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LA IGLESIA, FAMILIA CONTIGO QUE NECESITAMOS

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Queridos diocesanos:

El Día de la Iglesia diocesana es ocasión propicia para procurarnos una más clara conciencia de la identidad de la Iglesia diocesana, lograr una identificación con ella más ajustada a su realidad tanto social como espiritual. En ella nos hallamos insertos, porque todos los bautizados en nuestra Iglesia particular somos parte de la misma y por medio de nuestra pertenencia a la Iglesia diocesana formamos parte de la Iglesia universal. Podemos preguntarnos cómo puede ser, y así recibir del magisterio de la Iglesia la respuesta que nos es necesario conocer.

La Iglesia para la salvación del mundo en Cristo

La jornada dedicada a la Iglesia diocesana tiene, en primer lugar, que ayudar a todos los bautizados a lograr una más clara inteligencia del misterio de la Iglesia. Es preciso detenernos en ello. El Vaticano II declara que el misterio de la Iglesia es prolongación en el tiempo, en la historia de los hombres, del misterio del Verbo encarnado, que se manifiesta en el designio amoroso de Dios, porque en verdad Dios ha amado incondicionalmente al mundo y este amor de Dios por la humanidad salida de sus manos es el contenido del anuncio del Evangelio de Cristo llevado al mundo entero por los Apóstoles.  Dios Padre envió a su Hijo al mundo «para que el mundo se salve por él» (Jn 3,17), porque no es la punición o el castigo del hombre pecador desde el comienzo de su existencia el objetivo pretendido por Dios al enviar a su Hijo al mundo, sino la salvación del mundo mediante el conocimiento de la verdad, cuyo contenido es el amor divino (cf. 1Tm 2,4→Ez 18,23). En el conocimiento de Dios consiste la vida eterna y la Iglesia existe para dar a conocer a Jesucristo, el Hijo de Dios en quien hemos conocido la revelación de Dios (cf. Jn 8, 32; 17,3).

El Vaticano II declara que el misterio de la Iglesia es prolongación en el tiempo, en la historia de los hombres, del misterio del Verbo encarnado, que se manifiesta en el designio amoroso de Dios

Este objetivo del designio de Dios que incluye como realidad sustantiva la carne del Hijo de Dios fue considerado razón del ser de la encarnación desde el Nuevo Testamento a la teología de los santos Padres y, posteriormente a los grandes teólogos del Medievo, cuyo pensamiento ha perdurado como el más influyente en las corrientes teológicas posteriores. La encarnación mira a la redención del género humano, cuyo misterio se esclarece a la luz del misterio del Verbo encarnado, como enseña el II Concilio del Vaticano al referirse a Cristo como nuevo Adán, siguiendo la teología bíblica de san Pablo, que afirma cómo «Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo, el Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación»[1].

No todas las corrientes teológicas responden a esta visión de la razón de la encarnación en el designio divino para el mundo, planteándose la cuestión hipotética de si no se habría producido igualmente la encarnación, si el hombre no hubiera pecado, pero no podemos entrar en esta carta en la descripción de unas y otras corrientes teológicas que han llegado a la teología contemporánea. De hecho, en cierta medida, la misma Constitución conciliar sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes orienta la comprensión del dinamismo de la historia de la salvación, y lo hace sobre la base de una antropología cristiana que supone la encarnación del Verbo. Baste esta breve introducción sobre la finalidad salvífica de la Iglesia, que nos ayude a mejor situar la enseñanza conciliar sobre la Iglesia diocesana. 

La realidad de la Iglesia diocesana y su mediación en la misión de la Iglesia universal

El último Concilio nos recuerda lo sustancial en una definición de la Iglesia diocesana que es necesario tener siempre presente: «La diócesis es una porción del pueblo de Dios que se confía a un obispo para que la apaciente con la colaboración de su presbiterio. Así, unida a su pastor, y por él congregada en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y de la Eucaristía, constituye una Iglesia particular. En ella está verdaderamente presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica»[2].

La Iglesia diocesana es una Iglesia particular que en la gran comunión católica es porción del pueblo de Dios. No es todo el tejido social de la Iglesia universal, pero el entero misterio de salvación que constituye la Iglesia universal está presente en ella, y por la predicación del Evangelio y de la Eucaristía realiza su esencia o identidad propia. Más aún, todos los bautizados estamos insertos y formando parte de la Iglesia universal como miembros del cuerpo místico de Cristo, en tanto que miembros de nuestra Iglesia diocesana que podemos identificar también como nuestra «Iglesia de origen». De hecho lo solemos hace así, refiriéndonos al cuerpo social diocesano, por cuyo medio somos integrados en el cuerpo místico de Cristo, es decir en la Iglesia universal.

Dicho de esta manera, el día de la Iglesia diocesana es ocasión de gracia reiterada que el Señor nos ofrece como ocasión privilegiada para intensificar nuestra adhesión a la comunidad eclesial diocesana de la que formamos parte y por la cual somos integrados en la Iglesia una y santa de Cristo. En cada Iglesia particular no hay más que un obispo, aunque el obispo diocesano pueda contar con la ayuda de uno o varios obispos auxiliares o con la ayuda de un obispo coadjutor, los cuales pueden tener encomendadas diversas funciones de régimen, sin que de hecho puedan sustituirlo, sino coadyuvar a su ministerio episcopal según lo determina en diversas circunstancias la ley universal de la Iglesia.

El día de la Iglesia diocesana es ocasión de gracia reiterada que el Señor nos ofrece como ocasión privilegiada para intensificar nuestra adhesión a la comunidad eclesial diocesana de la que formamos parte y por la cual somos integrados en la Iglesia una y santa de Cristo.

