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«Para la Legión de María es muy importante el apostolado concreto»

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Bajo el lema “Con María, 100 años dando a conocer a Jesús”, la Legión de María, movimiento inserto en la Delegación de Apostolado Seglar de la Diócesis de Málaga, está celebrando su centenario. Ana Rosas es miembro de dicho movimiento desde hace 52 años. 

¿Cómo conoció usted la Legión de María?

Pues a través de una chica joven irlandesa que, en el año 69, nos reunió en la parroquia de Nuestra Señora de la Victoria, en Málaga. Ahí se formó el primer grupo, que llevamos ya 52 años caminando juntos. Yo tengo 86 años, más años dentro de este movimiento que fuera. Era una chica joven, pero tenía una fuerza evangelizadora. Se crearon grupos en las parroquias de San Pablo, San Felipe (que fue la primera de Málaga), la Divina Pastora, el Carmen y la Victoria.

¿Cuál diría usted que es el carisma de este movimiento? ¿Qué es lo que le enganchó?

Fue su idea de la santificación personal mediante la oración y el apostolado lo que me sedujo. Para la Legión de María es muy importante tener un apostolado concreto, aunque seamos cristianos las 24 horas del día, por supuesto. Somos enviados de dos en dos a ese apostolado, para que sea un compromiso que también nos va formando. En muchas ocasiones, sobre todo cuando haces una visita a un enfermo, se recibe más de lo que se da.

Celebrar el centenario supongo que es una gran alegría para todo el movimiento.

Cierto, una gran alegría. De esos 100 años, 52 he estado dentro y es para mí una satisfacción muy grande. D. Jesús Catalá, nuestro Obispo, acogió con mucho cariño la celebración y nos dedicó unas palabras preciosas en la Catedral.

Estamos viviendo un momento duro, aún marcado por la pandemia, pero estamos en manos de la Virgen y vamos retomando, poco a poco la normalidad en los grupos.

¿Cuáles son los campos de apostolado a los que se dedican?

El apostolado es muy amplio. Sobre todo, estamos en las parroquias a disposición del párroco, a lo que él nos envíe: catequesis, visitas a domicilio, visitas a enfermos y ancianos en sus casas, hospitales, residencias… Pero claro, ahora con la pandemia, como no se puede visitar a nadie, pues todo con mucha precaución.

¿Y cuáles son las oraciones que más recitan en La Legión de María?

Nuestra oración de cabecera, que rezamos todos los legionarios de María todos los días, es el MAGNIFICAT, a la que llamamos “catena”, por ser una cadena de oración que nos une a todos. 

Por otro lado, en nuestras reuniones semanales exponemos cómo ha ido nuestra semana, después tenemos una parte formativa y concluimos con el rezo del rosario y una preciosa oración que os comparto:

«Señor, concédenos a cuantos servimos bajo el estandarte de María, la plenitud de fe en ti y confianza en Ella, a la que se le ha concedido la conquista del mundo. Concédenos una fe viva que, animada por la caridad, nos habilite para realizar todas nuestras acciones por puro amor a Ti, y a verte y servirte en nuestro prójimo; una fe firme e inconmovible como una roca, por la cual estemos tranquilos y seguros en las cruces, afanes y desengaños de la vida; una fe valerosa, que nos inspire comenzar y llevar a cabo sin vacilación grandes empresas por tu gloria y por la salvación de las almas; una fe que sea la Columna de Fuego de nuestra Legión, que hasta el fin nos lleve unidos, que encienda en todas partes el fuego de tu amor, que ilumine a aquellos que están en oscuridad y sombra de muerte, que inflame a los tibios, que resucite a los muertos por el pecado; y que guíe nuestros pasos por el Camino de la Paz para que, terminada la lucha de la vida, nuestra Legión se reúna sin pérdida alguna en el Reino de tu amor y gloria». Amén”.

Gracias por compartir tan preciosa oración con los lectores. Ana, ¿cuál es su acción de gracias a Dios en este centenario?

