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Jesucristo y la Virgen María nos acompañan en los caminos de la vida

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Homilía en la Eucaristía de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre de 2021, en la S.I Catedral.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa muy amada de Jesucristo, Puedo santo de Dios;
muy queridos sacerdotes concelebrantes;
queridos hermanos y amigos todos:

En el Ofertorio de cada Misa, de cada Eucaristía, nosotros ofrecemos un poco de pan y un poco de vino. Es una pequeña ofrenda que presentamos ante el Señor, y que luego el Señor nos devuelve en ese maravilloso intercambio que es la Eucaristía, que es cada Misa, convertido en Su cuerpo y Su sangre. Nos devuelve la ofrenda que le hacemos para que sea vivificante para nosotros; para que sea en nosotros fuente y semilla de la vida divina. Recibimos esa semilla en la Comunión.

 

Pero yo hoy quisiera fijarme en otro detalle, porque la liturgia, cuando está celebrada según la Iglesia, no tiene ninguna palabra de más ni de menos. Y ningún gesto de más ni de menos. Todos los gestos tienen un significado y entran todos como en una bella sinfonía, que componen esos gestos con los que hacemos nosotros. También nos sentamos para escuchar la palabra de los apóstoles, o la del Antiguo Testamento. Pero nos ponemos de pie para escuchar la palabra de Jesús. Recibimos, desde el Concilio para acá, uniéndonos a las Iglesias orientales, que lo venían haciendo desde siempre, la bendición con la palabra de Jesús, con la palabra que es la Buena Noticia.

 

Pero, en ese gesto del Ofertorio, fijaros, dice: “Bendito seas Señor, Dios del universo, por este pan que recibimos de Tu generosidad y que nosotros ahora Te presentamos”. En ese “que recibimos de Tu generosidad”. Nosotros nunca Le damos nada a Dios. Nunca Le traemos nada a Dios. Nunca Le presentamos nada a Dios que no hayamos recibido primero de Él. Lo decían los Padres de la Iglesia una y otra vez: “A Dios nadie le trae nada que Él no nos lo haya dado primero”.

 

Hoy celebramos lo mismo. Celebramos que la Madre de Dios, que la Madre de Jesús, que Él nos dará en el momento culminante de Su entrega, de Su vida, también como madre nuestra, es un regalo que Dios nos hace. Nunca venimos a la Iglesia a darLe cosas a Dios. Venimos a la Iglesia a que Dios nos dé. Y veréis, Dios no nos da cosas. Dios Se nos da Él mismo, siempre, de mil formas, de mil maneras. Unos días de manera más plena, más solemne. Otros días de manera más pequeña. Pero todo lo que somos, todo lo que hacemos –Dios mío- es don Tuyo. “Todo es Gracia”, decía santa Teresa de Lisieux. Yo creo que Doctora de la Iglesia por comprender que todo es gracia y por el amor que ella tuvo a una persona que, en la mentalidad de su tiempo, todo el mundo y ella misma pensaba que se iba a condenar. Ella se ofreció con el amor que Le tenía al Señor, con el sentido de privilegio que ella sentía de haber sido elegida por el Señor, de ser amada extraordinariamente, y la necesidad que ella sentía de sentirse amada, y se ofreció para ir al infierno y que aquel hombre no se condenase. Aquel hombre no se iba a condenar. Dios mío, qué corazón. Pues, ella es Doctora de la Iglesia por ese corazón. También por saber que todo es Gracia. La frase es suya: “Todo es Gracia. Y lo que celebramos hoy es el comienzo de la Gracia más grande de todas. Del regalo más grande que Dios nos ha hecho que es Jesucristo; que permanece con nosotros todos los días hasta el fin del mundo; que permanece en Su palabra, que permanece en Sus sacramentos; que se nos da como alimento en la Eucaristía, como perdón de los pecados en la penitencia, pero que Se nos da siempre que lo necesitamos. Que nos acompaña siempre, que no nos deja nunca solos. Esa plaga de nuestro tiempo, alimentada desde ciertos centros de poder: aislar a los hombres, separar a los hombres, sembrar la desconfianza de forma que vivamos siempre en la desconfianza de unos para otros. Todo lo contrario del designio del Señor. El demonio divide. Dios une. Dios acerca. Dios nos aproxima unos a otros, nos permite vivir.

