El año 1575, haciendo obras de restauración en los cimientos de la torre de San Pedro, se halló un sepulcro con una inscripción de algunos Santos Mártires. Analizado convenientemente por el Obispo Bernardo de Fresneda y elevado a Roma, Gregorio XIII lo remitió al Concilio de Toledo que se estaba celebrando. Dicho Concilio reconoció la autenticidad de estas reliquias y aprobó su culto que, desde entonces, se celebra el 26 de noviembre.
Óscar Santos y Malu Chamorro son el alma, los creadores y la dirección del musical “Conversión”, en el que se cuenta la vida de san Ignacio de Loyola desde los lenguajes actuales. Ante los micrófonos de COPE Málaga explican todos los detalles de una obra que cautiva al espectador.
El día 12 de noviembre tuvo lugar el estreno oficial del musical “Conversión» y el 27 el segundo pase, en el Colegio San Estanislao, en El Palo. Se podría decir que este musical ha sido un trabajo sinodal. ¿Cómo surgió?
Óscar: hace 3 años un jesuita de la Pastoral Nacional me comentó la posibilidad de hacer un musical contando la historia de conversión de Ignacio de Loyola, con motivo del 500 aniversario de tal suceso. Rápidamente pensé, tengo que ponerme en contacto con mi amiga Malu, porque sin ella no me sumerjo en esta locura. La llamé y, como ella es una persona soñadora como yo, se lanzó al reto conmigo, y aquí empieza la historia y todo lo que viene después.
Pues cuéntanos, Malu, ¿qué pensaste ante la propuesta?
Malu: Me reí mucho y pensé: “¿cómo hacer musical de alguien que se convirtió tumbado en una cama leyendo libros?”. Hay que pensar en bailes y canciones… todo con mucho ritmo ante una conversión tan estática, aparentemente. Un auténtico reto. Y como los retos nos encanta, los lanzamos.
Han sido 3 años complicados, con pandemia incluida. ¿Cómo se puede organizar y montar un musical en un tiempo de confinamiento y de pandemia?
Óscar: parece que lo más razonable hubiera sido decir que no. Además, en este tiempo, mi familia ha crecido con un hijo más y la de Malu con dos. A todo ello le unes el confinamiento, los ensayos al aire libre… Hemos vivido muchas cosas y ha habido un mogollón de gente involucrada: actores, actrices, bailarines, técnicos. Son gente que ha estado con nosotros en esta aventura que iniciamos y que ha sido un trabajo en equipo. Ha sido muy divertido también.
Malu: como dice el prólogo: «algunas veces sin vernos y otras viéndonos a medias” porque, hasta el último ensayo no nos vimos las caras actuando. Algo que yo nunca había hecho, claro. Ibamos con mascarillas. Hacer la dirección sin ver las caras completas era duro… La primera vez que las vi, en el último ensayo, me di cuenta de que sonreían y me llevé una sorpresa. Me había acostumbrado a ver ojos, nada más.
Por cierto, antes de comenzar la entrevista me decíais que la preparación de este musical ha sido toda una catequesis para el equipo, ¿es así?
Malu: así es. Emocionalmente hemos vivido lo que luego contamos en el musical: el sobreponerte a las dificultades que surgían, comprender las dificultades que les surgían a otras personas, acompañar todos los procesos, animarnos unos a otros… En todo eso hemos utilizado mucho también la historia que estábamos contando. Yo creo que nos hemos podido apoyar en lo que decían las canciones; estaban conviviendo con nosotros en todas esas dificultades reflejadas en esas frases de Ignacio como «en todo amar y servir” y «más en las obras que en las palabras». Esa última frase nos ha dado mucho juego en el teatro. La vivencia emocional que hemos compartido, y que seguimos compartiendo, ha formado un grupo muy especial. Hay gente muy trabajadora, todo el mundo ha apoyado a los demás sin anteponerse a sí mismo, sino mirando lo que el otro necesitaba. A esto me refería cuando decía que en los ensayos se ha respirado mucho de lo que se estaba contando en el musical a través de la vida de san Ignacio.
Y, ¿qué nos cuenta el musical “Conversión”?