Le doy gracias porque me ha hecho acercarme más a Dios y trabajar por Él. Antes vivía un poco tibia, iba a las reuniones y tal, pero pertenecer a la Legión de María me ha hecho implicarme más. Vas a visitar a un enfermo y sufres con él, y terminas viendo verdaderos cambios de vida. Nuestro lema de este centenario es “Con María, cien años dando conocer a Jesús”, al menos tratando de hacerlo, muchas veces no lo consigo, pero esa es la misión y en ello estamos.

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«Termino mi visita a esta querida Diócesis a los pies de la Santa Cruz»

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El nuncio del Papa en España finaliza su visita a la Diócesis de Cartagena en Caravaca de la Cruz.

El nuncio apostólico del Papa en España, Mons. Bernardito Auza, ha finalizado su intensa visita a la Diócesis de Cartagena en Caravaca de la Cruz. A las 17:00 horas, llegaba al Ayuntamiento caravaqueño donde era recibido por el alcalde, José Francisco García. Allí firmaba en el libro de honor y recibía del alcalde una réplica en miniatura del santuario de la Vera Cruz.

Mons. Auza visitaba después el santuario de la patrona de los caravaqueños, la Santísima y Vera Cruz, cuya fachada se ha restaurado recientemente recobrando los colores originales del mármol que la cubre. El nuncio ha entrado por la puerta principal, puerta que no se abría desde el inicio de las obras de restauración. Mons. Auza también ha firmado en el libro de honor de la Cofradía de la Vera Cruz y el hermano mayor de la misma, Luis Melgarejo, le ha regalado la cruz de hermano cofrade en plata. «Es un día muy grande, porque nos visita el máximo representante del Papa en España», ha declarado Melgarejo.

A las 18:00 horas, el nuncio presidía el rezo de Vísperas en el santuario ante la presencia del Lignum Crucis. Como en todas las celebraciones que han tenido lugar estos días, el obispo de Cartagena tomaba la palabra al comienzo de este tiempo de oración, hablando, en primer lugar, de la celebración, cada siete años, de un Año Jubilar, concedido por san Juan Pablo II, a petición de su antecesor Mons. Javier Azagra: «Es una oportunidad de reflexión, de hacer el camino y volver el rostro a Dios; es un acontecimiento feliz y el triunfo del camino es llegar aquí y encontrarse con el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo». Mons. Lorca ha destacado también la devoción de los caravaqueños por su patrona: «Caravaca mira a la cruz, gira entorno a esta bella, extraordinaria y maravillosa reliquia que es la cruz de Nuestro Señor Jesucristo y todos los caravaqueños la sienten profundamente en el corazón».

El nuncio agradecía poder finalizar su visita en este lugar: «Termino mi visita a esta querida Diócesis a los pies de la Santa Cruz, doy gracias al Señor en este lugar tan singular para la Diócesis de Cartagena por los dones con los que Dios os enriquece y por la luz de su gracia que os impulsa a trabajar por su reino; que esa luz, ese amor, os ayude en las dificultades y retos que siempre acompañan y que son ocasión para mantener la fidelidad».

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XXIX Encuentro diocesano de oración

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Con el lema San José, silencio y oración celebraron este nuevo encuentro que hace el nº 29 en la parroquia San José Artesano de San Fernando con la presencia del obispo diocesano Mons. Rafael Zornoza que expuso el Santísimo y presidió el rezo de Laudes con una invitación a poner cada día más ahínco a ir ratificando nuestro llamamiento y elección como discípulos de Jesús y ciudadanos del cielo que vivimos una fuerte conversión para dar esperanza a nuestro mundo.