 

Ayer lo decíamos recibiendo la Divina Pastora como una familia. Cristo decía: “Yo he venido a reunir a los hijos de Dios dispersos”, dispersos como un rebaño que no tienen pastor, que andan cada uno por su lado. Y el Señor nos desea unidos con el amor de una familia: la familia de los hijos de Dios, que vive la misma vida. Vivimos de la vida que el Señor nos da. La vida divina, la vida de hijos de Dios. Vivimos en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Somos hijos de Dios. Tenemos esa vida en nosotros y no sólo cuando estamos en la Iglesia. La llevamos a todas partes, en el metro, por la calle, en el supermercado, en la conversación con unos vecinos.

 

Hemos recibido un don grandísimo. Ese don es Jesucristo y Tú, Señora, nuestra Madre, fuiste preservada del pecado original, porque le ibas a dar el cuerpo al Hijo de Dios, y el Hijo de Dios tenía que ser semejante en todo a nosotros menos en el pecado. Y por eso Tú tenías que ser purísima, para que el cuerpo que le dieras no tuviera las heridas del pecado. No del pecado de nuestros primeros padres, sino del pecado acumulado por los siglos de violencia, de odio, de enviada, de desconfianza, de soberbia.

 

Y Tú nos das a Tu Hijo. Luego, Tu Hijo, el Señor hace con nosotros como una madeja. Es un abrazo y es más que un abrazo. Nosotros Le damos lo que Él nos ha dado primero y es pequeñito lo que le damos. Luego, Él se nos da, devuelve nuestro regalo hecho Su cuerpo y Su sangre. Y viene a nosotros para hacerse uno con nosotros. Porque, cuando lo comemos, se hace uno con nuestra vida, nuestra sangre nuestra humanidad, con nuestro cuerpo. Se siembra en nosotros, literalmente, con su vida divina.

 

Y luego, Tú le das a Él tu cuerpo y Él te da a ti participar de la Resurrección, para que tengamos una referencia de que Tú ya estás gloriosa, con tu Hijo, subida a los cielos, donde Tú nos aguardas. Y nos acompañas en nuestra peregrinación. Qué bella es la imagen de la Pastora. Un pastor, una pastora acompañan al rebaño. Tú y Tu Hijo nos acompañáis en los caminos de la vida, en los vericuetos, los dramas, las desgracias, las alegrías de la vida. Pero nos lleva siempre a buenos pastos. Y esos buenos pastos son la vida de Dios, son el amor infinito de Dios, que no se cansa de nuestros pecados, torpezas, pequeñeces; que no se cansa de nosotros jamás. Y que nos acompaña una vez y otra vez, todas las veces que haga falta para llevarnos al Cielo.

 

Hoy, los sacerdotes vestimos de azul. Es un privilegio para España por ser la Inmaculada patrona de España. En los demás países del mundo, la vestidura litúrgica de hoy es blanca. Pero el cielo no es azul. El cielo está lleno de flores, como está la imagen de la Divina Pastora, lleno de flores, de colores. Es radiante como una mañana de abril o de mayo, con ese brillo que quienes vivimos en Andalucía conocemos. Y está lleno de rostros, pero no son rostros ajados, tristes, marcados por las cicatrices y los dolores de la vida. Son rostros resplandecientes de amor, de belleza porque el Señor culmina Su obra llevándonos al Reino de Su Hijo. Ella y Él nos acompañan a lo largo del camino.

 

Que podamos tomar conciencia de esa compañía, para que nunca nos sintamos solos. Tomar conciencia de esa compañía, para saber que el Señor está con nosotros. Que no merecemos… “Señor, no soy digno de que entres en mi casa” (qué voy a ser digno). Soy cristiano por la Gracia de Dios. No digamos sacerdote, obispos, por la Gracia de Dios.

 

Somos cristianos por la Gracia de Dios, pero nos sentimos gozosísimos y orgullosísimos de serlo, porque hemos encontrado la clave de nuestra existencia, la verdad más profunda de nuestra vida, el amor infinito que justifica y da sentido a todo en nuestra vida, a nuestro amor y fatigas, a nuestras alegrías y dolores. Nos da la esperanza, la certeza de que lo que nos aguarda es la vida eterna junto al Señor y junto a nuestros seres queridos, y junto a todos. Donde ya no habrá ni luto, ni llanto ni dolor, porque tú serás todo, en todas las cosas.