Todos los diocesanos han de tener una idea clara de su propia Iglesia particular, presidida por el obispo, que cuenta con la colaboración de su presbiterio y la de los diáconos permanentes, que auxilian al obispo y a los presbíteros. Con todo la Iglesia está constituida fundamentalmente por los laicos, dotados de su propio carisma o don y misión en la Iglesia como testigos de Cristo en el mundo, en una sociedad hoy compleja y plural, en la cual Cristo ha querido que su Iglesia sea sacramento de salvación para el mundo, prolongando en ella su propia humanidad. El pueblo de Dios está formando por los fieles cristianos laicos a cuyo servicio están los pastores, es asimismo un cuerpo social en el cual hay seglares, que son la mayoría, religiosos y religiosas, y miembros de sociedades apostólicas formadas por varones y mujeres de vida consagrada en sus diversas formas. Todos tenemos en la Iglesia nuestra propia identidad y cometido, siendo todos necesarios para que la funcionalidad del cuerpo resulte útil tanto a la común misión de todos en la Iglesia, que es anunciar y dar testimonio de Cristo, como para que mutua y recíproca relación de unos a otros, el servicio de unos sea complementario al servicio de los otros. En este sentido conviene tener siempre presente el comentario de san Pablo a la siempre posible rivalidad entre los miembros de la Iglesia. Dice el Apóstol de las gentes en la primera carta a los Corintios que del mismo modo que «los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo» (1Cor 12,12); y continúa en el mismo lugar diciendo que, así como el cuerpo no se compone de un solo miembro, tampoco el cuerpo de místico de Cristo puede constar de un solo miembro, de tal suerte que si dijera cada uno de los miembros que no forma parte del cuerpo porque el ojo no es el oído ni ninguno de los dos el olfato, ¿dónde quedaría el cuerpo? Por eso concluye añadiendo que muchos son los miembros, mas uno el cuerpo: «Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno a su modo» (1Cor 12,27).

Es muy necesario que, en una jornada de reflexión sobre la realidad y misión de la Iglesia diocesana, paremos mientes en el misterio de la Iglesia, de la cual el Concilio afirmaba que «es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad del género humano»[3]. De nuestra identificación con la Iglesia diocesana de la que formamos parte, en la cual vivimos nuestra inserción y pertenencia a la única Iglesia de Cristo, es decir, a la Iglesia universal, que es una, santa, católica y apostólica, depende en la mayor medida que hagamos propia la misión de la Iglesia en el mundo y cumplamos con nuestro cometido propio según nuestro estado y condición eclesial.

Ayudar a la autofinanciación de la Iglesia como resultado de una conciencia clara de su verdad y su misión en el mundo

No sería una opción acertada hacer de la jornada dedicada a la Iglesia diocesana ocasión para una cuestación movida sólo por el interés por acrecentar la autofinanciación como objetivo prioritario, por muy necesitada que una Iglesia diocesana esté de contar con medios materiales para mantenerse como cuerpo social y cumplir su misión. ¿Qué tenían los Apóstoles cuando Cristo los envío a anunciar el Evangelio? ¿Cuál fue el equipaje que les propuso en el discurso apostólico que nos ha dejado san Mateo recogido en el célebre capítulo diez de su evangelio? Ni plata, ni oro, ni cobre, ni alforja, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, «porque el obrero merece su sustento» (Mt 10,10). Naturalmente, la Iglesia necesita su sustento, pero no podemos vender la libertad del Evangelio al sustento calculado y consensuado con el poder de este mundo, porque dejaríamos de ser la Iglesia de Cristo. Es difícil la autofinanciación de la Iglesia en una sociedad descreída y acosada por la manipulación de una imagen de la misma desfigurada por sus propios enemigos: el materialismo rampante y las ideologías viejas y nuevas que se han convertido en savia nutriente del hombre gregario de nuestros días, a pesar de que quienes orientan la opinión pública le hacen creer que es más libre que nunca.

Ni menos aún tratar de motivar la cuestación en favor de la Iglesia por las muchas obras de caridad y beneficio social que de ellas se sigue, porque la Iglesia hace indudablemente mucho bien. Debemos darlo a conocer, respondiendo así a los críticos que nos dicen que el bien que hacemos no sabemos publicitarlo. Ahora bien, apoyar nuestra campaña en el bien que hacemos hemos de hacerlo, sí, pero afrontando cuanto de verdad hay en las críticas que los cristianos de hoy recibimos, aunque a veces cuesta ponerse a ello. Por eso, os propongo, queridos diocesanos, que ayudéis a nuestra Iglesia, vuestra y de los pastores que la regentamos, que con vosotros somos cristianos y miembros del cuerpo de Cristo que con la autoridad de Cristo hemos de predicaros la verdad evangélica, a vosotros y a los que están fuera de la Iglesia, para que a todos nos sirva de salvación. Si no se tuviera presente en este día el objetivo prioritario de la Iglesia, que existe para la misión que Cristo le confió, imperando mediante mandato llevarla a cabo con palabras inequívocas: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28,19-20a). Mandato que se completa con la promesa de que la Iglesia contará siempre con la presencia en ella de su Señor: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos» (Mt 28,20b). Es la promesa que adelantó Jesús a Pedro, afianzando a los Apóstoles en la certeza de la fe en la consistencia de la Iglesia al declarar proféticamente que «el poder del infierno no la derrotará» (Mt 16,18). Jesús exhorta a los discípulos a afrontar con fortaleza cualesquiera situaciones adversas que la sociedad de cada tiempo plantea a la Iglesia, pidiéndoles que no pierdan de vista la orientación escatológica, es decir, la orientación a la consumación final del reino de Dios que Jesús proclamó llamando a la conversión. Jesús les advierte que Dios Padre conoce las necesidades que tienen y de qué carecen; y, aun así, les propone como prioridad el reino: «Buscad, más bien, el reino y lo demás se os dará por añadidura», exhortándoles a la confianza plena en Dios providente: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino» (Lc 12,31-32).

Por eso, os propongo, queridos diocesanos, que ayudéis a nuestra Iglesia, vuestra y de los pastores que la regentamos, que con vosotros somos cristianos y miembros del cuerpo de Cristo que con la autoridad de Cristo hemos de predicaros la verdad evangélica, a vosotros y a los que están fuera de la Iglesia, para que a todos nos sirva de salvación.

Hemos de afrontar esta campaña con claridad sobre la prioridad misionera de la Iglesia y os llamo a todos a poner cada uno d su parte lo que juzgue necesario para sostener la Iglesia diocesana y, sin duda, teniendo en cuenta que hemos de hacerlo con una mentalidad moderna, acomodando nuestro modo de proceder a la legislación vigente en una sociedad fiscalizada y moderna. Una cosa no quita la otra, no podemos dejar de orientarnos por los principios constitutivos de la Iglesia, que se levanta sobre el designio de Dios de contar con ella como obra de Cristo para la salvación del mundo. Dios en su designio para el mundo ha querido que la salvación pase por la misión de la Iglesia. Es lo que nos proponíamos hacer valer con el Plan pastoral diocesano 2019-2023 «Ser Iglesia en conversión misionera», siguiendo las orientaciones del Papa Francisco con motivo del centenario de la carta apostólica sobre las misiones Maximum illud (1919) de Benedicto XV. Ahora la preparación del próximo Sínodo de los Obispos en 2023 ha venido a enriquecer el plan pastoral y prolongar en la reflexión que hemos emprendido como preparación a su desarrollo. La Iglesia nos propone una amplia reflexión participada orgánicamente por cuantos han de llevar adelante la representación de los distintos sectores del pueblo de Dios sobre la sinodalidad de la Iglesia, es decir, sobre la corresponsabilidad de todos en la misión de la Iglesia. Una primera fase de carácter diocesano que se había previsto terminara en abril, pero que recientemente la Secretaría General del Sínodo ha decidido alargar hasta el 15 de agosto próximo como fecha límite para que las Conferencias Episcopales entreguen la síntesis de las Iglesias diocesanas.