Diversos movimientos relacionados con la oración ayudaron a profundizar en la figura de San José: El silencio de San José y el silencio de Dios (Talleres de Oración y Vida), San José, pobreza y humildad (Grupos de Oración Teresiana), La oración en el día a día de San José  Fraternidad Velad y Orad), San José y la confianza en Dios (Renovación Carismática Católica) y se terminó con la bendición del Santísimo y despedida a cargo del Rvdo. Lázaro Albar, Vicario Episcopal de la Bahía y la Janda. Unas setenta personas y algunos sacerdotes del Arciprestazgo participaron en dicho encuentro. «Que el Señor siga alentando a nuestra Iglesia Diocesana con el don de la oración para que sea la fuerza de nuestra misión evangelizadora».

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El nuncio acompaña a la gran familia cofrade en su jornada diocesana

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Alcantarilla ha acogido hoy la XVIII Jornada Diocesana de Hermandades y Cofradías, un día de encuentro entre cofrades que cada año organiza la Delegación de Hermandades y Cofradías de la Diócesis de Cartagena junto al cabildo o junta de cofradías de la ciudad que ejerce de anfitriona.

A las 12:00 horas, tenía lugar la celebración de la Eucaristía, presidida por el nuncio apostólico del Papa en España, Mons. Bernardito Auza, acompañado por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca; el obispo auxiliar, Mons. Sebastián Chico; y el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil. Una veintena de sacerdotes participaban en la celebración, entre ellos, el delegado de Hermandades y Cofradías, Silvestre del Amor.

Llenaban la explanada del recinto ferial de Alcantarilla cofrades llegados desde todos los rincones de la Región de Murcia y, entre las autoridades, el presidente autonómico, Fernando López Miras; el alcalde de Alcantarilla, Joaquín Buendía; y el presidente de la Asamblea Regional, Alberto Castillo.

Al inicio de la celebración, el obispo de Cartagena ha saludado al nuncio y a los cofrades, agradeciendo al alcalde de Alcantarilla y a las cofradías locales su esfuerzo en la organización de esta jornada, junto a la Delegación de Hermandades y Cofradías. «Esta jornada es un camino de encuentro con la Iglesia diocesana y universal, en la alegría y el gozo; tal y como nos indica el Papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti, aspiramos a un mundo abierto para el que necesitamos un corazón abierto», ha subrayado Mons. Lorca.

El prelado ha destacado además el carácter solidario de los cofrades de la Diócesis, más de 600 cofradías de pasión a las que se suman las de gloria: «Todos tienen una fuerte y sincera conciencia de solidaridad porque ayudan con su esfuerzo a las instituciones de caridad. Saben levantar la bandera del compromiso porque llevan sobre sus hombros al mismo Cristo en su pasión, muerte y resurrección».

Mons. Auza ha trasladado a todos los presentes la bendición del Papa Francisco: «Sé que vuestro obispo reconoce con agradecimiento la labor que realizáis». También les ha hablado del concepto de sinodalidad, que no es algo extraño a la vida de la Iglesia, ya que proviene de Sínodo que significa camino que quienes integran el Pueblo de Dios han de recorrer juntos.

Antes de finalizar la celebración, el alcalde de Alcantarilla, Joaquín Buendía, ha realizado una acción de gracias a Dios por la jornada vivida: «Gracias Señor por darnos la oportunidad de acoger esta jornada, encuentro de fe y devoción hacia las imágenes que representan cada momento de tu paso entre nosotros. Hoy hemos venido todos para ser muestra de la comunión que existe entre la Iglesia de Cristo y el mundo entero, gracias por todas las hermandades que nos acompañan, porque, como los apóstoles, cada Semana Santa llevan tu mensaje por las calles de cada ciudad».

Tras la Eucaristía, el nuncio ha firmado en el libro de honor del Ayuntamiento y ha conversado con el alcalde y con el presidente regional.