 

Que así sea para vosotros. Que así sea para los que queréis y tenéis un cariño especial a la Divina Pastora, en Gójar. Que así sea para todos nosotros que celebramos la Inmaculada. Y al final de la Eucaristía, yo os daré la bendición papal que los obispos tenemos el privilegio concedido por el Papa de darlo dos días al año. Uno siempre es el domingo de Pascua. Otro siempre es, en Granada, el día de la Inmaculada, que es con unas condiciones de confesarse, comulgar alrededor de este día, en un día no muy lejano, un perdón de los pecados donde todos los tesoros de santidad se aplican a quién recibe esa bendición. También la podéis aplicar por un difunto vuestro, con toda confianza y sencillez.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

8 de diciembre de 2021
S.I Catedral de Granada

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“El Espíritu Santo os configura con Cristo siervo”

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“El Espíritu Santo os configura con Cristo siervo”

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha ordenado como diáconos en la Santa Iglesia Catedral a los seminaristas Pedro Jesús del Pino Díaz, Pablo Fernández de la Puebla Lechuga, Jesús Lérida Nieto, H.N., Abraham Luque García y Manuel Millán Serrano

Pedro Jesús del Pino Díaz, Pablo Fernández de la Puebla Lechuga, Jesús Lérida Nieto, H.N., Abraham Luque García y Manuel Millán Serrano son desde hoy los cinco nuevos diáconos que tiene la diócesis de Córdoba. Coincidiendo con la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María se ha celebrado la ordenación diaconal, administrada por el obispo de Córdoba monseñor Demetrio Fernández, en la Santa Iglesia Catedral.

El prelado ha comenzado su homilía recordando que en la fiesta de María Inmaculada celebramos que María no ha tenido “nunca pecado por eso mirarla a Ella hoy y todos los días del año es una esperanza para nuestro corazón como pecadores”, en Ella encontramos la “madre limpia”. En este día se clausura el año dedicado a San José y por eso ha estado presente la imagen de San José Artesano de Lucena, que participó en la vigilia de la Inmaculada. El Obispo ha querido dar gracias a Dios por este año josefino en el que todos hemos tenido ocasión de acercarnos y pedirle su protección.

En el marco de la solemnidad de la Inmaculada Concepción son ordenados los nuevos diáconos. Hoy es un día lleno de gracia para estos cinco jóvenes y María Santísima “os comunicará esta gracia como le hizo a Ella el Espíritu Santo” porque el sacramento del Orden y concretamente el del Diaconado consiste en recibir el Espíritu Santo que os configura con Cristo siervo, servidor. La palabra diácono significa “el que sirve” y en el ministerio del diaconado os comprometéis a servir especialmente a los pobres, a los enfermos y a todos los que sufren, ha continuado monseñor Demetrio Fernández.

Hoy celebramos el sacramento del diaconado y la fuerza del Altísimo os cubrirá con su sombra, de esta forma las obras que salgan de vuestro ministerio serán “sobrenaturales”, será Jesucristo prolongado en vuestra vida y en vuestro ministerio, ha apuntado el Pastor de la Diócesis. En este día prometéis al Señor vivir en el celibato por “el reino de los cielos porque Dios os ha hecho entender que os quiere para Él totalmente”. También prometéis obediencia al Obispo “como quien ha encontrado en la obediencia la libertad.” Cultivar el espíritu de oración es otra de las promesas que hacéis hoy, la oración es un aliciente porque vuestra principal tarea es orar por el pueblo que se nos ha encomendado, les ha recordado el prelado.

La Iglesia dispone que haya diáconos para que administren la caridad del pueblo santo de Dios en servicio de los pobres y de los que sufren. A María Santísima “os encomiendo en este día de la Inmaculada que os mantenga fieles como Ella y limpios de corazón”. Oremos por los nuevos diáconos y que sean un espejo en el que pueda mirarse el pueblo de Dios, ha pedido monseñor Demetrio Fernández al término de su alocución.

Los nuevos diáconos, del Seminario Conciliar “San Pelagio” y de la Familia Eclesial “Hogar de Nazaret”, han recibido el primer grado del orden sacerdotal acompañados de numerosos sacerdotes de la Diócesis, los rectores, formadores y alumnos de los Seminarios y familiares y amigos.









