hay un puente.

La agregación de volúmenes enraíza con la tipología de la arquitectura religiosa vernácula, de crecimiento por naves, a las que se le adosa un patio. La estrategia de descomposición de la edificación en volúmenes diferenciados responde también a las rígidas condiciones urbanísticas que obligaban a la alineación a vial en todo el perímetro.

A nivel material, la construcción resulta de gran austeridad, la sencillez de los materiales utilizados y el empleo de recursos tales como la iluminación natural, dotan al espacio de un carácter ascético que busca lo esencial. El cuerpo que rememora la antigua ermita se ejecuta en hormigón ciclópeo con recuperación de la piedra natural existente en el solar. El acabado escodado de este cuerpo se termina, a la manera tradicional, con un albeo de cal. El blanco de la cal contrasta con el color ocre empleado en la nave nueva que se construye también en hormigón, esa vez teñido en masa y abujardado con distintas intensidades.

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La Guardia Civil de Guadix celebra hoy la fiesta de su Patrona con una Misa en la catedral

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La Guardia Civil de Guadix celebra hoy la fiesta de su Patrona con una Misa en la catedral

El obispo accitano será quien presida la Misa de la Virgen del Pilar en la catedral, a las 12 de la mañana

La catedral e Guadix acogerá este 12 de octubre la celebración de la fiesta de la Virgen del Pilar, en la que la Guardia Civil de la ciudad accitana va a honrar a su Patrona. Será a las 12 de la mañana, en un Misa que estará presidida por el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco. Los miembros de la Guardia Civil de Guadix participarán en la celebración y, a buen seguro, estarán acompañados por sus familiares, amigos y por muchos accitanos.

El 12 de octubre, además de ser el Día de la Hispanidad, es la fiesta de la Virgen del Pilar, a quien la Guardia Civil tiene por Patrona. En muchos cuarteles y en instancias superiores, la institución vive este día de fiesta con la celebración de una Eucaristía de acción de gracias, en la que, además, se pide por todos los guardiaciviles que han fallecido. Este es el caso de la ciudad accitana, donde viene siendo tradicional esta celebración con una Misa en la catedral. Les acompañarán también otros representantes de las instituciones de la ciudad, como la alcaldía, el ayuntamiento y los demás cuerpos y fuerzas de la seguridad del Estado.

El año pasado esta celebración se suprimió por culpa de la pandemia. No hubo Misa de 12 ni otros actos tradicionales, aunque sí hubo un grupo de guardiaciviles que quisieron participar en la celebración de la Eucaristía, a título personal, en la Misa de 10 de la catedral. Este año sí que se puede celebrar y, a buen seguro, se parecerá la jornada a lo que ha venido siendo tradicional.

Cabe reseñar que, como habrá Misa solemne a las 12 de la mañana, la Misa de 10 de la catedral se suprime.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de Mcs. Diócesis de Guadix

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