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Domund 2021: Para ensanchar el corazón. Carta pastoral de Mons. Rico Pavés

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​En la tarea de caminar juntos lo primero es ensanchar el corazón. Después de haber celebrado en todas las diócesis del mundo la apertura de la fase de preparación al Sínodo que se ocupará de la sinodalidad, es decir, del arte de caminar juntos, la Iglesia nos llama a celebrar la Jornada Mundial de las Misiones. El Domund nos ofrece la oportunidad anual de rezar de forma más intensa por los misioneros, siendo conscientes de que la misión que ellos desempeñan en lugares de primera evangelización nos concierne a todos. Es día para tocar la realidad de las misiones aportando mucho más que un donativo. El lema propuesto este año (“cuenta lo que has visto y oído”) nos recuerda que la evangelización es siempre testimonio: contar a otros lo vivido en primera persona, compartir el encuentro con Jesucristo, contagiar la alegría de creer. Frente a la pretensión obstinada de quienes se empeñan en encerrar la vivencia de la fe en el espacio cerrado de la propia conciencia, la Iglesia no se cansa de recordarnos, con las palabras de Cristo, que somos luz del mundo y sal de la tierra. No hay dimensión humana más pública y social que la religiosa, por eso no es verdadera la vida cristiana que no se hace testimonio.

El Domund es jornada para ensanchar el corazón. Quien vive la comunión de la Iglesia, se descubre con el corazón dilatado: cuando uno sufre, todos sufren con él; cuando uno se alegra, todos se alegran con él. Las necesidades de los misioneros son las de todos en la Iglesia. Nuestra generosidad les ayuda, como su entrega nos enriquece. Cuando caminamos juntos, aprendemos a ver y a oír lo que nuestros misioneros ven y oyen. En sus manos están las nuestras; en sus pasos a todos nos llevan. Su compromiso por anunciar a todos el evangelio revelaque hay más alegría en dar que en recibir y que de poco sirve dar si uno no se da. El Domund no conoce fronteras: acorta distancias, une a los que rezan, amplía horizontes, vence soledades, a todos acerca. En la misión evangelizadora, la participación es cosa de todos, pues todos están llamados a entrar en la comunión de la Iglesia. Por eso, en la tarea de caminar juntos lo primero es ensanchar el corazón.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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Domund 2021: No debemos cansarnos nunca de contar lo que hemos visto y oído

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El Domund es el día en que, de un modo especial, la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora con las misiones. La JORNADA MUNDIAL POR LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS –el Domund— de este año 2021 –que celebramos este fin de semana— es una propuesta de volver a la raíz de nuestro ser misionero: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído». Esta expresión tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles habla del evangelizador, del cristiano, que es la persona que se ha dejado tocar por el dedo amoroso de Dios, capaz de reconstruir lo que en su vida estaba destruido. Ha vivido un encuentro personal. Ha reconocido a su Señor al partir el Pan en la Eucaristía y no puede ni quiere vivir ya sin gustarlo. El apóstol de Cristo es quien ha descubierto que Jesús es ese tesoro escondido, esa perla preciosa, ese amigo, compañero de viaje, por el que vale la pena dejarlo todo y entregarse. Sí, ellos entienden que no pueden dejar de hablar de lo que el Señor ha sido capaz de hacer en sus vidas.

Esta es “una invitación a cada uno de nosotros a «hacernos cargo» y dar a conocer aquello que tenemos en el corazón“, nos dice el Papa Francisco en su Mensaje del Domund. Esta es, en definitiva, la misión de la Iglesia. La Buena Noticia que hemos experimentado y vivimos como cristianos no es para ser guardada: la vida de Cristo provoca un agradecimiento y una alegría que no se pueden contener. Tu testimonio de cómo el Señor ha tocado tu corazón es importante también para otros. ¡Compártelo! Es lo que hacen, y nos enseñan a hacer, nuestros misioneros y misioneras. Tu también puedes contar lo que el Señor te ayuda para vivir, trabajar, tener esperanza. Además, puedes transmitir a los demás la vida que conoces de la Iglesia, a tantos como buscan sentido a sus vidas. No podemos refugiarnos en nuestra experiencia confortable sin dar testimonio público del valor de Dios, porque somos misioneros y, “el anuncio tiene la prioridad permanente en la misión” (Redemptoris missio, 44). Como recordaba a este propósito otro Papa santo, Pablo VI: “La evangelización debe contener siempre una clara proclamación de que en Jesucristo se ofrece la salvación a todos los hombres” (Evangelii nuntiandi, 27). También él decía que hoy hacen falta más testigos. No olvidemos que a quienes entregan la vida por Cristo, hasta derramar su sangre, les llamamos “mártires”, es decir, “testigos”.