 

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Las figuras del Belén

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Un libro para pintar y escribir con los más pequeños

Las figuritas del Belén están en la caja, a punto de salir. Pero, ¿están todas? Pero ¿qué pasa? Han perdido el color… Ayúdalas y píntalas para que el belén quede de maravilla disfrutando a su vez, de un ratito de diversión con los más pequeños de la casa en estos días tan especiales.

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Inmaculada Concepción de María

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Inmaculada Concepción de María

Inmaculada_Concepción_del_espejo1.1Purísima, Inmaculada, Concepción La festividad es celebrada con gran énfasis entre los católicos en la actualidad pero es una solemnidad oficialmente muy reciente. Los primeros indicios de su celebración aparecen en Oriente entre los siglos VII y VIII. Tarda en llegar al occidente europeo, hasta que encontramos la festividad en el calendario litúrgico de Roma en 1476. La Concepción Inmaculada de María fue finalmente solemnemente declarada como verdad de fe definida por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854. Veinticinco años después, el Papa León XIII elevó la fiesta a la máxima categoría litúrgica. La fecha elegida está en relación con el 8 de septiembre, la fiesta de la Natividad de la Virgen. Entre la Inmaculada Concepción y la Natividad se da, por tanto la misma dependencia que entre la Anunciación del Señor y la Navidad.

http://www.santopedia.com/santos/inmaculada-concepcion-de-maria

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“Pidamos el don de la generosidad como José y María”

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Los jóvenes de la Diócesis han protagonizado la Vigilia de la Inmaculada en la que ha estado presente la imagen de San José Artesano de Lucena

La Delegación de Juventud, la Pastoral Vocacional y la Vocalía de Juventud de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba han sido las encargadas de organizar la Vigilia Diocesana de la Inmaculada que ha tenido lugar este martes, 7 de diciembre, en la Santa Iglesia Catedral.

La jornada ha comenzado con una procesión desde la parroquia de San Francisco y San Eulogio hasta la Santa Iglesia Catedral con la imagen de la Virgen de los Ángeles, una Inmaculada del Seminario Menor, y San José Artesano de Lucena, que por primera vez ha estado en esta celebración con ocasión del Año Jubilar Josefino.

Un gran número de jóvenes se ha adentrado en el templo principal de la Diócesis acompañando a ambas imágenes para celebrar la Vigilia junto al obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, quien los ha recibido en el templo.

En la víspera de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, los jóvenes han tenido la oportunidad de compartir una jornada de oración ante el Santísimo, en la que han ido leyendo distintos textos del Evangelio ante la presencia de Jesús Sacramentado y donde han manifestado que en este día tan especial “los padres de Jesús nos invitan a adentrarnos en el misterio de sus vidas; María y José nos quieren abrir de par en par las puertas de su corazón, nos quieren llevar esta noche ante su querido hijo”.

Por su parte, el Obispo se ha dirigido a los jóvenes para alentarles a acudir a María y a José como modelo de vida.

“En este Año Jubilar Josefino proclamado por el Papa Francisco recordamos que la Inmaculada y San José fueron elegidos por Dios para acoger el misterio de Cristo”, ha afirmado el prelado al tiempo que ha recordado el sí de ambos a la voluntad de Dios. “Lo más hondo del corazón del hombre se dice en silencio, como recibió José la petición que el Ángel le indicó”, ha expresado.

Dirigiéndose a los jóvenes novios que se preparan para el matrimonio y a los que ya han contraído matrimonio, les ha instado a abrirse a vivir según los planes de Dios y siguiendo su voluntad. “Cada uno es llamado a una vocación y es importante seguir los planes de Dios, por ello, pidamos también a Jesucristo que siga llamando a jóvenes para ser sacerdotes al servicio del pueblo de Dios, que les conceda esa entrega y disponibilidad, pidamos el don de la generosidad, esa actitud de José y María”, ha alentado el pastor de la Diócesis.

Seguidamente, ha dado testimonio el joven Abraham Luque, que mañana recibirá junto a cuatro compañeros más el grado del diaconado de manos del Obispo, en el templo principal de la Diócesis.








































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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la procesión extraordinaria de la Virgen de los Reyes (7-12-21)

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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la procesión extraordinaria de la Virgen de los Reyes (7-12-21)

Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses. Procesión Extraordinaria de la Virgen de los Reyes.