Óscar: en «Conversión» se cuenta la historia de un hombre que era muy guerrero, muy soñador y muy beligerante en sus cosas y en su forma de ser. En un momento determinado la vida se le trunca y, en ese espacio de silencio se encuentra con Dios. Contamos el proceso de esa persona, cómo lo ha vivido emocionalmente. Al final, no deja de ser una catequesis para nosotros, que nos invita a aprovechar esa experiencia para ver que también es posible que tengamos un encuentro con Dios, sin que nos tengan que dar un cañonazo físico como a él. Eso es lo que venimos a contar, desde esa experiencia muy humana de Ignacio y, a la vez, muy transcendente. No estamos narrando una sucesión de hechos históricos. Malu lo ha reflejado muy bien en la dirección del guión, cómo sufre, se abre, escucha a otros…
Malu: es un personaje perfecto. Leyendo la autobiografía es donde encontré al personaje que yo buscaba. Quería hablar con muchos jesuitas para que me contaran su visión, y el confinamiento se llevó todos esos planes, pero ya estaba ahí Ignacio contando su propia historia en la autobiografía, que es muy sencilla y da muy pocos detalles históricos. Al final, era un poco lo que necesitábamos, porque los detalles históricos en una historia que tiene que ser tan emocional y en la que el teatro llega tan directo al corazón, a veces pueden ser complicados. Es mejor no meterse mucho en líos y, sin embargo, contar la historia de una persona que no era perfecta, y que muchas veces esa visión del «santo» que tenemos, tan perfecta y puesta ahí en los altares, no es la real. Al final del musical se puede ver cómo era exactamente la misma persona, con un truquillo que no vamos a desvelar ahora, pero era la misma persona al principio y al final, con su manera intensa de vivir las cosas, con su capacidad de analizar la realidad en la que vive; pero sus objetivos son otros, de repente, y el timón lo lleva otro.
Y para vosotros, concretamente, ¿qué es “Conversión”, qué os ha quedado de ella?
Óscar: yo me quedo con el grupo. Me quedo con mi proceso, con la gente, con las personas, con la ilusión. Me quedo con ese proceso complicadísimo en el que han surgido muchas cosas y siempre había obstáculos que salvar, pero el grupo siempre tenía un buen ambiente, siempre había comprensión ante las circunstancias. Te podría nombrar uno por uno a todos los miembros del equipo, pero son tantos los que han participado… Son más de 30 personas. Incluso gente que se animó con nosotros en la aventura y luego se ha ido cayendo o se ha ido sumando al final. Para mí, el grupo y la experiencia es lo más importante y lo más relevante de lo que he vivido, y con lo que me quedo.
Malu: ¿me puedo quedar con lo mismo que él? Bueno, por aportar otra cosa, me quedo con un personaje femenino que fue importante en la vida de Ignacio y que no es una alegoría, es un personaje de verdad. Acompaña a Ignacio de una manera muy especial, es la Anciana de Manresa. Creo que dice muchas cosas y que habla muchas cosas con él muy actuales y que nos sirven para acompañarnos en la vida.
El sábado 27 de noviembre, a las 20.00 horas, es el segundo pase de la obra pero… ¡seguro que vendrán más después!
Óscar: eso lo dejamos abierto a lo inesperado. Hay propuestas. Fuera de Málaga ya nos lo han pedido en varios sitios, pero tenemos que ver la viabilidad y las posibilidades Pero sí, tenemos propuestas fuera y, además, se ha grabado ya en vídeo y se va a hacer una producción con una empresa audiovisual… Habrá un formato físico que estará disponible en algún momento para que la gente pueda acceder a verla si no puede verla presencialmente, aunque el directo es el directo.
La Renovación Carismática Católica de Málaga celebrará un retiro de Adviento abierto a todos los malagueños del 10 al 12 de diciembre en Casa Diocesana Málaga.
Con el lema “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”, será dirigido por Arturo Morales, laico perteneciente a dicho movimiento. Se puede participar en las modalidades de interno y externo y comenzará el día 10 a las 18.30 horas para acabar el 12 después del almuerzo.
Los tratamientos para el cáncer son cada vez más efectivos, pero en algunas ocasiones, se agotan todos los abordajes terapéuticos y la patología no se resuelve. El enfermo, con un pronóstico infausto, recibe el alta hospitalaria y regresa a su casa para un seguimiento domiciliario controlado por el médico de cabecera y cuidados paliativos.
Esta situación genera una reacción emocional de desaliento, condiciona una progresiva disminución de la calidad de vida, elabora pensamientos de desesperanza e inutilidad, y, con una sutil marginación del sistema sanitario que “ha hecho todo lo posible”, la expresión de enfermo terminal retumba en su mente. El problema ya no es el cáncer sino la limitación de su existencia que, ante la ausencia de alternativas, le hace perder el significado de su vida: ideas de autolisis ocupan sus pensamientos.
¿Qué hacer?
En la dinámica hospitalaria, el objetivo de curar la enfermedad ha ocupado todos los recursos y preocupaciones de los profesionales y la persona ha sido una silenciosa y pasiva espectadora sin apenas protagonismo.
Es ahora cuando, en el arte de aliviar el sufrir humano, el médico conoce la grandeza de su vocación y tiene la ocasión de contemplar y atender a la persona con sus mejores y más selectivos recursos porque, en la praxis médica, donde no llega la ciencia llega siempre el corazón.
Es un tiempo de singular y decisiva importancia, en el que la letra M (misericordia) y la A (amor) con las que empieza y termina la palabra medicina, se deben de precribir con generosidad y sin miedo a sobredosis pues son, en todas las ocasiones, eficaces remedios sanadores.