Sostener a la Iglesia hoy

Un planteamiento moderno de la financiación de la Iglesia exige una transparencia real y no sólo fingida o convencionalmente condicionada por intereses eventuales. No bastan las proclamas de transparencia sin hechos objetivos que la avalen. Se hace preciso informar de qué modo la ayuda que los fieles proporcionan contribuye a dotar a la Iglesia diocesana de los medios que necesita para su mantenimiento. En esta tarea siempre es importante combinar el sostenimiento del culto y del clero con la caridad y la obra educativa y social de diverso género que la Iglesia desarrolla y que va desde la ayuda a los marginados y más necesitados a las tareas de alcance cultural. Hemos de decir que tiene la mayor importancia contar con una financiación digna del clero y cuantos colaboran con la labor de la Iglesia en los diversos campos de su presencia social, desde profesionales cualificados a auxiliares a su servicio. Por lo que se refiere a la partida de específica de «culto y clero», hay que convenir que es modesta y que requiere que los fieles la completen en las parroquias particularmente y en los diversos servicios que con profesionalidad asumen asimismo los sacerdotes en determinados casos. Sostener al clero es importante objetivo en la financiación de la Iglesia, porque sin el subsidio   de los ministros del Evangelio sería difícil cumplir con el mandato del Señor. Sostener la economía de Curia, la administración pastoral y contribuir al mantenimiento del patrimonio cultural de la Iglesia, con su propia finalidad y puesto al servicio de la sociedad, regulado conforme a la normativa vigente canónica y civil.

Ninguna de estos cometidos tiene que contraponerse a la caridad y la acción social de la Iglesia, para la cual la Iglesia cuenta con recursos e ingresos destinados por los fieles a tal fin y que forman parte de los ingresos de la Iglesia diocesana, que deben contabilizarse como tales; como también forman parte de estos ingresos las colectas que se destinan a fines diocesanos y las que se destinan a fines de la Iglesia universal, así como las subvenciones de las instituciones y fundaciones. La transparencia exige aclarar que no se deben confundir los balances del Obispado con los balances de toda la Iglesia diocesana sin mayores aclaraciones y números, empezando por tener claro que las cuentas de las parroquias son parte sustancial de los ingresos de la Iglesia diocesana. Estas cuentas se han visto por desgracia afectadas por las sucesivas crisis, la de 2008 y la pandemia del Covid-19, que no cesa y tanto ha retraído la acción comunitaria de la Iglesia, afectando gravemente a la práctica religiosa. Los balances de los centros educativos y la explotación del patrimonio de la Iglesia, así como las tasas de Curia y del Tribunal eclesiástico son ingresos reales de la Iglesia diocesana, que están al servicio de los gastos que la misión de la Iglesia y su mantenimiento como estructura social, la conservación de su patrimonio histórico cultural, la caridad cristiana y la acción social generan. La economía a diocesana no se apoya sólo en la entidad del Obispado, sino en todas las entidades que forman orgánicamente la estructura económica unitaria de la diócesis. Estas entidades operan de modo solidario como sucede con los vasos comunicantes, y los beneficios de unas entidades cubren las carencias de otras. Es el conjunto el que responde de la economía diocesana.

La transparencia exige aclarar que no se deben confundir los balances del Obispado con los balances de toda la Iglesia diocesana sin mayores aclaraciones y números, empezando por tener claro que las cuentas de las parroquias son parte sustancial de los ingresos de la Iglesia diocesana.

La Iglesia diocesana de Almería ha realizado un gran esfuerzo en las dos últimas décadas para remozar sus obsoletas estructuras y crear algunas nuevas. Son de valorar las ayudas que algunas instituciones civiles han puesto a su disposición, pero el mayor esfuerzo ha recaído sobre los fieles y los recursos modestos de nuestra Iglesia, de su Obispado y de sus parroquias. A todos cuantos simpatizan con el mensaje de la Iglesia y valoran su alcance moral y, en particular, a los fieles cristianos hemos de manifestar agradecimiento, al mismo tiempo que les decimos que no dejen de ayudarnos a ser lo que somos, como reza el lema de este la campaña de este año, porque esta ayuda, por modesta que sea, contribuye a que seamos una gran familia de fe cristiana.

La Iglesia, familia de los hijos e Dios, quiere ofrecer la riqueza superior a todas las riquezas de este mundo que mueven a los seres humanos. La Iglesia quiere ofrecer a todos el servicio del Evangelio, para que la buena noticia de la salvación que Cristo ha traído lleve a la sociedad de nuestro tiempo la esperanza en el futuro que sólo Dios garantiza al hombre, que vive en este mundo con sus anhelos y dificultades, sus gozos y esperanzas, pero también tristezas y angustias que, como lo acredita la historia de la humanidad, requieren el remedio poderoso de la solidaridad fraterna que se sostiene en la paternidad común de Dios.

Con todo afecto y bendición.

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

Almería, a 7 de noviembre de 2021

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

[1] Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, n. 22; cf. Rm 5,12-20.

[2] Vaticano II, Decreto sobre la función pastoral de los obispos en la Iglesia Christus Dominus, n. 11.

[3] Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 1.

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Domingo 7 de noviembre: Día de la Iglesia Diocesana

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Domingo 7 de noviembre: Día de la Iglesia Diocesana

 

Con el lema “Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo” la Iglesia celebra, el 7 de noviembre, el Día de la Iglesia Diocesana. Se trata de una jornada importante, que quiere ayudar a concienciar sobre la realidad de la Iglesia, lo que es, lo que hace, su misión, sus proyectos… También es un día para colaborar con el sostenimiento de la propia Iglesia diocesana. En todas las parroquias habrá colectas este fin de semana y el que viene para ayudar, con nuestro donativo, a que la Iglesia pueda realizar su labor en el día a día.