El amor siempre está en movimiento y nos pone en movimiento para compartir el anuncio más hermoso y esperanzador: “Hemos encontrado al Mesías” (Jn 1,41). Con esa predilección amorosa del Señor y el asombro que siempre nos sorprende puede florecer el milagro de la gratuidad, el don gratuito de sí. Tampoco el fervor misionero puede obtenerse como consecuencia de un razonamiento o de un cálculo. Ponerse en «estado de misión» es un efecto del agradecimiento. Escuchemos los testimonios formidables de los misioneros –tenemos más de sesenta de nuestra diócesis repartidos por todo el mundo— su entrega sencilla pero valiosa y valiente, su alegría en el compartir, dando amor y testimonio de Cristo, que ha dado su vida por amor, por nosotros. Nos ayudará a renovar nuestro compromiso bautismal, a vivir mejor la fe y transmitirla a los demás. No olvidemos compartir nuestros bienes con generosidad con las misiones y los misioneros que están en la vanguardia de la evangelización. Nuestro mundo necesita conocer a Dios, y Dios ha querido necesitar de nosotros para que nuestro mundo le conozca. Por eso, no debemos cansarnos nunca de contar lo que hemos visto y oído.

“La Cruz es Jesucristo que pasa por nuestras vidas”

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Monseñor Demetrio Fernández ha presidido la eucaristía en la Santa Iglesia Catedral con los símbolos de la JMJ

 

La Jornada Mundial de la Juventud tiene dos símbolos que la representan, la Cruz de los Jóvenes y el Icono de la Virgen, Nuestra Señora Salus Populi Romani. Tradicionalmente ambos peregrinan por las diócesis del país en el que tendrá lugar la JMJ, pero en esta ocasión la organización de Lisboa 2023 ha decidido ampliar el recorrido y han estado dos meses en España.

En la solemnidad de San Rafael ambos símbolos han pasado por Córdoba y el Obispo ha presidido la eucaristía en la Santa Iglesia Catedral. Durante su homilía el prelado ha recordado que esta cruz fue entregada a los jóvenes al término de una JMJ por San Juan Pablo II. Este madreo que ha recorrido el mundo entero ha llevado “la paz y el fruto de la redención”. El paso de la cruz por Córdoba “generará un aumento de fe en los jóvenes” ha apuntado monseñor Demetrio Fernández, quien ha destacado que “la cruz es Jesucristo que pasa por nuestras vidas y que Él ha cambiado este signo de muerte en signo de amor porque no hay más amor en el mundo que el que ha brotado de la cruz”.

El Pastor de la Diócesis ha terminado su alocución aludiendo al icono de la Virgen que “no ha dejado la cruz nunca sola, Jesús y María van juntos siempre”. El Obispo ha recordado a los jóvenes “sois los principales misioneros de los jóvenes” y el afán misionero de la Iglesia es “mostrar el testimonio de mi vida con humildad, una vida en la que Jesucristo ha actuado y me ha cambiado”.

Francisco Daniel, voluntario de la Delegación de Juventud, está viviendo esta visita como “un momento de inmensa alegría”. Se trata de un referente de la Jornada Mundial de la Juventud que “nos prepara para Lisboa 2023”.

Tras su paso por Córdoba los iconos de la JMJ visitarán Granada, Almería, Jerez, Cádiz y Huelva, que será la última Diócesis en la que estarán antes de partir hacia Lisboa. La peregrinación por España empezó el 5 de septiembre y desde entonces han recorrido la Península de norte a sur, de este a oeste, así como las islas.