Atender a la persona es hacerle sentir que es reconocida, comprendida, escuchada y sus palabras respetadas. Es tiempo de sembrar semillas diarias de alegría y esperanzas consoladoras y de argumentar que su presencia es necesaria y útil para la convivencia familiar, y todo con una delicada ternura que alimenta una calidad de vida que no deja de aumentar.
Recuperando su dignidad, también recupera las ganas de vivir y en sus ratos de soledad y silencio, empieza a consolidar un escenario interior en el que la paz y armonía son actores principales.
En este discernimiento, es sorprendido por noticias que le llegan de su hondón de trascendencias e inmortalidades que le hacen descubrir que es algo más que una mera estructura física-mental.
Y es que el hombre, aunque que fue hecho de la nada, no proviene de la nada o de nadie, sino que tiene un origen divino, pues Dios, cuando decidió su creación, en un acto de amor, se copió a sí mismo, y la imagen divina está presente en todo hombre: el deseo de Dios está inscrito en su corazón, porque ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará la verdad y la dicha que no cesa de buscar. Dotado de un alma espiritual e inmortal, es la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma y, desde su concepción, destinado a la bienaventuranza eterna.
Pero Dios, en su providencia, ha dispuesto que todos los acontecimientos que le suceden al hombre en su experiencia humana, no son dificultades sino significativas oportunidades para crecer en su amor y así, la muerte se troca en vida porque es la fiesta alegre y gozosa en la que el alma, abandonando su localización, se libera del cuerpo y pasa a la presencia de Dios que es su origen y definitiva meta.
La parroquia El Salvador, de Málaga, acogió a comienzos de noviembre el VII Encuentro Interparroquial convocado por la Comisión Diocesana de la Acción Católica General. Una jornada que se enmarcó en el Día de la Iglesia Diocesana y en la que se profundizó en la sinodalidad. Los coordinadores de Infancia, Juventud y Adultos de la ACG Málaga explican, ante los micrófonos de COPE Málaga, ¿qué signos de sinodalidad hay en estos encuentros?
Francis Abolacio, coordinador del Sector de Infancia de la Acción Católica en Málaga. Pertenece a la parroquia de la Divina Pastora, en Málaga: «Cuando, desde tu parroquia pequeñita encuentras esta herramienta, que es una red de parroquias que nos sirve para caminar juntos, para crecer, para complementarnos, descubres que las cosas, que a veces pueden parecer imposibles, se hacen posibles. Por ejemplo, los campamentos de verano. Una parroquia sola no puede hacer campamentos de verano, pero cuando nos unimos un grupo de parroquias, sale adelante. ¡Más sinodal y del Espíritu no puede ser!»
Ángela Quero, coordinadora del Sector de Jóvenes de la Acción Católica en Málaga. Pertenece a la parroquia de Victoria, en Málaga: «Estos encuentros nos ayudan a hacer Iglesia, en Málaga y a sentirnos unidos, salimos muy fortalecidos de estos encuentros. Os cuento desde mi experiencia. Yo vengo de una parroquia muy grande, muy potente, con muchos jóvenes, en la que sentíamos que podíamos con todo pero, también uno vive momentos de flaqueza y pobreza y esos momentos llegaron. Fue gracias a la Acción Católica, a los encuentros interparroquiales, a los campamentos, a los momentos de oración y de retiro, que nos vimos fortalecidos y regresamos a nuestra parroquia con ganas de seguir trabajando y anunciando a Cristo, de seguir construyendo el Reino de Dios, gracias a que te sientes parte no solo de tu parroquia, sino de una Iglesia mucho más grande y amplia. A mí me da mucha alegría cuando voy por la calle y me encuentro a alguien de otra parroquia a la que he conocido en uno de estos encuentros, pues te sientes unido en fraternidad con esa persona. No es solo el momento del encuentro, sino que después lo llevas a tu vida personal, a tu trabajo, a tu día a día, y te sientes siempre conectado con otras personas. Eso sucede gracias a estos encuentros. Es verdad que, en la vorágine de nuestra vida nos cuesta sacar un hueco para participar en ellos, pero lo que te llevas es mucho más grande».
Mª Carmen Reyes, coordinadora del Sector de Adultos de la Acción Católica en Málaga. Pertenece a la parroquia de San Ramón Nonato: «Estos encuentros interparroquiales son un instrumento esencial en este camino que comenzamos de la sinodalidad, porque nos unimos laicos de distintas parroquias, sacerdotes, religiosos… todos con un mismo objetivo: anunciar a Cristo con obras y palabras, que es el lema de este encuentro interparroquial. La parroquia a la que pertenezco, y en la que vivo mi fe, que es San Ramón Nonato, se ha visto muy ayudada por estos encuentros, ya que es una parroquia pequeña. Nos sentimos acompañados y en comunión con otras parroquias».
El Real Alcázar de Sevilla ha acogido esta tarde, pasadas las 19.00 horas, la sesión inaugural de la XLIII Semana Social de España que hasta el sábado, día 27 de noviembre, debatirá sobre el tema, “La regeneración de la vida pública. Una llamada al bien común y a la participación”.