Muchas de las actividades que realiza la Iglesia tienen que ver con el culto, la administración de Sacramentos, catequesis,… pero no todas. Otras muchas acciones de la Iglesia tienen una dimensión social, ayudando a los más necesitados, promoviendo formación y hasta la búsqueda de empleo, dando alimentos, ropa,… Otras actividades tienen una dimensión cultural, educando a chicos y chicas en colegios y universidades, manteniendo templos, cultivando la música y otras manifestaciones artísticas,… La labor de la Iglesia es múltiple y se hace presente en todos los sectores de la sociedad. Y este Día de la Iglesia Diocesana quiere a ayudar a que notemos la presencia de la Iglesia en todos esos sectores para que valoremos la aportación que hace a la sociedad, llevando un mensaje de amor y de esperanza.

Sobre lo que hace la Iglesia en la diócesis de Guadix, el obispado accitano ha editado un folleto en el que se indican los ingresos y gastos de la diócesis, y en qué se han invertido. Se puede ver aquí. Se actúa así con transparencia, rindiendo cuentas y animando a todos a que nos sintamos corresponsables de nuestra Iglesia diocesana.

Carta del obispo

El obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco, ha escrito una carta a los diocesanos en la que habla de este Día de la Iglesia Diocesana, de la labor que realiza la Iglesia en todos los ambientes y de la necesidad de que todos colaboraremos para que eso que hace se pueda seguir haciendo.

Dice Mons. Orozco que “somos conscientes de la situación socio-económica de nuestro territorio, claro ejemplo de la `España vaciada´. Por eso, cualquier gesto a lo largo del año o en el domingo de la Iglesia diocesana, vale mucho más. La Diócesis necesita el apoyo de sus fieles, y lo tiene. Necesitamos sacerdotes, consagrados, voluntarios para Cáritas, catequistas para la transmisión de la fe a todos los niveles, personas que con su compromiso en las parroquias, grupos e instituciones eclesiales, sigan mostrando la belleza de la Iglesia que sirve gratuitamente a todos y hace el bien en cada rincón diocesano. Ahí tenemos la labor de Caritas y de tantos buenos cristianos, que durante esta pandemia, han llegado a tantas y tantas personas que lo han pasado y lo siguen pasando mal. Todo esto no hubiera sido posible sin vuestra colaboración, “Somos lo que tú nos ayudas a ser”.

También habla de cómo podemos colaborar económicamente con la Iglesia: “la iglesia, la diócesis, pide vuestra colaboración económica, que se expresa en vuestra generosidad en las aportaciones de las colectas, los donativos que realizáis en vuestras parroquias o a través de la página web www.donoamiiglesia.es , en vuestras aportaciones periódicas, marcando la X a favor de la Iglesia y de otros fines sociales en la declaración de la renta, legando a la iglesia parte de vuestro patrimonio”.

Y recuerda que la Iglesia trabaja siempre con transparencia, rindiendo cuentas, “todo para que la sociedad sepa quiénes somos, qué hacemos y cómo lo llevamos a cabo de forma totalmente transparente”.

Se puede consultar la Carta Pastoral del obispo para el Día de la Iglesia Diocesana aquí.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Diócesis de Guadix

Gastos 2021

Gastos 2021

Actividad Iglesia dicoesana 1

Actividad Iglesia dicoesana 2

Actividad Iglesia dicoesana 3

Actividad Iglesia dicoesana 4

 

 

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Las hermandades de la ciudad inauguran la exposición “Arte y Cofradías en Córdoba”

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La cita acoge en la Catedral de Córdoba una gran selección del patrimonio sacro local

La Agrupación de Cofradías de la Ciudad de Córdoba inauguró el viernes, 5 de noviembre, la gran exposición de Semana Santa que bajo el título “Arte y Cofradías en Córdoba”  se encuentra ubicada en la ampliación de Almanzor de la Santa Iglesia Catedral durante el mes de noviembre. Una muestra que cuenta con el apoyo financiero de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía.

La muestra, que se prolongará hasta el día 28, reúne cerca de 100 piezas de orfebrería, bordados, imaginería, documentos, pinturas, mantos, grupos escultóricos y palios completos. Un ejemplo del arte de cofradías de Córdoba hecho en y fuera de Córdoba, que servirá también para impulsar la labor de los artistas locales.

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La Diócesis ya tiene nueva sede para el Seminario Diocesano

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Esta mañana ha tenido lugar en el nuevo Seminario Diocesano su bendición y Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés.

La Diócesis ha vivido hoy una jornada histórica y llena de alegría, por fin se veía materializado la inauguración del nuevo Seminario Diocesano, ubicado en el antiguo Monasterio de Madre de Dios. Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, la capilla del Seminario Diocesano San Juan Ávila acogido una Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, quien además ha bendecido las nuevas instalaciones y ha reconocido a distintas entidades como las Hermanas Dominicas, la Fundación Jaime González Gordon y el Colegio Montaigne de Jerez, por su ayuda durante estos 36 años de vida que tiene el corazón de la Iglesia Asidonense tras su creación el 7 de octubre de 1985.

Homilía de Monseñor Rico Pavés:

En esta celebración el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha recordado que “el Seminario es el corazón de la Diócesis, la vitalidad de la vida diocesana en gran medida se mide a partir de la vida que encontramos no entre unas paredes sino en una comunidad de aquellos que habiendo escuchado la llamada del Señor han contestado con generosidad poniendo su confianza en la Iglesia para que sean formados y lleguen un día a ser sacerdotes”. Asimismo, ha agradecido a todas las personas, entidades que han hecho posible que hoy inauguremos el Seminario, entre los que ha recordado a Monseñor Mazuelos Pérez, las Hermanas Dominicas o la Fundación Jaime González Gordon.

Por otro lado, el prelado ha subrayado que los sacerdotes deben ser amor del corazón de Cristo por ello su formación debe salir “de las entrañas purísimas de María por obra del Espíritu Santo” y por lo tanto marcado por el amor de la Virgen. Igualmente, Monseñor José Rico Pavés ha mencionado que tampoco podemos olvidar la importancia de Sacramento del Altar y dejarnos moldear por Él recordando la frase del Concilio Vaticano II, “la Eucaristía es la fuente y la cima de la vida cristiana”.