Catedral de Sevilla, 7 de diciembre de 2021

 

En este día extraordinario nuestro pensamiento se traslada al 15 de agosto del año 1946, cuando el Santo Padre Pío XII declaró a la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de los Reyes, principal Patrona ante Dios de la ciudad y archidiócesis de Sevilla. Posteriormente, el cardenal Segura dio a conocer esta proclamación el 24 de noviembre del mismo año en la homilía de la solemne Misa de pontifical que se celebró. Esta tarde, con nuestra procesión extraordinaria hemos realizado un gesto de fe, de devoción y amor, para reafirmar nuestro compromiso de fidelidad con respecto a María, que en todas las circunstancias de la vida nos acompaña con su ayuda y su protección materna. También conmemoramos el 350 aniversario de la canonización de san Fernando, el rey que en 1248 entró en la ciudad con esta imagen.

Han transcurrido 75 años, y son numerosos los acontecimientos que han marcado la historia de nuestra ciudad y de nuestra archidiócesis. A lo largo de estos años María Santísima de los Reyes ha sostenido a los pastores en su vida y ministerio al servicio del Señor y de los hermanos, de la misma manera que al pueblo fiel en la fe recibida de sus padres. En este tiempo, pastores y fieles han sido protagonistas de grandes transformaciones que han tenido lugar en la Iglesia y en la sociedad, especialmente en la aplicación del Concilio Vaticano II y en el período de la transición política; también han aportado su colaboración en todos los ámbitos del desarrollo de nuestra ciudad y provincia.

Con la ayuda de Nuestra Señora de los Reyes se han superado multitud de dificultades y problemas. Ella siempre ha propiciado la concordia y la comunión eclesial, una visión positiva de la Iglesia y del mundo, de toda la familia humana, con el conjunto de realidades en las que ésta vive, con sus afanes, con sus logros y también con sus fracasos; una mirada también esperanzada de las personas, desde el misterio de Cristo, que con su encarnación se ha unido con cada hombre y cada mujer, de todo lugar y de todo tiempo. En las situaciones complejas siempre nos ayudó a dialogar, a salir al encuentro del otro, para construir la paz y facilitar la convivencia.

Hoy contemplamos de nuevo a María Santísima en su aceptación sin reservas de la voluntad divina, en su consagración a la persona y a la obra de su Hijo con todas sus energías, con todas las consecuencias; contemplamos su caminar firme y doloroso hasta el Calvario, siempre unida a su Hijo, que en la cruz le encomienda una nueva misión, y nos la entrega como Madre. Ella, en Pentecostés, junto con los Apóstoles, en oración, imploró el don del Espíritu Santo para la Iglesia naciente, y hoy nos ayuda a perseverar en el seguimiento de Cristo. En la hora presente, a ella dirigimos nuestra mirada con confianza, porque es fuente de esperanza segura y de consuelo, mientras dure nuestro peregrinar terreno.

Hoy renovamos el firme propósito y el deseo de que reine en nuestros corazones, en nuestros hogares, en nuestra ciudad, en nuestra archidiócesis. Le pedimos que nos enseñe a responder con generosidad a la llamada de Dios también nosotros, siguiendo su ejemplo; le pedimos valentía para no ceder ante los engaños del poder, del dinero y del placer, de la corrupción y la hipocresía, del egoísmo y la violencia; le pedimos que nos ayude a responder a Cristo con un sí decidido, firme, comprometido. Somos conscientes de nuestra pobreza y pequeñez, y de que nuestra vida necesita de conversión en no pocos aspectos; somos conscientes de que sólo con un corazón humilde y solidario podremos construir un futuro mejor para todos. Como peregrinos de la vida y de la historia, sentimos el peso de las dificultades del camino, pero seguimos adelante confiando en nuestra Madre. Acudimos una vez más a su Corazón inmaculado para reavivar nuestra fe, seguros de que encontraremos consuelo, alegría y esperanza.

Ayúdanos, Madre, a vivir como hijos tuyos, como hermanos, formando una familia. Familia que se reúne en torno a ti, que compartiste las fatigas diarias de toda mujer, de toda madre de familia. Ayuda a los habitantes de esta ciudad, de toda la archidiócesis, de esta tierra tuya, para que el espíritu evangélico sea la guía de nuestro comportamiento; para que las raíces cristianas de nuestro pueblo sigan dando abundantes frutos de fe, esperanza y amor, para que sigan construyendo su presente y su futuro; ayuda a nuestro mundo, para que respetando la dignidad humana y rechazando toda forma de violencia y de explotación, se edifique sobre cimientos sólidos y construya la civilización del amor.