Palabras de bienvenida del arzobispo de Sevilla
El primero en tomar la palabra ha sido el arzobispo de Sevilla, Mons. José Ángel Saiz Meneses para ofrecer «mi acogida fraterna» y manifestar «el mejor deseo de un desarrollo feliz de esta Semana Social».
«Estas jornadas -ha puntualizado- llevan a cabo una valiosa aportación al discernimiento del espacio y el tiempo de la Iglesia, de su iluminación del momento presente y de su contribución, desde la reflexión y la práctica, al bien común de la sociedad. Para ello, cuentan con expertos de los ámbitos de la política, así como de la economía y de la solidaridad, que realizan sus aportaciones a la luz del humanismo cristiano».
El prelado, después de realizar un breve apunte sobre la historia de la ciudad de Sevilla, que ya ha sido sede de la Semana Social en 1908, 1965 y 1978, ha terminado sus palabras destacando que, el tema elegido «no puede ser de mayor actualidad y urgencia». Pues como nos recuerda el papa Francisco, «es preciso generar un nuevo humanismo que canalice la irrupción de la fraternidad para terminar con la globalización de la indiferencia y la hiperinflación del individuo (cf. Soñemos juntos, p. 48). No podremos llevar a cabo esa tarea con trucos de maquillaje que tapan la realidad, o aplicando remedios superficiales. Se trata de llegar a la raíz de los problemas y aplicar los remedios pertinentes, para poder regenerar en el individuo y en la comunidad los valores morales y sociales que se consideran perdidos o han quedado disminuidos. Una tarea profunda y compleja que requiere la aportación de todos los agentes e instancias de la sociedad».
Saludo de bienvenida del teniente del alcalde, Juan Carlos Cabrera
Seguidamente ha mandado un saludo de bienvenida, en nombre del alcalde de Sevilla, Juan Espadas Cejas, el teniente de alcalde Juan Carlos Cabrera Valera, quien ha destacado el valor de estas Jornadas para trabajar por el bien común de la sociedad. En su intervención ha trasladado el mensaje de bienvenida y cercanía del alcalde de Sevilla. En su intervención ha remarcado que «Es importante que se celebren estas semanas sociales porque el humanismo cristiano tiene que estar presente no sólo cuando hacemos profesión de fe sino también porque los valores sociales del cristianismo tienen que estar presente en la sociedad”. Además ha pedido al nuncio del Papa que traslade al Santo Padre el cariño de la ciudad de Sevilla, ciudad mariana acogida a la protección de María
Palabras del Nuncio, Mons. Bernardito Auza
Seguidamente tenía lugar la intervención del Nuncio apostólico en España, Mons.Bernardito Auza, que antes de dar lectura al Mensaje del Santo Padre, ha dirigido unas palabras a los participantes en esta Semana Social y ha mostrado su cercanía con la Iglesia hispalense, «como filipino y católico, siento un lazo umbilical con esta ciudad».
Respecto al tema del encuentro, Mons. Auza ha destacado «que los discípulos de Cristo tienen por vocación la participación activa en la vida pública, porque es parte integrante de su propia fe servir el bien común. La Iglesia católica tiene un rico tesoro en su Doctrinal Social, que nos insta a poner en práctica nuestra fe con gestos concretos en todos los ámbitos de la vida pública. Tanto como individuos y como sociedad, nuestra fe no nos deja indiferentes, puesto que la respuesta a la falta de bien común, y la solución a situaciones de pobreza, de injusticia y de explotación no es sólo la denuncia sino, sobre todo, la promoción activa del bien.
También ha señalado que el papa Francisco no se cansa de recordarnos como el caminar juntos o una Iglesia en salida «son expresiones de nuestra vocación a contribuir incesantemente, enriquecer generosamente, y regenerar constantemente la vida pública a favor del bien común». Y ha recalcado que son principios fundamentales la solidaridad, la participación y la responsabilidad compartida.
«El bien -puntualizaba- no puede ser ni público ni común si no sirve a toda la sociedad, si no sirve a la persona humana, que es la cumbre de la creación y el centro del orden social, económico y político. En efecto, la solidaridad “constituye uno de los principios básicos de la concepción cristiana de la organización social y política” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n.580)».
El Nuncio apostólico reconoce que “la regeneración de la vida pública” es una tarea difícil, pero necesaria. Una tarea que «la Iglesia nos confía desde siempre, pero en particular en nuestro tiempo, en el cual las incertidumbres y la precariedad marcan la existencia de tantas personas y comunidades, agravadas últimamente por la pandemia, interpelándonos más que nunca».
Por eso, se ha congratulado de que la Conferencia Episcopal Española marqué entre sus prioridades pastorales «impulsar la difusión y formación de la Doctrina Social de la Iglesia para concienciar en la dimensión social de la fe y la caridad política” y ha agradecido, en nombre del Santo Padre, «haber escogido este tema como eje central de vuestras reflexiones».