“No dejemos de tener en nuestra memoria aquellos que entregaron su vida por amor a Cristo, que al odio reaccionaron amando, que murieron perdonando, porque el amor que el Señor nos regala en el Altar es de esta calidad”, con estas palabras Mons. Rico Pavés ha recordado a los mártires del siglo XX en España que la liturgia recuerda hoy.

Bendición del nuevo Seminario Diocesano y reconocimientos a distintas entidades que han ayudado desde su creación a la casa de las vocaciones

Por último, tras la finalización de la Eucaristía el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha bendecido la nueva casa donde estarán los futuros sacerdotes que se encargarán de las labores pastorales de la Iglesia Asidonense. Asimismo, se ha hecho entrega simbólica a 3 nuevos seminaristas del alba que utilizarán a partir de ahora en las distintas celebraciones, además de llevar a acabo la profesión de fe de los distintos profesores de los dos institutos teológicos de la Diócesis.

Recordar que durante esta semana Monseñor Rico Pavés visitó y celebró la Eucaristía junto a los seminaristas que realizaron ejercicios espirituales. Asimismo, esta tarde en la Santa Iglesia Catedral el prelado presidirá la Santa Misa con motivo del aniversario del Colegio de Montealto de Jerez de la Frontera.

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Mons. Saiz: “La conversión personal profunda y la renovación de la vida es lo que pide el Señor al término de su Misión”

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Mons. Saiz: “La conversión personal profunda y la renovación de la vida es lo que pide el Señor al término de su Misión”

La mañana de este sábado, la Catedral hispalense acogió la ceremonia de acción de gracias por la misión evangelizadora que protagonizó Jesús del Gran Poder, durante 21 días en las parroquias de los Tres Barrios. La Eucaristía, presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, tuvo lugar en el Altar del Jubileo, frente a la talla incomparable de Juan de Mesa, “la representación más sublime de Jesucristo”.

“La conversión personal profunda, una renovación de la vida, es lo que pide el Señor de nosotros, al término de su misión”, refirió el arzobispo durante su homilía. “Él ha de ser el centro al que subordinamos todos los demás elementos: familia, trabajo, ambiente, aficiones, compromiso político, voluntariado”.

Tiempo de gracia 

“El Señor del Gran Poder ha venido a visitarnos, y eso nos llena de alegría (…) Nosotros hemos experimentado la acción de Dios, de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, a lo largo de esta Misión evangelizadora que acabará esta noche, y que está siendo un Kairós, un tiempo de gracia y salvación para todos”, expresó mons. Saiz.

El acontecimiento histórico que supuso para la ciudad, la visita de la imagen de Jesús del Gran Poder, a propósito del IV centenario de su hechura, “de nosotros depende que se quede en un bello recuerdo sin apenas influencia transformadora o que marque un antes y un después en el corazón de las personas y de nuestras organizaciones y entidades, así como de las administraciones; una transformación que pueda generar soluciones concretas para resolver las problemáticas más acuciantes”.

A la Eucaristía han acudido monseñor Carlos Amigo, cardenal arzobispo emérito, Teodoro León, vicario general, miembros del Cabildo Metropolitano; sacerdotes y diáconos; autoridades civiles, académicas y militares, miembros de la vida consagrada y fieles laicos; miembros de parroquias, movimientos, asociaciones y diferentes realidades eclesiales, de instituciones caritativas y sociales, miembros de las hermandades y cofradías.

Salvación y fidelidad

D. José Ángel ha invitado a todo el pueblo de Dios, “a contemplar el rostro del Señor, que es todo amor y misericordia; a contemplar su paso firme, con zancada larga hacia el Calvario, donde dará su vida en la cruz por la salvación de todos; a contemplar sus manos grandes, que sujetan la cruz con firmeza, porque quiere ser fiel hasta el final a la voluntad del Padre”.

De esta manera, “su mirada nos pregunta cómo está nuestra vida, qué hemos hecho hasta hoy por Él y por los hermanos más necesitados, y qué estamos dispuestos a hacer a partir de ahora”. El Señor del Gran Poder pide colaborar en la construcción de su Reino aquí en la tierra, “para que en una sociedad que se caracteriza por el ansia de riqueza y de poder, se construya su Reino de justicia y de paz, de verdad y amor”.

Ha llamado también a trabajar por el desarrollo de cada persona y de toda la comunidad, en la familia, en el trabajo, en el barrio, en la ciudad, en la diócesis. “En mis primeros días como pastor diocesano visité algunos de los barrios más pobres de nuestra ciudad, pero constaté también el trabajo que llevan a cabo muchas entidades, unas de Iglesia y otras laicas, una labor extraordinaria llena de esperanza”.

Mons. Saiz Meneses, ante una concurrida asamblea, expresó nuevamente que esta Misión nos ayuda a recordar que el Señor nos ha ido salvando y protegiendo en los momentos difíciles de nuestra vida, y nos sigue sosteniendo con su gracia y amor. Por ese motivo, “es importante que sepamos valorar las cosas buenas y positivas que hay en nuestra existencia. Si nos fijamos solamente en los problemas y dificultades, no podremos percibir todo lo bueno y bello que viene del Señor. Esta memoria agradecida nos da fuerza y luz para cuando llegan las horas oscuras. Porque Dios nos ama y sigue haciendo obras grandes, y está presente entre nosotros; porque el Señor del Gran Poder ha venido a visitarnos, y eso nos llena de alegría”.

400 aniversario de la hechura de la talla

Con ocasión del 400 aniversario de la hechura de la talla del Gran Poder, nació la idea de realizar una Santa Misión en Tres Barrios-Amate. Félix Ríos, para ese entonces, hermano mayor, expuso la idea a monseñor Juan José Asenjo, a la sazón arzobispo hispalense, “que la recibió con entusiasmo”. Sin embargo, la pandemia impidió llevarla a cabo el año 2020, pero gracias a Dios, se ha podido llevar a cumplimiento en el presente año por iniciativa del nuevo hermano mayor, Ignacio Soro, y los párrocos de las parroquias de la Blanca Paloma, Nuestra Señora de la Candelaria y Santa Teresa, con el aliento del nuevo arzobispo.

Una Santa Misión evangelizadora en la periferia de Sevilla

Ahora bien, recordemos, – dijo mons. Saiz- en primer lugar, que la Misión de Jesús es cumplir la voluntad del Padre, llevar a cabo la obra de la salvación de los hombres. Él “no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos”. Para esto ha ido el Gran Poder a los Tres Barrios-Amate y ha recorrido tantas calles y plazas de nuestra ciudad.