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Abrir los ojos, para encontrar a Dios en las cosas y en las personas

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Homilía en la Eucaristía del XXX Domingo del Tiempo Ordinario y Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), el 24 de octubre de 2021, en la S.I Catedral.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa amada de Jesucristo -muy amada-, Pueblo santo de Dios, al que pertenecemos todos, también yo y también los sacerdotes;

queridos sacerdotes concelebrantes;

queridos hermanos y amigos:

Casi todos nosotros, cuando fuimos bautizados -éramos muy pequeños entonces-, hay un rito complementario al Bautismo en que el sacerdote toca los ojos del niño, del bebé, y le dice: “Ábrete”, retomando la frase en arameo “Effetá”, que uno de los evangelistas menciona en una de las curaciones de Jesús: del ciego de nacimiento. Por lo tanto, nuestros ojos están abiertos. Y abiertos no en el sentido de que haya sido necesario que Jesús nos los abra para ver las realidades de este mundo, sino abiertos para conocer a Dios, para encontrarLe en las cosas, en las personas, en los acontecimientos, en las circunstancias de la vida; abiertos, para reconocer que Jesucristo es nuestro Redentor y nuestro Salvador, que Él nos conduce a través de nuestra historia con una misericordia y amor infinitos.

Naturalmente que han pasado muchos años desde nuestro Bautismo y, una y otra vez, cuando oímos un Evangelio como éste, le tenemos que decir al Señor: “Ábrenos los ojos de nuevo”, porque hay tantas luces que solicitan nuestra atención, nuestro corazón, nuestro afecto; hay tantas realidades que nos invitan a poner en ellas nuestra esperanza en lugar de ponerla en Ti… En realidad, vivimos como si fuéramos ciegos. Ciegos para conocerTe, ciegos para comprender y acoger Tu amor en nuestro corazón, ciegos para ver como Tú nos abres los ojos y nos permites seguirTe dando saltos de alegría como el ciego del Evangelio de hoy.

Se lo pedimos. Le pedimos que nos abra los ojos. En esta semana pasada, se inauguraba en cada diócesis de la Iglesia Católica el camino sinodal al que el Santo Padre nos ha invitado, que significa, sencillamente –aunque la palabra “sinodal” suena muy solemne”-, que nos acerquemos unos a otros para caminar juntos. No es el designio de Dios que hagamos solos el camino de la vida. Ni siquiera un matrimonio, familia, parroquia, movimiento, comunidad puede caminar sola. Tenemos que caminar juntos. No porque “la unión hace la fuerza”, como dice la gente (también, a veces, hace también la debilidad), sino porque, unidos, respondemos mejor al designio de Dios, que es nuestro Padre, el padre de todos, que nos hace a todos hijos suyos, que nos hace hermanos unos de los otros por encima de las fronteras de las naciones, razas, lenguas divididas por el pecado de los hombres, por encima de cualquier división de clase social. Somos todos miembros de una familia, miembros de un solo cuerpo: el Cuerpo de Cristo. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, al que Cristo se une con tal fuerza, intensidad, profundidad, que ya se convierte de Esposa en su mismo Cuerpo, de tal manera que nuestra comunión es el Cuerpo de Cristo en el mundo. Es la posibilidad de que los hombres se encuentren con Cristo en este mundo nuestro.