Mensaje del Papa a los participantes en la Semana Social
Seguidamente, el Nuncio apostólico ha leído el mensaje que, en nombre del Santo Padre, ha dirigido el secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, al obispo consiliario de Semanas Sociales, Mons. Abilio Martínez Varea.
Un mensaje en el que el papa Francisco «anima a reflexionar sobre procesos sociales que generen fraternidad y justicia para todos» para avanzar «hacia un orden social y político cuya alma sea la búsqueda del bien común».
«Es ésta -resume el cardenal Parolin- la auténtica regeneración de la política y la vida pública, responder a su más alta vocación, la de ser una de las formas más preciosas de la caridad«.
Palabras de Jesús Avezuela, presidente de Semanas Sociales
El acto inaugural se ha cerrado con las palabras del presidente de Semanas Sociales, Jesús Avezuela, para agradecer, en primer lugar, al alcalde y al arzobispo de Sevilla, la cesión de «este privilegiado espacio del Real Alcázar de Sevilla en el que podemos celebrar este solemne acto».
Jesús Avezuela ha vuelto brevemente a los inicios de las Semanas Sociales que, desde Francia, llegaron a España en 1906, «en un momento en el que se vivía un especial desencanto y decepción», que guarda cierto paralelismo con el momento actual «con una absoluta transformación social y del trabajo derivada de los procesos de tecnologización y donde, además, se pueden percibir sentimientos de desencanto o desconfianza social hacia lo político o, incluso, institucional».
En este contexto, Semanas Sociales de nuevo se ofrece a ser ese espacio de encuentro «para diagnosticar y tratar algunos de los problemas de nuestra sociedad, con el fin de seguir progresando y construyendo para las generaciones venideras«. Y «un lugar privilegiado donde poder reflexionar acerca del papel de los católicos y de lo que podemos aportar -como individuos y como Iglesia- a la vida pública, entendida en un sentido amplio«.
El presidente Semanas Sociales ha valorado la riqueza del trabajo previo que desde el mes de septiembre se ha desarrollado en varias diócesis españolas y que ha permitido que se generen «debates con una especial altura de miras y con una visión global de muchos aspectos». La situación actual, marcada por el impacto de la pandemia, es el momento oportuno para «renovar estas iniciativas de encuentro y diálogo social y cultural, poniendo en común los distintos enfoques y aportaciones de los foros de deliberación elaboradas por los grupos de trabajo integrados por expertos en temas políticos, económicos y socioculturales de las diócesis que, de manera común, han subrayado la necesidad de mirar sin distracciones al bien común».
En definitiva, ha concluido, «la regeneración de la vida pública requiere una especial orientación al bien común. Y en este punto, es importante la implicación de los católicos, desde la pluralidad y diversidad, en la esfera pública desde el diálogo y no, simplemente, ocupando espacios de poder e influencia, así como de repensar el papel de las religiones, en especial de la Iglesia católica».
Ponencia inaugural del secretario general, Mons. Luis Argüello
Seguidamente el secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Luis Argüello, ha pronunciado la ponencia inaugural. En su intervención señala cómo la caridad política vertebra el eje de la relación entre el cristiano y la sociedad en la que vive. Por eso, la respuesta a la pregunta sobre cómo regenerar la vida pública.
El momento histórico que hay que iluminar la caridad política y por tanto» la acción personal y comunitaria en ambientes e instituciones, para vivir el coloquio entre razón y fe, Iglesia y sociedad, historia y reino de Dios». Estamos en un verdadero cambio de época. Ese cambio de época se hace visible en la significación de la vida humana en este momento. «Hay un planteamiento hoy de lo humano que está en cuestión». Animó en su palabras a «se trata de hacer presente el amor de Dios en el mundo a través de su cuerpo de bautizados», «una acción que remueve personas, ambientes e instituciones».
La Facultad de Teología San Isidoro será la sede de los trabajos de mañana, viernes 26 de noviembre, reservados a los portavoces de los grupos de trabajos diocesanos. Les dará la bienvenida el decano de esta Facultad, Manuel Palma Ramírez.
Para el sábado se han programado dos mesas redondas: «Una mirada desde la política» y «Una mirada desde la empresa y el sector social»; además de la presentación de las conclusiones y el acto de clausura, que dará comienzo a las 13.00 horas.
«La familia tiene una vocación natural de educar a los niños. ¡No renuncien a tener hijos por miedo a no poder educarlos y prepararlos para afrontar los retos y responsabilidades de la vida! La crianza de los hijos requiere amor y el deseo de sacar al otro lo mejor de sí mismo». Son palabras del Papa Francisco en esta octava entrega de esta serie de vídeos que, con motivo del año Familia Amoris Laetitia publica el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida en colaboración con el Dicasterio para la Comunicación.