“Quien ha visto a Cristo, ha visto al Padre, porque Dios nos ha manifestado su rostro, se ha hecho visible en Jesucristo. Él inaugura de un modo nuevo la presencia de Dios en la historia, y nos muestra el rostro de Dios. Es la respuesta a los grandes interrogantes y aspiraciones del hombre”, reflexionó.

El Señor, quiere, por tanto, “una renovación de la sociedad”. El Gran Poder nos pregunta: “¿Dónde está tu hermano? Hay pecados contra el amor al prójimo o contra la justicia en las relaciones interpersonales, contra los derechos de la persona humana, ya sea contra la vida, la libertad, la dignidad y el honor del prójimo”. Finalmente, dijo el arzobispo de Sevilla, que el Señor nos llama a ser agradecidos, a perdonar, a amar a los demás, a trabajar por nuestros hermanos más desfavorecidos.

Pidamos, por tanto,  “la gracia de vivir muy unidos a Él, de experimentar su amor, su amistad, y de participar en su Misión, de la mano de María Santísima, nuestra Madre y maestra”.

 

 

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Homilía de mons. José Ángel Saiz Meneses en la Santa Misa por la Misión del Gran Poder 

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Homilía de mons. José Ángel Saiz Meneses en la Santa Misa por la Misión del Gran Poder 

Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la Santa Misa de acción de gracias por la Misión del Gran Poder. 

Catedral de Sevilla, 6 de noviembre de 2021

«Quiero recordar la misericordia del Señor, las alabanzas del Señor: todo lo que hizo por nosotros el Señor, sus muchos beneficios a la casa de Israel, que llevó a cabo con compasión, y su gran misericordia» (Is 63, 7). Dios hace maravillas en la historia de los hombres. Es omnipotente y misericordioso, es refugio del oprimido, y no olvida el grito de los pobres. Cuando liberó al pueblo de Israel, las naciones descubrieron las obras grandes que Dios había realizado a favor de su pueblo, e Israel, que había sido agraciado por la acción divina, lo reconoce con agradecimiento y alegría. Nosotros también hemos experimentado la acción de Dios, de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, a lo largo de esta Misión evangelizadora que acabará esta noche, y que está siendo un Kairós, un tiempo de gracia y salvación para todos.

Un saludo cordial a don Carlos, Cardenal Arzobispo emérito, al Vicario general y Deán, al Cabildo Metropolitano; a los sacerdotes y diáconos; a las autoridades presentes; a los miembros de la vida consagrada y a todos los fieles laicos; a los miembros de parroquias, movimientos, asociaciones y diferentes realidades eclesiales, de instituciones caritativas y sociales, a los miembros de las hermandades y cofradías. Saludo en especial al Hermano Mayor, Junta de Gobierno y a todos los hermanos del Gran Poder. Saludo a todos los aquí presentes y a los que participáis en la celebración a través de los medios de comunicación.

Queridos hermanos y hermanas, esta Misión nos ayuda a recordar que el Señor nos ha ido salvando y protegiendo en los momentos difíciles de nuestra vida, y nos sigue sosteniendo con su gracia y amor. Es importante que sepamos valorar las cosas buenas y positivas que hay en nuestra existencia. Si nos fijamos solamente en los problemas y dificultades, no podremos percibir todo lo bueno y bello que viene del Señor. Esta memoria agradecida nos da fuerza y luz para cuando llegan las horas oscuras. Porque Dios nos ama y sigue haciendo obras grandes, y está presente entre nosotros; porque el Señor del Gran Poder ha venido a visitarnos, y eso nos llena de alegría.

Con ocasión del 400 aniversario de la hechura de la talla del Señor del Gran Poder, nació la idea de realizar una Santa Misión en Tres Barrios-Amate. Félix Ríos, Hermano Mayor, expuso la idea a don Juan José Asenjo, a la sazón Arzobispo hispalense, que la recibió con entusiasmo. La pandemia impidió llevarla a cabo el año 2020, pero gracias a Dios, se ha podido llevar a cumplimiento en el presente año por iniciativa del nuevo Hermano Mayor, Ignacio Soro, y los párrocos de las parroquias de la Blanca Paloma, Nuestra Señora de la Candelaria y Santa Teresa, con el aliento del nuevo Arzobispo. La Santa Misión comenzó el día 16 de octubre y se ha desarrollado en las parroquias y los barrios hasta anoche, que vino a la Iglesia Madre, la Catedral. Esta tarde, Nuestro Padre Jesús del Gran Poder regresará a su basílica.

Una Santa Misión evangelizadora en la periferia de Sevilla. Ahora bien, recordemos, en primer lugar, cuál es exactamente la Misión de Jesús Su Misión es cumplir la voluntad del Padre, llevar a cabo la obra de la salvación de los hombres. Él “no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10, 45). Para esto ha ido el Gran Poder a los Tres Barrios-Amate y ha recorrido tantas calles y plazas de nuestra ciudad. Quien ha visto a Cristo, ha visto al Padre, porque Dios nos ha manifestado su rostro, se ha hecho visible en Jesucristo. Él inaugura de un modo nuevo la presencia de Dios en la historia, y nos muestra el rostro de Dios. Es la respuesta a los grandes interrogantes y aspiraciones del hombre.

Esta mañana, en nuestra Catedral, contemplamos una vez más la talla incomparable de Juan de Mesa, la representación más sublime de Jesucristo. Nos preguntamos cuál es el mensaje final del Señor, qué quiere de nosotros después de esta misión evangelizadora por las calles, por las plazas, por los barrios de Sevilla. No lo dudemos, hermanos, lo que quiere de nosotros es una conversión personal profunda, una renovación de la vida, porque Él ha de ser el centro al que subordinamos todos los demás elementos: familia, trabajo, ambiente, aficiones, compromiso político, voluntariado.

También quiere una renovación de la sociedad. El Señor del Gran Poder nos pregunta: “¿Dónde está tu hermano?”. Hay pecados contra el amor al prójimo o contra la justicia en las relaciones interpersonales, contra los derechos de la persona humana, ya sea contra la vida, la libertad, la dignidad y el honor del prójimo. Es social todo pecado contra el bien común y sus exigencias, dentro del panorama de los derechos y deberes de los ciudadanos. Puede ser social el pecado de obra u omisión por parte de los dirigentes de todos los ámbitos que no se empeñen en la transformación de la sociedad según las exigencias y las posibilidades del momento histórico que nos toca vivir.