Muestra tu amor de Madre especialmente a los más necesitados, a los indefensos, a los marginados, a los descartados de la vida, a los más afectados por la pandemia de COVID-19. Ayúdanos a vivir en actitud de servicio con los más pobres: los enfermos, los ancianos que están solos; los niños y jóvenes desfavorecidos, los que sufren en medio de situaciones familiares desestructuradas; los inmigrantes con problemas de integración; las personas que no encuentran trabajo o que lo han perdido para siempre. Enséñanos, Madre, a ser solidarios con quienes pasan por dificultades, a luchar contra las desigualdades sociales, a trabajar con decisión por el bien común, a construir una sociedad más justa y fraterna.

Queridos hermanos: Dirijamos nuestra mirada a la Madre, y guardemos en el corazón todas sus enseñanzas. Ella nos invita a seguir la palabra de Jesús, como a los sirvientes en la boda de Caná de Galilea, a “hacer lo que Él nos diga”. Ella nos da la fuerza para no caer en el desánimo cuando la oscuridad y el sufrimiento llaman a la puerta de nuestra casa, y para afrontar el futuro con confianza. Como un hijo fija los ojos en el rostro de su madre y olvida todo miedo y dolor, así nosotros, volviendo la mirada a María, reconocemos en ella el reflejo inmaculado de la luz de Dios, y encontramos nueva esperanza a pesar de los problemas y las tragedias del mundo. A la Madre confiamos las preocupaciones, seguros de encontrar en ella fortaleza para seguir adelante.

En este día de fiesta, en la Víspera de la Inmaculada Concepción, damos gracias al Señor por el don de nuestra Madre, y queremos seguir caminando cada día de su mano y bajo su protección; damos gracias a María Santísima, que nos enseña a creer, a esperar y a amar como ella, y nos muestra el camino que conduce a Jesús. Quiero dar gracias también a don Juan José, hermano en el episcopado, al Cabildo Catedral, a la Asociación de la Virgen de los Reyes y San Fernando, a la Real Maestranza de Caballería, a las Hermandades y Cofradías, a las autoridades civiles, militares, judiciales y académicas presentes, a los sacerdotes, diáconos, y miembros de la vida consagrada, a los fieles venidos de todos los rincones de la Archidiócesis. Que Nuestra Señora de los Reyes nos congregue como familia diocesana unida en la fe y el amor, y nos ayude a caminar siempre en esperanza. Así sea.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

 

 

 

 

 

 

 

 

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Mons. Saiz Meneses: “Hoy renovamos el firme propósito de que la Virgen de los Reyes reine en nuestros corazones, en nuestros hogares, en nuestra ciudad”

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Monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla, presidió la procesión extraordinaria de la Virgen de los Reyes, la tarde de este martes 7 de diciembre, víspera de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, acompañado del arzobispo emérito, monseñor Juan José Asenjo y del vicario general y deán del Cabildo Catedralicio, Teodoro León. 

La Patrona de Sevilla salió por la Puerta de San Miguel hacia la avenida de la Constitución, hacia las cinco de la tarde. pasando por el andén del Ayuntamiento, seguidamente, el cortejo prosiguió su paso hacia Granada, plaza de San Francisco y  Hernando Colón, donde la Archidiócesis ofreció una ofrenda floral, por el 350 aniversario de la canonización del Rey San Fernando.

La procesión siguió su paso por la calle Alemanes, cardenal Amigo Vallejo hasta llegar a la plaza Virgen de los Reyes, para entrar nuevamente a la Seo hispalense por Puerta de Palos, sobre las siete y media de la tarde.

75º aniversario de su patronazgo sobre Sevilla 

La imagen de Nuestra Señora de los Reyes lució el manto celeste de la coronación, una pieza realizada con bordados de plata sobre tisú en tonalidad azul celeste en los talleres de Olmo, bajo el dibujo de Herminia Álvarez Udell. Se trata de una donación realizada por la Condesa de Casa-Galindo, que fue estrenado en el triduo preparatorio de la Coronación Canónica que tuvo lugar el 4 de diciembre del año 1904.