Entre los testimonios, Patrizia, madre de una familia misionera itinerante, actualmente en Maastricht Holanda, explica: «Intentamos hacerlo con nuestra debilidad, llevándolos con nosotros a la Eucaristía desde la infancia, rezando con ellos por la mañana y por la noche, antes de las comidas haciendo una oración, y especialmente los domingos haciendo una celebración en casa muy festiva, en la que el padre de familia pregunta a cada uno de ellos: “¿Cómo ilumina tu vida la Palabra de Dios?». A través de este diálogo, los hijos se acostumbran a crecer sabiendo que Dios está presente en su historia y que actúa en ella».
El Santo Padre presenta los capítulos de esta exhortación, junto con familias que dan testimonio de algunos aspectos de su vida cotidiana. Así, cada mes, durante 10 meses, se viene publicando un nuevo vídeo con las reflexiones del Papa y los testimonios de familias de todo el mundo, en diálogo.
Cada video va acompañado de un subsidio pastoral, que puede ser utilizado de manera flexible tanto por las familias como por las distintas realidades eclesiales (diócesis, parroquias, comunidades). Cada subsidio, además, está subdividido en 4 partes, cada una de las cuales puede ser utilizada para profundizar en la familia o la comunidad, incluso en momentos diferentes.
Esta herramienta pretende ser una ayuda para la pastoral familiar, con propuestas y sugerencias que pueden adaptarse al contexto local. El objetivo es alimentar la reflexión, el diálogo y la práctica pastoral y, al mismo tiempo, dar valor, estímulo y ayuda a las familias en su vida espiritual y concreta de cada día.
En la tarde de hoy, jueves 25 de noviembre, hemos conocido la triste noticia del fallecimiento del sacerdote diocesano, Rvdo. P. Balbino Reguera Díaz, a la edad de 76 años. Ordenado en 1970, actualmente ocupaba el cargo de ecónomo del Cabildo Catedral de Cádiz y adscrito a la parroquia Nuestra Señora de La Merced (Cádiz).
Precisamente, la parroquia de Nuestra Señora de la Merced acogerá esta noche la capilla ardiente. Los fieles que quieran orar para dar gracias por su servicio sacerdotal y rogar por su eterno descanso pueden hacerlo desde esta noche, a las 21.30 horas, y hasta las 08.00 de mañana viernes 26 de noviembre. Posteriormente, será trasladado a San José del Valle, donde se celebrará la misa exequial en la Iglesia de San José, donde también tendrá lugar el funeral, a las 17.30 horas.
Desde el Cabildo Catedral han mostrado su pesar por el fallecimiento del Padre Balbino y agradecen el esfuerzo y la entrega durante todos estos años como canónigo y administrador del primer templo de la diócesis. Además, piden a los fieles que recen por su alma y su eterno descanso.
Un sacerdote de una notable paciencia humana y de una impaciencia evangélica.
Por: José Antonio Hernández Guerrero
Este sacerdote bueno, que durante cincuenta años ha desarrollado en la Diócesis sus tareas pastorales como coadjutor, párroco, arcipreste, canónigo y delegado episcopal del clero, ha sido, sobre todo, un hombre sencillo, detallista, responsable y eficaz, que ha empleado su tiempo -todo su tiempo- en servir a los fieles y en acompañar a sus hermanos, los sacerdotes. La corpulencia física de este vallense nos ha revelado las amplias dimensiones de su espíritu noble, y su fortaleza corporal ha sido la expresión transparente de la consistencia de su confianza en las palabras de Jesús de Nazaret. Realista, reflexivo y coherente, el padre Balbino estaba dotado de una inteligencia práctica y de unos sentimientos nobles que le han dictado el rumbo de su andadura personal y de su trayectoria pastoral: su entrega generosa a la Iglesia y su amor sin fingimientos a los feligreses.
A mí me llamaba la atención, sobre todo, su habilidad para huir, tanto de la blandura condescendiente como de la intolerante rigidez. Por eso, quizás, no sucumbió a la obsesión de estar a la última moda ni de dejarse impresionar excesivamente por los alardes de una modernidad efectista en la que viven algunos de sus compañeros.
Dotado de una notable paciencia humana y de una impaciencia evangélica, con sus actitudes, más que con sus discursos, nos explicaba que su tarea sacerdotal consistía en acompañar a sus conciudadanos por los caminos convergentes que conducen hacia la madurez humana y hacia la búsqueda de los valores trascendentes. Las fidelidades de este hombre franco, claro y directo, enemigo de las ambigüedades y de los circunloquios, nos han estimulado para que, unidos y reunidos, construyéramos la ciudad terrena implantando la libertad, el amor y la comunión fraterna. Amante de la vida buena y de la buena vida, nos contaba los ecos entrañables que, en el fondo de su espíritu, despertaban los mensajes de Jesús de Nazaret. Balbino servía al Evangelio con una fidelidad original, en comunión afectiva y efectiva con los sacerdotes que integran el presbiterio diocesano.