El Señor del Gran Poder nos llama a colaborar en la construcción de su Reino aquí en la tierra, para que en una sociedad que se caracteriza por el ansia de riqueza y de poder, se construya su Reino de justicia y de paz, de verdad y amor. Nos llama a trabajar por el desarrollo de cada persona y de toda la comunidad, en la familia, en el trabajo, en el barrio, en la ciudad, en la diócesis. En mis primeros días como pastor diocesano visité algunos de los barrios más pobres de nuestra ciudad, pero constaté también el trabajo que llevan a cabo muchas entidades, unas de Iglesia y otras laicas, una labor extraordinaria llena de esperanza.

Queridos hermanos: esta misión pasará, sin duda, a la gran historia de nuestra ciudad de Sevilla. De nosotros depende que se quede en un bello recuerdo sin apenas influencia transformadora o que marque un antes y un después en el corazón de las personas y de nuestras organizaciones y entidades, así como de las administraciones; una transformación que pueda generar soluciones concretas para resolver las problemáticas más acuciantes. Por eso os invito a contemplar a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. Es una invitación a contemplar su rostro, que es todo amor y misericordia; a contemplar su paso firme, con zancada larga hacia el Calvario, donde dará su vida en la cruz por la salvación de todos; a contemplar sus manos grandes, que sujetan la cruz con firmeza, porque quiere ser fiel hasta el final a la voluntad del Padre. Su mirada nos pregunta cómo está nuestra vida, qué hemos hecho hasta hoy por Él y por los hermanos más necesitados, y qué estamos dispuestos a hacer a partir de ahora.El Señor del Gran Poder nos llama a ser agradecidos, a perdonar, a amar a los demás, a trabajar por nuestros hermanos más desfavorecidos. Pidamos hoy la gracia de vivir muy unidos a Él, de experimentar su amor, su amistad, y de participar en su Misión. Su Misión continúa en Sevilla, y hoy nos llama de un modo particular a participar en ella. Con su gracia seremos capaces, de la mano de María Santísima, nuestra Madre y maestra. Así sea.

 

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

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Agradecimiento al clero de Mons. José Mazuelos Pérez

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Agradecimiento al clero de Mons. José Mazuelos, en la que hace balance de su primer año episcopal en esta Diócesis de Canarias

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Las parroquias de Beas de Guadix, Polícar y Lugros reciben la Vista Pastoral del obispo

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Las parroquias de Beas de Guadix, Polícar y Lugros reciben la Vista Pastoral del obispo

Las parroquias de Beas de Guadix, Polícar y Lugros están recibiendo la Visita Pastoral del obispo accitano, D. Francisco Jesús Orozco, en un ambiente de acogida, de encuentro y de celebración. La vista comenzó el jueves 4 de noviembre y concluirá este sábado, día 6. En estos tres días, el prelado ha visitado las tres parroquias, los tres ayuntamientos, los colegios, los enfermos…

Están siendo días intensos, con mucho que ver y poco tiempo para hacerlo. Pero, en el programa elaborado por el párroco, Antonio Gómez, ha habido tiempo para el encuentro con los feligreses, de modo que el obispo pueda conocer las instituciones, pero también sus gentes, sus preocupaciones, sus alegrías y sus penas.

En los dos primeros días, Mons. Francisco Jesús Orozco ha visitado los tres ayuntamientos. En Lugros fue recibido por su alcalde, Agustín Fernández, que le habló del pueblo, de cómo afronta el futuro, de sus necesidades… También pudo conocer cómo se están viviendo estos días de bullicio en el pueblo a causa de la magnífica estampa que ofrece en otoño El Bosque Encantado, un paisaje que el obispo -dijo- ya ha recorrido en dos ocasiones.

En el ayuntamiento de Beas de Guadix, el obispo fue recibido por su alcaldesa Rosa Martínez, que también le habló de las necesidades del pueblo, del problema que supone la despoblación y la emigración de los jóvenes, y de los recursos que ofrece el entorno, que atrae cada vez más visitantes.

En Polícar, el alcalde Marcos Navarro recibió al obispo en el ayuntamiento, en el que firmó en el libro de honor. Le habló de la realidad del pueblo, de los riesgos que supone la despoblación, pero, también, de lo bien que se vive en su pueblo.

En los tres ayuntamientos se hizo patente la buena colaboración con la parroquia, con actuaciones recientes de recuperación del templo parroquial en Polícar, de mejora de la accesibilidad en Beas de Guadix y de embellecimiento y pintura en Lugros.

Con la profesora de Religión, María del Carmen Albarracín, el obispo ha visitado los colegios de Lugros y Polícar y ha tenido tiempo para hablar con los más pequeños. También ha podido conocer las ventajas e inconvenientes que tiene educar con tan pocos niños y con varios cursos en un aula. Queda pendiente, para más adelante, la visita al colegio de Beas de Guadix, que no se ha podido realizar por problemas de agenda.

Otro de los momentos importantes de la Vista Pastoral ha sido el encuentro con los mayores que asisten a los grupos de Cáritas, en las tres parroquias, dirigidos por Cristina, de Cáritas diocesana. Dado que ha coincidido la visita con las reuniones de estos grupos, el obispo ha podido conocer lo que hacen, cómo trabajan la memoria y las habilidades manuales y artísticas, al tiempo se forman en solidaridad y ayudan a otros más necesitados. Además, en Lugros compartió un desayuno con el grupo.

Mons. Francisco Jesús Orozco también ha visitado a los enfermos y personas mayores que no pueden ir a la iglesia por problemas de salud. Con ellos ha compartido tiempo, esperanzas y les ha llevado la comunión.

Y en Polícar, además, ha podido visitar la ermita que un grupo de feligreses, prácticamente todo el pueblo, han construido recientemente para dedicarla a su Patrona, la Virgen de Fátima. Conoció el esfuerzo que les ha supuesto esta ermita para un pueblo tan pequeño y la alegría con la que ahora la disfrutan, en la romería del mes de mayo y en los paseos de cada tarde de primavera o verano. También pudo saborear un chocolate muy calentito y dulces típicos.

En Lugros, Mons. Orozco ya ha celebrado la Misa estacional de la Vista Pastoral, con los feligreses, en una celebración distendida, alegre, en la que el obispo pudo compartir la fe y dialogar con feligreses. Queda para este sábado, el último día de la Visita Pastoral, la Misa estacional en las parroquias de Beas de Guadix y Polícar.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Diócesis de Guadix

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Disponibles los materiales para comenzar a trabajar en el Sínodo en las distintas parroquias

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Ya están disponibles los materiales para comenzar a trabajar en el Sínodo en esta etapa diocesana. Una materiales fruto del trabajo y la reflexión que han sido elaborados por el Equipo Diocesano de Coordinación Sinodal.