Desde entonces han transcurrido 75 años, y son numerosos los acontecimientos que han marcado la historia de Sevilla y, en consecuencia, de la Archidiócesis.

“A lo largo de estos años María Santísima de los Reyes ha sostenido a los pastores en su vida y ministerio al servicio del Señor y de los hermanos, de la misma manera que al pueblo fiel en la fe recibida de sus padres”.  Así lo expresó mons. Saiz durante su alocución al término de la procesión mariana.  Recalcó que con la ayuda  de Nuestra Señora de los Reyes “se han superado multitud de dificultades y problemas”.

El arzobispo hispalense manifestó que “Ella siempre ha propiciado la concordia y la comunión eclesial, una visión positiva de la Iglesia y del mundo, de toda la familia humana, con el conjunto de realidades en las que ésta vive, con sus afanes, con sus logros y también con sus fracasos; una mirada también esperanzada de las personas, desde el misterio de Cristo, que con su Encarnación se ha unido con cada hombre y cada mujer, de todo lugar y de todo tiempo. En las situaciones complejas siempre nos ayudó a dialogar, a salir al encuentro del otro, para construir la paz y facilitar la convivencia”.

Aceptación sin reservas 

Durante su intervención, don José Ángel exhortó al pueblo de Dios a dirigir la mirada a la Madre y “guardemos en el corazón todas sus enseñanzas”. Hoy – prosiguió en su homilía – contemplamos de nuevo a María Santísima en su aceptación sin reservas de la voluntad divina, en su consagración a la persona y a la obra de su Hijo con todas sus energías, con todas las consecuencias; contemplamos su caminar firme y doloroso hasta el Calvario, siempre unida a su Hijo, que en la cruz le encomienda una nueva misión, y nos la entrega como Madre.

Ha sido María, quien “en Pentecostés, junto con los Apóstoles, en oración, imploró el don del Espíritu Santo para la Iglesia naciente, y hoy nos ayuda a perseverar en el seguimiento de Cristo”. Por tanto, “en la hora presente, a ella dirigimos nuestra mirada con confianza, porque es fuente de esperanza segura y de consuelo, mientras dure nuestro peregrinar terreno”, expresó.

Por ese motivo, “hoy renovamos el firme propósito y el deseo de que reine en nuestros corazones, en nuestros hogares, en nuestra ciudad, en nuestra Archidiócesis”. El arzobispo de Sevilla imploró a la Virgen de los Reyes “que nos enseñe a responder con generosidad a la llamada de Dios también nosotros, siguiendo su ejemplo”.

También, “valentía para no ceder ante los engaños del poder, del dinero y del placer, de la corrupción y la hipocresía, del egoísmo y la violencia; le pedimos que nos ayude a responder a Cristo con un sí decidido, firme, comprometido”.

Estandartes patronales

Si hace 75 años la Virgen no salió a las calles de aquella Sevilla en blanco y negro precisamente sola, en esta ocasión el Cabildo ha invitado a todas las hermandades de las patronas de los pueblos de la Archidiócesis a compartir una jornada histórica. La representación de cada corporación ha sido de tres personas. Así, lo estandartes patronales se sumaron la víspera de la Inmaculada a los hermanos de la Asociación de Fieles de la Virgen de los Reyes y San Fernando y a los miembros del Cabildo Catedral.

“Somos conscientes de nuestra pobreza y pequeñez, y de que nuestra vida necesita de conversión en no pocos aspectos; somos conscientes de que sólo con un corazón humilde y solidario podremos construir un futuro mejor para todos”, subrayó mons. Saiz Meneses.

Peticiones concretas por las más indefensos  

Ante la presencia de la Patrona de Sevilla, el arzobispo de Sevilla pidió especialmente a la Virgen María que mostrara su amor “a los más necesitados, a los indefensos, a los marginados, a los descartados de la vida, a los más afectados por la pandemia de COVID-19”, a fin de poder “vivir en actitud de servicio con los más pobres: los enfermos, los ancianos que están solos; los niños y jóvenes desfavorecidos, los que sufren en medio de situaciones familiares desestructuradas; los inmigrantes con problemas de integración; las personas que no encuentran trabajo o que lo han perdido para siempre”.

Creer, esperar y amar con ella

Monseñor Saiz Meneses, en este día de fiesta, en la Víspera de la Inmaculada Concepción, dio gracias al Señor por el don de la Virgen, a María Santísima, que enseña a todos los católicos a creer, a esperar y a amar como ella.

Especiales gracias también a monseñor Juan José, arzobispo emérito de Sevilla, “hermano en el episcopado”,  al Cabildo Catedral, a la Asociación de la Virgen de los Reyes y San Fernando, a la Real Maestranza de Caballería, a las Hermandades y Cofradías, a las autoridades civiles, militares, judiciales y académicas presentes, a los sacerdotes, diáconos, y miembros de la vida consagrada, a los fieles venidos de todos los rincones de la Archidiócesis, “para que nuestra Señora de los Reyes nos congregue como familia diocesana unida en la fe y el amor, y nos ayude a caminar siempre en esperanza”.

Fotografía: Miguel Ángel Osuna 

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El Obispo conoce de cerca el proceso de elaboración del oro líquido

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Desde que llegara a la Diócesis como Obispo del Santo Reino, en plena campaña de recogida de la aceituna, no han sido pocas las ocasiones a las que Don Sebastián Chico Martínez le han dado la bienvenida regalándole una botella de aceite de oliva virgen extra (AOVE), que él ha recibido con entusiasmo y agradecimiento.

En la tierra del olivar, el Prelado jiennense ha querido conocer de primera mano el proceso de elaboración del aceite, desde el árbol a la mesa y por este motivo hoy ha visitado la almazara La Loma y Castillo de Canena del Grupo Castillo de Canena.

Allí ha sido recibido por el equipo directivo y técnico de la empresa quienes le han explicado, de forma pormenorizada, cómo es el proceso de extracción del oro líquido desde que llega hasta las tolvas hasta que es embotellado para su venta.

Don Sebastián ha podido observar el proceso continuo que se lleva a cabo en la almazara y que consta en esencia de unas operaciones previas de limpieza de la aceituna que se realizan en el patio de la almazara, junto al olivar y en las que se eliminan las hojas y tallos que acompañan al fruto. A continuación, la aceituna se transporta en cajas y en transporte refrigerado y se moltura de manera inmediata en molinos de martillos a bajas revoluciones. La pasta obtenida pasa a una batidora donde se somete, durante un tiempo aproximado de 50 minutos y a baja temperatura controlada a un batido, que facilita la coalescencia del aceite y preservación de aromas.

El Obispo, ingeniero industrial de profesión, ha disfrutado con las explicaciones técnicas sobre el proceso, en las que ha apreciado las máquinas que sustituyen el proceso manual que durante siglos ha servido para extraer el aceite de su fruto. También ha tenido oportunidad de probar el aceite recién elaborado.

En la almazara La Loma, le han explicado que el objetivo final es hacer llegara al mercado los mejores AOVES monovarietales: picuales verdes e intensos, arbequinos frutales y delicados y royal exclusivo y el más armonioso, en los que ponen para su elaboración corazón y tecnología punta en partes iguales.

Antes de finalizar la visita y agradecer el trato y la atención mostrada por todo el equipo, Don Sebastián ha podido participar en una cata donde ha podido degustar los distintos tipos de aceites y sus características organolépticas.

En pocos días visitará también una cooperativa para seguir profundizando en el gran tesoro del campo jiennense, los olivos y su oro líquido.

 

Galería fotográfica: «Visita a la almazara La Loma y Castillo de Canena»

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Primera visita de Mons. Lorca a Roma como presidente de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales

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El obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, en calidad de presidente de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales de la Conferencia Episcopal Española (CEE), visita estos días Roma, acompañado por el director del secretariado de esta comisión y director de la Oficina de Información de la CEE, José Gabriel Vera.

En el día de ayer, Mons. Lorca visitó la secretaría del Sínodo, reuniéndose con el subsecretario Mons. Luis Marín de San Martín, y la Facultad de Comunicación de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, donde compartió un tiempo con los alumnos de último curso. Hoy ha visitado el Dicasterio para la Comunicación y las instalaciones de la agencia de noticias Rome Reports, compartiendo el almuerzo con el consejero delegado y el director de esta agencia, Antonio Olivié y Javier Martínez-Brocal, y también con la corresponsal de Cope en el Vaticano, Eva Fernández.

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