Sin petulancia y sin teatralidad -aunque, a veces se le escapaba cierto desdén por los teóricos errantes que se dejan llevar por la publicidad y por frívolos incapaces de reprimir el apetito desordenado de ser otros- nos proporcionaba argumentos que evidenciaban una insobornable personalidad humana y una conciencia ética y evangélica que le impedían hacer trampas, vulnerar los principios y transgredir las normas.
Balbino contemplaba el mundo que le rodeaba -cada uno de los elementos de la naturaleza y cada uno de los miembros de la sociedad- con la limpia ingenuidad y con la candorosa lucidez del niño que descubre los misterios de las cosas elementales. Con sus ojos abiertos y con sus oídos atentos, penetraba en la vida práctica, atendía los asuntos sin turbarse y entendía a sus convecinos a los que trataba siempre situándose en su mismo terreno y participando de sus mismas preocupaciones. Con su familia, somos muchos los amigos que le deseamos que descanse en paz.
La Delegación Diocesana para la Pastoral Vocacional organiza una convivencia para jóvenes mayores de 13 años que de algún modo se sientan llamados a seguir al Señor como pastores. Este encuentro tendrá lugar este domino, 28 de noviembre, en el Seminario Diocesano. Con ocasión de esta convivencia vocacional hemos hablado con su delegado, el sacerdote José Antonio Calvo Millán, formador del Seminario.
El pasado 12 de abril, el Obispo de Huelva nombraba como Formador del Seminario; y Delegado Diocesano para la Pastoral Vocacional al sacerdote José Antonio Calvo Millán, de 44 años de edad y natural de La Palma del Condado y que hasta el 28 de junio de este año, desarrollaba su labor pastoral como Vicario Parroquia de la Asunción y del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío en Almonte y la Aldea de El Rocío respectivamente, durante los seis primeros años de su ministerio sacerdotal.
José Antonio Calvo, formador del Seminario Diocesano y delegado diocesano de Pastoral Vocacional
Calvo ha acogido este encargo con disponibilidad, confianza y agradecimiento. “Disponibilidad porque no se trata sólo de una cuestión de obediencia a Dios y a la Iglesia porque sí, sino, más bien, supone asumir y hacer vida la obediencia que los sacerdotes prometemos al obispo diocesano y a sus sucesores el día de nuestra ordenación, y cuya entrega, como servicio en fidelidad a la Esposa, hace del corazón del sacerdote un corazón continuamente disponible y que responde siempre sí a las necesidades de la Iglesia. Es lo que intento vivir, como dice san Agustín: “amoris offcium”, es el oficio del buen pastor, que da su vida por la ovejas (cf. Jn 10, 14-15). Confianza, porque soy consciente de que la tarea no es fácil, pero también sé que todo lo que constituye nuestro ministerio no es producto de nuestra capacidad personal (Cfr. Jn 15, 1-8). Realmente es Jesucristo quien ha querido contar conmigo sin mérito alguno por mi parte. Si Él está siempre en el centro, como el origen y meta de mis acciones ministeriales, ¿qué puedo temer? No hay más que lugar para la esperanza. Y también con mucho agradecimiento: en primer lugar a Dios, que se sirve de mediaciones humanas que, sin lugar a dudas, me ayudan a mí también a renovar mi vocación sacerdotal y a regustar el amor primero. También al Sr. Obispo que ha puesto su confianza en mí para la tarea de la Pastoral Vocacional. Es algo muy importante para la Iglesia y de manera especial para nuestra Iglesia particular. También tengo que dar las gracias a todos aquellos hermanos sacerdotes que me han precedido en esta labor y que me consta que han puesto todo su esfuerzo, ilusión, cariño y amor por la Iglesia en la animación de la Pastoral Vocacional”.
“Es muy necesario queestemos convencidos de verdad de que todos los miembros de la Iglesia, sin excluir a ninguno, tenemos la responsabilidad de cuidar y animar las vocaciones, de un modo especial las sacerdotales”
La Pastoral Vocacional se plantea, principalmente, despertar y provocar el interés por la vocación al sacerdocio diocesano secular en nuestra Iglesia particular de modo que las acciones que llevemos a cabo descubran la importancia del sacerdocio, pero también que sea un cauce para que los jóvenes puedan descubrir esta particular llamada. En palabras del delegado, “es muy necesario que estemos convencidos de verdad de que todos los miembros de la Iglesia, sin excluir a ninguno, tenemos la responsabilidad de cuidar y animar las vocaciones, especialmente las sacerdotales. Las familias, los catequistas, los profesores, los educadores, los animadores de la pastoral juvenil, cada uno con los medios de que disponen, tienen un papel fundamental en la pastoral de las vocaciones sacerdotales. Dar a conocer con verdad la figura del sacerdote hará posible que se valore el carácter insustituible de la vocación y la misión sacerdotal”.
“Los numerosos grupos y movimientos que existen en nuestra Diócesis” –insiste– “tienen que resultar un campo propicio para suscitar la pregunta: “¿qué quiere Dios de mí?, y para que puedan cultivares nuevas vocaciones, en particular a la vida sacerdotal. No son pocos los jóvenes que en ese ambiente han encontrado la llama a la vida consagrada o al sacerdocio”.