Esta primera entrega de materiales consta de una Guía inicial para todos los animadores, un material destinado a los más pequeños de nuestras comunidades, un material destinado a los grupos juveniles, un documento con indicaciones prácticas para iniciar el camino sinodal con los más alejados, un material destinado a los adultos y las catequesis preparadas por la Comisión Episcopal de Evangelización, Catequesis y Catecumenado  (para niños, adolescentes, padres y novios).

La segunda entrega de materiales se entregará, Dios mediante, en el mes de diciembre.

Estos documentos están disponibles en la página web diocesana en la sección dedicada al Sínodo:

https://diocesisalmeria.org/sinodo/

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Entrega de la Medalla «Pro Ecclesia Malacitana» a D. José Manuel García Jabato (Parroquia San Felipe Neri-Málaga)

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Homilía del obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá, en la entrega de la Medalla «Pro Ecclesia Malacitana» a D. José Manuel García Jabato celebrada en la parroquia San Felipe Neri en Málaga

ENTREGA DE LA MEDALLA “PRO ECCLESIA MALACITANA” A D. JOSÉ-MANUEL GARCÍA JABATO,

(Parroquia de San Felipe Neri-Málaga, 6 noviembre 2021)

1.- La viuda de Sarepta

Según el libro de Reyes el profeta Elías fue a Sarepta, siguiendo las indicaciones del Señor; y allí encontró a una viuda a la que le pidió alimento. (cf. 1 Re 17, 10-11).

Aunque ella se excusó por no tener qué comer, hizo caso al profeta, quien le aseguró de parte del Señor: «La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará hasta el día en que el Señor conceda lluvias sobre la tierra» (1 Re 17, 14).

Y la palabra de Elías se cumplió: «Por mucho tiempo la orza de harina no se vació ni la alcuza de aceite se agotó, según la palabra que había pronunciado el Señor por boca de Elías» (1 Re 17, 16).

2.- La viuda del Evangelio

Según el evangelio de Marcos, Jesús, sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero. Los ricos echaban mucho (cf. Mc 12, 41); pero una viuda pobre echó unos céntimos (cf. Mc 12, 42).

Y llamando a sus discípulos les dijo: «En verdad os digo que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir» (Mc 12, 43-44). Contrasta la vida y las actitudes de los fariseos, escribas y poderosos con la vida de los pobres y necesitados.

A través de la mirada de Jesús sus discípulos y cada uno de nosotros podemos fijarnos en el gesto de la viuda pobre. La mirada de Jesús es especial, que sabe ver las cosas incluso más insignificantes, pero que tienen su importancia. Podemos compararlo con la mirada del artista, que contempla la realidad de modo distinto a los demás. Cuando contemplamos una obra de arte, miramos la realidad a través de la mirada del artista, que tiene una sensibilidad especial.

Jesús nos invita hoy a mirar con su mirada y nos dice que miremos lo que hace esta viuda, cuyo gesto contiene una gran enseñanza: su óbolo es sinónimo de la generosidad de quien da sin reservas lo poco que posee.

3.- Confianza en Señor y generosidad

Ambas viudas, la de Sarepta y la del Evangelio, se fían de la providencia de Dios y por eso son generosas. Ninguna de ellas tiene apenas recursos para subsistir, pero son capaces de dar todo lo que tienen; porque “confianza” y “generosidad” van unidas.

El Salmo nos anima a confiar plenamente en el Señor, porque Él «hace justicia a los oprimidos, (…) da pan a los hambrientos (…) liberta a los cautivos» (Sal 145, 7); «ama a los justos» (Sal 145, 8).

El Señor es quien nos cuida con su providencia amorosa y nos concede lo necesario para vivir. Seguramente, nosotros no tenemos la misma confianza que aquellas viudas tenían en el Señor; porque si fuera así, seríamos más generosos.

El gesto de generosidad de la viuda expresa lo que significa pertenecer como “piedras vivas” al nuevo Templo construido por Jesucristo; es decir, la entrega completa de sí mismo al Señor y al prójimo.

La gran enseñanza de las lecturas de hoy es que tengamos confianza en el Señor, que nos fiemos de Él y que seamos generosos en consecuencia. Pero si no tenemos confianza en el Señor fallaremos en generosidad.

4.- Medalla “Pro Ecclesia Malacitana”

Hoy concedemos a D. José-Manuel García Jabato la Medalla “Pro Ecclesia Malacitana”, para agradecer su generoso y largo servicio en esta parroquia de San Felipe Neri.

En este templo, que nos recuerda a la Iglesia, templo vivo de Dios, nuestro hermano José-Manuel ha dedicado gran parte de su tiempo y de su vida. Por eso la Diócesis de Málaga desea agradecer su generosidad y dedicación.

La Iglesia prolonga en el espacio y en el tiempo la oblación del Hijo de Dios, quien: «Se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos» (Hb 9, 28), expresando así todo su amor hacia nosotros.

La Iglesia renace incesantemente de la Eucaristía y de la entrega de Jesús, continuando en el tiempo su entrega y su amor. Cada uno de nosotros está llamado a entregar su vida por el Señor, por la Iglesia y por los hermanos, prolongando de ese modo la presencia de Cristo entre los hombres, tal como Él mismo dijo: «En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40).

Querido José-Manuel, muchas gracias por tu dedicación, tu tiempo y tu generosidad. Los pequeños gestos de amor serán recompensados infinitamente por el Señor. Pongamos nuestra vida en manos del Señor y en su providencia, que siempre nos asiste. Jesús nos dice: «Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón» (Mt 6, 20-21).

5.- Día de la Iglesia Diocesana

Hoy celebramos en España el Día de la Iglesia Diocesana con el lema: «Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo».

En este marco de la generosidad de las viudas y de nuestro hermano José-Manuel pedimos a Dios por nuestra Iglesia diocesana. Necesitamos la generosidad de todos, para poder llevar a cabo la misión que el Señor nos encomienda. Necesitamos recursos económicos, pastorales y de personal; necesitamos estructuras, templos y locales para llevar a cabo nuestra tarea.

Pedimos a Dios que nos bendiga y que la Santísima Virgen María que nos aliente en la entrega a los demás y en el servicio a la Iglesia. Amén.

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