Yo os invito a que podamos cada domingo, pero también los días que os acordéis y cuando podáis, si pertenecéis a un grupo o a una comunidad, realidad eclesial, que promováis esta espiritualidad, esta actitud fundamental que el Santo Padre ha querido llamar “sinodalidad”. Viene del griego “sin” y “odos”: camino juntos. Esta actitud de querer caminar juntos con los que son distintos, los que no son como nosotros. Vale también para los no creyentes, porque ellos están también en el camino de la vida y a veces al lado nuestro, en la oficina, en el mostrador de la tienda, en el despacho, y poder mostrarles ese afecto en la medida en que lo acepten, por la situación de su vida. No vivir cada uno como en una cápsula, como encerrados en nosotros mismos. Eso nos hace mucho daño. Nos hace un daño radical como cristianos. Deteriora, no os podéis hacer idea hasta qué punto, nuestra experiencia cristiana… Deteriora, al mismo tiempo, nuestra humanidad, porque las dos cosas van unidas. Lo que Cristo ha hecho precisamente es que nuestra humanidad pueda florecer y ser vivida en su plenitud. Por lo tanto, son tres años lo que el Santo Padre ha señalado para que la Iglesia vaya haciendo este camino. Acortar distancias entre sacerdotes y fieles; entre fieles de una realidad eclesial y de otra; fieles de una espiritualidad y fieles de otra; entre sacerdotes, fieles, religiosos; entre mayores y jóvenes, acortar distancias, trabajar juntos, caminar juntos. Sentir al otro como un bien, como un regalo en la vida y no como un obstáculo para realizar mis proyectos. Eso es el camino sinodal en el que todos estamos embarcados. “Es lo que el espíritu dice a las Iglesias”, decía el comienzo del Apocalipsis. El Espíritu nos llama a través de nuestro Santo Padre a ese caminar juntos.

No quería privarme de leeros también… Es hoy el día del DOMUND. Antiguamente, hace muchos años, los niños de las parroquias y colegios llevaban unas huchas y se pedía para el DOMUND. Sigue habiendo en el mundo -desde la Amazonia hasta las islas del Pacífico, desde Australia pasando por el Sudeste asiático y por Vietnam, por el centro de China hasta los círculos polares- millones de personas que no han oído nunca hablar de Jesucristo y que viven descontentos con su propia vida. Se entregan a lo que la publicidad y el mercado les ofrece. Se dan cuenta de que no son más felices. Pero como nunca han oído hablar de Jesucristo no saben de dónde nace esa infelicidad y cómo podrían dar un paso y encontrarla. No porque a partir de ese momento no tuvieran desgracias o enfermedades, envejecieran, todo les fuera bien en la vida. Efectivamente, todo iría muy bien en la vida, porque el corazón encuentra su sitio, porque el corazón encuentra el amor infinito de Dios y sólo eso permite, en cualquier circunstancia de la vida o de la muerte, vivir con humanidad, vivir de una manera noble, grande, digna. Esa es la muerte digna, la muerte de quien se sabe hijo de Dios.

Bueno, pues hoy es el día del DOMUND, día en que las iglesias del mundo entero pedimos ayuda económica, pero, sobre todo, sentido de comunión y ayuda para los lugares donde no ha llegado todavía el anuncio de Jesucristo, que son muchos en el mundo.

Me lo han leído esta mañana y a lo mejor algunos de vosotros ya lo conocéis, pero me ha parecido el mejor pregón del DOMUND un pregón que ha hecho Pepe Rodríguez, un cocinero famoso de MasterChef y que ha hecho en la Catedral de Toledo este año el pregón del DOMUND. Es muy cortito y os lo voy a leer. Está lleno de buen humor, de gracia y de verdad: “Hace algún tiempo, en una entrevista, me preguntaron quién es Dios para mí. Me gustaría recordar ese evangelio que nos cuenta cómo, en cierta ocasión, la gente seguía a Jesús y le escuchaba con tanto interés que ya iba a caer la tarde y estaban en un lugar apartado. Y mientras los discípulos sugieren que cada cual se busque la vida, Jesús va y dice: ‘Dadles vosotros de comer’. Y así, con cinco panes y dos peces, Jesús da de comer a una multitud. Es más, sobraron doce cestos de pan. ¡Eso es cocina de aprovechamiento! Creo que los misioneros podrían ser los discípulos que siguen oyendo ese ‘dadles vosotros de comer’ y, en lugar de escaquearse, dicen: ‘¡Oído, cocina!’. Personas normales y corrientes como yo, como cualquiera que no escurre el bulto, sino que se fían del Jefe de cocina que les llama a la tarea de dar de comer y repartir el pan. Un pan que tiene mucho que ver con el amor, manifestado en múltiples formas: en escucha, en comprensión, en compartir el dolor, en ánimo, en aliento; y también en acciones como construir una escuela, un dispensario, un comedor; pero, sobre todo, del modo más desbordante, en el ofrecimiento a los demás de un Dios que no sólo da de comer, sino que se ha hecho alimento para quien quiera recibirle.

En esa entrevista a la que me refería antes pude decir que comulgar es lo que más me alimenta. En el mundo en el que yo trabajo, los valores son fundamentales. Pero, de un modo especial, en los misioneros vemos la importancia de la entrega a lo que apasiona. Y los misioneros, sienten una pasión por Jesús y una pasión por su pueblo. Por eso, lo dan todo, se dan ellos mismos. En el caso de los misioneros, ese compañerismo tiene un nombre específico: ellos no van por libre, sino siempre integrados en un equipo de cocinas, que es la Iglesia”.

Un nombre precioso para la Iglesia: “equipo de cocina”, una “multinacional de la comunión”, sí.

“Los misioneros suelen ser la mejor prensa de la Iglesia. A mí me admira tanto un misionero como un chaval joven vestido de sacerdote. Cuando le veo, digo ‘qué ejemplo me da, ha dejado todas sus pasiones, su bienestar, su familia, sus aspiraciones terrenales, para entregar su vida. Hoy ponemos el foco en las vocaciones de los misioneros y hay que alabarlo. Pero no miremos de reojo a lo que tenemos aquí, hay muchos misioneros que no salen de España.

Hay que decir que los misioneros tienen como Jefe de Cocina al mejor Chef del mundo. Un Chef que se da a conocer en Caná, en un banquete de bodas, pero, además, como sumiller. Un Chef que no pierde de vista el punto de sal, hasta tal extremo que pide a sus discípulos que seamos la sal de la tierra. Un Chef que organiza banquetes de bodas, bautizos y comuniones, hasta para celebrar que vuelva a casa un hijo calavera, como, por ejemplo, cualquiera de nosotros. A este Chef, que hace de piedras pan, le han salido unos pinches aventajados en los misioneros, que, con unos medios irrisorios, consiguen resultados que ni logran, ni pueden explicarse los Gobiernos ni las instancias internacionales. Justo a este Jefe de Cocina es al que los misioneros dijeron en su momento y cada día: ¡Sí, Chef!

Hay dos rasgos más de los misioneros. El primero es el valor del ejemplo. En lugar de leer una receta en voz alta, los misioneros, simplemente, cocinan en medio de todos; y quienes los ven, se fijan, captan un modo de ser. El segundo rasgo es el contacto con la realidad. Estamos saturados de escuchar ideas. Sin embargo, los misioneros no hablan de oídas ni elaboran teorías. Si en el mundo hay fango, ese fango que muchas veces no queremos ver y que se llama falta de sentido, pobreza, incultura, hambre, ellos se manchan hasta las cejas; y si hay motivos de alegría, lo celebran con todos.

Permitidme que mis últimas palabras os las dirija directamente a los misioneros y misioneras. Vosotros fuisteis a países lejanos a contar lo que habéis visto y oído en vuestro corazón. Os diría que merecéis no una, sino varias estrellas, pero, como sé que no buscáis reconocimientos, os voy a decir algo que os gustará más: ¡os queremos en nuestro equipo! Así que, misioneros, ¡a cocinar! Y todos nosotros, para ayudaros, ¡al DOMUND!”.

Es precioso. Sencillamente. Vamos a seguir la Eucaristía. Aquí normalmente las colectas las enviamos a las Iglesias de Jordania y de Irak, para ayudar a los refugiados cristianos. Hoy, en todas las iglesias, en todo el mundo, es para ayudar a los misioneros. ¡Vamos a comer!

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

24 de octubre de 2020
S.I Catedral de Granada

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