Junto a esto, uno de los objetivos que se plantea desde el Seminario y esta delegación es el acompañamiento de esos jóvenes que descubren esa inquietud, ayudándolos a responder “desde un discernimiento cuidado y serio para que el joven pueda responder conscientemente y en libertad a la llamada de Dios”.
De este modo, la Pastoral Vocacional lleva adelante numerosas iniciativas a fin de cumplir estos objetivos, tal es el caso de esta primera convivencia vocacional del curso que han preparado con mucho cariño y esmero. De este modo, adolescentes y jóvenes mayores de 13 años que sientan una cierta inquietud vocacional al sacerdocio ministerial puedan participar de esta convivencia que acoge el Seminario Diocesano este finde semana bajo el lema“Subió al monte y llamó a los que Él quiso…” (Mc 3, 13).
La jornada comenzará con una catequesis relacionada con el discernimiento y la llamada de Dios a la vocación sacerdotal, tras la cual se compartirá algunas oraciones y un rato de reflexión. Pero también habrá tiempo para la convivencia y el ocio compartido con los seminaristas, espacio al que se dedicará la tarde, un modo de estrechar relaciones en un ambiente distendido.
Junto a esta actividad, también se han retomado los encuentros de monaguillos, una iniciativa que a causa de la pandemia no había podido realizarse últimamente y que tendrá lugar el 4 de diciembre (a partir de las 10.30 h.) en el Seminario Diocesano.
Además, explica José Antonio Calvo, «estamos visitando distintas parroquias de la Diócesis en los diversos arciprestazgos. Ya hemos estado en las parroquias de la Asunción de Almonte, Santa María Madre de la Iglesia, La Sagrada Familia, Beata Eusebia Palomino, Santa Teresa de Jesús, Virgen de Belén de la capital, junto al monasterio de Santa María de Gracia de las Agustinas, y Ntra. Sra. de las Angustias de Ayamonte, San Pedro de Cartaya, o las parroquias de Villalba del Alcor y Manzanilla”. Con esta propuesta la Pastoral vocacional pretende acercar el Seminario a todos los rincones de la diócesis e invitar a los más jóvenes a conocer cómo viven los seminaristas y a plantearse su vocación.
En nuestra conversación, el delegado diocesano para la Pastoral Vocacional no quiso terminar sin volver a insistir en “la necesidad de que en las comunidades parroquiales se ore por el aumento de vocaciones al sacerdocio en nuestra diócesis y por el Seminario Diocesano, y os invitamos a promover o retomar la adoración eucarística de los primeros jueves de mes pidiendo al Dueño de la mies que envíe operarios a su mies (cf. Lc 10, 2)”.
En mi libreta de ideas para estos artículos apunto algunas imágenes o ideas que no puedo “dejar pasar”, que se me quedan grabadas en la retina de mi alma. La primera anotación se titula “el abrazo de María”. Seguro que recordáis el triste episodio del atropello en un colegio de Madrid. Una vez certificada la muerte de su hija, María la madre de la niña atropellada, abrazó a la mujer que confundió las marchas de su Volvo.
La otra opción podía haber sido el resentimiento o la venganza, la demanda judicial o incluso la violencia. La fe de María y su altura personal le hizo empatizar con aquella torpe mujer que atropelló sin querer a su querida hija. Me pregunto qué habríamos hecho cada uno de nosotros y qué estamos haciendo con las personas que nos “atropellaron” en nuestra vida.
Y es que, a veces, podemos vivir anclados en el resentimiento y encadenados a la ofensa que se nos infringió, dándole vueltas a aquello que nos dolió, trayendo a la mente constantemente a aquel que nos ofendió. Sin saberlo, estamos malgastando la vida porque el resentimiento requiere una cantidad ingente de energías y necesita que le echemos permanentemente de comer.
Jesús nos llama desde la cruz a descubrir la otra lógica. No la del rencor y la venganza. No la del agravio sin salida. No la del reproche definitivo, sino la disposición para ayudar a sanar. La del mantener los puentes tendidos. Y es que, si alguien que podría cerrarte la puerta, la mantiene abierta. Si quien conoce tu fragilidad y tu barro, sigue mirándote con aprecio. Si quien podría juzgarte con dureza, te mira con misericordia, entonces entenderás un poco más a Dios… y su evangelio.
Querido enemigo: te suelto, quedas libre. No lo hago por ti (que no me caes muy bien) sino por mí. Porque ya has estado mucho tiempo en mi mazmorra, porque al final quien sufro soy yo, porque lo que intento creer y a quien procuro seguir supo perdonar en la cruz a sus asesinos. Porque todos merecemos otra oportunidad, y se me acabaron las fuerzas para seguir odiándote. Vuela, que yo también tengo ganas de cielo.
Ramón Bogas Crespo
Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería